Pedro Romano (VII): El nombre de Petrus Romanus (Conclusión)

San Pedro Apóstol

Y Yo, te digo que tú eres Pedro , y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. San Mateo XVI, 18

El nombre de Petrus Romanus

(Conclusión)

Durante muchos siglos, los incesantes embates del Enemigo contra la Iglesia acabaron estrellándose contra la Roca sobre la cual está edificada. Las herejías fueron fácilmente extirpadas, y en cuanto a los cismas terminaron siempre por quedar claramente delimitados, calificados y contenidos de tal forma que todo el mundo sabía a lo que atenerse.

Al menos así sucedió hasta mediados del siglo XX, coincidiendo aproximadamente con la muerte de Pío XII.

Pero Juan XXIII, nada más ser nombrado Papa, ordenó abrir las ventanas del Vaticano. Con lo cual, además de dejar a sus Predecesores (hasta ahora habían sido de feliz memoria) en una situación no demasiado brillante, obtuvo un resultado parecido a lo que se cuenta sobre la historia de la caja de Pandora. Si fue aire fresco, o fue tal vez otra cosa lo que entró a través de las ventanas, nadie sabría decirlo con exactitud. Aunque pocos años después fue precisamente otro Papa —Pablo VI, de quien es de suponer que tendría razones para saber de lo que hablaba— quien dijo que lo penetrado a través de ellas no fue otra cosa que el humo de Satanás. Lo que no tiene nada de extraño si se piensa que, después de todo, es lo que suele suceder cuando se hacen funcionar los sistemas de ventilación en medio de una atmósfera y de un ambiente sobrecargados de miasmas; o cuando se abren las ventanas sin cerciorarse primero de la clase de vientos que soplan en el exterior, que hasta podrían ser huracanados.

Desgraciadamente, el ambiente que se respiraba en Europa hacia la mitad del siglo XX estaba demasiado saturado de sustancias en descomposición.

En los momentos actuales —segunda decena del siglo XXI— la Iglesia está siendo atacada con mayor ferocidad que nunca. Con la novedad de que ahora está sucediendo desde dentro de la propia Roca sobre la que fue erigida. La Piedra inamovible, base y fundamento que habría de asegurarla para siempre contra cualquier intento de destrucción, está sufriendo en este momento gravísimas acometidas por parte de Alguien o de Algo que ansía derribar todo el Edificio que se sustenta sobre ella. Y la operación posee todas las trazas de lograr el éxito que pretende. Sigue leyendo

El tesoro escondido de la Santa Misa: Por qué oír Misa todos los días

EL TESORO ESCONDIDO DE LA SANTA MISA

por

San Leonardo de Porto Maurizio

CAPÍTULO III


EJEMPLOS OPORTUNOS PARA INCLINAR A LAS PERSONAS DE TODOS LOS ESTADOS Y CONDICIONES A OÍR TODOS LOS DÍAS LA SANTA MISA 

Los que no tienen deseo de asistir a la Misa alegan siempre una multitud de excu­sas, creyendo justificar así su falta de devo­ción. Los verás totalmente ocupados y lle­nos de afán por los intereses materiales; nada les importan los trabajos y fatigas si se trata de acrecentar su fortuna, mientras que para la Santa Misa, que es el negocio por excelencia, sólo encontrarás frialdad e indiferencia. Alegan mil pretextos frívolos, ocupaciones graves, indisposiciones, asuntos de familia, falta de tiempo, en una palabra, si la Iglesia no los obligase bajo pena de culpa grave a oír Misa los domingos y días de fiesta, Dios sabe si pondrían jamás los pies en un altar. ¡Ah! ¡Qué vergüenza! ¡Qué tiempos tan calamitosos los nuestros! ¡Qué desgraciados somos! ¡Cuánto hemos decaído del fervor de los primeros fieles que, como ya dije, asistían todos los días al Santo Sa­crificio y se alimentaban allí del Pan de los Ángeles por medio de la Comunión sacra-mental! Y no es que les faltasen negocios, ni ocupaciones; sin embargo, la Misa, lejos de servirles de molestia, era a sus ojos un medio eficaz de que prosperasen a la vez sus intereses temporales y espirituales.

¡Mundo ciego! ¿Cuándo abrirás los ojos para reconocer un error tan manifiesto? Cristianos, despertad por fin de vuestro letar­go, y que vuestra devoción más dulce y pre­dilecta sea oír todos los días la Santa Misa, y hacer en ella la Comunión espiritual. Para que tú, cristiano lector, formes esta resolu­ción, no encuentro otro medio más eficaz que el del ejemplo; porque es un hecho que salta a la vista, que todos somos gobernados por él. Todo lo que vemos hacer a otros, nos es fácil y cómodo. “Y ¿por qué no podrás hacer tú lo que éstos y aquéllos?”. Éste era el re­proche que SAN AGUSTÍN se dirigía a sí mis­mo antes de su conversión. Voy, pues, a citarte algunos, siguiendo las diferentes categorías de personas, y de esta manera abrigo la esperanza de ganar tu corazón.

§ 1. Ejemplos de varios príncipes, reyes y emperadores 

Los ejemplos de los grandes del mundo causan ordinariamente más impresión que la piedad, aun extraordinaria, de los simples particulares, lo cual confirma la verdad de aquel axioma tan conocido: “El pueblo sigue el ejemplo de su rey”: Regis ad exemplum totus componitur orbis. Bien podría citar aquí un considerable número de aquellos per­sonajes, a fin de animarte a imitarlos y a oír todos los días la Santa Misa; mas para no exceder los justos límites, me contentaré con indicar algunos.

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