Primer Viernes del Mes de Abril de 2010

¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.

Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA.  en estos términos:

“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.

En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:

1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,

2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…

Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.

¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!

¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:

1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;

2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;

3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

El Viernes Santo

El Viernes Santo, hablando en lenguaje litúrgico, amanece, sombrío y melancólico, como barruntando algo siniestro que en él va a suceder. Jesús ha pasado la noche entre la chusma, siendo el escarnio de la soldadesca, acosada, se diría, por el mismísimo Satanás. Azotado y escupido, desollado y coronado de espinas y cargado con el pesado madero, el divino Nazareno atraviesa las calles de Jerusalén. Va al Calvario a extender sus brazos y a abrir sus labios para abrazar y besar con un solo ademán a toda la humanidad. La naturaleza lo ve, y se horroriza; y anochece el día lo mismo que había amanecido, sombrío y melancólico. Por lo mismo la liturgia de esta dolorosa jornada se celebra toda ella en la penumbra y con todo el aparato fúnebre: pocos cirios amarillos, ornamentos negros, cantos lúgubres, matracas, “improperios” o quejas de amargura…; eso por la mañana, y por la tarde; las “tinieblas”, que equivalen a las exequias del Redentor.
“La Misa de hoy ni tiene principio ni fin; porque el que es principio y fin padeció hoy tan amarga Pasión. Ninguna hostia se consagra; porque el Hijo de Dios estaba hoy en el ara de la Cruz consagrado. Caemos en tierra de rodillas, adosando y besando la Cruz, porque se te acuerde que tu Redentor se inclinó cuando la Cruz estaba tendida en el suelo, abriendo aquellos sagrados y delicados brazos y manos, para que se las enclavasen, y enclavado, fué en la Cruz elevado en el aire…” (1).

En tres partes pueden distribuírse los oficios matutinales de hoy
a) las lecturas y oraciones;
b) el descubrimiento y adoración de la Cruz, y c) la Misa de presantificación.

a) Lecturas y oraciones. El altar está del todo desnudo,. y las velas apagadas. Los ministros sagrados, al llegar al presbiterio, se postran completamente en tierra, en cuya posición humilde permanecen unos minutos, durante los cuales los acólitos cubren con un solo mantel la mesa del altar.

No hay palabras, cánticos ni gestos que puedan expresar más intensamente el abatimiento que embarga hoy a la Iglesia a la vista de Jesús Crucificado. Este silencio aterrador y esta larga postración, adorando y condoliendo al Divino Redentor, es el primero, y quizás el más elocuente, de los ritos de hoy.

Puestos de pie los ministros, cántase, sin título ni anuncio de ninguna clase y en tono de profecía, un pasaje del pro feta Oseas (c. VI) proclamando la próxima resurrección y triunfo del Crucificado, al que sigue un tracto y una colecta, haciendo resaltar, en esta última, `el contraste entre el castigo de Judas y el premio del buen Ladrón. Una segunda lectura, tomada del Éxodo (c. XII) relata las circunstancias con que los israelitas sacrificaban y comían el Cordero pascual. Por fin, se canta la historia de la Pasión, según San Juan, en la misma forma que los días anteriores.

Concluída la Pasión, cántase una serie de oraciones por la Iglesia, por el Papa, por todos los ministros de la jerarquía eclesiástica, por las vírgenes, por las viudas, y por los catecúmenos ; por la desaparición de los errores, pestes, guerras y hambres; por los -enfermos, .por los .encarcelados, por los viajeros, por los marineros ; por la conversión de los herejes; por los “pérfidos” judíos, “para que Dios levante el velo que cubre su corazón y así también ellos conozcan a Jesucristo”, y por los paganos.

De nadie se olvida la ‘Iglesia en este día de perdón universal. A cada oración precede un anuncio solemne de la misma y, para mover más a Dios, una genuflexión general de toda la asamblea. En la oración por los judíos se omite la genuflexión para no recordar -dice algún Ordo romano- la,que por befa hicieron ellos delante de Jesús vestido de púrpura y coronado de espinas; ni tampoco se usa del canto sino sólo de un recitado a media voz, quizá para evitar el que los primitivos cristianos, justamente indignados contra aquel pueblo deicida, se enterasen de este rasgo de condescendencia de la Iglesia.

El texto de estas oraciones y el modo de hacerlas son antiquísimos, y recuerda el tenor de las usadas en las primeras reuniones religiosas y hasta en las sinagogas judías. Es la oración litánica que antiguamente seguía a la invitación Oremus que precede inmediatamente al ofertorio de la Misa.

b) Descubrimiento y adoración de la Cruz. A las ocho de la mañana, refiere la peregrina Etheria, se celebraba en Jerusalén, en la capilla de la Santa Cruz, la adoración del Lignum ; : Crucis, por el obispo, el clero y todos los fieles, ceremonia que duraba hasta el mediodía.’ Para satisfacer la piedad de todos los cristianos del mundo, esta devoción pasó de Jerusalén a algunas iglesias privilegiadas, y por fin, a todas las de la cristiandad.

Como el Crucifijo está tapado desde el sábado anterior al Domingo de Pasión, el celebrante empieza por descubrirlo, en esta forma: despójase de la casulla, en señal de humildad, y tomando el Crucifijo lo descubre en tres veces: la primera vez, la parte superior, cantando en voz baja la antífona “Ecce Lignum Crucis”, al mismo tiempo que la muestra al pueblo; la segunda, la cabeza, cantando en tono más elevado; y la tercera, todo lo restante del Crucifijo, cantando ya a plena voz, y desde el medio del altar.

Parece ser que con este descubrir progresivo de la Cruz y la elevación; por tonos, de la voz, quiere significar la liturgia la triple etapa por que pasó la predicación del misterio de la Cruz: la primera como al oído, tímidamente, y sólo entre los adeptos del Crucificado; la segunda, ya después de Pentecostés, pública y varonilmente, y a todos los judíos; y la tercera, a todo el mundo y con toda la fuerza de la palabra.

La adoración la hacen todos los fieles, empezando el celebrante y el clero; éstos, en señal de humildad, con los pies descalzos. Antes de acercarse a la Cruz, hacen todos, a convenientes distancias, tres genuflexiones de ambas rodillas; en la última, la adoran besándola. Entre tanto los cantores cantan con conmovedoras melodías el “Trisagio”, en griego y en latín; los “Improperios” o reproches amargos de Dios al ingrato pueblo judío, y, en su persona, a los malos cristianos de todos los siglos; y el hermoso himno de Fortunato Pange Lingua, en honor de la Cruz.

En adelante la Cruz presidirá los oficios religiosos y, como un homenaje singular; aun el clero, al pasar delante de ella, la saludará con una genuflexión.

c) Misa de presantificados. Al final de la adoración de la Cruz, se encienden las velas del altar, se extiende sobre él el corporal, y se organiza, lo mismo que ayer, una solemne procesión al monumento, para tomar la hostia allí reservada. Con esta hostia consagrada ayer, o “presantificada”, se celebra el rito que el Misal denomina Misa de presantificados y los antiguos llamaban “Misa seca”, porque en ella no hay consagración, sino solamente comunión del celebrante con la hostia previamente consagrada. El recuerdo del Sacrificio sangriento del Calvario embarga hoy de tal modo a la Iglesia, que renuncia a la inmolación incruenta de cada día.

El rito se desarrolla en esta forma: Sacada la hostia del cáliz y puesta sobre el corporal, el celebrante pone vino y agua en un cáliz, que no consagra; inciensa la oblata y el altar, como en las misas ordinarias; eleva la hostia; canta el Pater noster; recita en voz alta la oración Liberanos que le sigue; luego, en silencio, otra, como preparación a la comunión, y comulga únicamente bajo la especie de pan, tomando a continuación, a guisa de abluciones, el vino del cáliz. Los fieles no pueden comulgar hoy, a no ser en peligro de muerte, por viático.

A continuación se rezan las Vísperas en tono lúgubre, como ayer; y por la tarde los fieles se entregan a la meditación de la Pasión y Muerte del Señor y Soledad de María.

En Jerusalén -según la mencionada peregrina Etheria- y al terminarse la adoración de la Cruz, que era ya el medio día, comenzaba una serie de lecturas e himnos como para venerar el sagrado madero, durante los cuales a menudo se oían suspiros y sollozos de los’ fieles. A las tres se leía la historia de la Pasión según San Juan, y a conti nuación se rezaba Nona, y como anochecía pronto, no había, ya Vigilias, si bien muchos fieles pasaban la noche entera delante de la Cruz.

NOTAS:

(1) Juan de Padilla (El Cartujano): Cancionero Castellano del s. X V, p. 443.

Tomado de: http://www.statveritas.com.ar

Viernes Santo

SOLEMNE ACCIÓN LITÚRGICA VESPERTINA EN
LA PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR

ESTACIÓN EN SANTA CRUZ DE JERUSALÉN
(Doble de 1ª clase – Ornamentos negros y morados )

Jesús Nazareno, Rey de los Judíos

La Estación es en la basílica que en Roma representa a Jerusalén, y cuyo nombre lleva. Está consagrada a la Pasión del Salvador, y posee tierra del Calvario, fragmentos importantes de la verdadera Cruz y uno de los clavos con que Jesús fué crucificado.
El Viernes Santo es un día de duelo, el mayor de todos. Cristo muere. El dominio de la muerte, consecuencia del pecado, sobre todas nuestras vidas humanas alcanza incluso al jefe de la humanidad, el Hijo de Dios hecho hombre.

Pero, como todos los cristianos lo saben, esta muerte que Jesús ha compartido con nosotros y que fue tan atroz para Él, respondía a los designios de Dios sobre la salvación del mundo. Impuesta por el Padre a su Hijo, éste la aceptó para nuestra redención. Desde entonces la cruz de Cristo es la gloria de los cristianos. Ayer le cantábamos ya: “Para nosotros toda nuestra gloria está en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Hoy lo repite aún la Iglesia y presenta la misma cruz a nuestra adoración: «He aquí el madero de la cruz, del cual pendió la salvación del mundo”. Por ello, el Viernes Santo es al mismo tiempo que un día de luto, el día que ha devuelto la esperanza a los hombres; él nos lleva a la alegría de la resurrección.

La acción litúrgica con que la Iglesia celebra, por la tarde, la redención del mundo, debería ser amada de todos los cristianos. En este día, el canto solemne de la Pasión, las grandes oraciones en que la Iglesia ora confiada por la salvación de todos los hombres, la adoración de la cruz y el canto de los improperios son algo más que ritos emocionantes; es la oración y el hacimiento de gracias de los rescatados que, en comunidad, adquieren conciencia ante Dios de todo lo que el misterio de la cruz representa para ellos.

El oficio se compone de cuatro partes. La primera es una catequesis que se compone de dos lecturas tomadas del Antiguo Testamento y el canto de la Pasión según San Juan. La segunda es una serie de oraciones solemnes, las grandes oraciones. La tercera es la adoración de la cruz, trofeo de nuestra redención. La cuarta es un rito de comunión.

PRIMERA PARTE DE LA
ACCIÓN LITÚRGICA O LECCIÓN

El altar, del todo desnudo: sin cruz, candelabros, ni manteles.
Todo preparado, comienza la procesión al altar en silencio. Los clérigos, ministros o ayudantes y el celebrante, cuando llegan al altar, hácenle reverencia; luego, celebrante y sagrados ministros, no los ayudantes, se postran por tierra; pero, los demás se van a sus asientos, y allí permanecen arrodillados y profundamente inclinados: y todos oran brevemente en silencio.
Dada señal, surgen todos de la inclinación, pero siguen arrodillados; sólo el celebrante, de pie anle las gradas del altar, dice, juntas las manos y en tono ferial:

Oratio. – Deus, qui peccáti véteris hereditáriam mortem, in qua posteritátis genus omne succésserat, Christi tui, Dómini nostri, passióne solvísti : da, ut, confórmes eídem facti; sicut imáginem terrénæ natúræ necessitáte portávimus, ita imáginem cæléstis grátiæ sanctificatióne portémus. Per eúndem Cristum Dóminum nostrum. Oración. – ¡Oh Dios!, que por la Pasión de tu Cristo, Señor nuestro, remediaste la muerte del pecado original, en que, por sucesión hereditaria, había incurrido  toda la posteridad del humano linaje, concédenos que, hechos nosotros conformes a Él, así como por necesidad llevamos la imagen de la terrena naturaleza terrenal, llevemos también,  por la gracia santificante, la imagen de la celestial. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén

Primera lección. Oseas 6, 1-6

Haec dicit Dóminus : In tribulatióne sua mane consúrgent ad me: Veníte, et revertámur ad Dóminum: quia ipse cepit, et sanábit nos: percútiet et curábit nos. Vivificábit nos post duos dies: in die tértia suscitábit nos, et vivémus in conspéctu eius. Sciémus, sequemúrque, ut cognoscámus Dóminum: quasi dilúculum præparátus est egréssus ejus, et véniet quasi imber nobis temporáneus, et serótinus terræ. Quid fáciam tibi, Ephraïm? Quid faciam tibi, Juda? misericórdia vestra quasi nubes matutína: et quasi ros mane pertránsiens. Propter hoc dolávi in prophétis, occídi eos in verbis oris mei: et judícia tua quasi lux egrediéntur. Quia misericórdiam vólui et non sacrifícium, et scientiam Dei, plus quam holocáusta. Esto dice el Señor: En su tribulación de mañana se levantarán a Mí: Venid, y volvámonos al Señor: porque Él nos tomó, y nos sanará; herirá, y nos curará. Nos vivificará después de dos días; al dio tercero nos resucitará, y viviremos en su presencia. Conoceremos al Señor, y le seguiremos para conocerle: como la aurora está preparada su salida; y vendrá a nosotros como lluvia temprana y tardía de la tierra. ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? vuestra misericordia es como nube matinal, y como rocío pasajero de madrugada. Por eso los acepillé por los Profetas; les di muerte con las palabras de mi boca; y tus juicios como luz saldrán. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Tracto (Hab. III)

Dómine, audívi audítum tuum, et tímui : considerávi ópera tua, et expávi. In médio duórum animálium innotescéris: dum appropinquáverint anni, cognoscéris: dum advénerit tempus, ostendéris. In eo, dum conturbáta fúerit ánima mea: in ira, misericórdiæ memor eris. Deus a Líbano véniet, et Sanctus de monte umbróso, et condénso. Opéruit cælos majéstas ejus: et laudis ejus plena est terra. Oí, Señor, tu anuncio, y temí; investigué tus obras, y quedé pasmado. V. En medio de dos animales te harás conocer; mientras se aproximan los años por Ti prescritos, nos harás conocer cuanto has prometido; cuando llegue este tiempo te mostrarás. V. Al verse conturbada mi alma; en tu ira te acordarás de la misericordia. V. Dios vendrá del Líbano, y el Santo de un monte sombrío y espeso. V. Cubrió los cielos su Majestad, y la tierra está llena de su alabanza.

Oración

Orémus.
V. Flectámus génua. R. Leváte. Deus, a quo et Judas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ grátiam largiátur: Qui tecum vivit et regnat in unitáte..
Sacerdote: Oremos
Diácono: Doblemos las rodillas. – Levantaos Oh Dios, de quien Judas recibió el debido castigo de su pecado, y el buen ladrón el premio de su confesión: haznos sentir el efecto de tu misericordia, para que, así como Jesucristo, Señor nuestro dio en su Pasión a entrambos su merecido, así también, destruido en nosotros el error del hombre viejo, nos conceda la gracia de su Resurrección. Él, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.

Ahora el Subdiácono canta en el tono de la Epístola, pero sin título, el siguiente pasaje del Éxodo:

Lección del Éxodo (XII, 1-11)

Próximos como estamos  la renovación del Sacrificio sangriento de Cristo, Cordero de Dios, la Iglesia nos hace leer aquí los ritos relativos al sacrificio y comida del cordero pascual judío, el cual, extendido en forma de cruz en dos palos, y asado, simbolizaba a Jesucristo crucificado.

En diébus illis: Dixit Dóminus ad Móysen, et Aaron in terra Ægýpti: «Mensis iste, vobis princípium ménsium, primus erit in ménsibus anni. Loquímini ad univérsum cœtum filiórum Israël, et dícite eis: Décima die mensis hujus tollat unusquísque agnum per famílias et domos suas. Sin autem minor est númerus, ut suffícere possit ad vescéndum agnum, assúmet vicínum suum, qui junctus est dómui suæ, juxta númerum animárum, quæ suffícere possunt ad esum agni. Erit autem vobis agnus absque mácula, másculus, annículus: juxta quem ritum tollétis et hædum. Et servábitis eum usque ad quartam décimam diem mensis hujus; immolabítque eum univérsa multitúdo filiórum Israël ad vésperam. Et sument de sánguine ejus, ac ponent super utrúmque postem, et in superlimináribus domórum, in quibus cómedent illum. Et edent carnes nocte illa assas igni, et ázymos panes cum lactúcis agréstibus. Non comedétis ex eo crudum quid, nec coctum aqua, sed tantum assum igni: caput cum pédibus ejus, et intestínis vorábitis. Nec remanébit quidquam ex eo usque mane. Si quid resíduum fúerit, igne comburétis. Sic autem comédetis illum: Renes vestros accingétis, calceaménta habébitis in pédibus, tenéntes báculos in mánibus, et comedétis festinánter; est enim Phase, id est tránsitus, Domini». En aquellos días: Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: Este mes, ha de ser para vosotros el principio de los meses. Será el primero entre los meses del año. Hablad a todos los hijos de Israel reunidos y decidles: El día diez de este mes tome cada cual un cordero por cada familia, y por cada casa. Y si en alguna no fuese tanto el número de individuos que baste para comer el cordero, tomará de su vecino inmediato a su casa aquel número de personas que necesite para comerlo. El cordero ha de ser sin defecto, macho y de un año. Podéis, guardando el mismo rito, tomar en su lugar un cabrito. Lo reservaréis hasta el día catorce de este mes, en el cual, por la tarde, lo inmolará toda la multitud de los hijos de Israel. y tomarán de su sangre, y rociarán con ella los dos postes y el dintel de las casas en que lo comerán. Las carnes las comerán aquella noche, asadas al fuego, y panes ázimos o sin levadura, con lechugas silvestres. Nada de él comeréis crudo, ni cocido en agua; sino solamente asado al fuego. Comeréis también la cabeza, con patas e intestinos. No quedará nada de él para la mañana siguiente; si algo sobrare lo quemaréis al fuego, y lo comeréis de esta manera: tendréis ceñidos vuestros muslos y calzados vuestros pies y un báculo en la mano, y comeréis a prisa, por ser la Pascua, esto es, el paso del Señor.

El Coro canta o recita el siguiente Tracto, poniendo las palabras del Profeta David en labios del Señor.

Tracto (Ps. 139)(7)

Éripe me, Dómine, ab hómine malo: a viro iníquo líbera me. V. Qui cogitavérunt malítias in corde: tota die constituébant prǽlia. v. Acuérunt linguas suas sicut serpéntis: venérum áspidum sub lábiis eórum. V. Custódi me, Dómine, de manu peccatóris: et ab homínibus iníquis líbera me. V. Qui cogitavérunt supplantáre gressus meos: abscondérunt supérbi láqueum mihi. V. Et funes extendérunt in láqueum pédibus meis: juxta iter scándalum posuérunt mihi. V. Dixi Dómino: Deus meus es tu: exáudi, Dómine, vocem oratiónis meæ. V. Dómine, Dómine, virtus salútis meæ: obúmbra caput meum in die belli. V.Ne tradas me a desidério meo peccatóri: cogitavérunt advérsum me: ne derelínquas me, ne umquam exalténtur. V. Caput circúitus eórum: labor labiórum ipsórum opériet eos. V. Verúmtamen justi confitebúntur nómini tuo: et habitábunt recti cum vulto tuo. Líbrame, Señor, del hombre malvado; líbrame del hombre perverso. V. Los que maquinaban iniquidades en su corazón; todo el día están armando contiendas. V. Aguzaron sus lenguas como serpientes; veneno de áspides tienen debajo de sus labios. V. Defiéndeme, Señor, de las manos del pecador; y líbrame de los hombres perversos. V. Éstos intentan dar conmigo en tierra. Un lazo oculto me pusieron los soberbios. V. y extendieron sus redes como lazo para mis pies; pusiéronme tropiezos junto al camino. V. Mas yo , dije al Señor: Tú eres mi Dios, escucha, Señor, la voz de mi súplica. V. ¡Señor! ¡Señor de mi salvación! cubre mi cabeza en el día del combate. V. No me entregues contra mi deseo en manos del pecador; maquinado han contra mí; no me desampares, no sea que se engrían. V. Sobre la cabeza de los que me rodean caerá la iniquidad de sus labios. V. Pero los justos ensalzarán tu nombre, y los hombres rectos habitarán ante tu cara.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según San Juan
(XVIII, 1-40; XIX, 1-42)

In illo témpore: Egréssus est Jesus cum discípulis suis trans torréntem Cedron, ubi erat hortus, in quem introívit ipse, et discípuli ejus. Sciébat autem et Judas, qui tradébat eum, locum: quia frequénter Jesus convénerat illuc cum discípulis suis. Judas ergo cum accepísset cohórtem, et a pontifícibus et pharisǽis minístros, venit illuc cum latérnis, et fácibus, et armis.  Jesus ítaque sciens ómnia, quæ ventúra erant super eum, procéssit, et dixit eis + Quem quǽritis? C. Respondérunt ei: S. Jesum Nazarénum. C. Dicit eis Jesus: + Ego sum. C. Stabat autem et Judas, qui tradébat eum, cum ipsis. Ut ergo dixit eis: Ego sum: abiérunt retrórsum, et cecidérunt in terram. Iterum ergo interrogávit eos: + Quem quǽritis? C. Illi autem dixérunt: S. Jesum Nazarénum. C. Respóndit Jesus: + Dixi vobis: quia ego sum: si ergo me quǽritis, sínite hos abíre. C. Ut implerétur sermo, quem dixit: Quia quos dedísti mihi, non pérdidi ex eis quemquam. Simon ergo Petrus habens gládium edúxit eum: et percússit pontíficis servum: et abscídit aurículam ejus déxteram. Erat autem nomen servo Malchus. Dixit ergo Jesus Petro: + Mitte gládium tuum in vagínam. Cálicem, quem dedit mihi Pater, non bibam illum? C. Cohors ergo, et tribúnus, et minístri Judæórum comprehendérunt Jesum, et ligavérunt eum. Et adduxérunt eum ad Annam primum, erat enim socer Cáiphæ, qui erat póntifex anni illíus. En aquel tiempo: Salió Jesús con sus discípulos a la otra parte del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró él con sus discípulos. Judas, que le entregaba, conocía también el sitio, porque Jesús solía retirarse muchas veces a él, con sus discípulos. Judas, pues, habiendo tomado una cohorte de soldados, y varios ministros que le dieron los Pontífices y Fariseos, fue allá con linternas y hachas, y con armas. Y Jesús, que sabía todas las cosas que le habían de sobrevenir, salió a su encuentro, y les dijo: + ¿A quién buscáis? C. Respondiéronle: S. A Jesús Nazareno. —C: – Diceles Jesús: + Yo soy. C. Estaba también con ellos Judas, el que le entregaba: Apenas, pues, les dijo: “Yo soy”, retrocedieron todos, y cayeron en tierra. Volvió de nuevo a preguntarles: + ¿A quién buscáis? C. y ellos respondieron: S. A Jesús Nazareno. C. Replicó Jesús: + Ya os he dicho que yo soy; ahora bien, si me buscáis a mi, dejad ir a éstos. C. Para que se cumpliese la palabra que había dicho: “¡Padre! ninguno he perdido de los que tú me diste”. Entretanto, Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, Y dando un tajazo a un criado del Pontífice, le cortó la oreja derecha. Y este criado llamábase Malco. Pero Jesús dijo a Pedro: + Mete tu espada en la vaina. El cáliz que me dio mi Padre ¿he de dejar yo de beberle? C. En fin, la cohorte de soldados, el tribuno y los ministros de los judíos prendieron a Jesús y le ataron. De allí le condujeron primeramente a casa de Anás, porque era Sumo Pontífice aquel año.

Jesús ante Caifás

Erat autem Cáiphas, qui consílium déderat Judǽis: Quia éxpedit, unum hóminem mori pro populo. Sequebátur autem Jesum Simon Petrus, et álius discípulus. Discípulus autem ille erat notus pontífici, et introívit cum Jesu in átrium pontíficis. Petrus autem stabat ad óstium foris. Exívit ergo discípulus álius, qui erat notus pontífici, et dixit ostiáriæ: et introdúxit Petrum. Dicit ergo Petro ancílla ostiária: S. Numquid et tu ex discípulis es hóminis istíus? C. Dicit ille: S. Non sum. C. Stabant autem servi et minístri ad prunas, quia frigus erat, et calefaciébant se: erat autem cum eis et Petrus stans, et calefáciens se.
Póntifex ergo interrogávit Jesum de discípulis suis, et de doctrína ejus. Respóndit ei Jesus: + Ego palam locútus sum mundo: ego semper dócui in synagóga et in templo, quo omnes Judǽi convéniunt: et in occúlto locútus sum nihil. Quid me intérrogas? intérroga eos, qui audiérunt quid locutus sim ipsis: ecce hi sciunt quæ díxerim ego. C. Hæc autem cum dixísset, unus assístens ministrórum dedit álapam Jesu, dicens: S. Sic respóndes pontífici? C. Respóndit ei Jesus: + Si male locútus sum, testimónium pérhibe de malo: si autem bene, quid me cædis? C. Et misit eum Annas ligátum ad Cáipham pontíficem. Erat autem Simon Petrus stans et calefáciens se. Dixérunt ergo ei: S. Numquid et tu ex discípulis ejus es? C. Negávit ille, et dixit: S. Non sum. C. Dicit unus ex servis pontíficis, cognátus ejus, cujus abscídit Petrus aurículam: S. Nonne ego te vidi in horto cum illo? C. Iterum ergo negávit Petrus: et statim gallus cantávit.
Caifás era el que había da do a los judíos el consejo, que convenía que un hombre muriese por el pueblo. Iba Simón Pedro siguiendo a Jesús, y con él otro discípulo. Y este otro discípulo, que era conocido del Pontífice, entró con Jesús en el atrio del Pontífice. Pedro, empero, se quedó fuera, a la puerta. Entonces el otro discípulo, que era conocido del Pontífice, salió y habló con la portera, la cual introdujo a Pedro. Y encarándose con Pedro la portera, le preguntó: S.¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? C. Él respondió: S. No lo soy. C. Los criados y ministros, que habían ido a prender a Jesús, estaban a la lumbre, porque hacía frío, y se calentaban; Pedro, asimismo estaba con ellos calentándose. Entonces el Pontífice interrogó a Jesús sobre sus discípulos y doctrina. A lo que Jesús respondió: + Yo he predicado públicamente delante de todo el mundo: siempre he enseñado en la Sinagoga y en el Templo, a donde concurrieren todos los judíos y nada he hablado en secreto: ¿por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído lo que yo les he enseñado, pues ellos saben las cosas que les he predicado. C. A esta respuesta, uno de los ministros asistentes dio una bofetada a Jesús, diciendo: S. ¿Así respondes tu al Pontífice? C. Respondióle Jesús: + Si yo he hablado mal, prueba lo malo que he dicho; y si he hablado bien, ¿por qué me hieres? C. Habíale enviado Anás, atado, al Pontífice Caifás. Y estaba allí, de pie, Simón Pedro, calentándose; y le dijeron: S. ¿No eres tú también de sus discípulos? C. Él lo negó diciendo: S. No lo soy. Dícele uno de los criados del Pontífice, pariente de aquel cuya oreja  había cortado Pedro: S. Pues qué, no te vi yo en el huerto con él? C. Y Pedro negó otra vez, y al punto cantó el gallo.

NOTAS

  • (1) He aquí la única alusión bíblica a los animales, es decir, al buey t al mulo, que tradicionalmente aparecen en las pinturas del Nacimiento. (volver)
  • (2) En tiempo de Flavio Josefo, el número de las personas que podían participar en el convite de la víctima pascual había quedado fijado (volver)

  • (3) Es decir, no mayor de un año. (volver)
  • (4) Hacíanlo para significar su confianza en la protección que Dios dispensaba a sus familias. (volver)
  • (5) Aquí Pascua significa “tránsito” o paso, pero otras veces llámase Pascua a la misma víctima inmolada, por eso dice la Liturgia en varias ocasiones que “nuestra Pascua” es “Cristo”. (volver)
  • (6) Y la razón de ser aquel día de la “Pascua” o “paso” del Señor, le dala msima Biblia en el versículo siguiente, cuando dice: “Porque esta noche “pasará” el Señor por la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto herirá a todo primogénito desde el hombre hasta la bestia, y haré juicio de todoslos dioses de Egipto, Yo el Señor” (Éxodo, XII, 12). (volver)
  • (7) En este Tracto se describen los sentimientos de Jesús en la Cruz. Toda la humanidad conspira y se ensaña contra El. Por eso se vuelve hacia su Padre y le ruega con humildad y entrañable fervor no le deje solo a merced de sus verdugos. (volver)
  • (8) Este discípulo era el mismo Juan Evangelista, que lo cuenta. (volver)


    Jesús ante Pilatos

    Addúcunt ergo Jesum a Cáipha in prætórium. Erat autem mane: et ipsi non introiérunt in prætórium, ut non contaminaréntur, sed ut manducárent Pascha. Exívit ergo Pilátus ad eos foras, et dixit: S. Quam accusatiónem affértis advérsus hóminem hunc? C. Respondérunt et dixérunt ei: S. Si non esset hic malefáctor, non tibi tradidissémus eum. C. Dixit ergo eis Pilatus: S. Accípite eum vos, et secúndum legem vestram judicáte eum. C. Dixérunt ergo ei Judǽi: S. Nobis non licet interfícere quemquam. C. Ut sermo Jesu implerétur, quem dixit, signíficans qua morte esset moritúrus. Introívit ergo íterum in prætórium Pilátus, et vocávit Jesum, et dixit ei: S. Tu es rex Judæórum? C. Respóndit Jesus: + A temetípso hoc dicis, an álii dixérunt tibi de me? C. Respóndit Pilátus: S. Numquid ego Judǽus sum? Gens tua et pontífices tradidérunt te mihi: quid fecísti? C. Respóndit Jesus: + Regnum meum non est de hoc mundo. Si ex hoc mundo esset regnum meum, minístri mei útique decertárent, ut non tráderer Judǽis: nunc autem meum regnum non est hinc. C. Dixit ítaque ei Pilátus: S. Ergo rex es tu? C. Respóndit Jesus: + Tu dicis quia rex sum ego. Ego in hoc natus sum, et ad hoc veni in mundum, ut testimónium perhíbeam veritáti: omnis, qui est ex veritáte, audit vocem meam. C. Dicit ei Pilátus: S. Quid est véritas? C. Et cum hoc dixísset, íterum exívit ad Judǽos, et dicit eis: S. Ego nullam invénio in eo causam. Est autem consuetúdo vobis ut unum dimíttam vobis in Pascha: vultis ergo dimíttam vobis Regem Judæórum? C. Clamavéunt ergo rursum omnes, dicéntes: S. Non hunc, sed Barábbam. C. Erat autem Barábbas latro. Tunc ergo apprehéndit Pilátus Jesum, et flagellávit. Et mílites plecténtes corónam de spinis, imposuérunt cápiti ejus: et veste purpúrea circumdedérunt eum. Et veniébant ad eum, et dicébant: S. Ave, Rex Judæórum C. Et dabant ei álapas. Exívit ergo íterum Pilátus foras, et dicit eis: S. Ecce addúco vobis eum foras, ut cognoscátis, quia nullam invénio in eo causam. C. (Exívit ergo Jesus portans corónam spíneam, et purpúreum vestiméntum). Et dicit eis: S. Ecce homo. C. Cum ergo vidíssent eum pontífices et minístri, clamábant, dicéntes: S. Crucifíge, crucifíge eum. C. Dicit eis Pilátus: S. Accípite eum vos, et crucifígite: ego enim non invénio in eo causam. C. Respondérunt ei Judǽi: S. Nos legem habémus, et secúndum legem debet mori, quia Fílium Dei se fecit. C. Cum ergo audísset Pilátus hunc sermónem, magis tímuit. Et ingréssus est prætórium íterum: et dixit ad Jesum: S. Unde es tu? C. Jesus autem respónsum non dedit ei. Dicit ergo ei Pilátus: S. Mihi non lóqueris? nescis quia potestátem hábeo crucifígere te, et potestátem hábeo dimíttere te? C. Respóndit Jesus: + Non habéres potestátem advérsum me ullam, nisi tibi esset datum désuper. Proptérea, qui me trádidit tibi, majus peccátum habet. C. Et exínde quærébat Pilátus dimíttere eum. Judǽi autem clamábant, dicéntes: S. Si hunc dimíttis, non es amícus Cǽsaris. Omnis enim, qui se regem facit, contradícit Cǽsari C. Pilátus autem cum audísset hos sermónes, addúxit foras Jesum, et sedit pro tribunáli, in loco, qui dícitur Lithóstrotos, hebráice autem Gábbatha. Erat autem Parascéve Paschæ, hora quasi sexta, et dicit Judǽis: S. Ecce Rex vester. C. Illi autem clamábant : S. Tolle, tolle, crucifíge eum. C. Dicit eis Pilátus: S. Regem vestrum crucifígam? C. Respondérunt pontífices: S. Non habémus regem, nisi Cǽsarem. C. Tunc ergo trádidit eis illum ut crucifigerétur. Llevaron después a Jesús desde la casa de Caifás al Pretorio. Era muy de mañana; y ellos no entraron en el Pretorio por no contaminarse, y para poder comer el cordero pascual. Por eso Pilatos salió fuera y les dijo: S. ¿Qué acusación traéis contra este hombre? C. Respondieron, y dijéronle: S. Si éste no fuera. malhechor, no te lo hubiéramos entregado. C. Replicóles Pilatos: S. Pues tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. C. Los judíos le dijeron: S. A nosotros no nos es permitido matar a nadie; eso a ti te compete. Con lo que vino a cumplirse lo que Jesús dijo, indicando el género de muerte de que había de morir. Oído esto, Pilatos entró de nuevo en el Pretorio, y llamando a Jesús le preguntó: S. ¿Eres tú el Rey de los judíos? C. Respondió Jesús: + ¿Dices tú eso por tu cuenta, o te lo han dicho de mí otros? C. Replicó Pilatos: S. Qué, ¿acaso soy yo judío? Tu nación y los Pontífices te han entregado a mí; ¿qué has hecho? C. Respondió Jesús: + Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, claro está que mis gentes me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos; mas mi reino no es de acá. C. Replicóle a esto Pilatos: S. ¿Conque tú eres Rey? C. Respondió Jesús: + Así es, como dices: yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que es hijo de la verdad escucha mi voz. C. Dícele Pilatos: S. ¿Qué es la verdad? C. Cuando esto hubo dicho, salió por segunda vez a los judíos, y les dijo: S. Yo ningún delito hallo en este hombre: mas ya que tenéis costumbre de que os suelte un reo por la Pascua ¿queréis que ponga en libertad al Rey de los Judíos? C. Entonces todos ellos volvieron a gritar: S. No a ése, sino a Barrabás. C. Y, sin embargo, Barrabás era un ladrón. Tomó pues, Pilatos a Jesús y mandó azotarle. Y los soldados formaron una corona de espinas entretejidas, y se la pusieron sobre su cabeza; le vistieron un manto de púrpura. Que se le acercaban, y le decían: S. Salve, oh Rey de los judíos; C.  y dábanle de bofetadas. Pílatos, empero, salió otra vez fuera, y díjoles: S. Ved que os lo saco fuera, para que os conste que no hallo en él delito alguno. C. (Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y un manto de púrpura). Y les dijo Pilatos: S. Ved aquí al hombre. C. Luego que los Pontífices y sus minístros le vieron, alzaron el grito, diciendo: S. ¡Crucíficale! C. Diceles Pilatos: S. Tomadle allá vosotros y crucificadle, que yo no hallo en él delito. C. Respondieron los judóos: S. Nosotros tenemos una ley, y según esta ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios. C. Cuando Pílatos oyó esta acusación, se llenó más de temor. y volviendo a entrar en el Pretorio, dijo a Jesús: S. ¿De dónde eres tú? C. Mas Jesús no le respondió palabra. Por lo que Pilatos le dice: S. ¿A mi no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para crucificarte y para soltarte? C. Respondió Jesús: + No tendrías poder alguno Sobre mi, si no te hubiera sido dado de arriba. Por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. C. Desde aquel punto, Pilatos procuraba libertarlo. Pero los judíos gritaban, diciendo: S. Si lo sueltas a ése, no eres amigo de César; porque todo aquel que se hace rey, se declara contra el César. C. Pilatos, al oír estas palabras, sacó a Jesús fuera; y sentóse
    en su tribunal, en el lugar llamado “Litóstrotos” y en hebreo “Gábbata”. Era entonces el día de la Preparación de la Pascua, cerca del mediodía, y dijo a los judíos: S. Ahí tenéis a vuestro Rey. C. Ellos empero gritaban: ¡Quita, quítale de en medio; crucifícale! C. Díceles Pilatos: a vuestro Rey he de crucificar? C. Respondieron los Pontífices: S. No tenemos mas Rey que el César. C. Entonces se le entregó para que le crucificasen.

    La Crucifixión

    Suscepérunt autem Jesum, et eduxérunt. Et bájulans sibi crúcem, exívit in eum, qui dícitur Calváriæ, locum, hebráice autem Gólgotha: ubi crucifixérunt eum, et cum eo álios duos, hinc et hinc, médium autem Jesum. Scripsit autem et títulum Pilátus: et pósuit super crucem. Erat autem scriptum: Jesus Nazarénus, Rex Judæórum. Hunc ergo títulum multi Judæórum legérunt, quia prope civitátem erat locus, ubi crucifíxus est Jesus. Et erat scriptum hebráice, græce et latíne. Dicébant ergo Piláto pontífices Judæórum: S. Noli scríbere, Rex Judæórum, sed quia ipse dixit: Rex sum Judæórum C. Respóndit Pilátus: S. Quod scripsi, scripsi. C. Mílites ergo cum crucifixíssent eum, accepérunt vestiménta ejus et fecérunt quáttuor partes: unicuíque míliti partem, et túnicam. Erat autem túnica inconsútilis, désuper contéxta per totum. Dixérunt ergo ad ínvicem: S. Non scindámus eam, sed sortiámur de illa cujus sit. C. Ut Scriptúra implerétur, dicens: Partíti sunt vestiménta mea sibi: et in vestem meam misérunt sortem. Et mílites quidem hæc fecérunt. Stabant autem juxta Crucem Jesu, mater eius, et soror matris ejus María Cléophæ, et María Magdaléne. Cum vidísset ergo Jesus matrem, et discípulum stantem, quem diligébat, dicit matri suæ: + Múlier, ecce fílius tuus. C. Deínde dicit discípulo: + Ecce mater tua C. Et ex illa hora accépit eam discípulus in sua. Apoderáronse, pues, de Je sús y le sacaron fuera. Y lle vando él mismo a cuestas su Cruz, fue caminando hacia el sitio llamado Calvario, y en hebreo Gólgota, donde le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, que dando Jesús en medio. Y Pi latos escribió un título y lo puso sobre la Cruz. y la inscripción decía: “Jesús Naza reno, Rey de los Judíos”. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque estaba cerca de la ciudad el lugar en donde crucificaron a Jesús, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín y decían a Pilatos los Pontífices de los judíos: S. No escribas “Rey de los ju díos”, sino que él dijo: “Rey soy de los judíos”. C. Respon dió Pilatos: S. Lo escrito, escrito está. C. Los soldados, después de haber crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos (de los que hicieron cuatro partes, una para cada soldado), y la túnica; la cual era sin ¡costura, y de un solo tejido de arriba abajo. Por lo que dijeron entre sí: S. No la dividamos; mas echemos suerte para ver de quién será. Con lo que se cumplió la Escritura, que dice: “Repartieron entre sí mis vestidos y sortearon mi túnica”. Y esto es lo que hicieron los soldados. Y estaban junto a la Cruz de Jesús, su Madre y la prima de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Y como vio Jesús a su Madre y al discípulo que El amaba, el cual estaba allí, dice a su Madre: + Mujer, ahí tienes a tu hijo. C. Después dice al discípulo: + Ahí tienes a tu madre. Desde aquélla hora el discípulo la acogió en su casa.

    Muerte de Jesús

    Póstea sciens Jesus quia ómnia consummáta sunt, ut consummarétur Scriptúra, dixit: + Sitio. C. Vas ergo erat pósitum acéto plenum. Illi autem spóngiam plenam acéto, hyssópo circumponéntes, obtulérunt ori ejus. Cum ergo accepísset Jesus acétum, dixit: + Consummátum est. C. Et inclináto cápite trádidit spíritum. Después de, esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban a punto de ser cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dijo: + Tengo sed. C. Había allí un vaso lleno de vinagre. Los soldados, pues, empapando en vinagre una esponja y sujetándola a una caña de hisopo, aplicáronla a su boca. Jesús, luego que gustó el vinagre, dijo: + Todo está consumado. C. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

    Aquí se arrodillan todos y hacen una breve pausa, para meditar en la muerte de Jesús.
    Luego se continúa:

    Judǽi ergo, quóniam Parascéve erat, ut non remanérent in cruce córpora sábbato, erat enim magnus dies ille sábbati, rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eóum crura, et tolleréntur. Venérunt ergo mílites: et primi quidem fregérunt crura, et altérius, qui crucifíxus est cum eo. Ad Jesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum jam mórtuum, non fregérunt ejus crura, sed unus mílitum láncea latus ejus apéruit, et contínuo exívit sanguis, et aqua. Et qui vidit, testimónium perhíbuit: et verum est testimónium ejus. Et ille scit, quia vera dicit: ut et vos credátis. Facta sunt enim hæc, ut Scriptúra implerétur: Os non comminuétis ex eo. Et íterum ália Scriptúra dicit: Vidébunt in quem transfixérunt. Post hæc autem rogávit Pilátum Joseph ab Arimathǽa, eo quod esset discípulus Jesu, occúltus autem propter metum Judæórum, ut tólleret corpus Jesu. Et permísit Pilátus. Venit ergo, et tulit corpus Jesu. Venit autem et Nicodémus, qui venérat ad Jesum nocte primum, ferens mixtúram myrrhæ et áloës, quasi libras centum. Accepérunt ergo corpus Jesu, et ligavérunt illud línteis cum aromátibus, sicut mos est Judǽis sepelíre. Erat autem in loco, ubi crucifíxus est, hortus: et in horto monuméntum novum, in quo nondum quisquam pósitus erat. Ibi ergo propter Parascévem Judæórum, quia juxta erat monuméntum, posuérunt Jesum. C. Como era día de Preparación para la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la Cruz el Sábado, que cabalmente era un Sábado solemne, suplicaron los judíos a Pilatos que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y les quitasen de allí. Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y las del otro que había sido crucificado con él. Mas al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al instante salió sangre y agua. Quien lo vio es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, y la atestigua para que vosotros también creáis. Pues estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebraréis ni un hueso”. Y también otro lugar de la Escritura, que dice: “Pondrán los ojos en aquel a quien traspasaron”. Después de esto, José, natural de Arimatea, que era discípulo de Jesús, (aunque a ocultas, por miedo de los judíos), pidió licencia a Pilatos para recoger el cuerpo de Jesús; y Pilatos se lo permitió. Llegóse, pues, y se llevó el cuerpo de Jesús. Vino también Nicodemo, aquel que en otra ocasión había ido de noche a entrevistarse con Jesús, y trajo consigo una confección, como de cien libras, de mirra y áloe. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos rociados con aromas, como los judíos acostumbraban sepultar. Había en el lugar, donde fue crucificado, un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, donde hasta entonces ninguno había sido sepultado. Como era la víspera del sábado de los judíos, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

NOTAS

  • (9) A pesar de desear vivamente acabar cuanto antes con el reo, el acompañamiento se detuvo en el umbral del Pretorio, por temor a contaminarse, si entraban en casa de aquel pagano, y quedarse impuros por un día entero, inhabilitándose así para comer el cordero pascual. ¡Vaya unos fariseos! ¡No tienen reparo en derramar la Sangre del Justo, y se detienen ante la puerta de un pagano, que era para ellos -según el Talmud- un animal inmundo! (volver)
  • (10) Providencialmente, -como que todo lo dirige Dios- , el pueblo reconoció su incapacidad legal para matar a Jesús; pues de otro modo hubiera muerto apedreado, no crucificado, como estaba predicho.  (volver)

  • (11) Si Jesús se decía y era Rey, su reinado era incompatible con el del César y con todo reino temporal, pues era espiritual, celestial. El suyo es reino de verdad, de justicia y de santidad, que cabe dentro de los reinos de la tierra t trasciende sobre todos ellos. La acusación que se le hacía era, por lo tanto, calumniosa.  volver) volver)
  • (12) Es decir: ved en qué estado lastimoso está este pobre hombre, él que hace poco se decía Hijo de Dios. Cualquiera que hubiese tenido algún sentimiento de humanidad, se habría compadecido de él, al verlo en ese estado; los judíos, en cambio, se enfurecieron más y más. (volver)
  • (13) Alude a Caifás y a los sanedritas. (volver)
  • (14) Este “discípulo a quie Jesús amaba”, ya sabemos que era Juan Evangelista, el mismo que lo relata. (volver)
  • (15) Como llamó este hecho la atención, por lo extraordinario, el Evangelista certifica solemnemente haberlo visto él mismo con sus propios ojos. (volver)
  • (16) El profeta Zacarías, autor de este texyo (c. XII, 10), lo aplicaal pastor -o sea Mesías- herido por la gry, y a la esperanza que concebirán cuantos fijen sus ojos y su espíritu en sus heridas. (volver)

2º – SÚPLICAS SOLEMNES Y UNIVERSALES

Hoy, Viernes Santo, día de la Redención, día del perdón universal, es por lo mismo el día de las misericordias del Señor. La Iglesia, Madre común de todos, extiende por el mundo su mirada y alza sus brazos suplicantes al Cielo, para rogar por todos en esta hora solemne. Lo hace con rendida humildad (por eso nos manda arrodillarnos antes de cada Oración), llena de confianza y de optimismo (por eso nos manda estar de pie todo el tiempo de la Oración), y con frases ardientes.
Estas oraciones solemnes eran de uso corriente en otro tiempo. En la liturgia romana sólo subsisten el viernes santo, en que adquieren una grandeza excepcional por la proclamación de la universalidad de la Redención. Ellas constituyen verdaderamente “la oración de los fieles”.
Terminado el canto o lectura de la historia de la Pasión del Señor, el celebrante toma pluvial de color negro; el diácono y el subdiácono se visten dalmática o tunicela del mismo color.

1ª Intención (Por la Santa Iglesia)

Orémus, dilectíssimi nobis, pro Ecclésia sancta Dei: ut eam Deus et Dóminusnoster pacificáre, adunáre et custodire dignétur toto orbe terrárum: subíciens et principátus et potestátes: detque nobis quétam et tranquíllam vitam degéntibus, glorificáre Deum Patrem omnipotentem. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos, carísimos hermanos míos, por la santa Iglesia de Dios; para que Dios Nuestro Señor se digne pacificarla, unirla y defenderla por toda la tierra, sometiendo a ella los principados Y poderes; y a nosotros nos dé la gracia de que, pasando una vida quieta y tranquila, glorifiquemos a Dios Padre omnipotente. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui glóriam tuam ómnibus in Christo géntibus revelásti: custódi ópera misericórdiæ tuæ; ut Ecclésia tua, toto orbe diffúsa, stábili fide in confessióne tui nóminis persevéret. Per eúndem Dóminum nostrum. Omnes R.Amen. Dios todopoderoso Y eterno, que por Jesucristo has re velado tu gloria a todas las naciones: conserva las obras de tu misericordia, a fin de que tu Iglesia, desparramada por todo el mundo, persevere con firme fe en la confesión de tu nombre. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2ª Intención (Por el Sumo Pontífice)


Oremus et pro beatísimo Papa nostro N… ut Deus et Dóminus noster, qui elégit eum in órdine episcopátus, salvumatque incólumem custódiat Ecclésiae suae sanctae, ad regéndum pópulum sanctorum Dei.

Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte.

Oremos también por nuestro santísimo Padre, el Papa N , para que Dios Nuestro Señor, que le eligió en el or den Episcopal, lo conserve sano e íntegro para el bien de su Santa Iglesia y para gobernar el santo pueblo de Dios. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, cujus judício univérsa fundántur: réspice propítius ad preces nostras, et eléctum nobis Antístitem tua pietáte consérva; ut christiána plebs, quæ te gubernátur auctóre, sub tanto Pontífice, credulitátis suæ méritis augeátur. Per Dóminum. Omnes R. Amen. Dios omnipotente y eterno por cuya sabiduria subsisten todas las cosas; acoge benigno nuestras súplicas, y conserva por tu piedad al Prelado que para nosotros elegiste, a fin de que, el pueblo cristiano que él gobierna bajo tu autoridad, vea aumentarse, a la sombra de un tan gran Pontífice, los méritos de su fe. Por Jesucristo Nuestro Señor.

3ª Intención (por la Jerarquía y los fieles)

Oremus et pro ómnibus Episcopis, Presbyteris, Diacónibus, Subdiacónibus, Acólythis, Exorcístis, Lectóribus, Virgínibus, Víduis: et pro omni pópulo sancto Dei. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos también por todos los Obispos, Presbíteros, Diáconos, Subdiáconos, Acólitos, Exorcistas, Lectores, Ostiarios, Confesores, Vírgenes, Viudas, y por todo el pueblo santo de Dios. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, mæstórum consolátio, laborántium fortitúdo: pervéniant ad te preces de quacúmque tribulatióne clamántium; ut omnes sibi in necessitátibus suis misericórdiam tuam gáudeant affuísse. Per Dóminum nostrum. Omnes R. Amen. Oremos también por todos los dignatarios de las naciones, por sus ministerios y atribuciones, a fin de que Dios y nuestro Señor ilumine sus mentes y corazones según su voluntad para nuestra perpetua paz.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, cujus spíritu totum corpus Ecclesiæ sanctificátur, et régitur: exáudi nos pro  universis ordínibus supplicántes; ut gratiæn tuæ múnere ab ómnibus tibi grádibus fidéliter serviátur. Per Dóminum Omnes R. Amen. Oh Dios todopoderoso y eterno, cuyo Espíritu santifica y gobierna a todo el cuerpo de la Iglesia: oye las súplicas que por todos los Órdenes sagrados te hacemos, para que, con la asistencia de tu gracia, en todos los estados se te sirva con fidelidad. Por Jesucristo Nuestro Señor.

NOTAS

  • (17) Estas súplicas, que los antiguos llamaban Oraciones “litúrgicas” porque los fieles las acompañaban con una especie de estribillo, guardan la forma primitiva de orar: primero el Celebrante anuncia las intenciones por las cuales todo el pueblo va a orar, y luego formula laoración propiamente dicha. (volver)
  • (18) Como se ve, se mencionan aquí todos los ministros, mayores e inferiores, del Orden Sagrado; y además: los monjes (llamados aquí al estilo antiguo “confesores”), las Religiosas consagradas a Dios (llamadasaquí “Vírgenes”); las Viudas (que antiguamente solían consagrarse al servicio de Dios para santificar su viudez), y todo el pueblo cristiano.. (volver)

4ª Intención (Por las autoridades civiles)

Orémus et pro ómnibus res públicas moderántibus: ut Deus et Dóminus noster mentes et corda eórum secúndum voluntátem suam dirigat ad nostramperpétuam pacem. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos también por todos los dignatarios de las naciones, por sus ministerios y atribuciones, a fin de que Dios y nuestro Señor ilumine sus mentes y corazones según su voluntad para nuestra perpetua paz. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, in cujus manu sunt ómnium potestátes et ómnium jura populórum: réspice benígnus ad eos, qui nos in potestáte regunt; ut ubíque terrárum, déxtera tua protegénte, et religiónis intégritas, et pátriæ secúritas indesinénter consístat. Per Dóminum. Omnes R. Amen. Omnipotente y sempiterno Dios, en cuya mano está todo poder y todo derecho de los pueblos: dirige benignamente tu mirada hacia aquellos que nos gobiernan con autoridad, a fin de que en todas partes, con la protección de tu diestra, la integridad de la religión y la seguridad de la patria indefectiblemente se consolide.

5ª Intención (Por los catecúmenos)

Oremus et pro catechúmenis nostris: ut Deus et Dóminus noster adapériat aures praecordiórum ipsórum, januámque misericórdiae; ut perlavácrum regeneratiónis accépta remissióne ómnibum peccatórum, et ipsi inveniántur in Christo Jesu Dómino nostro. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos también por nuestros catecúmenos, para que Dios Nuestro Señor les abra los oídos de sus corazones y la puerta de la misericordia; a fin de que, recibido el perdón de todos sus pecados por el Bautismo de la regeneración, sean incorporados con nosotros en Jesucristo Nuestro Señor. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui Ecclésiam tuam nova semper prole fecúndas: auge fidem et intelléctum catechúmenis nostris; ut, renáti fonte baptísmatis, adoptiónis tuæ fíliis aggregéntur. Per Dóminum. Omnes R. Amen. Dios todopoderoso y eterno, que cada día fecundizas a tu Iglesia con nuevos hijos: aumenta la fe y la inteligencia de nuestros catecúmenos, para que regenerados en la fuente del Bautismo, se agreguen al número de tus hijos adoptivos. Por J. N. S. Amén.

NOTAS

  • (19)No hay que olvidar que los catecúmenos constituían durante la Cuaresma y muy especialmente durante la Semana Santa, una de las mayores y más caras preocupaciones de la primitiva Iglesia. (volver)

6ª Intención (Por las necesidades del mundo)

Oremus, diletísimi nobis Deum Patrem omnípoténtem, ut cunctis mundum purget erróribus: morbos áuferat: famem depéllat: apériatcárceres:víncula dissólvat: peregrinántibus réditum: infirmántibus portum salútis indúlgeat. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos, carísimos hermanos míos, a Dios Padre todopoderoso, para que purifique al mundo de todo error, cure las enfermedades, aleje el hambre, abra las cárceles, rompa las cadenas, conceda a los caminantes su regreso, a los enfermos la salud y a los navegantes puerto de salvación. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, mæstórum consolátio, laborántium fortitúdo: pervéniant ad te preces de quacúmque tribulatióne clamántium; ut omnes sibi in necessitátibus suis misericórdiam tuam gáudeant affuísse. Per Dóminum nostrum. Omnes R. Amen. Oh Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos, fortaleza de los atribulados: admite las súplicas de los que, en cualquiera tribulación, te invocan; de tal suerte que, en sus necesidades, tengan todos el consuelo de ser asistidos por tu misericordia. Por J. N. Señor. Amén

7ª Intención (Por la conversión de herejes y cismáticos)


Oremus et pro haeréticis, et schismáticis: ut Deus, et Dóminus noster éruat eos ab erróribus univérsis; et ad sacnctam matrem Ecclésiam Cathólicam atque Apostólicam revocáre dignétur. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos también por los herejes y cismáticos, para que Dios Nuestro Señor los saque de todos sus errores, y se digne volverlos al gremio de la Santa Madre Iglesia Católica y Apostólica.Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui salvas omnes, et néminem vis períre: réspice ad ánimas diabólica fráude decéptas; ut, omni hærética pravitáte depósita, errántium corda resipíscant, et ad veritátis tuæ rédeant unitátem. Per Dóminum. Omnes R. Amen Oh Dios todopoderoso y eterno, que a todos salvas, y no quieres que ninguno se pierda: mira compasivo a tantas almas seducidas por la astucia diabólica; para que, renunciando totalmente al mal de la herejía, abjuren sus errores, y vuelvan a la unidad de tu verdad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

8ª Intención (Por los judíos) (20)

Oremus et pro pérfidis Judaeis, ut Deus, et Dominus noster áurferat velámen de córdibus eórum: ut et ipsi agnóscant Jesum Christum Dóminum nostrum. Oremos también por los pérfidos judíos, para que Dios Nuestro Señor quite el velo de sus corazones, a fin de que ellos también reconozcan a Jesucristo Nuestro Señor.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui Judǽos étiam  a tua misericórdia non repéllis: exáudi preces nostras, quas pro illíus pópuli obcæcatióne deférimus; ut, ágnita veritátis tuæ luce, quæ Christus est, a suis ténebris eruántur. Per eúndem Dóminum. Omnes R. Amen. Oh Dios todopoderoso y eterno, que no rechazas de tu misericordia a los pérfidos judíos: oye las plegarias que te dirigimos por la ceguedad de aquel pueblo, para que, reconociendo la luz de tu verdad, que es Jesucristo, salgan de sus tinieblas. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

9ª Intención (Por los infieles)

Oremus et pro paganis: ut Deus omnípotens áuferat iniquitátem a córdibus eórum; ut relíctis idólis suis, canvertántur ad Deum vivum et verum et únicum Filium ejus Jesum Christum Deum, et Dóminunm nostrum. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua.

Subd.: Leváte
Oremos también por los paganos, para que Dios to dopoderoso quite la maldad de sus corazones; a fin de que, abandonados sus ídolos, se conviertan al Dios vivo y verdadero y a su único Hijo Jesucristo, Dios y Señor nuestro. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.: Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui non mortem peccatórum, sed vitam semper inquíris: súscipe propítius oratiónem nostram, et líbera eos ab idolórum cultúra; et ággrega Ecclésiæ tuæ sanctæ, ad laudem et glóriam nóminis tui.  Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per  ómnia sǽcula sæculórum. Omnes R. Amen Oh Dios todopoderoso y eterno, que no quieres la muerte de los pecadores, sino que siempre procuras su vi da: recibe favorablemente nuestra oración, y líbralos de sus idolatrías, agregándolos a tu Santa Iglesia para gloria y alabanza de tu nombre. Por Jesucristo N. Señor. Amén.

NOTAS

  • (20) Admírese la magnanimidad de la Iglesia Católica al orar hoy pública y solemnemente por los judíos, como para contrarrestar la maldición que ellos mismos se echaron, tal día como hoy, sobre sí y sobre sus hijos. (volver)


DESCUBRIMIENTO
Y ADORACIÓN
DE LA CRUZ

Esta ceremonia nos viene de Jerusalén, en que el viernes santo se presentaba a la veneración de los fieles la verdadera cruz, sobre la cual Cristo fue crucificado. El pueblo acudía a prosternarse ante ella y besarla con respeto.

1. En la liturgia latina se comienza por la presentación solemne de la cruz. Ha estado velada durante todo el tiempo de la Pasión. El diácono, con dos acó1itos portadores de cirios encendidos, va a buscarla a la sacristía. Cuando entran en el presbiterio, el celebrante sale a su encuentro con el subdiácono y recibe la cruz en medio, ante el altar. El celebrante la descubre en tres etapas: primero, lo alto de la cruz; después, uno de los brazos; finalmente, la cruz entera. A medida que aparece, el celebrante en un comienzo al pie del altar y al lado de la epístola, después sobre las gradas, finalmente en medio del altar, la levanta ante la mirada de los fieles, cantando el Ecce lignun Crucis.

2. A continuación se arrodilla y adora en silencio durante unos momentos.
Después de esta triple ostención de la Cruz, dos acó1itos la tienen en pie ante el altar. El celebrante se descalza y, partiendo de la entrada del presbiterio, se dirige a ella haciendo sucesivamente tres genuflexiones, para terminar besando los pies del Crucificado. Tras del celebrante, hacen lo mismo los ministros, el clero y los monaguillos.
Entonces se lleva la Cruz por dos acólitos, acompañados por otros dos con cirios iluminados, a la entrada del presbiterio, donde los fieles la adoran, pasando procesionalmente ante ella los hombres primero, después las mujeres, y haciendo una genuflexión.

Durante la adoración de la Cruz se cantan los improperios.
El canto se continúa según el número de adoradores. Concluye, sin embargo, siempre con la doxología: Sempiterna sit beatae Trinitati gloria.

Improperios (*)

Las partes que conciernen a cada coro, se describen con los números 1 (primer coro) y 2 (segundo coro); mas lo que han de cantar entrambos juntos, se indican así: 1 y 2.

Quia edúxi te de terra Ægýpti : parásti Crucem Salvatóri tuo. Por haberte sacado de la tierra de Egipto has preparado una Cruz a tu Salvador

Se repite: Agios Theós, etc., como antes.

1 et 2 Quia edúxi te per desértum quadragínta annis, et manna cibávi te, et introdúxi te in terram satis bonam : parásti Crucem Salvatóri tuo. 1 y 2 Porque te guié cuarenta años por el desierto y te alimenté con maná y te introduje en tierra sumamente buena, has preparado Cruz a tu Salvador

Se repite: Agios Theós, etc., como antes.

1 et 2 Quid ultra débui fácere tibi, et non feci ? Ego quidem plantávi te víneam meam speciosíssimam: et tu facta es mihi nimis amára: acéto namque sitim meam potásti: et láncea perforásti latus Salvatóri tuo. 1 y 2 ¿Qué más debí hacer y no lo hice? Yo, ciertamente, te planté viña mía, preciosísima: y tú me has salido vid amarguísima: pues vinagre me diste a beber en mi sed, y con lanza agujereaste el costado de tu Salvador.

Todos: Pópule meus, etc.

1  Ego propter te flagellávi Ægýptum cum primogénitis suis : et tu me flagellátum tradidísti 1. Yo por tí descargué mi azote sobre Egipto y sus primogénitos; y ¡tu me entregaste azotado!

Todos: Pópule meus, etc.

2 Pópule meus, qui feci tibi? aut in quo contristávi te? respónde mihi. 2. Pueblo mío, ¿qué te hice yo? O ¿En qué te contristé? ¡Respóndeme!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego edúxi te de Ægýpto, demérso Pharaóne in Mare Rubrum: et tu me tradidísti princípibus sacerdótum. 1. Yo te saqué de Egipto, sumiendo a Faraón en el mar Rojo; y ¡tu me entregaste a los Príncipes de los Sacerdotes!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego ante te apérui mare: et tu aperuísti láncea latus meum. 1. Yo te abrí paso en el mar; y ¡tu con lanza abriste mi costado!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego ante te præívi in colúmna nubis: et tu me deduxísti ad prætórium Piláti. 1. Yo te precedí enla columna de nube; y ¡tu me llevaste al Pretorio de Pilatos!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego te pavi manna per desértum : et tu me cecidísti álapis et flagéllis. 1. Yo te alimenté con maná en el desierto; y ¡tu me heriste con bofetadas y azotes!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego te potávi aqua salútis de petra : et tu me potásti felle, et acéto. 1. Yo te dí a beber el agua saludable de la piedra y ¡tu me diste a beber hiel y vinagre!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego propter te Chananæórum reges percússi : et tu percussísti arúndine caput meum. 1. Yo por ti hería a los reyes de los Cananeos; y ¡tu con una caña heriste mi cabeza!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego dedi tibi sceptrum regále, et tu dedísti cápiti meo spíneam corónam. 1. Yo te di un cetro real; y ¡tu pusiste en mi cabeza una corona de espinas!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego te exaltávi magna virtúte : et tu me suspendísti in patíbulo Crucis. 1. Yo te exalté con gran poder; y ¡tu me suspendiste en el patíbulo de la Cruz!

Todos: Pópule meus, etc.

1 et 2 Antiphona. Crucem tuam adorámus, Dómine : et sanctam resurrectiónem tuam laudámus, et glorificámus: ecce enim propter lignum venit gáudium in univérso mundo. 1 Ps. 66, 2. Deus misereátur nostri et benedícat nobis.

2 Illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri.

1 et 2 Antiphona. Crucem tuam adorámus, Dómine : et sanctam resurrectiónem tuam laudámus, et glorificámus : ecce enim propter lignum venit gáudium in univérso mundo.

1 et 2 Crucem…

1 y 2. Ant. – Adoramos, Señor, tu Cruz; alabamos y glorificamos tu santa resurrección: pues por el leño vino el gozo al universo mundo 1. Dios se apiade de nosotros y nos bendiga.

2. Haga resplandecer sobre nosotros su rostro, y tenga de nosotros piedad.

1 y 2. Ant. – Adoramos, Señor, tu Cruz; alabamos y glorificamos tu santa resurrección: pues por el leño vino el gozo al universo mundo

1 y 2. Adoramos, Señor, tu Cruz…

Himno “Pange, lingua gloriósi” a la Santa Cruz
Estribillo

1 et 2 Crux fidélis, inter omnes Arbor una nóbilis: Nulla silva talem profert, Fronde, flore, gérmine.

Dulce lignum, dulce clavos,
Dulce pondus sústinet.

1 y 2 ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tu dulce peso!
1. Pange, lingua, gloriósi
Láuream certáminis,
Et super Crucis trophǽo
Dic triúmphum nóbilem:
Quáliter Redémptor orbis
Immolátus vícerit.
Canta, oh lengua la victoria del más glorioso combate, y celebra el noble triunfo de la Cruz, y cómo el Redentor del mundo venció, siendo en ella inmolado.

Todos: Crux fidélix, hasta Dulce lignum

1. De peréntis protoplásti
Fraude Factor cóndolens,
Quando pomi noxiális
In necem morsu ruit:
Ipse lignum tunc notávit,
Damna ligni ut sólveret.
Compadecido el Creador del engaño de nuestro primer padre, incurriendo en la muerte por haber gustado del fruto prohibido, señaló otro árbol para reparar el daño del primero.

Todos: Crux fidélix,

1. Hoc opus nostræ salútis
Ordo depopóscerat:
Multifórmis proditóris
Ars ut artem fálleret:
Et medélam ferret inde,
Hostis unde lǽserat.
Este modo de obrar nuestra salvación, requería que una estratagema burlase las artimañas del traidor, y hallar el remedio allí mismo donde hirió el enemigo con su engaño.

Todos: Crux fidélix,

1. Quando venit ergo sacri
Plenitúdo témporis,
Missus est ab arce Patris
Natus, orbis Cónditor:
Atque ventre virgináli
Carne amíctus pródiit.
Cuando, pues, vino la plenitud del tiempo sagrado, fue enviado del seno del Padre, su Hijo, Creador del mundo, y, revestido de la carne, nació de vientre virginal.

Todos: Crux fidélix,

1. Vagit infans inter arcta
Cónditus præsépia:
Membra pannis involúta
Virgo Mater álligat:
Et Dei manus, pedésque
Stricta cingit fáscia.
Llora el tierno Infante reclinado en un duro pesebre; envuelve en pañales sus tiernos miembros la Virgen madre; y ciñe con estrecha faja los pies y manos de todo un Dios.

Todos: Crux fidélix,

1. Lustra sex qui jam perégit,
Tempus implens córporis,
Sponte líbera Redémptor
Passióni déditus,
Agnus in Crucis levátur
Immolándus stípite.
Cuando cumplió los treinta años, terminado ya el tiempo de la vida mortal, el Redentor se ofreció libremente a sufrir la Pasión, y el Cordero fue levantado en la Cruz para ser inmolado.

Todos: Crux fidélix,

1. Felle potus ecce languet:
Spina, clavi, láncea
Mite corpus perforárunt,
Unda manat, et cruor:
Terra, pontus, astra, mundus,
Quo lavántur flúmine !
Mira cómo languidece gustando amarga hiel, traspasando su cuerpo espinas, clavos y lanza, manando sangre y agua: la tierra, el mar, el cielo, el mundo entero, son lavados en este río.

Todos: Crux fidélix,

1. Flecte ramos, arbor alta,
Tensa laxa víscera,
Et rigor lentéscat ille,
Quem dedit natívitas:
Et supérni membra Regis
Tende miti stípite.
¡Dobla tus ramas, oh árbol elevado, pliega tus tersas fibras, y ablándese tu nativa rigidez; y recibe benigno los miembros del Rey soberano!

Todos: Crux fidélix,

1. Sola digna tu fuísti
Ferre mundi víctimam:
Atque portum præparáre
Arca mundo náufrago:
Quam sacer cruor perúnxit,
Fusus Agni córpore.
Tu fuiste el único árbol digno de sostener la víctima del mundo, de ser para el universo náufrago el puerto de salvación, el arca santa, rociada con la bendita sangre del cuerpo del Cordero.

Todos: Crux fidélix,

Conclusio numquam omittenda:

1. Sempitérna sit beátæ
Trinitáti glória:
Æqua Patri, Filióque:
Par decus Paráclito:
Uníus, Triníque nomen
Laudet univérsitas. Amen.

¡Gloria eterna a la Trinidad soberana!, ¡gloria igual al Padre y al Hijo, igual honor al Espíritu Consolador! El universo alabe al nombre del que es Uno y Trino. así sea.

Todos: Crux fidélix

4º – COMUNIÓN GENERAL

1. Terminada la Adoración de la Cruz, los acólitos o ayudantes que la sostuvieron la llevan al altar, acompañándoles otros dos acólitos o ayudantes, con ciriales encendidos, y allí la colocan en el medio.

Después, celebrante y diácono, dejando la estola negra, toman ornamentos morados.

El diácono con dos acólitos y otro clérigo para llevar el palio (o sombrilla), con los ciriales van al altar del “Monumento” en busca del Copón con Hostias consagradas allí reservado desde la Misa de ayer para la Comunión general de hoy. en el “Monumento” habrá dispuestos dos candelabros con velas encendidas, que luego tomarán los acólitos.

Proceden en el orden en que vinieron: sobre el Sacramento va el palio; los acólitos llevan encendidos los ciriales a uno y otro lado, y todos se arrodillan. Entre tanto, el coro canta lo siguiente

Antífonas

Ant. 1 Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi, quia per Crucem tuam redemísti mundum.Ant. 2 Per lignum servi facti sumus, et per sanctam Crucem liberáti sumus: fructus árboris sedúxit nos, Fílius Dei redémit nos.

Ant. 3 Salvátor mundi, salva nos: qui per Crucem et Sánguinem tuum redemísti nos, auxiliáre nobis, te deprecámur, Deus noster.

.
1ª. – Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Cruz has redimido al mundo.2ª. – Esclavos hemos sido hechos por el madero, y por la santa Cruz fuimos liberados: nos sedujo el fruto del árbos, el Hijo de Dios nos redimió.

3ª. – Salvador del mundo, sálvanos; que por la Cruz y tu Sangre nos has redimido; ayúdanos, te lo suplicamos, oh Dios nuestro.

En llegando al altar mayor, sube a él el diácono, dispone la píxide, despliega el corporal, los acólitos colocan los ciriales sobre el altar.

Entonces, el celebrante y el subdiácono se acercan al altar, adoran con ambas rodillas, y hecha juntamente genuflexión con el diácono, el celebrante sólo, juntas las manos dice:

Orémus. Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: Teniendo presente la orden del Señor, y aleccionados por el Divino Maestro, nos atrevemos a exclamar:

Todos, en latín:

Pater noster qui es in cælis:
Sanctificétur nomen tuum.
Advéniat regnum tuum.
Fiat volúntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie:
Et dimítte nobis débita nostra,
sicut et nos dimmítimus debitóribus nostris.
Et ne nos indúcas in tentatiónem;
sed líbera nos a malo.
Amen.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu Nombre, vénga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dádnosle hoy; perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén

El celebrante, solo, con voz clara y distinta dice:

Líbera nos, quǽsumus, Dómine, ab ómnibus malis, prætéritis, præséntibus, et futúris : et intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genitríce María, cum beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, atque Andréa, et ómnibus Sanctis, non signat se patena, da propítius pacem in diébus nostris: ut ope misericórdiæ tuæ adjúti, et a pecáto simus semper líberi, et ab omni perturbatióne secúri. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.

.
Rogámoste Señor, que nos libres de todos los males, presentes, y venideros, y por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, y de tus bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y Andrés, y de todos los Santos, danos propicio la paz en nuestros días, para que, asistidos con el auxilio de tu misericordia, permanezcamos siempre libres del pecado y seguros de todo sobresalto. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión con Dios Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Todos: Amén

Al punto el celebrante reza por lo bajo:

Percéptio Córporis tui, Dómine Jesu Christe, quod ego, indígnus súmere præsúmo, non mihi provéniat in judícium et condemnatiónem; sed pro tua pietáte prosit mihi ad tutaméntum mentis et córporis, et ad medélam percipiéndam. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen. La Comunión de tu Cuerpo, oh Señor Jesucristo, que yo, aunque indigno, me atrevo a recibir, no me sea motivo de juicio y de condenación: sino que, por tu piedad, me sirva para defensa y medicina del alma y del cuerpo. Tú, que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Terminada esta Oración, el Celebrante hace la genuflexión, toma una hostia del copón y dándose un triple golpe de pecho, como de costumbre, dice tres veces:

Dómine, non sum dignus, et secrete prosequitur: ut íntres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas dí una sola palabra, y mi alma será sana y salva.

Luego, signándose con el Sacramento, comulga diciendo:

Corpus Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen. El Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.

Una vez que ha comulgado el celebrante, el diácono reza el “Confiteor” (“Yo pecador”) como de ordinario. Entonces el celebrante, hecha genuflexión, se vuelve al pueblo, juntas las manos ante el pecho y dice en voz clara:

Misereátur vestri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam. Amen.

Celebrans prosequitur:

Indulgéntiam, absolutiónem, et remissiónem peccatórum vestrórum tríbuat vobis omnípotens et miséricors Dóminus. Omnes respondent: Amen.

Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna. AménEl Señor todopoderoso y misericordioso os conceda la absolución y el perdón de vuestros pecados.

Amén.

Vuelve luego al altar, se arrodilla, toma la píxide y cara al pueblo, como de costumbre, en medio del altar, dice en voz clara:

Ecce Agnus Dei, ecce qui tollit peccáta mundi. Mox subdit: Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. Quod iterum ac tertio repetit. Ved aquí al Cordero de dios, ved aquí al que quita los pecados del mundo. Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas dí una sola palabra y mi alma será salva.

Los sacerdotes (con estola morada) y los fieles que han de comulgar se acercan con orden y devoción al comulgatorio. Terminada la Comunión, el celebrante canta, en acción de gracias, las tres oraciones siguientes a la Pasión y Muerte del Señor, al final de cada una de las cuales los fieles todos han de responderAmen, en señal de unión perfecta con el celebrante.

Al distribuir la sagrada Comunión puede cantarse el salmo 21, Deus meus, Deus meus:

Deus, Deus meus, quare me dereliquisti?
Longe a salute mea verba rugitus mei.
Deus meus, clamo per diem, et non exaudis,
et nocte, et non est requies mihi.
Tu autem sanctus es,
qui habitas in laudibus Israel.
In te speraverunt patres nostri,
speraverunt, et liberasti eos;
Ad te clamaverunt et salvi facti sunt,
in te speraverunt et non sunt confusi.
Ego autem sum vermis et non homo,
opprobrium hominum et abiectio plebis.
Omnes videntes me deriserunt me;
torquentes labia moverunt caput:
“ Speravit in Domino: eripiat eum,
salvum faciat eum, quoniam vult eum ”.
Quoniam tu es qui extraxisti me de ventre,
spes mea ad ubera matris meae.
In te proiectus sum ex utero,
de ventre matris meae Deus meus es tu.
Ne longe fias a me,
quoniam tribulatio proxima est,
quoniam non est qui adiuvet.
Circumdederunt me vituli multi,
tauri Basan obsederunt me.
Aperuerunt super me os suum
sicut leo rapiens et rugiens.
Sicut aqua effusus sum,
et dissoluta sunt omnia ossa mea.
Factum est cor meum tamquam cera
liquescens in medio ventris mei.
Aruit tamquam testa palatum meum,
et lingua mea adhaesit faucibus meis,
et in pulverem mortis deduxisti me.
Quoniam circumdederunt me canes multi,
concilium malignantium obsedit me.
Foderunt manus meas et pedes meos,
et dinumeravi omnia ossa mea.
Ipsi vero consideraverunt et inspexerunt me;
diviserunt sibi vestimenta mea
et super vestem meam miserunt sortem.
Tu autem, Domine, ne elongaveris;
fortitudo mea, ad adiuvandum me festina.
Erue a framea animam meam
et de manu canis unicam meam.
Salva me ex ore leonis
et a cornibus unicornium humilitatem meam.
Narrabo nomen tuum fratribus meis,
in medio ecclesiae laudabo te.
Qui timetis Dominum, laudate eum;
universum semen Iacob, glorificate eum.
Metuat eum omne semen Israel,
quoniam non sprevit neque despexit afflictionem pauperis
nec avertit faciem suam ab eo
et, cum clamaret ad eum, exaudivit.
Apud te laus mea in ecclesia magna; vota mea reddam in conspectu timentium eum.
Edent pauperes et saturabuntur;
et laudabunt Dominum, qui requirunt eum:
“ Vivant corda eorum in saeculum saeculi! ”.
Reminiscentur et convertentur ad Dominum
universi fines terrae,
et adorabunt in conspectu eius
universae familiae gentium.
Quoniam Domini est regnum,
et ipse dominabitur gentium.
Ipsum solum adorabunt omnes, qui dormiunt in terra;
in conspectu eius procident omnes, qui descendunt in pulverem.
Anima autem mea illi vivet,
et semen meum serviet ipsi.
Narrabitur de Domino generationi venturae;
et annuntiabunt iustitiam eius
populo, qui nascetur: “ Haec fecit Dominus! ”.

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.
.
¡Dios Mío, Dios Mío! ¿Por qué me has desamparado? ¿Por qué Estás tan lejos de mi Salvación y de las palabras de mi clamor?
Dios Mío, clamo de Día, y no respondes; clamo de noche, y no hay sosiego para Mí.
Pero Tú eres santo. ¡Tú, que habitas entre las alabanzas de Israel!
Nuestros padres esperaron en ti: Esperaron, y Tú los libraste.
Clamaron a ti y fueron librados; confiaron en ti y no fueron defraudados.
Pero yo soy un gusano y no un hombre, objeto de la afrenta de los hombres y despreciado del pueblo.
Todos los que me ven se burlan de Mí. Estiran los labios y mueven la cabeza diciendo:
“En Jehovah Confió; que él lo rescate. Que lo libre, ya que de él se Agradó.”
Pero Tú eres el que me Sacó del vientre; me has hecho estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.
Sobre ti fui echado desde la matriz; desde el vientre de mi madre, Tú eres mi Dios.
No te alejes de Mí, porque la angustia Está cerca, y no hay quien ayude.
Muchos toros me han rodeado; fuertes toros de Basán me han cercado.
Contra Mí abrieron sus bocas, como León voraz y rugiente.
Soy derramado como el agua; todos mis huesos se han desarticulado. Mi Corazón Está como cera y se ha derretido en medio de mis entrañas.
Mi vigor se ha secado como un tiesto, y mi lengua se ha pegado a mi paladar. Me has puesto en el polvo de la muerte.
Los perros me han rodeado; me ha cercado una pandilla de malhechores, y horadaron mis manos y mis pies.
Puedo contar todos mis huesos; ellos me miran y me observan.
Reparten entre Sí mis vestidos, y sobre mi ropa echan suertes.
Pero Tú, oh Jehovah, no te alejes. Fortaleza Mía, Apresúrate para ayudarme.
Libra mi alma de la espada; libra mi única vida de las garras de los perros.
Sálvame de la boca del León y de los cuernos de los toros salvajes. ¡Me has respondido!
Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la Congregación te alabaré.
Los que teméis a Jehovah, alabadle; glorificadle, todos los descendientes de Jacob. Temedle vosotros, todos los descendientes de Israel.
Porque no Despreció ni Desdeñó la Aflicción del afligido, ni de él Escondió el rostro. Más bien, le Oyó cuando Clamó a él.
Tuya es mi alabanza en la gran Congregación. Mis votos pagaré delante de los que le temen.
Los pobres Comerán y Serán saciados. Alabarán a Jehovah los que le buscan. ¡Que viva vuestro Corazón para siempre!
Ellos se Acordarán y Volverán a Jehovah de todos los confines de la tierra. Delante de ti se Postrarán todas las familias de las naciones.
Porque de Jehovah es el reino, y él se Enseñoreará de las naciones.
Ciertamente ante él se Postrarán todos los ricos de la tierra. Se Doblegarán ante él todos los que descienden al polvo, los que no pueden conservar la vida a su propia alma.
La posteridad le Servirá; esto le Será referido al Señor por generaciones.
Vendrán y Anunciarán su justicia a un pueblo que ha de nacer: “¡El hizo esto!”

Terminada la comunión, el celebrante, de pie, en medio del altar, teniendo ante sí el libro y a diestra y siniestra los sagrados ministros, dice como acción de gracias, en tono ferial y juntas las manos, las tres siguientes oraciones a la Pasión del Señor, estando todos de pie y respondiendo: Amén.

Oremus: Super pópulum tuum, quǽsumus, Dómine, qui passiónem et mortem Fílii tui devóta mente recóluit, benedíctio copiósa descéndat, indulgéntia véniat, consolátio tribuátur, fides sancta succréscat, redémptio sempitérna firmétur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen. Te rogamos, Señor, que descienda una copiosa bendición, venga el perdón, se dé consuelo, se aumente la fe santa y se asegure la salvación eterna sobre tu pueblo, que acaba de celebrar devotamente la Pasión y Muerte de tu Hijo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oremus: Omnípotens et miséricors Deus, qui Christi tui beáta passióne et morte nos reparásti: consérva in nobis óperam misericórdiæ tuæ; ut, hujus mystérii participatióne, perpétua devotióne vivámus. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen. Dios omnipotente y misericordioso, que nos redimiste con la muerte y pasión santa de tu Cristo: conserva en nosotros la obra de tu misericordia, para que con la participación de este misterio, vivamos con perpetua devoción. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oremus: Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine, et fámulos tuos ætérna protectióne sanctífica, pro quibus Christus, Fílius tuus, per suum cruórem, instítuit paschále mystérium. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen. Acuérdate, Señor, de tus misericordias y santifica con una constante protección a tus siervos, para los cuales instituyó tu Hijo Jesucristo el misterio pascual, por medio de su pasión. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

4º – ACTOS EXTRALITÚRGICOS

Cumplido el oficio litúrgico del día de hoy, los fieles han de santificar la tarde y las primeras horas de la noche, ora asistiendo a los viacrucis y procesiones públicos de sus parroquias y al sermón de soledad, ora visitando en los templos la santa cruz. de este modo viernes santo recobrará su capital importancia de día de la redención del mundo por Jesucristo, el hecho de mayor relieve en la historia de la humanidad.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Vía Crucis


Origen y excelencia de esta devoción

Apenas se hallará práctica más agradable a Dios, más útil y meritoria que la del Via Crucis.

Esta, dice el Papa Benedicto XIV, es una de las principales devociones del cristiano, y medio eficacísimo, no sólo de honrar la pasión y muerte del Hijo de Dios, sino también de convertir a los pecadores, enfervorizar a los tibios y adelantar a los justos en la virtud.

En ella meditamos el doloroso camino que anduvo Jesús desde el pretorio de Pilatos hasta el monte Calvario, donde murió por nuestra Redención.

Dio principio a esta devoción la Virgen Santísima; pues, según fue revelado a Santa Brígida, no tenía mayor consuelo que el recorrer los pasos de aquel sagrado camino regado con la sangre de su preciosísimo Hijo.

Pronto innumerables cristianos siguieron su ejemplo, según atestigua San Jerónimo: y así ¡cuantos peregrinos surcaban mares y exponían la vida para ganar las muchas indulgencias con que la Iglesia había enriquecido los santos lugares de Jerusalén!

Mas viendo esta solícita Madre, por una parte el copioso fruto que de tan pía devoción sacaban los fieles, y por otra la imposibilidad en que muchos se hallaban de emprender viaje tan largo y peligroso, varios Sumos Pontífices, en particular Clemente XII, Benedicto XIII y XIV, y León XII, franqueando largamente los tesoros de la Iglesia, concedieron que, visitando las Cruces bendecidas con especial facultad del Sumo Pontífice y autorización del Prelado diocesano, ganasen los fieles las mismas indulgencias que habían concedido a los lugares santos de Jerusalén.

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MODO BREVE DE HACER EL VÍA CRUCIS

Los que hicieren devotamente el Vía Crucis pueden conseguir:

1) Indulgencia Plenaria cuantas veces lo hicieren.

2) Otra Plenaria si en el mismo día, en que lo hicieron o bien dentro del mes,

realizado 10 veces el Via Crucis, se acercaren a la Sagrada Comunión.

3) Indulgencia de 10 años por cada una de las Estaciones si comenzando el ejercicio, se hubiere de interrumpir por cualquier causa razonable.

Para ganar estas indulgencias se requiere como condición indispensable la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y el trasladarse de una estación a otra, salvo el caso de que se haga en común por todos los fieles que están en la iglesia, pues entonces basta ponerse en pie y arrodillarse en cada estación

Conviene advertir que el rezar en cada una de las Estaciones el Adoramus te Christe, etc. los Padrenuestros y Avemarías con el Miserere nostri, Domine, etc., es tan sólo piadosa y laudable costumbre, pero no es necesario para ganar las Indulgencias, para lo cual basta meditar en la Pasión de Jesús.

Los que, por enfermedad u otra causa, se hallaren impedidos de recorrer las estaciones del Via Crucis, pueden ganar las indulgencias rezando 14Padrenuestros, Avemarías y Gloria, junto con la meditación de la Pasión; además, otros 5 Padrenuestros, Avemarías y Gloria, a las LLagas de Jesús; y uno según la intención del Sumo Pontífice, teniendo entre las manos un Crucifijo bendecido por un sacerdote que tenga la facultad de aplicar dichas Indulgencias.

Si no pudieren rezar todos los Pater-Ave y Gloria prescriptos para la Ind. plenaria ganarán una parcial de 10 años por cada Pater-Ave y Gloria. Los enfermos que no puedan hacer el Via Crucis en la forma ordinaria ni en la arriba indicada lucran las mismas indulgencias con tal que con afecto y ánimo contrito besen o contemplen el Crucifijo bendecido para este fin, que les fuera mostrado por el sacerdote u otra persona y recen si pueden alguna breve oración o jaculatoria en memoria de la Pasión y Muerte de J. C. Nuestro Señor. (Clemente XIV, Audiencia 26 Enero 1773; S.C: Indulg. 16 Sept. 1859; S. Penit. Apost. 25 Marzo 1931; 20 Oct. 1931 y 18 Marzo 1932)

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Ejercicio preparatorio

V) Adoramus te, Christe, et benedícimus tibi.

R) Quia per sanctam crucem et mortem tuam redemisti mundum.

OREMUS

Respice, quaesumus Domine super hanc familiam tuam, pro qua Dominus noster Jesus Christus non dubitavit manibus tradi nocentium et Crucis subíre tormentum. Qui tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

R) Amen.

Acto de contrición

¡Oh Dios y Redentor mío! vedme a vuestros pies arrepentido de todo corazón de mis pecados, porque con ellos he ofendido a vuestra infinita bondad. Quiero morir antes que volver a ofenderos, porque os amo sobre todas las cosas.

V) Miserere nostri, Domine.

R) Miserere nostri.

Madre llena de aflicción,

de Jesucristo las llagas grabad en mi corazón.

Stabat Mater dolorosa,

juxta crucem lacrymosa,

dum pendébat Fílius.

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Oración preparatoria

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Oh amabilísimo Jesús mío, heme aquí postrado ante tu acatamiento divino, implorando tu misericordia en favor de tantos pecadores infelices, de las benditas Ánimas del Purgatorio y de la Iglesia universal.

Aplícame, te ruego, los merecimientos infinitos de tu sagrada Pasión, y concédeme los tesoros de indulgencias con que tus Vicarios en la tierra enriquecieron la devoción del Via Crucis.

Acéptalos en satisfacción de mis pecados y en sufragio de los difuntos a quienes tengo más obligación.

Y tú, afligidísima Madre mía, por aquella amargura que inundó tu corazón cuando acompañaste a tu santísimo Hijo al Calvario, haz se penetre mi alma de los sentimientos de que estabas entonces animada.

Alcánzame del Señor vivo dolor y detestación del pecado, y valor para que abrazando la cruz, siga las huellas de tu amable Jesús.

No me niegues esta gracia, oh Madre mía; haz que tomando ahora parte en tu dolor logre un día acompañar a tu Hijo en el triunfo de la gloria. Amén.

Al ir de una estación a otra, unos cantan el Jesu, Rex mitis, o las preces de la Pasión, otros una estrofa del Stabat Mater; pero nada mueve ni entusiasma tanto al pueblo como el Perdon, oh Dios mío, o estas estrofas cantadas con pausa y devoción.

Su autor fue el P. Ramón García, de la Compañía de Jesús; y el estribillo común a todas las estaciones es el siguiente:

Llevemos animosos

Las cruces abrasadas;

Sigamos sus pisadas

Con llanto y compasión.

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PRIMERA ESTACIÓN

Jesús condenado a muerte

V) Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

V) Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R) Quia per sanctam Crucem tuam redemisti mundum.

R) Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

¿Lo ves, alma cristiana? Está el inicuo juez sentado en el tribunal, y a sus pies el Hijo de Dios, Juez de vivos y muertos, lleno de confusión, las manos atadas como un fascineroso, oyendo la más ignominiosa sentencia.

¡Oh Jesús mío amantísimo! ¡Vos, Autor de la vida condenado a muerte!

¡Vos, la inocencia y santidad infinitas, condenado a morir en un infame patíbulo, como el más insigne malhechor!

¡Qué amor tan grande el vuestro, y qué ingratitud tan monstruosa la mía, pues os condeno de nuevo a la muerte cada día!

¿Y por qué? ¡Por un sucio deleite… por un mezquino interés … por un qué dirán!

Perdonadme dulcísimo Jesús mío; y por esa inícua sentencia, no permitáis que sea yo un día condenado a la muerte eterna, que merecerían mis pecados.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri

Miserere nostri, Domine.

Ten, Señor, piedad de nosotros.

Miserere nostri.

Piedad, Señor, piedad.

Fidelium animae per misericordiam Dei requiescant in pace.

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

Amen.

Por mi, Señor, inclinas

El cuello a la sentencia;

Que a tanto la clemencia

Pudo llegar de Dios.

Oye el pregón, oh Madre,

Llevado por el viento

Y al doloroso acento

Ven del Amado en pos.

LLevemos, etc.

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SEGUNDA ESTACIÓN

Sale Jesús con la cruz a cuestas


Adoramus te, Christe, etc, como en la primera estación.

¡Y queréis, inocentísimo Jesús mío, llevar Vos mismo, cual otro Isaac, el instrumento del suplicio!

¡Estáis exausto de fuerzas!

¡Vuestras espaldas y hombros están doloridos y rasgados por los azotes!
¡La cruz es larga y pesada!

¡Y cuanto no acrecientan todavía su peso mis iniquidades y las de todo el mundo! …

Sin embargo, la aceptáis, y besándola la abrazáis y lleváis con inefable ternura por mi amor.

¿Y aborrecerás tú, pecador, la ligera cruz que Dios te envía?

¿Querrás tú ir al cielo por los deleites y regalos, yendo allá el inocentísimo Jesús por el dolorosísimo camino de la cruz? …

Reconozco mi engaño, Salvador mío, enviadme penas y tribulaciones, que resuelto estoy a sufrirlas con resignación y alegría, por amor de un Dios que tanto padeció por mí.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc. como en la primera estación.

Esconde, justo Padre,

La espada de tu ira.

Y al monte humilde mira

Subir el dulce Bien.

Y tú, Señora, gime

Cual tórtola inocente;

Que tu gemir clemente

Le amansará también.

Llevemos, etc.

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TERCERA ESTACIÓN

Jesús cae por primera vez

Adoramus te, Christe, etc.

No extraño, dulce Jesús mío, que sucumbáis rendido al enorme peso de la cruz.

Lo que me pasma y hace llorar a los Angeles de paz es la bárbara fiereza con que os tratan esos sayones inhumanos.

Si cae un vil jumento se le tiene compasión, lo ayudan a levantarse.

Pero cae el Rey de los cielos y tierra, el que sostiene la admirable fábrica del universo, y lejos de moverse a compasión, le insultan con horribles blasfemias, le maltratan y acocean con diabólico furor…

¿Y qué hacíais, en qué, pensábais entonces, dulce Jesús mío? … En ti pensaba, pecador, por ti sufría con infinita paciencia y alegría.

Tú habías merecido los oprobios y tormentos más horribles; y yo para librarte de ellos he querido pasar por este espantoso suplicio.

¿No estás todavía satisfecho?…

¿Quieres aún maltratarme con nuevas ofensas?

Aquí me tienes; descarga tú también fieros golpes sobre mí.

No, Jesús mío, no; antes morir que volver a ofenderos.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc.

Oh pecador ingrato

Ante tu Dios maltratado,

Ven a llorar herido

De contrición aquí.

Levántame a tus brazos,

¡Oh bondadoso Padre!

Ve de la tierna Madre

Llanto correr por mí

Llevemos, etc.

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CUARTA ESTACIÓN

Jesús encuentra a su Sma. Madre

Adoramus te, Christe, etc.

¡Qué sentiste, oh angustiada Señora, al ver aquel trágico espectáculo!

¡El pregonero publicando con lúgubre trompeta la sentencia fatal! ¡Una multitud inmensa que se agrupa, profiriendo injurias y blasfemias contra Jesús!

¡Los soldados y sayones en dos filas y en medio de dos malhechores! …

¿Le conoces, oh Madre amantísima? ¿es ese el más hermoso de los hijos de los hombres, la beldad de los cielos y la alegría de los Ángeles?

¿Aquel Hijo de Dios que con tanto regocijo nació en Belén?

¿Dónde están ahora los Reyes y Pastores que entonces le adoraban?

¿Qué se han hecho los Espíritus celestiales que entonces entonaban himnos de alabanza?

¡Qué trocado está! ¡Sus ojos inundados de lágrimas y sangre, coronada de espinas su cabeza; todo Él hecho una llaga!

¡Oh, María, afligida entre todas las mujeres! ¡Oh Madre la más desolada de todas las madres! ¡Oh Hijo, maltratado sobre todos los hijos de Adán! ¡Oh Jesús! ¡Oh María! perdonad a este ingrato, a este pecador a este monstruo, causa de tanta amargura.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Cercadla, Serafines,

No acabe en desaliento,

No muera en el tormento

La Rosa virginal.

¡Oh acero riguroso!

Deja su pecho amante

Vuélvete a mi cortante,

Que soy el criminal.

Llevemos, etc.

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QUINTA ESTACIÓN

Jesús ayudado por el Cirineo

Adoramus te, Christe, etc.

Temiendo los judíos no se les muera Jesús antes de llegar al Calvario, no por aliviarle, sino por el deseo que tienen de crucificarle, buscan quien le ayude a llevar la cruz, y no le encuentran.

Había entonces en Jerusalén tantos millares de hombres y sólo Simón Cireneo acepta este favor y aún por fuerza.

¡Y así te desamparan, oh Jesús mío! ¿No fueron cinco mil los hombres que alimentaste con cinco panes en el desierto? ¿No son innumerables los ciegos, los paralíticos y enfermos que sanaste?

¡Y nadie quiere llevar tu cruz!

¡Y ella, no obstante, nos predica la latitud de tu misericordia, la longitud de tu justicia, la sublimidad de tu poder y lo profundo de tu sabiduría infinita!

¡Oh misterio incomprensible!

Muchos admiran tus prodigios y tu doctrina; mas pocos gustan de padecer contigo.

Teman, pues, los enemigos de la cruz, oyendo a Cristo que dice: El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Toma la cruz preciosa,

Me está el deber clamando;

Tan generoso, cuando

Delante va el Señor.

Voy a seguir constante

Las huellas de mi Dueño;

Manténgame el empeño,

Señora, tu favor.

Llevemos, etc.

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SEXTA ESTACIÓN

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Adoramus te, Christe, etc.

¡Qué valor el de esta piadosa mujer! Ve aquel rostro divino a quien desean contemplar los Ángeles, cubierto de polvo, afeado con salivas, denegrido con sangre; y movida de compasión, quítase la toca, atropella por todo, y acercándose al Salvador, le enjuga su rostro desfigurado.

¡Ay! ¡Cómo confunde esta mujer fuerte la cobardía de tantos cristianos que por vano temor del qué dirán, no se atreven a obrar bien! ¡Oh dichosa Verónica, y cómo premia el Señor tu denuedo, dejando su rostro Santísimo estampado en tres pliegues de esa afortunada toca!

¿Quieres tú, cristiano, que Dios imprima en tu alma una perfecta imagen de sus virtudes?

Huella, pues, generoso el respeto humano, como la Verónica; haz con fervor, haz a menudo el Via Crucis; y no dudes que Jesús grabará en tu alma un fiel traslado de sus virtudes; y viéndote el Eterno Padre semejante al divino Modelo de predestinados, te admitirá en el cielo.

Padre Nuestro, Ave María, y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Tu imagen, Padre mío,

Ensangrentada y viva,

Mi corazón reciba,

Sellada con la fe.

¡Oh Reina! de tu mano

Imprímela en mi alma,

Y a la gloriosa palma

Contigo subiré.

Llevemos, etc.

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SÉPTIMA ESTACIÓN

Jesús cae por segunda vez

Adoramus te, Christe, etc.

Sí, Jesús cae por segunda vez con la cruz; nuevas injurias y golpes, nueva crueldad de parte de los judíos; nuevos dolores y tormentos, nuevos rasgos de amor de parte de Jesús.

Parece que el infierno desahogará contra Él todo su furor: mas ¿qué hará el Señor? ¿Dejará la empresa comenzada? ¿Hará como nosotros, que a una ligera contradición abandonamos el camino de la virtud?

No, no; bien podrán decirle: Si eres Hijo de Dios baja de la Cruz; por lo mismo que lo es, allí permanecerá hasta morir.

¿Y cuándo, Señor, imitaré vuestra heroica constancia?

No siendo coronado, si no el que peleando legítamente persevere hasta el fin, ¿de qué me serviría abrazar la virtud y llevar la cruz solamente algún día?

Cueste, pues, lo que cueste, quiero, con vuestra gracia divina, amaros y serviros hasta morir.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Yace el divino Dueño

Segunda vez postrado:

Detesta ya el pecado,

Deshecha en contrición.

Oh Virgen, pide amante

Que borre tanta ofensa

Misericordia inmensa,

Pródiga de perdón.

Llevemos, etc.

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OCTAVA ESTACIÓN

Jesús consuela a las mujeres

Adoramus te, Christe, etc.

¡Qué caridad tan ardiente! ¡Olvidando sus atrocísimos dolores, sólo se acuerda de nuestras penas el amante Jesús!

Hijas de Jerusalén, dice a las piadosas mujeres que le seguían llorando; no lloréis mi suerte; llorad más bien sobre vosotras y sobre vuestros hijos.

Pero ¿puede haber objeto más digno de llanto que la pasión y muerte del Hijo de Dios? … Sí, cristiano; hay cosa más digna de lágrimas, y de lágrimas eternas; y es el pecado.

Pues el pecado es la única causa de la pasión y muerte tan ignominiosa; él es el origen y el colmo de todos los males; mal terrible, el único mal, mal infinito de Dios, y de la criatura.

¡Y no obstante tú pecas con tanta facilidad! ¡Y te confiesas con tanta frialdad! ¡Y recaes tan a menudo en el pecado! ¡Y pasas tranquilo días, meses, años, y hasta la vida entera en el pecado!

Padre nuestro Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc.

Matronas doloridas

Que al Justo lamentáis.

¿Por qué, si os lamentaís,

La causa no llorar?

Y pues la cruz le dimos

Todos los delincuentes,

Broten los ojos fuentes

De angustia y de pesar

Llevemos, etc

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NOVENA ESTACIÓN

Jesús cae por tercera vez

Adoramus te Christe, etc.

¿Qué es esto, Jesús mío? ¡Vos resplandor de la gloria del Padre, consuelo de los Mártires, hermosura y alegría del cielo, Vos caído en tierra, primera, segunda y tercera vez! ¿No sois Vos la fortaleza de Dios? …

¿Y qué, hijo mío, no has pecado tú más de dos o tres veces? ¿No recaes cada día innumerables veces en el pecado? ¿Por qué esa perpetua inconstancia en mi servicio? Hoy formas generosos propósitos, y mañana están ya olvidados: ahora me entregas el corazón, y un instante después ya no suspiras sino por pasatiempos y liviandades.

¡Ay! yo caigo por segunda y tercera vez para expiar tus continuas recaídas: caigo para alzarte a ti de la tibieza; caigo para que temerario, no te expongas de nuevo al peligro de recaer en pecado; caigo en fin, para que no caigas tú jamás en el abismo del infierno”

Gracias Dios mío, por tan inefable bondad; y por esta tan dolorosa caída, dadme fuerza, os suplico, para que me levante por fin del pecado y camine firme y constante en vuestro santo servicio.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Al suelo derribado

Tercera vez el Fuerte,

Nos alza de la muerte

A la inmortal salud.

Mortales, ¿Qué otro exceso

Pedimos de clemencia?

No más indiferencia,

No más ingratitud.

Llevemos, etc.

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DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús despojado de sus vestiduras.

Adoramus te Christe, etc.

Cuando te curan una herida, por fino que sea el lienzo que la envuelve, y por cuidado que tenga la más cariñosa madre, ¿qué dolor no sientes al despegarse la tela de la carne viva?

¿Cuál sería, pues, el tormento de Jesús al quitarle las vestiduras?

Como había derramado tanta sangre, estaban pegadas a su cuerpo llagado: vienen los verdugos y las arrancan con tanta fiereza, que llevan tras sí la corona, y hasta pedazos de carne que se le habían pegado…

¿Y en qué pensabais, oh purísimo Jesús, al veros desnudo delante de tanta muchedumbre?

“En ti, pensaba, pecador; en los pecados impuros que sin escrúpulo cometes; por ellos ofrecía yo al Eterno Padre esta confusión y suplicio tan atroz.

Sabía cuanto te costaría deshacerte de aquel mal hábito, privarte de aquel placer, romper con aquella amistad criminal; por eso permití en mi cuerpo inocentísimo tan horrible carnicería”

¡Oh inmensa caridad la tuya! ¡Oh negra ingratitud la mía! Nunca más, Señor, renovar esas llagas con desenfrenada licencia: nunca más pecar.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc.

Tú bañas, Rey de gloria,

Los cielos en dulzura;

¿Quién te afligió, Hermosura,

Dañandote amarga hiel?

Retorno a tal fineza

La gratitud pedía;

Cesó ya, Madre mía,

De ser mi pecho infiel.

Llevemos, etc.

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UNDÉCIMA ESTACIÓN

Jesús clavado en la cruz

Adoramus te Christe, etc.

¿Quién de nosotros tendría valor para sufrir que le atravesasen pies y manos con gruesos clavos? ¿Quién tendría ánimo para ver así atormentado a su mayor enemigo? Pues este atroz tormento padece Jesús por nuestro amor.

Ya le tienden sobre el lecho del dolor; ya enclavan aquella mano omnipotente que había formado los cielos y la tierra; ya brota un raudal de sangre: más esto es poco.

Encogido el cuerpo con el frío y los tormentos, no llegaban la otra mano ni los pies a los agujeros hechos de antemano en la cruz: los atan, pues, con cordeles, y tiran con inhumana crueldad, desencajando de su lugar aquellos huesos santísimos. ¡Qué dolor! ¡Qué tormento!

Todo lo contempla su Madre amantísima; ningún alivio, ni una gota de agua puede dar a Su Hijo: ¿y vive todavía?

¿Y no muero yo de dolor, siendo mis pecados la causa de tanto tormento?

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri

Miserere nostri, etc.

El manantial divino

De sangre está corriendo;

Ven, pecador, gimiendo,

Ven a lavarte aquí.

Misericordia imploro

Al pie del leño santo:

Virgen, mi ruego y llanto

Acepte Dios por ti

Llevemos, etc.

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DUODÉCIMA ESTACIÓN

Jesús muriendo en la cruz

Adoramus te, Christe, etc

Contempla, cristiano, a esos dos malhechores crucificados con el Señor. ¡Qué maldades no habría hecho el buen ladrón!

Sin embargo, dice a Jesús: Acuérdate de mí cuando estuvieres en tu reino; y al instante oye: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¡Qué bondad la de Dios! ¡Cuán pronto, pecador, recobrarías la gracia y amistad divina, si quisieses arrepentirte de veras!

Pero si dejas tu conversión para la muerte, ¡ay!, teme no te suceda lo que al mal ladrón. ¿Qué hombre tuvo jamás mejor ocasión para convertirse? Dios derramaba su Sangre por él: tenía a sus pies a la abogada de pecadores, María Santísima: a su lado estaba Jesucristo, el sacerdote más celoso del mundo, para ayudarle a bien morir; oye la exhortación de su compañero: ve toda la naturaleza estremecida; y sin embargo, muere como ha vivido; continúa blasfemando, y se condena eternamente.

No permitas, Jesús mío, que sordo a tus inspiraciones divinas, deje yo mi conversión para la muerte.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc

Muere la vida nuestra

Pendiente del madero

¿Y yo, como no muero

De amor, o de dolor?

Casi no respira

La triste Madre yerta

Del cielo abrir la puerta

Bien puedes ya, Señor.

Llevemos, etc

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DECIMATERCERA ESTACIÓN

Jesús muerto en brazos de su Madre

Adoramus te, Christe, etc

¡Adonde iré, oh afligida Madre mía! Tu Hijo ha muerto y mis pecados son los verdugos que le enclavaron en cruz y le dieron muerte inhumana.

¡Ay infeliz de mí! Yo he apagado la luz de tus ojos, y acabado la alegría de tu corazón.

Sí, yo desfiguré ese rostro hermosísimo, yo taladré esos pies y manos que sostienen el firmamento, yo traspasé esta augusta cabeza, y abrí esas llagas: yo descoyunté y despedacé ese inocentísimo cuerpo, que tienes en tus brazos.

Reo de tan horrendo deicidio ¿adónde iré? ¿Dónde me ocultaré? Pero por monstruosa que sea mi ingratitud, tú eres mi Madre y yo soy tu hijo.

Jesús acaba de transferir en mí los derechos que tenía a tu amor.

Me arrojo, pues, en tus brazos con la más viva confianza.

No me desprecies, oh dulce refugio de pecadores arrepentidos; mírame con ojos de bondad y ampárame ahora en el trance de la muerte.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc

Dispón Señora el pecho

Para mayor tormenta

La víctima sangrienta

Viene a tus brazos ya

Con su preciosa Sangre

Juntas materno llanto

¿Quién Madre, tu quebranto

Sin lágrimas verá?

Llevemos, etc.

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DECIMACUARTA ESTACIÓN

Jesús puesto en el sepulcro

Adoramus te Christe, etc

Contempla, alma cristiana, cómo José de Arimatea y Nicodemo, postrados a los pies de María, le piden el dulce objeto de sus caricias y ungiéndole con preciosos aromas le amortajan y ponen en un nuevo sepulcro de piedra.

¡Cuál sería el dolor de la Virgen!

Sin duda: grande era como el mar su amargura cuando vio a su Hijo ensangrentado, enclavado y expirado en un patíbulo infame; pero a lo menos le veía, tal vez le abrazaba y lavaba con sus lágrimas.

Mas ahora, oh angustiada Señora, una losa te priva de este último consuelo.
¡Oh sepulcro afortunado! ya que encierras el adorado cuerpo del Hijo y el purísimo corazón de la Madre, guarda también con esas prendas riquísimas mi pobre corazón.

Sea este, Dios mío, el sepulcro donde descanséis; sean los puros afectos de mi alma los lienzos que os envuelvan y los aromas que os recreen.

En fin, muera yo al mundo, a sus pompas y vanidades, para que viviendo según el espíritu de Jesús, resucite y triunfe glorioso con Él por siglos infinitos.

Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria Patri

Miserere nostri, etc

Al Rey de las virtudes

Pesada loza encierra

Pero feliz la tierra

Ya canta salvación.

Sufre un momento, Madre,

La ausencia del Amado:

Pronto, de ti abrazado

Tendrásle al corazón

Llevemos, etc.

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Tomado de:

http://cruxetgladius.blogspot.com














Oficio de Tinieblas

El oficio de Tinieblas no es otra cosa que los maitines y laudes del Jueves, Viernes y Sábado Santo, anticipados a la víspera correspondiente, al acercarse las tinieblas de la noche, para que pueda asistir a ellas aun el pueblo trabajador.

El oficio del miércoles recorre la Pasión entera del Señor; y el del jueves insiste sobre su Muerte y su larga Agonía; y el del viernes celebra sus Exequias y su Sepultura.

Este oficio presenta casi todas las características de un funeral: salmos, antífonas y responsorios lúgubres y lamentables, ningún himno, ninguna “doxología”; tonos severos y sin acompañamiento de ningún instrumento músico; altares desnudos y con velas amarillas, como si fueran catafalcos; al fin, casi absoluta oscuridad, y el canto grave del “Miserere”.

El conjunto literario es de lo más bello y sublime que atesora la liturgia, y lo mismo podemos decir de la parte musical.

Las Lecciones del I Nocturno están sacadas de los “Trenos” o “Lamentaciones” de Jeremías, por cuya boca deplora la Iglesia, con acentos desgarradores, la ruina y desolación de Jerusalén, es decir, de la humanidad prevaricadora; y para imprimir a sus quejas un sentimiento más hondo y penetrante, ha revestido la letra de estos trenos con una melodía plañidera y melancólica, muy parecida, si es que no es la misma, a la que cantan los judíos.
Durante estos oficios, hay en el presbiterio un tenebrario o candelabro triangular con quince velas escalonadas de cera amarilla, las cuales se van apagando una tras otra al fin de cada salmo de maitines y laudes, empezando por el ángulo derecho inferior, quedando encendida solamente la más alta, que en algunos sitios suele ser blanca. Mientras se canta el “Benedictus” apáganse también las velas del altar, y el templo queda casi en completa oscuridad, máxime cuando, durante el “Miserere” final, a la única vela encendida del tenebrario se la oculta detrás del altar. Terminado el “Miserere”, el clero y los fieles producen un leve ruido de manos, de libros y matracas, que cesa repentinamente al aparecer la luz del cirio oculto detrás del altar.

Todos estos detalles un tanto dramáticos tienen su significado. El apagamiento sucesivo de las velas del Tenebrario y del altar, recuerda el abandono y defección casi general de los discípulos y amigos del Señor, al tiempo en que era atormentado por los judíos. La, única vela encendida representa a Jesucristo. Se le oculta tras el altar, para significar su sepultura y su desaparición momentánea de este mundo, reapareciendo con nuevo brillo el día de su Resurrección. El ruido final imita las convulsiones y trastornos que sobrevinieron a la naturaleza en el trance de la muerte del Salvador.

Tomado de:

http://www.statveritas.com.ar

SAN FRANCISCO DE PAULA,(*) Confesor

2 de abril

El mayor de entre vosotros, pórtese como el menor. (San Lucas, 22, 26).

San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos, abandonó el mundo a la edad de quince años para vivir en la soledad. Su fama de santidad muy pronto le atrajo gran número de compañeros. Los soberanos pontífices lo tuvieron en gran estima. El rey Luis XI, al fin de su vida, lo hizo ir a la corte, con la esperanza de recobrar la salud por su intercesión. Sanó a gran número de enfermos, y obró una multitud de otros milagros. Murió en 1508 a la edad de 91 años.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS TRES PRINCIPALES
VIRTUDES DE SAN FRANCISCO DE PAULA

I. Tanta fue la caridad de San Francisco de Paula, que quiso que la divisa de su orden fuese: “Caridad”. Dio prueba de su amor a Dios dejando todo para agradar le, despreciando todos los placeres, y buscando sólo su gloria en todo. Mostró su amor: por el prójimo curando a los enfermos y trabajando con ardor en la salvación de las almas. ¿Cómo Imi tas tú la caridad de este santo?

II. El aborrecimiento que tenía a su cuerpo lo hizo abrazar un género de vida severísimo: se alimentaba sólo con aquello que se permite en la cuaresma, rigurosísima en su tiempo. Quiso que sus hijos se obligasen por un cuarto voto a practicar la misma austeridad. Un día este santo condenará tus refinamientos y tus excesos. ¡Su vida fue una continua cuaresma, y tú no la puedes observar una vez al año! Si pensases en la hiel y el vinagre que ofrecieron a Nuestro Señor en la cruz, y en el amargo brebaje que se destina en el infierno para los hombres sensuales, pronto te corregirías de tu glotonería.

III. Durante toda su vida manifestóse su humildad, quiso pasar desconocido ante los hombres; fue menester una orden expresa del Papa para obligarlo a ir a la corte de Luis XI. El nombre de mí nimos, que dio a sus hijos, deja ver a las claras el particular amor que profesaba a esta virtud. Imitan do el ejemplo de este santo,huye de la vanidad en la medida en que vayas siendo mejor: los otros vi cios se desarrollan a fuerza de vicio, la vanidad hace su pedestal con la virtud misma. (San Euquerio).

La caridad
Orad por el Papa.

ORACIÓN

Oh Dios, grandeza de los humildes, que habéis ensalzado al bienaventurado Francisco, vuestro confesor, a la gloria de la santidad, haced, os lo suplicamos, que por sus méritos y mediante la imitación de sus virtudes alcancemos felizmente las recompensas prometidas a los humildes. Por J. C. N. S.

*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

Tomdo de: http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

2 de Abril