LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA REINA Y SEÑORA DE CIELOS Y TIERRA

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La Solemnidad de la Santísima Trinidad, prevaleciendo en la ocurrencia, obligó este año a desplazar la Fiesta de María Reina.

Con los títulos y oficios de la Maternidad Espiritual, de su Corredención y de su Mediación Universal, que como otras tantas preciosas gemas brillan en la Inmaculada, está íntimamente unido el título, no menos insigne, de Reina y Señora de todo el universo, del que también se halla adornada.

El cargo de rey requiere excelencia de virtud y primacía sobre los miembros de la sociedad. De estas dos cualidades propias del oficio de regir, suelen dar los hombres, por traslación o metafóricamente, el nombre de rey a aquellos en que quienes se reconoce en algún aspecto mayor virtud o primacía sobre los demás. Así a la rosa se la llama reina de las flores; al león, rey de los animales; a Virgilio, rey de los poetas.

Ahora bien, María Santísima supera a todas las criaturas angélicas y humanas, por ser superior a ellas en ministerio, grado, santidad y méritos. Por ello se la llama, y es, Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de los Confesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos.

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