DOS DE NOVIEMBRE: LOS FIELES DIFUNTOS

santo sacrificio

«Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios.» -San Agustín

«Cada uno se presentará ante el tribunal de Dios para darle cuenta de lo que ha hecho, de lo bueno y de lo malo.» – Santa Biblia

Las tres Iglesias: Se llama Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo. La Iglesia se divide en tres grupos. Iglesia triunfante: los que ya se salvaron y están en el cielo (los que festejamos ayer). Iglesia militante: los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal. E Iglesia purgante: los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.

La Iglesia Católica enseña:

– Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (1030).

– La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. Se basa en aquella frase de San Pablo que dice: «La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego». (1Cor. 3, 14).

– La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2Mac. 12, 46).

– La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: «No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma»).

– San Gregorio Magno afirma: «Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso».

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: «Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio». Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

La respuesta de San Agustín: a este gran Santo le preguntó uno: «¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?», y él le respondió: «Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él».

¿Vamos a rezar más por los difuntos? ¿Vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, oraciones, rosarios, ayudas a los pobres y otras buenas obras? Los muertos no vienen a espantar, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.

Tomado de:http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/

No somos Paganos, somos Cristianos

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Mictlantecuhtli es el Señor de la Muerte, su cabeza es una calavera, es el Dios del Mictlan o región de los muertos.

En pleno año 2009, parece como si nunca hubiera llegado el mensaje del Evangelio a estas tierras de América, aún se sigue creyendo en lo que creían los que no tenían conocimiento del único y verdadero Dios, uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Se sigue creyendo en las creencias del México prehispánico, se cree y practica la festividad mexicana y centroamericana del Día de Muertos, que se celebra también en muchas comunidades de Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana y centroamericana.

Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los Misioneros Españoles.  Los antiguos Mexicanos, vivían en tinieblas, porque aún no llegaba a ellos la luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, no habían oído hablar de aquél que es el Camino la Verdad y la Vida, por lo cual nadie va al Padre sino es por Él.

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Las diferentes culturas tales como:

Olmecas, Mayas, Teotihuacanos, Toltecas, Aztecas, Zapotecos, Tarascos, Mexicas, tenían sus propias creencias, sobre el destino de los muertos, de entre sus creencias resalta esta, la de El Mictlán, lugar destinado a quienes morían de muerte natural.

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Cultura Prehispánica

Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictacacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.

El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él, las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chignahuamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos.

Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas.

Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.

Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo.

De esta forma, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas.

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Altar de Muertos

Las fechas en honor de los muertos son y eran muy importantes, tanto, que les dedicaban dos meses.

Durante el mes llamado Tlaxochimaco, se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, alrededor del 16 de julio.

Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.

En el décimo mes del calendario, se celebraba la Ueymicailhuitl, o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos.

Como verán esto es lo que muchos “Cristianos” celebran hoy 2 de Noviembre.

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Altar de muertos

Para los Misioneros Españoles, no fue tan fácil cambiar la mentalidad de manera radical, es por eso que algunos misioneros no quitaron esa costumbre, pero sí le cambiaron el sentido de pagano a cristiano y a eso se le llama una actividad misionera.

Más bien le fueron añadiendo algunos elementos cristianos para quitar el culto a creencias paganas y sólo tributarlo al único Dios verdadero, uno y trino.

Pero, nos encontramos a una enorme distancia de aquél tiempo al nuestro, por lo cual ahora que conocemos el mensaje del Evangelio, ya no son necesarios estos altares de muertos, paganos, cristianizados.

Los paganos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida.  Los paganos  tenían la creencia que los muertos venían a comer lo que ellos ofrendaban en sus altares.

Resurrecion

Yo soy Dios de vivos, no de muertos.

Nosotros los Cristianos creemos que existe el infierno, el purgatorio y el paraíso, se llama así al «tercer cielo» al que San Pablo es conducido en éxtasis (II Corintios 12:4) y a la morada eterna donde vivirán los justos (San Lucas 23:43: Nuestro Señor Jesucristo dice al buen ladrón «hoy estarás conmigo en el paraíso»).

Creemos que Nuestro Señor Jesucristo venció la muerte y resucitó. Creemos en aquellas palabras que dijo:

“Todo el que crea en mi aunque muera vivirá” (San Juan. 60,40)

“El que coma mi cuerpo y beba mi sangre tendrá vida eterna y yo lo resucitaré en el ultimo día” (San Juan. 6,54)

Así como aquello de:

“Yo te aseguro que hoy, estarás conmigo en el paraíso” (San Lucas. 24,43)

por lo tanto los muertos están con Dios.

¿O en el fondo, llegamos a creer que nuestros muertos comen las ofrendas?

Nuestro Señor Jesucristo no enseñó eso ¿A quien seguimos? ¿Qué creemos?

Para nosotros los Cristianos Católicos la mejor forma de honrar y ayudar a nuestros difuntos es participando del Santo Sacrificio de la Misa, confesarnos para poder comulgar y ofrecer la comunión por ellos el 2 de Noviembre, rezar por ellos y ofrecer sufragios.

La Iglesia Católica Apostólica y Romana no celebra la muerte, si no la vida, porque Cristo ya la venció con su Resurrección, de ahí que en el lenguaje Cristiano Católico se dice día de los Fieles Difuntos y no día de muertos. Éste se entiende en el lenguaje popular, no en el litúrgico. Se debe entender, todos aquellos que fueron fieles a Cristo y ya murieron.

Así debemos conmemorar este día dando testimonio de nuestra vida cristiana.

¿Qué es mejor? ¿Comulgar y pedir por nuestros difuntos o poner un altar en donde se ofrenda comida que bien se puede dar a la gente necesitada y que lo más común es que se tire porque ya no sirve para su consumo?

Por Arturo Medina Muñoz.

Editor del Blog.

Fuentes consultadas:

http://es.wikipedia.org/wiki/Dia_de_muertos

http://www.diocesisdecelaya.org.mx/index.php/Pastoral/¿Podemos-poner-altar-de-muertos-los-grupos-juveniles.html

Visitas a Iglesias u Oratorio:

Templo San Francisco de Asís, en Tijuana B.C., México.

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que, el día en que se celebra la Conmemoración de todos los fieles difuntos, visiten piadosamente una iglesia u oratorio.

Dicha indulgencia podrá ganarse o en el día antes indicado o, con el consentimiento del Ordinario, el domingo anterior o posterior, o en la solemnidad de Todos los Santos.

En esta piadosa visita, se debe rezar un Padrenuestro y Credo.

Tomado de:

http://www.tradicioncatolica.com

Visitas al cementerio:

camposanto

Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, "De Purgatorio")

Del 1 AL 8 DE NOVIEMBRE

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que visiten piadosamente un cementerio y que oren por los difuntos. Durante los demás días del año se concede indulgencia parcial.

Tomado de: http://www.tradicioncatolica.com/index.php/2008/11/02/indulgencias-para-la-conmemoracion-de-todos-los-fieles-difuntos-2/

Indulgencias

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Concilio de Trento

El Concilio de Trento (Sess. XXV) define que las indulgencias son «muy saludables para los Cristianos» y que su «uso es para ser mantenida en la Iglesia». La enseñanza más común de los teólogos Católicos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias están disponibles para ellos «por medio del voto» (per modum suffragii).(1) Agustín (De Civ. Dei, XX, ix) declara que las almas de los creyentes que han partido no están separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta razón las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos.

«Entonces, si» – argumenta Belarmino (De indulgentiis, xiv) «podemos ofrecer nuestras oraciones y satisfacciones en pro de aquellos detenidos en el purgatorio, porque somos miembros del gran cuerpo de Cristo ¿porqué la Vicaría de Cristo no aplica a las mismas almas la superabundante satisfacción de Cristo y sus santos- de los cuales El es su dispensador?» Esta es la doctrina de Santo Tomás (IV, Sent., dist. Xls, q.ii, a.3 q.2) quien afirma que las indulgencias benefician principalmente a la persona que realiza la obra por la cual es dada la indulgencia, y secundariamente puede servir igual para los muertos, si la forma en la cual la indulgencia es otorgada es enunciada como capaz de tal interpretación, y agrega «tampoco hay razón alguna por la que la Iglesia no disponga de sus tesoros de méritos en favor de los muertos, como seguramente dispone en relación a los vivos». (2) San Buenaventura (IV, Sent., dist. Xx, p.2, q.v) concuerda con Santo Tomás pero agrega que tal «relajación no puede darse bajo la forma de absolución como en el caso de los vivos, sino sólo en la forma de voto (Haec non tenet modum judicii, sed potius suffragii). Esta opinión de San Buenaventura, que la Iglesia a través de su Pastor Supremo no absuelve jurídicamente las almas en el purgatorio del castigo debido a sus pecados, es la enseñanza de los Doctores.

Ellos señalan (Gratian, 24 q. ii, 2, can.1) que en el caso de aquellos que han partido de esta vida el juicio está reservado a Dios; ellos afirman la autoridad de Gelasio (Ep. ad Fausturn; Ep. ad. Episcopos Dardaniae) en apoyo de su argumento (Graciano ibid), y también insisten que los Pontífices Romanos cuando otorgan indulgencias que son aplicables a los muertos, agregan la restricción «per MODEM suffragii et deprecationis«. Esta frase se encuentra en la Bula de Sixto IV «Romani Pontificis próvida diligentia«, 27 de Nov., 1447. La frase «per modum suffragi et deprecationis» ha sido interpretada de varias maneras (Belarmino, «De Indulgentiis» p. 137). Belarmino mismo dice: «La opinión verdadera es que las indulgencias valen como votos, porque ellas valen no para modelar una absolución jurídica ‘quia non prosunt per modum juridicae absolutionis‘.» Pero, de acuerdo al mismo autor, el voto de los creyentes vale por momentos «per modum meriti congrui» (por vía del mérito), y en otros momentos, «per modum impetrationis» (por medio de súplica) a veces «per modum satisfactionis» (por medio de satisfacción); pero cuando se trata de aplicar una indulgencia a alguien en el purgatorio sólo es «per modum suffragii satisfactorii» y por esta razón «el papa no absuelve el alma en purgatorio del castigo debido al pecado, sino que ofrece a Dios lo que sea necesario de sus tesoros para la cancelación de este castigo».

Si la cuestión continuara si tal satisfacción es aceptada por Dios por piedad y benevolencia, o «ex justitia», los teólogos no están de acuerdo – algunos sostienen una opinión, otros otra. Belarmino luego de examinar ambos lados (pp. 137, 138) no osa establecer «ninguna opinión sino que se inclina a pensar que los primeros son más razonables mientras que se pronuncia que los últimos están mas en armonía con la misericordia («admodum pia«).

Indulgencias

La enseñanza más común de los teólogos Católicos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias están disponibles para ellos «por medio del voto» (per modum suffragii).(1) Agustín (De Civ. Dei, XX, ix) declara que las almas de los creyentes que han partido no están separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta razón las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos.

 

A. Condición.

Para que una indulgencia pueda beneficiar a aquellos en el purgatorio, se requieren varias condiciones:
La indulgencia debe ser otorgada por el Papa.

Debe haber suficiente razón para otorgarla, la indulgencia y su razón deben incumbir a la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, no solamente para ser más útiles para las almas del purgatorio. La obra pía ordenada debe ser como en el caso de las indulgencias para los vivos. Si el estado de gracia no es una condición requerida, con toda probabilidad la persona que desempeña la obra puede ganar la indulgencia para los muertos, incluso si el mismo no esté en amistad con Dios (Belarmino, loc. Cit., p.139). Suárez (De Poenit., disp. HI, s.4, n.5 y 6) establece esto categóricamente cuando dice: «Status gratiae solum requiritur ad tollendum obicem indulgentiae» (el estado de gracia es solo requerido para remover algún estorbo a la indulgencia), y en el caso de las almas sagradas, no puede haber impedimento. Esta enseñanza deslinda con la doctrina de la Comunión de los Santos y los monumentos de las catacumbas representan los santos y mártires como intercesores con Dios por los muertos. También las oraciones de las antiguas liturgias hablan de María y los santos intercediendo por aquellos que se han ido de esta vida. Agustín cree que el entierro en una basílica dedicada a un sagrado mártir es de valor para un muerto, porque aquellos que recuerdan su memoria que ha sufrido recomendará a las oraciones del mártir el alma de aquel que ha dejado esta vida (Belarmino, lib. II, xv) En el mismo lugar, Belarmino acusa a Domingo A. Soto de imprudencia porque niega esta doctrina.

Para leer más acerca del Purgatorio da clic en el siguiente enlace:

Tomado de:

http://ec.aciprensa.com/p/purgatorio.htm#6

Santa Misa del 2 de Noviembre

2 de Noviembre
(El 3 si el 2 cae en Domingo.)

CONMEMORACIÓN

DE LOS

FIELES DIFUNTOS

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(Doble. -Ornamentos negros )

La fiesta de Todos los Santos nos trae naturalmente a la memoria el recuerdo de las almas santas que, cautivas en el purgatorio para expiar en él sus culpas veniales o bien para satisfacer la pena temporal debida por sus pecados, están, sin embargo, confirmadas en gracia, y algún día entrarán en el cielo. Así que, después de haber celebrado la Iglesia en medio del regocijo la gloria de los Santos que constituyen la Iglesia del cielo, la Iglesia de la tierra extiende su maternal solicitud hasta aquel lugar de indecibles tormentos en que se ven sumidas almas que también pertenecen a la Iglesia, a la Iglesia que llamamos purgante. En este día, dice el Martirologio romano, la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, en la cual nuestra común y piadosa madre la Iglesia, después de haber tratado de honrar con dignos loores a todos los hijos suyos que tiene ya gozando en el cielo, se esfuerza por ayudar con poderosos sufragios cerca de Cristo, su Esposo y Señor, a todos los que aún gimen en el purgatorio, a fin de que cuanto antes se sumen a la sociedad de los moradores de la Ciudad celestial. .
En ninguna parte como aquí anuncia la liturgia de una manera tan explícita la misteriosa trabazón que estrecha a la Iglesia triunfante con la militante y la purgante, y nunca tampoco aparece más claro el doble deber de caridad y de justicia que fluye naturalmente de su misma incorporación al cuerpo místico de Cristo. Sabemos que, en virtud del dogma de la Comunión de los santos, los méritos y sufragios de los unos vienen a ser también de los demás, en virtud de una comunidad de bienes espirituales; de manera que, sin mermar los derechos de la divina Justicia, que con todo rigor se nos aplican al fin de nuestra vida, la Iglesia puede unir aquí su oración con la del cielo y suplir por lo que falta a las almas del Purgatorio, ofreciendo a Dios por ellas mediante la santa Misa, las indulgencias, las limosnas y los sacrificios de sus hijos, los méritos sobreabundantes de la Pasión de Cristo y de sus místicos miembros. De ahí que la liturgia, cuyo centro es el sacrificio del Calvario continuado en el altar ha sido siempre el medio empleado por la Iglesia para practicar con los Fieles Difuntos el deber de lacaridad, que nos manda atender a las necesidades del prójimo, cual si fueran propias, en virtud siempre de ese lazo sobrenatura1 y apretadísimo que une en Jesús al cielo con la tierra y el Purgatorio.
La liturgia de los Difuntos es tal vez la más hermosa y más consoladora de todas. A diario, al fin de las Horas del Oficio divino, se encomiendan a la misericordia divina las almas todas de los Fieles Difuntos. En la Misa el sacerdote ofrece el Sacrificio por los vivos y los muertos (Súscipe), y en un Memento especial, pide al Señor se acuerde de sus siervos y siervas que, habiendo muerto en Cristo, duermen ahora el sueño de la paz y les haga pasar al lugar de refrigerio, de luz y de paz
La solemne conmemoración de todos los Fieles Difuntos se debe a S. Odilón, cuarto abad del célebre monasterio benedictino de Cluny. Él fue quien la instituyó en 998, y mandó celebrarla en día como hoy
. La influencia de aquella ilustre y poderosa Congregación hizo se adoptara bien pronto este uso en todo el orbe cristiano, y que este día fuese en algunas partes fiesta de guardar. En España, en Portugal y en la América del Sur, que de ella dependían, Benedicto XIV había concedido celebrar tres misas el 2 de Noviembre, y Benedicto XV, el 10 de Agosto de 1915 autorizó lo mismo a todos los sacerdotes del mundo católico.
La Iglesia nos recuerda en una Epístola, sacada de San Pablo, que los muertos resucitarán, y nos manda esperar, porque en este día nos tornaremos a ver todos en el Señor. La Secuencia describe gráficamente el Juicio final, en que los buenos serán separados por siempre de los malos. El Ofertorio recuerda que S. Miguel es quien introduce las almas en el cielo, porque, dicen las oraciones de la recomendación del alma, él es el Jefe de la milicia celestial, entre la cual se han de poner los hombres, ocupando los sitiales dejados vacíos por los ángeles malos.
«Las almas del Purgatorio, declara el Concilio de Trento son socorridas por los sufragios de los fieles y, señaladamente por el Sacrificio del altar». Y la razón es que, en la Santa Misa el sacerdote ofrece oficialmente a Dios el precio de las almas: la Sangre del Salvador. Jesús mismo está presente bajo las especies de pan y vino, que recuerdan al Padre el Sacrificio del Gólgota. y asegura la aplicación de su virtud expiatoria a esas almas.
Asistamos en este día al Santo Sacrificio de la Misa. En él pide la Iglesia a Dios conceda a los difuntos. que no pueden valerse a sí mismos, la remisión de todos sus pecados (Or.) yel eterno descanso (Intr., Grad., Com.). Visitemos los cementerios en donde descansan sus cuerpos
, hasta el día en que suene la trompeta y resuciten para revestirse de la inmortalidad y alcanzar, por Jesucristo, la victoria sobre la muerte (Ep.)

PRIMERA MISA

Cuando en una iglesia se canta hoy alguna Misa, se toma el texto de esta 1ª, aunque la cantada sea, en el orden, la 3ª.

Introito.

INTROITUS Réquiem aetérnam dona eis, Dómine: et lux perpétua luceat eis. Ps. Te decet hymnus, Deus, in Sion, et tibi reddétur votum in Jerúsalem: exáudi oratiónem meam, ad te omnis caro véniet. – Réquiem aetérnam, dona eis, Dómine: et lux per pétua lúceat eis. Introito – Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. -Ps. El Cielo te debe, oh Dios, un himno de alabanza, y en la celestial Jerusalén te será tributado un homenaje en nuestro nombre: escucha mi oración, pues a Ti ha de volver todo hombre. – Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.

Oración-Colecta

ORATIOFidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémp tor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tribue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivís. R. Amen Oh Dios, ¡Creador y Redentor de todos los fieles! concede a las almas de tus siervos y siervas la remisión de todos sus pecados: a fin de que, por estas piadosas súplicas, consigan el perdón que siempre desearon: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amen.

Epístola

Todos hemos de resucitar un día, pero no todos para ir al Cielo, y nuestra resurrección será una derrota para la muerte.

EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Corinthios (1, 15, 51-57) Fratres: Ecce mystérium vobis dico: Omnes quidem resurgémus sed non omnes immutábimur. In moménto, in ictu óculi, in novíssíma tuba: canet enim tuba, et mórtui resúrgent incorrúpti: et nos immutábimur. Oportet enim corruptibile hoc indúere incorruptiónem: et mortále hoc indúere immortalitátem. Cum autem mortále hoc indúerit immortalitátem, tunc fiet sermo, qui scriptus est: Absórpta est mors in vic tória. Ubi est, mors, vic- tória tua? ubi est, mors, stímulus tuus? Stímulus autem mortis peccátum est: virtus yero peccáti lex. Deo autem grátias, qui dedit nobis victóriam per Dóminum nostrum Jesum Christum. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corin tios. Hermanos: Voy a proponeros un misterio: «Todos hemos de resucitar; mas no todos seremos mudados.» En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al son de trompeta, porque sonará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptibles, y entonces nosotros seremos renovados. Porque es menester que este cuerpo corruptible se re vista de incorruptibilidad y que este cuerpo mortal se re vista de inmortalidad. Pues, cuando este cuerpo mortal se hubiere revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: « La muerte ha sido devorada por la victoria. » ¿ Dónde está, muerte, tu victoria? ¿ Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pe cado, y la fuerza del pecado es la Ley. Pero demos gracias a Dios, que nos dio la victoria por nuestro Señor Jesucristo.
GRADUALE (4 Esdr. 2, 34 et 35) Réquiem aetérnam dona eis, Dómine; et lux perpétua lúceat eis. V. In memória aetéma erit justus: ab auditióne mala non timébit. TACTUS. – Absólve, Dómine, ánimas ómnium fidélium defunctórum ab omnivínculo delictórum. V. Et grátia tua illis succurrénte, mereántur evádere judícium ultiónis. V. Et lucís retémre beatitúdi De pérfrui. Gradual – Dales, Señor, el eterno descanso, y la Luz perpetua les alumbre. Salmo. Eterna será la memoria del justo; no temerá oír nada que le aflija.
Tracto – Libra, Señor, las almas de todos los fieles difuntos de toda atadura de pe cado. V. Y que, ayudándoles tu gracia, merezcan evitar el juicio de venganza. V. Y gozar de la bienaventuranza de la Luz eterna.

Secuencia

l. Dies irre, dies illa, Solvet saeclum in favílla: – Teste David cum Sibylla.
2. Quantus tremor est futúrus, –  Quando judex est ventúrus  – Cuncta stricte discussúrus!
3. Tuba mirum spargens sonum – Per sepúlcra regiónum, – Coget omnes ante thronum.
4. Mors stupébit et natúra, – Cum resúrget creatúra, ludicánti responsúra.
5. Liber scriptus proferétur, – In quo totum continétur, Unde mundus judicétur.
6. Judex ergo cum sedébit, – Quidquid latet apparébit: – Nil inúltum remanébit.
7. Quid sum miser tunc dictúrus? – Quem patrónum rogatúrus? – Cum vixjustus sit secúrus.
8. Rex treméndre majestátis, – Qui salvándos salvas gratis, – Salva me, fons pietátis.
9. Recordáre, Jesu pie. – Quod sum causa tuae vire: Ne me perdas illa die.
10. Qurerens me, sedfsti lassus: – Redemísti crucem passus: Tantus labor non sit cassus.
11. Juste judex ultiónis, – Donum fac remissiónis Ante diem ratiónis.
12. Ingemfsco, tamquam reus: –  Culpa rubet vultus meus: Supplicánti parce, Deus.
13. Qui Maríam absolvísti. – Et latrónem exaudfsti, Mihi quoque spem dedísti.
14. Preces mere non sunt dignre :
Sed tu bonus fac benígne, Ne perénni cremer igne.
15. .Inter oyes locum prresta, – Et ab hredis me sequéstra, Státuens in parte dextra.
16. Confutátis male- díctis, – Flammis ácribus addíctis : Voca me cum benedíctis.
17. Oro supplex et acclínis, – Cor contrltum quasi cinis: – Gere curam mei finis.
18. Lacrimósa dies il!a, Qua resúrget ex favílla.
19. Judicándus horno reus: – Huic ergo, parce Deus.
20. Pie Jesu Dómine, Dona eis réquiem. Amen.
1. ¡Oh día de ira aquél en que el mundo se disolverá, atestiguándolo David y la Sibila!
2. ¡Cuán grande será el terror, cuando el Juez venga a juzgarlo todo con rigor!
3. La trompeta, al esparcir su atronador sonido por la región de los sepulcros, reunirá a todos ante el trono de Dios.
4. La muerte se asombrará y la naturaleza, cuando resucite la criatura, para responder ante el Juez.
5. Abriráse el libro en que está escrito todo aquello de que el mundo ha de ser juzgado.
6. Luego que el Juez se hubiere sentado, aparecerá todo lo oculto; nada quedará sin venganza.
7. ¿ Qué he de decir entonces yo miserable? ¿A qué valedor acudiré, cuando aun el justo apenas estará seguro?
8. ¡Oh Rey de terrible majestad, que a los que se han de salvar los salvas gratuitamente! sálvame, fuente de bondad.
9. Acuérdate, piadoso Jesús, de que soy causa de que vinieses al mundo; no me pierdas en aquel día.
10. Al buscarme, fatigado te sentaste; me redimiste su friendo en la cruz; que no sea vano tanto trabajo.
11. ¡Oh justo Juez de las venganzas! concédeme el perdón antes del día de la cuenta.
12. Gimo como reo; la culpa ruboriza mi cara. Perdona, Señor, al que te lo suplica.
13. Tú que perdonaste a María (Magdalena), y oíste al buen Ladrón, y a mí mismo me diste esperanza,
14. Mis plegarias no son dignas; pero Tú bueno, muéstrate benigno, para que no arda yo en el fuego eterno.
15. Dame un lugar entre tus ovejas, y apártame de los cabritos, colocándome a tu lado derecho.
16. Arrojádos los malditos a las llamas eternas, llámame con los benditos.
17. Ruégote suplicante y anodadado, con el corazón deshecho como el polvo, que tengas cuidado de mi fin.
18. ¡Oh día de lágrimas aquel en que saldrá del polvo
19. El hombre para ser juzgado como reo! Perdona a éste Señor.
20. Piadoso Señor Jesús, dales el descanso. Amén.

Evangelio

La resurrección final será para buenos y malos, nadie podrá resistir la voz del Hijo de Dios: los buenos resucitarán para el Cielo, los malos para el infierno. Lo dice Dios, que no puede engañarse ni engañaros.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Joanem ( 5, 25-29)

In illo témpore: Dixit Jesus turbis Judeorum:  amen, amen dico vobis, quia venit hora, et nunc est, quando mortui audient vocem Filii Dei: et qui audierint vivent. Sicut enim Pater habet vitam in semet ipso, sic dedit et Filio vitam habere in semet ipso;  et potestatem dedit ei et iudicium facere, quia Filius hominis est. Nolite mirari hoc, quia venit hora, in qua omnes, qui in monumentis sunt, audient vocem Filii Dei: et procedent, qui bona fecerunt, in resurrectionem vitae: qui vero mala egerunt in resurrectionem iudicii.

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según S. Juan En aquel tiempo: dijo Jesús a las turbas de los judíos: En verdad, en verdad os digo, que viene la hora, y ésta es, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y aquellos que la escucharen vivirán.  Porque, así como el Padre tiene en Sí mismo la vida, así también a dado al Hijo el tener la vida en Sí mismo, y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os extrañéis de esto; pues vendrá tiempo en que todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios; y resucitarán los que obraron bien para la resurrección de vida; pero los que obraron mal para la resurrección de juicio. – Credo.

OFFERTORIUM Dómi ne Jesu Christe, Rex glóriae, libera ánimas óm nium fidélium defunctó rum de prenis inférni et de profúndo lacu: libera eas de ore leónis, ne absór beat eas tártarus, ne ca dant in obscúrum: sed sígnifer sanctus Mfchael reprreséntet eas in lucero sanctam: Quam olim Abrahae promisfsti, et sé mini ejus. V. Hóstias et preces tibi, Dómine, lau dis offérimus: tu súscipe pro animábus illis, quarum hódie memóriam fá cimus: fac eas, Dómine, de morte transire ad vitam. Quam olim Abrahae promisísti et sémini ejus. OfertorioOh Señor Jesucristo, Rey de la gloria, libra a las almas de todos los fieles difuntos de las penas del infierno y del profundo lago; líbralas de la boca del león, para que no las trague el abismo, ni caigan en las tinieblas, sino que el abanderado de los Ángeles, San Miguel, las conduzca a la luz santa. Que en otro tiempo prometiste a Abrahán y a su descendencia. V. Te ofrecemos, Señor, súplicas y hostias de alabanza; recíbelas en sufragio de aquéllas almas cuya memoria hoy celebramos; haz, Señor, que ellas pasen de la muerte a la vida. Que en otro tiempo prometiste a Abrahán y a su descendencia.

Oración-Secreta

Hóstias, quaesumus, Dómine, quas : tibi pro animábus famu lórum famularúmque tu árum offérimus, propitiá tus inténde: ut, quibus j fidei christiánae méritum contulisti, dones et prlé mium. Per Dóminum. Per Dominum. Suplicámoste, Señor, mires propicio estas hostias, que por las almas de tus siervos y siervas te ofrecemos; y pues les diste el mérito  de la fe cristiana, dales también el premio. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

Prefacio de los Difuntos

VERE dignum et justum est, requum et salutáre, nos tibi semper, et ubique grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnipotens, retéme Deus: per Christum Dóminum nostrum. In quo nobis spes beátre resurrectiónis effúlsit, ut quos contristat certa moriéndi conditio, eósdem consolétur futúrre immortalitátis promissio. Tuis enim fidélibus, Dómine, vita mutátur, non tóllitur, et dissolúta terréstris hujus incolátus. Et ídeo, cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glórire tuae cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus, Sanctus, Sanctus… Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, por Cristo nuestro Señor. En Él brilló para nosotros la esperanza de la resurrección dichosa; para que, al contristarnos la cierta condición de que hemos de morir, nos consuele la promesa de la futura inmortalidad. Pues para tus fieles, Señor, la vida se muda, no fenece, y deshecha la casa de esta terrena morada, se adquiere la eterna habitación en los cielos. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones y con toda la milicia del ejército celestial cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO ( 4 Esdr. 2, 35 et 34).Lux retérna lúceat eis, Dómine: curo Sanctis tuis in retérnum; quia pius es. V. Réquiem aetérnam dona eis, Dómi ne; et lux perpétua lúceat eis. V. Curo Sanctis tuis in retérnum; quia pius es.
Comunión.La Luz eterna les alumbre, Señor, en compañía de tus Santos por siempre, porque eres piadoso. V. Dales, Señor, descanso eterno, y la luz perpetua les alumbre. V. En compañía de tus Santos por siempre, porque eres piadoso.

Oración-Postcomunión

Animábus, qulésumus, Dó mine, famulórum famu larúmque tuárum orátio
proficiat supplicántium ut eas et a peccátis ómni bus éxuas et ture redem ptiónis fácias esse parti cipes: Qui vivís.
< Señor   oh Haz,   > Aprovechen, Señor, a las almas de tus siervos y siervas nuestras humildes súplicas; para que las libres de las ataduras de todos sus pecados y las hagas participantes del fruto de tu redención. Tú que vives y reinas.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

 

 


2 de noviembre

CONMEMORACIÓN
DE LOS

FIELES DIFUNTOS

1102-FIELES-DIFUNTOS

Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. (Apocalipsis, 14, 13).

Un santo ermitaño se cruzó en el camino con un monje de Cluny y le rogó dijese a San Odilón, abad de ese monasterio, que los demonios se quejaban por el número de almas que sus oraciones y la de sus religiosos libraban del purgatorio. En cuanto lo supo el santo abad ordenó a toda su Orden que consagrara el segundo día de noviembre para orar por la liberación de las almas del purgatorio. Esto fue en el año 998. Esta costumbre, adoptada en seguida por otros monjes y por la diócesis de Lieja en 1008, se extendió gradualmente en todo el Occidente.

MEDITACIÓN SOBRE LAS ALMAS
DEL PURGATORIO

I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban  prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.

II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja: ¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!

III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir, y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio. (San Agustín).

La devoción
a las almas del purgatorio

Orad por su liberación.

ORACIÓN

Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

2 de Noviembre

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«La Gloria de Dios y la Salvación de las Almas»

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FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

1 de noviembre

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En las iglesias en las que se canta en público el oficio divino, el martirologio se lee todos los días después del rezo de prima. La lectura termina siempre con las siguientes palabras: «Y en otras partes, otros muchos mártires, confesores y santas vírgenes.» En la fecha de hoy, la Iglesia celebra a todos aquellos que han sido beatificados o canonizados oficialmente y a aquellos cuyos nombres figuran en los diversos martirologios y listas de santos locales.  Así pues, las palabras «otros muchos» no se refieren exclusivamente a los mártires, confesores y vírgenes en el sentido estricto, sino también a todos aquellos conocidos por los hombres o sólo por Dios que, en sus circunstancias y estados de vida propios, lucharon por conquistar la perfección y gozan actualmente en el cielo de la vista de Dios. Así pues, la Iglesia venera en este día a todos los santos que reinan juntos en la gloria.

El objeto de esta fiesta es agradecer a Dios por la gracia y la gloria que ha concedido a sus elegidos; movernos a imitar las virtudes de los santos y a seguir su ejemplo; implorar la divina misericordia por la intercesión de tan poderosos abogados; reparar las deficiencias en que se pueda haber incurrido al no celebrar dignamente a cada uno de los siervos de Dios en su fiesta propia, y glorificar a Dios en aquellos santos que sólo El conoce y a los que no se puede celebrar en particular. Por consiguiente, el fervor con que celebramos esta fiesta debería ser un acto de reparación por la tibieza con que dejamos pasar tantas otras fiestas durante el año, ya que en la conmemoración de hoy, imagen del banquete celestial que Dios celebra eternamente con todos los santos, a cuyos actos de alabanza y agradecimiento nos unimos, están comprendidas todas las otras fiestas del año.

En ésta, como en las demás conmemoraciones de los santos, Dios constituye el objeto supremo de adoración y a El va dirigida finalmente la veneración que tributamos a siervos, pues El es el dador de todas las gracias. Nuestras oraciones a los santos no tienen otro objeto que el de alcanzar que intercedan por nosotros ante Dios. Por tanto, cuando honramos a los santos, en ellos y por ellos honramos Dios y a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, redentor y salvador de la humanidad, rey de todos los santos y fuente de su santidad y de su gloria.

Estos gloriosos ciudadanos de la celestial Jerusalén han sido elegidos por Dios entre los miembros de todos los pueblos y naciones, sin distinción alguna. Hay santos de todas las edades, de todas las razas, y condiciones sociales para mostrarnos que todos los hombres son capaces de ir al cielo. Unos santos nacieron en el lujo de los palacios y otros en humildes cabañas; unos fueron militares, otros comerciantes, otros magistrados; hay clérigos, monjes, religiosas, personas casadas, viudas, esclavos y hombres libres.

No existe estado alguno de vida en el que nadie se haya santificado. Y todos los santos se santificaron, precisamente, en las ocupaciones de su estado y en las circunstancias ordinarias de su vida: lo mismo en la prosperidad que en la adversidad, en la salud que en la enfermedad, en los honores que en los vilipendios, en la riqueza que en la pobreza. De cada una de las circunstancias de su vida supieron hacer un medio de santificación. Así pues, Dios no exige que el hombre abandone necesariamente el mundo, sino que santifique su estado propio por el despego del corazón y la rectitud de la intención. Como se ve, todos los estados de vida han sido engrandecidos por algún santo.

Con frecuencia se arguye que el ideal de santidad que la Iglesia presenta es incompatible con la existencia en el mundo, precisamente aquélla en la que hallan la mayoría de los hombres. Para reforzar esta objeción, se suele repetir que el número de clérigos y religiosos que han alcanzado la santidad es mayor, no sólo relativamente, sino aun absolutamente, que el de los laicos. Pero tal afirmación no está probada ni se puede probar. Si se habla únicamente de aquellos que han sido beatificados o canonizados, es cierto que hay entre ellos muchos más religiosos que laicos, más obispos que sacerdotes y más hombres que mujeres. Pero la canonización y la beatificación no constituyen más que una «ratificación», por decirlo así, con que la Iglesia honra a ciertos individuos, al escogerlos entre los muchos que contribuyen a su santidad total. Y en tal elección intervienen, necesariamente, muchos factores puramente humanos.

Las órdenes religiosas poseen medios y motivos suficientes para llevar adelante la «causa» de ciertas personas que, en otras circunstancias, sólo habría sido conocida de sus íntimos. La dignidad episcopal trae consigo una notoriedad y una carga particulares y proporciona, al mismo tiempo, los medios y la influencia necesarios para la introducción de la causa. Entre las causas de beatificación o canonización que en los últimos tiempos han despertado más interés en el mundo entero y no sólo en un país, orden o diócesis particular, la gama es mucho más variada que en el pasado: Pío X era Papa, pero el Cura de Ars era simplemente párroco; Teresita del Niño Jesús era una humilde religiosa; Fedederico Ozanam, Contardo Ferrini, Luis Necchi, Matías Talbot, eran laicos; la Beata Ana María Taigi estaba casada con un pobre criado, y su beatificación se debió, después de Dios, al interés que pusieron en ella los trinitarios, de cuya orden fue terciaria. Al leer las biografías completas de muchas de las fundadoras de congregaciones religiosas que han sido beatificadas o canonizadas recietemente, se advierte la importancia que se atribuye en la actualidad a la práctica de las obras de misericordia espirituales y corporales, con frecuencia, se deja casi en la oscuridad o se trata en forma general y superficial, la cuestión de la «vida interior» (en esto, la Beata María Teresa Soubiran constituye una excepción muy notable).

Esos santos y beatos alcanzaron la perfección en medio de una vida muy agitada, consagrada directamente al bien del prójimo, de suerte que puede decirse que vivieron tan «en el mundo» como cualquier laico, esto, que por lo demás no es cosa nueva, puede alentar a quienes se inclinan a creer que, fuera de la vida religiosa, o por lo menos fuera de una vida consagrada especialmente al servicio de Dios, es muy difícil «ser realmente santo». No hay más que un sólo Evangelio, un sólo Sacrificio, un sólo Redentor, un cielo y un camino para el cielo. Jesucristo vino a mostrárnoslo, sus enseñanzas no cambian y se aplican a todos los hombres. Es absolutamente falso que los cristianos que viven en el mundo no estén obligados a buscar la perfección, o que el camino por el que han de alcanzar la salvación sea distinto del de los santos.

Los santos no sólo tienen importancia desde el punto de vista ético, en cuanto modelos de virtud. Poseen también una significación religiosa muy profunda, no sólo en cuanto miembros vivos y operantes del Cuerpo Místico de Cristo, que a través de El están en contacto vital con la Iglesia militante y purgante, sino también en cuanto frutos de la Redención que han alcanzado el fin de la visión beatífica: «Han atravesado la honda tribulación y han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero. Por eso se hallan ante el trono de Dios…» J. J. Olier, fundador de Saint-Sulpice, escribía: «La fiesta de todos los santos, a lo que creo, es más importante, en cierto sentido, que la de la Pascua o la de Ascensión. En este misterio se perfecciona Cristo, ya que, en cuanto Cabeza nuestra, sólo alcanza su plenitud unido a todos sus miembros, que son los santos. Es una fiesta gloriosa, porque pone de manifiesto la vida oculta de Jesucristo. La grandeza y perfección de los santos es enteramente la obra del Espíritu divino que habita en ellos.»

Existen numerosos vestigios indicadores de que, desde tiempo atrás se celebraba una fiesta colectiva de todos los mártires. («Mártir», en aquella época era sinónimo de «santo»). Aunque ciertos pasajes de Tertuliano y de San Gregorio de Nissa que suelen citarse a este propósito, son demasiado vagos, en la obra de San Efrén (c. 373), titulada Carmina Nisibena, nos hallamos ya en terreno más firme, puesto que el santo menciona una fiesta que se celebraba en honor de «los mártires de todo el mundo».

Según parece, la solemnidad tenía lugar el 13 de mayo; esto nos inclina a pensar que en la elección de la fecha de la dedicación del Panteón Romano, que es también el 13 de mayo, según lo explicaremos después, intervino cierta influencia oriental. Por otra parte, sabemos que desde el año 411 y aun antes, se celebraba en toda Siria una fiesta de «todos los mártires», el viernes de la semana de Pascua, como lo dice expresamente elBreviarium sirio. Los católicos del rito caldeo y los nestorianos celebran dicha fiesta en la misma fecha. Las diócesis bizantinas celebraban y aun celebran la fiesta de todos los santos, el domingo siguiente al de Pentecostés, o sea el día en que nosotros celebramos a la Santísima Trinidad. En un sermón que pronunció en Constantinopla San Juan Crisóstomo, para hacer el «panegírico de todos los mártires que han padecido en el mundo», indicaba que apenas una semana antes se había celebrado la fiesta de Pentecostés.

Hasta la fecha, permanece muy oscura la cuestión de los orígenes de la fiesta de Todos los Santos en el occidente. Tanto en el Félire de Oengus como en el Martirologio de Tallaght, se conmemora el 17 de abril a todos los mártires y, el 20 del mismo mes, a «todos los santos de Europa». Según la frase del Martirologio de Tallaght, se celebra en este día lacommunis sollemnitas omnium sanctorum et virginum Hiberniae et Britanniae et totius Europae. Por lo que toca a Inglaterra, hacemos notar que el texto primitivo del Martirologio de Beda no mencionaba a todos los santos, pero en ciertas copias que datan del fin del siglo VIII o del comienzo del IX, se lee el de noviembre: Natale sancti Caesarii et festivitas omnium sanctorum. Dom Quentin emitió las hipótesis de que, al dedicar el Panteón Romano a la Santísima Virgen y a todos los mártires (13 de mayo, c. 609; el Martirologio Romano lo conmemora todavía), San Bonifacio IV tenía la intención de establecer una especie de fiesta de todos los santos, por lo menos así lo creyeron, tal vez, Ado y algunos otros, según se deduce de una frase de Beda, quien habla de la dedicación del Panteón en su «Historia de la Iglesia» y en el De temporum ratione. Beda dice que el Papa decidió que «convenía que en el futuro se honrase la memoria de todos los santos en el sitio que hasta entonces había estado consagrado a la adoración, no de Dios sino de los demonios».

Ahora bien, tal afirmación no se encuentra en el Líber Pontificales, que Beda tenía ante los ojos. Como quiera que sea, está fuera de duda que, en el año 800, Alcuino tenía ya la costumbre de celebrar el 1° de noviembre «la solemnidad santísima» de todos los santos, a la que precedía un triduo de ayuno. Alcuino estaba al tanto de que su amigo Arno, obispo de Salzburgo, celebraba también dicha fiesta, puesto que Arno había presidido poco tiempo antes un sínodo en Baviera, donde se había incluido esta fiesta en la lista de las celebraciones. También tenemos noticia de cierto Casiulfo, el cual, alrededor del año 775, pidió a Carlomagno que instituyese una fiesta precedida por un día de vigilia y ayuno, «en honor de la Trinidad, de la Unidad, de los ángeles y de todos los santos.» El calendario de Bodley (MS. Digby 63, siglo IX, Inglaterra del norte) designa como una de las fiestas principales a la de Todos los Santos, fijada para el de noviembre. Según parece, la influencia de las Gallas fue la que movió a Roma a adoptar finalmente esta fecha.

Acerca de los orígenes de la fiesta, véase Tertuliano, De corona, c. 3; Gregorio de ViNsa, en Migne, PG., vol. XLVI, c. 953; Ephrem Syrus, Carmina Nisibena, ed. Bicknell, pp. 23, 84; Crisóstomo, en Migne, PG., vol. I, c. 705, D. Quentin, Martyrologes historiques, pp. 637-641; y Revue Bénédictine, 1910, p. 58, y 1913, p. 44. Acerca del problema general, véase Cabrol, en DAC., vol. V, cc. 1418-1419; y sobre todo Acta Sanctorum, Propyleum decembris, pp. 488-489, donde se demuestra que constituye un error el haber atribuido a Oengus una alusión al 1º de noviembre como fiesta de todos los santos. Cf. También Duchesne Líber pontificalis, vol. I, pp. 417, 422-432; acerca de la tradición oriental, véase Nilles, Calendarium utriusque ecclestae, particularmente vol. I, p. 314, y vol. II, pp. 334 y 424. Báchtold-Staubli, Handworterbuch des deutschen Aberglaubens, vol. I, pp. 263 ss., discute los asepctos folklóricos de la fiesta. Cierto número de órdenes religiosas tienen privilegio para celebrar la fiesta de todos sus santos. Muchas diócesis, sobre todo en Francia, solían celebrar antiguamente la fiesta de todos los santos locales; actualmente, esas celebraciones particulares han desaparecido, aunque en Irlanda la fiesta de todos los santos de la isla se celebra todavía el 6 de noviembre.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Santa Misa Dominical

1 de Noviembre

FIESTA

DE
TODOS
LOS SANTOS

1101-TODOS-LOS-SANTOS

Y oí el número de los señalados: ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel. Apocalypsis beati Joannis Apostoli (7, 2-12)

( Semidoble – Ornamentos blancos )

Acercándose el término del ciclo litúrgico, llamado el «Santoral», la Iglesia, que durante el año sólo puede honrar determinadamente algunos de sus hijos más preclaros, quiere en la Fiesta de hoy congratularse con todos los millones de almas redimidas con la sangre del Cordero, ensalzando a aquella «gran muchedumbre que nadie puede contar», Esta fiesta se celebraba ya en el siglo V con el titulo de Todos los Mártires. En Roma Bonifacio IV consagró el Panteón pagano al culto de María y de todos los Mártires, el día 13 de Mayo. Más tarde se dio a esta fiesta un carácter más universal y se trasladó al 1 de Noviembre. Fiesta íntima, que nos hace recordar a los Santos oscuros, parientes y amigos, que ya gozan de Dios, abriendo a la vez nuestro corazón a la esperanza de que un día será también nuestra fiesta, la fiesta de Todos los Santos. Día, por lo tanto, de cielo, día de fiesta hogareña, pues cada hogar y familia cristiana tiene en el cielo algún representante.

Echemos en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí, con S. Juan, a esa turba magna, a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en las series de 12.000 inscritos en el libro de la vida, -con lo cual indica un número incalculable y perfecto- y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales, revestidos de blancas túnicas y con palma en mano, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla (Ep.). Cristo, la Virgen, las bienaventuradas falanges distribuidas en nueve coros, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con los blancos vestidos y los castos coros de vírgenes forman ese majestuoso cortejo (Himno de Visp.), integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos. mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos perseguidos por Cristo (Ev.). Entre esos millones de Justos, a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos (Invlit.), y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto (Or.).

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que, por desgracia, son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos y de amontonar muchos tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor (Int.), y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni a tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Necios, muy necios seríamos, si pretendiésemos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.


El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Introito.

INTROITUS Gaudemus omnes in Dómino, diem festum celebrántes sub honóre Sanctórum ómnium: de quorum solemnitáte gau dent Angeli, et colláudant Fillum Dei. – Ps. 32. Exsultáte, justi, in Dómino: rectos decet collaudátio. V. Gloria Patri. Introito – Gocémonos todos en el Señor, al celebrar hoy la fiesta en honor de Todos los Santos, de cuya solemnidad se alegran los Ángeles, y juntos alaban al Hijo de Dios. – Ps. Regocijaos, oh justos, en el Señor; la alabanza cae bien en los de corazón recto. – Gloria al Padre.

Oración-Colecta

ORATIOOmnípotens sempitérne Deus, qui nos ómnium Sanctórum tuórum mérita sub una tribuísti celebri táte venerári: quaesumus: ut desiderátam nobis tuae propitiatiónis abundán tiam, multiplicátis inter cessóribus, largiáris. Per Dóminum. R. Amen Omnipotente, sempiterno Dios, Que nos has dado poder celebrar en una misma solemnidad los merecimientos de Todos tus Santos: rogámoste que, por los méritos de tantos intercesores, nos concedas la deseada abundancia de tu gracia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.RAmen.

Epístola

San Juan nos da una visión del Cielo, en que aparecen, en multitud innumerable, todos los redimidos por la sangre de Jesucristo, de toda raza y lengua, entonando acciones de gracias al Salvador.

EPISTOLA Lectio libri Apocalypsis beati Joannis Apostoli (7, 2-12) In diébus illis: Ecce ego Joánnes vidi álterum angelum ascendéntem ab ortu sole, habéntem sig num Dei viví: et clamá vit yace magna quátuor Angelis, quibus datum est nocére terrre et mari, di cens: Nolite nocére terrre et mari, neque arbóribus, quoadúsque signémus ser vos Dei nostri in fróntibus eórum. Et audivi núme rum signatórum, centum quadragínta. quátuortníl lia signáti, ex omni tribu fillórum Israel. Ex tribu Juda duódecim miilla sig náti. Ex tribu tiuben duó decim millia signáti. Ex tribu Gad duódecim míllia signáti. Ex tribu Aser duódecim milia signáti.Ex tribu Néphtali duódecim milia signáti. Ex tribu Manásse duódecim millia signát. Ex tribu Simeon duódecim núllia signáti. Ex tribu Levi duódecim millia signáti. Ex tribu Issachar duódecim millia. signát1. Ex tribu Zábulon duódecim millia signáti. Ex tribu Joseph duódecim millia si gnáti. Ex tribu Bénjamin duódecim millla signáti Post haec vidi turbam ma gnam, quam dinumeráre nema póterat, ex ómnibus géntibus et tribubus et pó pulis et linguis: stantes ante tbronum et in conspéctu Agni, amicti stolis albis, et palmae in máni bus eórum: et clamábant voce magna, dicéntes: Salus Deo nostro, qui sedet le super thronum, et Agno. Et omnes Angeli stabant in circúitu throni et se niórum et quátuor animálium: et cecidérunt in conspéctu throni in fá cies suas, et adoravérunt Deum, dicéntes: Amen. Benedictio et cláritas et sapiéntis et gratiárum áctio, honor et virtus et fortitúdo Deo nostro in saecula saeculórum. Amen. Lección del Libro del Apocalipsis del Apóstol San Juan En aquellos días: Yo, Juan, vi un Ángel que subía del Oriente, y tenía el sello de Dios vivo; el cual clamó con gran voz a los cuatro Ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis mal a la tierra ni al mar, hasta que señalemos en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. y oí el número de los señalados: ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel: de la tribu de Judá, doce mil señalados; de la tribu de Rubén, doce mil señalados; de la tribu de Gad, doce mil señalados; de la tribu de Aser, doce mil señala dos; de la tribu de Neftalí, doce mil señalados; de la tribu de Manasés, doce mil señalados; de la tribu de Simeón, doce mil señalados; de la tribu de Leví, doce mil señalados; de la tribu de Isacar, doce mil señalados; de la tribu de Zabulón, doce mil señalados; de la tribu de José, doce mil señalados; de la tribu de Benjamín, doce mil señalados. Vi después una gran muchedumbre que nadie podía contar, de todas las gentes, linajes, pueblos y lenguas, que estaban ante el trono en presencia del Cordero, presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, con palmas en sus manos: y clamaban con gran voz, diciendo: ¡Gloria a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero! Y todos los Ángeles, de pie, rodeaban el trono y a los ancianos y a los cuatro animales; y se postraron delante del trono, rostro por tierra, y adoraron a Dios diciendo: «¡Amén! ¡Bendición, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios para siempre jamás! ¡Amén!»
GRADUALE  (Ps. 33) – –Timéte Dóminum, omnes sanctl ejus: quóniam ni hil deest timéntibus eum.
V. Inquiréntes autem Dóminum, non deficient omni bono.
Alleluia, alleluia. V. (Matth. XI) Venite ad me, omnes qui laborátis et , oneráti estis: et ego renciam vos. allelúia. –  Alleluia.
Gradual – Temed al Señor todos sus Santos, porque na da falta a los que le temen. V. Los que buscan al Señor, no carecerán de bien alguno.
Aleluya, aleluya -V. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os aliviaré, aleluya.

Evangelio

Jesús proclama, para todas las naciones y para todos los tiempos, cuáles son las verdaderas fuentes de felicidad, fuentes que no admiten los hombres materialistas y gozadres de la vida terrenal.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum ( 5, 1-12)

In illo témpore: Videns turbas ascéndit in montem et cum sedisset, accessérunt ad eum discípuli ejus, et apériens os suum. docébat eos, dicens: Beáti páuperes spiritu: quóniam ipsórum est reg num caelórum. Beáti mites: quóniam ipsi possidébunt terram. Beáti qui lugent quoniam ipsi consolabuntur. beati qui esuriunt et sitiunt iustitiam: quoniam ipsi saturabuntur. beati misericordes: quia ipsi misericordiam consequentur. Beati mundo corde: quoniam ipsi Deum videbunt. Beati pacifici: quoniam filii Dei vocabuntur. Beati qui persecutionem patiuntur propter iustitiam: quoniam ipsorum est regnum caelorum. Beati estis cum maledixerint vobis et persecuti vos fuerint et dixerint omne malum adversum vos mentientes propter me: gaudete et exultate quoniam merces vestra copiosa est in caelis.

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según San MateoEn aquel tiempo: Viendo Jesús la muchedumbre. subióse a un monte, y sentándose, se llegaron a El sus discípulos y abriendo su boca, los enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando por mi causa os maldijeren y os persiguieren, y, mintiendo, dijeren de maldades: gozaos y alegraos, porque sabed que grande es vuestra recompensa en los cielos. – Credo.
OFFERTORIUM (Sap. III) – Justórum ánimre in ma nu Dei sunt, et non tanget illosos torméntum malitiae: visi sunt óculis insipién tium mori: illi autem sunt in pace, allelúia. Per Dominum. OfertorioLas almas de los justos están en manos de Dios, y no les llegará tormen to que les dañe; a los ojos de los necios pareció que morían, pero ellos descansan en paz, aleluya.

Oración-Secreta

Múnera tibi, Dómine, nostrre devotiónts of férimus: qure et pro cun ctórum tibi grata sint ho nóre justórum, et nobls salutária, te miseránte, reddántur. Ofrecémoste, oh Señor, los dones de nuestra devoción; los cuales deseamos te resulten a Ti agradables como tributo de honor a todos tus Santos, y a nosotros provechosos para la salvación. Por Jesucristo Nuestro Señor. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

Prefacio Común

Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Per Christum Dominum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant  Angeli,adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Caeli, caelorúmque Virtútes, ac beata Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes: dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus… Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios por Cristo, nuestro Señor. Por quien a tu majestad alaban Ángeles, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades. Los cielos, y las Virtudes de los cielos, y los santos Serafines, la celebran con igual exultación. Con los cuales, te suplicamos, admitas también nuestras voces, diciendo con humilde confesión: Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO Da quaesumus, Dómine, fidélibus pópulis óm nium Sanctórum semper veneratióne laetári: et eo rum perpétua supplicatió ne muníri. Per Dóminum.
Comunión.Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios; bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios; bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración-Postcomunión

Haz, oh Señor, que los pueblos cristianos se gocen siempre con el culto de Todos los Santos, y que se sien tan seguros con su constante intercesión. Por Jesucristo N. Señor.

Da, quaésumus, Dómine, fidélibus pópulis ómnium Sanctórum semper veneratióne laetári: et eórum perpétua supplicatióne muniri. Per Dóminum.
  • * . El Templo de Agripa fue dedicado bajo Augusto a todos los dioses del paganismo de ahí su nombre de Panteón. Bajo el emperador Focas (entre 607 y 610), el Papa Bonifacio IV trasladó a él muchos huesos de mártires extraídos de las Catacumbas. El 13 de Mayo de 610 dedicó el mismo Papa esa nueva basílica cristiana a Santa Maria y a los Mártires. La fiesta de su Dedicación tomó luego un carácter más universal, y por fin consagróse aquel templo a Santa María y a Todos los Santos. Existiendo ya una fiesta en memoria de todos los Santos, celebrada en diversos días en las distintas iglesias, y fijada en 835 por Gregorio IV en el 1º de Noviembre, el Papa S. Gregorio VII trasladó a ese día el aniversario de la Dedicación del Panteón. Así que la fiesta de Todos los Santos nos recuerda el triunfo de Cristo sobre las divinidades paganas. 

  • (1) Por «hijos de Israel» hay que entender todos los hombres, judíos o gentiles, que abrazaron la fe de Cristo y se salvaron. 
  • (2) Esta cifra es simbólica,  y designa una gran muchedumbre. 
  • (3) Las ocho Bienaventuranzas, que el Señor pronunciara al principio del Sermón de la Montaña, parecen otras tantas paradojas y grandes contrasentidos a los ojos del hombre carnal y mundano. Pero ahí está la historia de la santidad demostrando cómo en ellas se encuentra la felicidad sólida del destierro, en espera de la cumplida felicidad, que sólo tendrá lugar allá en la Patria. 

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

1 de noviembre

FIESTDE TODOS LOS SANTOS

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¡Oh Señor! te rogamos que por los méritos de tantos intercesores , nos concedas la deseada abundancia de tu gracia. (De la Oración-Colecta de la Misa del día)

 

Por la fe conquistaron reinos,
ejercitaron la justicia,
obtuvieron el efecto de las promesas.
(Hebreos, 11, 33).

Al comienzo del siglo VII, el santo Papa Bonifacio IV fue autorizado, por el emperador Focas, a cambiar el Panteón, erigido en honor de los falsos dioses a quienes los paganos festejaban juntamente, en iglesia que dedicó a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Esta ceremonia tuvo lugar el 13 de mayo, y su aniversario llegó a ser fiesta fija anual, que el Papa Gregorio IV transfirió al 1º de noviembre y extendió a todo el imperio, el año 835, durante el reinado de Luis el Bueno, convirtiéndola en fiesta de todos los santos.

MEDITACIÓN LA FIESTA
DE TODOS LOS SANTOS

I. La vida de los santos ha estado llena de miserias: han sido perseguidos y atormentados por los enemigos de Jesucristo; Dios les ha enviado aflicciones para probarlos y purificarlos; en fin, ellos mismos se rehusaron a los placeres más inocentes y ejercieron sobre sus cuerpos grandísimas austeridades. ¿Quieres ir tú a donde están ellos? He ahí el camino, sigue sus huellas; estos grandes hombres tenían un cuerpo como el tuyo, pero más valor que tú. No han sido de naturaleza superior a la nuestra, sino de mayor vigilancia; no estuvieron exentos de pecados, pero hicieron penitencia. (San Ambrosio).

II. Los santos a pesar de sus pruebas, siempre han estado alegres y contentos en esta vida, porque los consuelos que Dios derramaba en sus almas les quitaban todo sentimiento de los dolores del cuerpo. Míralos en el patíbulo y en los yermos: aquí, derraman lágrimas de consuelo, allí, están llenos de gozo en medio de las torturas. Dios es tan generoso que no quiere esperar la otra vida para recompensarlos, hasta lo hace en este mundo.

III. Si fueron consolados en esta vida, que era el lugar de exilio, de sus combates y sufrimientos, ¡de qué gozo no serán colmados en el cielo, su patria y lugar de su triunfo! Allí poseen todos los bienes que su corazón puede desear, porque poseen a Dios; no son afligidos por incomodidad alguna. Escucha lo que te dicen: «Para llegar al cielo no pienses encontrar un camino más cómodo que el que recorrimos nosotros en pos de Jesucristo. No busques aquí abajo lo que ningún santo ha podido encontrar, lo que Cristo mismo no ha encontrado».

La imitación de los santos
Orad por la Iglesia.

ORACIÓN

Omnipotente y eterno Dios, que nos concedéis que honremos en una misma solemnidad los méritos de todos vuestros santos, haced que, asistidos por tan numerosos intercesores, obtengamos cada vez más, según nuestros deseos, la multitud de vuestras gracias. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

1 de Noviembre