Santa Misa Dominical

DOMINGO 15º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Mancebo, a ti te digo, levántate

Mancebo, a ti te digo, levántate

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En Nous Procurant

Discurso del Papa Pío XII al Instituto Internacional de Finanzas.

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Pío XII Al procurarnos el placer de recibir el delicado homenaje de vuestra deferencia, nos ofrecéis también, señores, la ocasión de expresaros el vivo interés que Nos sentimos por la labor de vuestro Instituto, labor austera sin duda alguna, cuyas dificultades e importancia bien pocos saben vislumbrar.

Complejidad de las finanzas públicas.

Las cuestiones de las finanzas públicas han sido siempre objeto de una atención especialísima no sólo por parte de los intelectuales y de los técnicos, sino también, por decirlo así, por parte de todos. La razón de ello es que cada uno aprecia el grado de prosperidad o de crisis de las finanzas públicas sobre todo desde el punto de vista de su interés personal. Ahora bien, los sucesos y las condiciones de estos últimos tiempos han agudizado de tal manera estas cuestiones, que en muchos países han llegado a ocupar el centro de las luchas políticas y con frecuencia se han convertido en el punto neurálgico de las discusiones más apasionadas, no sin peligro, por otra parte, para el equilibrio de la estructura interna del Estado. Muchas personas, en efecto demasiadas personas-, guiadas por el interés, por el espíritu departido, o incluso por consideraciones nacidas más del sentimiento que de la razón, abordan y tratan, haciéndose economistas y políticos improvisados, las cuestiones financieras y fiscales con tanto mayor ardor y desenfado, con tanta mayor seguridad y desenvoltura, cuanto mayores su incompetencia. A veces parece que ni siquiera sospechan la necesidad que hay, para resolverlas, de estudios atentos, de encuestas y de observaciones múltiples, de experiencias comparadas.

Crisis de conciencia en materia fiscal.

Las necesidades financieras de cada una de las naciones, grandes o pequeñas, han crecido de manera formidable. El defecto no proviene solamente de las complicaciones o el de las tensiones internacionales; se debe también, y quizá todavía más, a la extensión desmesurada de la actividad del Estado, actividad que, dictada con demasiada frecuencia por ideologías falsas o malsanas, hace de la política financiera, y muy particularmente de la política fiscal, un instrumento al servicio de preocupaciones completamente diferente. ¿Quién se admirará, después de esto, del peligro en que se encuentran la ciencia y el arte de las finanzas públicas de descender, carentes de principios fundamentales claros, simples, sólidos, al papel de una técnica y de una manipulación puramente formales? Es, por desgracia, lo que se constata hoy día en muchos dominios de la vida pública; un tinglado hábil y audaz de sistemas y procedimientos, pero sin resorte interior, sin vida, sin alma. Este estado de cosas influye más perniciosamente todavía sobre la mentalidad de los individuos. El individuo va teniendo cada día menos conocimientos de los asuntos financieros del Estado; aun en la política más sana, sospecha siempre alguna senda tortuosa, misteriosa, o una intención oculta malintencionada, de la cual él debe prudentemente desconfiar y guardarse. Ved, pues, cómo es ahí en definitiva donde hay que buscar la causa profunda de la decadencia de la conciencia moral del pueblo del pueblo en todos sus grados- en materia de bien público, en materia fiscal principalmente. ¿Cómo podría la Iglesia contemplar indiferente esta crisis que, en realidad, es una crisis de conciencia? He aquí por qué, dirigiéndose a aquellos que tienen alguna parte de responsabilidad en el manejo de las cuestiones de las finanzas públicas, la Iglesia les conjura: En nombre de la conciencia humana, no arruinéis la moral desde arriba. Absteneos de aquellas medidas que, a pesar de su valor técnico, soliviantan y hieren en el pueblo el sentido de lo justo y de lo injusto, o que relegan a segundo término su fuerza vital, su legítima ambición de recoger el fruto de su propio trabajo, su preocupación por la seguridad familiar, consideraciones todas que merecen ocupar en lamente de un legislador el primer lugar, no el último.

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El positivismo jurídico

Por el Papa Pío XII

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El pensamiento del hombre moderno, del hombre que ha renegado de Dios (o lo hizo a su medida, lo cual es esencialmente lo mismo), lo ha llevado a creer en que él, por sí mismo, puede hacer las leyes a su medida prescindiendo totalmente de toda ley moral objetiva fuera del sí mismo. Tal error filosófico se lo llama positivismo jurídico. Este error, ha llevado a que los hombres hagan las leyes según conveniencias políticas y económicas de poder, generalmente guiados por la ambición y la soberbia, ha conducido al poder legislativo hasta la locura de legalizar crímenes como el aborto y leyes la contra la misma naturaleza humana, como ocurre en las llamadas “uniones” entre personas del mismo sexo o “matrimonio” homosexual.

EL POPSITIVISMO JURÍDICO

Estrechamente ligada con el estatismo se halla la doctrina del positivismo jurídico, que quita al derecho su verdadera base: la ley divina natural y positiva, y pretende reemplazarla por la voluntad del legislador. El Santo Padre, en varias ocasiones, lo de­nunció e hizo notar las funestas consecuencias a que conduce. Así, en 1949 realizó un penetrante análisis del mismo, señalando su origen y su actual vinculación con el totalitarismo, y hacien­do referencia, además, a los procesos contra los “criminales de guerra”.

Las causas de tales crisis [en la administración de la justicia] han de buscarse principalmente en el positivismo jurídico y en el absolutismo del Estado; dos manifestaciones que a su vez de­rivan y dependen una de otra. En efecto, sustraída al derecho su base constituida por la ley divina natural y positiva, y por lo mismo inmutable, no queda sino fundarlo sobre la ley del Estado como norma suprema, y he aquí puesto el principio del Estado absoluto. A su vez este Estado absoluto buscará necesariamente someter todas las cosas a su arbitrio y, especialmente, hacer servir el mismo derecho a sus propios fines. [… ]

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Santa Misa Dominical

 

DOMINGO 14º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de estos lirios

Ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de estos lirios

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El Rosario en familia

Por el Papa Pío XII

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De todo corazón os damos la bienvenida, queridos recién casados, a quienes parece haber conducido a Nos la Virgen del Santísimo Rosario, en este mes consagrado a ella. Nos place mirarla con los ojos del espíritu – como la han visto algunos santos privilegiados – inclinada ha­cia vosotros con una sonrisa (para ofreceros aquel simple y devoto objeto que, a través de una cadena de anillos flexibles y ligeros que no recuerda sino una servidum­bre de amor, reúne por decenas sus pequeños granos, lle­nos de un invisible jugo sobrenatural), mientras que en vuestro canto, arrodillados ante ella, prometéis honrarla, ofreciéndose con la mayor frecuencia posible, en todas las vicisitudes de la vida familiar, el tributo de vuestra piedad.

I.‑ El rosario, según la etimología misma de la pa­labra, es una corona de rosas, cosa encantadora que en todos los pueblos representa una ofrenda de amor y un símbolo de alegría. Pero estas rosas no son aquellas con que se adornan con petulancia los impíos, de los que ha­bla la Sagrada Escritura[1]: “Coronémonos de rosas – exclaman – antes de que se marchiten”. Las flores del ro­sario no se marchitan; su frescura es incesantemente re­novada en las manos de los devotos de María; y la diver­sidad de la edad, de los países y de las lenguas, da a aque­llas rosas vivaces la variedad de sus colores y de su per­fume.

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La unión en la plegaria, según las enseñanzas de San Francisco de Sales.

Por el Papa Pío XII

Papa Pío XII

Grande consuelo y esperanza para Nuestro corazón, queridos recién casados, es el ver esta reunión vuestra en torno a Nos; porque aparece a Nuestra mirada como una reunión de nacientes familias cristianas sobre las cuales se complace el Señor en derramar la abundancia de los favores que habéis solicitado, al pie del altar, ante el sacerdote que bendecía vuestra unión. Vuestra invoca­ción, que se unía así a la del ministro de Dios, era oración, y con la oración habéis iniciado la nueva vida común. ¿Continuaréis orando, invocando al Padre que está en los cielos, fuente de toda paternidad en el orden de la natu­raleza y en el orden de la gracia? Sí; signo de esa promesa es vuestra presencia para pedir sobre vuestro nuevo hogar Nuestra bendición paterna, que confirme la súplica del sacerdote y la vuestra y las avalore para todo el curso de vuestra vida.

San Francisco de Sales, –de  quien, en nuestro último discurso a los recién casados, venidos como vosotros, queridos hijos e hijas, a pedirnos que les bendijésemos, comentamos brevemente las “Advertencias a las personas casada?–, añade sobre la oración de los esposos un ras­go de pluma encantador, que queremos hoy presentar a vuestra consideración.

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Una profecía del Papa Pío XII

que tristemente vemos, se ha cumplido, gracias al Concilio Vaticano II.

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«Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡Hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico! Bien, mi querido amigo, estoy convencido que la Iglesia de Pedro tiene que hacerse cargo de su pasado, o ella cavará su propia tumba (…) Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: ¿dónde lo han puesto?».
Citado por Mons. Georges Roche en: “Pius XII devant l’histoire”.
Tomado de:

Especial del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María

Inmaculado Corazón de la Santísma Virgen Maria
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El verdadero diálogo

Pio XII el Papa ultrajado - Alexis Curvers

“El lenguaje de la verdad no tiene curso en el parloteo sin fin que nos recomiendan bajo el nombre de Diálogo y que no lleva ni puede llevar más que a unos avances del error, ya que todas las palabras, y el concepto mismo de diálogo son desviados de su verdadero sentido. El verdadero diálogo, el de Sócrates con los sofistas, es una búsqueda de la verdad. El falso diálogo hacia el que nos atraen, consiste en la búsqueda no de la verdad, sino de un compromiso entre hipótesis que se suponen iguales, y entre las cuales la verdad, si por azar está presente, no se manifiesta jamás. En este pretendido diálogo la verdad queda obligada, por las mismas reglas del juego, a esconderse bajo la forma de simple hipótesis tanto más tímida cuanto más real. Así los sofistas esquivan la verdad en sí y traicionan la parte misma de verdad que contienen sus propias hipótesis.
Diálogo ¿de qué?, ¿con quién?, ¿para qué? Tendrían que empezar por responder a estas preguntas. Si no nos dan respuesta a ellas, el diálogo es solamente un viento productor de tempestades”.
Alexis Curvers, “Pío XII, el Papa ultrajado”.
Tomado de:

La libertad

Explicada por Pío XII

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Quien, como Pío XII, tantas veces denunció y condenó el es­tatismo y la mecanización de la vida contemporánea, no podía ser sino un ardiente defensor de la libertad personal. En efecto, proclamó que ésta, rectamente entendida, constituye una de los fundamentos de la reconstrucción social; no es posible edificar tal reconstrucción prescindiendo de ella.

[Los católicos y todos aquellos que reconocen y adoran a un Dios personal y observan su Decálogo]sean conscientes de cuanto ellos, y solamente ellos, pueden contribuir real y eficaz­mente a la obra de reconstrucción, persuadidos al mismo tiempo de que esta obra no podrá llegar nunca a feliz término si no se funda sobre el derecho, sobre el orden y sobre la libertad. Sobre la libertad, queremos decir, de tender a lo que es verdadero y bueno, sobre una libertad que esté en armonía con el bienestar de cada pueblo en particular y de toda la gran familia de los pue­blos. De esta libertad la Iglesia ha sido siempre sostenedora, tutora y vindicadora.
(Alocución al Sacro Colegio de Cardenales, lº junio 1946.)

Pío XII: El Tabernáculo en el Altar.

 

Cita sobre el tabernaculo de Pio XII

“Separar el tabernáculo del altar sería lo mismo que separar dos cosas que por su naturaleza deben permanecer unidas”. Pío XII

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DOMINGO 13º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

¿Pero no son diez los curados? ¿Y los otros nueve dónde están?

¿Pero no son diez los curados? ¿Y los otros nueve dónde están?

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El Santo Sacrificio de la Misa en tiempos de guerra

 

La Santa Misa en la Guerra

PORQUE ANOCHECE YA

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Himno:

PORQUE ANOCHECE YA

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo!

Amén.

Salterio IV

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

Oración por la beatificación del Sumo Pontífice Pío XII

 

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YO HE SENTIDO, SEÑOR, TU VOZ AMANTE

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Himno:

YO HE SENTIDO, SEÑOR, TU VOZ AMANTE

Yo he sentido, Señor, tu voz amante,
en el misterio de las noches bellas,
y en el suave temblor de las estrellas
la armonía gocé de tu semblante.

No me llegó tu acento amenazante
entre el fragor de trueno y de centellas;
al ánima llamaron tus querellas
como el tenue vagido de un infante.

¿Por qué no obedecí cuando te oía?
¿Quién me hizo abandonar tu franca vía
y hundirme en las tinieblas del vacío?

Haz, mi dulce Señor, que en la serena
noche vuelva a escuchar tu cantilena;
¡ya no seré cobarde, Padre mío!

Amén.


 Salterio III

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

Especial de la Asunción de la Santísima Virgen María

 

Asunción de la Santísima Virgen María

VIGILIA DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

FIESTA DE LA ASUNCIÓN

EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 

 

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DOMINGO 12º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Mas un viajero samaritano movióse a compasión

Mas un viajero samaritano movióse a compasión

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Especial de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo

 

"Cristo es el resplandor de la Luz eterna, espejo sin mancha, e imagen de su bondad" (Sap. VII)

«Cristo es el resplandor de la Luz eterna, espejo sin mancha, e imagen de su bondad» (Sap. VII)

TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR

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DOMINGO 11º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Éffeta, que quiere decir ‘abríos’

Éffeta, que quiere decir ‘abríos’

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DOMINGO 10º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

No soy como este publicano

No soy como este publicano

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DOMINGO 9º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

No dejarán en ti piedra sobre piedra

No dejarán en ti piedra sobre piedra

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Los santos de antes no usaban gomina

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Ha causado bastante bronca la noticia de la pronta canonización de Juan Pablo II y de Juan XXIII. A mí me ha molestado muy poco o, mejor dicho, nada. La proliferación de santos de las últimas décadas produjo una oferta tal que mis posibilidades de demanda ha sido totalmente superada. Por otra parte, tanta abundancia habilita la duda acerca de la calidad de los últimos santos. Es lo que pasó con las corbatas. Antes eran todasMade in Italy, y ahora los son Made in China, aunque las etiquetas continúen afirmando que son de seda. Y del mismo modo en que sigo prefiriendo las dos o tres corbatas italianas que tengo, así también le sigo siendo fiel a los santos mártires de los primeros siglos y a algunos santos medievales, y trato de evitar incorporar a mis devociones santos manufacturados en China, o en Polonia.

Fuerza es reconocer que esta significativa variación en el mercado fue obra del Polaco Magno. Hasta su llegada al solio apostólico, las canonizaciones eran muy raras. Pasaban años sin que hubiese alguna y significaban un acontecimiento verdaderamente importante para la Iglesia. Juan Pablo II, en cambio, convertido encanonizador serial, no dejó pasar mes, o semana, sin proclamar algún santo o algún beato. ¿Por qué lo hizo? Muchas cosas podrán decirse, y hemos dicho desde aquí, sobre él, pero ciertamente no era un improvisado ni un ignorante, como ha sucedido con pontífices más recientes. Yo arriesgo dos hipótesis: creyó buenamente que poniendo de moda a los santos, y sobre todo a santos contemporáneos, ayudaría a que el mundo y la Iglesia fueran más santos, o bien, las canonizaciones le aseguraban plazas repletas de bote a bote en las que saciar sus ansias de multitudes y su posibilidad de hablar y ser escuchado por millones de personas. No logró, como salta a la vista, el primer objetivo, aunque sí logró el segundo, pero le sirvió solamente para aumentar su histrionismo y ejercer sus dotes actorales aunque, sinceramente, no creo que esto fuera su objetivo. Creo que Wojtyla tenía la firme convicción de que hablando a multitudes y apareciendo en millones de televisores iba a ayudar a convertir al mundo.

El incremento descontrolado de canonizaciones produjo varias consecuencias, algunas de ellas saludables, como la discusión teológica acerca de la infalibilidad de las canonizaciones, la cual ha sido seriamente cuestionada por teólogos de la talla de Gherardini y de Ols. Sobre este tema ya hemos hablando suficientemente en este blog y no volveremos sobre él. Sin embargo, parece oportuno destacar algunos aspectos notables de los santos de cada época lo que -vale decir-, equivale a preguntarse por los criterios de santidad que la Iglesia ha utilizado a lo largo de su historia.

Pareciera que los santos canonizados o que reciben culto público por parte de la Iglesia, han respondido a las necesidades de cada época. O, dicho de otro modo, cada época ha entronizado a aquellos santos que mejor respondían a sus expectativas. Y me parece encontrar dos grandes modelos de santidad: aquel que se impone desde los inicios mismos del cristianismo hasta la Reforma, y el segundo, desde ese momento hasta nuestros días y que, estimo, cambiará nuevamente con el bergoglismo.

Resulta claro que en los primero quince siglos de la Iglesia, la virtud que se esperaba de los santos y lo que de ellos se exaltaba era la fe o, en todo caso, las virtudes teologales. No significa esto que no se hiciera caso de las virtudes morales, pero éstas estaban subordinadas y en un segundo plano. A nadie se le ocurría canonizar o rendir culto a alguien porque había sido muy paciente o muy casto. E insisto, no es porque se despreciara estas virtudes, sino porque se las consideraba obvios fundamentos sobre los cuales edificar las virtudes verdaderamente importantes y propiamente cristianas y sobrenaturales: la fe, la esperanza y la caridad.

Veamos algunos casos. Los primeros mártires fueron considerados los campeones de la fe. Su muerte era el testimonio más elevado de la fe en Jesucristo, y todo el resto de las virtudes que se señalaban en ellos -por ejemplo, la pureza y castidad en grandes mártires como Inés o Lucía- estaban en relación directa con la fe. Es decir, su castidad no era lo más importantes -las vestales eran tan vírgenes como ellas-, sino que era importante porque testimoniaba la entrega de la propia virginidad y, con ella, de la propia vida en razón de la fe depositada en el Señor.

Un caso análogo sucede con los Santos Padres. No se buscaba en ellos virtudes morales en las que, en algunos casos, estaban medio flojitos, sino su gran defensa de la fe expresada en la doctrina ortodoxa. San Jerónimo no era precisamente una persona mansa y humilde. Sus arrebatos de cólera epistolar contra San Agustín y San Basilio, por ejemplo, dan muestra de un carácter irascible, como así también sus abundantes malas palabras -era más boca sucia que el Cura Brochero, aunque las decía en latín- que aparecen en sus cartas. Y no digamos nada de las descripciones pormenorizadas de las ondulantes y seductoras bailarinas romanas que aún recordaba después de décadas de residencia penitente en Belén y que describe en sus escritos.

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¿Y qué decir de San Cirilo de Alejandría? Fue al concilio de Éfeso con una patota –literaliter– de más de cincuenta monjes egipcios para enfrentar a Nestorio y a los suyos. Como los legados pontificios no llegaban, decidió comenzar él mismo el concilio, y lo hizo apretando de todos los modos posibles a través de sus monjes, con sobornos y violencia, a los Padres Conciliares y a las influyentes personalidades civiles a fin de que condenaran las doctrinas nestorianas, cosa que, efectivamente, sucedió. Y Cirilo es santo y doctor de la Iglesia. Ciertamente, no lo es por su heroicidad en las virtudes morales, sino por su firmeza al servicio de la doctrina y por su valentía demostrada en defensa de la verdad católica. Es decir, por su fe.

Ocurre lo mismo con muchos de los santos medievales. Santa Clotilde, esposa de Clodoveo, el primer rey cristiano de los francos, tuvo la misión de concentrar en sí la idea de la Francia católica, pues debido a su insistencia fue que su esposo, y con él todo su pueblo, se convirtieron a la fe. No tengo dudas de la piedad de esta santa mujer, pero recordemos que fue hija de Chilperico II de Burgundia (un soberano bárbaro en el sentido pleno del término), su tío Gundebaldo asesinó a su padre y ahogó a su madre además de provocar el exilio de su hermana. Finalmente, sus hijos terminaron matándose entre ellos para heredar la corona de Clodoveo. En este ambiente familiar, nada propenso al cultivo y estímulo de las virtudes morales, resulta difícil pensar en Clotilde como una santa al estilo de Santa Margarita María o de Santa Faustina. Ella fue una mujer fuerte en la defensa de la fe frente al paganismo y al arrianismo, a punto de tal de convencer a su esposo y de hacerlo bautizar por San Remigio.

San Canuto, o Knud el Santo, fue rey de Dinamarca y quien convirtió a su reino al cristianismo en el siglo XI. Muere asesinado por sus propios súbditos, los campesinos de Jutlandia, que no querían acompañarlo en una expedición militar contra Inglaterra cuyo trono pretendía ocupar. El pobre Canuto era bastante ambicioso, cruel y tendría varios vicillos más. Sin embargo, fue canonizado en 1101. El motivo no fue, una vez más, su heroicidad en la práctica de las virtudes morales, sino su fe, más allá de sus defectos que, al parecer, eran notables.

Veamos todavía un caso más. San Vladímir de Kiev, definido por su biógrafo Volkoff como fornicator maximus, no era precisamente un dechado de virtudes. Sin embargo, a él se debe la conversión al cristianismo de los pueblos eslavos y por eso es un gran santo de la Iglesia católica, tanto de la romana como de la ortodoxa. Ciertamente, después de su conversión, habrá cambiado de vida -y esto lo narran sus biografías-, pero todos sabemos que los hábitos, a no ser por un milagro, no desaparecen automáticamente después de una confesión, o de un bautismo. Necesitan ejercicio y desarraigo lo cual no sé hasta qué punto habrá sido el fuerte de Vladímir. Su grandeza estriba, como la de San Canuto y la de tantos otros, en haberse decidido por la fe de Cristo y contra el paganismo en el cual había nacido y al cual pertenecía, con todo lo que eso significaba. Y Dios seguramente lo premió con su visión por este acto, más allá que en lo moral no hubiese sido un ejemplo.

Pero con la Contrarreforma la cosa cambia. Los jesuitas, aunque no sólo ellos, comienzan a vender una santidad de moralina en la que se impondrán con fuerza las virtudes morales por sobre las teologales. Y aparece entonces, por ejemplo, San Luis Gonzaga, novicio de esa congregación, que era tan pero tan puro que no miraba a su madre y a sus hermanas para evitar tentaciones contra la castidad. Y por el estilo serán las vidas de San Estanislao de Kostka o de San Juan Berchmans. No dudo en absoluto de la santidad de estos jóvenes; lo que sostengo es que el motivo de su elevación a los altares, tal como se desprende de sus biografías, fue la heroicidad en el cumplimiento de ciertas virtudes morales. Seguramente, ejercitaron muchas virtudes más y en grado sumo también las teologales, pero la suya, mal que les pese, es presentada como una santidad de moralinas.

Veamos otro caso. Se cuenta de San Francisco de Sales que era tan pero tan piadoso que, cuando fue consagrado obispo, hizo promesa de rezar el rosario durante todos los pontificales que le tocara celebrar, en medio de tan aburridas ceremonias.  Así que, para seguir su ejemplo, a rezar el rosario durante la misa… No digo que no haya que rezarlo durante los sermones, siempre tan aburridos, largos y exasperantes, pero la misa es un poquito más importante que el rosario, me parece, y mucho más lo es para quien la celebra, y mucho más aún si el tal es un obispo. Y como este hecho salesiano, las hagiografías y comentarios nos presentarán al santo doctor de Ginebra como el más pacífico y dulce de entre los hombres, bastante alejado de los berrinches de San Jerónimo, de las patoteadas de San Cirilo y de las ferocidades de San Canuto. Resulta claro que los criterios de santidad y de canonización cambiaron rotundamente. Una vez más insisto: creo que todos ellos son santos y gozan de la visión del Cordero Inmaculado, pero convengamos que son santidades distintas o, al menos, distintamente presentadas.

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Hasta aquí algunos hechos que pueden ser comprobados históricamente. Ahora, un poco de pre-visión. Bergoglio es un puntero del conurbano bonaerense, aún cuando se vista de blanco. Para mantener su popularidad y adhesión no puede repartir planes trabajar, como hacen sus colegas. Va a repartir entonces bergoglemas y gestos populistas, sospechosamente ayudado por los medios de comunicación. Y aquí un paréntesis: resultan sugerentes algunos datos de la última semana: se anunció con bombos y platillos la gran humildad del papa que había hablado con Alitalia a fin de que no le pusieran una cama en el avión que lo conducirá a Río y que prefería salir de Fiumicino para no complicar a la gente despegando desde Ciampino. Todo el mundo dijo, claro, ¡Qué humilde! ¡Qué desapegado de los lujos! ¡Qué diferente a sus antecesores! Pero resulta que el papa Benedicto tampoco tenía cama en su avión y siempre salió de Fiumicino. Se trató de una mentirilla pontificia que -tarde-, fue aclarada por el jesuita Lombardi, y que no repercutió en los medios.

Y es sugerente también que quienes conocieron a Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires lo detestan. Públicamente se ha despachado ya varias veces el P. Marcó, que fue su vocero durante años, desde su programa de televisión y, en privado, varios arzobispos, obispos que no revistan precisamente en las filas de los conservadores. Y con ellos, muchos de los curas que lo conocieron y padecieron en la arquidiócesis porteña. No es el caso de dar nombres o relatar anécdotas, pero les aseguro que son varias. Sólo así se entiende un dato aparecido en los diarios los últimos días: de los 42.000 jóvenes argentinos que asistirán a las JMJ en Río, sólo 2000 son de la arquidiócesis de Buenos Aires. Era de suponer, en buena lógica, que de allí deberían haber sido un grupo mucho más numeroso, no sólo porque, en general, las parroquias porteñas cuentan con mayor poder económico, sino porque están mucho más cerca de Brasil que los puntanos o que los salteños, y porque se trata de agasajar a su ex-ordinario. A fin de cuentas, el único que sigue lavando y zurciendo zoquetes papales parece ser Mons. Taussig, acompañado del P. Ianuzzi y de los curas del IVE que están temblando por la que se les viene, o la que se les vino más bien y no saben todavía cómo anunciarla…

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Cerrando el paréntesis y volviendo al hilo del post, Bergoglio nunca promoverá, me parece a mí, la canonización de santos como Domingo Savio o María Goretti, tan fuera de lugar en la sociedad contemporánea, porque el mundo se le reiría en la cara. No sería extraño entonces que comenzara una campaña de canonización de santos populares, suspendiendo si fuera necesario los debidos procesos e inaugurando un fast trackpara ellos, mientras que los santos regionales o de cabotaje, deberían esperar su turno y pagar los más onerosos peajes correspondientes.  ¿De qué otro modo interpretar si no, la canonización de Juan XXIII? No cumpliendo aún los requisitos canónicos -le faltaba un milagro-, el papa decidió canonizarlo porque se le cantó. ¿Qué impide, entonces, que esto se le haga costumbre? Aunque ganas no le faltarían, no creo que lleguemos a Santa Gilda de la Bailanta o a San Nicolás Landoni y los ciento noventa y tres mártires de Cromañón, pero podría sorprendernos con Angelelli o con las monjas irlandesas, con algún laiquillo pacifista de San Egidio o con algún cocalero boliviano muerto por la DEA.

Parece exagerado lo que digo, pero cada día nos damos cuenta de que la patética realidad del personaje está superando la ficción. Es esto lo que sucede cuando los hombres menores acceden a los puestos para los que no fueron hechos: nunca deberemos subestimar su incapacidad.

Como decía el Dante: Sempre la confusion delle persone, principio fu del mal della cittade.

Tomado de:

http://caminante-wanderer.blogspot.com.ar/

Santa Misa Dominical

DOMINGO 8º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Rinde cuentas de tu administración

Rinde cuentas de tu administración

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¿Un monumento dedicado a San Miguel Arcángel?

Tradicionalmente se representa a San Miguel Arcángel así, revestido con armadura:

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Su arma, una espada:

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En otras ocasiones con una lanza:

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El pasado 5 de julio, Francisco y Benedicto XVI, inauguraron juntos una estatua de San Miguel Arcángel, con una altura de 5 metros, está situado en los jardines de Vaticano. Hasta allí, todo bien.
Estudiemos de cerca esta estatua : San Miguel está representado como un bello y joven efebo, enteramente desnudo o casi, más cercano a las estatuas de Apolo que a una representación tradicional del jefe de los arcángeles, generalmente revestido de una armadura, lo que es lógico pues San Miguel es el jefe del ejército celestial. Esta estatua, diabólicamente sensual, está venciendo a otro, parcialmente revestido con lo que parece ser el resto de una armadura.  Ambos reposan en una base con forma de globo terráqueo, en la que se inscribe una cita en latín con las palabras de Cristo de que las puertas del infierno no prevalecerán contra su Iglesia. Curiosamente,la lanza del vencedor está orientada no hacia el vencido sino hacia el globo terráqueo.

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DOMINGO 7º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

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EL SANTO ROSARIO EN ESPAÑOL

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Santa Misa Dominical

DOMINGO 6º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen entre las gentes

Y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen entre las gentes

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Especial de San Pedro y San Pablo

San Pedro y San Pablo

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES

FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

SANTA MISA, FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

 

Nerón está muerto. San Pedro y San Pablo viven eternamente

San Pedro, San Pablo, orate pro nobis.

San Pedro, San Pablo, orate pro nobis.

EL SIGLO 

LOS HOMBRES Y LAS IDEAS

(Ernest Hello)

SAN PEDRO Y SAN PABLO

Para designar al hombre, las diversas lenguas sólo tienen una palabra, la lengua latina tiene dos: HOMO Y VIR. Estas dos palabras expresan dos cosas absolutamente contradictorias. La primera significa la debilidad, la segunda la fuerza. Sus etimologías acentúan la oposición de ambos vocablos. HOMO viene de HUMUS, TIERRA, VIR viene de VIS, fuerza. La materia y el  espíritu, el cuerpo y el alma, están, pues, designados por esos dos nombres. El cuerpo y el alma forman al hombre; HOMO y VIR están unidos en la lengua latina. 

San Pedro y  San Pablo son inseparables en el vocabulario cristiano. Unidos en la misma tumba dentro de la basílica del mundo, están también unidos por su fe, unidos por su culto, unidos en las fórmulas y en los pensamientos, unidos en las oraciones y unidos en los anatemas. Existen amenazas que llevan la maldición de San Pedro y San Pablo, existen creencias que se guarecen bajo la autoridad de San Pedro y San Pablo. Existen oraciones que arrodillan al género humano a los pies de San Pedro y San Pablo. El género humano se reconoce pecador ante su presencia, y recita el “Confiteor”. Esta palabra universal y tan frecuente, que tan bien se aplica al hombre, esta palabra de la miseria que se acusa o de la confianza que implora, esta oración que se llama “Confiteor”, une dos veces los nombres de Pedro y Pablo, la primera vez, el hombre se reconoce culpable ante ellos; la segunda vez, levanta su cabeza hacia ellos para rectificarse y para continuar.  Y por casualidad, ¿no será que la palabra hombre, HOMO, se aplica mejor a San Pedro, y la palabra  hombre, VIR, a San Pablo?. Sigue leyendo

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

San Juan Bautista

Por San Bernardo

Era una lámpara encendida y resplandeciente

Era una lámpara encendida y resplandeciente. Sólo lucir, es pura vanidad; sólo arder, no basta. Lo perfecto es arder y lucir.
Escuchemos la Escritura: El hombre religioso es estable como el sol, el necio muda como la luna. La luna resplandece, pero sin ardor: lo mismo está llena que menguante o vacía. Como tiene luz prestada cambia sin cesar: crece, mengua, se agota, se agota, se apaga y desaparece totalmente. Lo mismo ocurre a quienes se apoyan en los labios de los otros: tan pronto son muy grandes como insignificantes o nulos, según interese a sus aduladores vituperarlos o adularlos.
En cambio, el resplandor del sol es puro fuego, y cuanto más arde más nos deslumbra. Eso mismo es el hombre prudente: su ardor interior irradia al exterior. Y si no puede unir ambas cosas, prefiere ante todo arder, para que le recompense su Padre que ve lo escondido. ¡Pobres de nosotros hermanos, si unicamente brillamos! Porque es innegable que lucimos y nos aplauden los hombres. A mí me importa muy poco que me exija cuentas un tribunal humano: quien me las pide es el Señor, el cual exige a todos arder, no brillar. Recordadlo: He venido a encender fuego en la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Este es el mandamiento universal y lo que se espera de todos; y si falta esto no valen excusas. Sigue leyendo

Santa Misa Dominical

DOMINGO 5º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Ve a reconciliarte con tu hermano.

Ve a reconciliarte con tu hermano.

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Santa Misa Dominical

DOMINGO 4º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

De hoy en adelante serás pescador de hombres.

De hoy en adelante serás pescador de hombres.

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FIESTA DEL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

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JUEVES SIGUIENTE AL

TERCER DOMINGO

DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

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Santa Misa Dominical


DOMINGO INFRAOCTAVA

DEL SAGRADO CORAZÓN,

Y

3º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Y va a buscar la perdida, hasta encontrarla.

Y va a buscar la perdida, hasta encontrarla.

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Primer Sábado del Mes de Junio de 2013

Inmaculado Corazón de María

GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)

Sor Lucía, la última vidente de Fátima

Sor Lucía, la última vidente de Fátima

 

La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:

1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.

2. La Comunión el mismo sábado.

3. Rezar una parte del santo Rosario.

4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.

5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.

Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:

1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.

2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.

3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.

4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.

5. Los que profanan sus sagradas imágenes.

Tomado de:

http://santa-maria-reina.blogspot.com

Primer Viernes del Mes de Junio de 2013


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¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.

Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA.  en estos términos:

“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.

En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:

1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,

2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…

Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.

¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!

¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:

1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;

2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;

3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

Tomado de: 

http://misa_tridentina.t35.com

Especial del Sagrado Corazón de Jesús

†

DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

DEVOCIONES AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

LA VIDENTE DEL SAGRADO CORAZÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 

VIERNES DESPUÉS DE LA OCTAVA DE CORPUS

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SOLEMNIDAD DEL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS

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Santa Misa Dominical

DOMINGO INFRAOCTAVA DEL CORPUS

Y

2º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Trae cuantos pobres, lisiados, ciegos y cojos hallares.

Trae cuantos pobres, lisiados, ciegos y cojos hallares.

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LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

Por: SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

 

Haec est dies quam fecit Dominus.

«Éste es el día que hizo el Señor»

(Psal. CXVII, 24)

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Todos los días proceden de Dios: su bondad es la que mantiene la admirable sucesión de los mismos. Sin embargo, Dios ha concedido seis de ellos al hombre para que atienda todos sus trabajos  y necesidades, y Él se ha reservado el séptimo. El domingo es, por tanto más especialmente el día del Señor. Más entre todos los días hay uno que se llama, por antonomasia, el día de Dios, o el día de la Fiesta del Señor. Este es verdaderamente, el día que Dios se reservó para sí, para su gloria y para manifestarnos su amor. La Fiesta de Dios…, ¡que nombre más hermoso! La Fiesta de Dios y también nuestra fiesta. Veamos cómo.

I

La fiesta que la Iglesia intitula del santísimo Cuerpo de Jesucristo – Festum sacratissimi Corporis Christi– es el único día consagrado a honrar exclusivamente su persona adorable y su presencia real y viva entre nosotros. Las demás fiestas celebran algún misterio de su vida pasada: son hermosas y honran a Dios, y son muy fecundas en gracias para nosotros. Con todo, no son más que un recuerdo, un aniversario de un pasado ya lejano que no revive sino en nuestra piedad. El Salvador no está ya en estos misterios; los realizó una vez, y después… ya sólo permanece su gracia. Más aquí hay un misterio actual: la fiesta está ordenada a la persona viva de nuestro adorable Salvador, que se halla presente entre nosotros. Por eso se celebra de una manera particular. En ella no se exponen reliquias o emblemas del pasado, sino al mismo que es objeto de la fiesta, que es algo actualmente vivo. Por manera que en los países en los cuales Dios goza de libertad, todo el mundo proclama su presencia, todos se prosternan en señal de acatamiento; los mismos impíos se conmueven e inclinan ante Él ¡Dios está allí! ¡Que gloriosa es para la presencia de nuestro señor Jesucristo esta fiesta en la que todos le reconocen y le adoran!

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

Es también la fiesta más amable. Nosotros no hemos presenciado todos esos misterios de la vida y muerte del Salvador que celebramos en el transcurso del año; si bien nos regocijamos en ellos, porque de ellos fluyen las gracias a raudales sobre nosotros. Más aquí nosotros mismos participamos del misterios; se realiza a muestra vista: este misterio es para nosotros; y entre Jesús viviendo en el santísimo Sacramento, y nosotros viviendo en medio del mundo, hay cierta relación de vida, hay una relación de cuerpo a cuerpo; por eso esta fiesta se denomina simplemente fiesta de nuestro Señor. Por este cuerpo nos ponemos en contacto inmediato con Jesucristo, que se convierte en nuestro alimento, que se hace nuestro hermano y nuestro huésped. ¡Fiesta del cuerpo de Jesucristo! ¡Cuánto amor no encierra este nombre, tan humilde y acomodado a nuestra miseria! Jesucristo deseó esta fiesta para acercarse todavía más a nosotros, a manera de un padre que espera  a que su hijo le felicite en sus días de fiesta para demostrarle más vivamente su amor paternal y concederle algún favor especial.

Que esta sea una fiesta de franca alegría y de grandes esperanzas para nosotros de alcanzar con ocasión de ella los más amplios favores. Todos los himnos y todos los cánticos de esta solemnidad expresan este pensamiento, es a saber: que Jesucristo se mostrará con todos más propicio que en los demás días. Parece que la Iglesia debería celebrar la fiesta de que hablamos el día de jueves santo, día en el cual fue instituida la Eucaristía; pero en ese día de duelo no hubiera podido celebrar con bastante esplendor y magnificencia toda su alegría; el Jueves santo comienza la pasión, y sería imposible juntar el júbilo y la santa expansión de aquella solemnidad con el pensamiento de muerte que predomina esos días augustos de semana santa. La fiesta del Corpus se retrasó también hasta después de la ascención, porque aún quedaban tristes despedidas que hacer;  había de tener lugar todavía una dolorosa separación, y se aplazó hasta después del Pentecostés, para que llenos de los dones y alegrías del Espíritu santo, pudiésemos celebrar con todo el esplendor posible la fiesta del divino esposo que habita entre nosotros.

II

corpus-christi8La fiesta del Corpus es la mayor festividad de la iglesia. La Iglesia es la esposa de nuestro Señor glorioso, de nuestro Señor resucitado y no de Jesucristo en su nacimiento o en su muerte; cuando se realizaron estos sucesos la Iglesia no existía todavía. Sin duda que la Iglesia querrá celebrar todos los acontecimientos de la vida de su divino esposo en Belén y en los sufrimientos de su pasión; pero de todos esos misterios no tendrá sino el recuerdo y las gracias que ellos encierran.

Más Jesucristo se halla con su Iglesia y está vivo en el Sacramento. Los que nunca han entrado en un templo cristiano, juzgan que la Iglesia es una viuda, o un cadáver, y consideran sus templos como lugares en los cuales no se habla más que de muerte y de sufrimiento. Más ved lo que sucede: esos mismos que no asisten jamás a sus solemnidades, la admiran hoy viéndola tan hermosa y rica, y agraciada con sus dones naturales, a todo lo cual da mayor realce la presencia de  su Dios…, de su esposo. ¡Que esplendido cortejo la acompaña! ¡Cómo doblan los fieles las rodillas! ¡La Iglesia ostenta a su esposo a la faz del mundo en la radiante custodia! ¡Ah! ¿Quién la podrá llamar viuda en éste día? ¡Sus amigos adoran, sus enemigos tiemblan! Jesús se ofrece a la vista de todos, bendice a los buenos, mira con lástima a los pecadores, llamándolos y atrayéndolos. El triunfo de la fe llama el Concilio de Trento a esta fiesta, y ciertamente que lo es como es también el triunfo de la Iglesia, merced a su divino Esposo.

III

En fin, esta fiesta es la de nosotros los adoradores del santísimo Sacramento. La congregación del santísimo Sacramento con todas sus ramificaciones no existe sino para consagrar a Jesucristo una fiesta del Corpus continua. Prolongar esta fiesta durante todo el año…, he aquí la norma de nuestra vida y de nuestra felicidad. Nosotros dejamos a otros hijos de la Iglesia el cuidado de los pobres, la curación de las llagas morales y físicas de la pobre humanidad y la administración de los sacramentos; nosotros solamente somos llamados a a perpetuar la fiesta del Corpus. Esta es, por tanto, nuestra fiesta especial, la festividad de nosotros los religiosos. En cuanto a vosotros, ¡oh, hermanos míos!, puede llamarse también vuestra fiesta. ¿No os habéis consagrado enteramente al servicio del santísimo Sacramento? Durante la noche os retiráis vosotros y nos confiáis la guarda de nuestro Señor…; así lo exigen las conveniencias; pero dejáis vuestro corazón a los pies del divino rey y puede decirse que pasáis aquí la vida. Por lo demás, cuando comulgáis, ¿no celebráis en vuestros corazones una verdadera fiesta del Corpus? ¡Ah, bien sabéis que alegría y que felicidad trae consigo Jesús…, hasta me atrevería a decir que para las almas que saben comulgar no hay más que una fiesta: ¡comulgar! Hallan aquí al que es objeto de todos los misterios, a Aquél que los ha consumado y en cuyo honor se celebran, en tanto que la mayor parte de los cristianos no tienen de ello sino un vago recuerdo.

Aún más: si nuestro señor Jesucristo no viviera en su sacramento, todas las fiestas cristianas no serían otra cosa que funerales repetidos. Pero la Eucaristía es el sol de las fiestas de la Iglesia; las ilumina y les comunica vida y animación.

Con sobrada razón se ha dicho que el alma que comulga bien y a menudo asiste a un continuo festín: iuge convivium. Vivir en sí mismo con Jesús, en Jesús, de Jesús y por Jesús es transformarse en un tabernáculo y en un precioso copón. ¡Oh, que grande es la alegría de esas almas, alegría pura e inalterable!

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Ea, pues, sabed distinguir este día de todos los demás. Nuestro Señor tiene también sus días en los cuales se manifiesta como rey: tal es el de hoy. Propio de reyes es hacer mercedes. Ofrecedle vosotros vuestros homenajes, y Él, en cambio, os lo concederá todo, porque se os dará a sí mismo con mayor efusión de gracias. Bien sabe distinguir entre sus amigos y conoce a los que debe favorecer con más abundantes gracias. Lo que deseo y anhelo de vosotros en este hermoso día, no es que seáis grandes santos cargados de virtudes magníficas y extraordinarias -¿cuando lo seráis?-, sino que seáis felices en el servicio de Dios, y también que nuestro señor Jesucristo se comunique a vosotros más tierna y afectuosamente. Siniendoos más amados, haréis de vosotros una entrega más completa y el resultado de estos dos amores será la unión perfecta. En esto estriba la santidad y la perfección; pedid confiadamente a Jesucristo que os haga llegar a este estado. Dadle vuestro corazón todo entero. Jesús es un padre tierno y cariñoso y es necesario que vosotros seáis para con Él hijos amantes: Jesús es un amigo afectuoso…; gustad su amor. Tiemblo ¡ay!, por la salvación del que no ha probado nunca la bondad de Dios. ¡Introducíos y penetrad en esta bondad inmensa! Sentite de domino in bonitate. 

740ae-adornos6 Tomado de: 

Nueva Sección

Espíritu Santo

Hoy martes de Pentecostés ve la luz esta nueva sección, dedicada a una herejía que ha logrado infiltrarse en la Iglesia con el fin de debilitarla desde el interior, esta herejía está disfrazada con piel de oveja por lo que parece católica, pero no lo es, este movimiento proviene de la herejía y el fenómeno se ha extendido en toda la Iglesia Católica, como un incendio, hablo del Movimiento de la Renovación Carismática «Católica» en el Espíritu Santo.

Renovación Carismática Católica

Renovación Carismática Católica

Para ir a la nueva sección, ir a la página de Reflexiones.

ó clic en este enlace.

Secuencia del Domingo de Pentecostés

palomita y 7 lenguas de fuego - espiritu

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres; ven, dador de las gracias; ven lumbre de los corazones.

Consolador bonísimo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio.

Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto.

O luz santísima, llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea inocente.

Lava lo que está manchado, riega lo que está árido, cura lo que está enfermo.

Doblega lo que es rígido, calienta lo que está frío, dirige lo que está extraviado.

Concede a tus fieles, que en Tí confían, tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación dales, el eterno gozo. 

Amén. Aleluya.

Fuente:

MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B. De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica)

Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)

Página:724.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano (Pío X).

Especial de Pentecostés

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo

Pentecostés

Santa Misa Dominical

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Secuencia del Domingo de Pentecostés 

Emitte Spiritum tuum, et creabuntur: et renovabis faciem terrae.

Especial de Ntra. Sra. de Fátima

Reparemos el corazón de Nuestra Santísima Madre

Reparemos el corazón de Nuestra Santísima Madre

 
 
 
 
 
 
 

ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

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Exposición dogmática

La segunda festividad que se celebra en el Tiempo Pascual es la de la Ascensión, coronamiento de toda la vida de Jesús.

Convenía, en efecto, que el divino Resucitado no pisase más el barro de este nuestro mísero suelo, sino que volviese al Padre en cuyo seno nació, en cuanto Dios, desde la eternidad.

Éste recibió a la Santa Humanidad de su Hijo «con gozo tal que ninguna criatura es capaz de expresarlo» (S. Cipriano).

Era menester que Cristo tomase posesión del reino de los cielos con su Pasión conquistado y que, «colocando nuestra frágil naturaleza a la diestra de la gloria de Dios», nos abriese de par en par la casa de su Padre y nos hiciese ocupar, como hijos de Dios que somos, los sitiales dejados vacíos por los ángeles caídos.

Así que Jesús entra en los cielos vencedor de Satanás y del pecado, los Ángeles le aclaman como a rey suyo, las almas de los Justos salidas de los Limbos forman su gloriosa escolta. «Me voy a prepararos un lugar»,dijo a sus Apóstoles. S. Pablo afirma que Dios nos ha hecho asentar con Jesús en los cielos, porque, por la esperanza, ya somos salvos, y parece natural que allá donde está la cabeza, allá estén también sus miembros. Por donde el triunfo de Jesús es a la vez el triunfo de su Iglesia.

Así como en la Ley Antigua entraba el Sumo Sacerdote en el Santo de los Santos para ofrecer a Dios la sangre de las víctimas, así Jesús entra en el Santo de los Santos de la celestial Jerusalén, para ofrecer su propia sangre, la sangre de la Nueva Alianza, y para recabarnos los divinos favores.

El día de la Ascensión es aquel en que al mostrar Jesús al Padre sus gloriosas llagas, inauguró su sacerdocio celestial y nos alcanzó el Espíritu Santo con sus dones.

La Ascensión, complemento de todas las fiestas de Cristo, es asimismo el principio de nuestra santificación. «Se ha elevado a los cielos para hacernos particioneros de su divinidad» (Pref.). Y es que no le bastaba al hombre apoyarse en los méritos que la Pasión del Redentor le granjeara, no le bastaba tampoco unir a ella el recuerdo de su Resurrección. El hombre no ha sido restaurado sino mediante la unión de esos dos misterios con un tercero, con el misterio de la triunfante Ascensión de Jesús a los cielos.

Exposición histórica

Cuarenta días después de la Resurrección de Cristo celebra el Ciclo pascual el aniversario del día que señala el término del reinado visible de Jesús en la tierra.

Los Apóstoles que, al acercarse Pentecostés, habían acudido a Jerusalén, estaban reunidos en el Cenáculo cuando Jesús se les apareció y comió con ellos por última vez.

Luego los sacó camino de Betania al Monte de los Olivos, que es el más alto de cuantos rodean a la santa Ciudad.

Jesús entonces, bendijo a sus Apóstoles y cual águila real, volose al cielo, a eso del mediodía. Una nube le ocultó a sus miradas y dos Ángeles anunciaron a los Discípulos cómo Cristo que ahora se iba, había de volver al fin del mundo.

Exposición litúrgica

La solemnidad de la Ascensión se confundió en otros tiempos con la de Pentecostés; ya que el tiempo Pascual era considerado todo él como una fiesta continuada, que no terminaba hasta la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Pero pronto se celebró la Ascensión el día 40 después de la Resurrección, lo mismo que su vigilia y Octava. El rito simbólico que la caracteriza es el de apagar el Cirio pascual, cuya luz figuraba durante esta santa cuarentena a Jesús, presente en medio de sus discípulos. Se le apaga después del Evangelio de ese día, en que se nos habla de la partida del Redentor para el cielo.

Los ornamentos blancos y el Aleluya «esa gotita de gozo sumo, en que nada la celestial Jerusalén», en frase de Ruperto, significan la alegría en que la Iglesia nada al acordarse del triunfo de Jesucristo, y al pensar en la dicha de los Ángeles y de los Justos de la Antigua Ley, que de ella participaron y de la espera del Espíritu Santo, que permitirá también a la Iglesia asociarse a ese triunfo.

ORACIÓN

Conceded, os rogamos, oh Dios omnipotente, que pues creemos que en este día subió al cielo vuestro Unigénito y Redentor nuestro, habitemos también nosotros en el cielo con Él en espíritu. Por J. C. N. S.

Fuentes:
– Misal Diario y Vesperal por Dom Gaspar Lefebvre, O.S.B.

Tomado de: http://eccechristianus.wordpress.com

Especial de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR

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VIGILIA DE LA ASCENSIÓN

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 Santa Misa del día

Fiesta de la Ascensión del Señor

Felices Pascuas

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Ninguna otra cosa deseo a mis lectores como don pas­cual, sino la Sabiduría. Este don pascual no es una ópera, sino el regalo que en otro tiempo se hacían los amigos por Pascua. Por la Sabiduría hizo Dios los cielos y la tierra. La Sabiduría asistía al trono de Dios cuando hacía el mundo, y ella jugaba en su presencia con todas las cosas, los formidables juegos del cielo y del infierno, que son más serios aún que el terrible juego de la guerra, y el ardiente juego de la revolución. Dijo el rey Alfonso el Sabio que este mundo si no está mal hecho, por lo menos lo parece. En realidad ahora está mal hecho, está al revés;está desordenado por el Pecado, que es el receso de la Sabiduría. Por falta de Sapiencia el mundo está patas arriba y Dios se está divirtiendo en ponerlo de pie, cueste lo que cueste.

Dice Jules Romains en una de sus novelas (Verdún) esta blasfemia: “El dulce Cristo de los Evangelios ¿no tenía otro modo de enseñar religión al mundo que esta masacre?”. Pues, no señor, no tenía. Y uno de los culpables de eso es usted, judío pérfido…

¡Oh Sapiencia de Dios! ven aprisa ven,

mi nurse y mi novia veraz te he pedido

al Señor en la misa de la fiesta de Santo Tomás.

En tiempo de Santo Tomás había monjes que no hacían más que rezar, cantaban el breviario seis veces al día durante largas horas. Con ellos se educó Santo Tomás en Montecasino. Ahora también los hay, pero la gente cree que son una especie de Open Door, que hay que dejarlos solos, ya que les da por eso. “Déjen­los no más que hagan iglesias —pensaban nuestros padres los liberales— total cuando necesitemos plata les quitamos los conventos y chau”. Pero la gente antigua iba a estos conventos siempre abiertos: y miraba y oía cantar .Vísperas y Maitines sin entender gran cosa: y aprendía una gran lección de Sabiduría, la lección de no hacer nada fuera de conocer a Dios. Veía intermi­nablemente esos hombres muertos, inmovilizados, auto­matizados, en cuerpo y alma dedicados a cantar la pala­bra de Dios, porque una palabra no es del todo inteli­gible mientras no se convierta en canto. Y entonces el pueblo que no es zonzo cuando le muestran cosas —aun­que lo es cuando lo emborrachan con palabras- entendía la lección de los Absortos en el Más Allá; que lo más importante de la vida es entender a Dios, mucho más que ganarse la vida; y que hay que cesar a ratos de ganarse la vida y reprimir el trajín de lo tem­poral, para ver si suena allá adentro la Voz antigua y nueva.

Ahora todo se acabó. El pueblo tiene la radio y oye la palabra de Dios, de Jesucristo y del “obispo de los obreros” por boca de Soiza Reilly a través de Radio Belgrano. Entonces, como Dios está de parte de la Sapiencia —que es su Hijo—, enseña la sapiencia a los pueblos como puede, con otro sistema que todos oyen incluso por radio, aunque tiene más de ruido que de canto. ¿Qué creen ustedes que saca Dios de la guerra? ¿Castigar los pecados? Desde luego. Pero ningún sabio castiga sin sacar algo del castigo, dice Santo Tomás de Aquino. Lo único que saca y puede sacar Dios de la guerra es sabiduría para los que queden. Es tan gran­de cosa la sabiduría, que juzga Dios bien empleados los miles de vidas jóvenes tronchadas en flor —¡y qué pérdida de mano de obra para la industria y el comer­cio!— con tal de que un solo joven acrezca un solo grado su conocimiento de lo divino. Para que un solo hombre lo conociese, hizo Dios todas las estrellas; y sería también capaz de deshacerlas, si fuera necesario.

Las admirables costumbres de los viejos pueblos europeos, ese equilibrio vivaz del italiano, esa sensatez recia del español, esos dichos, máximas, lenguajes, mo­dos, normas de vida, rituales, ratinas y hasta supersti­ciones henchidas de luz y de sentido que hoy vamos a desenterrar a las aldeas fueron hechas a fuerza de siglos de lucha, de paciencia, de riesgo, de infatigable enseñanza. Ahora todo eso acabó; no lo salvarán los “folkloristas”. “Et erunt docibiles Dei”. Serán enseñables a Dios. Sólo Dios puede enseñarnos de nuevo. Y para eso debe hacernos primero “docibiles”, es decir, dóciles. La letra con la sangre entra. ¡Cuán gran conciencia está entrando poco a poco en la humanidad de que todos los esfuerzos humanos, aun los mejor intenciona­dos, sin Dios no son más que Cartas del Atlántico!

El mundo está al revés. La Argentina está en el mundo. Por ejemplo, aquí en la Argentina hay maes­tros frívolos, y también escandalosos, que no pueden educar a ningún niño; antes al contrario. Esto es sabi­do desde que yo nací; y también lo saben en La Prensa y La Nación. Hay maestros de los que dijo el Divino Maestro: “Más les valiera que atada al cuello una mue­la molinera, los echaran al mar”. Si una madre adver­tida quiere defender a sus hijos del mal ejemplo, no puede: a causa de la “obligatoriedad escolar”. Para mejor, en la Provincia han suprimido hasta la precaria escapatoria de inscribir al niño, educarlo la madre y dar los exámenes como libre. Pues bien, todo eso: arrancar al niño pobre del hogar para entregarlo a la mala maestra es contra el derecho natural. ¿Han pro­testado alguna vez La Prensa y La Nación, esos “de­fensores de la persona humana”? Jamás. Viene el doc­tor Olmedo y pone en comisión al magisterio a ver si puede mejorarlo un poco; y estos hipócritas ponen el grito en las nubes, porque el doctor Olmedo ha come­tido un sacrilegio. Los 50.000 abribocas que todavía se zampan los editoriales de La Prensa empiezan a decir: “¡Miren lo que hizo Olmedo! ¡Miren lo que hizo Olmedo!” y la gente se conmueve ¡oh, por poco tiempo! A esto lo llamamos nosotros el mundo al revés.

Y así podíamos seguir con los ejemplos hasta la página del extracto de la lotería. Le cuesta a la gente convencerse de que estamos en tiempo no ordinario. Por eso esta semana santa no he hecho más que pedir a Dios la Sabiduría. Europa ha entrado en la prima­vera sangrienta, y la Argentina en el invierno crítico. No nos distraigamos demasiado. Son los deseos deMilitis Militorum.

 

Leonardo CastellaniCabildo, Buenos Aires, N° 544, 12 de abril de 1944.

Tomado de:

http://statveritasblog.blogspot.mx/

Si habéis resucitado con Jesucristo,

buscad las cosas de arriba, gustad las cosas de arriba

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Ceremonia del fuego nuevo, en la misa de Resurrección.

      Si habéis resucitado con Jesucristo, buscad las cosas de arriba, gustad las cosas de arriba.

Cuando se ha resucitado con Jesucristo, gusta poco lo que es de la tierra; todos los deseos, todas las ansias y todos los suspiros son por cosas del cielo. La resurrección espiritual produce en el alma casi los mismos efectos que la resurrección corporal en el cuerpo. Esta resurrección espiritual es una nueva vida: un hombre resucitado espiritualmente es un hombre nuevo que no retiene ninguna de las imperfecciones del hombre viejo.

¡Qué brillante luz en el espíritu! ¡Qué pureza de deseo en el corazón! ¡Qué regularidad de costumbres y de conducta todo el tiempo que le dura la vida! Los deseos terrenos no nacen sino de un corazón corrompido. Un corazón aguado por las pasiones produce todas esas espesas nieblas que oscurecen el espíritu.

Todo es terreno en un hombre poco cristiano. Verdades sublimes, moral santa y espiritualidad práctica, este es un lenguaje desconocido para un alma terrena. De aquí los corazones duros, esos espíritus embotados, esas obstinaciones en el mal, esas ceguedades espirituales y esas impenitencias finales. La noción más justa y más cabal de una persona mundana, ó que vive según el espíritu del mundo, dice é incluye todo esto.

Estamos sordos á la Voz de Dios cuando no somos de sus ovejas, no se conoce está Voz cuando no se está en el rendil. De aquí estas grandes dificultades para convertir á un mundano, y á una mujer que no está animada sino del espíritu del mundo. De aquí proviene el convertirse tan pocos herejes. ¿Se ha resucitado con Jesucristo? Inmediatamente nos hacemos del todo espirituales. Las pasiones extinguidas, ó a lo menos mortificadas, no hay que temer exciten revoluciones en el hombre interior.

Un corazón purificado por la gracia no es ya un terreno fecundo de malignas exhalaciones. El aire es demasiado puro para que forme nublados: la fe es demasiado viva para que sufra confusiones: el cielo, bajo del cual se vive entonces, es demasiado sereno, y la mar en que estamos embarcados está demasiado en calma para que no deje á nuestra alma toda la libertad de pensar y de obrar como cristianos. Ella descubre entonces el vacío y la nada de los bienes criados, el falso brillo de las honras mundanas, y el veneno de esos placeres que encantan.

Ciudadanos de la celestial patria no pueden mirar la tierra sino como un lugar e destierro. No se suspira sino por el cielo, no se encuentra solidez sino en los bienes del cielo; todo otro gusto es extraño, y es un gusto depravado, el cual siempre es señal cierta de que el alma está enferma.

El espíritu y las máximas del mundo dan lástima y causan compasión á los que han resucitado verdaderamente á la gracia. Este puñado de días, en qué consiste la más larga vida, pierde todos sus atractivos desde el momento en que se compara con la eternidad. Todo es encanto para quien no ha resucitado con el Salvador. Dignidades brillantes, empleos ostentosos y tesoros inmensos, todo deslumbra y todo encanta á un corazón material y á un espíritu terreno.

Con la resurrección espiritual se desvanece el encanto, el hechizo se cae por si mismo y el fantasma despojado de la mascarilla y descubierto, ya no es fantasma y parece lo que es.

¡Qué desgracia la de aquellos que en estas fiestas de Pascua no experimentan los saludables efectos de la resurrección! ¡Ay de aquel que persevere en sus tinieblas! Con solos los que han salido de Egipto obra Dios prodigios. El maná es solamente para los que han pasado el Mar Rojo, y han sido lavados por la sangre del Cordero.

AÑO CRISTIANO

Pags. 456,457 y 458

Rev. P. Juan Croisset, S.J.

LIBRERÍA RELIGIOSA

Tomo II Domìnicas

Barcelona, 1863

 

Tomado de:

http://forocatolico.wordpress.com/

 

Felices Pascuas de Resurrección

Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus:  « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.

Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.

El blog 

!Les desea felices pascuas de resurrección!