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“La Gloria de Dios y la Salvación de las Almas”
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12 de marzo de 2006
En el marco de las festividades del Año Jubilar Guadalupano se ha montado una exposición sobre el P. Miguel Agustín Pro, que nos recuerda la figura del mártir de Cristo Rey. Aquí tendremos la oportunidad de acercanos a las indumentas usadas por el Beato al momento de su máximo testimonio de fe en Cristo Rey del Universo, su martirio.
La exposición fue inaugurada por Mons. Diego Monroy Ponce, Rector de la Basílica de Guadalupe, el 12 de marzo de 2006. La muestra puede admirarse en el interior de la Nueva Basílica hasta fines del mes de marzo.
SEMBLANZA
El Padre Miguel Agustín pro Juárez, fue un hombre simpático y sonriente que hacía reír a todo el mundo. Con gran respeto y amor a las personas así como a las cosas sagradas, hacía bromas y se reía de todo. Llegaba a parecer hasta pícaro y, en ocasiones, poco digno.
Nació un 13 de enero de 1891 en el pueblo minero de Guadalupe, Zacatecas; ingresó a la compañía de Jesús en agosto de 1911, se ordenó sacerdote el 30 de agosto de 1925 y murió fusilado el 23 de noviembre de 1927. “El Padre Pro” fue uno de los protagonistas de mayor importancia de la “persecución religiosa” llevada a cabo en México por el presidente Plutarco Elías Calles de 1926 a 1931 y aún después.
¿Cómo era el Padre Pro?
Si tratáramos de señalar una característica del Padre Pro, saltaría a la vista su sentido del humor:
“Soy un zacatecano hablador, sinvergüenza, pelado guarachón que huele a pulque y escupe por el colmillo;… amigo de anarquistas, admirador de las borrachas, patrón de las verduleras, ídolo de las criadas greñudas y mitoteras… Las sirvientas me adoran, los borrachines me tutean, los vendedores me guiñan el ojo y la flor y nata de los pelados guarachones y matones me tienen por su amigo más campechano”
La Persecución
En 1926 la situación para la Iglesia en México era muy grave ya que entró en vigor la “Ley Calles”, se prohibía cualquier acto de culto exterior, aún en casas particulares. La persecución fue dura, tanto que el P. Pro fue encarcelado en la prisión militar de Santiago Tlatelolco bajo la sospecha de haber hecho propaganda religiosa escondida en globos lanzados al aire durante un desfile militar que presenciaba el presidente Calles. Fue liberado por falta de pruebas pero la persecución se recrudeció.
El Juicio
Tiempo después, el 13 de noviembre de 1927 ocurrió el atentado fallido contra el Presidente Álvaro Obregón: involucraron al Padre Pro. Al enterarse, el verdadero autor, Luis Segura, se presentó voluntariamente ante la Inspección de Policía para declarar la autoría del atentado. Con todo, no se le otorgó la libertad al P. Pro y sin juicio alguno fue mandado fusilar.
Así, el 27 de noviembre de 1927, a las 10 de la mañana, un policía gritó el nombre del Padre Pro a la puerta de la celda. Miguel Agustín salió, se encontró con un patio lleno de tropa y de invitados como un espectáculo, una multitud de personas, unos seis fotógrafos y varios miembros del cuerpo diplomático.
Miguel Agustín caminó sereno, y tuvo tiempo de oír a uno de sus aprehensores que le decía “Padre perdóneme” –No solo te perdono si no te doy las gracias– Le preguntaron su última voluntad: –Que me dejen rezar– Se hincó delante de todos, y con los brazos cruzados estuvo unos mementos en profundo recogimiento. Se levanto, abrió los brazos en cruz, pronunció claramente: “Viva Cristo Rey”y cayó al suelo para recibir luego el tiro de gracia.
Proceso de Beatificación
El pueblo no dudó darle el título de mártir al Padre Pro. Así lo reafirmó la multitud que se reunió para acompañar sus restos al cementerio. El 25 de septiembre de 1988, el Papa Juan Pablo II lo proclamó “Beato”, dándole el título de mártir, confirmando así la voz del pueblo católico. Los restos del P. Pro se veneran en la Parroquia de la Sagrada Familia (calle Puebla y Orizaba, Col. Roma a 2 cuadras del metro Insurgentes).
Ahí acuden muchos cristianos a recordar el ejemplo de vida del beato, a pedir por su intercesión y a agradecer sus innumerables favores.
Tomado de: http://www.virgendeguadalupe.org.mx/A%F1o%20Jubilar/padre_pro.htm
Otro sitio que contiene fotografías y un video acerca del Padre Pro: http://www.culturahispana.org/vida%20del%20beato%20pro.htm
Nace: 13 Enero 1891 Zacatecas México – Mártir: 1927.
Beatificado por Juan Pablo II: 25 Sept. 1988
Desde pequeño fue virtuoso y alegre. Entró en el noviciado jesuita a la edad de 20 años.
Fue exilado durante la revolución mexicana. Ordenado en Bélgica en 1925 a la edad de 36.
Regresó a México en 1926 sabiendo que la iglesia era perseguida y corría grave peligro. Además sufría del estómago. Ejerció un intenso ministerio bajo persecución hasta que en el 1927 fue acusado falsamente de estar involucrado en un atentado contra el dictador. Antes de que lo fusilaran perdonó a los verdugos. Murió, como muchos otros mártires mexicanos, gritando: «Viva Cristo Rey»
A partir del año 1825, el gobierno mexicano estuvo gobernado por hombres anticatólicos que quisieron exterminar la fe del país. Los buenos sacerdotes, religiosas y laicos tuvieron mucho que sufrir. Algunos murieron mártires, entre ellos nuestro querido y venerable Padre Pro.
¿Quién es el Padre Miguel Pro?
Miguel Agustín Pro nació el 13 de enero de 1891, de una familia acomodada. Su padre era ejecutivo en una pequeña villa minera en el estado de Zacatecas. A pesar de ello, Miguel creció con un corazón sencillo y libre de prejuicios. Lo que más añoraba, cuando niño, era el recorrer las minas para poder compartir con los trabajadores. Desde pequeño se distinguió por un gran sentido del humor. Era un verdadero cómico por naturaleza, lo cual le ayudaría enormemente en su ministerio sacerdotal.
Antes de terminar sus estudios Miguel comenzó a trabajar con su padre en la oficina de la mina. Allí sus talentos naturales se fortificaron y aprendió a hacer muchas cosas ya que captaba con gran facilidad los detalles. Podía, por ejemplo escribir 100 palabras por minuto.
Se hizo amigo de los mineros y pudo captar su modo de hablar y comportarse, que se diferenciaban mucho de los de su propia casa. En este amor a los pobres se ve la mano de Dios, ya que, años más tarde, siendo perseguido por las autoridades, el Padre Pro utilizaría todo lo aprendido en la niñez para defender a Dios y a la Iglesia.
Un talento que Miguel adquirió desde muy temprana edad fue el de caricaturista. Era capaz de captar, de manera exagerada, las peculiaridades en las caras de la gente. También aprendió a tocar la guitarra y el mandolín.
Miguel amaba a su familia, especialmente a sus dos hermanas, las cuales entraron a la vida religiosa. Esto enfureció a Miguel. Viendo cuánto había afectado a Miguel la entrada de sus hermanas al convento, su mamá decidió invitarlo a un retiro. De allí salió Miguel transformado y decidido a ser sacerdote jesuita.
El 11 de agosto de 1911 entró al seminario de El Llano, Michoacán. Tenía veinte años. En esta época contrajo una enfermedad mortal, la cual supo siempre ocultar muy bien detrás de su rostro alegre.
A pesar de sus comedias y gran sentido del humor, Miguel fue un novicio y religioso grandemente observador de la Regla y de sus estudios.
La persecución no detiene su vocación
En una ocasión fue preciso que todos escaparan del seminario debido a la persecución contra la Iglesia. Aquí comienza el capítulo en la vida de Miguel Pro como héroe de la fe y genio en escurrirse de los opresores, para poder cumplir cabalmente su vocación sacerdotal.
El riesgo se convirtió en el estilo de vida de los sacerdotes y religiosos de México, ya que incluso se había prohibido la celebración de la Santa Misa. Muchos fueron encarcelados, torturados y expulsados del país. Muy pronto, Miguel junto con otros seminaristas, recibieron la noticia de que debían marcharse y continuar sus estudios en California. Fue entonces la última vez que Miguel vio a su mamá en este mundo. Después de un tiempo, Miguel y sus compañeros embarcaron para España, en donde estuvieron cinco años.
Fue ordenado sacerdote el 31 de agosto de 1925.
Regreso a una Iglesia de catacumbas
El Padre Pro regresó a un México devastado. El pueblo cristiano resistía los abusos de gobierno; ante lo cual el presidente Calles había decidido gobernar con mano de hierro. Llegó, pues, a la capital, ciudad que se convertiría en su parroquia y, cuyos parroquianos vivirían como en catacumbas, siempre en secreto, en escondite continuo, huyendo de la policía.
Lo primero que hizo fue encontrar a su padre y a sus hermanos. Luego planeó la orientación del terreno y el método de operación. Y, enseguida puso manos a la obra. Implementó cada truco que había aprendido, cada disfraz para poder llevar a Cristo a las almas en medio de la severa persecución. Le era necesario estar en continuas artimañas para lograr evadir a la policía. Organizó Estaciones de Comunión a lo largo de toda la ciudad; estas eran casas donde los fieles venían a recibir al Señor en la Eucaristía. Los primeros viernes, el número de comuniones sobrepasaba los 1,200.
Se celebraban Misas por toda la ciudad antes del amanecer, se apostaban vigilantes por si llegaba la policía, con claves que cambiaban constantemente, etc. Se juntaban los ricos y los pobres en unos cuartos pequeños para adorar al Señor y recibirlo de manos de los sacerdotes. Los que querían confesarse, tenían que llegar a los lugares señalados, antes de la Misa; algunas veces a las 5:30 a.m. Era realmente una Iglesia de catacumbas, como la de los primeros cristianos. Un verdadero testimonio de la fe.
Respecto a la grave enfermedad que padecía el Padre Pro y que incluso lo había llevado a hospitales y casas de convalecencia, le escribe a su Superior Provincial: «Aquí el trabajo es continuo y arduo. Únicamente puedo admirarme del gran Jefe que me permite llevarlo a cabo. ¿Enfermedad? ¿Quejas? ¿Que si me cuido? Ni siquiera tengo tiempo para pensar en semejantes cosas; y a la vez me siento tan bien y tan fuerte, que de no ser por pequeños, pequeñísimos atrasos, bien podría seguir así hasta el fin del mundo… Estoy disponible para cualquier cosa, pero, si no hay objeción, solicitaría el poder quedarme aquí».
En este escrito se nota el gran amor que animaba el corazón del P. Pro: la dependencia de Dios; el olvido propio en medio del dolor físico y del peligro; el celo por el Señor y por su gente; y su obediencia a los superiores, representantes auténticos de la Voluntad Divina para un religioso.
El presidente Calles y la policía trataban de acabar con estas organizaciones secretas. Arrestaban a los católicos practicantes y en especial a sus líderes, los torturaban y mataban.
Ante la persecución, el Padre Pro nunca dejó su ministerio sacerdotal. Se valía de sus dones y, sobre todo, de su profunda fe para continuar valientemente su ministerio. Hacía unas maniobras que desconcertaba a la policía. He aquí algunas.
I) Mientras la policía lo buscaba de casa en casa para matarlo, él, muy campante, estaba en un teatro dictando conferencias espirituales a más de cien muchachas del servicio. Y ninguna de ellas contó a nadie dónde estaba el Padre Pro.
II) Iba el Padre Pro en un taxi y, de pronto se dio cuenta de que la policía lo venía persiguiendo en otro carro. –»Siga usted su viaje, sin detenerse»– dijo al taxista –»que yo me lanzo a la calle». Y así lo hizo. Pero para disimular el porrazo que se daba, echó luego a andar por la calle con caminado de borracho y diciendo palabras sonoras. La policía creyó que era un verdadero borracho y siguió adelante. Sólo unos minutos después se dieron cuenta los agentes de que el tal «borrachito» era el «Padre Pro», y se devolvieron corriendo, pero ya se les había escapado.
III) Un día en plena calle se dio cuenta de que unos policías venían en su busca. Entró entonces a una farmacia y, tomando del brazo a una hermosa señorita, le dijo: «Diga que es mi novia, porque, si no, me echan a la cárcel»–. La señorita aceptó, y la policía al verlo del brazo con una muchacha (él iba vestido de civil) creyó que éste no podía ser el padre que ellos buscaban… Unos momentos después llegó el sargento y al describirle ellos cómo era el «novio», les grito furioso: «¡Pues ese es el cura Pro!». Corrieron a prenderlo, pero ya se les había escapado otra vez.
IV) Estando el Padre Pro en un alto edificio, presidiendo una reunión de muchachos de Acción Católica, cuando menos pensaron, se hallaron con que la policía había rodeado el edificio. El Padre se escondió en un armario en el preciso momento en que entraba al salón el coronel, con dos pistolas en las manos, preguntando por «El Cura Pro». Los muchachos le dijeron que ellos no sabían dónde estaría dicho sacerdote, pero el militar, lleno de furia les gritó: «Tienen un minuto para que me digan dónde está ese padre, o los mato a todos». Mas en ese momento sintió que le colocaban un cañón frío en la nuca. Era el Padre Pro, que había salido del armario.

El Padre Pro rezando antes de ser fusilado. Dice: "Señor, tú sabes que soy inocente. Perdono de corazón a mis enemigos".

El padre Pro, momentos antes de ser fusilado, extendió sus brazos en cruz. Tenía un rosario en una mano y un Crucifijo en la otra. Exclamó: "¡Viva Cristo Rey!".
–»Suelte esas pistolas o muere», le dijo el Padre. El coronel, tembloroso, soltó las pistolas que fueron recogidas por los muchachos. –»Ahora ustedes huyan», gritó Miguel Pro a los jóvenes. Y éstos salieron apresuradamente a esconderse y salir luego por los subterráneos del edificio. Luego el Padre dijo con tono picaresco: «Y usted, señor coronel, vuélvase, para que vea con qué lo puse manos a lo alto y lo desarmé». El coronel dio media vuelta y vio con gran humillación que el cañón frío que había sentido con miedo en la nuca era el pico de una botella vacía. Con una simple botella vacía había desarmado el padrecito a un coronel que llevaba en sus manos pistolas cargadas.
Un mártir mexicano para la Iglesia
El movimiento tenía como líder principal al P. Pro y como lema: «Viva Cristo Rey». Así, en medio de escondites, incertidumbres, luchas, miedo, fe, valentía, dolor…, transcurrió cerca de año y medio. El presidente Calles lo mandó arrestar, acusándolo de haber sido responsable de un complot y de atentados y acciones revolucionarias contra el gobierno, siendo todo ello absolutamente falso.
Al final, para evitar que mataran a varios católicos que tenían presos, el Padre Pro se entregó a la policía,
Lo encarcelaron y le dieron sentencia de muerte. El 23 de noviembre de 1927, camino al lugar de fusilamiento uno de los agentes le preguntó si le perdonaba. El Padre le respondió: «No solo te perdono, sino que te estoy sumamente agradecido». Le dijeron que expusiera su último deseo. El Padre Pro dijo: «Yo soy absolutamente ajeno a este asunto… Niego terminantemente haber tenido alguna participación en el complot». «Quiero que me dejen unos momentos para rezar y encomendarme al Señor». Se arrodilló y dijo, entre otras cosas: «Señor, Tú sabes que soy inocente. Perdono de corazón a mis enemigos».
Antes de recibir la descarga, el P. Pro oró por sus verdugos: «Dios tenga compasión de ustedes»; y, también los bendijo: «Que Dios los bendiga». Extendió los brazos en cruz. Tenía el Rosario en una mano y el Crucifijo en la otra. Exclamó: «¡Viva Cristo Rey!». Esas fueron sus últimas palabras. Enseguida, el tiro de gracia.
Oración: Venerable Padre Pro, que supiste vivir tu vocación en las mas difíciles circunstancias, ayúdanos con tu intercesión a ser católicos valientes y no ceder ante la tentaciones de este mundo. Que nuestra vida, como la tuya, de mucho fruto para gloria de Dios y el bien de las almas. Amén.
Bibliografía:
-Dragón, Antonio. «Vida Intima del Padre Pro», Antonio Dragón, S.J. (México: La Buena Prensa, 1990)
-Lord, Bob and Penny, «Saints and Other Powerful Men in the Church», (California: Robert and Penny Lord, 1990).
-Sálesman, Eliecer, S.D.B.: «Lecturas Sabrosas», cuarta edic., (Bogotá: Ediciones Don Bosco, 1990).
Ver también:
Creighton -sobre el Padre Pro en 5 idiomas
Pro -inglés, por Ann Ball
Tomado de: http://www.corazones.org
Nació un 13 de enero de 1891 en el pueblo minero de Guadalupe, Zacatecas; ingresó a la compañía de Jesús en agosto de 1911, se ordenó sacerdote el 30 de agosto de 1925 y murió fusilado el 23 de noviembre de 1927.
En 1926 la situación para la Iglesia en México era muy grave ya que entró en vigor la “Ley Calles”, se prohibía cualquier acto de culto exterior, aún en casas particulares. La persecución fue dura, tanto que el P. Pro fue encarcelado en la prisión militar de Santiago Tlatelolco bajo la sospecha de haber hecho propaganda religiosa escondida en globos lanzados al aire durante un desfile militar que presenciaba el presidente Calles. Fue liberado por falta de pruebas pero la persecución se recrudeció.
Tiempo después, el 13 de noviembre de 1927 ocurrió el atentado fallido contra el Presidente Álvaro Obregón: involucraron al Padre Pro. Al enterarse, el verdadero autor, Luis Segura, se presentó voluntariamente ante la Inspección de Policía para declarar la autoría del atentado. Con todo, no se le otorgó la libertad al P. Pro y sin juicio alguno fue mandado fusilar.
Así, el 23 de noviembre de 1927, a las 10 de la mañana, un policía gritó el nombre del Padre Pro a la puerta de la celda. Miguel Agustín salió, se encontró con un patio lleno de tropa y de invitados como un espectáculo, una multitud de personas, unos seis fotógrafos y varios miembros del cuerpo diplomático.
Miguel Agustín caminó sereno, y tuvo tiempo de oír a uno de sus aprehensores que le decía “Padre perdóneme” –No solo te perdono si no te doy las gracias- Le preguntaron su última voluntad: -Que me dejen rezar- Se hincó delante de todos, y con los brazos cruzados estuvo unos momentos en profundo recogimiento. Se levanto, abrió los brazos en cruz, pronunció claramente: “Viva Cristo Rey” y cayó al suelo para recibir luego el tiro de gracia.
Tomado de: http://www.catedraldechihuahua.org.mx
SAN CLEMENTE,
Papa y Mártir

A este siervo inútil arrojadlo a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el crujir de dientes. (San Mateo, 25, 30).
San Clemente, cuarto Vicario de Jesucristo, en el año 90, había sido discípulo de San Pablo y después de San Pedro. Desterrado a causa de su celo en Quersoneso, fue obligado a trabajar en las minas y en ellas convirtió a un gran número de paganos. Trajano lo hizo arrojar al mar con un ancla atada al cuello. Mientras los cristianos oraban en la playa, las aguas retiráronse en la extensión de una legua, donde los cristianos encontraron un maravilloso templo de mármol y en su interior un sepulcro de piedra que contenía los restos del santo mártir. Los habitantes de la vecindad, sacudidos por este milagro, ocurrido hacia el año 100, se convirtieron a la fe cristiana.
I. Dios castigará severamente a los cobardes servidores, que no hayan hecho fructificar el talento que les ha confiado. El hombre ha nacido para el trabajo; a pesar de la brevedad de la vida, pierdes tu tiempo en la pereza. Das acceso al demonio, que no te tentaría si te encontrase siempre ocupado. Mucho trabajo yo para dar contento a mis pasiones, me canso recorriendo los caminos de la iniquidad, ¡Y nada quiero hacer por la salvación de mi alma! Es tiempo ya de trabajar por el cielo.
II. Muchas causas tiene tu pereza: el temor de no obtener éxito, la aprensión de las dificultades, el respeto humano y el amor a tus comodidades son las principales. ¿De dónde proviene tanta negligencia por la obra de Dios, mientras empleas tanta solicitud en el logro de tus empresas temporales? Es porque no piensas en la temible majestad del Dios a quien sirves, es porque no consideras el poder de este Señor, que recompensará al servidor activo y diligente y castigará con suplicios eternos al servidor perezoso. ¡Maldito sea quien hace la obra de Dios con negligencia! (Jeremías).
III. Tiempo vendrá en que ya no podrás trabajar más; perezoso, cuánto habrás de querer haber hecho cuando ese momento llegue. Piensa seriamente en esa hora suprema. Considera el buen ejemplo de tantas santas almas y la gloria que te está preparada en el cielo si trabajas con ardor; te avergonzarás de hacer tan poco para ganar el cielo, mientras trabajas tanto para la tierra. El pensamiento del cielo destierra la pereza. (San Gregorio).
El fervor
Orad por las almas del purgatorio
ORACIÓN
Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño y guardad lo con protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Soberano Pontífice Clemente, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/