DÍA DE LA RAZA

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Autor: Oscar Méndez Cervantes

El pensamiento moderno conviene en que, hoy día, el concepto de raza asume, antes que un contenido biológico, un sentido predominante psicológico. En efecto, ha sido, en el decurso del tiempo, tan intenso y entremezclado el mestizaje de los primitivos grupos étnicos, que ya no es dable el referirse –en términos de estricta herencia biológica- a las razas puras. A la fecha, en toda sangre hay siempre gotas –o torrente- de otra u otras sangres. Y sin embargo, la diferenciación de los grupos humanos sigue siendo una evidencia; pero ella se finca, con mayor intensidad cada día que transcurre, más en la diversidad de los espíritus que en la de los cuerpos.

Esta visión psicológica de la raza tiene, quizá, su más clara comprobación en la que este día, Doce de Octubre, prende en el calendario la rosa –medioeval símbolo de amor y de fe- de un fasto jubiloso y central. Nuestra raza es una singular raza en la que, puntualmente, lo de menos es lo biológico, y lo que más cuenta es lo espiritual. Lo mismo tiene aportaciones de sangre peninsular –fruto ya, ella misma, de un mestizaje milenario- que la variadísima contribución étnica de los múltiples grupos aborígenes americanos y aun de los filipinos. Y, sin embargo, no cabe dudar un punto de la efectiva unidad de nuestra Estirpe.

Y es que esta unidad se la otorga un alma –una sola- que a todos nuestros pueblos ayunta en una entidad superior. No de otro modo que en la persona física el alma reduce a la unidad del individuo la multiplicidad de los elementos corpóreos. O si se prefiere, diremos que nuestros pueblos están sellados por el signo de una heráldica del Espíritu, que manifiesta su hermandad, su “familiaridad”. Tan hispánico es –si se mira la esencia psíquica de entrambos- el castellano como el filipino; de igual suerte que al catalán, el andaluz o el vascuense lo son tanto como el argentino, el mexicano o el peruano, sean éstos criollos, mestizos o aun indígenas netos, si –en cualquiera de las tres hipótesis- por obra de una misma cultura, en ellos viven idénticos valores espirituales, hay un igual modo substancial de vida, una pareja visión de la existencia, sin que a ello obsten las marcadas, pero siempre secundarias peculiaridades regionales. Estas, “variaciones de un mismo tema”, no hacen sino exaltar y hermosear, con su variedad fecunda, lo Uno de la Estirpe. Así la hidalguía, por ejemplo, no es atributo exclusivo peninsular. Ese arquetipo humano que es el hidalgo, en su insuperado perfil, se da asimismo en México, en Chile, en Argentina, en Colombia o en Bolivia. Hidalgos, hay en todos los rumbos de la geografía hispánica.

Religión; lengua; fondo de las costumbres; virtudes y defectos; metas históricas por alcanzar –al través de un quehacer forzosamente común, si ha de tener eficacia-, son los agentes indestructibles de nuestra gloriosa y estupenda unidad. Y, sobre todo, la suma purísima y original ortodoxia de nuestro sentido religioso. El ser nosotros quijotes “a lo divino”, que no sólo a lo humano. Quijotes colectivos de la Historia. Que no se resignan a que ésta no cumpla su desiderátum providencial.

Que si tienen fe en el destino ultraterreno del hombre, por ello, precisamente tienen fe en que su morada temporal puede convertirse –a fuerza de desprendimiento tanto como de puños y de arrojo- en una digna antesala de la eterna. Que si tienen la caridad, saben que para lograr su plenitud en la Bienaventuranza ha de ser previamente ejercitada, terrenalmente, de hombre a hombre y de pueblo a pueblo. Y que la rosa de amor –caridad- y de fe que tuvo espléndida florescencia el 12 de Octubre de 1492, lleva en los pétalos intermedios la esperanza, la posibilidad de la propia y de la ajena salvación –así en lo histórico como en lo eterno-, en virtud de la gracia divina y de las buenas obras de individuos y pueblos.

Esta virtud de la esperanza es la que nos ha mantenido enhiestos, en medio de las contradicciones de la Historia, “esperando”, con firmeza, tiempos mejores. Y es la que explica nuestro común y general respeto al derecho de los demás pueblos a su propia esperanza, que no debe ser frustrada, que no puede ser frustrada por otros sin hallarse éstos reos de un horrendo delito del que Dios pida estrecha cuenta y severa expiación en el mundo mismo del Tiempo, que es el único mundo en que las naciones tienen realidad.

Por eso, en este Día de la Raza, la nuestra reitera la afirmación de su unidad; la afirmación de su fe y de su esperanza en el hombre de toda raza y clima, fruto de su suprema fe, de su suprema esperanza y supremo amor en el Único que da la Paz cierta.

 

Tomado de:http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/

DOCE DE OCTUBRE: HISPANIDAD Y RAZA

 

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La Hispanidad es la comunidad formada por todas las gentes y naciones que comparten la lengua y la cultura hispánicas, pero, como veremos, tiene un significado aún más profundo y espiritual, pues hay un elemento primordial más: la comunión de todos ellas en la verdadera fe y en la verdadera Iglesia, conservando el espíritu propio de cada nación y a la vez el común de todas ellas. Cada 12 de octubre se celebra el Día de la Hispanidad -llamado en algunos países Día de la Raza- conmemorando el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Es la fiesta nacional de España y de la Virgen del Pilar (ver segundo video de la Catedral de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza), y es celebrada -con perfecta lógica- en los demás países hispanos. Como es sabido, la Virgen se le apareció, sobre un pilar, al apóstol Santiago a orillas del río Ebro y le prometió que su predicación a los habitantes de la península íberica produciría enormes frutos, pues hasta ese momento parecía infructuosa y el apóstol se encontraba muy desanimado. Santiago sembraría la fe en España y, siglos después, España lo haría en América. La Virgen, estaría con su amorosa interseción maternal, pendiente de ambas empresas, como capitana.

La hispanidad empezó a desbordarse a otras latitudes el 12 de octubre de 1492 cuando Cristóbal Colón avistó América. La Corona de Castilla creó un imperio ultramarino difundiendo la verdadera religión, así como su cultura y su lengua. España -heredera de Castilla y Aragón- terminó por consolidar un inmenso imperio en América que haría fraguar esa cultura cristiana con sus particulares características (resultantes de fusionarse con los elementos propios de cada región) y, a la vez, ese espíritu católico, que se ensancha evangélicamente en cuanto que es universal, como el significado semántico del término mismo lo expresa.

Las naciones nacidas de esa fusión llegaron a su mayoría de edad y finalmente se independizaron políticamente, pero ello no significó ni renegar de su origen ni volver la espalda a los grandes valores heredados, de la misma manera que un hijo no reniega de sus padres cuando se casa y forma una nueva familia. En ambos casos, los valores no sólo permanecen sino que se transmiten y heredan orgullosamente, porque se estiman y se aprecian en toda su genuina grandeza y forman parte de la más cabal esencia, pues le son ya connaturales. Otro asunto es y ha sido la labor de traidores y quintacolumnistas que laboran con el objetivo de trastocar el destino providencial de nuestras naciones.

Explicaba el cardenal Gomá:
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«Se ha llamado a este día, 12 de Octubre, el día de la raza. ¿De qué raza? ¿Qué es la raza?

Yo no sé lo que ha puesto Dios en el fondo del organismo humano y del alma humana y en el fondo, tal vez más misterioso, en que cuerpo y alma se unen en unión sustancial para formar el ser humano, que el hombre, nacido de un tronco, se diversifica socialmente; en el cuerpo, por determinados caracteres anatómicos; en el alma, por distintas tendencias espirituales, y en la historia, por corrientes de civilizaciones inconfundibles. Religión, lengua, literatura, arte, instintos, hasta el mismo concepto de la vida, es decir, cuanto puede llamarse proyección social del humano espíritu, todo imprime y recibe a su vez el sello de la raza. Dejemos a filósofos y antropólogos que definan y expliquen el misterio. Nosotros no podemos hacer más que definir el concepto de raza tal como lo entendemos al adoptarlo para esta fiesta, o tal como se requiere para expresar el concepto de hispanidad.

La raza, dice Maeztu, no se define ni por el color de la piel ni por la estatura ni por los caracteres anatómicos del cuerpo. Ni se contiene en unos límites geográficos ni en un nivel determinado sobre el mar. La raza no es la nación, que expresa una comunidad regida por una forma de gobierno y por unas leyes; ni es la patria, que dice una especie de paternidad, de sangre, de lugar, de instituciones, de historia. La raza, decimos apuntando al ídolo del racismo moderno, no es un tipo biológico definido por la soberbia propia y por el desdén a las otras razas, depurado por la selección y la higiene, con destinos trascendentales sobre todas las demás razas.

La raza, la hispanidad, es algo espiritual que transciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos en el catolicismo católico, si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal.

Entendida así la hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la hispanidad.

En el cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y toda raza bendicen a Dios con este himno: «Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino.» Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de hispanoamérica no podrían bendecir a la madre España y decirla: «Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la hispanidad, Señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia.»

Así queda definido el problema de la hispanidad en su fórmula espiritual, y queda al mismo tiempo resuelta la dificultad que podría ofrecerse por la enorme diferencia de tipos biológicos, de cultura, de lengua, que nos ofrecen estas Américas, hasta reduciéndolas al tipo latino o hispano.

Y así definida la hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina. Tentación, en el buen sentido, porque todo ser apetece su engrandecimiento, y América y España se brindan mutuamente, más que otros países del mundo, muchos horizontes hacia donde expansionarse. Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos».

 

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NUESTRA SEÑORA DE APPARECIDA,(*)

12 de octubre

Patrona del Brasil
(Siglo XVIII)

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La devoción a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, fue propagada por los portugueses desde los primeros tiempos de su arribo al Brasil. El más insigne testimonio de esa veneración se encuentra a pocos kilómetros de Guaratinguetá, villa del estado de Sao Paulo, sobre las riberas del Parahyba, en el pueblo de la Apparecida, que debe su nombre y su origen, al célebre santuario de Nuestra Señora, levantado ahí el año de 1743.

   La historia tradicional y legendaria de Nuestra Señora de Apparecida, pequeña estatua de madera negra muy delicadamente tallada, tal como se halla consignada en un documento de la época, es como sigue:

   Hacia fines del año de 1717, pasó por Guaratinguetá el gobernador de Sao Paulo, Don Pedro de Almeida, conde de Assumar y, para agasajarle, salieron algunos pescadores en sus canoas a echar sus redes en el río Parahyba. Uno de ellos, por nombre Juan Alves, se apartó del resto y arrojó la red frente un sitio de la costa denominado Puerto Itaguassú. Del primer lance, el pescador sacó en las mallas de su red un objeto cubierto de algas y hierbas en el que se adivinaba el cuerpo de una estatuilla labrada, al que le faltaba la cabeza. Asombrado ante el hallazgo, Juan volvió a lanzar la red en otra direccción y, aquella vez, logró atrapar la cabeza de la efigie. Sin pérdida de tiempo, se dirigió a la orilla, y luego de despojar a los objetos de los yerbajos que los cubrían y de limpiarlos como mejor pudo, comprobó que la cabeza encajaba perfectamente en el cuerpo de la imagen y descubrió que ésta representaba a la Virgen María en su Concepción Inmaculada.

   Nunca se supo cómo fue a parar al lecho del río aquélla imagen, pero el hecho es que los pescadores que la encontraron, se la llevaron consigo y en la casa de uno de ellos, llamado Felipe Pedrosa, le aderezaron un altar y comenzó dársele culto. Poco tiempo después, un hijo de Felipe, construyó una capillita  para depositar la imagen a la mitad del camino entre Puerto Itaguassú y Guatinguetá. Propuesta ahí a la veneración de los fieles, la Virgen María suscitó inmediatamente, por sus gracias milagrosas, un gran concurso de fieles, en número siempre creciente. La devoción a la Apparecida, como el pueblo llamó desde entonces a la imagen, se extendió en forma tan rápida que, en 1725, las autoridades eclesiásticas debieron intervenir, pusieron al cuidado de la capilla a los monjes paulinos y comenzaron a realizar la campaña para construir otra iglesia mayor. Por comisión del obispo de Río de Janeiro y gracias a su empeñosa colaboración, el santuario quedó terminado en 1743, fue solemnemente consagrado y trasladada la imagen con todos los honores. El culto creció en forma extraordinaria; de todas partes acudían peregrinaciones con riquísimos donativos para la Virgen, se confió el cuidado de la imagen y sus muchos bienes a la diócesis de Sao Paulo y, en torno al templo, comenzó a surgir la población de La Apparecida. Ya mediado el siglo XIX, se construyó el gran santuario que hoy existe y al que unos 75,000 peregrinos visitan cada año. 

   Los Sumos Pontífices han enriquecido el santuario con diversas gracias y privilegios, como la concesión del título de Basílica. Por decreto del Capítulo de la Basílíca Vaticana, en ocasión del primer cincuentenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada, la imagen de la Apparecida fue coronada por el arzobispo de Sao Paulo; pero más solemnes todavía fueron las fiestas de la proclamación de Nuestra Señora de Apparecida como patrona del Brasil, el 16 de julio de 1930, cuando la santa imagen fue transportada en procesión triunfal a Río de Janeiro, donde fue acogida con indescriptible regosijo. Después de la coronación, en presencia del presidente de la República,  ministros y hombres de estado, el cardenal Leme, arzobispo de Río, pronunció la fórmula de consagración del Brasil al Corazón Inmaculado de María, en su advocación de Nuestra Señora de Apparecida.

   Los datos para este artículo fueron tomados de Historia del Culto a María en América, de R. Vargas Ugarte, s.j., pp. 803 a 805, lo mismo que de la obra d’Hubert du Manoir, s.j., Maria-Etudes sur la Sainte Vierge, vol. V, pp. 373-374.

*  Vidas de los Santos, de Butler. Vol. IV, ed. 1964

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NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

 

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12 de octubre

 

Iba el Almirante navegando aquélla incertidumbre de sesenta vacías singladuras, mudo y ensimismado en su paisaje interior de aguas y estrellas. Estaba ungido. Y el Señor se complacía en descubrirle el misterio de aquélla geometría de números y de luz en que fueron creadas todas las cosas al principio. ¡Qué riesgo marear los océanos cuando aún no concierta la bitácora con la Polar, los caminos seguros donde resoplan su gozo ángeles del viento y las sirenas! Pero la corazonada del Almirante le ardía, asomada a los ojos, como un fuego rusiente, para conducir los navíos. ¿No parecían las carabelas, entre el turpial salobre de las olas, tres conchas peregrinas desprendidas del bordón de Santiago? Sí. Después de andar siglos y siglos la dura tierra española, en holocausto de sangre y de batallas, por la unidad de la fe, esta aventura extraordinaria en la inmensidad desconocida de los océanos.

 

   Los Pinzones, grandes capitanes y ambiciosos, tejen, con la fatiga y el descontento de la tripulación, trampas y trifulcas al Almirante; pero él se recoge, con la seguridad de su fe iluminada, en el regazo de la Biblia. Se navega hacia la desesperación. Y, detrás de cada ola, crece el designio del retorno a Rábida.
De pronto, los pájaros. Inesperadamente, Un vuelo de papagayos y de grullas enhebran, Con las agujas de los mástiles y el hilo de oro del sol, un soneto de luz a la esperanza. El anochecer de vísperas se cierra, como boca de lobo, sin estrellas, abrasado  de vientos tropicales que enloquecen la pasión y la Sangre. El mar, en calma. Y rompe la «Salve, Regina» marinera, tan impetuosa, que atranca el milagro al corazón de Dios, en el nombre de María Santísima. ¡Qué prodigio entonces! El Almirante, vestido de negra ropilla penitente, agarra entre sus manos el gobernalle. Quiere rezar, y no puede, porque sus labios se aferran a una palabra sólo: «Tierra.» Después se pone a temblar, él, endurecido de infinitas navegaciones. Una lágrima cristiana de amor enturbia el poder de sus pupilas, que adivinan allí, en lejana frontera del cielo con las aguas, el resplandor parpadeante de un fuego. ¿Se alucinan aún? El reloj que criba las arenas del tiempo, entre aquellas ampollas que parecen dos corazones de cristal, apunta las dos de la madrugada. Un morterazo y un grito: «¡Tierra a la vista!» Y Rodrigo de Triana, como el bello arcángel de la Anunciación, certifica el milagro del descubrimiento.

   Algarabía, abrazos y canciones; los tamboriles vascongados rizan vítores de gloria al Almirante; y una oración: «Bendita sea la luz, – bendita la santa cruz; – y el Señor de la verdad – y la Santa Trinidad; -bendito sea este día – y el Señor, que nos lo envía.» Y allí van solemnes las carabelas españolas, esco1tadas de una orla de indios que saltan y juegan como delfines, con el poder del mar…, y parece el cortejo de los tres Reyes Magos que rinden su homenaje a un nuevo mundo recién nacido para la mayor gloria de Dios. En el Diario del Almirante hay esta noticia que resume todos los designios del Descubrimiento: «Yo, para que los indígenas nos tuvieran mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra santa fe más por el amor que por la fuerza, les di bonetes colorados y cuentas de vidrio, que se ponían al cuello, con lo que habían mucho placer y quedaron tan nuestros que era maravilla.» Está fechada un 12 de octubre de 1492, el mismo día que allí la España distante, católica y misionera, honra a su Patrona de los cielos, Santa María del Pilar. ¿Coincidencia? Pero ésta es otra historia de un estupendo prodigio, en el escenario de las aguas del Ebro, acaecido un amanecer original, catorce siglos antes.

   Os lo quiero referir con todo el perfume intacto de una primera relación, escrita por mano anónima, en las últimas páginas del códice de Los Morales de San Gregorio Magno, según puede leerse en los archivos de Zaragoza. Tiene la suave fragancia espiritual de los scriptorios medievales, donde los monjes hilaban la historia, con aquel gozo de oros, azules y bermellones, según los abecedarios de una fe pura y pacífica. Se le creía contemporánea del obispo Tajón, hacia el 631, pero la crítica le ajustó la edad aproximada entre finales del XIII y principios del XIV.

   Y fue que Santiago el Mayor, hermano de Juan el Evangelista, vino a España para anunciar la Nueva Ley de Jesucristo. Cumplía el mandamiento que el Señor les hiciera a los Doce, en su última aparición de resucitado: Predicad el Evangelio a todas las gentes del mundo. El escritor anónimo nos describe la llegada a España, por Asturias; sus viajes misioneros en Galicia; siguiéndole todo su itinerario hasta la España Menor, que es el reino aragonés, que se llama Celtiberia. Dos videntes extraordinarias, las venerables María de Jesús de Agreda y Ana Catalina Emmerich, coinciden en ver a Santiago partir desde Jaffa, tocar Cerdeña en la ruta del mar Mediterráneo y desembarcar, más lógicamente, en Cádiz o Cartagena, para la evangelización de Andalucía. La madre Agreda coloca en Granada un aprieto de muerte para el apóstol, acorralado por sus enemigos, del que le salva la Virgen María viniendo personalmente en su socorro.

   Pero situémosle ya, con el códice gregoriano, en Zaragoza, donde no le acompaña la fortuna en sus trabajos apostólicos. «Aquí predicó muchos días, logrando convertir para Cristo a ocho hombres«. ¡Menguada pesca para aquel marino del mar de Tiberíades que había tocado con sus manos las redes abarrotadas de Pedro en aquella pesca milagrosa! Y, cosa muy natural, le rinde el desaliento a Santiago. «Con estos convertidos se entretenía en dulces enseñanzas sobre el reino de Dios, y por la noche iba a una era, cerca del río, donde se echaba en la paja.» Ya se presiente el prodigio. Porque, en una de esas largas noches, desveladas por la amargura y la oración instante, percibe en los cielos un camino de luz, sonoro de canciones y de arcángeles. Ave María, gratia plena. ¿Es una alucinación de la fatiga o del viento ululante que baja del Moncayo? No. Es una evidencia estremecedora en sus claridades celestes. La humilde Virgen María, tierna Madre de la Iglesia, que él dejara en Jerusalén, está allí, palpitante, viva, hermosísima, bendiciéndole, hablándole de esta manera: «He aquí, hijo mío Jacobo, el lugar de mi elección. Mira este pilar en que me asiento, enviado por mi Hijo y Maestro tuyo. En esta tierra edificarás una capilla. Y el Altísimo obrará, por Mí, milagros admirables sobre todos los que imploren, en sus necesidades, mi auxilio. Este pilar quedará aquí, hasta el fin de los tiempos, para que nunca le falten adoradores a Jesucristo«. Y la cabalgata angélica toma reverente a su Reina, y por un camino de luceros, que será para siempre el Camino de Santiago, le devuelve a su retiro de Jerusalén. Así, tan sencillamente termina el relato de la aparición de María en su carne mortal al apóstol Santiago, en Zaragoza.

   ¿Historia o leyenda? Cuando, en nuestro tiempo, aquel reducido oratorio edificado por los primeros creyentes, se ha convertido en un suntuoso templo de la Hispanidad, abrir este interrogante de duda suena a herejía intolerable. Pero acaso sea mejor que la crítica de dentro y de fuera de España haya cribado rigurosamente tan entrañable suceso. Si se niega la evangelización de nuestra Patria por Santiago el Mayor, nada puede quedar de esta prodigiosa venida de la Virgen, ni de su celeste regalo de la columna. Veamos.

   Los adversarios argumentan en dos direcciones: una teológica; la otra, científica. Y dicen: No parece honorable a la santidad y seriedad de María este andar funambulesco por los aires, ni tampoco coherente con su carácter humildísimo el pedir, en vida aún, que el apóstol edifique un oratorio a su dedicación y culto. Pues, en respuesta, os abro la teología de la Virgen, en aquella Pentecostés, cuando preside a los Doce, la mañana elegida por el Santo Espíritu para introducir a la Iglesia públicamente en la historia del mundo. Sobre todos caen las llamas misteriosas de fuego, que los transforma, de hombres, en consagrados «testigos del Señor Jesús«. Aquí, en este ardiente cenáculo, lo veis, se realiza aquella maternidad de gracia -sin estrenar aún- anunciada al mundo por las palabras de agonía de Cristo, en la mutua entrega de su Madre y Juan. Toda maternidad tiene exigencias inviolables y derechos augustos, de sacrificio, de ternuras, de tutelas y socorros cerca de los hijos. Y María, Madre de este pequeño Colegio apostólico y de toda la Iglesia universal. Pues bien; de otro lado, no se pueden negar teológicamente a Nuestra Señora gracias, carismas y dones que hayan sido concedidos a simples mortales, sino que deben atribuirsele en grado eminente. Según la luminosa dialéctica de Santo Tomás de Aquino, María alcanza, en funciones de su divina maternidad, «una grandeza y un poder, de alguna manera, infinitos«, pues vive, como si dijéramos, en las mismas fronteras de la Deidad. Tanto, que el bello arcángel de la Anunciación la saluda: «Salve, la llena de gracia.» Pues la consecuencia será que este don de las traslaciones o bilocaciones, ya concedido a muchos siervos de Dios, hay que reconocérselo realmente a María, que pudo venir a Zaragoza, sin indecoro circense, sino empujada por un amoroso apego que profesaba a Santiago, sin duda porque el apóstol, en su rostro y en su porte, era una estampa viva de su Hijo Jesucristo. Y como Madre de todos los apóstoles.

   El tema de la dedicación de un oratorio a su nombre y culto puede plantearse, salvando su exquisita humildad. Las relaciones del prodigio nos aseguran que Ella trajo una columna, de origen celeste, como testimonio y signo de fortaleza. Entonces, ¿por qué no pensar que este templo que la Virgen pide a Santiago sea como el Arca de la Alianza antigua, el joyel que guarde el tesoro divino de su pilar? Nos promete una intercesión de gracias, milagros y bendiciones muy acorde con los principios dogmáticos de su maternidad divina. Porque, desde el instante de la Encarnación, para que su consentimiento a la empresa redentora de Cristo fuese racionalmente libre, fue necesario que conociera todo el ámbito de obligaciones y derechos de esa su maternidad, es decir, su condición de corredentora, de intercesora y medianera de todas las gracias. La madre Agreda describe así el encargo al apóstol: «Hijo mío Jacobo, este lugar ha se ñalado y destinado el altísimo y todopoderoso Dios del cielo para que en la tierra le consagres y dediques un templo y casa de oración, donde debajo del título de mi nombre quiere que el suyo sea ensalzado y engrandecido.» y así, la humilde «esclavita» de Nazaret, María, busca primero el honor y la gloria del que la hizo grande con su poder, porque es el Altísimo.

   El argumento científico de crítica histórica procede por meras vías de negación. Sin presentar nada positivo, se contenta con calificar de sospechoso que hasta el siglo IX no se encuentren pruebas escritas del prodigio. Mas juzgan inexplicable que los escritores clásicos primitivos omitan su consignación en absoluto: así Idacio, Orosio, San Isidoro de Sevilla, San Julián de Toledo.
Y, lo que es más grave, tratadistas aragoneses como San Braulio y Prudencio. Añádase aún el silencio de las liturgias mozárabes, que acostumbran consignar, en sus calendas, las clásicas conmemoraciones de las iglesias españolas, y estará completo todo lo que hay que oponer a esta gloriosa venida de la Virgen del Pilar a España. Bien.

   Pero comienzan a enfriarse los quilates del argumento si tenemos en cuenta que Diocleciano mandó destruir, por el fuego, todos los archivos de la Iglesia primitiva. Por otra parte, si examinamos las obras de todos los escritores citados, veremos que ninguna de ellas trata temas en los que lógicamente haya lugar para introducir noticias del suceso. Y, entonces, no es demasiado sospechoso que las omitan, máxime cuando se trataba, sin duda, de un hecho perfectamente conocido y en la conciencia profunda del pueblo fiel. ¿Pueden asegurar honradamente los adversarios de la venida de la Virgen que los naturales testigos del suceso -estos escritores religiosos citados- no se ocuparon del tema porque él no aparece en las obras escritas que conocemos? ¿Y las que se pudieron perder entre la intemperie de los siglos?

   Desde el 855 la prueba en favor de la venida y del templo de Zaragoza es abrumadora. Piadosas donaciones que se hacen «a Santa María la Mayor de Zaragoza«. La bula del Papa Gelasio II concediendo indulgencias para reconstruir el templo, derruido por el musulmán; Inocencio I, Eugenio III y Alejandro III, que acogen advocación y culto bajo su papal amparo. Los Alfonsos y los Jaimes, reyes aragoneses; Sancho el Fuerte de Navarra; los Berengueres, condes de Barcelona; multitud de obispos y fieles distinguidos, todos tuvieron a honra extender privilegios y legados, cubrir de magníficos dones esta angélica capilla, raíz y decoro de España.

   Por último, la actitud oficial de la santa Iglesia. En las lecciones del Propio de España para este día aceptaba «como piadosa y antigua tradición» la visita de María a Santiago. Clemente XII concedió el rezo de su oficio litúrgico, señalando la fecha del 12 de octubre. Pío VII lo elevó al rango de «primera clase con octava» para el reino de Aragón. Pío IX extendió a todas las diócesis de España el privilegio del oficio y de la misa del Pilar. Y Pío XII, en una comunicación de la Sagrada Congregación de Ritos -fecha 14 de febrero de 1958-, concedió a todas las iglesias y oratorios de España, Iberoamérica e islas Filipinas «la misa propia de la Bienaventurada Virgen María del Pilar.«

   Pero hay otra congruencia de filosofía de la historia. Los pueblos, en la armonía del mundo, como cada uno de los hombres, tienen asignado un destino en la providencia de Dios. Poniendo a Santiago como raíz de España, ya que él siembra lo permanente del hombre, toda nuestra historia se articula maravillosamente. Apóstol de la Verdad del Evangelio con una temperatura «militante», él derrama en la sangre española de nuestro cuerpo nacional aquellos ardores que el mismo Cristo define como «Hijo lel Trueno». Vendrá la Reconquista para contrastar ocho siglos de un temple y de constancia aterradores, en holocausto de la unidad de nuestra fe. Y en las más dramáticas ocasiones el «Señor Santiago Caballero» combatirá la victoria de nuestros soldados. Y el mar: la definición de España como una unidad católica universal, adelantada de la fe de Cristo, que bautiza veinte naciones americanas para que recen, en castellano, el padrenuestro, el avemaría, el «Gloria al Padre», en un rosario colosal de alabanzas a la Trinidad, por Cristo Redentor, en el nombre de María Santísima. Y así es.

   Iba el Almirante ensimismado en su paisaje interior de aguas, de estrellas, pero seguro. Allí, en las lejanías originales de España, gemía Santiago su misionar como inútil, con los pocos creyentes que le siguen. Pero aquella siembra de amarguras y de sangre florece con ímpetu milagroso de fecundidad. Es la hora lel premio, la fe de este Almirante, que marca lo imposible en un navío que tiene nombre de Virgen: la Santa María. Y así Ella, que junto a las aguas del Ebro bautizó el alma de España, ahora arranca del sueño miliario estos millones de indios inocentes, como recién nacidos que España cristianiza a mayor gloria de Dios. Y este 12 de octubre bandean a victoria todas las campanas de las dos orillas; y hay un triunfo de banderas, un nurmullo de espumas, un gran vuelo de cóndores andinos, que cantan, bajo la Cruz del Sur, la gran antífona agradecida de la hispanidad, con toda la cristiandad arrodillada: Bendita y alabada sea la hora en que la Virgen Santísima vino en carne mortal a Zaragoza. Bendita sea por siempre y alabada. Amén.
                                                        
FERMÍN YZURDIAGA LORCA*

* Sacado de: Año Cristiano», volumen IV, de la Biblioteca de Autores Cristianos. (volver)

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

 

 

 

PATROCINIO DE NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

12 de octubre


Patrona principal de la
Argentina, Uruguay y Paraguay

¡NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN SÁLVANOS!

¡NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN SÁLVANOS!

La devoción a María Inmaculada fue la preferida de los descubridores y conquistadores y la que arraigó más hondamente en la América Española. Prueba de ello son los numerosos títulos y advocaciones de la Virgen existentes en estos países. En la Argentina, en el Uruguay y en el Paraguay el más famoso es el de Nuestra Señora de Luján, venerado aquí desde hace más de 300 años. Su sagrada Imagen quiso quedarse en Luján de modo milagroso, para ser la madre del pueblo argentino y la «Perla del Plata», y atraer desde allí los corazones de todos los buenos cristianos. El primer modesto santuario, erigido de 1754 a 1763 y que medía 48,50 mts. de largo por 8,25 mts. de ancho, cedió su lugar a la actual magnífica Basílica gótica, de 115 mts. de largo, 20 de ancho y 30 de alto, más 70 mts. de crucero, coronada por esbeltas torres, cuyas dos flechas principales se levantan a 110 mts. de altura. Es por cierto, un monumento digno de María y de la fe de los argentinos, y bajo sus bóvedas resuenan año tras año cánticos y plegarias en todas las lenguas de la tierra, ya que peregrinos de toda raza y nación van a postrarse ante la querida Imagen en demanda de su protección. Dicha Imagen fue solemnemente coronada el 18 de mayo de 1887, y el 12 de octubre de 1930 se declaró a la Virgen de Luján, Patrona de la Argentina, Uruguay y Paraguay, que es lo que se conmemora con la fiesta de hoy.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

 

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

12 de Octubre

Santa Misa Dominical

DOMINGO 19º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

_dom_19En torno de este Domingo suele leerse en Maitines el libro de Ester. Estudiemos brevemente esta figura, como venimos haciéndolo con otras del Antiguo Testamento. La situación de Israel, desterrado en Persia, llegó a ser sumamente precaria reinando en Susa el rey Asuero, y sólo la oración y la penitencia de la reina Ester y de Mardoqueo su tío fueron capaces de deshacer la tormenta y horrenda carnicería que el feroz y envidioso Amán, mayordomo del rey, tenía urdidas contra los hebreos deportados. Así sucedió que la horca para ellos dispuesta sirvió de suplicio a Amán, pudiendo cantar una vez más Israel las misericordias de Dios con los suyos.

El ayuno de tres días observado por Ester es paralelo al de la Témporas, que por estos mismos dias observan todos los buenos hijos de la Iglesia, desterrada en tierra ajena, y cuyos enemigos no son menos feroces y menos despiadados que los del antiguo pueblo de Dios.

Todo esto era figura del futuro, de lo que había de suceder con su Iglesia, sobre todo en el fin de los tiempos, en que arreciará furiosa la persecución. Amán, o sea, el Antecristo, con todos sus esbirros guerrearán sin tregua contra la Iglesia, contra Ester y Mardoqueo; pero en castigo de sus maldades, serán arrojados con ignominia del banquete de las bodas eternas a las tiniebla del exterior, en medio de la noche oscura y fria que no tendrá fin (Ev.); siendo la causa de esa reprobación el no entrar con el vestido nupcial, por no haberse revestido de ese hombre nuevo creado a la imagen de Dios y engalanado con justicia y santidad verdaderas (Ep.). Así tratará Dios a cuantos entren en la sala del festín sin ir revestidos con la túnica de la caridad (S. Agustín), de la gracia santificante, por la cual pertenecemos al alma de la Iglesia, ya que, por la fe, aun muerta, pertenecemos al cuerpo místico de Cristo.

El medio eficaz de evitar ese bochorno y expulsión eterna del cielo nos lo indica la Epístola. Es renunciar a la mentira y a la falsía y tener caridad, de manera que. jamás se nos ponga el sol guardando rencor en el corazón.

Pidamos al Señor que, como Ester y Mardoqueo, estemos siempre pegados a sus divinos mandamientos (Posc. y Com.); y así no tendremos que temer las terribles sanciones del día postrero, ni siquiera los escarmientos ejemplares que sufren muchos malos en el mundo, los engreídos como Amán, y los judíos que, por no haber recibido a Cristo, fueron remplazados por los paganos en las promesas hechas a Abrahán y sus descendientes; y los que persistan en su infidelidad serán también arrojados del banquete de las bodas eternas a las tinieblas exteriores donde no habrá sino llanto y crujir de dientes (Ev.).
El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Introito. Ecles.  36,18.

INTROITUS Salus pópuli ego sum,dicit Dóminus: quacúmque tribulatióne clamáverint ad me, exáudiam eos: et ero illórum Dóminus in perpétuum.- Ps.77,1. Atténdite.pópule meus, legem meam; inclináte aurem vestram in verba oris mei. V. Glória. Introito – Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor; en cualquier tribulación en que clamaren a Mí, les oiré; y seré siempre su Señor. – Ps. Escucha, pueblo mío, mi ley; presta oidos a las palabras de mi boca. V. Gloria al Padre

Oración-Colecta

ORATIOOmnipotens  et miséricors Deus,univérsa nobis adversántia propitiátus exclúde: ut mente et córpore páriter expediti,quae tua sunt, líberis méntibus exsequámur. Per Dóminum. R. Amen Oh Dios omnipotente y misericordioso, aleja propipcio de nosotros todo lo adverso; para que, desembarazados de alma y de cuerpo, te sirvamos con entera libertad. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.R. Amen.

Conmemoración

Epístola

Debemos renovar continuamente nuestro espíritu y revestirnos de el «hombre nuevo», es decir, de la santidad evangélica. Siendo, como somos todos, miembros de un mismo Cuerpo místico, debemos practicar los deberes mutuos de caridad, de sinceridad, de lealtad y de compasión.

EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Ephesios (4, 23-28) Fratres: Renovamini spiritu mentis vestrae, et induite novum hominem, qui secundum Deum creatus est in iustitia, et sanctitate veritatis. Propter quod deponentes mendacium, loquimini veritatem unusquisque cum proximo suo: quoniam sumus invicem membra. Irascimini, et nolite peccare; sol non occidat super iracundiam vestram. Nolite locum dare diabolo; qui furabatur iam non furetur; magis autem laboret, operando manibus suis, quod bonum est, ut habeat unde tribuat necessitatem patienti.
Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios: Hermanos: Renovaos en el interior de vuestra alma, y revestios del hombre nuevo que fue creado conforme a la imagen de Dios en justicia y santidad verdadera. Por lo cual, renunciando a la mentira, hable verdad cada uno con su prójimo ya que somos miembros los unos de los otros. Si os enojáis, no queráis pecar; no sea que se os ponga el sol estando todavía airados. No deis entrada al diablo: el que hurtaba, ya no hurte: antes bien trabaje con sus manos en obras honestas, para que tenga de donde dar al que padece necesidad.
GRADUALE (Ps. 121 ) Dirigatur oratio mea, sicut incénsum in consopéctuo tuo, Dómine. V. Elevatio mánuum meárum sacrificium vespertinum.Alleluia, alleluia. V.(Ps. 104) – Confitémini  Dómino, et invocater gentes ópera ejus. Alleluia. Gradual – Suba mi oración como incienso en tu presencia, Señor. V. Sea la elevación de mis manos como un sacrificio vespertino.
Aleluya, aleluya – V.  Alabad al Señor, e invocad su nombre; anunciad entre las naciones sus obras. Aleluya.

Evangelio

Hermosa parábola, donde Jesús enseña que todos, buenos y malos, cristianos y paganos, judíos y gentiles, sanos y enfermos, somos llamados a participar del banquete de la felicidad eterna del cielo, con la única condición de no desoír la voz de Dios y vivir revestidos de la gracia. Una inmensa multitud de hombre prefiere los bienes y placeres terrenales, que los ve seguros, y desprecia los celestiales, que los ve muy problemáticos.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Mathaeum (22, 1-14) In illo témpore:

Loquebátur Iesus principibus sacerdotum, et pharisaeis in parabolis dicens: Simile factum est regnum caelorum homini regi, qui fecit nuptias filio suo. Et misit servos suos vocare invitatos ad nuptias, et nolebant venire. Iterum misit alios servos, dicens: Dicite invitatis: Ecce prandium meum paravi, tauri mei et altilia occisa sunt, et omnia parata: venite ad nuptias.Illi autem neglexerunt: et abierunt, alius in villam suam alius vero ad negotiationem suam: reliqui vero tenuerunt servos eius, et contumelia adfectos occiderunt. Rex autem cum audisset iratus est, et missis exercitibus suis perdidit homicidas illos, et civitatem illorum succendit. Tunc ait servis suis: Nuptiae quidem paratae sunt, sed qui invitati erant,  non fuerunt digni. Ite ergo ad exitus viarum,  et quoscumque inveneritis, vocate ad nuptias. Et egressi servi eius in vias,  congregaverunt omnes, quos invenerunt, malos et bonos: et impletae sunt nuptiae discumbentium. Intravit autem rex, ut videret discumbentes, et vidit ibi hominem, non vestitum veste nuptiali. Et ait illi: Amice quomodo huc intrasti, non habens vestem nuptialem? At ille obmutuit. Tunc dixit rex ministris: Ligatis pedibus eius,  et manibus mittite eum in tenebras exteriores: ibi erit fletus, et stridor dentium. Multi autem sunt vocati pauci vero electi.


Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según sAN Mateo – En aquel tiempo:  Hablaba Jesús a los príncipes de los Sacerdotes y a los Fariseos en parábolas, diciendo: En el reino de los cielos acontece lo que a cierto rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron acudir. En vió de nuevo otros criados, diciendo: Decid a los convidados: «Mirad que ya he preparado mi banquete, mis toros y los animales cebados están ya muertos, todo está a punto; venid a las bodas». Mas ellos los despreciaron, y se fueron el uno a su granja y el otro a sus negocios, y los demás se apoderaron de los siervos, y después de haberlos ultrajado, los mataron. Enterado de ello el rey, se irritó, y enviando sus ejércitos, acabó con aquellos homicidas, y puso fuego a su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas están preparadas, mas los antes convidados ho han sido dignos; id pues, a las salidas de los caminos, y a cuantos hallareis, convidadles a las bodas. Habiendo salido sus siervos a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, malos y buenos; y se llenaron las salas de convidados. Entró el rey para ver a los comensales y vio allí un hombre que no estaba con el traje nupcial. Y le dijo: Amigo, ¡cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a sus ministros: Atado de pies y manos, arrojadlo fuera a las tinieblas; allí será el llanto y crujir de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos. Credo.

OFFERTORIUM (Ps. 137) Si ambulávero in medio tribulationis, vivificábis me, Dómine: et super iram inimicorum meorum extendes manum tuam, et salvum me fáciet déxtera tua. OfertorioSi anduviere en medio de la tribulación, tú me darás vida, oh Señor, y sobre la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará el poder de tu diestra.

Oración-Secreta

Haec múnera, quaesumus Domine, quae óculis tuae majestatis offérimus, salutária nobis esse concéde. Per Dominum. Haz, oh Señor, que estos dones que te ofrecemos ante los ojos de tu majestad, sirvan para nuestra salvación. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

Conmemoración

Prefacio de la Santísima Trinidad

Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus… Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro: Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO (Ps. 118). – Tu mandasti mandáta tuacustodíri nimis: útinamdirigántur viae meae, ad custodiéndas justificationes tuas.
Comunión.Tú has ordenado, oh señor, que tus mandamientos fuesen fielmente guardados; ¡ojalá que mis pasos vayan enderezados a la guarda de tus preceptos!

Oración-Postcomunión

Grátias tibi reférimus, Dómine, sacro múnere vegetáti, tuam misericordiam deprecántes: ut dignos nos ejus participatióne perfícias. Per Dóminum < Señor   oh Haz,   > Haz, oh Señor, que la acción medicinal de tu gracia nos libre de todas nuestras perversidades, y que nos haga estar siempre adheridos a tus mandamientos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Conmemoración

  • El Introito del Domingo 21º saldrá del libro de Ester; como también el Ofertorio del Domingo 22º; por donde se puede sospechar que el Breviario ha influído algo en laposición de estas misas. (volver)

  • La oración de Mardoqueo es tan ferviente y confiada, que la Iglesia la emplea ea Cuaresma. Recémosla hoy por las intenciones de la Iglesia. (volver)

  • A veces es necesario y santo enojarse, pero hay que hacerlo de modo que la ira no se apodere del alma.  (volver)

  • El enojo justo debe durar lo indispensable para conseguir la enmienda o remedio de los que se pretende, y no debe pasar el día sin que los ánimos hayan vuelto a la paz habitual. Así no daremos entrada al demonio de la venganza. (volver)

  • Según San Pablo, no basta que un ladrón deje de robar; debe además,  trabajar para poder vivir honradamente y aun para ayudar a los pobres, así restituirá algo de lo que ha robado. (volver)

  • El traje de boda significa aquí la santidad cristiana, la vida ajustada a la Ley de Dios y a las obligaciones del propio estado. Sin ese aparejo, nadie podrá entrar en el Reino de los Cielos. (volver)

  • En estas tinieblas exteriores está significado el infierno, lugar de horrorosa oscuridad, y en el llorar y crujir de dientes, las terribles penas de los condenados. (volver)

  • Todos estamos llamados a la bienaventuranza del Cielo, pero no todos ponen los medios para conseguirla. ¿Son más los salvados que los condenados? Este texto no afirma ni niega nada en este sentido, ni el hombre lo podrá saber jamás, por mucho que se aguce el ingenio. Cada uno debe obrar como si fuese de los llamados y de los escogidos. Eso es lo positivo. (volver)

Tomado de :http://misa_tridentina.t35.com/





La Maternidad de la B. Virgen María

Teotócos, Madre de Dios, por ser Madre de Cristo, el cual es Dios al par que hombre.

Teotócos, Madre de Dios, por ser Madre de Cristo, el cual es Dios al par que hombre.

Entre los dogmas marianos, ninguno tan inculcado y tan venerado por la Liturgia sagrada como el de la Maternidad de la Bienaventurada Virgen María, por ser el principal y la raíz de todas las prerrogativas que la distinguen y la encumbran sobre las demás criaturas.

Pero, como« de María numquam satis », ha querido la Iglesia afirmarlo aún con mayor explicitud y dejar un monumento vivo del XVº Centenario del Concilio efesino, en que los Padres, reunidos en la ciudad mariana por excelencia, bajo la presidencia de San Cirilo de Alejandría, legado al efecto del Papa San Celestino, anatematizaron al patriarca Nestorio y definieron la divina Maternidad de la Virgen María, proclamándolaTeotócos, Delpara o Madre de Dios, por ser Madre de Cristo, el cual es Dios al par que hombre.

De donde resulta para la Virgen Madre «una dignidad casi infinita» (S. Tomás), pudiéndola llamar de algún modo los Santos Padres como el complemento de la Trinidad, su instrumento cooperadora en la magna obra de la Encarnación y de la Redención. Pero, al ser María Madre del Hijo de Dios por naturaleza, es también Madre de los hijos de Dios por adopción y por gracia. Este aspecto tenía menor relieve en la Liturgia; de ahí que ahora insista en él la Iglesia, por ser uno de los mayores consuelos que caben al hombre huérfano y pecador. María es Madre de todos los cristianos en el orden sobrenatural, por serlo de Cristo, el cual se declaró a boca llena nuestrohermano mayor, dispuesto a compartir su herencia con nosotros y su divina filiación. Esto por su cooperación en nuestro rescate, y mejor que Eva merece se r llamada «Madre de todos los vivientes». Eslo también por su amor y maternal solicitud, y finalmente, a titulo dedonación, por habérsela dado Jesús agonizante al Discípulo amado, y en él a todos los señalados con el sello de Cristo. «Celebremos, pues, con regocijo la Maternidad de la bienaventurada Virgen María» (Invitatorio). ¡Oh María! monstra te esse Matrem y muéstrense los redimidos hijos tuyos carísimos, hijos dignos de tan santa y excelsa Madre, para que merezcan disfrutar un día de tu vista d el calor de tu regazo.

Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1746 y 1747.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

11 de octubre

LA DIVINA
MATERNIDAD

DE LA
VIRGEN MARÍA

Dichosa la que oyó el celeste anuncio  Y a quien hizo fecunda el Santo Espíritu,  De cuyo casto seno al mundo vino  El que es el Deseado de los pueblos.

Dichosa la que oyó el celeste anuncio Y a quien hizo fecunda el Santo Espíritu, De cuyo casto seno al mundo vino El que es el Deseado de los pueblos.

La Divina Maternidad es el título más glorioso de María: «Madre de Dios». De ahí dimana toda su grandeza y todo su poder. Es el dogma que proclamó el Concilio de Éfeso, en el año 431, contra la herejía de Nestorio. Para conmemorar su XV Centenario, Pío XI extendió esta fiesta de la Iglesia universal. Al honrarla con ese título dulcísimo, recordemos que también es Madre nuestra, y nos sentiremos felices al echarnos confiados en sus brazos maternales. Es una fiesta a propósito para rehabilitar en el mundo la maternidad, tan ultrajada. Por eso en algunas partes, como en la Argentina, se celebra este día el «Día de la Madre».

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

11 de Octubre

10 de octubre

SAN FRANCISCO DE BORJA,*
Confesor

Los que usan del mundo vivan como si no usasen, porque la apariencia de este mundo pasa. (1 Corintios, 7, 31).

Los que usan del mundo vivan como si no usasen, porque la apariencia de este mundo pasa. (1 Corintios, 7, 31).

San Francisco, duque de Gandía, nacido en 1510, mereció ser llamado por Carlos Quinto el milagro de los príncipes por sus cualidades y virtudes. Después de haber vivido santamente en Colonia como capitán general y después en su principado, entró en 1545, después de cuatro años de viudez, en la Compañía de Jesús, de la que llegó a ser superior general a pesar de sus lágrimas. Sus admirables predicaciones hacían llorar a todos los asistentes. Rehusó el cardenalato y murió en 1572.

MEDITACIÓN
SOBRE TRES VIRTUDES
DE SAN FRANCISCO DE BORJA

   I. Este ilustre servidor de Dios permaneció humilde en medio de los honores. Tú no tienes las eminentes cualidades que distinguían a este gran santo, y, sin embargo, estás lleno de orgullo. Ello es porque no piensas, como él, que la figura de este mundo pasa. Despréndete de los bienes del mundo para no tener pena de abandonarlos en el momento de la muerte. Estemos preparados para todo acontecimiento, de modo de no sentir pena por lo que dejemos detrás. (Tertuliano).

   II. Su austeridad y mortificación lucieron aun en de las delicias de la corte. Se armaba de un cilicio cada vez que debía encontrarse entre mujeres; ayunó durante dos años rigurosísimamente. Pero estas austeridades nada fueron comparadas a las que practicó después de su entrada en religión. ¿Esta conducta no es acaso la condenación de tu delicadeza? No te excuses alegando tus malos hábitos, tú puedes, tanto como él, corregirlos y adquirir otros buenos.

   III. Tenía una devoción tan tierna que ni aun importantes asuntos que debía atender desviaban su pensamiento de Dios: su jornada era una oración continua. Cada mes elegía un santo como proyector especial; él fue quien introdujo en la Compañía de  Jesús esta santa costumbre. ¿En qué punto te hallas tú acerca de la devoción? ¿De todas las épocas de tu vida diste siquiera una a Dios? ¡Has sido niño, adolescente, has llegado a la edad de la madurez y nunca has sido virtuoso! (San Clemente de Alejandría)

La humildad
Orad por la Compañía de Jesús.

ORACIÓN

   Señor Jesucristo, modelo y recompensa de la verdadera humildad, dignaos después de haber hecho al bienaventurado Francisco vuestro glorioso imitador en el desprecio de los honores terrenos, hacernos a nosotros partícipes de sus virtudes y de su gloria. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

 

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

10 de Octubre

  • San Francisco de Borja, Confesor
  • San Gereón y Compañeros, Mártires
  • San Paulino, Obispo de York
  • Santos Eulampio y Eulampia, Mártires
  • San Cerbonio, Obispo de Papulonia
  • San Pinito, Obispo de Creta
  • San Virgilio, Obispo de Arlés
  • San Daniel y Compañeros, Mártires
  • San Giovanni Leonardi nel cuore di Napoli: “Chi è abitato da Dio diventa abitazione per gli altri”

    Data: 21 settembre 2009

     

    San Juan Leonardi en el corazón de Nápoles: «Quien está habitado por Dios se convierte en hogar para los demás»

     

    †

    Tomado de: http://www.ordinedellamadredidio.org

    Original en idioma: Italiano.

    Traducido con: Google Traductor.

    Adaptación: Arturo Medina.

    San Juan Leonardi en el corazón de Nápoles: «Quien está habitado por Dios se convierte en hogar para los demás»
    En la noche del domingo, 20 de octubre la urna con las reliquias de San Juan Leonardi ha pasado por el centro de Nápoles. Recibido en la Iglesia de San Fernando, el rey, fue trasladada posteriormente a la Iglesia de Santa Brígida en Toledo. El fondo de la Plaza del Plebiscito, Palacio Real, el Teatro San Carlo y la Galleria Umberto I.
    Son los lugares que cuentan la historia de esta ciudad rica en cultura y fe. La Iglesia de Santa Brígida es una de las primeras comunidades históricas de la Orden, fue entregada al padre Leonardi por los amigos de el Oratorio de San Felipe Neri. Pintado por el famoso pintor Luca Giordano, que dentro del templo tiene su spultura, en Nápoles es conocido como el Santuario de la Dolorosa.
    La urna con las reliquias ha cruzado la calle de Toledo con tráfico , muchas personas se han dejado llevar por elgesto espontáneo y han tocado la urna, otros han pedido el nombre del santo y se han quedado durante algún tiempo en la meditación piadosa. Y la ciudad presa de su frenesí y sus ruidos ha quedado parada por unos instantes frente a un signo de santidad, y que, busca el silencio no sólo fuera, pero sobre todo en el interior.
    Tan pronto como las reliquias antes de llegar a la Iglesia de Santa Brígida, pescadores de Mergellina, transportaban al Santo, ejecutando un ritual impresionante, cargado de memoria y de devoción popular. La procesión de la urna danzó al ritmo de la música. Es la «función» que se ejecuta en el Lunes de Pascua por la «Paranze» al entrar en el Santuario de Nuestra Señora de la arcada. El tributo mismo está reservado para el fundador del celebre santuario de la Campanía. El signo de la danza de la gente, expresa la alegría del encuentro y que es el corazón del cristianismo: Dios se encuentra con nosotros en nuestra vida diaria y en esta fiesta. Como sucedió al rey David bailando delante del Arca del Señor y de Isabel, que saltó en su corazón cuando vio delante de él «la Madre de su Señor».
    En la Iglesia, entre los aplausos de los fieles y el canto, la urna se coloca delante del presbiterio. Durante la solemne Eucaristía, presidida por el P. Rector General  Francesco Petrillo y concelebrada por el párroco y rector P. Raffaele Tosto y hermanos, hay una oportunidad para reflexionar sobre la Palabra de Dios en el vigésimo Domingo quinto del Tiempo Ordinario resuena en toda la comunidad cristiana: «Un pequeño es el alcance del reino de los cielos». «Sólo si estás en el lado de los niños, dijo el Rector General, durante la homilía, y se compromete, ese es signo de que vence como Cristo y con Cristo».
    El Evangelio trastorna nuestras mentes «Se convierte en grande en el reino de Dios, el que se hace más pequeño. Juan Leonardo es santo, continuó el P. General, por que se decidió a luchar bajo la bandera de Jesús, bajo su bandera, que es la cruz de la que se convirtió en un proclamador y abanderado. Jesús, el débil, el siervo, el niño que tiene un don. Para nosotros, sólo su vida no es garantía de éxito como lo fue para San Juan Leonardo. En la avalancha del mal y el odio que atravesó el Santo, Dios lo escogió como una estrella brillante, como la luz y todavía nos dicen que el mal que aqueja a nuestra historia no puede y no debe tener la última palabra.

    Fecha: Septiembre 21, 2009

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    En la noche del domingo, 20 de octubre la urna con las reliquias de San Juan Leonardi ha pasado por el centro de Nápoles. Recibido en la Iglesia de San Fernando el rey, fue trasladada posteriormente a la Iglesia de Santa Brígida en Toledo. El fondo de la Plaza del Plebiscito, Palacio Real, el Teatro San Carlo y la Galleria Umberto I.

    Son los lugares que cuentan la historia de esta ciudad rica en cultura y fe. La Iglesia de Santa Brígida es una de las primeras comunidades históricas de la Orden, fue entregada al padre Leonardi por los amigos de el Oratorio de San Felipe Neri. Pintado por el famoso pintor Luca Giordano, que dentro del templo tiene su spultura, en Nápoles es conocido como el Santuario de la Dolorosa.

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    La urna con las reliquias ha cruzado la calle de Toledo con tráfico , muchas personas se han dejado llevar por elgesto espontáneo y han tocado la urna, otros han pedido el nombre del santo y se han quedado durante algún tiempo en la meditación piadosa. Y la ciudad presa de su frenesí y sus ruidos ha quedado parada por unos instantes frente a un signo de santidad, y que, busca el silencio no sólo fuera, pero sobre todo en el interior.

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    Tan pronto como las reliquias antes de llegar a la Iglesia de Santa Brígida, pescadores de Mergellina, transportaban al Santo, ejecutando un ritual impresionante, cargado de memoria y de devoción popular. La procesión de la urna danzó al ritmo de la música. Es la «función» que se ejecuta en el Lunes de Pascua por la «Paranze» al entrar en el Santuario de Nuestra Señora de la arcada. El tributo mismo está reservado para el fundador del celebre santuario de la Campanía. El signo de la danza de la gente, expresa la alegría del encuentro y que es el corazón del cristianismo: Dios se encuentra con nosotros en nuestra vida diaria y en esta fiesta. Como sucedió al rey David bailando delante del Arca del Señor y de Isabel, que saltó en su corazón cuando vio delante de él «la Madre de su Señor».

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    En la Iglesia, entre los aplausos de los fieles y el canto, la urna se coloca delante del presbiterio. Durante la solemne Eucaristía, presidida por el P. Rector General  Francesco Petrillo y concelebrada por el párroco y rector P. Raffaele Tosto y hermanos, hay una oportunidad para reflexionar sobre la Palabra de Dios en el vigésimo Domingo quinto del Tiempo Ordinario resuena en toda la comunidad cristiana: «Un pequeño es el alcance del reino de los cielos». «Sólo si estás en el lado de los niños, dijo el Rector General, durante la homilía, y se compromete, ese es signo de que vence como Cristo y con Cristo».

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    El Evangelio trastorna nuestras mentes «Se convierte en grande en el reino de Dios, el que se hace más pequeño. Juan Leonardo es santo, continuó el P. General, por que se decidió a luchar bajo la bandera de Jesús, bajo su bandera, que es la cruz de la que se convirtió en un proclamador y abanderado. Jesús, el débil, el siervo, el niño que tiene un don. Para nosotros, sólo su vida no es garantía de éxito como lo fue para San Juan Leonardo. En la avalancha del mal y el odio que atravesó el Santo, Dios lo escogió como una estrella brillante, como la luz y todavía nos dicen que el mal que aqueja a nuestra historia no puede y no debe tener la última palabra.

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    IV Centenario de la muerte de San Juan Leonardo
    IV Centenario de la muerte de San Juan Leonardo
    Logotipo Oficial del IV Centenario de la muerte de San Juan Leonardo
    Logotipo Oficial del IV Centenario de la muerte de San Juan Leonardo
    ¡Oh, si tú supieras!
    ¡Oh, si tú supieras!
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    San Juan Leonardi, Confesor

    Oh Dios, que te dignaste suscitar maravillosamente al bienaventurado Juan, tu Confesor, para propagar la fe entre los pueblos, y por él fundaste en tu Iglesia una nueva familia para la instrucción de los fieles: danos a tus siervos, que de tal manera aprovechemos de sus enseñanzas, que consigamos la recompensa eterna. Por nuestro Señor. Amén

    Oh Dios, que te dignaste suscitar maravillosamente al bienaventurado Juan, tu Confesor, para propagar la fe entre los pueblos, y por él fundaste en tu Iglesia una nueva familia para la instrucción de los fieles: danos a tus siervos, que de tal manera aprovechemos de sus enseñanzas, que consigamos la recompensa eterna. Por nuestro Señor. Amén

    Juan Leonardi nació de padres muy piadosos en 1541, en Decima (cerca de Lucca), Italia.  Ya desde niño buscaba la soledad para darse con más libertad a la oración.  Ordenado de sacerdote a los 32 años, condujo a numerosos jóvenes de noble corazón por la senda de la perfección.  En 1574 fundó la congregación de Clérigos Regulares, que puso bajo la protección de la Sma. Virgen.  Fué defensor intrépido de la fe católica frente al error protestante que se infiltraba en aquellas regiones. Después de haber fundado en colaboración con el español Vives, en 1603, el Colegio de la Propaganda, murió víctima de su abnegación cuidando a los atacados por la peste en 1609, en el hospital de Santa María in Porticu.  Ha sido canonizado en 1938 por el Papa Pío XI.

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1739.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    9 de octubre

    SAN JUAN LEONARDO,()
    Confesor

    _juan_leonardo

    San Juan Leonardo pertenece, por la cronología y por su obra, al período de la reforma Católica. Nace en el año 1541 en Diécimo, pueblo cercano a Lucca, la pequeña república llamada en otro tiempo «religiosísima», y agitada ahora por la crisis protestante.

    A la edad de doce años, sus padres, modestos industriales, le enviaron a casa del párroco de Villa Basílica, donde adquirió una cultura elemental e inició su formación religiosa. Habría sido tal vez ésta la ocasión para elegir el estado eclesiástico, pero el padre de Leonardo cambió por ahora el rumbo de su vida, mandándole a Lucca a estudiar farmacia. La profesión de «farmacéutico» o «droguero» en aquellos tiempos bordeaba los limites de la medicina y de la alquimia, de la magia y de la filosofía. En este ambiente moldeó Leonardo su recia personalidad de cristiano seglar militante, cuya característica no fue la de hechos asombrosos, aureolados de milagrosos «golpes de gracia», sino la de una progresiva ascensión hacia el ideal de santidad. Intensifica la frecuencia de sacramentos y la práctica de la mortificación, realiza el apostolado en el ambiente en que vive y se adhiere al grupo de piadosos seglares llamados «colombinos» para asegurar su perseverancia, madurando así su capacidad de entrega a una intensa vida sacerdotal que había de ser su decidida vocación.

    Efectivamente, después de la muerte de su padre, a pesar de que la madre le instaba para que se instalase en Diécimo como farmacéutico, inicia sus estudios eclesiásticos. Tiene ahora veintiséis años. Aprobado el latín en las escuelas públicas de Pisa, aprende lógica y teología con el Padre dominico Paolino Bernardini, que por prescripción médica residía en una casa de Cam po perteneciente a la Orden.

    El contacto directo con el maestro dominico produjo en Juan Leonardo cierta preocupación científica, que manifestó luego en los ensayos, inéditos, que escribió sobre diversos tratados teológicos. La perfección que podría faltar en su elemental plan de estudios era suplida por la madurez humana y espiritual que Leonardo había adquirido en sus treinta y dos años de vida seglar. Fue ordenado sacerdote en Pisa, el año 1572.

    Instalado en Lucca como capellán de la iglesia de San Giovanni della Magione, Juan Leonardo comienza su apostolado y su obra de proselitismo, que había de cristalizar en la fundación de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios. Característica relevante del apostolado de Juan Leonardo es la enseñanza del catecismo, que revela el espíritu eminentemente parroquial que había de diferenciar a su Institución. Juan Leonardo es «sacerdote de parroquia», atento siempre a preocuparse de las necesidades concretas e inmediatas de los fieles.

    Habiendo conocido el obispo de Lucca su actividad catequística, le encargó de realizarla en otras iglesias y parroquias de Luc ca. Para sistematizar esta actividad San Juan Leonardo escribió un Manual de doctrina cristiana, que estuvo durante mucho tiem po en uso en algunas regiones de Italia. Queriendo asegurar la continuidad de este movimiento renovador de la enseñanza del catecismo, formó la Compañía de la Doctrina Cristiana, integrada por elementos seglares y que muy pronto había de extenderse a Siena, Pistoya, Nápoles y Roma. Los pontífices Gregorio XIII, Clemente VIII y Paulo V concedieron a esta Compañía especiales privilegios.

    La personalidad de este sacerdote de vocación tardía comenzaba a destacarse en la Iglesia briosamente, paralela a la de los coetáneos San José de Calasanz y San Felipe Neri, a quienes estará muy unido en el andar de su vida de fundador y de apóstol.

    A los dos años de actividad sacerdotal Juan Leonardo había formado un grupo de colaboradores parroquiales íntimos, a los que fue preparando para el sacerdocio y con los que inicia su fundación el año 1574.

    En realidad, sus proyectos de fundador no eran ambiciosos en cuanto a la organización. La pequeña comunidad de sacerdotes surgía limitada al ámbito de la parroquia. El ideal de Juan Leonardo era hacer de sus colaboradores santos sacerdotes dedicados al ministerio parroquial.

    La nueva Congregación encontró una férrea oposición por parte de las autoridades civiles de Lucca. La pequeña república, celosa de su independencia, seguía con recelo la actividad del Santo, a quien comenzó a considerar aliado de potencias extran jeras y posible colaborador de la Inquisición. Sin ninguna responsabilidad personal, Juan Leonardo fue tratado durante toda la vida como un enemigo irreconciliable de su patria.

    Tal enemistad ocasionó a los noveles religiosos una precaria situación económica, hasta tal punto que el mismo fundador se vio obligado a pedir limosna.

    Estas dificultades, sin embargo, no desalentaron a Juan Leonardo en sus tareas apostólicas. Intensificó en su iglesia el culto al Santísimo Sacramento con la función de las Cuarenta Horas y organizó continuamente ejercicios de reparación y penitencia. Los fieles recorrían de noche procesionalmente las calles de Lucca, visitando las iglesias principales, entonando himnos penitenciales, disciplinándose y gritando: «¡Perdón, Señor, misericordia!» El devoto espectáculo ocasionó ruidosas conversiones, no siempre coronadas con una fiel perseverancia, y que proporcionaron al celoso predicador algún fracaso apostólico

    Tal fue el de la Compañía de la Paz, agrupación formada con cincuenta bandidos convertidos en masa, que a los pocos meses de existencia el Santo debió disolver, porque algunos de los conversos habían vuelto a las andadas; los que perseveraron ingresaron en los capuchinos.

    Más afortunado fue con la fundación de las Monjas de los Ángeles, religiosas dedicadas a las muchachas pobres, de las cuales, no obstante, Juan Leonardo se desentendió muy pronto, por que era radicalmente opuesto a los apostolados femeninos, aun los de clausura.

    A la sazón el Santo andaba preocupado con el traslado de su comunidad de clérigos a la nueva casa de Santa María Contelandini, en Lucca. Lo cual no se llevó a cabo sin graves disturbios, ocasionados por los fieles de esta parroquia, que llegaron a decir al obispo en señal de protesta: » Monseñor, ¿ qué hacéis? ¿ Habéis alejado de vos aquellos diablos y nos los habéis metido en medio de nosotros?» A pesar de todo San Juan Leonardo tomó posesión de la nueva sede. Era el año 1580. Al año siguiente la Congregación recibía la aprobación oficial del obispo de Lucca, llamándose Clérigos Regulares de la Madre de Dios.

    Con razón Juan Leonardo había ya ganado también la con fianza de la Santa Sede y fue nombrado varias veces por Clemente VIII comisario apostólico con la misión de reformar algunas de las Ordenes monásticas decadentes. El Santo realizó siempre con gran celo y notable éxito esta tarea de reformador, pero la impronta de su personalidad está más grabada en aquéllas catequesis y aquélla actividad pastoral de Juan Leonardo en las iglesias de Lucca.

    Con no menor intensidad se dedica ahora el Santo a solidificar su fundación. Aunque no era ideal del fundador multiplicar las nuevas casas, quiso, sin embargo, fundar una en Roma. Lo consiguió gracias al apoyo de algunos cardenales, principalmente el cardenal Baronio, que le estimó y protegió siempre con especial predilección. La nueva comunidad se instaló definitivamente, el año 1662, en Santa María in Campitelli, que aún hoy día es la Casa Generalicia de la Congregación. Durante su estancia en Roma, Juan Leonardo realizó una de las más importantes actividades de su vida: la colaboración con el cardenal español Juan Bautista Vives en la organización del Colegio de Propaganda Fide. Durante los últimos siete años de su vida el Santo se dedicó con ardor a la naciente Institución misionera, cuyo ideal él había acariciado desde hacía tiempo. Este mérito fue premiado por León XIII, que por especial privilegio le inscribió, siendo aún Beato, en el Martirologio Romano, poniendo de relieve la obra misional realizada por San Juan Leonardo.

    Antes de morir Juan Leonardo tuvo la alegría de ver aprobadas en 1603 por Clemente VIII las constituciones de la nueva Congregación de Clérigos Regulares. No pudo llegar a verla florecer y brillar. Pero guardó en su corazón la alegría de una vida entregada al servicio de la Iglesia. Murió entre los suyos, en Lucca, el año 1609. Beatificado por Pío IX en 1861, fue canonizado por Pío XI en 1938. Sus restos se veneran en Santa María in Campitelli, de Roma.

    San Juan Leonardo encarnó el ideal de un santo sacerdote, que no deslumbra por la magnitud de sus empresas, sino por el perseverante ejercicio de la caridad pastoral.

    MANUEL USEROS CARRETERO.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index.html

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    9 de Octubre

    Revelaciones a Santa Brígida de Suecia

    Santa Brígida ora pro nobis

    ¡Santa Brígida ora pro nobis!

    Del Libro 1 Capítulo 16

    Cómo la esposa vio a un santo hablando a Dios acerca de una mujer que había sido terriblemente afligida por el demonio y que después se convirtió gracias a las oraciones de la gloriosa Virgen.

    La esposa vio que uno de los santos le decía a Dios: “¿Por qué está el demonio afligiendo el alma de esta mujer que tú redimiste con tu sangre?”. El demonio contestó de inmediato diciendo: “Porque es mía por derecho”. Y el Señor dijo: “¿Con qué derecho es tuya?”. El demonio le contestó: “Hay –dijo—dos caminos. Uno que conduce al Cielo y otro al infierno. Cuando ella se topó con estos dos caminos, su conciencia y razón le dijeron que eligiera mi camino. Y como tenía libre voluntad para elegir el camino de su agrado, pensó que sería más ventajoso dirigir su voluntad hacia el pecado, y así comenzó a caminar por mi sendero. Después, la engañé con tres vicios: la gula, la codicia de dinero y la lujuria.

    Ahora habito en su vientre y en su naturaleza. La tengo asida por cinco manos. Con una mano le cierro los ojos para que no vea cosas espirituales. Con la segunda, sujeto sus manos, de forma que no pueda hacer ninguna obra buena. Con la tercera le sostengo los pies, de manera que no camine hacia la bondad. Con la cuarta, sujeto su intelecto para que no se avergüence de pecar y, con la quinta, le sostengo el corazón para que no sienta contrición”.

    La bendita Virgen María le dijo entonces a su Hijo: “Hijo mío, haz que diga la verdad sobre lo que quiero preguntarle”. El Hijo contestó: “Tú eres mi Madre, eres la Reina del Cielo, eres la Madre de la misericordia, el consuelo de las almas del purgatorio, la alegría de los que peregrinan por el mundo. Eres la Soberana de los ángeles, la criatura más excelente ante Dios. También eres Soberana sobre el demonio Ordénale tú misma a este demonio, Madre, y él te dirá lo que quieras”. La bendita Virgen preguntó entonces al demonio: “Dime, Satanás, ¿qué intención tenía esta mujer antes de entrar en la Iglesia?”. Satanás le contestó: “Tomó la resolución de no volver a pecar”.

    Y la Virgen María le dijo: “Aunque su intención anterior le conducía al infierno, dime, ¿en qué dirección apunta su actual intención de alejarse del pecado?” El demonio le respondió con desgana: “La intención de abstenerse de pecar la conduce hacia el Cielo”. La Virgen María dijo: “Como tú aceptaste que era tu derecho alejarla del camino de la Santa Iglesia debido a su anterior intención, ahora es cuestión de justicia que debe ser conducida de vuelta a la Iglesia, dada su presente intención. Ahora, demonio, te voy a hacer otra pregunta: Dime ¿qué intención tiene en su actual estado de conciencia?”. El demonio le contestó: “En su mente está terriblemente contrita y arrepentida, llora por todo lo que ha hecho. Ha decidido no cometer semejantes pecados nunca más y enmendarse en todo lo que pueda”.

    La Virgen, entonces, preguntó a demonio: ¿Podrías decirme si los tres pecados de lujuria, gula y codicia pueden existir en un corazón junto a sus tres buenas resoluciones de contrición, arrepentimiento y propósito de enmienda?”. El demonio contestó: “No”. Y la bendita Virgen dijo: “¿Me dirás, entonces, cuáles tienen que retroceder y huir de su corazón, las tres virtudes o los tres vicios que, según tú, no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo?”. El demonio replicó: “Digo que los pecados”. Y la Virgen agregó: “El camino al infierno está entonces cerrado para ella y el camino del Cielo le queda abierto”.

    De nuevo, la bendita Virgen María inquirió al demonio: “Dime, si un ladrón acechara a las puertas de la esposa y quisiera violarla ¿qué tendría que hacer el Esposo?” Satanás contestó: “Si el Esposo es bueno y valiente, debe defenderla arriesgando su vida por el bien de ella”. Entonces, la Virgen dijo: “Tú eres el ladrón malvado. Esta alma es la esposa de mi Hijo, quien la redimió con su propia sangre. Tú la corrompiste y la atacaste a la fuerza. Por lo tanto, y puesto que mi Hijo es el Esposo de su alma y Señor sobre ti, retírate de su presencia”.

    EXPLICACIÓN

    Esta mujer era una prostituta, que después de arrepentirse quiso volver al mundo porque el demonio la molestaba día y noche, tanto que visiblemente presionaba sus ojos y, delante de muchos, la arrastraba fuera de la cama. Entonces, en la presencia de testigos fiables, la santa doña Brígida dijo abiertamente: “Márchate, demonio, has vejado ya bastante a esta criatura de Dios”. Después de dicho esto, la mujer se quedó quieta por media hora, con los ojos fijos en el suelo y, después, se levantó y dijo: “En verdad he visto al demonio en una forma abominable saliendo por la ventana y oí su voz que me decía: ‘Mujer, verdaderamente has quedado liberada”. Desde ese momento, esta mujer, ha vencido toda impaciencia, cesaron sus sórdidos pensamientos y ha venido a descansar en una buena muerte.

    Para leer más revelaciones, o los libros de Santa Brígida de Suecia, clic en el siguiente enlace:

    Tomado de: http://www.prophecyfilm.com/spanish/

    Santa Brígida, Viuda

    Oh Señor y Dios nuestro, que, por medio de tu unigénito Hijo, revelaste a Sta. Brígida los secretos celestiales: concede a tus siervos por su piadosa intercesión, que nos gocemos alegres de la manifestación de tu gloria eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor, Amén.

    Oh Señor y Dios nuestro, que, por medio de tu unigénito Hijo, revelaste a Sta. Brígida los secretos celestiales: concede a tus siervos por su piadosa intercesión, que nos gocemos alegres de la manifestación de tu gloria eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor, Amén.

    Santa Brígida de Suecia, de sangre real, fué casada con el príncipe Ulfón y educó santamente a sus ocho hijos, entre los cuales figura Sta. Catalina de Suecia.  Con tales razones exhortó a su esposo a la práctica de la virtud que voluntariamente dejó al mundo para abrazar le Regla del Cister, después de hacer entrambos la peregrinación a Santiago.

    Brígida redobló entonces su fervor en el santo estado de viudez, «dándose a todo linaje de buenas obras y perseverando noche y día en la oración y contemplación» (Ep.), en el convento de Wastein por ella fundado.

    Jesús a quien imitaba especialmente en su pasión, la recompensó, revelándole los arcanos del cielo(Or.), y así nos quedan ocho libros de sus Revelaciones.  Murió en Roma, adonde fue de peregina, y allí recibió seputltura, hasta su traslación a Suecia (1373).

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1739.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    8 de octubre

    SANTA BRÍGIDA,()
    Viuda

    Fiel es esta palabra: Si hemos muerto con Él también con Él viviremos. (2 Timoteo, 2)

    Fiel es esta palabra: Si hemos muerto con Él también con Él viviremos. (2 Timoteo, 2)

    Santa Brígida, noble dama sueca, nacida en 1302, pronto dio muestras de una gran devoción a la Pasión de Jesucristo. Después de un sermón relativo a sus padecimientos, se le apareció el Salvador ensangrentado. De tal modo la conmovió este espectáculo, que desde entonces no podía oír hablar de la Pasión sin verter abundantes lágrimas. Todas las noches se levantaba para orar a Dios ante su crucifijo. Dejó a la posteridad sus maravillosas Revelaciones. Contrajo matrimonio con Ulf, del que tuvo ocho hijos. Fundó después una Orden que lleva su nombre; entró de religiosa en ella y su marido en la Orden del Cister. Visitó Jerusalén y murió en Roma el 23 de julio de 1373.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA MORTIFICACIÓN

    I. Debes alejar de ti, mediante la mortificación, todo lo que pueda llevarte al pecado mortal; no es éste un consejo, es un verdadero precepto. Si te ex pones a las ocasiones de ofender a Dios, en ellas perecerás. El Evangelio te manda arrancarte el ojo y la mano que te escandalicen, es decir, dejar aquello que más quieras, cuando sea para ti ocasión de ofender a Dios. ¿Lo haces?

    II. En la medida en que puedas, abstente de los placeres permitidos. Cuanto más te despegues de las consolaciones de la tierra, tanto más gustarás los gozos del cielo. Esta mortificación te impedirá caer en pecado. Un momento de sufrimiento en esta vida me  librará de largos días de dolor en el purgatorio: ¿por qué, pues, he de amar mis comodidades al punto de no querer sufrir nada? Sed al mismo tiempo sacerdotes y víctimas, perseguidores y mártires. (San Eusebio).

    III. Aun cuando la mortificación no me ofreciese más ventaja que la de hacerme semejante a mi Salvador crucificado, ¿no sería suficiente para hacérmela amable? Ella me hace recordar lo que Él ha sufrido por mí. ¡Oh alma mía! ¿dónde está el amor que tienes por Jesús? Si lo amas, debes asemejarte a Él; si rehúsas participar de sus padecimientos, no esperes participar de su gloria. ¿ Tan poco amor tengo por ti, oh Dios que tanto me amasteis, que puedo vivir sin dolor viéndote en la cruz? No puedo estar sin heridas cuando te veo cubierto de llagas. (San Buenaventura).

    La mortificación – Orad
    por la conversi6n de los cismáticos.

    ORACIÓN

    Señor Dios nuestro, que, por vuestro Unigénito Hijo, habéis revelado a Santa Brígida los secretos del cielo, haced, por su piadosa intercesión, que vuestros servidores un día se regocijen eternamente en la posesión de vuestra gloria. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    8 de Octubre

    LEPANTO 7 DE OCTUBRE DE 1571*

    DESDE ENTONCES y PARA SIEMPRE
    LA GRAN FIESTA DEL TRIUNFO
    DEL SANTÍSIMO ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA

    .Venid, pueblos, y recoged rosas de estos misterios, y tejed coronas a la ínclita Madre del Amor Hermoso. (Himno de Vísperas).

    .Venid, pueblos, y recoged rosas de estos misterios, y tejed coronas a la ínclita Madre del Amor Hermoso. (Himno de Vísperas).

    Aunque ha sido muy célebre esta devoción del Rosario desde el tiempo de Santo Domingo, se hizo más célebre con ocasión de la famosa batalla naval de Lepanto, que se ganó por intercesión de nuestra Señora, y particularmente por la devoción de su santo Rosario, la cual, siendo tan sabida, no hay para qué referirla aquí de propósito, y siendo muy propia de la fiesta de hoy no se puede callar del todo, y por eso diré la suma de ella.

    Después que Selim II de este nombre, gran turco, rompió las paces con la república de Venecia, y viéndose señor del mar por la multitud de sus naves y soldados, se señoreó del reino de Chipre, y empezó a hacer hostilidades y estragos en los cristianos, el santísimo Pontífice Pio V procuró unir todas las armas católicas contra el enemigo común de la cristiandad que deseaba dominarlo todo con su poder, y presumía eclipsar con sus lunas las luces clarísimas de nuestra fe. Excusáronse los otros príncipes cristianos, y solamente el rey católico Felipe II se coligó con el Papa y con la república de Venecia para oponerse a tan formidable enemigo. Dispúsose una poderosa armada, de la que iba por general D. Juan de Austria, hijo del invicto emperador Carlos V, en quien parecía herencia el valor y patrimonio el vencer. Buscó la armada católica a la turquesa, que esperaba en el golfo de Lepanto. Los turcos contaban doscientas treinta galeras reales, con otras muchas galeotas y vasos menores; los cristianos llevaban más de doscientas galeras: ochenta y una del rey de España, ciento nueve de Venecia, y doce del Sumo Pontífice, tres de Malta y otras de caballeros particulares. Al llegar nuestra armada a vista de la del enemigo, el viento, que para los turcos era favorable y para los cristianos contrario, amainó casi de repente, empezando ya a desfavorecerles este elemento, y el mar se sosegó, como si pretendiera ver con reposo los dos más poderosos ejércitos del mundo disputarse sobre la posesión de él. El de los turcos era muy superior en número; el de los cristianos era mayor en el valor: los turcos presumían alistarse debajo de sus banderas la fortuna, hinchados con repetidas victorias; los cristianos sabían qué venía con ellos la justicia de la causa; ambas armadas tenían presente la batalla y el riesgo, y  esperaban la victoria y el triunfo; pero los infieles lo esperaban de su valor y los fieles del favor divino. Por esto, ya que se acercaban a tiro de cañón, mandó su alteza enarbolar un crucifijo y muchas imágenes de Nuestra Señora, y todos, puestos de rodillas hicieron oración a Dios, poniendo por intercesora a la Virgen, suplicándole que no diese la victoria a sus enemigos por castigar a los que le confesaban y llamaban arrepentidos de sus culpas. Luego, habiendo esforzado los dos capitanes a sus soldados, y dado la señal de aceptar de ambas partes la batalla con dos tiros de bombarda, se acometieron las naves con increíble ímpetu, y se peleó por espacio de dos horas con extraño valor, con diferentes sucesos, ya prósperos, ya adversos, como los lleva la guerra, sin saberse aún dónde estaba la victoria, hasta que se reconoció en nuestra armada, y se fue declarando tanto por los cristianos, que en breve tiempo quedó desbaratada y deshecha la armada de los turcos; treinta mil con su bajá muertos, diez mil cautivos, ciento ochenta naves presas, noventa sumergidas, quince mil cristianos rescatados, casi trescientos tiros de artillería tomados; el despojo de dineros, joyas y armas no tiene precio ni número; y lo principal fue cobrar las armas católicas la reputación perdida, y perder las mahometanas la soberbia y confianza ganadas en muchas victorias. Murieron de nuestra parte seis mil hombres, por lo cual fue esta batalla la más célebre que han conseguido en el mar los cristianos, y no sé si vio antes primera, ha visto después segunda en sus campañas el elemento del agua.

    ¡Papa San Pío V Ora pro nobis!

    ¡ San Pío V ora pro nobis!

    Debióse esta insigne victoria a las oraciones de San Pío V y de la cristiandad, donde el Santo Pontífice les mandó hacer; y fuera del valor de los soldados cristianos, ayudó mucho la devoción y celo con que confesados y bien dispuestos entraron en la batalla, para morir defendiendo la fe, si Dios por nuestras culpas diese a los infieles la victoria; y principalmente se debió a la intercesión de la sacratísima Virgen María nuestra Señora, singular patrona de las batallas, a quien el Sumo Pontífice encomendó esta empresa, y el general y capitanes hicieron diversos votos. Consiguióse esta victoria en el primer domingo de octubre de 1571, día que la religión de Predicadores tenía consagrado, como todos los primeros domingos de cada mes, al culto de nuestra Señora del Rosario; y en éste, especialmente encomendaba a Dios el buen suceso de las armas católicas, por mandado del Sumo Pontífice San Pío V, el cual, en reconocimiento de tan señalada merced como recibió toda la cristiandad de la Madre de Dios, consagró este día a su culto, con título de «Santa María de la Victoria»; y Gregorio XIII, que le sucedió, mandó que se celebrase cada año, en el primer domingo de octubre, en todas las iglesias del orbe cristiano donde hubiese capilla o altar de nuestra Sñora del Rosario, fiesta a nuestra Señora con título del Rosario, por haberse alcanzado esta victoria por su devoción. Confirmó esta fiesta Clemente VIII, y últimamente nuestro Santísimo Padre Clemente X; a instancia de la reina nuestra señora doña Mariana de Austria. Y se fijó definitivamente para el día 7 de octubre, día de la grandiosa victoria de Nuestra Señora con su arma invencible de todos los tiempos: Su Santísimo Rosario.

    R. P. Rivadeneira S. I.
    «Vida y Misterios de Nuestra Señora»

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

    Nuestra Señora del Rosario

    Regína sacratíssimi Rosárii, ora pro nobis

    Regína sacratíssimi Rosárii, ora pro nobis

    En la Edad Media, como antiguamente entre los Romanos, solían llevar los nobles coronas de flores, que más tarde se transformaron en las áureas diademas de los reyes.  Ofrecíanse estas coronas a los hombres de distinción a título de censo.

    La Virgen María, como reina del cielo y de las almas, es acreedora a estos mismos honores, por lo cual la Iglesia quiere que reconozcamos el título de María reina del Sto. Rosario, y nos exhorta a ofrecerle, como Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espiritu Santo, tres coronas de rosas, cuya encantadora belleza describe en el oficio y la misa.

    La oración nos recuerda ser el Rosario una oración mental tanto como vocal, en que meditamos los misterios de la vida, muerte y resurrección de Jesús, a los cuales estuvo íntimamente unida la Virgen Maria.

    También han llovido, mediante esta oración, muchos favores sobre la cristiandad en el transcurso de los siglos, y esta fiesta de N. Señora del Rosario fué instituída especialmente, en lugar de N. Señora de la Victoria, para recordar la insigne victoria de Lepanto Domingo 7 de Octubre de 1571, debida a la recitación del Rosario, donde fueron aniquiladas especialmente por la flota española a las órdenes de don Juan de Austria, las fuerzas vivas del islamismo, que amenazaban invadir a Europa.

    La fiesta del Rosario viene a ser como una miniatura del año litúrgico, por la meditación de los Misterios de Cristo; y también lo es del Breviario porque las 150 Aveinarias nos recuerdan los 150 Salmos, que terminamos con Gloria Patri.  El Rosario es a manera de vistoso tríptico en cuyas tablas vemos reproducidos los sucesos gozosos, dolorosos y gloriosos de Jesús y de María, que se han venido sucediendo en el calendario católico.  En ciclo de Navidad, el alma, que nada en una atmósfera de júbilo, considera los cinco misterios gozosos el Miércoles y Viernes de Témporas de Invierno, el día de Navidad, el 2 de Febrero y el Domingo infraoctava de Epifanía.  Contempla después, en medio de las tristezas del tiempo de Pasión, los cinco misterios dolorosos el Jueves y Viernes Santos.  Finalmente participa, en medio de las alegrías del Tiempo Pascual, de los cinco misterios gloriosos en las fiestas de Pascua, Ascensión, Venida del Espíritu Santo, Asunción de la Virgen.  Todos los fieles, que visiten en el día de la fiesta una iglesia donde se halle establecida la archicofradía del Rosario, pueden lucrar indulgencia toties quoties plenaria, análoga a la de la Porciúncula1.

    1. Instituída ya esta fiesta por Gregorio XIII, fue elevada de rito por León XIII, el papa del Rosario, y él la dotó de la actual misa y oficio.

    GREGORIO XIII (1502-1585), Pope Portrait: Lavinia Fontana

    GREGORIO XIII (1502-1585), Pope Portrait: Lavinia Fontana

    El Papa del Santo Rosario

    León XIII, el Papa del Santo Rosario

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1731 y 1732.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    7 de octubre

    NUESTRA SEÑORA
    DEL
    SANTÍSIMO ROSARIO

    Desde que la Santísima Virgen ha dado una eficacia tan grande al Rosario,   no existe ningún problema material, espiritual, nacional o internacional que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y nuestros sacrificios. (Hna. Lucía de Fátima).

    Desde que la Santísima Virgen ha dado una eficacia tan grande al Rosario, no existe ningún problema material, espiritual, nacional o internacional que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y nuestros sacrificios. (Hna. Lucía de Fátima).

    Fangeaux está en un alto, dominando la inmensa llanura de Lauregais. Es un paisaje impresionante, en especial por la inmensidad del horizonte que se descubre. Precisamente Dios Nuestro Señor lo eligió para abrir los ojos de Santo Domingo de Guzmán a otro paisaje más dilatado aún, el de la inmensidad de las almas que estaban esperando quien les mostrara el camino de la auténtica vida cristiana.

    Un discreto y sencillo monumento, llamado la Seignadou, marca y lugar en que, estando en oración, recibió el Santo una gracia extraordinaria. Pocos detalles sabemos de ella. Es muy fácil que, como suele ocurrir tantas veces en las vidas de lo santos, ni el mismo Santo Domingo percibiera desde el primer momento toda la trascendencia de lo que entonces se le revelaba. Parece cierto que Dios le confirmó en su idea de fundar una Orden de Predicadores, que le confirmó también que eran aquellas tierras del mediodía de Francia el más adecuado escenario para dar comienzo a la tarea, y que la Santísima Virgen mostró mirar con especial predilección este apostolado dominicano.

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    ¿Ocurrió entonces la revelación del Santísimo Rosario? Ya hemos dicho que es poco lo que nos queda de fehaciente sobre aquella visión. El Santo no fue nunca explícito, pero la tradición unánime hasta tiempos muy recientes ha hecho a Santo Domingo de Guzmán fundador del rosario. Oigamos, por ejemplo, al Papa Benedicto XV: «Y así -dice hablando de Santo Domingo- en sus luchas con los albigenses que, entre otros artículos de nuestra fe, negaban y escarnecían con injurias la maternidad divina de María y su virginidad, el Santo, al defender con todas las fuerzas de su alma la santidad de estos dogmas, imploraba el auxilio de la Virgen Madre. Con cuánto agrado recibiese la Reina de los cielos la súplica de su piadosísimo siervo, fácilmente puede colegirse por el hecho de haberse servido de él la Virgen para que enseñase a la Iglesia, Esposa de su Hijo, la devoción del Santísimo Rosario: es decir, esa fórmula deprecatoria que, siendo a la vez vocal y mental (pues al mismo tiempo que se contemplan los principales misterios de la religión se recita quince veces la oración dominical con otras tantas decenas de ave marías), es devoción muy a propósito para excitar y mantener en el pueblo el fervor de la piedad y la práctica de todas las virtudes. Con razón, pues, Domingo de Guzmán mandó a sus hijos que, al predicar a los pueblos la palabra de Dios, se dedicasen constantemente y con todo empeño a inculcar en los ánimos de sus oyentes esta forma de orar, cuya utilidad práctica tenía él harto experimentada

    Este es, por consiguiente, según el parecer unánime de la tradición, robustecida por los documentos pontificios, el celestial origen del Santísimo Rosario. La moderna crítica pone, sin embargo, no pocos reparos a este sentir. Las trazas del rosario como devoción popular son muy posteriores, y aparecen con independencia de la actuación de Santo Domingo.

    No es éste el lugar de discutir una cuestión histórica. Como suele suceder en estas ocasiones, hay un desenfoque inicial en la actitud de los críticos: una idea, una institución, una devoción, no nacen nunca enteramente hechas. Piénsese en la devoción al Corazón de Jesús, elaborada durante siglos por el amor hacia la humanidad de Cristo, que iba en aumento. O piénsese en la serie de vicisitudes por que pasa una idea antes de plasmar en una realización práctica, poniendo ante los ojos, por ejemplo, las di versas tentativas y ensayos que precedieron a la configuración jurídica de la Compañía de Jesús. Que Santo Domingo de Guzmán concibió su apostolado y el de sus hijos con un matiz eminentemente mariano, no hay quien lo discuta. Que ya en los primeros tiempos de la Orden dominicana encontramos la recitación frecuente del avemaría, utilizando incluso cuerdas con nudos, también parece cierto. Recuérdese el ejemplo de Romeo de Livia, O. P. (t 1261); el de Delfín Humberto, O. P. (t 1356); el de la Beata Margarita Ebner, O. P. (t 1351); el de Juan Taulero, O. P. (t 1361), y otros muchos personajes eminentes de la Orden de Predicadores en los que encontramos elementos que luego han de servir para dar la estructuración definitiva al rosario. Esto sólo puede explicarse, o al menos se explica muy fácil mente, teniendo presente una tradición que arrancara del fundador y persevérase dentro de la Orden.

    A base de estos elementos comienza la devoción del rosario a extenderse en el siglo xv por obra principalmente de dos in signes dominicos: Alano de Rupe, forma latinizante de su apellido de la Roche, y Santiago Sprenger. El primero prefería la fórmula «salterio de la Virgen» más que la de rosario, que le parecía un tanto paganizante, y trabajó no poco en los Países Bajos por extenderlo. Sprenger no sólo consiguió difundir gran demente el rosario por Alemania y los países del centro de Europa, sino que escribió un folleto de propaganda y consiguió la primera aprobación por parte de la autoridad apostólica, otorgada por el Papa Sixto IV el 10 de marzo de 1476. Ni fue ésta sola la aprobación que obtuvo, sino que antes de morir logró nuevos documentos pontificios y la confirmación de todo lo actuado por parte del maestro general de la Orden. Por eso, aunque algunas veces no se valore suficientemente su influencia en la difusión del rosario, es necesario tenerle por uno de los más destacados artífices de la difusión de la misma.

    Ya desde entonces puede decirse que la marcha del rosario por todo el mundo es verdaderamente triunfal. Pronto salta de los países de la Europa central a los países latinos, y las concesiones papales se encuentran ya en abundancia. En España mismo vemos cómo el cardenal Gil de Viterbo, legado para España y Portugal, después de definir el rosario en su forma actual, con cede gracias en 1519 a la cofradía que se había fundado en Tu dela. En Vitoria, en el convento de Santo Domingo, había una capilla y altar bajo la advocación del rosario, a la que Adriano VI concede amplias indulgencias el 1 de abril de 1523, confirma das luego por Clemente VII y dos veces por Paulo III. Algo parecido se encuentra ya por todas partes, no sólo en Europa, sino también en América, a la que la devoción del rosario es llevada por los dominicos. Ni se piense sólo en el rosario como una devoción exclusivamente dominicana: San Ignacio de Loyola, por ejemplo, y los primeros jesuitas fueron extraordinariamente afectos a ella.

    Los papas continuaron alabando esta devoción y cargándola de indulgencias. Pero quien verdaderamente aparece como eminente en la historia del rosario es San Pío V. Tras algunos actos de carácter más bien particular, el día 17 de septiembre de 1569 daba la solemne bula Consueverunt Romani Pontífices, en la que no sólo definía ya con precisión el rosario, sino que además resumía y ampliaba todos los privilegios e indulgencias unidos a esta devoción. Continúa durante todo su pontificado trabajando por la difusión del rosario. Y el 5 de marzo de 1572 da la bulaSalvatoris Domini, en la que, recordando la victoria obtenida en Lepanto el 7 de octubre, permite a la Cofradía del Rosario de Martorell (Barcelona) que ese día celebren todos los años una fiesta bajo la advocación de la Virgen del Rosario, según lo había pedido don Luis de Requeséns, señor de Martorell, que había estado presente en Lepanto. No parece que pueda decirse que fue San Pío V el que insertó en las letanías la invocación «Auxilium christianorum«, sino que tal invocación debió de tener origen en sus tiempos en Loreto mismo, por donde pasaron no pocos de los que habían participado en la batalla de Lepanto.

    Su sucesor Gregorio XIII, el 1 de abril de 1533, extiende la fiesta del Rosario a todas las iglesias y capillas en que estuviera erigida la cofradía. Clemente XI, en 1716, extendió la solemnidad a la Iglesia universal, unida al primer domingo de octubre. Sólo en 1913, como consecuencia de la reforma litúrgica que quiso descargar de fiestas los domingos, quedó fijada en el calendario de la Iglesia universal esta fiesta en el 7 de octubre, conservando la Orden dominicana el privilegio de celebrar la fiesta el mismo primer domingo de octubre.

    Todos estos datos cronológicos y eruditos no son al fin y al cabo más que una manifestación del unánime sentir del pueblo cristiano, que ama extraordinariamente esta devoción. Con el certero instinto que le caracteriza, adivina lo grata que es a la Santísima Virgen. Por eso en cuantas circunstancias, agradables o tristes, se presentan en la vida del cristiano, espontáneamente sube a sus labios esta hermosa oración. Ya se encuentre velando un cadáver, ya se acerque en peregrinación a un santuario famoso, ya trate de ofrecer algo por el éxito de unos exámenes o la resolución de un asunto difícil… en cualquier circunstancia el cristiano recurre al rosario, seguro de hallar en él un obsequio verdaderamente grato a la Santísima Virgen.

    Y que tal sentir no es erróneo nos lo demuestra claramente la actitud de la Iglesia. Puede decirse que no hay devoción que de manera tan continuada haya sido recomendada e inculcada por los Romanos Pontífices. Es más, hay un hecho bien significativo: la devoción al rosario es para los papas un refugio providencial en las circunstancias difíciles que se presentan a la Iglesia. Ya se trate, como en tiempos de San Pío V, del peligro turco, ya se trate de los espinosos problemas que plantea la fermentación intelectual del siglo XIX, como en tiempos de León XIII, hacia esta devoción se vuelven los ojos de los papas.

    ¿En qué está el secreto de la eficacia? Precisamente los mismos papas nos lo dicen: en tratarse de una devoción que, siendo sencilla, está, sin embargo, llena de contenido. Sencilla, porque hartos estamos de ver cómo la más humilde mujercita sabe rezar su rosario. Llena de contenido, puesto que sistemáticamente nos obliga a recorrer los principales misterios de la vida de Jesucristo y de su santísima Madre.

    Buena prueba de ello la tuvieron los misioneros que en 1865 descubrieron, viva aún, la fe de no pocos japoneses que ocultamente habían continuado, aislados del resto del mundo, siendo cristianos. La fiesta de Nuestra Señora del Japón, que se celebra allí el 17 de marzo, recuerda precisamente ese descubrimiento. Pues bien, una de las armas que habían servido para mantener viva la fe, había sido el rosario, recitado por aquellos que sobre vivieron a las persecuciones y por sus descendientes, que de ellos lo habían aprendido.

    Trabajar, por consiguiente, en el conocimiento y en la difusión del Santísimo Rosario es hacer obra muy grata a Dios Nuestro Señor y contribuir al arraigo y difusión de nuestra santa fe. La aparición de la Santísima Virgen en Lourdes y Fátima, así nos lo confirman. Como nos confirma también la admirable adaptación de esta forma de devoción a los tiempos modernos: la asombrosa acogida que ha tenido la cruzada del rosario en fami lia, nacida en los Estados Unidos y difundida por todo el mundo.

    LAMBERTO DE ECHEVERRÍA

    MISA DEL DÍA

    EL MISMO DÍA: SAN MARCOS, Papa y Confesor

    VER TAMBIÉN:

    ENLACES:

    BIBLIOGRAFIA (volver)

    • Acta sanctorum, agosto, t.l (1867) p.422-436; octubre, t.3 p.787-788. WALZ, A., O. P., De Rosario MarÍlle a Sixto IV lid S. Pium V (Roma 1959).

    • Monumenta Ordinis Fratrum Praedicatorum historica (Roma 1896ss). WALZ, A., O. P., Compendium historiae Ordinis P..aedicatorum (Roma 1948) 2ª  ed.

    • WILLIAM, F. M., Geschichte und Gebetsschule des Rosenkranzes (Viena 1948).

    • FAUCHER, X., Les origines du Rosaire (Parls 1923).


      Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com



    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    7 de Octubre

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    ¡Deo Gratias!

    «La Gloria de Dios y la Salvación de las Almas»

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    6 de Octubre

    EL SANTO ROSARIO EN LATÍN

    '

    Como ya muchos conocen el modo de rezar el Santo Rosario en lengua vernácula y existen innumerables sitios en los que se pueden encontrar diversos métodos, hemos querido comenzar el mes de Octubre ofreciendo a nuestros lectores las fórmulas de esta magnífica devoción en latín. Conviene sobre todo a sacerdotes, religiosos y seminaristas, pero también puede servir para ilustrar la piedad de los seglares.
    †

    Incipit Sancti Rosarii recitatio

    Per signum
    (†) Sanctae Crucis, de inimicis (†) nostris, libera nos (†), Deus noster. In nómine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

    Spiritus Sanctus invocatur:

    Antiphona. Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium, et tui amoris in eis ignem accende.

    V.Emitte Spiritum tuum et creabuntur.
    R. Et renovabis faciem terrae.

    Oremus. DEUS, qui corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti: da nobis in eodem Spiritu recta sapere, et de eius semper consolatione gaudere. Per Christum Dominum nostrum. R. Amen. Actus contritionis: O mi Domine Iesu, verus Deus et Homo verus, Creator, Pater et Redemptor meus, in qui credo et spero et quem super omnia diligo: me poenitet ex toto corde propter peccata mea quia Tu Deus bonus es ac me poenis inferni punire potes, et Tua gratia adiuvante emendationem in futuris polliceor. Amen.Formula Rosarium offerendi:Domine Deus noster, dirige et educ omnes nostras cogitationes, verba, affectus, opera et desideria ad maiorem Tuum honorem et gloriam. Et Te, Virgo beatissima, a Filio Tuo largire ut attente ac devote hanc coronam Sanctissimi Tui Rosarii recitemus, quam pro Sanctae Matris Ecclesiae atque nostris necessitatibus tam spiritualibus quam temporalibus offerimus, necnon et pro bono vivorum et suffragio defunctorum gratulationis Tuae ac maioris nostrae obligationis.
    Maria, Mater gratiae, Mater misericordiae: Tu nos ab hoste protege et hora mortis suscipe.

    V. Dignare me laudare Te, Virgo sacrata.
    R. Da mihi virtutem contra hostes tuos.

    Mysteria hodie contemplanda gaudiosa – luminosa – dolorosa – gloriosa sunt. Post enuntiationem omni mysterii Pater, decies Ave etGloria Patri dicuntur.In fine singuli mysterii:O mi Iesu, peccata nostra dimitte nobis, ab igne inferni defende nos; perduc in coelum onmium animas, eorum imprimis qui maxime misericordia Tua indigent.

    †


    Gaudii Mysteria

    I. Incarnatio Verbi Dei ex Spiritu Sancto in sinu Virginis Mariae.

    II. Visitatio Beatae Mariae Virginis ad Elisabeth.
    III. Nativitas Filii Dei in Bethlehem Iuda.
    IV. Purificatio Beatae Mariae Virginis et Presentatio Pueri in Templo.
    V. Inventio Pueri in Templo in medio Legis doctorum.


    Doloris Mysteria

    I. Oratio Iesu Christi in horto Gethsemani super monten Olivarum.
    II. Flagellatio Iesu Christi ad columnam.
    III. Coronatio spinarum.
    IV. Sanctae Crucis baiulatio.
    V. Divini Salvatoris nostri crucifixio, mors et sepultura.

    Gloriae Mysteria

    I. Resurrectio Iesu Christi a mortuis.
    II. Ascensio Iesu Christi in coelos.
    III. Missio Spiritus Sancti Paraclyti as Apostolos.
    IV. Gloriosa Beatae Mariae Virginis in coelum Assumptio.
    V. Coronatio Beatae Mariae Virginis Regina coelorum in terris.

    Gratiarum actio: Gratias innumeras agimus Tibi, Augusta Principissa, propter omnia beneficia a munificentissima manu Tua accepimus: dignare, Domina nostra, nos sub Tua protectione et refugio semper conservare, ad quem dicimus Tibi:

    Antiphona. Salve, Regina, mater misericordiae, vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende.

    V. Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix.
    R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

    Oremus. Deus cujus Unigénitus per vitam, mortem et resurrectiónem suam nobis salútis aeternae praemia comparávit: concéde, quaesumus; ut, haec mystéria sacratíssimo beátae Mariae Virginis Rosário recoléntes, et imitémur quod cóntinent, et quod promíttunt, assequámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.
    †



    LITANIAE LAVRETANAE BEATAE MARIAE VIRGINIS

    Adprobatae a Sixto PP V cum bulla Reddituri 11 iulii A.Dni. 1587

    Kyrie eleison
    Christe eleison
    Kyrie eleison
    Christe, audi nos
    Christe, exaudi nos
    Pater de coelis, Deus, miserere nobis
    Fili, Redemptor mundi, Deus, miserere nobis
    Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis
    Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis
    Sancta Maria, ora pro nobis
    Sancta Dei Genitrix, ora pro nobis
    Sancta Virgo virginum, ora pro nobis
    Mater Christi, ora pro nobis
    Mater Ecclesiae, ora pro nobis
    Mater Divinae Gratiae, ora pro nobis
    Mater purissima, ora pro nobis
    Mater castissima, ora pro nobis
    Mater inviolata, ora pro nobis
    Mater intemerata, ora pro nobis
    Mater immaculata, ora pro nobis
    Mater amabilis, ora pro nobis
    Mater admirabilis, ora pro nobis
    Mater boni consilii, ora pro nobis
    Mater Creatoris, ora pro nobis
    Mater Salvatoris, ora pro nobis
    Virgo prudentissima, ora pro nobis
    Virgo veneranda, ora pro nobis
    Virgo praedicanda, ora pro nobis
    Virgo potens, ora pro nobis
    Virgo clemens, ora pro nobis
    Virgo fidelis, ora pro nobis
    Speculum iustitiae, ora pro nobis
    Sedes sapientiae, ora pro nobis
    Causa nostrae laetitiae, ora pro nobis
    Vas spirituale, ora pro nobis
    Vas honorabile, ora pro nobis
    Vas insigne devotionis, ora pro nobis
    Rosa Mystica, ora pro nobis
    Turris davidica, ora pro nobis
    Turris eburnea, ora pro nobis
    Domus aurea, ora pro nobis
    Foederis arca, ora pro nobis
    Ianua Caeli, ora pro nobis
    Stella matutina, ora pro nobis
    Salus infirmorum, ora pro nobis
    Refugium peccatorum, ora pro nobis
    Consolatrix afflictorum, ora pro nobis
    Auxilium christianorum, ora pro nobis
    Regina angelorum, ora pro nobis
    Regina patriarcharum, ora pro nobis
    Regina prophetarum, ora pro nobis
    Regina apostolorum, ora pro nobis
    Regina martyrum, ora pro nobis
    Regina confessorum, ora pro nobis
    Regina virginum, ora pro nobis
    Regina sanctorum omnium, ora pro nobis
    Regina sine labe originale concepta, ora pro nobis
    Regina in caelum assumpta, ora pro nobis
    Regina Sacratissimi Rosarii, ora pro nobis
    Regina familiae, ora pro nobis
    Regina pacis, ora pro nobis
    Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine
    Agnus Dei qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine
    Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.


    Antiphona. Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix: nostras deprecationes ne despicias in necesitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.

    V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix.
    R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

    Oremus. Concede nos, fámulos tuos quaésumus Dómine Deus, perpetua mentis et córporis sanitáte gaudére, et gloriósa beatae Maríae semper Vírginis intercessione, a praesenti liberári tristitia, et aeterna pérfrui laetitia. R. Per Christum Dóminum nostrum. R.Amen.

    †

    Ad Sanctum Ioseph Leonis PP XIII precatio pro mense octobris: Ad Te, beate Ioseph, in tribulatione nostra confugimus, atque, implorato Sponsae tuae sanctissimae auxilio, patrocinium quoque tuum fidenter exposcimus. Per eam, quaesumus quae te cum immaculata Virgine Dei Genetrice coniunxit, caritatem, perque paternum, quo Puerum Iesum amplexus es, amorem, supplices deprecamur, ut ad hereditatem, quam Iesus Christus acquisivit Sanguine suo, benignus respicias, ac necessitatibus nostris tua virtute et ope succurras. Tuere, o Custos providentissime divinae Familiae, Iesu Christi subolem electam; prohibe a nobis, amantissime Pater, omnem errorum ac corruptelarum luem; propitius nobis, sospitator noster fortissime, in hoc cum potestate tenebrarum certamine e caelo adesto; et sicut olim Puerum Iesum e summo eripuisti vitae discrimine, ita nunc Ecclesiam sanctam Dei ab hostilibus insidiis atque ab omni adversitate defende: nosque singulos perpetuo tege patrocinio, ut ad tui exemplar et ope tua suffulti, sancte vivere, pie emori, sempiternamque in caelis beatitudinem assequi possimus. R. Amen.

    Ad mentem Romani Pontificis precamur ut omnes indulgentias Sanctissimo Beatae Mariae Virginis Rosario concessas consequamur: Pater, Ave, Credo.Et fidelium animae, per misericordiam Dei, requiescant in pace. Amen.V. Nos, cum prole pia.
    R. Benedicat Virgo Maria.
    Et sic Rosarium terminatur.

    NOTA IMPORTANTE:

    Los llamados misterios luminosos o de la luz fueron una devoción privada propuesta a la Iglesia por Juan Pablo II.  En este blog nos remitimos al Santo Rosario tal como fue enseñado por nuestra Santa Madre a Santo Domingo de Guzmán.

    Documento en el que se establece esta devoción privada:

    CARTA APOSTÓLICA
    ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
    DEL SUMO PONTÍFICE
    JUAN PABLO II
    AL EPISCOPADO, AL CLERO
    Y A LOS FIELES
    SOBRE EL SANTO ROSARIO

    En el CAPÍTULO II   

    MISTERIOS DE CRISTO, MISTERIOS DE LA MADRE

    se encuentra el texto que lo indica.

    Extracto:

    Una incorporación oportuna

    No obstante, para resaltar el carácter cristológico del Rosario, considero oportuna una incorporación que, si bien se deja a la libre consideración de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión.

    †

    HIMNO AL ROSARIO EN ESPAÑOL


    Viva María, viva el Rosario,
    viva Santo Domingo, que lo ha fundado.

    El demonio a la oreja
    te está diciendo:
    no reces el Rosario
    sigue durmiendo.

    Viva María, viva el Rosario,
    viva Santo Domingo, que lo ha fundado.

    Quien quiera bendiciones,
    paz y alegría,
    rezar debe el Rosario
    todos los días.

    Viva María, viva el Rosario,
    viva Santo Domingo que lo ha fundado.

    Los dieces del Rosario
    son la escalera
    para subir al cielo
    las almas buenas.

    Viva María, viva el Rosario,
    viva Santo Domingo que lo ha fundado.

    Devoto de María:
    si gracias quieres
    rezarás el Rosario
    y nunca peques.

    Viva María, viva el Rosario,
    iva Santo Domingo que lo ha fundado.

    El Rosario a María
    todos debemos
    rezarle cada día
    para ir al cielo.

    Viva María, viva el Rosario,
    viva Santo Domingo que lo ha fundado.
    †



























    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    5 de Octubre

    Santa Misa Dominical

    DOMINGO 18º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

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    ( Semidoble – Ornamentos verdes )

    El día 15 de septiembre, al recordar y venerar la Iglesia los siete Dolores de la Virgen María nuestra Madre, aplicábale el canto de alabanzas que se oyó en Israel al proclamar a Judit honra y prez de aquel pueblo escogido de Dios. En María tenemos a la nueva Judit, que corta la cabeza al gran príncipe de los Asirios, el demonio infernal, y que desde los orígenes de la humanidad aparece como la mortal enemiga de la serpiente, Que acabará por aplastarla con su inmaculada planta.


    Por estos días nos recuerda la Iglesia en las lecciones de maitines estas mismas gloriosas páginas de la epopeya israelita, por ser presagio de lo que más tarde había de suceder en un orden espiritual y más elevado. La liberación del pueblo judío de la servidumbre asiria, después de haber ayunado Judit, figuraba la liberación del pueblo querido de Dios, del pueblo cristiano, obrada por Jesús en la Pascua después del ayuno cuaresmal. Así que en Judit (femenino de Judá) tenemos también una expresiva figura de Jesús, oriundo de la raza y tribu de Judá.


    Es muy oportuna esta misa en torno de las Témporas, que son tiempos de perdón, por serlo de oración y de penitencia, por los cuales se deja Dios doblegar y vencer de los míseros mortales. De ese perdón y de esa regaladísima paz, propia de la casa del Señor (Gr.), se goza en la santa Iglesia, debido al poder grande que Cristo concedió a todos los sacerdotes en virtud de su ordenación de ese poder de las llaves en virtud del cual el sacerdote nos dice lo mismo que Jesús: «Perdonados te son tus pecados».Y, en efecto, por esa mágica palabra quedamos libres de su peso, y curados además de nuestra espiritual parálisis (Ev.). Los nuevos ungidos del Señor serán también los encargados de predicarnos la doctrina salvadora de Cristo (Ep.), y de celebrar el Santo Sacrificio; preparando de esa manera a la humanidad para que pueda presentarse confiada ante el Supremo Juez de vivos y muertos (Ep.). Precisamente, durante estos últimos domingos, la Iglesia insistirá a menudo en el pensamiento de la venida de Jesucristo, cuando a imitación del señor de la parábola evangélica, volverá a pedirnos cuenta, de como hemos empleado el tesoro que un día nos confió para que negociáramos.

    Otros conceptos de la Epístola de hoy son para ser meditados, ¡Qué cuenta tan estrecha deberá rendir el cristiano, nadando como nada en un río de gracias! Y ¡cómo dilapidamos la rica herencia, cómo despreciamos las facilidades para salvamos, predicaciones, sacramentos!… Si se hubiesen dado a otros, ¿no hubiera sido mayor su fruto?
    El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

    Introito. Ecles.  36,18.

    INTROITUS Da pacem, Dómine, sustinéntibus te, ut prophétae tui fidéles inveniántur: exáudi preces servi tui, et plebis tuae Israël. -Ps.121, 1. Laetátus sum in his, quae dicta sunt mihi : indomum Dómini íbimus.V. Glória. Introito – Da paz, Señor, a los que en Ti esperan para que tus profetas (tus nuevos sacerdotes) sean hallados fieles; oye los ruegos de tu pueblo Israel. Ps. Me he regocijado al oír lo que se me ha dicho: iremos a la Casa del Señor. V. Gloria al Padre

    Oración-Colecta

    ORATIODírigat corda nostra, quaesumus, Dó mine, tuae miseratiónis operátio: quia tibi sine te placére non póssumus. Per Dóminum. R. Amen Rogámoste, Señor, que tu gracia dirija nuestros corazones; pues sin Ti no podemos serte gratos. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.RAmen.

    Conmemoración

    Epístola

    Después de dar gracias a Dios por los favores concedidos a la Iglesia de Corinto, San Pablo les enseña que la manera de enriquecerse espiritualmente es uniendo todas sus palabras, pensamientos y acciones a las de Jesucristo, de suerte que su vida se manifieste, por decirlo así, en nosostros.

    EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Corinthios (1, 1 4-8) Fratres:Gratias ago Deo meo semper pro vobis in gratia Dei quae data est vobis in Christo Iesu: quiod in omnibus divites facti estis in illo, in omni verbo, et in omni scientia: sicut testimonium Christi confirmatum est in vobis: ita ut nihil vobis desit in ulla gratia expectantibus revelationem Domini nostri Iesu Christi, qui et confirmabit vos usque ad finem sine crimine, in die adventus Domini nostri Iesu Christi Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios:Hermanos:  Doy continuas gracias a Dios, por vosotros, por la gracia de Dios, que se os ha dado en Jesucristo: porque en Él habéis sido enriquecidos con toda suerte de bienes, en toda palabra y en toda ciencia; habiéndose así verificado en vosotros el testimonio de Cristo: de manera que nadaos falta en ninguna gracia, a vosotros que estáis esperando la manifestación de Nuestro Señor Jesucristo, el cual os confortará todavía hasta el fin, para que seáis hallados irreprensibles en el día del advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
    GRADUALE (Ps. 121 ) Laetátus sum in his, quae dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. V. Fiat pax in virtúte tua, et abundántia in térribus tuis.Alleluia, alleluia. V.(Ps. 101) – Timébunt gentes nomen tuum, Dómine: et omnes reges terrae gloriam tuam, Alleluia. Gradual – Me he regocijado al oír lo que se me ha dicho: iremos a la Casa del Señor V. Haya paz en tus fortalezas, y abundancia en tus torres.
    Aleluya, aleluya – V.  Temerán, Señor, las naciones tu nombre, y todos los reyes publicarán tu gloria, Aleluya.

    Evangelio

    Jesús sana de alma y cuerpo a un tullido, demostrando con este doble milagro su divinidad, divinidad que también resplandece en la Iglesia al perdonar continuamente los pecados, en nombre de Jesucristo.

    USequéntia sancti Evangélii secúndum Mathaeum (9, 1-8)

    In illo témpore: Ascendens Jesus in navículam, transfretavit, et venit in civitatem suam.Et ecce offerebant ei paralyticum iacentem in lecto. Et videns Iesus fidem illorum dixit paralytico: Confide fili remittuntur tibi peccata tua Et ecce quidam de scribis dixerunt intra se: Hic blasphemat. Et cum vidisset Iesus cogitationes eorum, dixit: Ut quid cogitatis mala in cordibus vestris? Quid est facilius dicere: Dimittuntur tibi peccata tua; an dicere surge et ambula? Ut sciatis autem, quia Filius hominis habet potestatem in terra dimittendi peccata, tunc ait paralytico surge tolle lectum tuu, et vade in domum tuam. Et surrexit et abiit in domum suam. Videntes autem turbae timuerunt et glorificaverunt Deum, qui dedit potestatem talem hominibus.

    Credo.

    U Continuación del Santo Evangelio según En aquel tiempo: Entrando Jesús en una barca pasó a la otra ribera, y fue a su ciudad. Cuando he aquí que le presentaron un paralítico, postrado en su camilla. Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, ten confianza, que perdonados te son tus pecados. Y luego, algunos de los escribas interiormente se dijeron: Este hombre blasfema. Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Perdonados te son tus pecados; o bien: Levántate y anda? Pues, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra de perdonar los pecados, dijo entonces al paralítico: Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa. Y se levantó y se fue a su casa. Y cuando esto vieron las gentes, temieron, y alabaron a Dios, que dio tal poder a los hombres. – Credo.

    OFFERTORIUM Santificávit Móyses altáre Dómino, ófferens super illud holocáusta et ímmolans víctimas; fecit sacrifícium vespertínum in odórem suavitátis Dómino Dómino Deo in conspéctu filiórum Israel. OfertorioMoisés consagró un altar al Señor; ofreciendo sobre él holocaustos y sacrificando víctimas; ofreció al Señor Dios un sacrificio vespertino en olor de suavidad, a vista de los hijos de Israel.

    Oración-Secreta

    Dus, qui nos per hujus summae divinitátis partícipes éfficis: praest, quaesumus: ut, sicut tuam cognóscimus veritátem, sic eam dignis móribus assequámur. Per Dominum. Oh Dios, que por el sagrado intercambio de este Sacrificio, nos haces participantes de tu augusta y única divinidad; concédenos que así como conocemos tu verdad, la acreditemos también con una conducta digna. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

    Conmemoración

    Prefacio de la Santísima Trinidad

    Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus… Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro: Santo, Santo, Santo, etc.
    COMMUNIO (Ps. 95). – Tollite hóstias, et introíte in átria ejus: adorate Dominum in aula sancta ejus.
    Comunión.Tomad vuestras ofrendas, y entrad en sus atrios: alabad al Señor en su santa morada.

    Oración-Postcomunión

    Fortalecidos, Señor, con este don sagrado, dámoste gracias; implorando tu misericordia para que cada día nos hagas más dignos de seguir participando de este Sacramento. Por Nuestro Señor Jesucristo.

    Grátias tibi reférimus, Dómine, sacro múnere vegetáti, tuam misericordiam deprecántes: ut dignos nos ejus participatióne perfícias. Per Dóminum

    Conmemoración

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/


    Templo San Francisco de Asís en Tijuana

    Celebrando los ochocientos años de la aprobación de nuestra forma de vida

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    La Orden de Hermanos Menores se apresta a celebrar en el 2009 los ochocientos años de la aprobación del proyecto evangélico de vida del hermano Francisco por el Papa Inocencio III.

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    Con este motivo todas las entidades de la Orden han iniciado en el 2006 un trienio de preparación a tan magno acontecieminto.

    Ese mismo año estuvo consagrado al tema del discernimiento bajo el lema «Señor, ¿qué quieres que haga?».

    Ha sido el año de la busqueda personal y comunitaria de la voluntad de Dios.

    Ahora, el 2007 será el año del encuentro con esa voluntad a través del Evangelio y de la Regla. Por eso el lema de este año será: «Esto es lo que quiero, esto es lo que con todoo el corazón anhelo vivir».

    El año entrante, el 2008, será el año de la acción de gracias al Señor Dios por el don de la vocación.

    De esta manera entraremos en el 2009 en el gran año jubilar. Cada una de las entidades de la Orden ha sido llamada por el gobierno General a entrar en esta dinámica de preparación. Como no podía ser menos, la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México se ha hecho eco de esta llamada y ha organizado a lo largo de cada año del trienio preparatorio una serie de actividades de animación para todos los hermanos con el fin de ayudarles a vivir el espíritu de La Gracia de Nuestros Orígenes. He aquí algunos aspectos importantes de esta preparación.

    La comisón organizadora del jubileo por los 800 años del nacimiento de la Orden de nuestra Provincia resumió y publicó en una serie de ocho trípticos el contenido del informe del Ministro General al Capítulo General extraordinario que se celebró en el mes de septiembre de este año en Santa María de los Ángeles, Asis. Estos trípticos están siendo distribuídos quincenalmente a todos y cada uno de los hermanos que conforman la fraternidad provincial.

    Tomado de: http://www.franciscanosenmexico.com/ochocientosofm.html

    Los franciscanos celebran 800 años de su fundación y de presencia en Tierra Santa

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    Los franciscanos celebran este año el VIII centenario de la fundación de la orden religiosa y de presencia en Tierra Santa, coincidiendo con la visita del Papa.

    La custodia de Tierra Santa en Jerusalén se prepara con ilusión para recibir mañana a Benedicto XVI, según dijo a Europa Press el Padre Emilio Barcena, franciscano vicario de la custodia en Jerusalén.

    Barcena, quien lleva más de 60 años en Tierra Santa, explicó que más de 330 religiosos de esta orden custodian los lugares más santos para la cristiandad, repartidos en Egipto, Irak, Israel, Palestina y Siria.

    Según el religioso, «la orden está presente desde hace casi ocho siglos, mucho antes de que se establecieran las diócesis actuales». «Estamos encantados de servir a la Iglesia y todos los cristianos que peregrinan», agregó.

    La orden franciscana fue fundada en 1209 y consta que pocos años después Francisco de Asís estuvo en Tierra Santa para atender a los más pobres e interceder por los cristianos ante el poder de los musulmanes.

    En 1242, el Papa concedió a los franciscanos mediante una bula el privilegio de custodiar y velar por los lugares santos. Desde entonces, esta orden no se ha retirado de ninguno de los santos lugares, asistiendo a los peregrinos cristianos y protegiendo a los más desfavorecidos.

    Además, los religiosos fueron recuperando otros lugares que estaban abandonados para las peregrinaciones cristianas, como es el caso de Cafarnaúm en Galilea, a finales del siglo XVIII.

    Benedicto XVI celebrará el próximo martes la Misa en Getsemaní, en el Huerto de los Olivos, donde la tradición señala que Jesús fue detenido por los judíos, antes de su crucifixión. Se trata de una iglesia mantenida y guardada por los franciscanos.

    Al día siguiente también oficiará una misa en la Basílica de Belén, que pertenece a la Custodia Franciscana, mientras que el jueves celebrará otra en Nazaret, en la Iglesia del Monte del Precipicio, que también tiene presencia franciscana. El Papa comerá ese día con la comunidad de franciscanos en Nazaret.

    10-05-2009 05:51

    Tomado de: http://mx.globedia.com/franciscano-celebran-800-ano-fundacion-presencia-tierra-santa

    LA GRACIA DE LOS ORÍGENES

    800VIII CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE
    LA ORDEN DE LOS HERMANOS MENORES

    VIII CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE

    LA ORDEN DE LOS HERMANOS MENORES

    800

    Presentación del Ministro General

    A los Hermanos Menores,

    a las Hermanas Pobres de Santa Clara,

    a las demás Hermanas contemplativas franciscanas

    y a quienes llegue esta carta:

    “salud y santa paz en el Señor” (2CtaCus 1).

    La gracia de los orígenes

    Los Hermanos Menores, cuando están a punto de cumplirse los 800 años de la fundación de nuestra Orden, con la aprobación por parte de Inocencio III de la Regla de vida, nos preparamos a celebrar la gracia de los orígenes.  Según los historiadores, fue el año 1209 cuando Francisco obtuvo del “señor papa” la aprobación de su “proyecto de vida”, o lo que luego se llamaría la “Protorregla”. El mismo nos lo cuenta en su Testamento: “Y después que el Señor me dio hermanos nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo lo hice escribir en pocas y sencillas palabras y el señor papa me lo confirmó” (Test 14-15).

    Esta “forma de vida” primitiva se iría ampliando según las necesidades de la Fraternidad, siendo el fundamento de la Regla del 1221 y más tarde de la Regla del 1223, confirmada por Honorio III; textos que a distancia de tantos siglos, siguen siendo referencia esencial para comprender a Francisco y comprendernos a nosotros mismos.

    Pongámonos en camino

    La celebración del VIII Centenario de la fundación de nuestra Fraternidad nos ofrece una oportunidad de gracia para recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro (cf. NMI 1b). Éste será nuestro modo de celebrar La gracia de los orígenes. Así, al inicio de este tercer milenio, los franciscanos queremos reafirmar nuestra firme voluntad de permanecer fieles a nuestro propio carisma, “viviendo en la Iglesia el Evangelio según la forma observada y propuesta por San Francisco” (CCGG 1 §1), pero recreándolo hoy a la luz de los desafíos de la vida franciscana.

    Los Hermanos Menores, aceptando con gozo la invitación del “señor papa” Juan Pablo II, con la celebración de los 800 años de la fundación de nuestra Orden, queremos, en primer lugar, abrirnos a la gratitud del “altísimo, omnipotente y buen Señor” (Cant 19), del “Padre de las misericordias” (TestCl 2), por las “maravillas” que Dios ha realizado a través de los Hermanos que nos han precedido, muy particularmente por el hermano Francisco, y por las “maravillas” que el Señor, “Dios omnipotente, misericordioso salvador” (AlD 6), sigue realizando, en y por los hermanos y hermanas que caminan decididamente por las sendas de la virtud (cf. 5CtaCl 3). Pero, porque no queremos ni podemos “conformarnos con alabar las obras de nuestros antepasados”, pues “es grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y honor” (Adm 6); sino que deseamos vivamente inspirarnos en ellas para hacer la parte que nos corresponde en nuestra propia historia (cf. Sdp3), “reconocemos la urgencia de volver a lo esencial de la experiencia de fe y de nuestra espiritualidad para nutrir desde dentro, con la oferta liberadora del Evangelio, a nuestro mundo fragmentado, desigual y hambriento de sentido, tal como hicieron en su tiempo Francisco y Clara” (Sdp 2).

    Durante la celebración del gran jubileo franciscano, contemplando la historia de nuestra Orden, los Hermanos Menores reconocemos con gozo que tenemos “una historia gloriosa para recordar y contar”. Convencidos, como estamos, de la fuerza y actualidad de la “forma de vida” inspirada por el Altísimo a Francisco, por ser esencialmente una forma de vida evangélica, asumimos con decisión el reto de seguir construyendo una gran historia. Para ello deseamos ardientemente poner los ojos en el futuro, hacia el cual sentimos que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo con nosotros grandes cosas (cf. VC 110). De este modo queremos vivir la gracia de los orígenes “no sólo como memoria del pasado, sino como profecía del futuro” (NMI 3).

    Llamados como hemos sido a “seguir más de cerca las huellas de Jesucristo y a observar fielmente el Evangelio” (CCGG 5 §2), queremos vivir este jubileo en actitud de conversión. Por eso queremos hacer memoria de nuestro “propósito” (cf.2CtaCl 11), a fin de que, “con andar apresurado” y “con paso ligero” (2CtaCl 12), podamos, aun en medio de las inevitables fragilidades, “avanzar con mayor seguridad en el camino de los mandatos del Señor” (2CtaCl 15). Por este motivo, cuando nos preparamos con gozo y renovado optimismo a celebrar la gracia de los orígenes, sentimos muy fuerte la llamada a “no domesticar las palabras proféticas del Evangelio para adaptarlas a un estilo de vida cómodo”, sentimos “la urgencia evangélica de nacer de nuevo” (Sdp 2).

    Llamados a “escudriñar nuevos caminos de actuación del Evangelio” (VC 84), queremos vivir este jubileo en actitud de discernimiento para no instalarnos ni repetirnos, antes bien, ser faros generadores de esperanza en la noche oscura que atraviesa nuestro mundo herido y tantas veces crucificado. Por eso nos disponemos a escuchar la voz del Señor en los acontecimientos de la historia y a descubrir su presencia en medio de nosotros, convencidos de que así reforzamos nuestros pasos en el camino hacia el futuro y nuestra adhesión al Evangelio (cf. NMI 6). Leer los signos de los tiempos e interpretarlos convenientemente nos permitirá “ser nosotros mismos signos de vida legibles para un mundo sediento de un ‘cielo nuevo y una tierra nueva’(Is 65, 17; Ap 21, 1)” (Sdp 7).

    Llamados a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de Francisco y a cultivar una fidelidad dinámica como respuesta a lo signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy (cf. VC 37), queremos volver a lo esencial de nuestra forma de vida, releyéndola y reencarnándola en la realidad cultural de hoy; queremos ser fieles a nuestro propio carisma y a la vez tener presentes las exigencias del momento actual, anticipándonos al futuro.

    ¿Qué hemos de hacer, hermanos?

    Queridos hermanos, cuando nos preparamos a celebrar la gracia de los orígenes, es necesario que nos preguntemos: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” (Hch 2, 37).  Os confieso que es una pregunta que me hago muchas veces. Viendo la situación de la Fraternidad universal, siento que el Espíritu nos está pidiendo centrarnos, concentrarnos y descentrarnos. Centrarnos en lo que para nosotros lo debe ser todo: “El bien, el todo el bien, el sumo bien” (AlD 3). Por este motivo, tener el corazón vuelto hacia el Señor (cf. 1R22, 19) ha de ser la prioridad de las prioridades de todo Hermano Menor. Alejar todo impedimento o dejar toda preocupación para poder servir, amar, honrar al Señor Dios, con corazón puro y con mente pura (cf. 1R 22, 26), he ahí el gran reto de todo Hermano Menor, de todo seguidor de Jesús.

    Concentrarnos en lo esencial a fin de evitar la fragmentación, la dispersión. Es necesario concentrarnos en las Prioridades que nos colocan como una Fraternidad en misión, que vive los valores esenciales del propio carisma. Las Prioridades no son opciones periféricas, sino consecuencia y exigencia de una vida radicalmente evangélica tal como nos la propone San Francisco. Ellas en cuanto tales, no son valores opcionales sino los pilares de nuestra fidelidad al Evangelio.

    Las Prioridades son la clave de lectura para vivir nuestra identidad de Hermanos Menores y comprender las expectativas del mundo.

    Descentrarse para salir al mundo, nuestro claustro, y en él testimoniar y proclamar que sólo Dios es el omnipotente (cf. CtaO 9), conscientes de que no hemos sido llamados para vivir para nosotros mismos, sino para los demás, que nuestras fraternidades no son para sí mismas, sino para dar a conocer el Reino de Dios. Clarificada nuestra pertenencia al Señor -centrarse-, y nuestra identidad como Hermanos Menores -concentrarse-, es el momento de ir al mundo entero para proclamar el Evangelio a todas las criaturas, de manera que todos puedan conocer la gracia y el amor que Dios Padre ha revelado y ofrecido en Cristo Jesús (cf. CCGG83 §3). Ésta es nuestra misión y nuestra razón de ser: Dar a conocer el Reino (cf.Prioridades 2003-2006, 4).

    Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos esenciales para una verdadera refundación de nuestra vida y misión, objetivo último de este VIII Centenario. Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos inseparables.

    Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos que cuestionan nuestra vida y misión, y que nos llaman a volver a lo esencial de nuestro carisma, sin olvidar las llamadas que nos vienen de la historia.

    Desde esta profunda convicción invito a todos los hermanos a entrar en este proceso, sin prisas por ver los resultados, pues como dice un refrán: “ninguna semilla llega a ver su propia flor”, pero también sin pausas que paralicen un proceso que resulta ineludible si queremos un futuro para nuestra forma vitae, recordando lo que dice el Talmud: “No estáis obligados a completar vuestra obra, pero no sois libres de no iniciarla”. Es esta una responsabilidad que todos, sin excepción, hemos de asumir con valentía y creatividad, sintiéndonos “centinelas de la mañana” (cf. Is1, 11-12) y trabajando para construir un futuro lleno de esperanza, con los ojos siempre puestos en el Señor que nos sigue asegurando: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

    El proyecto “La gracia de los orígenes”

    El proyecto la gracia de los orígenes, elaborado y aprobado por el Definitorio general el día 8 de noviembre de 2004, con anterioridad presentado a los Presidentes de las Conferencias para una primera aprobación, y luego enriquecido con sugerencias llegadas de las distintas Entidades de la Orden, quiere marcar el camino de toda la Orden de los Hermanos Menores desde el 2006, aniversario de la conversión de San Francisco, al 2009, año en que recordaremos el VIII Centenario de la aprobación de la “Protorregla”.

    El proyecto la gracia de los orígenes quiere ayudar a todos los Hermanos a dar una respuesta creativa y adecuada a los desafíos que nos vienen de la Iglesia y del mundo de hoy. Invito a todos, particularmente a los Ministros y Custodios, a acogerlo con simpatía y a ponerlo en práctica con fe y decisión.

    El proyecto la gracia de los orígenes contempla un camino en tres etapas: 2006, focalizado en el discernimiento; 2007, en el proyecto de vida y 2008-2009, en la celebración del don de la vocación. Cada etapa será presentada sucesivamente por un subsidio de trabajo y de profundización. Un momento del todo particular será la celebración del Capítulo general extraordinario que se realizará, con el favor de Dios, del 15 de septiembre 2006 al 1º de octubre del mismo año en Santa María de los Ángeles, la Porciúncula (Asís). A Santa María de los Ángeles, confiamos este proyecto la gracia de los orígenes, para que dé frutos abundantes. San Francisco, nuestro padre y hermano, nos acompañe en este camino.

    Ruego final

    Queridos hermanos y hermanas, yo, vuestro menor siervo en profunda comunión con todo el Definitorio general, os ruego y suplico encarecidamente, por la caridad que es Dios (cf. 1Jn 4, 16) y con la voluntad de besar vuestros pies, que os sintáis obligados a acoger y poner por obra estas propuestas nacidas en la reflexión y en la oración, para poder celebrar mejor la gracia de los orígenes (cf. 2CtaF 87). “Y a todos aquellos y aquellas que benignamente las acojan […] bendíganlos el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Amén” (1CtaF 88).

    Roma, 8 de diciembre de 2004,

    solemnidad de la Inmaculada Concepción,

    Reina de la Orden de los Hermanos Menores.

    Fr. José Rodríguez Carballo ofm

    Ministro general

    _____________________________________________________________________________________________________________

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    Año 2006
    ¡Escuchemos para cambiar de vida!
    “¿Señor qué cosa quieres que haga?”
    La escucha, la conversión y el discernimiento
    de la voluntad del Señor para nuestra vida hoy

    Año 2007
    ¡La osadía de vivir el Evangelio!
    “‘Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo
    del corazón anhelo poner en práctica’. Rebosando de alegría, se apresura
    inmediatamente el santo Padre
    a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar” (1C 22).
    Renovar nuestra vida personal y fraterna según el Evangelio, en el contexto vital de
    nuestro tiempo.

    Años 2008-2009
    ¡Restituyamos todo al Señor con las palabras y la vida!
    “El mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio.
    Y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el señor papa me lo
    confirmó” (Test 14-15)
    Asombro y agradecimiento al celebrar
    el don de nuestra vocación


    Tomado de:

    http://www.ofm-pic.org/ofmjpic/congress2006/prepdocs/espanol/LaGraciaDeLosOrigenes.pdf

    http://pazybien800ctes.blogspot.com/2009/06/que-estamos-celebrando.html

    Crucificado con Cristo: los estigmas

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    Visión del Serafín e impresión de las llagas

    (13-14 septiembre, 1224). El verano tocaba a su fin. Una noche de luna llena, fray León fue, como siempre, a rezar maitines con Francisco, mas éste no respondió a la contraseña. Entre preocupado y curioso, el hermano cruzó la pasarela y fue a buscarlo. Lo encontró en un claro del bosque, de rodillas, en medio de un gran resplandor, con el rostro levantado, mientras decía: «¿Quién eres tú, mi Señor, y quién soy yo, gusano despreciable e inútil siervo tuyo«, y levantaba las manos por tres veces.

    El ruido de sus pasos sobre la hojarasca delató a fray León, que tuvo que confesar su culpa y explicar al Santo lo que había visto. Entonces éste decidió explicarle lo sucedido: «Yo estaba viendo por un lado el abismo infinito de la sabiduría, bondad y poder de Dios, pero también mi lamentable estado de miseria. Y el Señor, desde aquella luz, me  pidió que le ofreciera tres dones. Le dije que sólo tenía el hábito, la cuerda y los calzones, y que aún eso era suyo.

    Entonces me hizo buscar en el pecho, y encontré tres bolas de oro, y se las ofrecí, comprendiendo enseguida que representaban los votos de obediencia, pobreza y castidad, que el Señor me ha concedido cumplir de modo irreprochable. Y me ha dejado tal sensación, que no dejo de alabarlo y glorificarlo por todos sus dones. Mas tú guárdate de seguir espiándome y cuida de mí, porque el Señor va a obrar en este monte cosas admirables y maravillosas como jamás ha hecho con criatura alguna«. Fray León no pudo dormir aquella noche, pensando en lo que había visto y oído.

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    Uno de aquellos días se apareció un ángel  a Francisco y le dijo: «Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti«. «Estoy preparado para lo que él quiera«, fue su respuesta.

    La madrugada del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes del amanecer, estaba orando delante de la celda, de cara a Oriente, y pedía al Señor «experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de los posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores«; y también, «que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, puesto que tú te has dignado morir por amor a mi».

    De repente, vio bajar del cielo un serafín con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado. Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado.

    En realidad no eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado, en cambio, se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones.

    Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol.

    Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día. La aparición de Francisco con los brazos en cruz y bendiciendo a los frailes reunidos en Arlés, mientras San Antonio de Lisboa o de Padua predicaba acerca de la inscripción de la cruz (Jesús Nazareno Rey de los Judíos) debió de ser una confirmación del prodigio, pues los capítulos provinciales, según la Regla, se celebraban en septiembre, en torno a la fiesta de San Miguel (San Antonio estuvo en Provenza del 1224 al 1226).

    Así parece darlo a entender San Buenaventura, cuando escribe que «más tarde se comprobó la veracidad del hecho, no sólo por los signos evidentes, sino también por el testimonio explícito del Santo«.

    Cuando fray León acudió aquella mañana a prepararle la comida, Francisco no pudo ocultarle lo sucedido. Desde aquel instante, él será su enfermero, encargado de lavarle cada día las heridas y cambiarle las vendas, para amortiguarle el dolor y las hemorragias; excepto el viernes, ya que el Santo no quería que nadie mitigara sus sufrimientos ese día.

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    Tomado de:   http://www.fratefrancesco.org/01.htm

    S. Francisco de Asís, Confesor

    Y yo oraba y decía así sencillamente: 'Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo' (S.Francisco, Testamento).

    Y yo oraba y decía así sencillamente: 'Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo' (S.Francisco, Testamento).

    S. Francisco, nacido en Asís, Umbría, fue suscitado por Dios para trabajar con Sto. Domingo1 en el resurgimiento moral del mundo, precisamente en una época de las más borrascosas.

    «Cuanto este insensato sublime, dice el Conde de Montalembert, más se ocultaba y rebajaba para hacerse digno, con la humildad y el desprecio de los hombres, de ser vaso del divino amor, tanto más, por un efecto maravilloso de la gracia, corrían los hombres en pos de él.»  Francisco tuvo pronto discípulos, que se redujeron a la más estrecha pobreza, compartiendo su ardor en la conversión de los pueblos. «Hermanos míos, les decía, prediquemos penitencia más con nuestros ejemplos que con nuestras palabras.» Dióles después una Regla, que mereció la aprobación de Inocencio III en 1210.  Al año siguiente cediéronle los Benedictinos la iglesita de Nra. Sra. de los Ángeles, llamada Porciúncula2, cuna que fué de su Orden.  Esta nueva familia religiosa con que enriqueció la Iglesia, multiplicóse con tal rapidez que a los diez años contaba ya hasta cinco mil hermanos en el Capítulo general, celebrado en Asís3.

    porciunculaLa Porciúncula

    Queriendo S. Francisco que se considerasen como los más pequeños entre los religiosos, dióles el nombre de Frailes Menores.  Él mismo no pasó en toda su vida de simple diácono. Al lado de esta Orden, fundó otra que es la de las «damas pobres o Clarisas, así llamadas por la ilustre virgen de Asís y cofundadora Sta. Clara (12 de Agosto).

    Finalmente, en 1221, estableció otra Orden, llamada «Orden Tercera de penitencia», a la que los Papas prodigan los más poderosos alientos y ricas gracias. S. Francisco envió discípulos suyos a Alemania, España, Francia, África; él mismo deseó ir a Palestina y a Marruecos sediento del martirio; mas estorboselo en el camino la divina Providencia.

    El 4 de Octubre de 1226, dió su alma a Dios, diciendo: «Sacad Señor, mi alma de esta cárcel, para que vaya a cantar tus alabanzas» (Salmo 141).

    ¡Serafín de Asís! Ahora eres rico, y tu sayal reluce más que la púrpura de los reyes. Ruega por la Iglesia y sigue siendo una de sus más robustas columnas. Enséñanos el desprecio de todo lo terreno, que, al fin. todo ello vale harto menos que un alma.

    Y, sin embargo, los hombres arriesgan alocados la suya, y aun la pierden a trueque de allegar un montoncito de polvo que reluce.  A ti te llamaron loco las gentes; pero ésta si que es locura, frente a la misteriosa y única cordura de la cruz y del entero desprendimiento.

    Mira siempre con especial predilección por tu dilatadísima familia espiritual repartida en tus tres Órdenes, a fin de que se santifiquen y que den a Dios la debida gloria y a la Iglesia el espiritual provecho que de ellos espera.

    ______________________________________________

    1. «Francisco, dice Dante, fué un verdadero Serafin por el amor que abrasó su alma; Domingo con sus luces ocupa las filas de los Querubines».  La. vida del primero alcanza de 1182 a 1226: la del segundo va. de 1170 a. 1221. Cuéntase que San Luis, rey de Francia, solía decir : Si yo pudiese dividirme en dos partes, daría. una mitad a Sto. Domingo y la otra a S. Francisco.

    2. S. Francisco, después de haber restaurado la Iglesia. de Nra. Sra.. de los Ángeles, alcanzó del Papa la gracia de una indulgencia plenaria para todos los fieles que la visitasen el 2 de Agosto, aniversario que era de su consagración. Todas las iglesias parroquiales gozan desde hace unos años del mismo privilegio.

    3. En 1264 los Franciscanos poseían 8.000 casas, creciendo su número en la Edad Media.  Actuaalmente las tres ramas de la Orden de S. Francisco cuentan 40.000 miembros en todo el mundo.  Han dado a la Iglesia 29 Santos, 60 beatos, 5 Papas y numerosos cardenales, obispos y doctores de la talla de S. Buenaventura., Alejandro de Ales, Rogerio Bacon y Dune Scot.

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1726 y 1727.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    4 de octubre

    SAN FRANCISCO DE ASÍS,() Confesor

    Llevo en mi cuerpo los estigmas del Señor Jesús. (Gálatas, 6, 17).

    Llevo en mi cuerpo los estigmas del Señor Jesús. (Gálatas, 6, 17).

    Retirado del mundo a los 25 años, después de una juventud disipada pero caritativa, San Francisco está enteramente crucificado para el mundo. Su profunda humildad lo impulsa a rehusar el presbiterado, y desde entonces su vida es un prodigio de virtudes y milagros. Los doce primeros «penitentes de Asís» ya son legión antes de su muerte, con el nombre de Hermanos Menores, y tuvo el consuelo de ver a la Orden de Santa Clara, su santa amiga, extenderse cuando todavía vivía. El Serafín de Asís murió el 3 de octubre de 1226, a la edad de 44 años.

    MEDITACIÓN
    SOBRE SAN FRANCISCO

    I. El amor divino consumió todos los lazos que ataban a San Francisco en la tierra, y le hizo abandonar la casa paterna, las riquezas y los placeres. Toda su vida vivió él en este desasimiento; por esto debes tú comenzar a darte a Dios. Es imposible que ames a Dios y al mundo. ¡Ah! los placeres y los honores de la tierra no merecen ocupar tu corazón; déjalos antes que ellos te dejen a ti.

    II. Ese mismo amor que separó a San Francisco de los bienes de la tierra, lo unió estrechamente a su Dios y le hizo encontrar en esta unión una inalterable felicidad. De este modo solía decir: «¡Dios mío y mi todo! en Ti es donde encuentro todo lo que necesito». ¡Alma mía, tratemos de gustar el placer que existe en estar unido a Él; en vano hemos buscado descansar en las creaturas, vayamos a Dios, pero hagámoslo dándonos a Él sin reserva, sin demora, y para siempre!

    III. El amor, por último, transformó a San Francisco, en Jesucristo mismo, por decirlo así, cuando un serafín imprimió en su cuerpo las sagradas llagas del Salvador. No recibió esta gracia sino después de haberse hecho, por una mortificación continua, viva imagen de Jesús crucificado. Como este gran santo, lleva tú constantemente en tus miembros la mortificación de Jesucristo. Mira al Salvador clavado en la cruz: he ahí el verdadero modelo de predestinados. Para llegar a ser semejante a Él, es preciso que la mortificación imprima en tu cuerpo sus adorables estigmas. Llevan en sí las llagas de Cristo quienes mortifican y afligen el cuerpo. (San Jerónimo).

    La mortificación 
    Orad por la Orden de San Francisco.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que, por los méritos de San Francisco dais sin cesar nuevos hijos a vuestra Iglesia, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, los bienes terrenales y poner nuestra dicha en la posesión de los dones celestiales. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    4 de Octubre

    Santa Teresa de Lisieux

    teresita2«La noche de Navidad de 1886 fue, en verdad, decisiva para mi vocación; pero para calificarla con más claridad debo llamarla: la noche de mi conversión. En esa noche bendita, de la cual está escrito que ilumina las delicias del mismo Dios, Jesús, que se hacía niño por mi amor, se dignó sacarme de los pañales y de las imperfecciones de la infancia. Me transformó de tal suerte que no me conocía a mi misma. Sin ese cambio yo hubiera aún muchos años en el mundo…volvíamos de la misa de medianoche, en la que yo había tenido la dicha de recibir al Dios fuerte y poderoso…en esa noche luminosa…Jesús, el dulce niñito…cambió la noche oscura de mi alma en torrente de luz. La noche en la que él se hace débil y paciente por mi amor, a mí me hizo fuerte y valerosa».

    Sta. Teresa del Niño Jesús,Virgen

    El total abandono, he aquí mi única ley

    El total abandono, he aquí mi única ley

    Una graciosa estrellita aparece en el firmamento precediendo a la mística Doctora, Teresa de Jesús. Es su hija espiritual, la virgen de Lisieux, la «florecita» olorosa y humilde, «la niña querida del mundo», como dijo Plo XI, es santa Teresita del Nifio Jesús, como ella misma profetizo que la habían de lIamar.

    Nacida en Alenzón en 1873, al poco de perder a su cristianísima madre, fué colocada en el colegio de las Benedictinas de Lisieux.  Ya desde muy niña, con la precocidad que siempre la distinguió,  prometía a Jesús que no había de negarle nada de cuanto le pidiese, y así lo hizo hasta el fin.

    Dios, que la llamaba fuertemente al Cannelo, Ie allanó todos los caminos para el logro de su difícil intento. Allí practicó las que ella llama pequeñas virtudes con perfección e ingenuidad tales que será siempre el modelo de las almas pequeñitas que van al cielo por el camino fácil de la infancia espiritual, que ella siguió y ensenó a los demás a seguirlo como atajo seguro y descansado para escalar las más altas cumbres de perfección.  Lo enseñó sobre todo a sus novicias de Lisieux, y a todos en su autobiografía titulada Historia de un alma.

    «El total abandono, he aquí mi única ley», dice en una de sus encantadoras poesías. Dios aceptó su oblación e inmolación en beneficio de las almas, y la quiso víctima, sin darle a gustar de sus dulzuras en esta vida, reservándolo todo para la eterna.

    Devorábala el celo por la salvación de las almas, ejerciendo desde sus soledad fecundo apostolado. En eso consistía su cielo, según ella escribía; por lo cual, la Iglesia la ha proclamado, con S. Francisco Javier, patrona celestial de las Misiones católicas.

    El 30 de septiembre de 1897, volaba su alma a su centro,a gozar de las sonrisas de su celestial Esposo, por las que tanto anhelara en el destierro.

    ¡Lirio del Carmelo! Al olor de tus fragancias corren todos, aun los mismos paganos, atraídos por algo irresistible. Verdaderamente eres la «reinecita» del mundo. Haz que seamos siempre, como tú, niños amantes y cariñosos de nuestro Padre celestial, y sigue derramando sobre la tierra aquella lluvia de rosas en que dijiste había de consistir tu cielo.

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1722.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    3 de octubre

    SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS,()
    Virgen

    (1897 p.c.)

    "Nunca he dado a Dios más que amor y me va a pagar con amor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas". "Quiero pasar mi cielo haciendo bien a la tierra". "Mi "caminito" es un camino de infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta".

    "Nunca he dado a Dios más que amor y me va a pagar con amor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas". "Quiero pasar mi cielo haciendo bien a la tierra". "Mi "caminito" es un camino de infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta".

    El entusiasmo y la extensión del culto a Santa Teresita del Niño Jesús, joven carmelita que no se distinguió exteriormente de tantas otras de sus hermanas, es uno de los fenómenos más impresionantes y significativos de la vida religiosa de nuestros días. La santa murió en 1897 y, poco después, era ya conocida en todo el mundo. Su «caminito» de sencillez y perfección en las cosas èquñas y en los detalles de la vida diaria, se ha convertido en el ideal annumerables cristianos. Su biografía, escrita por orden de sus superiores, es un libro famoso y los milagros y gracias que se atribuyen a su intercesión son incontables. La comparación entre las dos Teresas es inevitable, ya que ambas fueron carmelitas, ambas fueron santas y ambas nos dejaron una larga autobiografía en la que se reflejan tanto las divergencias espirituales y temperamentales como los rasgos comunes.

    Los padres de la futura santa eran Luis Martin, un relojero de Alençon, hijo de un oficial del ejército de Napoleón y Acelia María Guerin, costurera de la misma ciudad, cuyo padre había sido gendarme en Saint-Denis. María Francisca Teresa nació el 2 de enero de 1873. Tuvo una infancia feliz y ordinaria de buenos ejemplos. «Mis recuerdos más antiguos son de sonrisas y caricias de ternura», confiesa ella misma. Teresita era viva e impresionable, pero no articularmente precoz ni devota. En cierta ocasión en que su hermana  mayor, Leonía, ofreció una muñeca y algunos juguetes a Celina y Teresita, Celina escogió una peluca de seda; en cambio, Teresita dijo codiciosamente: «Yo quiero todo». «Ese incidente resume toda mi vida. Más tarde … exclamaba: ¡Dios mío, yo lo quiero todo! ¡No quiero ser santa a medias!». 

    En 1877 murió la madre de Teresita. El señor Martin vendió entonces su relojería de Alençon y se fue a vivir a Lisieux (Calvados), donde sus hijas podían estar bajo el cuidado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. El Sr. Martin tenía predilección por Teresita. Sin embargo, la que dirigía la casa era María, y la mayor, Paulina, se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Paulina solía leer en voz alta a toda la familia en las largas veladas de invierno; para ello no escogía cualquier libro de piedad barata, sino nada menos que «El año Litúrgico» de Dom Guéranger. Cuando Teresita tenía nueve años, Paulina ingresó en el Carmelo de Lisieux. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. En aquella época era una niña afable y sensible; la religión ocupaba una parte muy importante en su vida. Un día ofreció un céntimo a un mendigo baldado, quien lo rehusó con una sonrisa. Teresita hubiera querido seguirle para instarle a que aceptara el pastelillo que su padre acababa de darle; la timidez le impidió hacerlo, pero la niña se dijo: «Voy a pedir por este pobrecito el día de mi primera comunión». Aunque ese día de «felicidad total» tardó cinco años en llegar, Teresita no olvidó su promesa. Se educaba por entonces en la escuela de las benedictinas de Notre-Dame-du-Pré. Entre sus recuerdos de escuela. anota: «Viendo que algunas niñas querían particularmente a una u otra de las profesoras, trataba yo de imitarlas, pero nunca conseguí ganarme el favor especial de ninguna. ¡Feliz fracaso, que me salvó de tantos peligros!» Cuando Teresita tenía cerca de catorce años, su hermana María fue a reunirse con Paulina en el Carmelo. La víspera de la Navidad de ese mismo año, Teresita tuvo la experiencia que desde entonces llamó su «conversión». «Aquella bendita noche, el dulce Niño Jesús, quien tenía apenas una hora de nacido, inundó la oscuridad de mi alma con ríos de luz. Se hizo débil y pequeño por amor a mí para hacerme fuerte y valiente. Puso sus armas en mis manos para que avanzase yo de cima en cima y empezase, por decirlo así, ‘a correr como gigante’ «. Es curioso notar que la ocasión de esta gracia súbita fue un comentario que hizo el padre de la joven acerca del cariño que ella profesaba a las tradiciones navideñas. Y el comentario del Sr. Martin no iba dirigido especialmente a Teresita.

    En el curso del año siguiente, la joven comunicó a su padre su deseo de ingresar en el Carmelo y obtuvo su consentimiento; pero tanto las autoridades de la orden como el obispo de Bayeux opinaron que Teresita era todavía demasiado joven. Algunos meses más tarde, Teresita y su padre fueron a Roma con una peregrinación francesa, organizada con motivo del jubileo sacerdotal de León XIII. En la audiencia pública, cuando llegó el turno a Teresita para arrodillarse a recibir la bendición del Pontífice, la joven quabrantó osadamente la regla del silencio y dijo a Su Santidad: «En honor de vuestro jubileo, permitidme entrar en el Carmelo a los quince años.» El Pontífice, evidentemente impresionado por el aspecto y los modales de la joven, apoyó sin embargo la decisión de las autoridades inmediatas: «Entraréis, si es la voluntad de Dios le dijo, y la despidió con suma bondad. La bendición de León XIII y la-ardientes oraciones que hizo Teresita en múltiples santuarios durante la peregrinación, produjeron fruto a su tiempo. A fines de aquel año, Mons. Hugoni: concedió a Teresita la ansiada autorización, y la joven ingresó, el 9 de abril de 1888, en el Carmelo de Lisieux, en el que la habían precedido sus dos hermanas. La maestra de novicias afirmó, bajo juramento: «Desde su entrada en la orden, su porte que tenía una dignidad poco común en su edad, sorprendía a todas las religiosas.»

    El P. Pichón S. J., quien predicó los Ejercicios a la comunidad cuando Teresita era novicia, dio el siguiente testimonio en el proceso de beatificado], «Era muy fácil dirigirla. El Espíritu Santo la conducía, y no recuerdo haber tenido que prevenirla contra las ilusiones, ni entonces, ni más tarde . . . Lo que más me llamó la atención durante aquellos Ejercicios fueron las pruebas especiales a que Dios me sometía.» La joven religiosa leía asiduamente la Biblia y la interpretaba correctamente, como lo prueban las múltiples citas de la Sagrada Escritura que hay en «Historia de un alma». Dado que su culto ha alcanzado las proporciones de una devoción popular, vale la pena llamar la atención sobre la predilección de la santa por la oración litúrgica y su inteligencia de esa inagotable fuente de vida cristiana. Cuando le tocaba oficiar durante la semana y tenía que recitar en el coro las colectas del oficio, solía recordar «que el sacerdote dice las mismas oraciones en la misa y, como él, estaba yo autorizada a rezar en voz alta ante el Santísimo Sacramento y a leer el Evangelio, cuando era yo primera cantora.» En 1899, Teresita y sus hermanas sufrieron una tremenda prueba de ver que su padre perdía el uso de la razón a consecuencia de dos ataques de parálisis. Hubo que internar al Sr. Martin asilo privado, en el que permaneció tres años. Escribió Teresita: «los tres años del martirio de mi padre fueron, a lo que creo, los más ricos y fructuosos de nuestra vida. Yo no los cambiaría por los éxtasis más sublimes.» La religiosa hizo su profesión el 8 de septiembre de 1890. Pocos días antes, escribía a la madre Inés de Jesús (Paulina): «Antes de partir, mi Amado me preguntó por qué caminos y países iba yo a viajar. Yo repliqué que mi único deseo consistía en llegar a la cumbre del monte del Amor. Entonces nuestro Salvador, tomándome por la mano, me condujo a un camino subterráneo, en el que no hace frío ni calor, en el que el sol no brilla nunca, en el que el viento y la lluvia no tienen entrada. Es un túnel en el que reina una luz velada que procede de los ojos de Jesús, que me miran desde arriba … Daría yo cualquier coas por conquistar la palma de Santa Inés; si Dios no quiere que la gane por la sangre, la ganaré por el amor . . .»

    Uno de los principales deberes de las carmelitas consiste en orar por los sacerdotes. Santa Teresita cumplió ese deber con inmenso fervor. Durante su viaje por Italia, había visto u oído algo que le había hecho abrir los ojos a la idea de que los sacerdotes tienen necesidad de oraciones tanto como el le los cristianos. Teresita jamás cesó de orar, en particular, por el célebre carmelita Jacinto Loyson, quien había apostatado de la fe. Aunque era constitución delicada, la santa religiosa se sometió desde el primer momento a todas las austeridades de la regla, excepto al ayuno, pues sus superioras se lo impidieron. La priora decía: «Un alma de ese temple no puede ser tratada como una niña. Las dispensas no están hechas para ella.» Sin embargo, Teresita confesaba: «Durante el postulantado, me costó muchísimo ejecutar ciertas pnitencias exteriores ordinarias. Pero no cedí a esa repugnancia, porque me parecía que la imagen de mi Señor crucificado me miraba con ojos que imploraban tales sacrificios.» Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento; pero nadie lo sospechó hasta que Teresita lo confesó en el lecho de muerte. Al principio de su vida religiosa había dicho: «Quiera Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la  carne preferiría que me concediera ambos.» Y un día pudo exclamar: «He llagado a un punto en que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento me es dulce.»

    La autobiografía titulada «Historia de un alma», que Santa Teresita escribió por orden de su superiora, es un hermoso documento de carácter excepcional. Está escrito en estilo claro y de gran frescura, lleno de frases familiares. Abundan las intuiciones psicológicas que revelan un extraordinario conocimiento propio y una profunda sabiduría espiritual de la que no está excluida la belleza. Cuando Teresita define su oración, nos revela más acerca de sí misma que si hubiese escrito muchas páginas de análisis propiamente dicho: «Para mí, orar consiste en elevar el corazón, en levantar los ojos al cielo, en manifestar mi gratitud y mi amor lo mismo en el gozo que en la prueba. En una palabra, la oración es algo noble y sobrenatural, que ensancha mi alma y me une con Dios . . . Confieso que me falta valor para buscar hermosas oracione en los libros, excepto en el oficio divino, que es para mí una fuente de gozo espiritual, a pesar de mi indignidad . . . Procedo como una niña que no sabe leer; me limito a exponer todos mis deseos al Señor, y El me entiende.» La penetración psicológica de la autobiografía es muy aguda: «Me porto con un soldado valiente en todas las ocasiones en las que el enemigo me provoca a la lucha. Sabiendo que el duelo es un acto de cobardía, vuelvo las espaldas al enemigo sin dignarme ni siquiera mirarle, me refugio apresuradamente en mi Salvador y le manifiesto que estoy pronta a derramar mi sangre para dar testimonio de mi fe en el cielo.» Teresita resta importancia a su heroica paciencia con una salida humorística. Durante la meditación en el coro, una de las hermanas solía agitar el rosario, cosa que irritaba sobremanera a la joven religiosa. Finalmente, «en vez de tratar de no oír nada, lo cual era imposible, decidí escuchar como si fuese la más deliciosa música. Naturalmente mi oración no era precisamente «de quietud», pero cuando menos tenía yo una música que ofrecer al Señor.» El último capítulo de la autobiografía constituye un verdadero himno al amor divino que concluye así: «Te ruego que poses tus divinos ojos  sobre un gran número de almas pequeñas; te suplico que escojas entre ellas una legión de víctimas insignificantes de tu amor.» Teresita se contaba a sí misn entre las almas pequeñas: «Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrece pequeñeces a nuestro Señor.»

    En 1893, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente era ella la maestra de novicias, aunque no tenía el título. Acerca de sus experiencias de aquella época, escribe: «De lejos parece muy fácil hacer el bien a las almas, lograr que amen más a Dios y moldearlas según las ideas e ideales propios. Pero cuando se ven las cosas más de cerca llega uno a comprender que hacer el bien sin la ayuda de Dios es tan imposible como hacer que el sol brille a media noche … Lo que más me cuesta es tener que observar hasta las menores faltas e imperfecciones para combatirlas despiadadamente». La santa tenía entonces veinte años. Su padre murió en 1894 Poco después, Celina, quien hasta entonces se había encargado de cuidarle siguió a sus tres hermanas en el Carmelo de Lisieux. Dieciocho meses ma tarde, en la noche del Jueves al Viernes Santos, Santa Teresita sufrió una hemorragia bucal, y el gorgoteo de la sangre que le subía por la garganta lo oyó «como un murmullo lejano que anunciaba la llegada del Esposo». Por entoces se sintió inclinada a responder al llamado de las carmelitas de Hanoi, en Indochina, quienes querían que partiese a dicha misión. Pero su enfermedad fue empeorando cada vez más y, los últimos dieciocho meses de su vida, fuera un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. Dios le concedió entonces una especie de don de profecía, y Teresita hizo la triple confesión que ha estremecido al mundo entero: «Nunca he dado a Dios más que amor y me va a pagar con amor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas». «Quiero pasar mi cielo haciendo bien a la tierra». «Mi «caminito» es un camino de infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta». En junio de 1897, la santa fue trasladada a la enfermería del convento, de la que no volvió a salir. A partir del 16 de agosto, ya no pudo recibir la comunión, pues sufría de una nausea casi constante. El 30 de septiembre, la hermana Teresa de Lisieux murió con una palabra de amor en los labios.

    El culto de la joven religiosa empezó a crecer con rapidez y unanimidad impresionantes. Por otra parte, los múltiples milagros obrados por su intercesión atrajeron sobre Teresita las miradas de todo el mundo católico. La Santa Sede, siempre atenta al clamor unánime de toda la Iglesia visible, suprimió en este caso el período de cincuenta años que se requiere ordinariamente para introducir una causa de canonización. Pío XI beatificó a Teresita en 1923 y la canonizó en 1925 y extendió su fiesta a toda la Iglesia de occidente. En 1927, Santa Teresa del Niño Jesús fue nombrada, junto con San Francisco Javier, patrona de todas las misiones extranjeras y de todas las obras católicas en Rusia. No sólo los católicos sino también muchos no católicos que habían leído la autobiografía y se habían asomado al misterio de la vida oculta de Teresita, acogieron con inmenso gozo esas decisiones de la Santa Sede. La joven santa era delgada, rubia, de ojos azul gris; tenía las cejas ligeramente arqueadas; su boca era pequeña y sus facciones delicadas y regulares. Las fotografías originales reflejan algo del ser de Teresita; en cambio, las fotografías retocadas que circulan ordinariamente son insípidas e impersonales.

    Teresa del Niño Jesús se había entregado con entera decisión y plena :onciencia a la tarea de ser santa. Sin perder el ánimo, ante la aparente imposibilidad de alcanzar las cumbres más elevadas del olvido de sí misma, solía repetirse: «Dios no inspira deseos imposibles. Por consiguiente, a pesar de mi requeñez, puedo aspirar a la santidad. No tengo que hacerme más grande de lo que soy, sino aceptarme tal como soy, con todas mis imperfecciones. Quiero buscar un nuevo camino para el cielo, un camino corto y recto, un pequeño atajo. Vivimos en una época de invenciones. Ya no tenemos que molestarnos en subir escaleras; en las casas de los ricos hay elevadores. Yo quisiera descubrir un ascensor para subir hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir los escalones de la perfección. Así pues, me puse a buscar en la a grada Escritura algún indicio de que existía el ascensor que yo necesitaba encontré estas palabras en boca de la Eterna Sabiduría: «Que los que son pequeños vengan a Mí'» (Isaías, LXVI, 13).

    Los libros y artículos sobre Santa Teresita son por así decirlo innumerables; pero; todos se basan en la autobiografía y en las cartas de la santa, a las que se añaden en algunos citios ciertos testimonios del proceso de beatificación y canonización. Estos últimos documentos, impresos para uso de la Sagrada Congregación de Ritos, son muy importantes, ya que permiten ver que ni siquiera las religiosas sometidas a las austeridades de la regla del Carmelo están exentas de la fragilidad humana y que una parte de la misión de Teresita del Niño Jesús consistió precisamente en reformar con su ejemplo silencioso la observancia en su propio convento. Entre las mejores biografías de la santa (que no son las más largas), hayy que mencionar las de H. Petitot, Ste. Teresa of Lisieux: A Spiritual Renaissance (1927); la del barón Angot des Rotours en la colección Les Saints; la de F. Laudet, L’enfant chérie du monde (1927); la de H. Ghéon, The Secret of the Little Flower (1934). Las publicaciones de carácter más oficial, por decirlo así, son L’histoire d’une ame,que ha sido traducida prácticamente a todas las lenguas, incluso al hebreo; Mons. Laveille, Ste Thérése… d’aprés les documents officiels du Carmel de Lisieux (1929); la edición de cartas selectas hecha por el P. Combes (trad. ingl., Collected Letters, 1950). Véase también Le problème de l’Histoire d’una ame et des oeuvres completes de Ste. Thérese de Lisieux (1950). Entre las obras más recientes se cuentan las biografías y ensayos de M. M. Philipon, A. Combes (1946; trad. ingl. en 3 vols.), y M. van der Meersch (1947). Esta última obra ha sido criticada con gran detalle en La petite Ste Thérese, del P. Combes y otros autores. C V. Sackville West, The Eagle and the Dove (1943); y J. Beevers, Storm of Glory (1949 Como caso curioso de reacción contra el entusiasmo que provocó la canonización, citemí el artículo del P. Ubald d’Alençon en la revista catalana Eludís Franciscans, vol xxx; cf. la respuesta que dio a dicho artículo en la misma revista el vicario general de Bayeux. Recientemente se ha publicado la edición original de Histoire d’une ame sin retoque alguno.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    3 de Octubre

    ACTO DE REPARACIÓN AL CORAZÓN SACRATÍSIMO DE JESÚS

    Omnipotente y sempiterno Dios, mirad al Corazón de vuestro amantísimo Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que os ofreció en nombre de los pecadores, y conceded piadoso el perdón a los que imploran vuestra misericordia en nombre de vuestro mismo Hijo Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad con el Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

    Omnipotente y sempiterno Dios, mirad al Corazón de vuestro amantísimo Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que os ofreció en nombre de los pecadores, y conceded piadoso el perdón a los que imploran vuestra misericordia en nombre de vuestro mismo Hijo Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad con el Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

    ¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

    Mas. recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad, de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos ante todo obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

    Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que ponen obstáculos al magisterio de la Iglesia por Vos fundada.

    ¡Ojalá que nos fuera dado lavar tantos crímenes, con nuestra propia sangre! Mas, entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen, nuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y con el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

    ¡Oh benignísimo Jesús! por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación, concedednos que seamos fieles a vuestros mandamientos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia final, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    PRIMER VIERNES DE MES

    ¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

    ¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

    El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: «Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes».

    Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA.  en estos términos:

    «Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora».

    En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:

    1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,

    2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…

    Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación. ¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!

    ¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:

    1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;

    2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;

    3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

    De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

    Los Santos Ángeles de la Guarda

    Esto dice el Señor Dios: Mira que yo enviaré mi Ángel que te guíe y te gurade en el viaje, hasta introducirte en el país que te he preparado (el cielo).  Reverénciale y escucha su voz; no creas que le puedes menospreciar, porque, si haces algún mal, no te lo pasará, y en él se halla el nombre mío.  Y si escuchares su voz y ejecutares todas las cosas que te ordeno, seré enemigo de tus enemigos, y perseguiré a los que te persigan.  Y mi Ángel irá delante de ti.  Exódo, 23,20-23

    Esto dice el Señor Dios: Mira que yo enviaré mi Ángel que te guíe y te gurade en el viaje, hasta introducirte en el país que te he preparado (el cielo). Reverénciale y escucha su voz; no creas que le puedes menospreciar, porque, si haces algún mal, no te lo pasará, y en él se halla el nombre mío. Y si escuchares su voz y ejecutares todas las cosas que te ordeno, seré enemigo de tus enemigos, y perseguiré a los que te persigan. Y mi Ángel irá delante de ti. Exódo, 23,20-23

    Admitidos en la gloria, los Ángeles tienen por misión primaria la de adorar a la Divinidad (Intr., Ofert., Com.), y la Iglesia, en el Prefacio, ruega a Dios nos permita juntar nuestras voces con las de ellos, para alabar a Dios.  Mas, como su nombre mismo lo indica, los Ángeles son también mensajeros de la voluntad divina (Ofert.); ellos presiden a todas las cosas creadas, y tienen por misión el servir a los futuros herederos de la salvación (Heb. 1,14)  Llámeseles por esto Ángeles de la Guarda (Or.).  Es además común opinión que los reinos, provincias, familias, diócesis, Iglesias, comunidades religiosas,  etc. tienen su respectivo Ángel tutelar.

    Nuestro Ángel Custodio tiene la misión de protegernos y defendernos, para que, con su protección, puestos siempre al abrigo de las asechanzas de los enemigos de nuestra alma y de todas las adversidades, podamos llegar a la Tierra Prometida de la vida eterna(Or., Secr., Posc.)  Este fiel compañero merece todo nuestro reconocimiento y veneración, aun cuando sólo fuera por ser un bienaventurado,  que goza ya de la visión beatífica (Ev.).  Con el fin de animarnos a esta práctica continua de las almas cristianas, la Iglesia ha establecido la fiesta de los Santos Ángeles de la Guarda.

    Si estuviéramos íntimamente persuadidos de estas realidades, si pusiéramos por obra la Epístola (Exódo, 23,20-23) de hoy, sentiríamos, palparíamos la presencia de nuestro Santo Ángel, como la sintió santa Francisca Romana y tantos otros siervos y siervas de Dios.

    Nota: Celebrada ya esta fiesta por los españoles en el siglo XVI, Paulo V en 1608 la extendió a toda la Iglesia.


    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1719 y 1720.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

    El Altísimo mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos  pasos dieres; te llevarán en sus manos;  no sea que tropiece tu pie contra la piedra,  (Salmo, 90, 11-12).

    El Altísimo mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres; te llevarán en sus manos; no sea que tropiece tu pie contra la piedra, (Salmo, 90, 11-12).

    INVOCACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA

    Angele Dei, qui custos es mei, me tibi commíssum pietáte supérna, illúmina, custódi, rege et gubérna. Amen.

    Ángel de Dios, que eres mi custodio: ilumíname, guárdame, guíame y gobiérname, a mí confiado a ti por la piedad divina Amén.

    Ángel de mi guarda, dulce compañía: no me desampares ni de noche ni de día, ni me dejes solo, que me perdería.

    Ángel de mi guarda, dulce compañía: no me desampares ni de noche ni de día, ni me dejes solo, que me perdería. Amén.

    Fuentes consultadas:

    http://misa_tridentina.t35.com/

    http://costumbrario.blogspot.com/

    dulce compañía:
    no me desampares
    ni de noche ni de día,
    ni me dejes solo,
    que me perdería.



    2 de octubre

    LOS SANTOS ÁNGELES DE LA GUARDA,()

    El Altísimo mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos  pasos dieres; te llevarán en sus manos;  no sea que tropiece tu pie contra la piedra, (Salmo, 90, 11-12).

    El Altísimo mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres; te llevarán en sus manos; no sea que tropiece tu pie contra la piedra, (Salmo, 90, 11-12).

    Los hijos de los reyes no salen sino escoltados de personas encargadas de velar por ellos y defenderlos en caso de necesidad. Pues bien, todos los cristianos se han vuelto, por su bautismo, hijos del Rey de los cielos. Es por esto que Dios da a cada persona un compañero fiel encargado de guardarla, conducirla y gobernarla. Este compañero es nuestro ángel de la guarda. Debemos, en este día de su fiesta, agradecer a la bondad divina por este singular favor; y, al mismo tiempo, dar gracias a estos espíritus bienaventurados por la solicitud con que velan sobre nosotros y nos acompañan desde la cuna hasta la tumba. Es la finalidad que persigue la Iglesia al establecer la fiesta de hoy.

    MEDITACIÓN SOBRE 
    LOS ÁNGELES DE LA GUARDA

    I. Admira la bondad de Dios que ha destinado a un príncipe de su corte a que vele sobre tu conducta. Tu ángel de la guarda día y noche se mantiene a tu lado; te defiende contra el demonio y las tentaciones; te inspira santos pensamientos; te desvía del mal; intercede por ti ante Dios. Agradece a Dios la bondad que te demuestra al darte un conductor tan fiel y tan caritativo, y ve en esta gracia una prueba de la estima que tiene de tu alma. Agradece a tu ángel custodio por los servicios que te presta; pídele los continúe hasta tu muerte.

    II. Ten profundo respeto por tu ángel y demuéstraselo todos los días con alguna oración. No mal trates, no escandalices a nadie; acuérdate de la palabra del Señor que te prohíbe escandalizar a los pequeñuelos, porque sus ángeles ven siempre el rostro de su Padre. Estos ángeles vengarán el daño que hicieres a quienes están a su cuidado. Si trabajas por convertir a algún pecador, ruega a su ángel custodio que te ayude. Honra a tu ángel de la guarda. N o hagas en su presencia lo que no harías en presencia de una persona respetable.(San Bernardo).

    III. Considera a tu ángel custodio como al mejor amigo que tienes en este mundo. Él es fiel, no te abandonará en tus necesidades. Está infinitamente iluminado, consúltalo en tus dudas: no te engañará. Es poderoso para socorrerte: tiene más poder, más inteligencia y más fuerza que los hombres en quienes pones tu confianza. Escucha lo que te inspira. ¡Ah! si tuvieses un poco de fe, nada temerías, sabiendo que tu ángel está contigo.

    La devoción a los ángeles custodios
    Orad por los viajeros.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que, por inefable providencia, os dignáis enviar a vuestros santos ángeles para que nos guarden, conceded a nuestras humildes súplicas la gracia de ser sostenidas por su protección, y el gozo de ser en la eternidad los compañeros de su gloria. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    2 de Octubre

    SAN REMIGIO DE REIMS – († ca.530) «Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

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    San Remigio, célebre obispo de Reims, conocido en la historia principalmente por el hecho de haber bautizado al rey Clodoveo y un buen número de su pueblo, fue hombre, según el testimonio de San Gregorio de Tours, insigne por su erudición y santidad y por sus obras maravillosas, por todo lo cual es considerado como el apóstol de los francos. Las fuentes que nos informan sobre él, principalmente San Gregorio. de Tours y San Avito de Vienne, aunque fieles en la relación de los hechos fundamentales, no son absolutamente seguras, en lo que se refiere a los detalles de los mismos. Sin embargo, tomando el conjunto de éstos, podemos decir que estamos suficientemente informados.

    Nacido en Laon, hacia el año 437, de padres galos, hizo tan considerables progresos en su formación, y particularmente en la elocuencia, que, según el testimonio de San Sidonio Apolinar, compañero suyo en los primeros años, llegó a superar a todos sus iguales. Contando sólo veintidós años de edad, al quedar vacante en 459 la sede de Reims, fue él destinado para la misma, y los hechos probaron bien pronto que con su celo y fervor de espíritu suplía lo que le faltaba de experiencia.

    No poseemos muchas noticias sobre la actividad de San Remigio durante la primera etapa de su vida, desde su elevación a la sede de Reims, en 459, hasta el gran acontecimiento de la conversión de Clodoveo, hacia el 496, en que tan directamente intervino San Remigio. Pero lo poco que conocemos nos lo presenta como un prelado eminente, consciente de sus deberes y entregado de lleno a la instrucción y gobierno de su pueblo. Sabemos por Sidonio Apolinar que desarrolló gran actividad en convertir a muchos entre los invasores francos y someterlos al yugo de Cristo. El mismo atestigua que poseyó un volumen de los sermones de Remigio, cuya suavidad, belleza de expresión y plenitud de doctrina pondera extraordinariamente. Con esta elocuencia, a la que se juntaba su eminente santidad, contribuyó eficazmente a poner el fundamento de la conversión del pueblo de los francos.

    Entre los pocos documentos que de este tiempo se nos han conservado es digna de memoria una carta, dirigida por San Remigio, hacia el año 482 a Clodoveo, en la que lo felicitaba por su feliz principio como rey de los francos en la región de Tournai y le daba excelentes orientaciones y consejos para el gobierno de su pueblo. Así le dice: «Debéis mostrar deferencia con los sacerdotes y recurrir siempre a su consejo. Si reina armonía entre vos y ellos, vuestro reino sacará de ello mucho provecho… Que todos os amen y os respeten… Que vuestro tribunal sea asequible a todos y que nadie salga triste de él. Emplearéis todas las riquezas de vuestros padres en librar cautivos y desatar las cadenas de los esclavos…»

    De hecho, tal era ya su prestigio por este tiempo que, cuando Clodoveo conquistó la Galia del Norte, en torno al año 490, Remigio fue, seguramente, el intermediario entre la población indígena, cristiana en su mayoría, y los dirigentes conquistadores. Todo su empeño lo dirigió desde entonces a atraer al mismo Clodoveo a la religión cristiana.

    Precisamente la intervención de San Remigio en la conversión definitiva de Clodoveo y del pueblo franco constituye el punto más interesante y glorioso de su vida. Por esto es conveniente notarla con alguna detención. Ante todo, consta que en este tiempo Clodoveo, aunque continuaba afecto al paganismo, trataba amistosamente con los cristianos, que constituían la mayoría de la población indígena. El mismo había tomado por esposa a la católica Clotilde, hija del rey cristiano de Borgoña, Chilperico. Más aún: sabemos que ella realizó repetidos intentos de convertir a su esposo al cristianismo, y que éste consintió en que su primogénito fuera bautizado. Es verdad que según se refiere, habiendo muerto el niño poco después del bautismo, echó en cara a la reina esta muerte, afirmando que no hubiera muerto si hubiera sido puesto bajo la protección de los dioses francos; sin embargo, volvió a permitir que su segundo hijo fuera bautizado.

    Estando, pues, Clodoveo en esta disposición tuvo lugar su conversión, según todos los indicios, durante la guerra que mantuvo contra los alemanes el año 496 o tal vez 497. ¿Cómo sucedió este importante acontecimiento y qué intervención tuvo en él San Remigio, el apóstol de los francos? No es fácil responder con absoluta objetividad a esta pregunta. Sin embargo, teniendo presente el relato de San Gregorio de Tours, que es quien más detalles nos ofrece, y otras noticias contemporáneas, podemos responder substancialmente lo siguiente:

    Habiendo irrumpido los alemanes en el territorio de los francos encontrábase Clodoveo en el momento decisivo de la batalla. Más aún: cuando advirtió que los francos comenzaban a ceder y que era inminente la victoria de sus enemigos, invocó al Dios de su esposa, Santa Clotilde, prometiéndole abrazar la fe si le concedía la victoria. De hecho, inesperadamente, volvieron la espalda los enemigos y emprendieron la huida. Ante un hecho tan sorprendente, Clodoveo, ya victorioso, se decidió a realizar lo prometido.

    A este hecho fundamental añade San Gregorio de Tours diversos detalles, de cuya objetividad no ofrece plenas garantías Tales son: que su esposa, Clotilde, antes de emprender Clodoveo la batalla, le dijo: «Señor, si quieres alcanzar victoria, invoca al Dios de los cristianos: si tú lo invocas con toda confianza, nada se te puede resistir». A lo cual respondió Clodoveo que así lo haría, y, si salía victorioso, se haría cristiano. Por esto el mismo historiador, en el momento crítico de la batalla, pone en boca del rey franco estas palabras invocando al Señor: «¡Oh Cristo, a quien Clotilde invoca como Dios vivo!, yo imploro tu ayuda. He invocado a mis dioses, y ellos no tienen ningún poder. Acudo, pues, a ti. Yo creo en ti. Líbrame de mis enemigos y yo me bautizaré en tu nombre».

    El mismo Gregorio de Tours añade multitud de detalles sobre los acontecimientos que luego siguieron: cómo, lleno de júbilo por la victoria, exclamó al encontrarse con su esposa, Clotilde: «Clodoveo ha vencido a los alemanes pero tú has vencido a Clodoveo». Y a continuación realizó con toda solemnidad el acto trascendental de su propio bautismo y de gran número de magnates de su pueblo. Reduciendo, pues, a lo substancial todo este relato, podemos sintetizarlo de la manera siguiente:

    Con el consejo de su esposa, Santa Clotilde, Clodoveo se puso en contacto con San Remigio de Reims, y, efectivamente, bajo su dirección, tanto el rey como un buen número de magnates y del pueblo recibieron la instrucción necesaria para poder recibir el bautismo. Clodoveo manifestó, por una parte, su preocupación de que muchos de ellos, particularmente los hombres de su guardia personal, no renunciarían fácilmente a sus dioses, y, por otra, su voluntad de que no se forzara a nadie a abrazar la fe cristiana. Pero la mayoría de los magnates y demás cortesanos se manifestó decidida a seguir el ejemplo de su rey. Así, pues, dedicóse de lleno San Remigio a la obra de su instrucción, en lo que consta que le ayudó otro santo insigne, San Vedasto.

    La escena misma del bautismo, aun exponiéndonos a mezclar los hechos estrictamente históricos con detalles subjetivos del cronista, vale la pena reproducirla como nos la refiere San Gregorio. En efecto, con el objeto de impresionar los sentidos de aquel pueblo bárbaro con las solemnes ceremonias del bautismo, San Remigio y la reina Clotilde procuraron que la ciudad de Reims, donde se realizó probablemente este gran acto, se engalanara con toda magnificencia y que la catedral y el baptisterio aparecieran con los esplendores de las grandes fiestas. Luego añade el historiador: «El nuevo Constantino avanza hacia el baptisterio. Cuando hubo entrado en él, en presencia de todo el pueblo y de la corte entera que lo contemplaba, el obispo Remigio le dice: «Inclina humildemente tu cabeza; adora lo que hasta ahora has quemado: quema lo que hasta aquí has adorado». Así, pues, habiendo hecho Clodoveo la profesión de fe en Dios omnipotente y en la Trinidad, fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

    A continuación San Remigio bautizó a dos hermanas del rey y, con la ayuda de otros sacerdotes, a unos tres mil hombres de la corte y del ejército, así como también a gran multitud de mujeres y niños. Muchos suponen que estos acontecimientos tuvieron lugar el 25 de diciembre de 496, el mismo año de la victoria de Clodoveo sobre los alemanes.

    Fácilmente se comprende el entusiasmo con que recibió estos acontecimientos el episcopado de las Galias. San Avito de Vienne escribía al príncipe: «Vuestra fe es nuestra victoria… ¿Osaré yo predicaros la misericordia de Dios, cuando un pueblo, hasta ahora cautivo, celebra la vuestra con transportes de júbilo ante el mundo entero y con lágrimas delante de Dios? Yo no formulo más que un voto; puesto que Dios va a hacer, por vuestro medio, un pueblo enteramente suyo, esparcid del tesoro de vuestro corazón semillas de fe entre los pueblos vecinos que, viviendo en su ignorancia, no han sido corrompidos por los gérmenes de las doctrinas perversas».

    Una vez realizada la conversión oficial del pueblo franco, en la que tan activa parte tuvo San Remigio, continuó éste trabajando con la mayor intensidad en su ulterior instrucción. Bajo la protección de Clodoveo continuó esparciendo entre los francos la semilla del Evangelio, con lo cual realizó una obra admirable. La leyenda le atribuye un número extraordinario de milagros en esta labor de evangelización. A este propósito es célebre, sobre todo, la de la vasija o ampolla sancta, que se conservaba en la abadía de San Remigio, que se supone ser la misma que sirvió para ungir con el óleo santo del bautismo al rey Clodoveo y que vino milagrosamente del cielo. Esta vasija se empleaba en la consagración de los reyes de Francia, pero fue rota en la Revolución francesa, si bien se conserva una parte de ella en la catedral de Reims.

    Los obispos, reunidos en una asamblea convocada en Reims, declararon que se sentían impulsados a la defensa de la fe por el ejemplo viviente de San Remigio, el cual, según ellos afirman, «en todas partes destruyó los altares de los ídolos, realizando multitud de milagros». De él conservamos una carta, escrita poco después de la muerte de Clodoveo, ocurrida en 511 y dirigida al obispo de Tongres-Maestricht. En tono enérgico reprocha a este último obispo algunos excesos cometidos contra algunos pueblos. De este modo aparece la entereza de carácter con que continuó trabajando hasta el fin de su vida.

    De todo ello se deduce que San Remigio, en la última etapa de su vida, hizo lo que pudo para promover el Evangelio entre el pueblo de los francos, recién convertido al cristianismo, por lo cual, con justo título, es venerado como su apóstol. En un sínodo celebrado en 517 convirtió a un obispo arriano, que se había presentado para argüir contra el santo obispo. Sin embargo, su acción apostólica no siempre encontró la aprobación y buena acogida entre sus hermanos de episcopado.

    Poco después de la muerte de Clodoveo, probablemente en 512, los obispos de París, Sens y Auxerre le escribieron acerca de un sacerdote, llamado Claudio, ordenado por él a petición del rey. En la carta le reprochan el haber ordenado a un hombre mercader, según ellos, de degradación, y dan a entender que piensan fue sobornado para ello, acusándole de haber perdonado todos los desaciertos financieros de Claudio. Se conserva la carta con la que San Remigio respondió a este cúmulo de inculpaciones y acusaciones infundadas. Claramente convencido de que aquellos obispos estaban llenos de despecho y apasionamiento, se lo manifiesta así con toda claridad, pero su respuesta es un modelo de paciencia y caridad.

    San Gregorio de Tours atestigua que gobernó la Iglesia de Reims setenta años, y que murió en paz hacia el año 530. Se ha conservado el texto de un testamento, que se le atribuye. Probablemente es auténtica la versión breve del mismo. Su fiesta se celebró en distintas fechas, y la Iglesia de Reims le dedicaba cinco durante el año: el 12 de enero, la vigilia; el 13, su fiesta, el 29 de mayo, la traslación, el 1 de octubre, otra traslación; el 30 de diciembre, su relación. Pero, al fin, prevaleció el 1 de octubre como única fiesta.

    BERNARDINO LLORCA, S. I.

    Tomado de: http://www.conocereisdeverdad.org

    San Remigio, Obispo y Confesor

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    S. Remigio, obispo de Reims y confesor, convirtió la nación franca a la fe de Cristo, bautizando a su rey Clodoveo (+ 533).

    Ya que, con el prestigio de tu santidad ¡oh Remigio! subyugaste a los fieros Sicambros con su rey, haciéndoles, abrazar la fe y el suave yugo de Cristo, aprovecha también hoy el ascendiente que en el cielo tienes en pro sobre todo de esa nación privilegiada cuyo apóstol fuiste, y que tanto viene favoreciendo o estorbando el reinado de Dios sobre la tierra.

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1718 y 1719.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    1 de octubre

    SAN REMIGIO,()
    Obispo y Confesor

    Conforme a la santidad  del que os llamó, sed también vosotros santos en todo vuestro proceder. (1 Pedro, 1,15).

    Conforme a la santidad del que os llamó, sed también vosotros santos en todo vuestro proceder. (1 Pedro, 1,15).

    San Remigio, el gran apóstol de Francia, fue ilustre por la ciencia, la elocuencia, la santidad y los milagros que jalonaron sus largos setenta años de episcopado. Elegido por Santa Clotilde para instruir religiosamente al rey Clodoveo, su esposo, que había decidido abrazar el cristianismo, tuvo el santo obispo el consuelo de bautizarlo, con dos de sus hermanas, tres mil guerreros y muchas mujeres y niños. Destruyó los ídolos e hizo edificar iglesias. Murió hacia el año 533, casi nonagenario.

    MEDITACIÓN SOBRE LA SANTIDAD
    RESUMIDA EN TRES PALABRAS

    I. La santidad puede resumirse en tres palabras: abstenerse, sufrir, emprender. Abstente de las cosas ilícitas y peligrosas, y a menudo aun de las permitidas. Prívate de los placeres de esta vida, y gozarás de los del cielo. No hay gozo más dulce, aun en esta vida, que privarse de un placer por amor de Dios. Señor , ¿cómo podría entregarme al placer viéndoos clavado en una cruz? ¡Existe un infierno para los voluptuosos, y me abandono yo a las delicias!

    II.  Hemos de sufrir ataques de la concupiscencia, del mundo y del demonio. Hemos de sufrir insultos de nuestros enemigos y perfidias de quienes consideramos amigos. En fin, seas quien fueres, te desafío a que me cites tan siquiera un día de tu vida en que no hayas sufrido. Reflexiónalo bien. El mundo es incapaz de satisfacer nuestros deseos, y la inquietud incesante de nuestra alma, en el seno mismo de la abundancia, es una prueba de que só1o Dios puede colmarla. Considera el estado de vida que te plazca, no hay descanso ni en el más oscuro ni en el más brillante. (San Euquerio).

    III. Gran obra es nuestra santificación; es menester, para llevarla a cabo, trabajar seriamente por adquirir las virtudes cristianas. ¿Podrías acaso decir que posees alguna de ellas? No te desalientes sin embargo: para ser santo, basta quererlo. Examina qué te impide serlo, y verás que no son sino bagatelas, como aquéllas de que habla San Agustín: Estaba retenido por las frivolidades y las vanidades más miserables.

    El deseo de la santidad
    Orad por vuestros jefes.

    ORACIÓN

    Haced, oh Dios omnipotente, que la piadosa solemnidad de San Remigio, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com