SAN BERNARDO Y EL ADVIENTO

Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana, y mi madre. (San Mateo, 12, 50).

Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana, y mi madre. (San Mateo, 12, 50).

Vendrá a nosotros la Palabra de Dios. Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no.

En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua Él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron.

La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en gloria y majestad. Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo. Y para que nadie piense que es pura invención lo que estamos diciendo de esta venida intermedia, oídle a Él mismo:

El que me ama -nos dice- guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

He leído en otra parte: El que teme a Dios obrará el bien; pero pienso que se dice algo más del que ama, porque éste guardará su palabra. ¿Y dónde va a guardarla? En el corazón, sin duda alguna, como dice el profeta:

En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.

Así es como has de cumplir la palabra de Dios, porque son dichosos los que la cumplen. Es como si la palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu conducta.

Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará con este alimento sustancioso. Y no te olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha.

Si es así como guardas la palabra de Dios, no cabe duda que ella te guardará a ti. El Hijo vendrá a ti en compañía del Padre, vendrá el gran Profeta, que renovará Jerusalén, el que lo hace todo nuevo. Tal será la eficacia de esta venida, que nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Y así como el viejo Adán se difundió por toda la humanidad y ocupó al hombre entero, así es ahora preciso que Cristo lo posea todo, porque Él lo creó todo, lo redimió todo, y lo glorificará todo.

Tomado de:

https://eccechristianus.wordpress.com/

Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 07 de Diciembre de 2014-1

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(PARA JÓVENES)

Sermón del 07 de Diciembre de 2014

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Sermón Dominical

Del

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 30 de Noviembre de 2014

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Sermón Dominical

Del

Domingo después de la Ascensión

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 01 de Junio de 2014

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LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Por San Agustín

La Ascensión

SERMÓN 261

Traductor: Pío de Luis, OSA

La ascensión del Señor

1. La resurrección del Señor es nuestra esperanza; su ascensión, nuestra glorificación. Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión. Si, pues, celebramos como es debido, fiel, devota, santa y piadosamente, la ascensión del Señor, ascendamos con él y tengamos nuestro corazón levantado. Ascendamos, pero no seamos presa del orgullo. Debemos tener levantado el corazón, pero hacia el Señor. Tener el corazón levantado, pero no hacia el Señor, se llama orgullo; tener el corazón levantado hacia el Señor se llama refugio, pues al que ha ascendido es a quien decimos: Señor, te has convertido en nuestro refugio1. Resucitó, en efecto, para darnos la esperanza de que resucitará lo que muere, para que la muerte no nos deje sin esperanza y lleguemos a pensar que nuestra vida entera concluye con la muerte. Nos preocupaba el alma y él, al resucitar, nos dio seguridad incluso respecto al cuerpo. ¿Quién ascendió entonces? El que descendió2. Descendió para sanarte, subió para elevarte. Si te levantas tú, vuelves a caer; si te levanta él, permaneces en pie. Por tanto, Levantar el corazón pero hacia el Señor, he aquí el refugio; levantar el corazón, pero no hacia el Señor: he aquí el orgullo. Digámosle, pues, en cuanto resucitado: Porque tú eres, Señor, mi esperanza; en cuanto ascendido: Has puesto muy alto tu refugio3. ¿Cómo podemos ser orgullosos teniendo el corazón levantado hacia quien se hizo humilde por nosotros para que no continuásemos siendo orgullosos?

2. Cristo es Dios; lo es siempre. Nunca dejará de serlo, porque nunca comenzó a serlo. Si su gracia puede hacer que no tenga fin algo que tiene comienzo, ¿cómo va a tener fin él, que nunca tuvo comienzo? ¿Qué ha tenido comienzo y no tendrá fin? Nuestra inmortalidad tendrá comienzo, pero carecerá de fin. En efecto, no poseemos ya lo que, una vez que comencemos a poseerlo, nunca perderemos. Así, pues, Cristo es siempre Dios. Dios, ¿cómo? ¿Preguntas qué clase de divinidad? Es igual al Padre. No busques en la eternidad modos de ser, sino sólo la felicidad. Comprende, si puedes, cómo Cristo es Dios. Te lo voy a decir, no te defraudaré. ¿Preguntas en qué modo Cristo es Dios? Escúchame; mejor, escucha a mi lado; escuchemos y aprendamos juntos. No creáis que, porque yo hablo y vosotros me escucháis, yo no escucho con vosotros. Cuando oyes que Cristo es Dios, preguntas: «¿De qué modo Cristo es Dios?». Escucha conmigo; no digo que me escuches a mí, sino que escuches conmigo, pues en esta escuela todos somos condiscípulos; el cielo es la cátedra de nuestro maestro. Escucha, pues, de qué modo Cristo es Dios. En el principio existía la Palabra. ¿Dónde? Y la Palabra estaba junto a Dios4. Pero palabras acostumbramos a oírlas a diario. No equipares a las que acostumbras a oír la Palabra era Dios, cuyo modo de ser busco. Pues he aquí que ya creo que es Dios, pero pregunto cómo es Dios. Buscad siempre su rostro5. Que nadie desfallezca en la búsqueda, antes bien avance. Avanza en la búsqueda si es la piedad y no la vanidad la que busca. ¿Cómo busca la piedad?, ¿cómo busca la vanidad? La piedad busca creyendo, la vanidad disputando. En el caso de que quieras entrar en discusiones conmigo y decirme: «¿A qué Dios adoras? ¿Cómo es el Dios que adoras? Muéstrame lo que adoras», te responderé: «Aunque tengo qué mostrar, no tengo a quién».

3. Tampoco yo me atrevo a decir que he alcanzado ya aquello por lo que preguntas. En cuanto me es posible, voy tras las huellas de aquel gran atleta de Cristo, el apóstol Pablo, que dice: Hermanos, ni yo mismo pienso haberlo alcanzado6. Ni yo mismo. ¿Qué es ese yo mismo? ¿Yo que he trabajado más que todos ellos?7 Sé, Apóstol, de qué manera pronuncias yo: es una expresión enfática, no manifestación de orgullo. ¿Quieres escuchar de qué manera dice yo? Después de haber dicho: He trabajado más que todos ellos, renunció al yo mismo. He trabajado -dice- más que todos ellos. Y como si le dijéramos nosotros: «¿Quién?», nos responde: Pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo8. Así, pues, él que estaba en posesión de tanta gracia de Dios que, a pesar de haber sido llamado más tarde, trabajó más que los que lo habían precedido, dice no obstante: Hermanos, ni yo mismo pienso haberlo alcanzado. Vuelve a aparecer el yo donde indica no haberlo alcanzado. El no alcanzarlo es consecuencia de la debilidad humana. En cambio, cuando habla de que fue elevado al tercer cielo y escuchó palabras inefables que no está permitido hablar a hombre alguno9, no dijo: «Yo». ¿Qué dijo entonces? Conozco un hombre que hace catorce años. Conozco un hombre: y ese hombre era el mismo que hablaba, y, como atribuyó a otro lo que había tenido lugar en él, no vino a menos. Por tanto, no provoques contiendas ni litigios exigiendo que te diga cómo es el Dios que adoro. Pues no es un ídolo que me permita apuntarlo con el dedo y decir: «He aquí el Dios que adoro»; ni es tampoco un astro o una estrella, o el sol o la luna, que me permitan apuntar al cielo y decir: «He aquí lo que adoro». No es nada hacia lo que pueda dirigirse el dedo; pero sí algo a lo que puede dirigirse la mente. Considera a aquel que no lo ha alcanzado y que, sin embargo, lo busca, lo persigue, lo anhela, suspira por ello y lo desea; pon los ojos en él y mira lo que dirige hasta su Dios, si el dedo o el alma. ¿Qué dice? No pienso haberlo alcanzado. Mas, olvidando lo pasado y en tensión hacia lo que está delante, una sola cosa persigo en mi intención: la palma de la suprema vocación de Dios en Cristo Jesús10. Persigo -dice-, ando -dice-, estoy en camino. Sígueme, si puedes; lleguemos juntos a la patria donde ni tú me harás preguntas ni yo a ti. Ahora busquemos juntos creyendo para disfrutar después viendo. Sigue leyendo

SOBRE LA ASISTENCIA A LA SANTA MISA

Por San Juan Crisóstomo

 

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«Cuando veo con mis propios ojos el escaso número de los concurrentes y advierto que en cada reunión va siendo menor, me entristezco y a la vez me gozo. Me gozo por vosotros los que estáis presentes; me entristezco por los ausentes. Vosotros merecéis encomios puesto que ni aun el ser vuestro número escaso os ha vuelto desidiosos; mientras que los otros merecen reproches, puesto que ni siquiera el empeño que vosotros ponéis los ha alentado. A vosotros os llamo bienaventurados y os juzgo dignos de imitación, porque en nada os ha dañado la negligencia de aquéllos; pero a ellos los llamo míseros y los lloro, ya que vuestra diligencia en nada ha podido ayudarlos.

¡No han escuchado al profeta que dice: Prefiero estar postrado a las puertas de mi Dios a morar en las tiendas de los pecadores! No dijo: he escogido habitar en la casa de mi Dios, ni vivir, ni entrar en ella; sino preferí estar postrado. Es decir, aun cuando sea contado entre los últimos, yo lo amo, yo me contento de eso, con tal de que se me conceda siquiera entrar en el vestíbulo. Tengo por gran beneficio siquiera ser contado entre los últimos que entran en la casa de mi Dios. El amor hace que al Señor común de todos lo tenga por su Señor particular. ¡Tal es la virtud de la caridad! En la casa de mi Dios.

Quien ama no únicamente desea ver al que ama, ni sólo ama su casa, sino que ama aun el vestíbulo solo. Y no únicamente la entrada de la casa, sino siquiera la encrucijada de las calles en donde está la casa. Y si logra ver el vestido o el calzado de la persona a quien ama, ya le parece que contempla a la persona misma a quien ama.  Sigue leyendo

Sermón Dominical

Del

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA 

 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 25 de Mayo de 2014

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Sermón Dominical

 

Del

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA 

 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

 

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 18 de Mayo de 2014

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Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA 

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 11 de Mayo de 2014-I

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(PARA JÓVENES)

Sermón del 11 de Mayo de 2014-II

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Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA 

DOMINGO DEL BUEN PASTOR

 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 4 de Mayo de 2014

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO IN ALBIS

Y OCTAVA DE PASCUA 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 27 de abril de 2014

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Sermón Dominical

Del

 DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 20 de abril de 2014

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Sermón

Del

JUEVES SANTO

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 17 de abril de 2014

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Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DE PASIÓN

DOMINGO DE RAMOS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 13 de abril de 2014

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Sermón Dominical

Del

PRIMER DOMINGO DE PASIÓN

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 06 de abril de 2014

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Sermón Dominical

Del

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 30 de marzo de 2014

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(PARA JÓVENES)

Sermón del 30 de marzo de 2014-II

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Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

(Nota: Desde el minuto 5 al 7 se oye ruido de fondo debido a una interferencia en el micrófono de grabación)

Sermón del 23 de marzo de 2014

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(PARA JÓVENES)

Sermón del 23 de marzo de 2014-II

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Sermón en la solemnidad de San José

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ  

(PARA JÓVENES)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 19 de marzo de 2014

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Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 16 de marzo de 2014

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Sermón Dominical

Del

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 09 de marzo de 2014

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA 

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 02 de marzo de 2014

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(PARA JÓVENES)

Sermón del 02 de marzo de 2014-II

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 23 de febrero de 2014

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(PARA JÓVENES)

Sermón del 23 de febrero de 2014-II

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 16 de febrero de 2014

 

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Sermón Dominical

Del

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 09 de Febrero de 2014

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Sermón Dominical

De la

MISA DE LA PURIFICACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 02 de Febrero de 2014

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Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 26 de Enero de 2014

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Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 19 de Enero de 2014

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Sermón Dominical

De la

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 12 de Enero de 2014

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 5 de Enero de 2014

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE INFRAOCTAVA DE NAVIDAD

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 29 de Diciembre de 2013

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Sermón Dominical

Del

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 22 de Diciembre de 2013

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Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 15 de Diciembre de 2013

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Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO 

8 de Diciembre, Fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

SERMÓN DEL 8 DE DICIEMBRE DE 2013

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Sermón Dominical

Del

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO 

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

SERMÓN DEL 01 DE DICIEMBRE DE 2013

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(PARA JÓVENES)

SERMÓN DEL 01 DE DICIEMBRE DE 2013-II

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO 24º Y ÚLTIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

SERMÓN DEL 24 DE NOVIEMBRE DE 2013

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(PARA JÓVENES)

SERMÓN DEL 24 DE NOVIEMBRE DE 2013-II

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SERMON XL PARA LA DOMINICA UNDÉCIMA DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DEL VICIO DE HABLAR DESHONESTAMENTE

POR: SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

“Tegit linguam ejus… et solutum est vinculum”.

“Le tocó la lengua, y se le soltó el impedimento”. (Marc. VII, 33 et 35)

En el presente Evangelio refiere San Marcos, el milagro que hizo nuestro divino Salvador, curando a un hombre sordo y mudo con solo tocarle la lengua. Pero, de estas últimas palabras no se deduce que aquel hombre fuese mudo en efecto, sino que tenía la lengua impedida, y no podía hablar expeditamente: por lo cual añade San Marcos, que después del milagro hablaba bien:Loquebatur recte. Fue, pues, necesario un milagro para desatar la lengua de ese hombre, y soltarle el impedimento que tenía. ¿A cuantos empero, haría un favor, si les atase la lengua para que no pudiesen hablar deshonestamente?

Puesto que quien adolece este vicio:

  • Hace gran daño a otros. Este será mi primer punto.
  • Y se hace gran daño a sí mismo. Aquí tenéis el segundo punto.

Punto 1

EL QUE HABLA DESHONESTAMENTE HACE GRAN DAÑO A LOS QUE LE OYEN

1. San Agustín (in Psal. 160), llama Satanœ mediatores“medianeros de Satanás” , a los que hablan deshonestamente; porque, donde no puede llegar Satanás con las sugestiones, llegan estos con las palabras obscenas que pronuncian. De estas lenguas malditas dice Santiago: Et lingua ignis est… inflammata a gehenna“En su lengua un fuego inflamado por el Infierno, con el cual abrasa el obsceno a cuantos le escuchan”. (Jc. III, 6).

Esta puede decirse, que es la tercera lengua de que habla el Eclesiástico: Lingua tertia multos commovit et dispersit illos. (Eccl. XVIII, 16). “La lengua espiritual es aquella que habla a Dios; la lengua civil es la que habla de los negocios del mundo; hay, pues, una tercera lengua, que es la del Infierno, que habla de las obscenidades carnales, y ésta es la que pervierte a muchos cristianos y hace que se pierdan”.

2. El real Profeta, hablando de la vida de los hombres sobre la tierra, dice: Su camino es tinieblas y lubricidad. Como si dijéramos: El hombre mientras vive, camina entre tinieblas por un camino resbaladizo; por lo cual está en peligro de caer a cada paso: si no tiene toda la cautela, y no mira donde asienta los pies, con el fin de evitar los pasos peligrosos, es decir, las ocasiones de pecar. Si en este camino, pues, tan resbaladizo, hubiese alguno que le empujase para hacerle caer, sería un milagro que no cayere en el precipicio. Pues esto cabalmente practican los satélites del demonio que hablan obscenidades: inducen a otros al pecado, mientras están en éste mundo, habitando en las tinieblas, y cercados de una carne tan propensa a este vicio. De tales hombres se dijo con razón: “Su garganta es un sepulcro abierto”Sepulchrum patens est guttur eorum (Psal. V, 11). Las bocas de esos, que no saben sino hablar obscenidades, son otros tantos sepulcros abiertos que exhalan putrefacción, dice San Juan Crisóstomo: Talia sunt ora hominum; qui turpia proferunt (Hom. 2 de Proph. Obs.). “Su hálito, como el que sale de la podredumbre de los cuerpos amontonados en una fosa, infesta y trastorna a todos cuantos perciben la hediondez”.

3. Léese en el Eclesiástico, que el golpe del azote deja un cardenal; más, que el golpe de la lengua desmenuza los huesos. Quiere esto decir, que las heridas que causan las lenguas deshonestas penetran hasta los huesos de cuantos las oyen, por el escándalo que les causan, especialmente cuando se profieren en presencia de personas inocentes y timoratas. Refiere San Bernardino de Sena, que una doncella que vivía santamente, al oír a un joven una palabra obscena, cayó en malos pensamientos, y luego se abandonó de tal suerte a la impureza, dice el Santo, que aunque el demonio hubiese tomado carne humana, no hubiera podido cometer tantos pecados impuros como ella cometió.

4. Lo peor es, que estas bocas infernales que pronuncian palabras deshonestas, tienen este vicio por una bagatela; y pocos se confiesan de él, pues suelen responder, cuando el confesor les reprende: Yo lo digo por chanza y sin malicia. ¿Con que lo dices por chanza? ¡Desdichado! Esas chanzas hacen reír al demonio, y te harán llorar a ti eternamente en el Infierno. Porque no sirve decir que tu lo dices por chanza y sin malicia; pues por lo mismo que profieres  esas palabrotas escandalosas y obscenas, es muy difícil que no peques por obra también; porque, como observa San Jerónimo: el que se deleita con las palabras, no está lejos de las obras: Non longe est a facto, qui delectatur in verbo. Además de que cuando se habla tan escandalosamente delante de personas de ambos sexos, siempre hay en ellas delectación peligrosa. ¿Y no es pecado también el escándalo público? Una sola palabra deshonesta que se pronuncie, es capaz de hacer caer en pecado a cuantos la oyen. Por esto dice San Bernardo: Unus loquitur et unum tantum verbum profet, et tamen multitudinis audientium animis interficit. “Aunque hable uno solo, y no profiera más que una palabra, mata, sin embargo, con el escándalo las almas de cuantos le oyen”. (Serm. 24 in Cant.) Y este pecado es peor que si uno matase a muchas personas disparando aun arcabuz; porque así mataría a los cuerpos, y con las palabras obscenas mata a las almas: Animus interficit.

5. En fin, esos hombres, cuya lengua no tiene freno, son la ruina del mundo. Más daño hace uno sólo de ellos que cien demonios del Infierno, siendo así la ruina de muchas almas. Y no soy yo quien os lo digo, sino el Espíritu Santo, que dice: Os lubricum operatur ruinas“La boca lúbrica y deshonesta es causa de ruina de muchos”. (Prov. XIII, 28) Y ¿cuándo principalmente se causan estos males y estas ruinas? Cabalmente cuando Dios nos dispensa más bienes. Hablo de los bienes temporales que nos dispensa su mano bienhechora  en el estío, proveyéndonos para todo el año, de grano, de vino, de aceite, de legumbres y de los demás frutos que hace producir la tierra para nuestro alimento. Pues ¿cuando se cometen más pecados en el campo? Cuando se hace la siega, la trilla y la vendimia; cuando se hace la recolección de las castañas, de las aceitunas, del maíz y de otras cosas semejantes. Entonces, repito, se cometen más pecados que en otros tiempos, por medio de esas palabras deshonestas, que abundan en la boca de los hombres escandalosos más que en los campos los granos de trigo y de uva.

¿Y es este el modo de manifestar la gratitud al Señor por la prodigalidad con que os suministra sustento para el invierno?

Más ¿quién tiene la culpa de éstos pecados, sino las bocas desenfrenadas de los hombres escandalosos, cuyas lenguas están llenas de veneno, como la de la víbora? Ellos, pues, darán cuenta a Dios del pecado que cometen hablando mal, y de los que hacen cometer a los que escuchan. Si tuviesen presente cuando hablan de este modo, la amenaza que les hace Dios por Ezequiel, de que les pedirá cuenta de su perdición: Sanguinem ejus de manutua requiram (Ezech. III, 18), seguramente que refrenarían la lengua y no causarían la muerte del alma a tantos inocentes.

Punto 2

EL QUE HABLA PALABRAS DESHONESTAS SE CAUSA GRAN DAÑO A SÍ MISMO

6. Dicen algunos: “Pero yo hablo sin malicia”. A esta excusa frívola y necia he contestado ya en el punto primero, que es muy difícil que uno hable palabras deshonestas sin complicarse con las ideas que ellas suscitan en la imaginación; especialmente, cuando se profieren delante de muchachas y casadas jóvenes; porque, regularmente, resulta de ellas una secreta complacencia, que suele ser semejante a una chispa eléctrica que abrasa cuando toca. Si el fuego prende en la estopa, la abrasa; pues del mismo modo, si un mal pensamiento se ceba en nuestra imaginación, abrasa nuestra alma inclinada al pecado: porque el cuerpo y el alma de todos los hombres, como dice la Santa Escritura, están inclinados al mal: Sensus et cogitatio humani cordis pronua sunt in malum. (Gen VIII, 21) Sobre todo, el hombre siéntese inclinado al vicio deshonesto  por la misma naturaleza. Y por eso dice San Agustín, que en esta especie de combate, si no somos muy cautos y prudentes, todos nos hallamos enredados, y pocos salimos vencedores. Al que dice libremente palabras obscenas, siempre se le presentan a la imaginación aquellas mismas ideas impuras y deshonestas  que nombra; y éstas suscitan la complacencia en su alma , y le hacen caer, primeramente, en torpes deseos, y luego en las obras: y esta es la consecuencia de hablar obscenidades, aunque sea sin malicia, como suelen decir los que acostumbran a divertir a los demás con torpezas. ¿conque habláis mal sin malicia? ¿Y no hay malicia en obrar mal? ¿Y no es obrar mal hablar de los que Dios prohíbe? ¿Y no prohíbe Dios los actos, las alusiones, y hasta los pensamientos impuros? ¿Cómo, pues, osáis decir, que habláis sin malicia? Decid que despreciáis la salvación de vuestra alma, y los preceptos de vuestro Dios, y que obedecéis al demonio.

7. Dice el Espíritu Santo: “Ten cuidado de no labrarte con tu lengua una cadena que te conduzca y arrastre a los Infiernos”; porque, dice Santiago: Que “la lengua contamina toda el cuerpo e inflama la rueda o toda la carrera de nuestra vida”. La lengua es uno de los miembros del cuerpo que cuando habla mal infesta a todos los demás e inflama y corrompe toda nuestra vida, desde la niñez hasta la senectud; y de ahí resulta, que los que hablan obscenidades, no saben abstenerse de semejantes conversaciones, aun cuando son ancianos. Escribe Surio en la vida de San Valerio, que viajando el Santo entró en una casa para calentarse, donde aplicando el oído a lo que decía el dueño de ella al juez de la ciudad, oyó que hablaban de cosas obscenas, siendo ya ambos de edad avanzada. Les respondió el Santo severamente; más ellos no hicieron caso de su reprensión; y Dios los castigó a entreambos dejando ciego a uno, y causando al otro una llaga que le hacía sentir dolores mortales. Cuéntase, además, que uno de estos habladores obscenos murió de repente sin haberse siquiera querido confesar, y que fue visto después en los Infiernos, haciéndose pedazos la lengua, que al instante se renovaba para ser otra vez destrozada.

8. Más ¿como ha de querer Dios compadecerse de aquellos que no se compadecen de las almas de sus prójimos? Por esto dice Santiago: “Aguarda un juicio sin misericordia al que no usó de misericordia”. (Jac. II, 13) ¡Que compasión causa alas veces ver a estos habladores obscenos, hablar delante de jóvenes casadas y muchachas! Y cuando mayor es la concurrencia de los oyentes, con tanto más calor y desenfreno suelen hablar, sin contemplar el mal que hacen, ni el escándalo que dan a tantos inocentes. Porque muchas veces se hallan presentes niños y niñas de poca edad, a quienes escandalizan sin reflexión ni miramiento. Refiere un autor, que educado por los monjes de Cluny el hijo de cierto noble de la Borgoña, era puro como un ángel. Este, pues, entró un día en la tienda de un carpintero, y movido de las palabras obscenas de la mujer del carpintero, cometió un pecado, y perdió las gracia y la amistad de Dios. De otro cuenta Sabatino, en su obra titulada Luz Evangélica, que habiendo oído una palabra deshonesta, y pensando en ella por la noche, consintió un mal pensamiento, y murió repentinamente aquella noche. Sabedor de su muerte su confesor, quería celebrar por él una misa; pero el alma de aquel desgraciado joven  se le apareció, y le dijo: que no celebrase por él, porque se había condenado por causa de aquella palabra obscena, y que celebrando por él aumentaría sus penas. ¡Oh Dios mío! ¡Cómo llorarían los ángeles custodios, si pudiesen llorar, de aquellos desgraciados muchachos que se condenan por el escándalo que les causaron las palabras deshonestas, que pronuncian en su presencia algunos hombres impuros y desalmados! Pero pedirán contra ellos terrible venganza delante de Dios. Y esto es lo que significan aquellas palabras de Jesucristo: “Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñitos, porque os hago saber, que sus ángeles custodios en los Cielos están siempre viendo continuamente la cara de mi Padre”.

9. Cuidad, por tanto, hermanos míos, de guardaros más que de la misma muerte, de hablar palabras deshonestas. Oid la exhortación que os hace el Espíritu Santo por estas palabras: “Haz una balanza para tus palabras, y un freno bien ajustado para tu boca, y mira no resbales en tu hablar y sea incurable y mortal tu caída”. (Eccl. XXVIII, 29). Con las palabras : haz una balanza, se nos exhorta a pesar bien las palabras antes de proferirlas; y con la expresión: haz un freno bien ajustado, para tu boca, se nos intima que cerremos la boca cuantas veces nos sentamos tentados a pronunciar palabras deshonestas. Dios nos ha dado la lengua, no para ofenderle, sino para alabarle y bendecirle. Y por eso dice San Pablo: que la fornicación, y toda especie de impureza, ni aún se nombre entre nosotros, como corresponde  a quienes Dios ha hecho Santos. De manera, que no solamente debemos evitar las palabras obscenas y las palabras equívocas, teniendo presente, que los equívocos deshonestos tal vez causan más daño que las palabras impuras; sino también las palabras picantes o que son ajenas de las personas santas, esto es, de los cristianos, de quienes habla San Pablo.

10. Reflexionad, dice San Agustín, que vuestras bocas son bocas de cristianos, en las que tantas veces ha entrado Jesucristo por medio de la Santa Comunión, y por esto debéis de absteneros de proferir palabras que son un veneno infernal. San Pablo escribe: “vuestra conversación sea siempre con agrado sazonada con la sal”, es decir, mezclad en la conversación algunas palabras santas que muevan a los que escuchan a amar a Dios, y retraerlos de ofenderle. ¡Feliz la lengua -dice San Bernardo-, que no sabe hablar sino de las cosas de Dios! Debéis, pues, guardaros, amados cristianos, no sólo de las palabras impuras, sino también del trato de los que las profieren. Y así, cuando oigáis hablar mal y deshonestamente, circunvalad vuestros oídos de espinas, como dice el Espíritu Santo, y no deis oídos a tales conversaciones. Que quiere decir, que os revistáis de severidad, y reprendáis con calor y celo a los que hablen de este modo: o, al menos, les manifestéis en el semblante que os disgusta la conversación. No nos avergoncemos de parecer discípulos de Jesucristo, sino queremos que Jesucristo se avergüence de recibirlos después en el Paraíso. Manifestemos a los malos, que seguimos la doctrina y los preceptos de Jesucristo; confesemos que somos sus discípulos, para que Él también declare que es Nuestro Maestro en la otra vida, como nos lo promete en el Evangelio con estas palabras: “Todo aquél que me reconozca delante de los hombres, Yo también lo reconoceré delante de mi Padre, que está en los Cielos”. (Matth. X, 32).

De esta suerte cumpliremos con su santa ley, y después de ésta vida mereceremos disfrutar de su compañía en la eterna.

Tomado del excelente blog:

http://eccechristianus.wordpress.com