Santo Domingo de Guzmán, hombre evangélico

 cosimotura

 

Su testimonio

Al contacto con la humanidad doliente toda experiencia de Dios pasa a través de una forma de contacto con la humanidad. Domingo ha comprendido suficientemente esta ley de la pedagogía divina y ha hecho de su contacto con la humanidad una fuente inagotable de experiencia cristiana. Su historia personal, incomprensible sin ese contacto con la humanidad doliente, está medularmente ligada a su experiencia de Dios. Y viceversa, su experiencia de Dios está a su vez medularmente ligada a su historia personal. Y es este carácter profundamente histórico de la experiencia de Dios en Domingo lo que hace de su espiritualidad una espiritualidad densa y fecunda.

Las masas depauperadas, las situaciones de cautiverio y esclavitud de la reconquista, los destrozos de la herejía y el paganismo, las situaciones antievangélicas de una Iglesia que busca la reforma, el mundo de los pecadores… Son todas experiencias históricas de la vida de Domingo que configuran su perfil espiritual y evangélico.

¿Es la historia personal de Domingo la que le obliga a volver la mirada a Cristo Redentor y Salvador, para centrar de lleno en él su experiencia de Dios? ¿Es la experiencia de Dios tenida en la contemplación de la Cruz de Cristo la que le hace a Domingo volverse a todas las situaciones históricas y mirarlas con ojos evangélicos? Las dos cosas a la vez. El amor de Cristo y el amor a los hombres concretos crecen en él simultáneamente, porque son dos caras de un mismo mandamiento, o más bien, dos caras de una misma experiencia de Dios.

Sin embargo, una cosa es cierta: es al contacto con la humanidad como Domingo ve acrecentarse su experiencia de Dios en la oración y en la contemplación. La experiencia contemplativa de Domingo tiene su origen en la historia personal de éste. Este hecho explica la consistencia y densidad de la experiencia religiosa de Domingo y el carácter notablemente histórico y encarnado de su perfil espiritual y evangélico. Desde el drama de la historia humana asumida, entonces como ahora, en las más variadas formas de opresión y de esclavitud, Domingo emprende la marcha hacia una experiencia cada vez más intensa de redención y de la libertad cristiana. Es al contacto con la humanidad como va brotando su experiencia de Dios en Cristo.

  • Vida Contemplativa. La oración y el espíritu contemplativo de Domingo crecen y se intensifican a medida que en su vida va entrando en la refriega y el compromiso apostólico. Serán en adelante una oración y una contemplación siempre motivada por el contacto con la humanidad, pues este contacto el que refiere la mente de Domingo a la contemplación del misterio de Cristo Salvador y hace brotar desde lo más íntimo de su ser la oración de intercesión. En Domingo, la vida contemplativa y el compromiso apostólico van medularmente ligados.

    La oración y la contemplación atraviesan toda la vida de Domingo. Su oración es contante. Durante su infancia en Caleruega y Gumiel de Izán, estudiante en Palencia, Subprior en Osma, predicador en el Lagüedoc y en todas sus correrías apostólicas, prior y hermano de los predicadores en los conventos que el va fundando…son todas etapas de su vida basada sobre la oración y la experiencia contemplativa. Es una oración constante y sin interrupción. Ora de día, mientras va por los caminos, acompañado de sus hermanos o separándose de ellos para su oración particular. Haciendo silencio durante las horas acostumbradas mientras sigue caminando o bien cantando salmos o himnos (Ave Maris Stella, Veni Creator Spiritus…). Interrumpe su viaje para acompañar la oración monástica cuando escucha la campana de algún monasterio vecino. Y, cuando no está dedicado a la oración, predica o comenta con sus hermanos la Palabra de Dios y los misterios dela Redención. De esta dedicación intensa a la oración nos hablan reiteradamente los testigos de su canonización: “… tenía por costumbre hablar siempre de Dios o con Dios en casa, fuera de casa, y en el camino” (Proc. Canon. Bol. n.VII).

  • Pobreza radical. Domingo es un hombre libre de los bienes materiales para seguir libremente a Jesús y para anunciar con toda libertad la buena noticia de Jesús.

    Los gestos concretos de la pobreza de Domingo son abundantes. Renuncia a su tierra , a su patria, y al patrimonio familiar, para vivir en la itinerancia como mensajero del Evangelio. Renuncia al mayor tesoro que entonces podía tener un estudiante: sus libros (máxime cuando estaban adornados con glosas y anotaciones hechas de propia mano). Y queda expuesto a la sorpresa del mañana en cualquier lugar desconocido, espacio abierto para experimentar la providencia de Dios para los suyos. La itinerancia será un rasgo de la pobreza de Domingo vivida en función de la evangelización. Pobre en la comida, vive de limosna contentándose con el sustento de cada día y aguardando el del mañana. Pobre en el vestido, gusta de llevar los vestidos más viles. Sólo tiene una túnica y una miserable capa raída. Camina sin dinero y sin alforja. Sólo lleva en sus caminatas el bastón evangélico, un cuchillo -eran otros tiempos- y sus mejores prendas apostólicas: el Evangelio de Mateo y las Cartas de San Pablo. Camina sin dinero, no tiene un denario para pagar el pasaje al barquero que le hace la travesía del río. Pobre en la habitación porque carece de ella. No tiene cama para descansar después de sus fatigas apostólicas, ni siquiera dispone de habitación propia en sus propios conventos. Cuando va de camino vive a expensas de la buena voluntad de los anfitriones, y aprovecha la oportunidad para encuentros apostólicos. Cuando pernocta en sus propios convento, su habitación es la iglesia. Hasta para morir hubo de tomar prestada la habitación del Maestro Moneta en el convento de Bolonia.

  • Humilde. La humildad de Domingo tiene raíces profundas: un hondo conocimiento de sí mismo y una confrontación constante con el ideal de Jesucristo, manso y humilde de corazón. Domingo no es humilde a base de establecer comparaciones entre su persona y los demás hombres; es humilde al verse a si mismo frente a la imagen de Cristo Redentor. Su humildad no es una mera virtud moral, ni el fruto de la obediencia a normas y mandatos tomados de reglamentos humanos. Tampoco su humildad se reduce a una mera modestia humana. Su humildad es una actitud evangélica, que brota de una honda experiencia de Dios y de un profundo conocimiento de si mismo en el Señor. Su humildad no es una forma de comportarse ante los hombres; es una forma de ser en Cristo.
  • berruguete

    Virgen de cuerpo y de espíritu. La virginidad de Domingo se expresa en su vida en forma de madurez humana y desemboca en una integración armónica de la personalidad humana y cristiana. La alegría y la afabilidad en su trato, la proximidad de Domingo con las gentes, su capacidad de amistad con cuantas personas se acercan a él… son el mejor testimonio de una personalidad madura y de la integración de los valores del amor humano en un proyecto de vida evangélico y apostólico. Domingo puede dar cauce a estas virtudes humanas precisamente porque ha conseguido liberar al amor humano de todas sus desviaciones. Por eso puede vivir la amistad humana con pleno equilibrio y serenidad. Y este es el objetivo más inmediato de la opción por la virginidad y el celibato.

    • La virginidad y el celibato se convierten en virtud cristiana cuando dejan de estar inspirados por el miedo y la represión y son canales de entrega generosa a la causa de la comunidad entre los humanos, cuando se encarnan en relaciones humanas de amistad y comunidad, cuando se viven en el interior de la comunidad y llevan la convivencia humana al plano de la comunión generosa y desinteresada. Es esta la forma de convivencia que Domingo ha conseguido establecer con sus frailes, con sus monjas, con las mujeres que le hospedan, con todas las personas que se cruzan en su camino.

    • Por encima de todo la caridad La caridad es el núcleo del seguimiento radical de Cristo, y el núcleo del perfil evangélico de Domingo. El testamento de Domingo es muy sencillo: caridad, humildad y pobreza. “para que no pareciese que dejaba desheredados y huérfanos a aquellos hijos que le había dado el Señor, puesto que iban a quedar desamparados del apoyo del padre y de sus consuelos, estableció un testamento como cuadraba al pobre de Cristo, gran hacendado en la fe y coheredero del reino que prometió Dios a los que le amasen; testamento no de terrenos caudales, sino de gracia; no de prendas materiales, sino de vida celestial. En una palabra: legó todo lo que poseía, diciendo: estas cosas son, hermanos carísimos, las que os dejo, como a hijos, para que las poseáis por derecho hereditario: tened caridad, guardad la humildad y abrazad la pobreza voluntaria” (P. Ferrando, n. 36). Domingo dejó como herencia a sus hijos lo que él mismo había considerado el mejor tesoro de su vida al servicio del Evangelio.

      Domingo, estudiando día y noche la Palabra del Evangelio y permaneciendo próximo a la humanidad doliente, aprende la lección suprema de la caridad cristiana, se reviste de entrañas de compasión y ve crecer en él el ansia del martirio. La compasión de Domingo está sin duda asociada a su espiritualidad de encarnación, traducida en gestos de compasión a imitación de la vida de Cristo: “ Ya desde la infancia había crecido en él la compasión, que, amontonando sobre sí mismo las pesadumbres de los otros, no le eximía de ser partícipe de cualquier aspecto de la aflicción. Del recinto de su corazón había hecho un hospital de infortunios y no sabía cerrar a nadie las entrañas de su misericordia” (P. Ferrando, n. 5).

    Tomado del libro:
    Felicísimo Martínez: Domingo de Guzmán, Evangelio Viviente
    .

    Tomado de: http://www.dominicos.org/santo-domingo/espiritualidad/testimonio

    4 de agosto

    SANTO DOMINGO DE GUZMÁN,
    Confesor

    Brille vuestra luz ante los hombres, a fin de que vean vuestras buenas obras  y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo, 5, 16).

    Brille vuestra luz ante los hombres, a fin de que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo, 5, 16).

     

    Santo Domingo, fundador de la Orden de los Hermanos Predicadores, es representado con un lirio en la mano, símbolo de la virginidad que conservó durante toda su vida. El can que su madre vio en sueños llevando una antorcha encendida, representa la guerra que hizo a los herejes, y la luz que difundió en el corazón de los pecadores por la pureza de su doctrina y la santidad de su vida. Acaeció su muerte en 1221.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA VIDA
    DE SANTO DOMINGO

     

       I. Se ve brillar una estrella sobre la frente de Santo Domingo inmediatamente después de su bautismo. Era el presagio del fulgor admirable que debía proyectar sobre la Iglesia de Dios. En efecto, desde tierna edad, edificó a cuantos lo rodeaban por su piedad, su austeridad y la práctica de las virtudes cristianas en general. ¿Has consagrado tú como Santo Domingo las primicias de tu vida a Dios? ¡Desgraciado el tiempo en el que no te amé, oh Dios mío! (San Agustín).

       III. Este astro, tan radiante al levantarse, brilló con esplendor más deslumbrador aun a su mediodía. Santo Domingo alumbró y abrasó toda la tierra con el fuego del amor divino, con sus predicaciones y las de los religiosos de su Orden. Si tu profesión no te obliga a trabajar por la salvación de las almas mediante la predicación del Evangelio, debes por lo menos trabajar seriamente por tu propia salvación, y edificar al prójimo con tus buenos ejemplos.

       III. Los astros no por ocultarse a nuestra vista pierden sus rayos: su fulgor no es menor a su ocaso que a su mediodía. Santo Domingo trabajó hasta su muerte por la gloria de Dios y la salvación de las almas, sin desalentarse por los obstáculos y sin perder nunca su primer fervor. Trabaja tú, mortifícate, haz penitencia hasta el último suspiro; y si alguien te invita a disiparte y a abandonar las austeridades de la penitencia, respóndele: Eso está bien para los bienaventurados; pero, para mí, que he ofendido a Dios, me hace correr el riesgo de perecer para toda la eternidad. (Paciano). 

     El celo por la salvación de las almas
    Orad por las órdenes religiosas.

    ORACIÓN   

       Oh Dios, que os dignasteis esclarecer la Iglesia por los méritos y la doctrina de vuestro confesor Santo Domingo, haced, por su intercesión, que nunca se vea privada de los socorros temporales, y que siempre logre nuevos progresos en las obras espirituales. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

    3 de agosto

    INVENCIÓN O HALLAZGO
    DEL CUERPO DE SAN ESTEBAN,
    Protomártir

    A quien me sirviere, mi Padre lo honrará. (San Juan, 12,26).

    A quien me sirviere, mi Padre lo honrará. (San Juan, 12,26).

    En la vida de Pedro Ibérico (s. V dC) se dice que al centro de la iglesia se conservaba en una cripta el cuerpo de san Esteban.

    Bajo el imperio de Honorio, se encontró cerca de Jerusalén el cuerpo de San Esteban, de Gamaliel y de Nicodemo. Un sacerdote llamado Luciano, había sido instruido por una visión acerca del lugar en que yacían, y había recibido la orden de pedir al arzobispo de Jerusalén, llamado Juan, de colocar los en más honroso lugar. Se trasladó el patriarca, con su clero, al lugar indicado, y encontró los cuerpos de los santos. Exhalaban un delicioso perfume y varios enfermos fueron sanados a su contacto.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA HONRA CON QUE
    DIOS COLMA A LOS SANTOS

       I. Dios honra a los santos en la tierra, les da poder casi absoluto sobre la naturaleza, les da a conocer lo secreto de los corazones, les alza el velo de lo porvenir y les granjea el respeto de los pueblos. Mientras la gente se aleja horrorizada de los cadáveres comunes, tiene gran veneración por las cenizas y las reliquias de los santos. Si realmente amas tú la gloria verdadera, si quieres dejar aquí abajo memoria verdaderamente inmortal, trabaja por hacerte santo. ¡Tus amigos son muy honrados, oh Dios mío! (El Salmista).

       II. En el cielo, los santos son aun incomparablemente más honrados. Son todos más gloriosos que los reyes en su trono: son los favoritos de Dios, los príncipes de su corte, y no temen ya perder la dicha de que gozan. Si tan grandes peligros se corren para ganar el favor de los príncipes de la tierra, ¡qué no deberemos hacer para hacernos amigos de Dios! ¿Qué haces para esto? ¿Buscas, acaso, la ocasión de agradar a Dios en todo?

      III. ¿Quieres participar de los honores que se tributan a los santos en el cielo y en la tierra? Imita los; ama, como ellos, la humildad: oculta tus virtudes, y Dios las manifestará; desprecia las riquezas y los honores del mundo, y Dios te coronará de luz y te colmará de riquezas en el cielo. ¡Quieres llegar adonde llegaron los santos, y tomas un camino diametralmente opuesto al que ellos siguieron! Aspiras sólo a los bienes de la tierra, ¿cómo puedes esperar que alguna vez Dios te conceda los bienes del cielo?

     

    El deseo de la santidad
    Orad por la conversión de los pecadores.
     

    ORACIÓN   

       Señor, concedednos la gracia de imitar a los que honramos, y enseñadnos a amar a nuestros enemigos, ya que celebramos el Hallazgo de aquél que imploró, para sus perseguidores, la misericordia de J. C. N. S. Amén.

      

     

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

    2 de agosto

    SAN ALFONSO Mª DE LIGORIO 
    Obispo, Confesor y Doctor

    El celo por tu casa me devora. (San Juan, 2, 17).

    El celo por tu casa me devora. (San Juan, 2, 17).

    San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, dejó el foro por el sacerdocio. Obró un gran número de conversiones y fundó la Congregación del Redentor. Toda su vida estuvo consagrada a ganar almas para Jesucristo, a inspirar a los fie les una tierna devoción a la Pasión del Salvador, a la Santa Eucaristía y a la Virgen Madre de Dios. Empleó los momentos que le dejaba la predicación de la palabra de Dios en la composición de gran número de obras de teología y piedad, que lo hicieron elevar al rango de los Doctores de la Iglesia, por disposición de Pío IX. Murió en 1787.

      MEDITACIÓN
    SOBRE LAS CUALIDADES
    DEL VERDADERO CELO

       I. Todos debemos estar animados de un ardiente celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Quien ama a Dios no puede ver con indiferencia que se ataque su honor. Si ve a su prójimo internado por mal camino, hace todo por volverlo al bien; y, si no lo logra, gime y reza por él. ¿Así haces tú? Si no tienes celo, deduce que careces de amor. El celo es la señal de que Dios ha descendido a un alma. (San Bernardo).

       II. No basta que nuestro celo sea ardiente; es menester, para que dé fruto, que sea tierno y compasivo. Los pecadores, decía San Alfonso, son ovejas descarriadas que Jesucristo iba buscando por entre las zarzas del camino y que volvía a traer al redil llevándolas sobre sus hombros para ahorrarles las fatigas del retorno. Es el modelo que se propuso en toda su conducta; de ese modo, ¡a cuántas ovejas descarriadas recondujo al ovil del divino Pastor! Mira si en las advertencias que haces a tus hermanos y en todas las buenas obras que realizas, no entra tu amor propio en gran medida en vez del a amor de Dios y del prójimo. Que sea la caridad la que inflame tu celo.

       III. En fin, nuestro celo debe ser constante. San Alfonso, al fundar su Congregación del Redentor, hizo voto de no perder nunca el tiempo. Quería que Dios no hallase en su vida ni una sola hora que no estuviese consagrada a su gloria y a la salvación de las almas. ¿Qué intereses persigues tú? ¿Son los tuyos o los de Jesucristo? ¿Cuánto tiempo dedicas a ellos? No te olvides de la suerte reservada para el servidor que enterró su talento. Fue acusado, no de haberlo perdido, sino de haberlo dejado improductivo. No te canses de ganar almas para Jesucristo, pues tú mismo fuiste ganado por Jesucristo. (San Agustín).

    El celo
    Orad por el éxito de las misiones

    ORACIÓN   

       Oh Dios, que habéis inflamado de celo apostólico al bienaventurado Alfonso María, vuestro confesor pontífice, y os servisteis de su ministerio para dar una nueva familia a la Iglesia, haced, os lo suplicamos, que instruidos por sus saludables consejos y fortificados con sus ejemplos, podamos llegar a Vos dichosamente. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index

    Nuestra Señora de los Ánegeles

    PATRONA DE COSTA RICA

    "Que pura nuestra vida recorra sus instantes, y el áspero camino tu mano nos allane"  (Himno Ave, Maris Stella)

    "Que pura nuestra vida recorra sus instantes, y el áspero camino tu mano nos allane" (Himno Ave, Maris Stella)

    Nuestra Señora de Copacabana

    PATRONA DE BOLIVIA

    "Que pura nuestra vida recorra sus instantes,  y el áspero camino tu mano nos allane" (Himno Ave, Maris Stella)

    "Que pura nuestra vida recorra sus instantes, y el áspero camino tu mano nos allane" (Himno Ave, Maris Stella)

    F I E S T A D E S A N I G N A C I O

     Homilía del P. Leonardo Castellani
    (31 de julio de 1966)

    San Ingnacio de Loyola

    San Ingnacio de Loyola

    Hacer el panegírico de San Ignacio de Loyola es un gran honor para mí; y le quedo cordialmente agradecido por el honor al Sr. Cura Párroco, Dr. Agüero. La palabra «panegírico» ha ido tomando un sentido peyorativo; y eso con razón, cuando en vez de ser una simple exposición de la vida del Santo se convierten en piezas retóricas pomposas hinchadas y huecas que ponen al santo por las nubes pero lo quitan de la tierra.

    Pero las vidas de los Santos es la lectura más útil al cristiano después de la Sagrada Escritura: esa lectura convirtió a San Ignacio de Loyola.

    Una monja mejicana me escribió hace poco que no le gustan la vida de los Santos porque son aburridas o mentirosas; tiene razón con respecto a las biografías escritas por devotos ininteligentes. En su Vida de San Ignacio el escritor inglés Cristopher Hollis dice que los devotos suelen ser poco honrados; quiere decir que escriben vidas de Santos hombres que no tienen la inteligencia y la experiencia requeridas por ese género literario, el más difícil de todos. «Hay que ser un santo para escribir bien la vida de otro santo» dijo Tomás de Aquino, con alguna exageración. Pero hay numerosas vidas de Santos buenas: hace poco la Sra. Clara Luce Booth ha publicado un libro Santos de Ahora, entre quienes cuenta a San Ignacio: vidas breves escritas por los mejores escritores yanquis -de ahora.

    San Ignacio no ha tenido suerte en biografía: no he hallado ninguna que me satisfaga, y he leído muchas. Incluso hay no pocas equivocadas y aun calumniosas, como la del austríaco Fulop-Müller y la del suizo Bluck, que ha publicado Peuser entre nosotros. Casi todas conciben a Iñigo de Yañez y Loyola (no Iñigo López de Recalde que dicen algunos) como el «Gran Inquisidor»: un hombre terco, rígido, implacable, inhumano incluso; porque, por ejemplo, a un jesuita que dio por broma una palmada en el trasero a otro que estaba agachado, lo echó al instante de la Compañía; rasgo accidental que no define a San Ignacio, y pudo ser un error, por cierto; pero para mí, en el fondo es un rasgo de sentido común; como el rasgo de Onganía al cerrar Tía Vicenta.

    He aquí un soldado cojo y calvo, «soldado desgarrado y vano», de estatura casi enano, hijo de un terruño rudo, que jamás supo bien el castellano ni el vasco ni el latín ni el francés ni el italiano… se pone en el siglo XVI –dice el historiador protestante Lord Macaulay- «en el rango de los más grandes estadistas europeos» y el hombre que más ha influido en el mundo moderno –dentro de la Iglesia: A san Ignacio se podría aplicar lo que me dijo por broma un vasco no hace mucho: «Nosotros los vascos somos todos buenos; pero somos muy brutos. Ahora que cuando un vasco sale inteligente, como yo por ejemplo.. ¡arripoa!». San Ignacio fue un vasco genial. No les han faltado tampoco a los vascos genios especulativos.

    Ignacio no fue ni el gran inquisidor de la leyenda de Dostoiewski, ni el jefe taimado y tramposo de Carducci y Víctor Hugo, ni el «Perinde ac cadáver» (frase que no inventó él sino San Francisco de Asís) ni el sargento mayor encalabrinado de disciplina, ni el «profesor de energía» que dice el P. Laburu, ni el gran politicastro, ni el Quijote viviente de Unamuno. Eso es leyenda o caricatura. Más cerca de encender hogueras estuvo él de ser mandado a la hoguera; y salvó de la hoguera a muchos. El nombre que él se daba era el de «Peregrino», el de «Pecador» o el de «Pobre en virtud»; y quienes lo conocían lo llamaban «Padre».

    Veremos brevemente la conversión de San Ignacio, la fundación de la Compañía de Jesús y el estado de la Compañía hoy en día.

    I

    Dice Papini en su libro «Los Operarios de la Viña» que Ignacio de Loyola no es un santo popular: pocas veces los hombres de mando y de lucha y de orden son populares para el vulgo; son muy amados por los que están en contacto inmediato con ellos; y esto sucedió grandemente con San Ignacio. Por otra parte tuvo siempre enemigos y calumniadores –hasta nuestro días. Grandes amigos y grandes enemigos; porque simplemente, era grande.

    La conversión de San Ignacio se verificó en 1521 a los 30 años, en su lecho de convaleciente; en la misma fecha en que Lutero se sublevó contra la Iglesia de Roma. En el sitio de Pamplona por el ejército francés, una bala de cañón le trizó la pierna derecha, no el muslo sino la canilla; y apenas cayó él, el puñado de españoles que defendía la fortaleza se rindió. Los médicos le ensamblaron los huesos rotos mal que bien; mejor dicho mal; y después se vio que una punta de hueso se proyectaba como un tarugo debajo de la piel; impidiendo el uso de la bota alta y estrecha que usaban los oficiales. Iñigo de Loyola exigió que le arreglaran eso: dijeron había que reabrir la herida, serruchar el hueso y estirar la pierna con poleas: sin anestesia. Iñigo soportó la horrible operación sin un gemido, solamente suspirando «¡Ay Jesús!» de vez en cuando. Quedó sin embargo rengo: «martirio de vanidad» lo llamará más tarde. No era su primer acto hazañoso; y mucho menos el último: toda su vida hizo actos arrojados, indomables, atrevidos incluso; es decir, caballerescos.

    En su segunda larga convalecencia Iñigo leyó vidas de Santos; había pedido le trajeran novelas de caballería y le trajeron a falta dellas la «Vida de Cristo» del Cartujano y el «Flos Santorum», o Vidas de los Santos. Leyéndolas, su ánimo ardiente y ambicioso decía: «¿Esto hizo San Francisco? Pues yo también lo puedo hacer. ¿Esto hizo Santo Domingo? Pues yo también lo tengo de hacer» Y notó que cuando se pasaba horas soñando con «la dama de sus pensamientos» (que era nada menos según parece que la princesa Juana de Aragón, casada más tarde con el Rey de Nápoles; «pues no era condesa ni duquesa sino más arriba que eso» -dice él en su Autobiografía) mas cuando pensaba en las grandes hazañas y hechurías que iba a hacer por ella, el final de los pensamientos le dejaba un extraño amargor; mas cuando pensaba en los Santos, el final era tranquilo y gozoso. Después de una larga lucha de sentimientos («discernimiento de espíritus» lo llamará más tarde) se decidió a dejar la caballería terrena y seguir a Jesucristo, visto por él como un Jefe temporal (mucho mejor que el Duque de Najera, su señor) que hace reclutamiento en todo el orbe de la tierra para su sempiterna campaña contra Satanás. «Si San Bernardo hizo esto (la primera Cruzada) yo también lo haré».

    Se arrancó de su casa no sin resistencia de los suyos y fue, cojeando, mendigando y desconocido al monasterio de Montserrat, donde veló una noche entera en oración, conforme a la costumbre de los caballeros antes que un Rey o una Reina (o «su señor natural») les diesen el espaldarazo con la espada y les calzasen las espuelas de oro, consagrándolos para siempre al servicio de la Justicia –y de la patria. Pero él dejó su espada al pie del altar de Nuestra Señora; y se fue, hecho un mendigo rengo y penitente a la vecina ciudad de Manresa. Allí buscó una cueva a la orilla del Río Cardoner y comenzó la más extraordinaria tanda penitencias, privaciones y oraciones. «Si San Antonio Abad hizo esto, yo también lo haré». El demonio lo tentó como a San Antonio, también extraordinariamente, con tristezas, escrúpulos, desesperación, hasta el punto de incitarlo a suicidarse. Pero él venció las tentaciones con decisiones heroicas, y tuvo grandes visiones de Dios. Esta fue la conversión de Iñigo, que tiene destellos épicos, novelescos, dramáticos y estremecedores; los cuales son conocidos. Un año estuvo en Montserrat y Manresa; y de ahí se trasladó a Barcelona, después a Venecia, después a Jerusalén.

    Fue a Barcelona como etapa para Jerusalén. Una noble dama catalana que tenía un marido ciego y vivía dedicada a su cuidado y a la piedad, Isabel Rosell, estando en la iglesia sintió como una voz interior que le decía «Ese mendigo que está en la puerta». Enseguida que habló con él quedó prendida o prendada: le oyó el lenguaje de los caballeros; y lo protegió todo el tiempo de Barcelona y todo el tiempo de su vida, como otra dama, Inés Pascual en Manresa; y con esta y otra monja, Teresa Rejadella, Ignacio se escribió toda la vida. Blunck dice que San Ignacio fue un misógeno, es decir, enemigo de las mujeres; y en realidad fue lo contrario, demasiado atraído por las mujeres, digamos enamoradizo. En Roma fundó una casa para mujeres arrepentidas; y se iba él mismo a las casas malas, peleaba con los rufianes o «cafishios» y siendo ya General de la Compañía, consejero del Papa y conocido en todo el mundo, las acompañaba a pie por las estrechas y lodosas calles de Roma. Un enemigo de los Jesuitas, Miguel Mir, ex-jesuita, escribió: «Ignacio de Loyola prohibió a sus secuaces la dirección espiritual de mujeres; y él dirigió hasta su muerte un montón de mujeres. Impuso a sus secuaces una obediencia férrea; y él no obedeció una sola vez en su vida…» Lo primero es verdad, lo segundo falso.

    En Barcelona tuvo su primer topetazo con la Inquisición; no el último ni mucho menos. Ignacio no podía quitarse de enseñar, exhortar y predicar, incluso en las calles; ni podía andar sin una cola, es decir, compañeros que se le pegaban infaltablemente, como a un imán. Tenía ese magnetismo, el poder de influenciar, tenía «el genio de la amistad» dijo un contemporáneo. No era ni brillo intelectual ni prepotencia de la voluntad; simplemente su libertad obraba sobre las libertades ajenas, y su dignidad era atrayente, radiante, arrastrante. El que se haga Emperador de sí mismo, ese podrá imperar a los otros. Más de una vez le bastó ir a visitar a un enemigo, conversar una hora y dejarlo convertido en adicto; como cuentan de Irigoyen; pero más que don Hipólito por cierto, como fue también el caso de San Francisco y Santo Domingo. La Inquisición andaba con ojo inquieto y barbas al hombro en ese tiempo; y con razón. Sus cinco primeros compañeros lo dejaron al partir él para Venecia y para Jerusalén. Sus cinco primeros compañeros lo dejaron al partir él para Venecia y para Jerusalén.
    El viaje a Jerusalén, hecho sin dinero y descalzo, tuvo las más increíbles peripecias, que no contaré: los desprecios, los peligros y las palizas fueron sin cuento. Cuando la nave de los peregrinos en que viajó gratis llegó a Jerusalén, el Provincial de los franciscanos, que era prácticamente el Arzobispo de Tierra Santa, les dijo visitaran el Santo Sepulcro y se mandaran mudar, porque el Turco andaba bravo -los turcos desplumaban y maltrataban a los peregrinos- Ignacio se quedó. El franciscano lo llamó y le dijo si no se marchaba lo iba a excomulgar. Obedeció, pero antes fue a despedirse del Monte Oliveto, de la piedra donde según decían, estampó sus pies Jesucristo al subir al cielo. Sobornó al centinela turco con un cortaplumas, adoró la piedra, y se volvía cuando le vino una idea repentina: mirar si Cristo al subir al cielo estaba mirando hacia España, o al revés, de espaldas. Sobornó otra vez al centinela con una tijeras y entrando vio con gran ufanía que las puntas de los pies miraban a España. Se le acabó la ufanía enseguida porque un sirviente armenio del convento franciscano lo topó; y a empellones puñadas y patadas lo llevó ante el Provincial, que lo reprendió ásperamente. Este era el mismo Iñigo que a los 18 años: porque un grupo de hombres armados que venían por su acera no le cedían la derecha, desenvainó, hirió a uno y los hizo huir a todos. Pero él contó que mientras el armenio lo arreaba como a un animal, el veía delante de sí a Cristo.

    Vuelto a España (en las mismas condiciones hazañosas de siempre, de Venecia a Barcelona a pie y mendigando, pasando por Francia, que estaba en guerra con España) Ignacio se puso a estudiar o quiso ponerse a estudiar: la Inquisición le había mostrado que lo que importa no es el saber, lo que importa es el título; que no basta tener talento, hay que tener permiso de tener talento.

    Se fue a Alcalá y después a Salamanca algo más de dos años: en Alcalá a la escuela del maestro Arévalo, donde iban niños de 10 años, sentado en el último banco; y de hecho era el último de la clase. Se ponía a decorar la primera conjugación, Amo amas amare amavi amatum y se acordaba del amor de Dios, se abstraía y no aprendía; ni a palos, pues le pidió al maestro Arévalo que le pegase como a los chicos si no sabía la lección. A los dos años Arévalo cansado lo mandó a Salamanca. Como siempre, se le apegaron tres compañeros; y como siempre, andaba predicando y visitando enfermos y encarcelados; y como siempre, alarmó a la Inquisición y los metieron presos tres veces por lo menos.

    La primera vez los interrogaron interminablemente y los largaron mandándoles se comprasen zapatos y no anduvieran descalzos. Ignacio le dijo al Inquisidor Figueroa que le regalase él los zapatos; y añadió: «Con tanta y tanta pregunta, ¿qué ha sacado Ud.? ¿Ha encontrado algo malo en lo que enseño?» «No,» -dijo Figueroa- «porque si hubiese encontrado algo malo, os mandaba a la hoguera.» «Y yo también a vos, en el mismo caso» dijo el peregrino.

    Este rasgo de humor de Ignacio es uno entre muchísimos: tenía el sentido del humor, que según Aristóteles es propio del hombre magnánimo; y en él era cosa habitual; en este vasco que suelen pintar como seco, seriote, ceñudo, adusto, frío y aun lúgubre. Por ejemplo, cuando por tercera vez lo metieron preso, en Salamanca, con grillos y cadenas, fue a verlo el Inquisidor Frías con el Obispo Mendoza -el que después se haría famoso en el Concilio de Trento, hecho Cardenal de Burgos, confesor y amigo íntimo de Carlos V-; y Frías le preguntó irónicamente: «¿Me tiene odio por estos grillos y cadenas?» «Dr. Frías» contestó el reo «sepa que no hay en toda Salamanca tantos grillos y tantas cadenas cuantos yo desearía sufrir por Cristo. Lo que me impacienta son unos animalejos que hay por aquí, muy chiquitos, pero muy bravos.» La respuesta le ganó la voluntad del Cardenal de Burgos, que lo había ido a ver por curiosidad como a un chiflado cualquiera.

    Podría multiplicar los ejemplos del humor un poco tosco y aun salvaje pero siempre amable del peregrino. (Una vez en Roma dijo que a él le gustaría ser judío para tener en las venas sangre de la raza de Jesucristo y un tal Mateo López le dijo, «¿Judío, señor?» y escupió. «Sí señor, judío… como Vuestra Merced» dijo Ignacio, y escupió también).

    Una vez, ya General, encontró a un lego que estaba barriendo un corredor y le dijo: «Hermanos, este trabajo ¿lo haces por Dios o por los hombres?» «Por Dios» dijo el lego. «¡Qué lástima! Porque si lo hicieras por los hombres no me importaba; pero haciéndolo por Dios y barriendo tan mal como barres te tengo de dar una buena penitencia». Las penitencias que solía dar era mandar al culpable a rezar a la Capilla hasta que él avisase. Y cuando le preguntaban «¿Por quién debo rezar?» respondía: «Por mí, para que no me olvide».

    Dando Ejercicios al Dr. Ortiz, un célebre profesor de Teología y encontrándolo deprimido se puso a bailar delante con su pata renga para hacerlo reír; y cuando, salido de Ejercicios, Ortiz le pidió entrar en Compañía, le dijo «No, porque sois muy gordo». Prohibió admitir en la Compañía hombres de cara fea; sin embargo Diego Laínez, el segundo General, era feísimo. «Me admitieron de noche» decía él.

    Se puede contar también como rasgo de humor las catorce horas que esperó sentado a la puerta del Papa Paulo IV, su enemigo, sin comer, sin beber y sin dormir. Lo que quería el Papa era que se fuese; pero tuvo que recibirlo.

    El P. Nadal en su «Memorial» dice que el buen humor era continuo en él: «En la recreación y en su aposento estaba siempre alegre y risueño, pero guay cuando fruncía el ceño; ninguno podía sostener su mirada de enojo» esa misma mirada que dirigió en Pamplona a sus compañeros de armas y al Capitán Herrera cuando querían rendirse a los franceses.
    Lo hemos dejado en Salamanca, preso. Lo soltaron, con el mandato de no predicar más sobre la diferencia del pecado venial y el pecado mortal. El no se avino a ese mandato: «Me voy a estudiar a París».

    Al Prior de San Esteban que, habiéndolo invitado a almorzar, le preguntó de sobremesa, después de haberlo interrogado sobre su vida y haber respondido él ingenuamente: «Bueno, si Ud. no tiene estudios, y predica cosas teológicas, entonces a Ud. ¿le ha enseñado el Espíritu Santo?» Ignacio respondió: «Si lo que yo predico está bien ¿qué le importa a Ud. quién me lo ha enseñado?» «Pues ahora veréis», dijo el Prior y salió furioso y lo denunció, y esta fue su tercera prisión. Cuando salió, dejó a sus primeros compañeros, se fue a París y fundó la Compañía de Jesús.

    II

    San Ignacio entró en la Sorbona, donde permaneció 7 años (1528-1535) al mismo tiempo que salía della el heresiarca Juan Calvino: otra coincidencia. ¿Para qué voy a contar las peripecias novelescas y las obras hazañosas que hizo en todo este tiempo, como de costumbre? Para él lo más hazañoso fue sacar los títulos de bachiller, maestro de Artes y licenciado y teología; porque el estudio le costaba la mar. Seguía predicando, exhortando, dando Ejercicios y eso casi le costó una «sala» que era un tremendo e infamante castigo; del cual se libró con uno de sus rasgos geniales: fue a verlo a Govea, el Rector, le habló media hora y terminó diciendo: «Cosa donosa es, Sr. Rector, que en un país cristiano sea novedad hablar de Cristo». El Rector lo abrazó y le perdonó la «sala».

    Apenas dio el tremendo examen de la Piedra seleccionó seis de sus muchos seguidores, los llevó a la Capilla de Montmartre (Monte de los Mártires) donde hoy está la suntuosa basílica del Sacré Coeur; y allí hicieron votos de pobreza, celibato, obedecer al Papa e ir a Jerusalén. Esta fue la primera fundación de la Compañía. Los siete nuevos monjes eran Francisco Javier, navarro, que de joven casquivano y divertido se había de convertir en el misionero más grande que ha habido después de San Pablo; Pedro Fabbro, francés, beatificado por Paulo V, Simón Rodríguez, portugués, Alfonso Salmerón, castellano; Nicolás Bobadilla, granadino, y Diego Laínez, judío, hijo de judíos conversos.

    Constituidos en «Societas Iesus», nueva sociedad religiosa, partieron hacia Roma, caminando, mendigando y predicando, estilo Loyola, en medio de la tercera guerra entre Francisco I Carlos V. En Roma se pusieron a predicar en todos los barrios y después en varias ciudades de Italia con gran expectación: la gente comenzaba por reírse del cocoliche que hablaban, mezcla de español, francés e italiano, pero luego quedaban prendidos por el fuego y verdad de sus palabras: surgieron los eternos impugnadores, que metieron presos a dos de ellos en Ravenna, y también los amigos que los apelaban «los Santos». Se enteró Paulo III, que les había negado una audiencia, y los invitó a almorzar; y esos harapientos le cayeron en gracia y les dijo: «¿Para qué quieren ir a Jerusalén? Italia es su Jerusalén». Gracias a esta caída en gracia existe hoy la Compañía de Jesús. Dos años más tarde aprobó el esquema de sus Constituciones. «El dedo de Dios está aquí» dijo al leerlas.

    Paulo III subió al Papado a los 60 años y vivió hasta los 85. No hubiese subido al Papado de no ser el hermano de Julia Farnesio, la concubina de su antecesor, Alejandro VI. Era propenso a la ira y estaba siempre rabioso contra la Iglesia, contra Francia, contra España, contra Inglaterra, contra el Turco y contra sí mismo; los Romanos decían «la iracundia deste viejo no parece cosa deste mundo». Antes de morir le asesinaron un hijo suyo, Pier Luigi; y entre los asesinos estaba un Cardenal, el Cardenal Gambara. Murió lleno de ira como había vivido, pero su ira no hizo daño a la Iglesia; pues cuando estaba enojado, acertaba. Cristopher Hollis ha escrito: «Es curioso que Paulo III, si no hubiese tenido una hermana manceba de un Papa no hubiese llegado a Papa; y que si no llegaba a Papa, la Iglesia perdía a toda Europa». En efecto, Paulo III estableció a los jesuitas, convocó el Concilio de Trento y fundó el Colegio Romano, mi Universidad, la Universidad Gregoriana hoy día. Fue el primer Papa de la Contrarreforma y el más eficaz de todo. Como Uds. Ven, tenía motivos para andar enojado.

    Después de Paulo III vinieron dos Papas contrarios a los jesuitas, uno los molestó poco, Julio III, pero el otro quiso suprimirlos, Paulo IV; y otro favorable, pero que reinó sólo 21 días, Marcelo I. La Compañía de Jesús empezó a crecer con rapidez tal que tan sólo el Imperio de Alejandro y el Imperio de Napoleón pueden comparársele. Entonces fue elegido el Cardenal Juan Pedro Caraffa, Paulo IV. Cuando le anunciaron a Ignacio la elección, le temblaron los huesos; el P. Nadal dice que se puso pálido y se le estremeció la osamenta. Caraffa era enemigo personal de San Ignacio porque, en primer lugar, Ignacio era español y él era napolitano y odiaba a los españoles; en segundo lugar porque lo había invitado a entrar en la Orden de los Teatinos que él había fundado junto con San Cayetano en Thiena; y tercero, después de hecha la Compañía los había instado a fundirse con su Orden que tenía porvenir mientras ellos no tenían ninguno –creía él; e Ignacio se había negado. Era para temblar porque Paulo IV era intemperante y arbitrario; y por cierto gobernó desastrosamente.

    Pero San Ignacio, una vez que el médico le había dicho que evitara todo disgusto, y los presentes le preguntaron qué cosa le podría dar a él el mayor disgusto, se recogió un momento y respondió: «Si mi Compañía se deshiciese como la sal en el agua; pero si mi Compañía, que me ha costado tantos esfuerzos, luchas y sufrimientos se deshiciese como la sal en el agua, me bastaría hacer un cuarto de hora de oración para quedar de nuevo tranquilo y en paz». Y, en efecto, después de haberle temblado los huesos, al día siguiente se fue a verlo al Papa; el Papa lo hizo esperar 14 horas y después no pudo menos que recibirle media hora y, al salir el Santo, Paulo IV no estaba amigado pero sí estaba advertido: había visto ante sí un hombre de poderoso carácter cuya mirada le hacía bajar los ojos. Siguió un tira y afloje hasta la muerte de San Ignacio; una serie de desafueros que no puedo detallar, para obligar a los jesuitas a disgregarse y entrar en los Teatinos; los cuales jesuitas vivían en el más extremo apuro; pues tenían voto especial de obediencia al Papa y el Papa no podía verlos ni en pintura. Mas Ignacio aguantó: cuando en la recreación alguno comenzaba a hablar de Paulo IV (todos en Roma hablaban mal del Papa), Ignacio lo cortaba diciendo: «Hablemos del Papa Marcelo», frase que se usa aún como proverbio entre los jesuitas. El gobierno de Paulo IV fue desastroso. Al morir, él le dijo al Padre Diego Laínez que estaba a su cabecera: «Mi Pontificado ha sido el más desastroso que ha habido». No era verdad del todo, pero era verdad en parte.(Es curioso que este Papa de vida intachable y gran letrado, pero sonso para gobernar, hiciese más daño a la Iglesia que otros Papas disolutos -pero mejores estadistas- como Julio II y Alejandro Borgia. Es que, como dijo Macaulay, un Rey sonso hace más daño que un Rey malvado; y Santo Tomás dice que los sonsos pueden ir al cielo, con tal que no sean gobernantes. Así que el que saca a un sonso del gobierno, aunque sea por medio de un golpe, se hace un bien a su alma).

    La Compañía creció y se plantificó en todas las partes del mundo: los Teatinos se extinguieron. El Rey Juan III mandó a su Embajador en Roma pidiese a Ignacio seis jesuitas para Portugal; y el reciente General dijo: «Embajador, somos diez actualmente: si mando seis a Portugal ¿qué me queda para todos el mundo?». Pareció una humorada y era una verdad. «Los jesuitas conquistaron a Sud América para la Iglesia de Roma» dijo Lord Macaulay, que es muy adverso a ellos. Es exageración grande pues cooperaron muchísimo franciscanos, dominicos y clero secular; pero la verdad es que los jesuitas llevaron la batuta, por decirlo así, en la evangelización del Nuevo Mundo; no olvidemos las Misiones del Paraguay, o sea de la Argentina (pues la mayoría dellas estuvieron en territorio actualmente argentino donde tuvieron tres mártires, un paraguayo, Roque González de Santa Cruz, pariente de Hernandarias; y dos españoles) y no olvidemos que un hermano carnal de San Ignacio fue uno de los fundadores de Santiago del Estero.

    Así quedó establecida en el mundo la Primera gloriosa Compañía de Jesús. Después, Ignacio la gobernó 15 años y murió apaciblemente y silenciosamente, con sólo un compañero a su lado y dos médicos. Sus últimas palabras fueron iguales a las de Juan Manuel de Rosas: «¿Cómo se siente Padre?» «No sé» dijo. «Cómo se encuentra, tatita?» preguntó Manuelita a su padre. «No sé, niña». A lo mejor lo hizo adrede el “astuto tirano” –porque tenía gran admiración por San Ignacio de Loyola.

    III

    La Segunda Compañía de Jesús ¿es la misma que la primera? Hoy día lo niegan; diciendo por ejemplo que el Papa Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús y por algo lo habrá hecho.

    Hay que decir brevemente una verdad enorme; la Compañía de Jesús fue suprimida en 1773 por obra de los masones, los enciclopedistas y un Rey cristiano tonto y disoluto -tres personas distintas y una sola calamidad verdadera. Verdad histórica demostrada diez veces.

    ¿No dieron motivo los jesuitas para su eliminación? Dieron asa para ello los jesuitas franceses, como he explicado en algún libro mío; sin algunos abusos ocurridos en Francia, jamás Luis XV, el Duque de Choiseul y Madama Pompadour hubieran podido eliminarlos; pero esos abusos fueron el asa, la ocasión, el pretexto, no la causa. La causa fue que ellos defendían la religión y el Papa en Europa y todo el mundo.

    Pero la nueva Compañía, restaurada por Pío VII en 1814, ya no es la antigua: se ha sentado, se ha conventualizado, se ha cuartelizado, ha perdido sus filos. Fue fundada para la Contrarreforma, ya no tiene nada que hacer. Ya no tiene el espíritu de San Ignacio, ha cambiado muchas cosas de San Ignacio. Ellos que fueron el martillo de los herejes y siempre de ortodoxia impecable, han dado nacimiento en su seno a herejes o sospechosos de herejía, como el P. Telar Chardon, el P. De Lubac, el P. Rahner…

    Etcétera. Estas cosas se oyen y se escriben, aquí también en la Argentina: al primero a quién se las oí fue al filósofo Maritain, cuando vino a dar conferencias a Buenos Aires. Son sofismas, según creo. Yo no puedo dar respuesta a esos brulotes y a otra media docena que podría añadir, porque acabaría a las 12 de la noche. Daré la respuesta breve de Diego Laínez a Melchor Cano en el Concilio de Trento.

    Melchor Cano fue un gran teólogo español dominico que les agarró una tirria implacable a los jesuitas, a los que llamaba precursores del Anticristo. Les achacaba que no tenían coro, y por tanto no eran una verdadera Orden Religiosa; que ayunaban y se azotaban demasiado poco; y que eran demasiado indulgentes con los pecados carnales –en el confesionario, por supuesto.

    En el Concilio de Trento acusó a los jesuitas y pidió su abolición. Se levantó Diego Laínez –que era un judiíto muy feo de cara, endeble y enfermo, pero el hombre más docto del Concilio y quizá de toda Europa, una inteligencia vivaz y una memoria prodigiosa- y dijo:

    – Reverendo Padre, ¿cuántos Papas hay?

    – Uno solo, por supuesto.

    – Y entonces ¿por qué recusa Ud. una orden religiosa aprobada por Paulo III, haciéndose Ud. otro Papa? ¿Quién es Ud. para eso?

    – Ah querido colega, querido colega –dijo Melchor Cano -¿Qué quiere Ud.? Cuando los pastores del aprisco duermen, por lo menos que los perros ladren.

    – Que ladren -dijo Laínez- pero que ladren contra los lobos, no contra los perros.

    Así también, si los Papas todos han mantenido su confianza en la nueva Compañía y la han colmado de aprobaciones y elogios ¿quiénes somos nosotros para improperiarlos y corregirlos?

    ¡Adelante los que quedan! ¡Oh mínima Compañía de Iñigo de Loyola –y de Jesús! Yo quisiera que repitieses los hechos hazañosos y gloriosos de tu primer siglo –y eso pido de todo corazón a tu Jefe Jesús y a tu fundador el rengo. Pero si por una desgracia enorme llegases a caer de tu espíritu y a inutilizarte para las grandes batallas actuales, si dejases de ser la caballería ligera de la Iglesia para convertirte en burocracia o rutina, si te contaminases de mundanidad, de vanidad o de progresismo, si cedieses a la pereza o a la mentira, vicios que tanto aborreció San Ignacio, entonces… ¡que Dios tenga misericordia de los cristianos que hayan de vivir en el mundo que se viene!

     

     

    Finis

     

     

    Tomado de: http://www.statveritas.com.ar/Autores%20Cristianos/Castellani/Castellani11.htm

    Documento Original

    Carta autógrafa de San Ignacio de Loyola a su hermano Beltrán

    Carta autógrafa de San Ignacio de Loyola a su hermano Beltrán

     Roma, 20 de marzo de 1540
    Manuscrito sobre papel / 26’5 x 20 cm.
    Iglesia de Santiago el Real.

     

    Firma autógrafa de san Ignacio de Loyola

    Firma autógrafa de san Ignacio de Loyola

     

    31 de julio

    SAN IGNACIO DE LOYOLA,*
    Confesor 

    Haced todo a gloria de Dios. (1 Cor., 10, 31).

    Haced todo a gloria de Dios. (1 Cor., 10, 31).

    La lectura de la vida de los santos inspiró a San Ignacio el amor a la santidad. Renunció a la gloria de las armas para alistarse bajo el estandarte de Cristo, y para trabajar por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Se retiró a la, gruta de Manresa, en la que llevó una vida muy austera. Fue allí donde compuso su admirable libro de los Ejercicios espirituales. Comenzó a estudiar la lengua latina a la edad de 33 años, y durante su permanencia en la Universidad de París, atrajo a varios compañeros con los que echó las bases de la Compañía de Jesús. Murió el año 1556.

    MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA
    DE SAN IGNACIO

       I. San Ignacio, en la soledad de Manresa, había trazado el plano del edificio espiritual que debía edificar durante toda su vida. Su libro de los Ejercicios espirituales es un resumen de lo que debe hacerse y de lo que él mismo hizo para llegar a la perfección. Comenzó por llorar sus pecados y expiarlos mediante ruda penitencia. Es el primer paso: lavar nuestros pecados con lágrimas. Así procedieron todos los santos; ¿los imitamos nosotros? Aunque no hubiésemos cometido sino un solo pecado mortal, seria suficiente para llorar hasta la muerte.

       II. El segundo paso hacia la perfección, dice San Ignacio, es la imitación de Jesús que obra y sufre para la gloria de Dios y la salvación de los hombres. San Ignacio ha seguido paso a paso a este Modelo de los predestinados: después de su conversión llevó primero una vida escondida como Él; después se consagró por entero a la salvación del prójimo, sufriendo a causa de esto injurias, calumnias y prisión. ¿Cómo imitamos nosotros la vida oculta de Jesús, sus trabajos y sus sufrimientos? Sigamos la divisa de San Ignacio: Todo para la mayor gloria de Dios.

       III. El tercer paso hacia la perfección, que tan alto elevó la santidad de San Ignacio, es la unión perfecta con Dios. Para llegar a ella, hay que desasirse del temor de todo lo que no sea Dios, y darse enteramente a Él. Tenemos amor para las cosas de este mundo, y no lo tenemos para Dios. ¡Todo amamos, todo buscamos, sólo Dios nada vale ante nuestros ojos! (Salviano).

    El celo por la gloria de Dios
    Orad por las órdenes religiosas.

    ORACIÓN

       Oh Dios, que, para la mayor gloria de vuestro Nombre, habéis dado por el bienaventurado Ignacio un nuevo socorro a vuestra Iglesia militante, haced, que después de haber combatido en la tierra, siguiendo su ejemplo y bajo su protección, merezcamos ser coronados con él en el cielo. Por J. C. N. S.  Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

    San Inocencio

    28 de julio
     SAN INOCENCIO,*
    Papa y Confesor

    Solamente hay dos caminos para llegar al cielo: la inocencia y la penitencia.

    Solamente hay dos caminos para llegar al cielo: la inocencia y la penitencia.

     

    San Inocencio estaba en Ravena cuando Alarico, rey de los godos, saqueó la ciudad de Roma. Después de la partida de los bárbaros, volvió a Roma a consolar a su afligido pueblo. La paciencia que inspiró a los cristianos en esas tristes circunstancias impresionó vivamente a los paganos y convirtió a gran número de ellos. Condenó los errores de los pelagianos y excomulgó al emperador Arcadio y a la emperatriz Eudocia, por haber desterrado a San Juan Crisóstomo. Murió en el año 417, después de 15 años de pontificado.

    MEDITACIÓN SOBRE LA INOCENCIA

       I. Hay que ser inocente para entrar en el cielo; nada sucio penetra en él. Si perdiste la inocencia bautismal, será menester no sólo recurrir al sacramento » de la penitencia, sino también expiar con lágrimas, oraciones y buenas obras, la pena debida por tus pe- cados mortales, aunque estén perdonados; si aquí abajo no pagas esa deuda, forzoso será que la pagues en las llamas del Purgatorio. Elige. Solamente hay dos caminos para llegar al cielo: la inocencia y la penitencia. El primer grado de la felicidad es no pecar; el segundo, reconocer las faltas. (San Cipriano).

       II. Vela por la pureza de tus manos, de tu corazón, de tu lengua, es decir, de tus acciones, de tus pensamientos y de tus palabras. Tus palabras son el intérprete de tus pensamientos; serán puras si tus pensamientos son puros, porque de la abundancia del corazón habla la boca. La bondad como la malicia de nuestras acciones viene de nuestra voluntad: de ella proceden la vida y la muerte. Cuida, pues, con todo esmero, la pureza de tu corazón.

       III. Si injustamente se te acusa de alguna maldad, regocíjate al verte tratado como lo fue Jesucristo. Consuélate con el testimonio de tu conciencia y con el pensamiento de que Dios conoce tu inocencia. Quéjate a Jesús crucificado, como un amigo a su amigo, de la injuria que se te hace. Dile: Señor, soy inocente de la maldad que se me imputa, pero he cometido muchas otras que merecen mayor castigo. Menos sufrimos de la que en realidad merecemos. (Salviano).

    La santidad
    Orad por la Jerarquía

    ORACIÓN

       Señor, que la generosa confesión de vuestros santos Nazario, Celso, Víctor e Inocencio reanime nuestro valor y nos obtenga el socorro que reclama nuestra flaqueza. Por J. C. N. S. Amén. 

     

     

     

     

    Santa Ana

    26 de julio

    SANTA ANA,*
    Madre de la Santísima Virgen María

     
    Por el fruto se conoce el árbol. (San Mateo, 12, 33).

    Por el fruto se conoce el árbol. (San Mateo, 12, 33).

     

    Santa Ana, después de veinte años de infecundidad, obtuvo del Cielo, por sus lágrimas, sus ayunos y oraciones, el favor de ser madre. Educó a la Virgen María como a hija que le había concedido el Cielo para algún gran destino. Cuando la niña cumplió tres años, Ana la condujo al Templo y la ofreció al Señor. Poco tiempo después murió con la muerte de los justos, tan preciosa siempre ante los ojos de Dios.

    MEDITACIÓN SOBRE TRES CONDICIONES
    REQUERIDAS PARA QUE NUESTRAS ORACIONES
    SEAN EFICACES

       I. Sólo después de veinte años de súplicas y de mortificaciones, Santa Ana fue escuchada. No te desanimes si Dios no te concede de inmediato lo que le pides: persevera en la oración, obtendrás, siempre que pidas cosas buenas y que lo pidas con humildad y confianza. Aplazas el escuchar, oh Dios mío, a fin de enseñarnos a pedir; finges no oír, a fin de que perseveremos. (San Anselmo) .

       Un ángel vino a anunciar a Santa Ana que su oración había sido acogida, y ella creyó sin titubear Nuestro Señor mismo ha dicho que todo lo que pidieres en su nombre, te será concedido; ¡y todavía lo dudas! Dios puede y quiere concederte las gracia que le pides; no carece de Poder ni de voluntad para esto, puesto que es omnipotente y más vivamente quiere hacernos don de sus mercedes que lo que nosotros mismos queremos tenerlas. Ruega, pues, pero hazlo con fe viva e inquebrantable; pide por los méritos de Jesucristo. ¿No es verdad, acaso, que te diriges a Dios sólo después de haber agotado todos los medios mundanos?

       III. Santa Ana, agradecida por el favor que el cielo le había acordado, ofreció a Dios en el Templo, a la hija que le había dado. ¿Has agradecido tú las gracias que de Él has recibido? ¿Tal vez las has olvidado, acaso has abusado de ellas Para ofender a Dios tu bienhechor? No es digno de recibir nuevos beneficios quien no agradece los que ha recibido. (San Bernardo). 

    La mortificación
    Orad por la perseverancia de los buenos.

    ORACIÓN

       Oh Dios, que os dignasteis conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haced, Por vuestra misericordia, que nos ayude junto a Vos la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index

    Santiago Apóstol

     

    25 julio
    SANTIAGO EL MAYOR,*
    Apóstol

     

    PATRÓN DE ESPAÑA, de la CIUDAD y
    ARQUIDIÓCESIS de SANTIAGO de CHILE,
    y de las DIÓCESIS de SANTIAGO del ESTERO
    y de la PROV. de MENDOZA (ARGENTINA)

     

     
     
    La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy Yo como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni tema. (San Juan, 14, 27).

    La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy Yo como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni tema. (San Juan, 14, 27).

     

     

    Tú, cuando la ciega noche y cuando la impía vanidad nos dominaba, fuiste el primero que trajiste a las playas íberas la luz de salvación

    (Himno de Vísperas del día)

     

     

     

     

    Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de San Juan, predicó el Evangelio en Jerusalén inmediatamente después de la ascensión de Jesucristo. Llevó después la antorcha de la fe a España; mas, no correspondiendo el éxito a sus esperanzas, volvió a Jerusalén donde, entre otras personas, convirtió al mago Hermógenes. Irritados los judíos, excitaron contra él a Herodes Agripa, y éste para complacerlos, hizo decapitar al santo Apóstol. Su cuerpo, enterrado en Jerusalén, fue después transportado a España; descansa en la catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, y todos los años atrae a un número prodigioso de peregrinos.

    MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA
    DE SANTIAGO, APÓSTOL

       I. Santiago dejó su barca, sus redes, su padre y todo lo que poseía, al primer llamado del Salvador . Jesús te llama a ti desde hace muchos años a una vida más santa, y todavía estás en medio de los estorbos del mundo. Tus inclinaciones, tus riquezas, tus empresas. son otras tantas redes que te impiden ir a Dios. Rompe tus ataduras; esas ocupaciones que te divierten y cautivan son indignas de un corazón hecho para amar a Dios.

       II, Este santo Apóstol no vio siempre el éxito responder a sus esperanzas; pero sus decepciones no lo abatían, porque regulaba su conducta según la de Dios. Haz todo lo que esté en tu poder para cumplir dignamente la tarea que Dios te ha confiado. Si el éxito corona tus trabajos, bendice al Señor por ello y a Él refiere toda la gloria que provenga. Si no ob tienes lo que esperas, no te quejes, es cosa de Dios proporcionar el éxito que a Él le plazca. Acaso te perdería la vanidad si llevases a buen fin todas tus empresas.

       III. Santiago volvió a Jerusalén, su patria; y sus conciudadanos, como recompensa a sus trabajos, le dieron muerte. Prepárate a recibir el mal por el bien que haces a tu prójimo. Los sufrimientos y las aflicciones nunca faltarán a los que buscan a Dios; es una señal infalible de que Dios quiere recompensarlos en el otro mundo. No puede faltar la gloria a los justos que soportan el sufrimiento y las tribulaciones; espérales la corona eterna.

    El celo por las almas
    Orad por los peregrinos. 

    ORACIÓN

       Señor, santificad y proteged a vuestro pueblo, a  fin de que ayudado por la asistencia de vuestro Apóstol Santiago, os sea agradable por su conducta y os sirva en perfecta tranquilidad de espíritu. Por J. C. N. S, Amén.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index

     

    SANTOS MELCHOR, GASPAR y BALTASAR

    23 de julio
    SANTOS MELCHOR, GASPAR y BALTASAR *
    Reyes Magos

    "Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán presentes; los reyes de Arabia y de Saba llevarán regalos." Salmo 71:10

    "Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán presentes; los reyes de Arabia y de Saba llevarán regalos." Salmo 71:10

    Los restos de los magos reposan en la catedral de Colonia.

    Los restos de los magos reposan en la catedral de Colonia.

    Relicario que contiene a los 3 Reyes Magos

    Relicario que contiene a los 3 Reyes Magos

    En el Evangelio no se dice que los magos o sabios de oriente hayan sido tres; pero la tradición que lo afirma es muy antigua y se funda sin duda en las tres clases de dones que el Evangelio menciona.

    Santa María Magdalena

    22 de julio
    SANTA MARÍA MAGDALENA,
    Penitente

    Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho. (San Lucas, 7, 47).

    Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho. (San Lucas, 7, 47).

    La penitencia
    Orad por la conversión de los pecadores.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que al ruego de la bienaventurada María Magdalena habéis resucitado a su hermano Lázaro, muerto hacía ya cuatro días, haced que experimentemos los efectos de su poderosa intercesión. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

    SAN ELÍAS

    20 de julio
    SAN ELÍAS,(*)
    Profeta (Antiguo Testamento)

    Un día escogió Jesús a tres apóstoles para manifestarles su gloria. "Se transfiguró ante ellos: su rostro brilló como el sol, sus vestidos eran blancos como la luz. Y aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con Él."

    Un día escogió Jesús a tres apóstoles para manifestarles su gloria. "Se transfiguró ante ellos: su rostro brilló como el sol, sus vestidos eran blancos como la luz. Y aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con Él."

    Nació el profeta en la Transjordania, hacia el año 900 a. de J. C. Es decir, ya consumada la división del pueblo escogido en dos reinos: al norte, el reino de Israel, con capital en Samaria; al sur, el reino de Judá, con capital en Jerusalén. Mientras el profeta crece ignorado, la situación política y religiosa del reino del Norte se va perfilando. El heredero del trono, Ajab, se ha casado con la hija del rey fenicio Itobaal. El matrimonio ha conseguido paz y buenas relaciones comerciales con los navegantes fenicios; pero ha traído una reina extranjera, devota servidora de los dioses fenicios, Jezabel.

    Mujer dominadora y sin escrúpulos, sabe empujar al marido o actuar por cuenta propia. Cuando el rey fracasa en su intento de comprar la viña de Nabot, Jezabel levanta una calumnia contra Nabot, le hace asesinar con apariencia legal y entrega triunfante la viña a su marido. Y lo mismo que elimina a un rico provinciano persigue a muerte a los profetas de Yahvé. Sólo se salva un centenar, porque el mayordomo del rey, Abdias, los esconde en cavernas y los alimenta durante la época de máximo peligro. Entre los profetas de Yahvé uno lleva un nombre significativo: «Eliyahu» o sea: «Yahvé es mi Dios». Elías se salva en un retiro de su región natal y en una ciudad fenicia llamada Sarepta.

    Hasta que le llegó el momento de actuar. Elías había predicho unos años de sequía como castigo por las idolatrías; el hambre arreciaba en Samaria cuando reapareció Elías, profeta del castigo y mediador de la conversión.

    El rey se encontró con Elías y le dijo: «¿Eres tú, ruina de Israel?» «No arruino yo a Israel, sino tú y tu familia, porque habéis abandonado la ley de Yahvé y servís a los baales. Pero ahora congrégame todo Israel en el monte Carmelo, y también a los 450 profetas de Baal que comen a la mesa de Jezabel».

    Convocó Ajab a los hijos de Israel y congregó a los profetas en el monte Carmelo. Acercóse Elías al pueblo y le dijo: «¿Hasta cuándo estaréis cojeando a dos muletas? Si Yahvé es el Dios, seguidle; si es Baal, seguidle a él». El pueblo no respondió palabra. Dijo Elías: «Soy el único profeta de Yahvé que queda, mientras los profetas de Baal son 450. Que nos traigan dos novillos: que escojan ellos uno, lo despedacen, lo coloquen sobre la leña sin aplicar fuego; yo prepararé el otro sobre la leña sin aplicar fuego. Invocad después el nombre de vuestro dios, yo invocaré el nombre de Yahvé. Y el dios que conteste con fuego, ése es Dios». El pueblo respondió: «Está bien».

    Tomaron los profetas el novillo, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal, de la mañana al mediodía, diciendo: «¡Oh Baal, respóndenos»; y no había voz ni había respuesta; y danzaban en torno al altar que habían hecho. Al mediodía se burlaba de ellos Elías diciendo: «Gritad con voz fuerte; dios es, pero está ocupado o atareado, o está de viaje, o duerme y se despertará». Y gritaban en voz alta, y se sajaban con espadas y lanzas, según su costumbre, hasta derramar sangre. Pasado el mediodía vaticinaban; pero no había voz, ni había respuesta, ni había atención.

    Entonces Elías dijo al pueblo. «Acercaos». Y se acercaron. Restauró el altar de Yahvé e hizo una zanja de dos satos de capacidad en torno al altar. Amontonó la leña, despedazó el novillo, le colocó sobre la leña. Y dijo: «Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre la víctima y la leña». «Otra vez»; y lo repitieron. «Otra vez»; y lo hicieron tercera vez. El agua corría en torno al altar y llenaba la zanja. A la hora de la ofrenda vespertina Elías oró: «Yahvé, Dios de Abraham, Isaac e Israel; sépase hoy que tú eres el Dios de Israel, y yo tu siervo, que por tu orden he hecho esto. Respóndeme, Yahvé; respóndeme; sepa este pueblo que tú eres Yahvé, el Dios, que conviertes los corazones a Ti». Y cayó el fuego de Yahvé, devoró la víctima y la leña, las piedras y el polvo, y lamió las aguas de la zanja. Violo el pueblo, y cayó rostro a tierra diciendo: «Yahvé es Dios, Yahvé es Dios». Y dijo Elías: «Prended a los profetas de Baal, que no se salve ni uno»; y los prendieron. Elías los bajó al torrente Cisón y los mató allí.

    El reino de Israel vive a caballo a ambos lados del Carmelo: al norte limita con Fenicia; al sur, con Judá. El pueblo claudicaba entre el dios de Fenicia y el Dios de Judá. El monte Carmelo ha sido arista de decisiones, plataforma del profeta Elías y escenario de la gloria de Yahvé. El pueblo se ha convertido, ya puede venir la lluvia. Y el Carmelo, monte que se adentra en el mar, atalaya las nubes en el horizonte.

    Elías se encorvó a tierra, la cabeza entre las rodillas, y dijo a su criado: «Sube, observa en dirección al mar». Subió, observó y dijo: «No hay nada». «Vuelve siete veces». A la séptima retornó diciendo: «Una nube pequeña como la palma de la mano se levanta del mar». Díjole Elías: «Avisa a Ajab y dile. «Unce y baja, no te impida la lluvia». Y en esto se obscureció el cielo de nubes y viento, y cayó un aguacero.

    Ante la victoria espectacular sobre el Carmelo y la matanza de los profetas de Baal, la reina no se rinde, sino declara guerra formal al profeta. Jezabel envió un mensajero a Elías: «Que los dioses me castiguen una y otra vez si mañana a estas horas no hago de tu vida lo que hiciste a uno de ellos». Temió él por su vida, se levantó, marchó, llegó a Beerseba y dejó a su criado allí.

    El profeta, después de la gran victoria se siente derrotado, sin fuerzas para seguir luchando. Una fuerza ajena le impulsa hacia el desierto: lugar sacro de la revelación de Dios, de la alianza, noviciado del pueblo escogido. Elías apenas lo entiende, abatido de angustia mortal. «Caminó un día por el desierto, y se sentó bajo una retama, y deseó morir: «Basta, Yahvé; toma mi alma, que no soy mejor que mis padres». Se acostó y se durmió; mas he aquí que un ángel le tocó y le dijo: «Álzate, come». Miró bajo su cabecera y vio una torta y una vasija de agua. Comió, bebió y volvió a dormir. Tornó el ángel de Yahvé y le dijo: «Álzate, come, que es más fuerte que tú el camino». Se alzó, comió y bebió, y con la fuerza de tal comida caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios, Horeb.

    Allí entró en una cueva, donde pasó la noche. Y he aquí la voz de Yahvé que le decía: «Sal y ponte en la montaña ante Yahvé» —he aquí que Yahvé pasaba—. Vino un viento potente, impetuoso, que rompía montes y quebraba peñascos, y no estaba Yahvé en el viento. Tras el viento un terremoto, y no estaba Yahvé en el terremoto. Tras el terremoto un fuego, y no estaba Yahvé en el fuego. Tras el fuego, la voz callada de la brisa. Al oírla Elías se cubrió el rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la gruta. La voz le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?» «Sentí celo ardiente por Yahvé Sabaot, porque los hijos de Israel te han abandonado, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus profetas; he quedado yo solo, y buscan mi vida para quitármela». Díjole Yahvé: —Vete, torna por tu camino; ungirás a Hazael por rey de Siria, a Yehu por rey de Israel, a Eliseo como profeta y sucesor tuyo. El que escape de la espada de Hazael lo matará Yehu; el que escape de la mano de Yehu lo matará Eliseo; y perdonaré en Israel a siete mil: las rodillas que no se doblaron ante Baal, las bocas que no le adoraron».

    La tarea que resta a Elías es traspasar poderes a su sucesor y desaparecer. Está maduro para el rapto final.

    Se ha corrido una voz entre los gremios de profetas, se susurra a media voz. Se lo dicen al discípulo predilecto y sucesor. «Elíseo, ¿sabes que hoy se llevará Yahvé a tu señor?» «Silencio, que ya lo sé.» Elías intenta despachar a su discípulo, y éste no lo consiente: «Por Yahvé y por tu vida, que no te abandonaré».

    Un grupo de cincuenta profetas los vieron acercarse al Jordán, golpear las aguas con el manto enrollado y pasar a pie enjuto. Quedaron solos, al otro lado, prontos para las últimas confidencias. «Eliseo, ¿qué quieres que haga por ti, antes de ser arrebatado?» «Dame los dos tercios de tu espíritu (hazme tu heredero).» «Difícil petición; si me vieres en el rapto, lo obtendrás; si no me vieres, no se hará.»

    Mientras iban caminando y hablando, un carro de fuego con caballos de fuego los separó, y Elías subió en un torbellino al cielo.

    Al llegar el Mesías el espíritu de Elías baja para precederle: no dos tercios, sino el espíritu entero pasa a Juan el Bautista. Y Juan precede al Mesías con el espíritu y el poder de Elías. Los judíos preguntan a Juan: «¿Eres tú el Cristo?»; él responde: «No lo soy» «¿Eres tú Elías?»; responde. «No lo soy». «¿Pues quién eres?» «Soy el que prepara los caminos del Señor.» No es Elías en carne, sino en espíritu. También fue arrebatado Juan, víctima del rey perverso.

    Un día escogió Jesús a tres apóstoles para manifestarles su gloria. «Se transfiguró ante ellos: su rostro brilló como el sol, sus vestidos eran blancos como la luz. Y aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con Él.»

    Los dos grandes profetas peregrinos del Sinaí se han dado cita en el Tabor para saludar al Mesías ya llegado. Y así han quedado los dos, en el ábside de la basílica del Tabor; inmóviles en piedra de mosaico sobre el tabernáculo, siempre presentes en espíritu ante su Señor.

    LUIS ALONSO SCHOECKEL,  S. I

    Tomado de : http://misa_tridentina.t35.com/index

    SAN VICENTE DE PAUL

    19 de Julio

    SAN VICENTE DE PAUL
    Confesor

    Quien diere a uno de estos pequeñuelos un vaso de agua fresca solamente por razón de ser discípulo mío, os doy mi palabra que no perderá su recompensa. (Mateo, 10, 42).

    Quien diere a uno de estos pequeñuelos un vaso de agua fresca solamente por razón de ser discípulo mío, os doy mi palabra que no perderá su recompensa. (Mateo, 10, 42).

    La caridad para con los pobres
    Orad por las Conferencias Vicentinas.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que para evangelizar a los pobres y realzar el brillo del sacerdocio cristiano, habéis revestido al bienaventurado Vicente de una caridad y una fortaleza verdaderamente apostólicas, haced, os lo suplicamos, que honrando sus méritos, seamos fortificados por el ejemplo de sus virtudes. Por J. C. N. S Amén.

    Nuestra Señora del Carmen

    Jesús dijo a su Madre: He ahí a tu hijo;  y, en seguida, al discípulo: He ahí a tu Madre. (San Juan, 19, 26-27)

    Jesús dijo a su Madre: He ahí a tu hijo; y, en seguida, al discípulo: He ahí a tu Madre. (San Juan, 19, 26-27)

    ORACIÓN

    Señor, que habéis honrado a la Orden del Carmelo con el glorioso título de la Bienaventurada Virgen María, vuestra Madre, dignaos concedernos, hoy que celebramos solemnemente su memoria, la gracia de llegar, por su protección, a la beatitud eterna. Por J. C. N. S. Amén.

    SAN BUENAVENTURA

    14 de julio

    SAN BUENAVENTURA,
    Obispo, Confesor y Doctor

    He venido a poner fuego en la tierra, y ¿qué he de desear sino que arda? (San Lucas, 12, 49).

    He venido a poner fuego en la tierra, y ¿qué he de desear sino que arda? (San Lucas, 12, 49).

    Oh Dios, que habéis enseñado a vuestro pueblo la ciencia de la salvaci6n eterna por el ministerio de San Buenaventura, dignaos hacer que después de Haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, merezcamos tenerlo como intercesor en el cielo. por N. S. Amén.

    Los Santos de principios del mes de Julio

    Apartir del día 8 de Julio del presente año, inicié con la publicación en este blog de las biografías de nuestros hermanos MAYORES en la FE, los Santos, que  recordamos en un sólo día, día tras día.

    A petición nuestra hermana Carmen, seguidora de este blog, tienen aquí a su disposición las biografías de los santos de los primeros días de este mes de Julio y en especial, la que ella solicitó, la vida de San Irineo, recordado el día 3 de Julio.

    3 de julio
    SAN IRENEO Y
    SANTA MUSTIOLA()
    Mártires

     Observa en estos martirios como la piedad cristiana que usó san Ireneo sepultando el santo cuerpo del glorioso mártir san Félix, le ganó al instante la insigne corona del martirio.

    Observa en estos martirios como la piedad cristiana que usó san Ireneo sepultando el santo cuerpo del glorioso mártir san Félix, le ganó al instante la insigne corona del martirio.

    En el tiempo del emperador Aureliano era Turcio procónsul en la ciudad de Clusi, en la Toscana o Etruria; y ejecutando el edicto imperial contra. los cristianos en la ciudad de Sutri, el primero que llamó a su tribunal fue al santo presbítero Félix, ordenando que lo sacasen fuera de la ciudad, y que lo apedreasen hasta que acabase la vida, como así sucedió. Tomó secretamente el cuerpo despedazado de aquel santo mártir el fervoroso cristiano san Ireneo y habiéndolo sepultado junto a los muros de la ciudad, llegó la noticia de esta obra piadosa a los oídos del cruel Prefecto, por lo cual lo mandó prender, y cargándole de cadenas lo hizo venir siguiendo su carroza hasta la ciudad de Clusi donde lo puso en la cárcel con otros muchos cristianos presos. Una doncella y señora rica llamada Mustiola, que era prima hermana del príncipe C1audio, visitaba con frecuencia a aquellos fidelísimos soldados de Jesucristo, y con su hacienda y favor socorría sus necesidades y les regalaba cuanto podía. Dieron cuenta a Turcio de la gran caridad que la ilustre y santa virgen usaba con los cristianos presos; por lo cual este bárbaro juez la mandó prender, sin reparar en su gran nobleza. Entonces con el fin de poner espanto y terror a los cristianos de la ciudad, hizo degollar en un solo día a todos los que tenía cargados de prisiones en la cárcel, dejando solamente con vida a san Ireneo, en el cual quiso ejecutar todos los artificios de su crueldad para amedrentar y rendir, si fuera posible, el ánimo valeroso de aquélla santa doncella. Mandó pues que a su vista colgasen en el potroa Ireneo, y que en aquélla máquina le descoyuntasen los miembros, le despedazasen con uñas aceradas, y pusiesen fuego debajo, hasta que sin quitarle del tormento perdiese la vida, Hiciéronlo así los inhumanos verdugos, cebándose en la sangre de aquel fortísimo mártir de Cristo con extraña crueldad, por echar de ver que ni conseguían quebrantar su constancia y espíritu admirable, ni hacer mella en el pecho de la gloriosa virgen que estaba presenciando  aquel horrible martirio. Luego que el mártír acabó su vida mortal, mandó el impío juez que azotasen rigurosamente a la santa virgen con cordeles emplomados, hasta que ella se rindiese, o acabase la vida; lo cual ejecutaron los mismos sayones que habían martirizado a san Ireneo, y en este suplicio murió aquélla castísima esposa del Señor, siguiendo en la gloria del cielo al que había sido ejemplo de su fortaleza en el martirio. Los dos sagrados cuerpos enterró cerca de los muros de la misma ciudad de Clusi, Marcos, varón cristiano y religioso, donde hoy tienen un suntuoso templo; y hacen continuos milagros. con que es Dios en ellos glorioso, como siempre en sus santos.

    REFLEXIÓN

    Observa en estos martirios como la piedad cristiana que usó san Ireneo sepultando el santo cuerpo del glorioso mártir san Félix, le ganó al instante la insigne corona del martirio; y la caridad que la gloriosa virgen santa Mustiola tuvo con los mártires encarcelados, fue asimismo premiada con la misma corona. ¡Oh, qué grande es la recompensa de las obras de caridad! Si las haces en favor de los santos, participas del mérito de su santidad; si las haces en alivio de los enfermos, participas del mérito de su paciencia; y siempre que haces bien a tu prójimo necesitado, mereces la recompensa que tuvieras, si lo hicieras a la persona de Cristo.

    ORACIÓN

    ¡Oh Dios! que alegras nuestras almas en la anual solemnidad de tus santos mártires Ireneo y Mustiola, concédenos propicio, que nos enciendan en tu amor los ejemplos de estos santos, por cuyos merecimientos nos gozamos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

    Tomado de: http://ar.geocities.com/misa_tridentina/

    1 de Julio

    2 de Julio

    3 de Julio

    4 de Julio

    5 de Julio

    6 de Julio

    7 de Julio

    NTRA. SRA. DE CHIQUINQUIRÁ

     

     

     

     

    Patrona de Colombia

    Reina de Colombia, por siempre serás. Es prenda tu nombre de júbilo y paz. Desde tu Santuario a nosotros ven pues eres la egregia Virgen del Rosario, con corona regia ceñirán tu sien. La Nación entera con culto filial, tus glorias pregona, tu Imagen venera, y en tu honor entona un Himno Triunfal.

    Reina de Colombia, por siempre serás. Es prenda tu nombre de júbilo y paz. Desde tu Santuario a nosotros ven pues eres la egregia Virgen del Rosario, con corona regia ceñirán tu sien. La Nación entera con culto filial, tus glorias pregona, tu Imagen venera, y en tu honor entona un Himno Triunfal.

     

     

     

     

    «Reina de Colombia por siempre serás»

       Bendice a todos los peregrinos que visitan tu Santuario y a todos los devotos que te invocan; serena los corazones y líbralos del odio que disgrega y de la ambición que corrompe, bendice ¡oh! Madre Santísima a esta República que se consagra a Ti y has ver que nuestra Patria, Colombia, es una nación de orden, libertad y progreso

       Cuenta la tradición que entre los primeros conquistadores del Nuevo Reino de Granada, Antonio de Santana, encomendero de los pueblos de Suta y Chiquinquirá, era especialmente devoto de la Virgen del Rosario. Por este motivo edificó en el pueblo de Suta su dormitorio y pequeña capilla.

       Deseando poner en ella una imagen de la Madre de Dios, comisiona  a Fr. Andrés de Jadraque para que haga pintar en Tunja por Alonso de Narváez una imagen de Nuestra Señora del Rosario en una manta de algodón. Alonso de Narváez, en su paleta usó colores al temple, con pigmentos naturales tomados de la composición mineral de la tierra y del zumo de hierbas y flores de la región.  Como el lienzo era casi cuadrado (44 pulgadas de alto por 49 de ancho), el artista balanceó y completó el espacio añadiendo, a los lados de la Virgen del Rosario, las imágenes de San Antonio de Padua y de San Andrés Apóstol por ser el primero patrono del encomendero que solicitaba la imagen y el segundo, del fraile que la había mandado a hacer.

       Luego que Santana recibió la imagen, acomodó el lienzo en un bastidor de madera y lo expuso en el altar la capilla techada de paja en la que se filtraba la lluvia y con ella la humedad del ambiente.  Esto, unido a la acción del aire y el sol dejaron la pintura en tan mal estado que muy pronto era ya imposible reconocer lo que había sido pintado en ella.  En 1577 la deteriorada imagen fue llevada al sitio de Chiquinquirá y abandonada en el cuarto que tiempo atrás sirviera de oratorio a la familia.  Ocho años más tarde llegó a este lugar María Ramos, una piadosa sevillana, cuñada del difunto Santana, quien después de arreglar y limpiar la modesta capilla colocó en ella el borroso lienzo que un día llevara la imagen de la Virgen del Rosario.  El viernes 26 de diciembre de 1586, se disponía a salir de la capilla, cuando una india cristiana le llamó la atención hacia la imagen, que aparecía rodeada de vivos resplandores. Volvió el rostro María Ramos y fue grande su asombro al advertir la transformación que se había obrado en el lienzo, cuyos colores, antes tan borrosos y desteñidos, aparecían ahora vivos y claros: había  recobrado prodigiosamente su color y su brillo original en una restauración instantánea, que cerró los rasguños y agujeros de la tela cubriéndolos de luz y color.

       La Virgen del Rosario que ocupa el centro del cuadro mide aproximadamente un metro de alto; su mirada se vuelve hacia la izquierda, desviando la atención hacia el Niño casi desnudo que lleva en sus brazos.  Es una imagen serena cuya delicada sonrisa irradia gran dulzura.  El color de su rostro es pálido, lo mismo que el del Niño. Curiosamente, éste lleva en la mano derecha un pajarito de vivo plumaje que un cordel sujeta a su dedo pulgar y de la mano izquierda deja colgar un pequeño rosario.

       Nuestra Madre apoya su cuerpo sobre una media luna, en una posición que sugiere que va de camino.  Cubre su cabeza una toca blanca recogida sobre el pecho, y un manto azul celeste envuelve su vestido de color rosado. Con el dedo meñique de su mano izquierda sostiene un rosario que le cae en el medio del cuerpo y en la mano derecha porta un cetro de reina. El cuadro conserva las huellas del pasado deterioro y es cosa notable el que las figuras, que de cerca se ven imprecisas o borrosas, adquieren su relieve y profundidad cuando se observan a cierta distancia.  Al lienzo se le han superpuesto dos coronas, un cetro, dos rosarios y 27 escudos de oro que dan un hermoso relieve al cuadro, cuyo marco, formado por semicircunferencias de plata, porta las insignias de la condecoración presidencial.  Durante trescientos años el cuadro de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá se presentó a los fieles sin protección alguna, contándose por millares los objetos que anualmente tocaban la endeble tela de algodón.  Los devotos usaban largas varas o cañas para hacer llegar hasta el bendito lienzo diversos objetos de devoción.  Es algo realmente admirable que la tela se conserve intacta, a pesar de que tanta manipulación, por fuerza debió haber destruido totalmente el frágil tejido de algodón.  Desde 1897 un grueso cristal protege la pintura de las inclemencias del tiempo y del roce con los devotos peregrinos.

       Pío VII la declaró patrona de Colombia en 1829 concediéndole fiesta litúrgica propia.  «La Chinita» como la llama su pueblo, fue coronada canónicamente en 1919 y su santuario declarado Basílica en 1927.

    HIMNO MARIANO

    Reina de Colombia, por siempre serás.
    Es prenda tu nombre de júbilo y paz.
    Desde tu Santuario a nosotros ven pues eres la egregia
    Virgen del Rosario, con corona regia ceñirán tu sien.
    La Nación entera con culto filial, tus glorias pregona, tu Imagen
    venera, y en tu honor entona un Himno Triunfal.