1er. Aniversario del Canal Ortodoxia Católica en YouTube

Ortodoxia Católica, este apostolado que nació hace 17 años, como blog, y hoy hace un año que continúa, pero ahora en video.

Ortodoxia Católica es un canal de formación doctrinal y bíblica para laicos, fiel al Magisterio perene de la Iglesia.

Aquí encontrarás clases académicas, cursos completos de Sagrada Escritura y teología, presentados de forma clara, sistemática y seria.

Su fundador, Arturo Medina Muñoz, es bachiller en teología, profesor diocesano durante siete años y formador bíblico con más de dos décadas de experiencia.

Cursos actuales:
– Apocalipsis de San Juan (catecismo en preguntas y respuestas)

Enfoque: académico, formativo y doctrinal.

ORTODOXIA CATÓLICA
Formación bíblica y teológica

¿Sabías que Jesús sí nació el 25 de diciembre?

25 de diciembre Natividad del Señor

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¿Sabías que Jesús sí nació un 25 de diciembre?

25 de diciembre Natividad del Señor

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Jesús sí nació el 25 de diciembre

25 de diciembre Natividad del Señor

Uno de los innumerables mitos que son moneda corriente en este mundo de tópicos es que la celebración de la Navidad en el 25 de diciembre procede de la sustitución de una fiesta de adoración al sol. Se dice que el cristianismo adoptó y adaptó fechas y costumbres paganas a fin de ganar más aceptación y para que no les costara tanto a los paganos abandonar su religión y abrazar la cristiana. En realidad esto no tiene mucho sentido, dado que los primeros cristianos, al contrario que tantos de hoy, no se andaban con tibiezas ni claudicaciones cobardes, aunque terminaran en las fauces de los leones o formando parte del alumbrado público romano en las famosas teas de Nerón.

Lo cierto es que la idea del origen pagano de la Navidad se remonta a fines del siglo XVII y principios del XVIII. Un protestante alemán llamado Paul Ernst Jablonski quiso demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de muchas costumbres paganas que había adoptado la Iglesia del siglo IV mientras supuestamente se degeneraba y apartaba del cristianismo puro que habían predicado los apóstoles.
Dom Jean Hardouin, monje benedictino, se tragó el cuento y trató de demostrar que, en efecto, la Iglesia católica había adoptado y cristianizado festivales paganos, aunque sin paganizar el Evangelio. Como en el calendario juliano vigente desde Julio César el solsticio de invierno caía en el 25 de diciembre, tanto Jablonski como Hardouin estaban convencidos de que esa fecha había tenido un sentido claramente pagano antes de cristianizarse.

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Jaime Balmes explica la importancia de saber pensar bien

El Criterio, obra majestuosa del sacerdote catalán Jaime Balmes, es una de las cumbres del pensamiento católico hispano.

Este brillantísimo pensador, filósofo y ensayista se empieza preguntando en la mencionada obra en qué consiste pensar bien. Es muy importante tener claro este concepto básico y más en estos tiempos en los que apenas se piensa y si se piensa se hace torcidamente.

Para Balmes el pensar bien consiste o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte caemos en el error.

Conociendo que hay Dios conocemos una verdad esencial, porque realmente Dios existe. Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de Dios y de las cosas creadas por Dios. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

Un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesión, piensan y hablan mejor sobre ellos que un presuntuoso filósofo, que encumbrando conceptos y diciendo altisonantes palabras quiere dar lecciones sobre lo que no entiende.

Cuando conocemos perfectamente la verdad, nuestro entendimiento se parece a un espejo en el cual vemos retratados, con toda fidelidad, los objetos como son en sí. Cuando caemos en el error, se asemeja a uno de aquellos vidrios de ilusión que nos presentan lo que realmente no existe. Cuando conocemos la verdad a medias, podría compararse a un espejo mal colocado que refleja los objetos demudados, alterando los tamaños y las figuras.

Un buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.

Otros adolecen del defecto contrario: ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino, por un lado; si éste desaparece ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país; fuera del horizonte al que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.

Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; lo mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de estos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontraréis una idea, y esta idea veis que corresponde con la realidad de las cosas.

Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfecho; decís con entero asentimiento: “Sí, es verdad, tiene razón”. Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar, con oportunidad, los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga. El sendero es tenebroso, porque está en las entrañas de la tierra; pero os precede un guía muy práctico, llevando en la mano una antorcha que resplandece con vivísima luz.

El perfecto conocimiento de las cosas en el orden científico forma los verdaderos sabios, en el orden práctico para el arreglo de la conducta en los asuntos de la vida forma los prudentes.

Hay que concluir que el arte de pensar bien no sólo interesa a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Creador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones. Por lo tanto, uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esa luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas, y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro que se ponga obtuso y estúpido y, por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre y bien dirigida para que no nos extravíe.

Javier Navascués 

Tomado de:

https://adelantelafe.com/

 

Cuentos con moraleja “Un buen ejemplo”

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25 octubre, 2015

Hace años, cuando yo era adolescente, recuerdo que mi abuelo me solía contar historias que habían ocurrido en mi pueblo natal en los tiempos de la Guerra Civil Española; aunque yo me imagino que estas historias eran contadas aquí en España por la gran mayoría de abuelos de esa época.

Fueron años muy difíciles para cualquier cristiano que quisiera mantenerse fiel a su fe. Yo mismo tuve un tío sacerdote a quienes los milicianos le cortaron una pierna. Mi padre me contaba las miles de cosas que tuvieron que hacer para ocultar a unas monjas de la caridad que había en mi pueblo en unas bodegas de mi casa. Me hablaba también del cuidado de debían tener con el fin de evitar cualquier manifestación de culto público, y las muchas cosas que tenían que hacer para paliar el hambre. Cosas que ahora pueden sonar a “cuentos”, pero que fueron totalmente reales. Cosas que hicieron sufrir a todo un pueblo, pero que al mismo tiempo reforzaron su fe, le ayudaron a agarrarse a la cruz de Cristo y vivir siempre preparados, pues nunca podían saber si el nuevo día que alboreaba sería el último de su existencia.

Recuerdo también historias de sacerdotes y religiosas que eran metidos en barriles de vino y echados a rodar por las laderas de un monte que hay detrás de mi pueblo, mientras los milicianos iban disparando tiros a mansalva para ver quién conseguía matar al que iba dentro rodando antes de que el barril se desplomara por el acantilado.

Siempre me gustó leer libros sobre la Guerra Civil Española para así no olvidar a los mártires de nuestro pasado y al mismo tiempo aprender de los errores de nuestra historia con el fin de no volverlos a cometer. Como reza la frase que según parece dijo Cicerón: “El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.

Según cuentan en un libro que leí hace unos años, un sacerdote fue atrapado “in fraganti” mientras daba los últimos sacramentos a un soldado caído en el frente. Este sacerdote fue llevado a la cárcel del pueblo; y sin ningún tipo de juicio, una mañana bien temprano fue puesto en el paredón ante varios milicianos dispuestos a acabar con su vida. Atado de manos y medio desnudo, fue llevado al patio interior de la cárcel, donde los fusilamientos se hacían casi a diario. En esto que uno de los soldados le preguntó por su última voluntad y el sacerdote respondió que le gustaría que le desataran las manos antes de morir. Así lo hicieron. Pero cuando estaba ya el pelotón con las armas dispuestas para abrir fuego, el sacerdote levantó la mano derecha y comenzó a decir en latín: “Benedicat vos omnipotens Deus, Pater…” mientras hacía el gesto de la bendición. Cuando estaba haciendo esto, un miliciano, que llevaba un machete tremendo se acercó al pobre curita y entre insultos y risas le cortó las dos manos. El pelotón se dispuso de nuevo a arrebatarle la vida, cuando el sacerdote, ahora ya sin manos, levantó los dos muñones de brazos que le habían quedado y disponiéndolos en forma de cruz recibió seis o siete disparos que acabaron con su vida.

Entre tanto odio, una vez más triunfó el amor y el perdón. El Señor fue el primero que nos enseñó a amar así: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!” Si otros han sido capaces de perdonar, ¿por qué no nosotros? Si no nos sentimos con fuerza para perdonar de corazón, puede que nos falte aquello que Cristo, este sacerdote y todos los mártires sí tuvieron: un profundo y auténtico amor a Dios.

Padre Lucas Prados

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com