GREGORIO VII,(*) Papa y Confesor

25 de Mayo

Sufro por Jesucristo hasta estar en cadenas como un criminal, pero la palabra de Dios no está encadenada. (2 Timoteo, 2, 9).

Este Papa fue poderoso en obras y en palabras. Con tanto celo trabajó en el restablecimiento de la disciplina eclesiástica, en la propagación de la fe, en la extirpación de los errores y abusos, que puede decirse que ningún Papa, desde los tiempos apostólicos, soportó más penurias y tribulaciones por el bien de la Iglesia, y combatió más valientemente por su libertad. Como muro de acero opúsose a las sacrílegas pretensiones del emperador Enrique IV. Sitió éste a Roma y forzó al Santo Pontífice a refugiarse en Montecasino primero y, después, en Salerno, donde sucumbió al exceso de sus fatigas, el 25 de mayo de 1085. Antes de expirar, pronunció las palabras del Salmista: «He amado la justicia y he odiado la iniquidad»; y agregó: «por ello muero en el exilio».

MEDITACIÓN
ESTA VIDA ES UNA PRISIÓN
PARA EL ALMA

I. Nuestro cuerpo es la prisión de nuestra alma; las cadenas, de que está cargada en esta prisión, le impiden elevarse hasta Dios. El Rey David y el Apóstol de los gentiles dolíanse de esta cautividad. Y tú, oh hombre, amas esta prisión y temes la libertad. ¡Ah! si conocieses la dicha que se gusta en el cielo en la libertad de los hijos de Dios, pedirías al Señor que rompa tus cadenas. ¡Habitantes del cielo, cuán felices sois por haber dejado esta prisión para ir a habitar un palacio de luz!

II. Nuestras cadenas son nuestras pasiones, nuestra concupiscencia, nuestros deseos y nuestros odios; ello es lo que nos ata a la tierra y nos impide elevarnos hasta Dios. ¡Señor, romped mis cadenas, desasidme de las creaturas, y entonces comenzaré ya desde esta vida el sacrificio de alabanza que debo continuar durante la eternidad! El primer grado de la libertad, es no ser esclavo de las pasiones. (San Agustín).

III. Estamos, todos, condenados a muerte y sólo por ésta saldremos de nuestra prisión terrenal; es una sentencia que se ejecuta en seguida en algunos y después en otros. Tu cuerpo se consume, tus ojos se debilitan, tus cabellos encanecen… ¿Qué significa eso, si no que tu prisión se desmorona, que pronto tu alma encontrará salida para obtener la libertad? Tiembla, pues, pecador, porque saldrás de esta cautividad para entrar en el infierno. Regocijaos, almas justas; saldréis de la prisión para ascender a un trono. Que lo queramos o no, avanzamos cada día, cada instante, hacia nuestro destino (San Gregorio).

La constancia en las tribulaciones
Orad por los  que son perseguidos.

ORACIÓN

Oh Dios, fortaleza de los que en Vos esperan, que habéis revestido al bienaventurado Gregario, vuestro Pontífice, de constancia inquebrantable para la defensa de la libertad de la Iglesia, concedednos, por su ejemplo e intercesión, la gracia de superar valiente mente los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

* Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Los santos que reinan con Cristo

25 de Mayo

SANTOS DONACIANO y ROGACIANO,(*) Mártires

24 de Mayo

No hay más que un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, que obra por todos, que está en todos. (Efesios, 4, 6).

Eran dos hermanos: Donaciano, el menor, convirtió a la fe a su hermano mayor. El tirano los hizo encarcelar, y como los amenazase con hacerlos morir: Los tormentos que Dios te prepara en el infierno, dijo Donaciano, son infinitamente más crueles que aquellos con que nos amenazas. Rogaciano, instado a que adorase a los ídolos: No me atrevo, dijo, a adorar lo que está por debajo de mí; estos ídolos no son sino metal, sin vida y sin alma. Los dos fueron decapitados en Nantes, hacia el año 300.

MEDITACIÓN
DIOS ES NUESTRO PADRE

I. Dios es nuestro Padre; tiene más amor por nosotros que nuestros mismos padres, pues estos se contentan a menudo con procurarnos los bienes de la tierra, y Dios nos quiere poner en posesión de los bienes del cielo. Es un Padre omnipotente, nos puede hacer bien; es infinitamente bueno, quiere hacérnoslo. ¿Qué confianza tenemos en su bondad? ¡Ah! Padre mío, he pecado contra ti, no soy digno de ser llamado hijo tuyo.

II. Si Dios es el Padre de todos los hombres, todos los hombres son hermanos, y cada uno debe tener para con su prójimo una caridad verdadera mente fraternal. Los reyes y los súbditos, los pobres y los ricos son hijos de un mismo Padre, y herederos de un mismo reino. A nadie desprecies, pues, ama a todos los hombres como a hermanos tuyos. Aquellos que te parecen despreciables acaso tengan una parte mejor que tú en la herencia del Padre celestial.

III. En todas tus necesidades, acuérdate de que Dios es tu Padre, ten confianza en Él: Él puede y quiere aliviar tus miserias. Si te ha dado bienes en abundancia, sabe que es para que hagas partícipes de ellos a los pobres, que son tus hermanos. Acuérdate que este Padre está en el cielo, y que no es aquí en la tierra donde quiere darte su herencia. En tus aflic ciones reconoce la mano de tu Padre. Que castigue Dios cuanto quiera, Él es nuestro Padre; si nos aflige y nos abate, es todavía nuestro Padre. (San Agustín).

La caridad
Orad por acrecentamiento de la caridad.

ORACIÓN

Haced, Os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión de vuestros mártires Santos Donaciano y Rogaciano, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos libre de todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S. Amén.

* Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Los santos que reinan con Cristo

24 de Mayo

SAN DESIDERIO,(*) Obispo y Mártir

23 de Mayo

Si es para esta vida solamente que esperamos en
Cristo, somos los más desdichados de todos los hombres.
(1 Corintios, 15, 19).

San Desiderio, obispo de Viena, se atrajo la enemistad de los poderosos por su celo en reformar los abusos y fue desterrado. Llamado después de cuatro años, se atrevió a reprochar su inmoralidad al rey Teodorico. Fue asesinado cuando volvía de la Corte a su ciudad episcopal, el año 608.

MEDITACIÓN SOBRE
LAS TRES PRUEBAS DE LA
INMORTALIDAD DE NUESTRA ALMA

I. Existe Dios, y este Dios es infinitamente justo; es menester, pues, que recompense la virtud y que castigue el crimen; ahora bien, sucede a menudo en este mundo que la impiedad es dichosa y la virtud perseguida: es menester pues que el alma sea inmortal y que Dios recompense y castigue en la otra vida. Que me maltraten los impíos, que me enlode la calumnia, poco importa: Dios sabrá hacerme justicia. Suframos, alma mía, suframos sin pena, y no envidiemos la prosperidad de los malvados: la eternidad es lo bastante larga como para cargarlos de oprobios y para colmamos de gloria.

II. Todos los bienes de aquí abajo no son capaces de colmar los deseos del corazón humano. Cuanto más posee, más desea: es preciso, pues, que no haya sido creado para estos bienes, puesto que no podrían hacerlo feliz. Además, nuestro espíritu nunca está satisfecho de sus conocimientos: cuanto más aprendemos, más deseamos aprender; cuanto más conocemos a Dios, más lo amamos, más deseamos conocerlo y amarlo. Nos habéis hecho para Vos, oh Dios mío, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Vos. (San Agustín).

III. Por más dichosos que seamos, suspiramos siempre tras los bienes por venir. ¿Cuál es el hombre que con verdad puede decir: Una vez en mi vida he estado plenamente satisfecho, y mi corazón no ha deseado nada más? Alma mía, esta inquietud y este impulso hacia lo por venir, ¿no te dicen que debes des preciar todo lo que posees y lo que ves para elevarte hacia ese bien que los bienaventurados ven y desean ver siempre, que poseen sin inquietud, y del cual se sacian sin hastío? (San Agustín).

La paz del alma
Orad por la paz entre las
naciones cristianas.

ORACIÓN

Omnipotente Dios, mirad nuestra flaqueza, ved cómo nos agobia el peso de nuestros pecados, y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Desiderio, vuestro pontífice mártir. Por J. C. N. S. Amén.

*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Los santos que reinan con Cristo

23 de Mayo

SANTA RITA DE CASIA,(*) Viuda

22 de Mayo

«¿Quién eres Tú, Señor?»

Pregunta acuciante y angustiosa que nos hacemos muchas veces en la vida ante el roce de Dios. Porque, como dice Müller, «Dios es, en verdad, nuestro único tú en el cielo y en la tierra».

Nos hacemos esa pregunta siempre que Él se cruza con nosotros y tenemos la sensación de lo trascendente sobre nuestra pobre barraca humana. Entonces la presencia de Dios «se hace carne y habita entre nosotros». Como niños medrosos en la noche clamamos: «¿Quién eres Tú, Señor?», sin atrevernos a creer que es Él quien se ha metido de rondón en nuestras vidas. Dios mismo asiste emocionado a nuestro asombro y se cumplen aquellas palabras de Martín Descalzo en uno de sus poemas: y Dios posó su mano sobre el alma del hombre, y todos los rincones comenzaron de pronto a tener su sentido.

Dios tiene infinitas maneras de hacerse presente. Pero casi siempre se le adivina. Y, dentro de esas infinitas maneras, tiene como modos que le son más propios y característicos. Hay un estilo de Dios.

Uno de los rasgos que le distinguen, una de las formas de hacerse presente es la de tomarse «revanchas a lo divino». Entonces Dios es más grande, más majestuoso, más inaccesible a nuestra raquítica talla que cuando despide rayos desde el Sinaí. Porque entonces es el Dios del Evangelio, el Dios que, a fuerza de ser bueno, hace el milagro de hacernos buenos a nosotros.

¡Revanchas de Dios! ¿Quién no las ha experimentado en su vida personal y no las ha presenciado en el mundo y en la Iglesia?

Los santos suelen ser las figuras representativas de esas «revanchas a lo divino» porque sólo ellos se prestan a colaborar con absoluto desinterés en los planes de Dios.

Un escenario: Italia. Una época: últimas décadas de la Edad Media. Unos personajes: Urbano VI, el antipapa Roberto, Pedro de Luna…

Las ausencias de los papas en Roma por la falta de seguridad de Italia y por la lucha de los partidos en Roma provocan el cisma de Occidente, con todas sus consecuencias de relajación, indisciplina y desorientación de los espíritus.

Wenceslao tenía entre sus manos el Imperio de Occidente. Manuel Paleólogo había sucedido a su padre en el Imperio de Oriente, que había entregado al sultán Bayaceto. Casia, después de su rebelión a la Santa Sede, se vio obligada a combatir con los güelfos.

La Iglesia tenía razón para llorar su unidad rota, las costumbres licenciosas de sus hijos, la servidumbre de los papas al poder real.

Los derechos de Dios son conculcados. Urge una revancha por parte de Dios, pero Él se la toma a lo divino.

Para confundir a los fuertes y «a los que son» saca de «los que no son» una espada que ha quedado blandiéndose en los siglos sobre aquel gris informe de tormentas y vejaciones. La saca de Roca Porrena, aldeílla próxima a Casia, perteneciente a la Umbría, para que tenga sólo la luz y la fuerza recibidas de Dios.

Rita de Casia es una revancha a lo divino contra los abusos del Medioevo italiano.

Es una manera de hacerse Dios presente. Bien se podían preguntar en Italia ante aquélla niña ignorante y extraordinariamente poderosa: «¿Quién eres Tú, Señor?».

Se sentía a su contacto el contacto de Dios.

Vivió Rita setenta y seis años. Y fue santa en todas las penosas alternativas de su vida. Pasó por todos los estados: matrimonio, viudez, consagración a Dios en el claustro.

Dice Thomas Merton que «cada llamada especial confiere al hombre un lugar particular en el misterio de Cristo, le otorga algo que hacer por la salvación de la Humanidad». Pues bien; a Santa Rita le otorgó Dios mucho quehacer por la salvación de la Humanidad al hacerla pasar sucesivamente por todos los estados.

Nace la niña el 22 de mayo de 1381 de una madre estéril. Sin duda, Amada Ferri, como Sara o Isabel, dio saltos de júbilo al sentir sus entrañas fecundas. Y se siguen los prodigios que, contemplados hoy desde la atalaya de su santidad, son como lucecillas de Dios en el camino doloroso de su vida. ¿Qué le cuesta a Dios rebasar el orden de la naturaleza por amor a sus escogidos o por amor a cualquiera de sus hijos? Lo raro es que no lo rebase mas veces. ¿Será porque nuestra fe no es ni como un grano de mostaza?

Y, como a todos, le llegó a Rita esa edad en que canta la sangre en las entrañas, y los dientes en sonrisas blancas, y la mirada en una luz nueva… Trece años. Sus padres la casaron. Con ello su carrera hacia Dios se hizo más consciente, más crucificada.

Los procesos de canonización recorren esos caminos intrincados y luminosos. ¡Cuántas virtudes! ¡Cuánta maravilla! ¡Cuánto de Dios! Me estremecía tenerlos en las manos, porque allí se me hacían vida fresca e inmolada desde el amanecer hasta el ocaso. Y era mucho el peso de tanta santidad.

Santa Rita vive su matrimonio ungida con la mirra más amarga. Fernando Pablo es cruel. Y la reduce a una vida dura y penosa. Así dieciocho años. Hasta que él muere asesinado. Los santos aman con una intensidad y con una pureza extraordinarias, porque su amor es la quintaesencia del amor, y el corazón de la Santa sufre.

La encina nacida entre los riscos de la Umbría tiene estremecimientos terriblemente dolorosos. Es fuerte, pero se siente sacudida hasta las raíces más íntimas de su ser. Sus hijos Juan Santiago y Pablo María quieren vengar la muerte de su padre. Ella ofrece sus vidas antes de que lleguen a consumar el crimen y mueren los dos. No quedan ya lágrimas en los ojos de aquélla mujer, que templa su fortaleza en la Madre de un Hijo que murió por todos. Ahora ya puede realizar sus primeras aspiraciones; consagrarse totalmente a Dios en el retiro de un convento de agustinas. Pero es rechazada porque no es virgen.

¡Qué madurez maravillosa la de Rita! Huele su campo a espigas granadas y en la quietud serena de sus treinta y dos años puede ya contemplar su vida fecunda a lo humano y a lo divino.

Es preciso que vuelva Dios a intervenir con un prodigio para que Rita sea admitida en el convento. Tres santos la introducen en él milagrosamente. Tommaso Nediani describe así este pasaje de la vida de la Santa:

«Non c’e nessuno a la finestra e la via è silente e deserta, ma una gran luce meridiana tiene il cielo. Infine ella vide, no, non sogna, è ben desta: i suoi Santi Patroni in una luminosa aureola d’oro, Yaustero Giovanni Battista nella pelle di camello, Sant’Agostino nel ieratico paludamento episcopale, e San Nicole da Tolentino nel nero saio agostiniano, che I’invitano ad andare con loro.»

Viene después la época de intensas efusiones divinas. El dolor pasado ha concentrado y purificado el amor, y ahora su unión con la voluntad divina, su oración, su amor a la Eucaristía, su entrega al prójimo, su fortaleza, su prudencia, su justicia, alcanzan unas cimas insospechadas.

Hemos dicho que Santa Rita era «una revancha a lo divino». Allí, en un rincón de la Umbría, como un gigante, mientras la Iglesia se desangra, lucha ella las grandes batallas de Dios. Porque estas batallas no se ganan con fuego y con acero, sino con la sangre del propio corazón a costa de un holocausto secreto y constante.

Allí vivió pobre, obediente y casta. Bien se le podían aplicar aquellas palabras de San Agustín: «Custodi obedientiam, ut percipias sapientiam et percepta sapientia, noli deserere obedientiam» (S. AUGUST., In Ps. 118, XXII, 12). Ella adquirió esa sabiduría ignorada, pero nunca abandonó la obediencia. Penetró hondamente el misterio de la cruz. Como Francisco de Asís, se ve sellada con uno de los estigmas de la Pasión: una espina en la frente, que le produce dolores insoportables y el martirio de ser enojosa a los demás por el repugnante olor que despedía.

¿Alucinación? ¿Histerismo? ¿Fantasía?

No; es el misterio de la cruz incorporado a su vida, que es ya un tejido indescifrable de dolores. Pero esta crucifixión interior no se manifiesta al exterior más que por un derroche casi infinito de dulzura y de caridad. El amor ha llegado a su plenitud y se desborda en entregas.

Va a Roma. Aquella Roma combatida recibiría con la visita de la Santa un impacto nuevo.

No faltan en el último período de la vida de Rita detalles deliciosamente poéticos. Cuando su alma es como una viña cargada de frutos maduros, en un día blanco y adusto de enero, fue a visitarla una amiga. Al despedirse le dijo que si quería algo para su aldea.

-Sí  le contestó-. Os ruego que, apenaas lleguéis al pueblo, vayáis al huerto de mi casa, cortéis allí una rosa y me la traigáis.

También le pidió dos higos maduros.

La mujer creyó que la Santa deliraba. No sabía que los delirios de los santos, Dios los hace realidades. En el jardín encontró milagrosamente florecida una rosa y maduros los higos.

¡Qué significativo es este pasaje de su vida! Tiene conmovedoras resonancias del Cantar de los Cantares, cuando el Esposo, ansioso ya de la plena posesión de la Esposa, le canta:

«Levántate, amiga mía, esposa mía, y ven, que ya ha pasado el invierno y han cesado las lluvias. Ya, han brotado en la tierra las flores…. ya ha echado la higuera sus brotes… Levántate, amada mía, esposa mía, y ven» (3, 10-13).

¡Qué importa que la naturaleza esté de invierno, si el alma de Rita está como los trigales, rojos y granados por el sol!

El 22 de mayo, al cumplir cabalmente setenta y seis años, en el año de gracia de 1457, entregó a Dios su espíritu.

Sirvió de edificación en su muerte, como había servido en su vida, porque la muerte de los justos es preciosa a los ojos de Dios.

Fue santa hasta la hora de nona… y ¡qué difícil resulta eso a la frágil naturaleza humana!

Una santa de la Edad Media que podría emplazarse muy bien en el siglo XX.

Una maravillosa conjugación de valores divinos y humanos, de estados de vida.

La noche de la fe de los santos, y por extensión de los cristianos, es la contrapartida más lograda a la noche de desesperanza y angustia de la época actual.

Los modernos pensadores hablan de «un hálito oscuro» que impregna los años que están por vivir. Ese vaho todo lo vuelve negro y amargo, monótono y vacío. Es el paso de la angustia, que troncha de raíz la vida del espíritu.

En cambio, en las noches de la fe, aunque más torturantes porque el alma ha experimentado en otros tiempos algo de la luz de Dios, «estamos llenos de presentimientos, experimentamos una proximidad muy grande como de brazos abiertos y desde las estrellas un interminable advenimiento…» «Nos hallamos envueltos por este nocturno raudal de la luz de la fe, y allí estamos y vivimos, amando como se ama con sencillez, sin buscar la razón o la esencia de la vida» (MÜLLER,Angustia y esperanza).

La fe es la que tiene poder para cambiar el «hálito oscuro» de los modernos pensadores en hálito de esperanza. Y ya con la esperanza se superan obstáculos, se allanan los caminos.

Los santos están revestidos de un cierto sentido de infinitud y producen en el alma la impresión de lo que está muy cerca de Dios. Dijimos que Él les constituye en sus colaboradores, y por ello se obliga a regalarles más con sus dones. Los santos son un eco de la eternidad de Dios. Por eso para ellos no hay tiempos ni lugares, aunque también respondan, en el orden de la Providencia, a la necesidad concreta de un tiempo y un espacio.

Santa Rita, como todos los santos, es un triunfo definitivo de la fe y del amor. De ese amor que nunca se da por vencido.

Mª DEL PILAR ALASTRUÉ CASTILLO

ORACIÓN

¡Oh gloriosa Santa Rita de Casia! Con el alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los pies del santo Crucifijo. Por J. C. N. S. Amén.

* Año Cristiano, Tomo II, bibliotecade Autores Cristianos, Madrid, 1966.

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Los santos que reinan con Cristo

22 de Mayo

Los Mártires de la fe Cristiana en México.

Viva la Santísima Virgen María de Guadalupe.

El Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana.

San Cristóbal Magallanes y Compañeros Mártires

25 Mártires Mexicanos, 21 de mayo

Mártires Mexicanos de siglo XX

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Cristóbal Magallanes y 24 compañeros mártires

En 1917 fue promulgada en México una nueva Constitución, firmada por el presidente Don Venustiano Carranza, estaba inspirada en principios anticlericales y provocó una era de violenta persecución religiosa.

En 1926, bajo la presidencia de Don Plutarco Elías Calles, la persecución se hace más violenta, con la expulsión de algunos sacerdotes, la clausura de escuelas privadas y de obras de beneficencia.

Pintura de los Mártires Mexicanos – Museo de los Caballeros de Colón.

Fueron muchos los fieles que sufrieron el martirio por defender su fe, de entre ellos presentamos ahora a veinticinco que fueron proclamados santos de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II.

Los 25 santos canonizados el 21 de mayo del 2000 fueron:

Cristobal Magallanes Jara, Sacerdote
Roman Adame Rosales, Sacerdote
Rodrigo Aguilar Aleman, Sacerdote
Julio Alvarez Mendoza, Sacerdote
Luis Batis Sainz, Sacerdote
Agustin Caloca Cortés, Sacerdote
Mateo Correa Magallanes, Sacerdote
Atilano Cruz Alvarado, Sacerdote
Miguel De La Mora De La Mora, Sacerdote
Pedro Esqueda Ramirez, Sacerdote
Margarito Flores Garcia, Sacerdote
Jose Isabel Flores Varela, Sacerdote
David Galván Bermúdez, Sacerdote
Salvador Lara Puente, Laico
Pedro de Jesús Maldonado Lucero, Sacerdote
Jesus Mendez Montoya, Sacerdote
Manuel Morales, Laico
Justino Orona Madrigal, Sacerdote
Sabas Reyes Salazar, Sacerdote
Jose Maria Robles Hurtado, Sacerdote
David Roldan Lara, Laico
Toribio Romo Gonzalez, Sacerdote
Jenaro Sanchez Delgadillo
David Uribe Velasco, Sacerdote
Tranquilino Ubiarco Robles, Sacerdote

Para ver las biografías de los Mártires Mexicanos del siglo XX
Haz Click AQUI

Tomado de: http://es.catholic.net

BEATO BENVENUTO DE RECANATI, Confesor

21 de Mayo

Éste es mi cuerpo que será entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. (San Lucas, 22, 19).

El bienaventurado Benvenuto entró como hermano lego en los franciscanos de su ciudad natal, y se hizo notar por su piedad y su humildad. Con frecuencia, durante la misa, y especialmente después de haber comulgado, caía en éxtasis. Un día permaneció en este estado y no pudo cumplir su oficio de cocinero: un ángel lo reemplazó. Murió el 5 de mayo de 1289.

MEDITACIÓN SOBRE
EL SANTO SACRIFICIO
DE LA MISA

I. El adorable sacrificio de la Misa ha sido instituido por Jesucristo para honrar a su Padre. Este sacrificio rinde al Padre celestial el mayor honor que Él pueda recibir, porque en él un Dios es la víctima. En segundo lugar, este Sacrificio ha sido instituido para utilidad de los hombres. ¿Cómo podría Dios rehusarnos lo que le pedimos por los méritos del Cuerpo adorable de Jesús inmolado todos los días en nuestros altares? Sus divinas llagas intercederán en favor nuestro. Cuando Cristo es ofrecido en el altar, clama a su Padre mostrándole sus heridas San Lorenzo Justiniano).

II. Para oír con más devoción la santa misa, recuerda que Jesús ha ordenado a los sacerdotes que la celebraran en memoria de su Pasión, que es fielmente representada en todas las partes de este santo Sacrificio. ¡Ah! ¿cómo asistes a este Sacrificio? ¿No estás allí como estaban los verdugos en el Calvario, para crucificar nuevamente a Jesucristo por tus inmodestias e impiedades?

III. Puedes dividir la misa en cuatro partes. En la primera, piensa en tus pecados que han sido la causa de la muerte de Jesucristo, y pide perdón por ellos a Dios. En la segunda, piensa en la Pasión de Jesús. En la tercera, excita en ti un vivo deseo de recibir la Santa Eucaristía, y haz, en el momento de la comunión del sacerdote, tu comunión espiritual, mediante actos de fe, de deseo y de amor. En fin, en la cuarta, agradece a Jesús los favores que te ha hecho, y ofrécete a Él.

La piadosa asistencia a misa
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN

Señor, que nos regocijáis por medio de la fiesta anual del bienaventurado Benvenuto, vuestro confesor, concedednos que, celebrando su nacimiento al cielo, imitemos también sus acciones. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/


Los santos que reinan con Cristo

21 de Mayo

SAN BERNARDINO DE SIENA,(*) Confesor

20 de Mayo

En todas las cosas muéstrate dechado de buenas obras, en la pureza de la doctrina, en la integridad de vida, en la gravedad de conducta. (Tito, 2, 7).

La modestia y la pureza de San Bernardino eran tan continuas, que toda conversación indecente cesaba acercándose él. Todos los días visitaba una capilla de la Santísima Virgen, diciendo que iba a ver a su  Madre. Abandonó el mundo para combatirlo y, durante dieciséis años, ni un día pasó sin predicar. La devoción que tenía al Nombre de Jesús hacía que lo llevara siempre sobre su corazón. Murió en el año 1444.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE
SAN BERNARDINO

I. Desde tierna edad descolló por un gran amor a la pureza. Su modestia era un freno que retenía a los más disolutos. Reprendía modestamente a los que tenían conversaciones indecentes. ¿Qué haces tú cuando delante de ti se pronuncian palabras demasiado libres? Si tienes autoridad sobre el culpable, repréndele su falta; si no, que tu silencio y tu actitud severa se lo hagan comprender. ¿Se podría decir de ti lo que Tertuliano decía de sí mismo: Mi sola presencia hace avergonzar al vicio?

II. Todos los días visitaba el santo una capilla de la Santísima Virgen. ¿Qué devoción practicas tú en honor de María? Te has comprometido a servirla; sé, pues, fiel en observar lo que le has prometido, y no pases ni un solo día sin tributarle tus homenajes, sea en una de sus iglesias, sea en tu casa, ante su imagen. Jesús nada rehúsa a María, y María nada rehúsa a sus servidores.

III. Tenía el Santo una singular devoción al Nombre de Jesús: sin cesar lo pronunciaba, y lo llevaba escrito sobre su corazón. Pronuncia tú, a menudo, este adorable Nombre, pero hazlo con devoción. En tus tristezas y tentaciones sírvete de él como de un escudo y de una espada, para rechazar y vencer al demonio. ¡Cuán dulce y consolador es el Nombre de Jesús! ¿Estás triste? Llama a Jesús en tu corazón. Que de tu corazón pase su Nombre a tus labios y la nube se disipará.(San Bernardo).

La modestia
Orad por los predicadores.

ORACIÓN

Señor Jesús, que habéis concedido a San Bernardino, vuestro confesor, un amor tan grande por vuestro Santo Nombre, dignaos, por sus méritos y su intercesión, difundir en nosotros el espíritu de vuestra divina caridad. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis por los siglos de los siglos.  Amén.

* Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Los santos que reinan con Cristo

20 de Mayo

SAN PEDRO CELESTINO,(*) Papa y Confesor

19 de Mayo

Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (San Mateo, 5, 48).

San Pedro Celestino mostró desde su infancia que había nacido para el cielo, pues, desde entonces, decía a su madre:Quiero ser un buen servidor de Dios. Después de haber estudiado las ciencias humanas, se retiró a la soledad para conversar familiarmente con los habitantes del paraíso. Jesucristo, su Santa Madre y su buen Ángel a menudo se le aparecían. Su fama de santidad lo elevó al trono de San Pedro; pero su humildad hízole dejar la primera dignidad del mundo para volver a su querida soledad. Murió santamente, después de haber fundado la orden de los Celestinos.

MEDITACIÓN SOBRE
LOS TRES GRADOS QUE
HAY QUE SUBIR PARA LLEGAR
A LA PERFECCIÓN

I. Todos debemos tender a la perfecci6n cada cual en su estado. Tú, que estás en el mundo, observa por lo menos los mandamientos de Dios y de la Iglesia, no cometas nunca pecado mortal alguno y practica buenas obras: he ahí lo que Dios te pide; si lo haces, te salvarás. ¿Hay acaso algún mandamiento de Dios que no puedas cumplir? Tu avaricia y tus pasiones exigen de ti cosas mucho más difíciles, y tú las obedeces. Es el demonio quien manda, ¡Y se le escucha! (Tertuliano).

II. Para ser perfecto, no hay que contentarse con guardar los mandamientos, también hay que seguir los consejos que Jesucristo ha dado en el Evangelio: vivir en la pobreza, en la castidad y en la obediencia; éstos son tres votos que nos desapegan del mundo y de nosotros mismos para unirnos estrechamente al Señor. ¿Tú, a quien Dios ha concedido la gracia de llamar a su casa, con cuánta fidelidad cumples lo que le has prometido tan solemnemente?

III. Las almas que quieren llegar a la cumbre de la perfecci6n no sólo siguen los mandamientos y los consejos evangélicos. Son también fieles a las inspiraciones secretas por las cuales Dios les manifiesta su voluntad. Dios tiene grandes proyectos sobre ti: escucha lo que te dice en el fondo del corazón, no resistas las gracias particulares que te concede. No basta, evitar el mal, es preciso también hacer el bien. Aquél que conoce el bien y no lo practica, comete pecado. (Santiago).

El deseo de la perfección
Orad por la Orden de los Celestinos.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis elevado al bienaventurado Pedro Celestino al sumo Pontificado, y le habéis enseñado a preferir una vida humilde al brillo de la dignidad suprema, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, todas las grandezas del mundo, y llegar felizmente a las recompensas prometidas a los humildes. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

19 de Mayo

SAN VENANCIO,(*) Mártir

18 de Mayo

Lo que es agradable a Dios, es que, con la mira de agradarlo, suframos los males y las penas que se nos hace sufrir injustamente. (1 San Pedro, 2, 19).

San Venancio, después de haber sufrido los tormentos más espantosos, fue arrojado a un esterco lero. Curado milagrosamente por un ángel, se presentó nuevamente ante el juez que lo había condena do. Mientras el santo hablaba, cayó el juez boca arriba y expiró exclamando: «El Dios de Venancio es el solo Dios verdadero, destruid vuestros ídolos». Los leones a los que fuera arrojado como alimento, en seguida, posternáronse a sus pies, mientras el santo predicaba la fe a los espectadores. En fin, después de haber sido arrastrado por entre zarzales y precipitado desde lo alto de una roca sin que sufriese mal alguno, fue decapitado a la edad de 17 años.

MEDITACIÓN
UN MÁRTIR ES UN
EXCELENTE PREDICADOR

I. El cristiano que sufre generosamente por la causa de Jesucristo es motivo grande de júbilo para Dios y los elegidos. Es un espectáculo digno de toda la Corte celestial, ver un hombre que desafía las amenazas, los suplicios, los halagos de los tiranos, e imita, tanto cuanto puede, a Jesús crucificado. ¿No se abrieron acaso los cielos para que los bienaventurados fueran espectadores del martirio de San Esteban? No depende sino de mí proporcionar a Dios este espectáculo tan agradable a sus ojos: basta, para esto, sufrir con alegría todo lo molesto que me acaece.

II. El mártir tiene oyentes en la tierra: son los infieles a quienes su heroísmo atrae a la verdadera fe. Así fue como Menas convirtió a Hermógenes. ¡Gran Dios! ¿Se puede acaso dudar de vuestra bondad, cuando se ve a los mártires colmados de consuelos en medio de los tormentos? ¿Se puede por ventura dudar de vuestro poder, cuando se contemplan los milagros que realizan? Si los mártires no experimentasen alivio alguno en sus suplicios, no soportarían con tanta paciencia la amargura de sus tribulaciones; todos podian comprender la violencia de sus torturas, muy pocos la dulzura de sus consolaciones. (San Agustín) .

III. En fin, este excelente orador toca y con mueve los corazones de los fieles. Los cristianos más cobardes, a la vista de la sangre de los mártires, sentían renacer su coraje. Y aun hoy, ¿se puede acaso leer las vidas de estos ilustres atletas sin desear servir a un Dios tan bueno, y sufrir algo por su amor? Los mártires nos hablan todavía desde el cielo; nos ad vierten no perdamos, en la tranquilidad de la paz, la fe y la amistad de Dios que conservaron ellos en me dio de las pruebas de la persecución.

La paciencia
Orad por los países infieles.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis consagrado este día por el triunfo del bienaventurado Venancio, vuestro mártir, escuchad las plegarias de vuestro pueblo, y haced que honrando sus méritos, aprendamos a imitar su constancia. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

18 de Mayo

SAN PASCUAL BAILÓN,(*) Confesor

17 de Mayo

Quien conserva su vida, la perderá, y quien perdiere su vida por amor mío, la volverá a hallar. (San Mateo, 10, 39).

Nació San Pascual de padres piadosos, pero tan pobres, que no pudieron enviarlo a la escuela. En cargado de cuidar los rebaños, tomaba consigo un libro, y rogaba a las personas que encontraba le enseñasen sus letras por amor a Dios. Por este medio, en poco tiempo llegó a leer y se perfeccionó así en el conocimiento de la religión. Después de haber consultado a Dios, creyóse llamado al estado religioso; y como estaba resuelto, decía, a morir pobre como había nacido, entró en un convento franciscano, donde quiso, por humildad, ser admitido en calidad de hermano lego. La Santísima Virgen, por quien tenía tierna devoción, obtúvole varias señaladas gracias, pero, fue célebre sobre todo por su amor al Santísimo Sacramento. Murió en Villarreal, cerca de Valencia, el 17 de mayo de 1592, alrededor de los 52 años de edad.

MEDITACIÓN SOBRE
LA SALUD y LA SANTIDAD

I. Amamos naturalmente la vida y tememos la muerte; así, nada ahorramos por conservar la salud del cuerpo: nos dejamos sangrar, cortar los miembros, ayunamos, tomamos medicinas amargas. ¿No serías un gran santo si hicieses por el cielo una parte siquiera de lo que haces por la tierra? Pero, ¡ay!, uno hace todo por el cuerpo y nada por el alma; hacemos todo por conservar una vida que nos es común con los animales, y nada por vivir eternamente. Cada día declinamos, cada día nos morimos, y nos creemos eternos. (San Jerónimo).

II. Debes moderar ese deseo que tienes de vivir mucho tiempo. Por corta que sea tu vida, bastante larga será si la quieres emplear bien. Cuanto más se prolongue tu vida tanto más terrible será la cuenta que debas dar a Dios. Y no te quieras persuadir de que al envejecer te harás más virtuoso: el agotamiento de tus fuerzas, las enfermedades y los hábitos más inveterados, te harán más difícil que nunca la práctica de la virtud.

III. Si amas la vida y la salud, ama la virtud y la santidad. La sobriedad, el ayuno, la templanza, mucho más sano te habrán de conservar que las prescripciones y regímenes de los médicos. Reprime tus pasiones: la intemperancia y los excesos han hecho morir a una infinidad de personas; el ayuno y la austeridad han hecho vivir a los antiguos anacoretas hasta una extrema vejez, sin enfermedades y sin incomodidad. En fin, las enfermedades son a me nudo el castigo de tus pecados al mismo tiempo que un remedio para las llagas de tu alma. Dios las envía para curarte, pero lo hace según su juicio, sin consultar al enfermo. (San Agustín).

La mortificación
Orad por las vírgenes.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis adornado al bienaventurado Pascual, vuestro confesor, con un amor ardiente por los misterios adorables de vuestro cuerpo y de vuestra sangre, concedednos el vigor espiritual que él bebía en este banquete divino. Por J. C. N. S. Amén.

* Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Los santos que reinan con Cristo

17 de Mayo

  • San Pascual Bailón, Confesor
  • Santa Juana de Lestonnac, Viuda y Fundadora
  • San Bruno de Würzburg
  • SAN SIMÓN STOCK(*) Confesor

     

    16 de Mayo

    ¡San Simón Stock, ora pronobis!

    Nació en Inglaterra. Desde mediados del siglo XIV las fuentes le aplican el sobrenombre «Stock», con el cual relacionan el singular género de vida que habría observado antes de entrar en el Carmelo. Dice así la redacción larga del Santoral: «Antes de la llegada de los carmelitas a Inglaterra los esperó con espíritu profético, llevando vida solitaria en el tronco de un árbol: de ahí el nombre de Simón Stock con que es llamado». Esta sobria noticia supone todo un poema de ascetismo, que los biógrafos posteriores intentaron poner de relieve con piadosas amplificaciones.   

       

       Pero hay un documento que nos invita más bien a contar a San Simón entre los cruzados y peregrinos que por aquellos tiempos tomaron el hábito en el mismo Carmelo, atraídos por la vida de oración que llevaban los solitarios del santo monte, «como abejas del Señor en las colmenas de sus celdas fabricando miel de dulzura espiritual», según hermosa frase de Jaime de Vitry († 1240). En efecto, el dominico Gerardo de Fracheto, contemporáneo de nuestro Santo, después de contar una aparición del Beato Jordano de Sajonia a un religioso carmelita, acaecida en 1237, nota: «Esto lo contaron a nuestros religiosos el mismo que tuvo la visión y el prior de la misma Orden, el hermano Simón, varón pío y veraz». Con esta noticia concordaría el Viridarium de Juan Grossi, que extiende el generalato de San Simón del 1200 al 1250. Por ahora no estamos en grado ni de escoger entre las dos versiones ni de concordarlas razonablemente.     

       Con el agravarse de la situación de los cristianos en Palestina después de la tregua pactada por Federico II con el sultán de Egipto (1229), los ermitaños carmelitas se encontraron frente al urgente dilema de, o bien exponerse a la extinción en una tierra que iba quedando a merced de los mahometanos, o bien probar la aventura de un traslado a Europa. Algunos, los más perfectos» (dice Grossi), tenían miedo a tal aventura por el peligro que encerraba de una alteración del propio espíritu; pero graves razones aducidas hicieron prevalecer la opinión contraria, que fue reforzada con una aparición de la Santísima Virgen (Guillermo de Sanvico). Así en 1238 empezó con carácter sistemático la emigración de numerosos carmelitas a los diversos países de Europa.     

       A Inglaterra se dirigieron dos expediciones, patrocinadas, respectivamente, por los barones Guillermo Vescy y Ricardo Grey y presididas por los venerables religiosos Radulfo Fresburri, e Ivo el Bretón, dando como primer resultado el establecimiento de dos conventos eremíticos, el primero en Hulne, cerca de Alnwic, y el segundo en Aylesford, en el condado de Kent. Esto sucedía entre 1241 y 1242. Fue entonces (según la primera versión antes mencionada) cuando Simón Stock, aureolado ya con la fama de eximia santidad, «dejó la vida solitaria y entró con gran devoción en la Orden de los carmelitas, que desde hacía mucho tiempo esperaba ilustrado por divina inspiración».     

       Ahora iba a ofrecerse a nuestro Santo un campo muy vasto en donde manifestar los dones recibidos de Dios. En 1245 se celebraba, precisamente en Aylesford, un Capítulo general, el primero reunido en Europa, y en él Simón Stock era llamado «milagrosamente» al oficio de prior general, oficio que sólo entonces adquiría pleno sentido, pues antes el prior del monte Carmelo era la suprema autoridad.     

       La Orden sufría en toda su gravedad las consecuencias del traslado a Europa. En el nuevo ambiente no encontraba la amorosa acogida que seguramente habían esperado y que tan necesaria era para empezar a echar raíces. Por otra parte, la experiencia demostraba que no era fácil conservar el tenor de vida contemplado en la Regla de San Alberto y con ardiente amor abrazado por los venerables moradores del Carmelo. Simón Stock afrontó heroicamente ambas dificultades. Respecto a la primera, se esforzó por acrecentar la estima hacia la Orden con repetidos recursos al Papa Inocencio IV y también a los próceres seculares. De hecho desde 1247,a 1252 consiguió del Papa Inocencio IV tres preciosas cartas de recomendación que debieron contribuir no poco a la consolidación de la Orden, y en diciembre de 1252 otra del rey de Inglaterra Enrique III. En orden a la segunda dificultad impetró del mismo Inocencio IV una audaz reforma de la Regla que permitiera vivir a los carmelitas en las ciudades y participar en el servicio de las almas. Pero esta reforma suscitó en el seno de la Orden un hondo descontento que venía a agravar todavía más la situación tan comprometida por la hostilidad exterior. De este descontento tenemos la prueba en una amarga requisitoria que compuso el sucesor de nuestro Santo, Nicolás el Francés, y en las frecuentes deserciones de religiosos, que buscaban en otras Ordenes mayor garantía de salvación. En este momento histórico tuvo lugar el episodio culminante de la vida de San Simón Stock, la visión del santo escapulario, testificada por el antiguo Santoral y parcialmente corroborada por la Crónica de Guillermo de Sanvico. La relación más antigua está concebida en estos términos:      

       «San Simón… suplicaba constantemente a la gloriosísima Madre de Dios que diera alguna muestra de su protección a la Orden de los carmelitas, pues goza en grado singular del titulo de la misma Virgen, diciendo con toda devoción: Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce, de varón no conocida, a los carmelitas da privilegios, estrella del mar. Se le apareció la bienaventurada Virgen, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el escapulario de la Orden y diciendo estas palabras: «Este será el privilegio para ti y para todos los carmelitas, que quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará».     

       Tal fue la gran promesa, que originariamente era una exhortación a la perseverancia dirigida a los descorazonados carmelitas, pero pronto fue acogida en toda la Iglesia como una de las manifestaciones supremas de la maternidad universal de María.     

       Lo restante de la vida de San Simón se confunde con la historia de la Orden del Carmen, historia de fundaciones y de gracias pontificias, índice de la casi definitiva consolidación en Europa, la grande obra que Dios le reservara.     

       Después de veinte años de gobierno (según un códice de Bamberga muy autorizado), por tanto, en 1265, murió en el convento de Burdeos el día 16 de mayo (o de marzo según algunos códices).     

    Reliquias de San Simón Stock

     La fama de santidad que le había acompañado en vida se acrecentó después de la muerte. En los documentos su nombre nunca aparece sin el dictado de santo, y repetidamente se recuerda el don de hacer milagros. Su culto desde antiguo fue muy ferviente en Burdeos, donde se veneraban y se veneran aún sus reliquias. Una circunstancia providencial impidió que fuesen profanadas en tiempo de la Revolución Francesa. Su veneranda cabeza fue solemnemente trasladada el año 1951 al convento de Aylesford, recientemente recuperado, y allí es hoy meta de frecuentes peregrinaciones.     

    BARTOLOMÉ M. XIBERTA, O. C.      

    * Año Cristiano, Tomo II, biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.     

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    SAN UBALDO,(*) Obispo y Confesor

    16 de Mayo 

    Amadísimos, os conjuro para que como extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales, que combaten contra el alma. (1 Pedro, 2,11).

       

    Tal fue la austeridad de este santo obispo de Gubbio, en Umbría, que puede decirse de él que sin cesar llevaba en su cuerpo la mortificación de Jesucristo. Este espíritu de penitencia, unido a un ardor insaciable por la oración, le hicieron adquirir una admirable dulzura. No sólo soportaba en silencio los ultrajes, sino que, a las injurias, respondía con una acrecienta da benevolencia y caridad. Sabiendo que llegaba al término de su peregrinación redobló su celo por las almas que le habían sido confiadas. Enfermo ya de muerte, continuó instruyendo a su pueblo y, el 16 de mayo de 1160, emprendió vuelo hacia la patria celestial.  

    MEDITACIÓN
     NUESTRA VIDA ES UNA
    PEREGRINACIÓN
      

      I. El cielo es nuestra patria; el mundo, el lugar de nuestra peregrinación o, más bien, de nuestro destierro. No hacemos sino pasar por este mundo, como un viajero por una posada; después de nuestra muerte en él ya no se piensa en nosotros. ¿Por qué, pues, amamos tanto este exilio? ¿Por qué tenemos tan poco amor por nuestra patria? ¿Piensas con frecuencia en el cielo, donde Dios, que es tu Padre, te espera? Cada día prepárate para la muerte, que es donde acaba el camino de esta vida.   

       II. Un viajero no se recarga de cosas inútiles, no levanta casa en los lugares por donde pasa, no se afana por ser en ellos tenido por liberal y magnífico. Las riquezas y los honores te embarazan y te retrasan. ¿Por qué te esfuerzas en brillar en esta vida? En el cielo es donde debes edificar morada y juntar tesoros, porque allí es donde habitarás eternamente. El hombre es tanto más feliz en esta vida cuanto más se aliviana por la pobreza y no gime bajo la carga de las riquezas. (Minucio Félix).   

       III. Ni los lugares más agradables retienen al viajero; su patria lo atrae con tal encanto que todo lo demás no hace sino aumentar su nostalgia. ¿Por qué te detienes en los placeres de esta vida? Piensa en los del cielo. Si Dios te envía aflicciones, es para que el mundo no te seduzca con sus encantos falaces. Sírvete del mundo, pero no te dejes encadenar por él. La vida es un hospedaje: entraste en él sólo por un momento y para partir. (San Agustín).   

    El pensamiento del cielo
    Orad por los peregrinos.   

    ORACIÓN   

     Os suplicamos, Señor, que nos concedáis el auxilio de vuestra misericordia, y que, por la intercesión del bienaventurado Ubaldo, vuestro confesor pontífice, vuestra clemente mano nos ponga a cubierto de las emboscadas del demonio. Por J. C. N. S. Amén.   

    *Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)   

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    16 de Mayo

  • San Ubaldo, Obispo y Confesor
  • San Juan Nepomuceno, Presbíterio y Mártir
  • San Simón Stock, Confesor
  • San Brendano, Abad
  • San Dómnolo de Le Mans
  • San Honorato de Amiens
  • SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE,(*) Confesor

    15 de Mayo

    Es el 17 de enero de 1667. En la insigne catedral de Reims hay el revuelo propio de una gran fiesta. Un jovencito, de apenas dieciséis años, pero perteneciente a una de las más ilustres familias de la ciudad, la de La Salle, toma posesión de su silla en el coro: la número 21. Podernos imaginarnos la impresionante ceremonia sabiendo que entonces el Cabildo contaba, a más de cincuenta y seis canónigos, sesenta y un capellanes, cuatro sacerdotes y cuatro sacristanes. Tenía a su frente ocho dignidades. Y hasta 1789, época de la que poseemos un cálculo hecho, treinta y uno de sus miembros habían sido obispos, veintiuno cardenales y cuatro habían llegado a la Sede de San Pedro: Silvestre II, Urbano II, Adriano IV y Adriano V.

    Extraños los caminos de la Providencia. El año anterior, el día de Pascua, Pierre Docez, arcediano de Champagne, la segunda de las dignidades del Cabildo, había asistido a una velada en el colegio Des Bons Enfants y había quedado prendado de la modestia, la discreción y el ingenio de aquel jovencito, Juan Bautista, lejano pariente suyo. En vista de esto decidió resignar en su favor la canonjía. Y así lo hizo. De esta manera Juan Bautista de la Salle se incorporó al Cabildo.

    Poseemos un retrato hecho en esta época. El joven tiene un aire de seriedad y nobleza; la mirada profunda; una boca bien formada y enérgica; una amplia melena negra, partida por gala en dos; está revestido de la sobrepelliz, el bonete, el armiño… Causa una impresión agradable, pero nadie diría, ni él mismo se atrevería a sospechar, los designios que Dios tenía sobre él. Mientras llega la hora el joven canónigo ha de continuar sus estudios. Y lo hace en el seno de su familia, auténtica y sólidamente cristiana. La mitad de sus hermanos abrazarán el estado sacerdotal o religioso. El mismo, pese a su juventud, se constituye en un modelo «de regularidad, de modestia y de candor para sus compañeros de Cabildo.

    Aunque en las costumbres de aquel tiempo, y aun en la legislación, no se requería el sacerdocio para el canonicato, Juan Bautista prosigue ardientemente sus estudios: dos cursos de teología en la universidad de Reims. Y después pasa a París, y allí se pone en contacto con una institución excepcional: el seminario de San Sulpicio, que debía darle una regla, un método, una ascética. Y, efectivamente, se los dio. A pesar de que su estancia en el seminario no pudo prolongarse mucho, sin embargo, la influencia de San Sulpicio, a cuyo frente estaba una personalidad tan excepcional como Tronson, fue muy profunda. El ambiente era de gran fervor; los seminaristas, pertenecientes a las mejores familias de Francia, rivalizaban en el ejercicio de todas las virtudes. Condiscípulos suyos habían de estar, en los años siguientes, al frente de muchas diócesis y en puestos clave de la Iglesia en Francia, como artífices de la admirable restauración pastoral que durante el siglo XVI, tiene lugar en aquel país.

    Sin embargo, una nueva intervención de la Providencia le obliga a abandonar su amado seminario. Habían muerto sus padres y Juan Bautista tenía que hacer frente, a sus veintiún años, al cuidado de seis huérfanos, cuya edad iba desde los diecinueve años del mayor, Juan Remigio, hasta los seis años del más pequeño, Pedro. Carga bien pesada, que él hace compatible con el cumplimiento exacto de sus obligaciones de canónigo y con el estudio, para continuar preparándose al sacerdocio.

    Este tardará en llegar. Ha habido vacilaciones, luchas, y sólo la intervención de personas de autoridad puede tranquilizar la sobresaltada humildad del ordenando. Por fin se decide. El 9 de abril de 1678 recibe el presbiterado en Reims. Al día siguiente, 10 de abril, en una humilde capilla de la inmensa catedral, rodeado únicamente de su familia y acompañado por su director espiritual, el padre Roland, celebra su primera misa. Pese a su condición de canónigo y al esplendor de su posición social, prefirió la sencillez y la humildad de aquella primera misa, llena de recogimiento y fervor.

    Pasaron diecisiete días solamente. Dios iba a intervenir una vez más para marcar su camino a Juan Bautista. El 27 de abril moría su director espiritual, Nicolás Roland y aparecía designado como su albacea. Entendámonos: no se trataba solamente de hacer las gestiones correspondientes a los bienes que había dejado el difunto, sino de algo mucho más importante: continuar trabajando en el mismo campo en que él había trabajado. Esto suponía una doble y delicadísima misión: por lo que se refería a la juventud femenina, sacar adelante la Congregación de Hermanas del Niño Jesús, que el difunto había fundado. Por lo que se refería a los niños, había que hacerlo todo. Con una energía indomable, una clarísima visión de los problemas y una laboriosidad a toda prueba Juan Bautista de la Salle consigue en diez meses para las hermanas la aprobación del arzobispo de Reims y la consolidación jurídica de su Instituto ante la legislación francesa. Las hermanas habían quedado así definitivamente establecidas y podían continuar su admirable labor.

    Restaba el otro encargo. Cumplirlo iba a ser la labor de toda su vida. También aquí actuó el joven canónigo con decisión y energía. El 15 de agosto de 1679, siempre el día de la Asunción, como fecha señalada en los fastos de la Iglesia, abre sus puertas la escuela de San Mauricio.

    Sólo cinco meses más tarde, la de la parroquia de Santiago. Para atenderlas se constituye un primer grupo de maestros, a los que sólo une el deseo de trabajar con la niñez abandonada. San Juan Bautista, sin pensar en que ponía los fundamentos de un instituto religioso que iba a suponer una verdadera revolución, les busca una casa próxima a su propio hotel donde puedan vivir reunidos. Ocurrió el día de Navidad de 1679.

    Pero poco a poco aquellos maestros van a ir incorporándose a su propia vida. Juan Bautista hace un viaje a París y habla allí con un santo religioso mínimo: el padre Barré, que participaba también de las mismas inquietudes por la suerte de la niñez. El santo religioso le anima a seguir adelante y a llevar su entrega a la juventud hasta sus últimas consecuencias.

    Día 24 de junio de 1681. El canónigo De la Salle celebra su santo. Y a su mesa se sientan, juntamente con sus hermanos, aquellos humildes maestros de las escuelas parroquiales de Reims. Es demasiado ya. La familia se alarma e inicia una ofensiva en forma. Una de las mayores dificultades que tenemos para llegar a comprender el heroísmo de los santos está en que no podemos hacernos cargo exactamente del ambiente que tuvieron que vencer. Nos cuesta comprender lo que en aquella sociedad puntillosa, llena de vanidad, provinciana y en gran parte paganizada, suponía el gesto de un joven sacerdote de buena familia que se entregaba con alma y vida a la causa de las escuelas cristianas. Su familia presiona, amenaza, insiste, vuelve a la carga. Llegan a retirarle el cuidado de sus hermanos. Unas veces le ridiculizan, otras murmuran, otras le reprochan amargamente lo que está haciendo. Juan Bautista sigue su camino. Al año siguiente, ese mismo día de su santo, 24 de junio, ya los maestros no vienen a su casa para festejarle. Es él quien abandona su propio hogar para irse a vivir con ellos en la casita de la calle Neuve.

    Comienza una nueva vida. Al frente de aquel grupo de maestros Juan Bautista de la Salle se va dando cuenta de que no caben las medias tintas. Ellos le hacen su confesor, su confidente, su director y su guía. Van llegando nuevos maestros y se van abriendo perspectivas cada vez más dilatadas. Pero… estorba la canonjía. El oficio coral llevaba entonces a los canónigos de cinco a seis horas diarias: puede decirse que desde las cinco de la mañana, en que se reunía el Cabildo, hasta después de las tres de la tarde, apenas se podía disponer de tiempo. Por otra parte, los maestros no podían menos de experimentar un cierto contraste. Mientras ellos tenían que mirar a su porvenir fiándose únicamente de la divina Providencia, San Juan Bautista tenía su beneficio y su fortuna personal para cualquier avatar que pudiera sobrevenir.

    El Santo toma entonces una decisión heroica; vivirá la vida de sus queridísimos maestros en toda su integridad. Decide renunciar a la canonjía y a su fortuna personal, y lo hace llevando ambas cosas hasta las últimas consecuencias. Le aconsejaban que cediera la canonjía a su hermano Luis. El no quiere, y prefiere hacerlo en favor de un sacerdote digno y virtuoso, pero casi desconocido. La prudencia humana hubiese aconsejado reservar su propia fortuna para que sirviera de base a la obra que estaba emprendiendo. El espíritu sobrenatural aconsejó otra solución más radical: durante un invierno durísimo, en que el hambre azotó cruelmente a Francia, Juan Bautista repartió todo su dinero a los pobres. En lo sucesivo él y sus queridos discípulos mirarían al porvenir de idéntica manera, descansando sólo en los brazos de la divina Providencia.

    Y, en efecto, ahora había llegado el momento de plantear las cosas con toda seriedad. Los maestros piden a su director una regla. El, en aquellos tiempos de absolutismo, prefiere que esta regla sea hecha entre todos. El 9 de mayo de 1684 se abre la primera reunión de la nueva Congregación. Como resultado de ella el 27 de mayo, fiesta de la Santísima Trinidad, doce discípulos, con Juan Bautista a la cabeza, hacen sus primeros votos. Muy prudentemente el fundador quiso que se tratara sólo del voto de obediencia y durante un año. El experimento era lo suficientemente arriesgado como para proceder con todo cuidado. Eso sí, al poco tiempo se preocupó de darles un hábito adecuado: la sotana de sarga negra, el tricornio de amplias alas, la gola o rabat blanco. Poco tiempo después, por indicación del alcalde, a quien daba pena ver a los hermanos sin protección alguna en pleno invierno, se añadió el manteo con las dos mangas vacías, que había de valerles durante mucho tiempo el nombre de «los hermanos cuatro brazos».

    Por vez primera en la historia de la Iglesia nacía un Instituto única y exclusivamente de hermanos. Posteriormente habrán de crecer y desarrollarse otros muchos. Pero nadie podrá arrebatara San Juan, Bautista de la Salle la gloria de haber concebido con nítida claridad la idea de esta clase de congregaciones que ponen al servicio de su propia finalidad el más completo renunciamiento incluso a algo tan hermoso y tan sagrado como es el mismo sacerdocio.

    El Instituto iba a suponer una auténtica revolución. No sólo por estar compuesto exclusivamente de hermanos, sino también por otras novedades. Por ejemplo, en el terreno de la pedagogía, en el que se romperían, con firme decisión y pese al enorme clamoreo que habría de levantarse, muchísimas rutinas. Se acabó ya el golpear a los niños. Se acabaron los gritos, sustituidos por la señal. Se acabó el enseñar a leer en latín, y la utilización de absurdas gramáticas. Se acabaron los maestros improvisados, pues a San Juan Bautista de la Salle le corresponde con toda verdad el titulo de fundador de las Escuelas Normales, ya que siempre vio como un complemento de su propio instituto la formación de maestros seglares.

    Innovaciones también profundas en la misma formación de los religiosos. As! el noviciado menor, antesala del noviciado propiamente dicho, y que no tenía antecedentes en las congregaciones religiosas. Así también el mismo espíritu con que se procede a la formación de los hermanos, uniendo las prácticas de oración y mortificación de las más rigurosas Ordenes contemplativas con el espíritu de trabajo.

    Primero en Reims, después en París, se van a escribir páginas de las más maravillosas de la historia de la Iglesia. Es necesario remontarse a la vida de los Padres del desierto para encontrar escenas similares a las de aquel noviciado de Vaugirard, donde el fundador da a sus novicios el espíritu y el aliento necesarios para su gran misión. París ve estupefacto cómo cambia la niñez en manos de los hermanos. Lo que hasta entonces era afrentoso, bajo y sucio, se trueca en luminoso y limpio. Todo el mundo se hace lenguas de su maravillosa eficacia pedagógica. Aquel método simultáneo, implantado por el Santo en sus escuelas, que hoy nos parece la cosa más natural, pero que entonces supuso una revolución pedagógica, servía para hacer maravillas. Sin embargo…, era demasiado desafío, y la persecución no podía tardar.

    La vida de San Juan Bautista de la Salle es toda ella un contraste apasionante e increíble. De una parte, el Instituto se desarrolla, crece, se extiende por toda Francia. De otra parte, el fundador vive una vida de continuas persecuciones. Puede decirse que no hay prueba, por dolorosa que sea, que no se le presente.

    Choca ante todo con el monopolio. Los maestros que entonces ejercitaban la enseñanza se sienten heridos. Unas veces reaccionan con violencia, y las escuelas de los hermanos son asaltadas brutalmente. Otras, por medio de interminables pleitos, que al menor descuido se transforman en sentencias desfavorables, se trata de hacerles la vida imposible. En ocasiones se recurre incluso a la calumnia y al libelo ofensivo. Es una lucha que dura largos años y que algunas veces llega a poner en riesgo la existencia misma del Instituto.

    Pero no es la prueba más dolorosa. A San Juan Bautista le tocó defender algo más que su derecho a ejercitar la enseñanza: la idea misma del Instituto. Era natural. Lo que él intentaba hacer chocaba demasiado con las ideas hasta entonces corrientes y, eclesiásticos bienintencionados, incluso amigos verdaderos de las escuelas cristianas, se creían en el caso de darle consejos y, en alguna ocasión de querer imponer sus propias orientaciones. Ahora es un obispo a quien el Instituto debe mucho el que, en el curso de una comida, insiste en las modificaciones que hay que hacer. Luego aquel eclesiástico, basándose en un nombramiento de superior que se había convenido en que seria puramente nominal, intenta sacar adelante unas ideas que destrozarían la esencia misma del Instituto. Otra vez son las autoridades civiles, que intervienen para sustraer de la obediencia a los hermanos que trabajan en su propia población. Sobre todo hay una oposición obstinada, larga, tenaz la del párroco de San Sulpicio, de París, hombre, por otra parte, celoso y bueno, pero que intenta contra viento y marea imponer sus propias ideas. Ocasión habrá en que el Santo fundador abatido, puesto de rodillas, con la frente en el suelo, bañado en sollozos, verá al arzobispo de París, impresionado por los informes del párroco, marchar desdeñosamente a su finca de recreo sin darle respuesta alguna.

    Estos sufrimientos tenían que herir profundamente el alma de San Juan Bautista. Paralelos a ellos corrieron otros que tenían una fuente menos pura y nacían de intención manchada. San Juan Bautista y el Instituto por él fundado fueron, como era natural, una de las presas que más podía apetecer el jansenismo francés. Se utilizó todo: la habilidad, el halago, la argumentación doctrinal, las amenazas, la coacción… Cuando todas estas armas hubieron fallado, el jansenismo decretó una guerra a muerte al fundador y a su Instituto. Por todas partes. Hubo choques en Marsella, en París, en Rouen… Así hasta el fin de su vida. Porque pocos días antes de morir hará el Santo una hermosísima profesión de fe, verdadero testamento espiritual, ratificando de manera inequívoca su absoluta oposición al jansenismo.

    Casi tan dolorosas como éstas le tenían que resultar otras pruebas: las procedentes de los falsos hermanos. Unas veces por influencia de fuera, otras por mala voluntad de los mismos sujetos, en más de una ocasión el Santo se encontró con que se habían infiltrado en las comunidades elementos indeseables. El era tan bondadoso que no podía imaginar mala voluntad en nadie. Ocasión hubo, y más de una, en que los hermanos se vieron obligados a imponerse y a exigirle que no admitiera a algunos de estos sujetos, o expulsar a algún otro. Para el Santo todo el mundo era bueno, y, por mucho que se le hubiera ofendido, estaba presto a perdonar y a volver a admitir al que había faltado. Prueba dolorosísima para su corazón ver en ocasiones hermanos que se dejaban contagiar por el espíritu del mundo e incluso llegaban a hacer el juego a los propios enemigos del Instituto.

    Junto a estas pruebas, tan íntimas, no faltaron tampoco las pruebas externas. La vida del Santo es un largo Viacrucis. No sólo por sus viajes interminables, hechos en forma humildísima, muy frecuentemente a pie, pidiendo limosna, acogiéndose a los hospedajes más pobres, sino también por su misma salud. En el fervor de la casa de Vaugirard había vivido todo un invierno en una habitación desmantelada, en la que contrajo un gravísimo reuma que le producía dolores tremendos, a los que se añadían los que le causaban los métodos, que hoy llamaríamos bárbaros, que en más de una ocasión se emplearon para curarle. Ni era menor el sufrimiento que tenía que causarle, habida cuenta de su naturaleza delicada, la vida común llevada con el máximo rigor. A la distribución del tiempo, ya muy dura, común a todos los hermanos, añadía él largas horas de oración, increíbles penitencias, estudio prolongado. Su estómago, hecho al género de comidas que en su casa había tenido, se resistía, hasta con vómitos de sangre, a las pobrísimas comidas de los hermanos. Sólo con esfuerzos heroicos logró acomodarse. Y así en todo. Siempre el más puntual, el más humilde, el más pobre. Su sotana, su manteo, eran tan raídos que inspiraban lástima. No los hubiera querido un pobre a quien se hubiesen regalado.

    Ocasión hubo en que el Santo, creyendo estorbar, se retiró del gobierno y pasó unos meses al margen de la vida de la Congregación. Fue entonces cuando se produjo uno de los acontecimientos más hermosos en la historia de las Ordenes religiosas: la carta que los hermanos le escribieron pidiéndole que volviera a ponerse al frente de ellos. Es difícil concebir un trozo de literatura eclesiástica superior a esta carta, que casi no puede leerse con ojos enjutos. Los hermanos le piden con humildad, pero con firmeza, con sentimiento profundo, pero sin caer en exageraciones, con lógica firme, pero sin sequedad ninguna, que vuelva a hacerse cargo de su gobierno: «Señor y padre nuestro, nosotros, los principales hermanos de las Escuelas Cristianas, teniendo a la vista la mayor gloria de Dios, el mayor bien de la Iglesia y de nuestra sociedad, reconocemos que es de una extrema necesidad que usted vuelva a tomar el cuidado y la dirección de la santa obra de Dios que es también suya, pues gustó al Señor servirse de usted para establecerla y conducirla desde hace tanto tiempo…». No podemos reproducirla íntegra. Baste decir que el Santo escuchó la súplica y volvió a sus amadísimos hermanos.

    Poco después, el día de Pentecostés, 16 de mayo de 1717, se reunían los principales hermanos en la célebre casa de San Yon, en la que el Santo había pasado días tan felices. La casa estaba envuelta en una atmósfera sobrenatural. Todo el mundo oraba y hacía penitencia. El día 18 se hizo la elección de nuevo superior y quedó elegido el hermano Bartolomé. El capítulo continuó trabajando y se fijaron las reglas. El Santo obtuvo, por fin, lo que tanto había deseado: obedecer. Y lo hizo con todo su corazón. Hasta para los más mínimos detalles pedía permiso al nuevo superior.

    Ya podía marchar de este mundo. La obra quedaba consolidada. Aún vivió unos meses. Y por fin llegó la hora suprema. El martes de la Semana Santa de 1719, haciendo un esfuerzo colosal, se levantó de la cama para recibir con toda humildad el viático. Por la noche le rezaron la recomendación del alma. El dio sus últimos consejos a los hermanos, encargándoles que estuvieran siempre muy apartados del mundo. Por fin, a las cuatro de la tarde del 4 de abril de 1719, Viernes Santo, expiró dulcemente a los sesenta y ocho años de edad.

    Su cuerpo fue inhumado, de primera intención, en la parroquia de San Severo, en cuya jurisdicción estaba enclavada la casa de San Yon. El 16 de julio de 1734, cuando esta casa tuvo su iglesia propia, fueron trasladados allí, y allí quedaron, incluso durante los avatares de la Revolución Francesa, hasta que en 1835 pasaron a la capilla del colegio de los hermanos, en el centro mismo de la ciudad de Rotien. Cuando en 1904 el laicismo obligó a los religiosos a expatriarse, la casa generalicia de los hermanos se trasladó a Lambecq-Lez-Hay (Bélgica) y a ella fueron también los sagrados restos. Construida una nueva casa generalicia en Roma, en la Vía Aurelia, a ella fueron llevados en 1938, y allí permanecen.

    Pese a la fama de santidad de que gozó en vida, su proceso de beatificación comenzó tardíamente, en 1835. En 1840 fue introducida la causa y en 1846 aprobados los procesos. Rápidamente se fueron sucediendo los demás trámites, examen de los escritos, aprobación de los milagros, reuniones de la Sagrada Congregación, hasta que, por fin, el 19 de julio de 1888 se celebró la solemne beatificación. Poco tiempo después se iniciaba el proceso de canonización, por decreto de marzo de 1890. Y diez años después, 24 de mayo de 1900, era solemnísimamente canonizado, al mismo tiempo que Santa Rita de Casia.

    La congregación por él fundada cuenta en la actualidad (1959) con 17.000 miembros extendidos por todo el mundo. Humildes y laboriosos, los hermanos desarrollan en todas partes una admirable labor, de acuerdo con el espíritu de su instituto, que «consiste en un ardiente celo de instruir a los niños y educarles en el amor de Dios, conduciéndoles a conservar su inocencia, si no la han perdido, e inspirarles gran aversión y sumo horror al pecado y a todo lo que pueda hacerles perder la pureza. Para vivir en tal espíritu los hermanos de la Sociedad se esforzarán con la plegaria, con las instrucciones, con la vigilancia y con la buena conducta en la Escuela, en procurar la salvación de los niños que les son encomendados, educándoles en la piedad y en el verdadero espíritu cristiano, esto es, según las reglas y las máximas del Evangelio».

    De esta manera San Juan Bautista de la Salle continúa viviendo entre nosotros por la profunda influencia de sus obras escritas en la pedagogía contemporánea, y más aún por este fervoroso espíritu que pervive en sus hijos.

    *Año Cristiano, Tomo II, bibliotecade Autores Crsitianos, Madrid, 1966.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    SAN ISIDRO,(*) Labrador

    San Isidro bendito: ruega por nuestros campos y por nuestros agricultores.

    El gloriosísimo patrón de la villa de Madrid y corte de los reyes de España, san Isidro labrador, fue hijo de Madrid, casado con santa María de la Cabeza, y hombre del campo, que se sustentaba con el sudor de su frente. Solía madrugar mucho para oír las misas que se decían en algunas iglesias de Madrid antes de comenzar las labores del campo en la casería de un caballero de la misma villa, llamado Juan de Vargas; y como los labradores de las caserías vecinas le pusiesen mal con su amo, diciéndole que no cuidaba de su hacienda, quiso un día aquel caballero enterarse por sí mismo de lo que pasaba, y viendo que se había puesto muy tarde arar, fuese para él con intención de reprenderle; mas acercándose a la heredad, vio como estaban arando a una parte y a otra de su criado dos pares de bueyes más, los cuales eran blancos como la nieve; con lo que entendió que los ángeles le ayudaban en su labranza. Otra vez sucedió que yendo unos hombres a buscar a san Isidro a la heredad, no le hallaron, sino sólo a los bueyes uncidos, que estaban por sí arando, sin regirlos nadie, y habían arado mucha tierra.
    Cuando se dirigía el santo labrador a sembrar, repartía el trigo que llevaba a los pobres, echando también puñados de él a las avecillas del campo diciendo: Tomad avecillas de Dios, que cuando Dios amanece para todos amanece: y aunque en el camino iban los costales menguados en tanto repartimiento, en llegando a la heredad, los hallaba llenos de trigo. Acontecíale también, yendo al molino, repartir gran cantidad de trigo a los pobres y a las aves, y moliendo después lo poco que había que dado, salía tanta harina, que no cabía en el costal. Era tan caritativo que tenía costumbre todos los sábados de hacer una olla aparte para los pobres en honra de la Virgen santísima, y para dar un día de beber a su amo en la heredad, hirió con su aguijada una piedra, y al punto salió una  fuente clara y milagrosa, la cual dura hasta hoy cerca de Madrid en una ermita del santo. Resucitó a una hija de aquel caballero, cuando estaba ya preparada la cera y todo lo demás que era necesario para el entierro: y habiéndose un día ahogado en el pozo un hijo del santo, se puso éste con su mujer en oración; y estando así, creció el agua del pozo hasta el brocal, apareciendo el hijo vivo sobre las aguas. Finalmente siendo ya san Isidro muy lleno de años y virtudes, y habiendo recibido devotísimamente los sacramentos, entregó su humilde espíritu al Criador. Cuarenta años después fue hallado su bendito cuerpo sin corrupción alguna, y trasladado con grande pompa a la iglesia de san Andrés, tocando todas las campanas de aquel templo por sí mismas, y sanando milagrosamente muchos enfermos. Muchas veces ha remediado el Señor faltas muy gran des de agua por intercesión de este santo.

    REFLEXIÓN

    Es de admirar la sabiduría de Dios que ha hecho a un santo labrador patrón de la corte de los reyes de España, para que los príncipes y grandes venerasen a un pobre quintero e implorasen su favor y ayuda. ¡Oh! ¡cuántos monarcas se han postrado al pie del se pulcro de san Isidro, confesando la ven taja que hace la virtud a todas las grandezas humanas! De ella dice el Sabio, que «vale más que los tronos y cetros reales y que todas las riquezas del mundo: porque todo el oro es en su comparación un poco de arena, y la plata es como lodo delante de ella». (Sapient. VII)

    ORACIÓN

    Rogámoste, oh Dios misericordioso, que por la intercesión de tu bienaventurado confesor Isidro, nos con cedas tu gracia para no sentir vanamente de nosotros mismos, y servirte con aquella humildad que te agrada. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    15 de Mayo

    • Santa Dimfne, Virgen y Mártir
    • San Isidro, Labrador
    • San Juan Bautista de la Salle, Confesor
    • San Andrés, Mártir
    • San Pedro de Lampaso, Mártir
    • San Pablo, Mártir con San Pedro de Lampaso
    • Santa Berta,
    • San Ruperto
    • San Isaías de Rostov
    • San Isidro de Kios, Mártir
    • San Hilario de Galatea, Abad
    • San Gereberno, Mártir
    • Santa Dionisia, Mártir
    • San Pedro de Lampsaco, Mártir
    • San Indalecio, Mártir
    • San Torcuato, Mártir
    • Beata Magdalena Albrizzi

    SAN BONIFACIO,(*) Mártir

    14 de Mayo

    Así como habéis empleado los miembros
    de vuestro cuerpo en servir a la impureza
    y
    a la injusticia para cometer la iniquidad,
    así ahora empleadlos en servir

    a la justicia para santificaros.
    (Romanos, 6, 19).

    San Bonifacio vivía en pecado, en compañía de una dama romana llamada Aglae, de quien era administrador. Un día esta mujer, movida por la gracia, lo envió al Oriente para que procurase reliquias de mártires. «¿Qué dirías, – le dijo Bonifacio al partir-, si te trajesen mi cuerpo por el de un mártir? ¿Lo recibirías?» Llegado a Tarso, vio cómo un gran número de mártires soportaban jubilosamente los más crueles tormentos. «¡Ah -exclamó- qué grande es el Dios de los cristianos, qué grande el Dios de los mártires! Servidores de Cristo, rogad por mí para que, unido a vosotros, yo también combata a los demonios». Y, en efecto, confesó que era cristiano y, después de muchas torturas valientemente soporta das, fue decapitado.

    MEDITACIÓN SOBRE
    LA CONVERSIÓN
    DE SAN BONIFACIO

    I. Por muy entregado que estuviera al pecado, Bonifacio se distinguía por su caridad. Daba hospitalidad a los viajeros sin recursos, e iba, de noche, por calles y plazas, socorriendo a los pobres. ¿No te has hecho culpable de faltas contrarias a la pureza? Trata, mediante una tierna caridad para con los pobres, de atraer sobre ti la gracia de Dios. La limosna libra del pecado y de la muerte, e impide que el alma caiga en las tinieblas. (Tobías).

    II. El arrepentimiento de su cómplice dio principio a la conversión de Bonifacio; la vista de los mártires la terminó. Acaso leyendo el relato de los suplicios de los mártires hayas exclamado: «¡Qué grande es el Dios de los cristianos!» Pero, ¿te ha conducido esta admiración a imitarlos sufriendo con paciencia, por lo menos las pruebas ordinarias de la vida? Las solemnidades de los mártires son exhortaciones al martirio. Tengamos la valentía de hacer lo que nos complacemos en alabar. (San Agustín).

    III. Cuanto más grande sea la falta, más severa debe ser la penitencia. Contempla a Bonifacio recién convertido. Se le destroza el cuerpo, húndensele agudas cañas por debajo de las uñas, se le vierte en la boca plomo derretido, y no cesa él de repetir: Gracias os doy, Señor Jesús, Hijo de Dios. Recuperemos, como él, el tiempo perdido, mediante el fervor de nuestra penitencia. Y si fuimos para los demás ocasión de pecado, tratemos de reparar con nuestros buenos ejemplos, el mal que les hayamos hecho. Así fue como Anglae quedó firme en el bien por el martirio de Bonifacio. Colocó sus venerables restos en una tumba en la vía Latina, y, junto a ella, hizo construir una celda donde en medio de austeridades pasó los últimos quince años de su vida.

    El buen ejemplo
    Orad por los que habéis
    escandalizado.

    ORACIÓN

    Dios omnipotente, haced, os lo suplicamos, que celebrando la solemnidad del bienaventurado Bonifacio, vuestro mártir, merezcamos ser ayudados por su intercesión ante Vos. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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    Los santos que reinan con Cristo

    14 de Mayo

    ORACIÓN A NTRA. SRA. DE FÁTIMA

    Nuestra Señora de Fátima

    Nuestra Señora del Rosario de Fátima, Madre de Dios y Madre nuestra, Corredentora del linaje humano, Mediadora de todas las gracias, que habéis protegido a la Iglesia, desde su nacimiento y «habéis vencido todas las herejías, en el universo mundo«, que nos habéis exhortado, en La Salette, en Lourdes y en la Cova de Iria, al arrepentimiento y a la penitencia, que habéis vertido lágrimas, repetidas veces, en vuestras veneradas imágenes a fin de que «no ofendamos más a Dios«, le amemos y le sirvamos fielmente y colaboremos, para que se extienda, hasta los confines de la tierra, el reinado de Cristo, miradnos, «con ojos de misericordia«, de suerte que, en esta «hora de tinieblas«, de incredulidad, de apostasía, de universal depravación, resplandezca en las mentes la lumbre de la fe; arda, en los corazones, el fuego del amor a Dios; brille, en las costumbres, la virtud del Evangelio; reine en las naciones, el «Rey de Reyes y Dominador de los que imperan», y se cumpla, a plenitud, vuestra maternal y alentadora promesa: «Mi Inmaculado Corazón triunfará«. Así sea.

    Jaculatoria: Nuestra Señora de Fátima, salvadnos. Proteged a la Iglesia y apresurad vuestra victoria.

    Señor, Dios Todopoderoso, en esta confusión que ha venido a turbar a tantas almas fieles, queremos expresaros todo nuestro amor de hijos y nuestra voluntad de mantener hacia Vos los sentimientos de adoración profunda y de piedad confiada y filial.

    Vos sois el Dios de San Juan Crisóstomo, desterrado por haber predicado la Doctrina y la Virtud.
    El Dios de Juana de Arco, llena de fe y de pureza.
    El Dios de San Francisco de Asís, con corazón de niño y sencilla piedad.
    El Dios de Teresa de Avila, de alma generosa e intrépida…

    ¡Oh, Cristo Jesús!, Dios de toda felicidad y del Calvario, inmolado por nuestros pecados, que predicasteis la renuncia al mundo y el amor a vuestro Padre…

    ¡Oh, Espíritu Consolador!, enviado a nuestras almas para purificarlas y santificarlas…

    Venid a vuestra Iglesia a fin de darle nuevo aliento y valor. Recordad a los sacerdotes que Vos sois la Verdad y la Vida, que no hay otro nombre por el que podamos ser salvados… Renovad en ellos la fe en la Iglesia, vuestra única esposa, y la sumisión a su autoridad infalible…

    Consolad y fortificad a vuestros fieles, aquellos que no saben ya adónde ir porque su clero o sus periódicos les predican un Evangelio distinto. Decid a estos fieles desconcertados cómo el Evangelio de su infancia permanece como la sola Palabra, y que no hay otro Dios que Vos, Señor.

    Que no se dejen arrastrar por los falsos profetas a llamar bien lo que es mal, verdad lo que error, espíritu del Concilio lo que es desobediencia…

    Santa Virgen María, Reina del Cielo y muralla contra las herejías, sed nuestra luz y nuestra abogada para que guardemos el camino de la Verdad en una caridad  inquebrantable, pero sin dejamos engañar por los lobos vestidos de oveja que quieren conducimos a la adoración del Mundo.


    P. Coache

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    Los santos que reinan con Cristo

    13 de Mayo

    SANTOS NEREO, AQUILEO, DOMITILA y PANCRACIO,(*) Mártires

    12 de Mayo

    Si complaciese todavía a los hombres, no sería yo siervo de Cristo. (Gálatas 1, 10).

    Nereo y Aquilea aconsejaron a Flavia Domitila que consagrase su virginidad al Señor, y fueron denunciados como cristianos por Aureliano, pretendiente de esta princesa. Domiciano los desterró, con Domitila, a la isla de Ponti, donde mucho padecieron por la causa de Cristo. Después fueron conducidos a Terracina. Allí, Nereo y Aquileo fueron decapitados, y Domitila pereció en la hoguera junto con las vírgenes Teodora y Eufrosina, sus dos hermanas de leche.
    Pancracio fue decapitado en Roma a los catorce años de edad, después de haber confesado con entereza a Jesucristo.

    MEDITACIÓN SOBRE
    LA MALA COMPLACENCIA

    I. No te imagines que podrás agradar a todo el mundo; ni nuestro Señor lo ha logrado. ¿Acaso no se murmura todos los días contra Dios? El que va a viajar quiere un día sereno y el hortelano lluvioso; Dios no puede contentar a todo el mundo: ¿cómo lo podrías tú? Haz tu deber y deja que hablen. Las cosas que se digan de ti no harán daño a tu felicidad, si tienes suficiente entereza de espíritu como para menospreciarlas.

    II. A menudo censurarán tus acciones aun las más santas y alabarán las más imperfectas. Si eres humilde, se te calificará de cobarde; tu virtud será tenida por hipocresía. El pródigo pasará por generoso y el hipócrita por virtuoso. ¡Fíate ahora del juicio de los hombres, que alaban el vicio y desacreditan la virtud! ¿Es por ventura razonable que te alegres con los elogios de los necios y te aflijas por sus desaires?

    III. No cometas pecado alguno, por pequeño que sea, ni omitas ninguna buena obra por agradar a los hombres. Si ellos son razonables, quedarán en cantados viendo que eres fiel a Dios; si no lo son, su estima debe serte indiferente. Es más fácil agradar a Dios que a los hombres, porque Dios es inmutable y los hombres son inconstantes. Cuán dichosos sería mos, si hiciéramos tanto caso de los mandamientos de Dios como hacemos de las burlas de los hombres. (San Paulino).

    El desprecio al respeto humano
    Orad por por vuestros
    superiores eclesiásticos.

    ORACIÓN

    Señor, que la dichosa festividad de vuestros mártires Nereo, Aquileo, Domitila y Pancracio, nos sea siempre propicia y nos haga dignos de vuestras mercedes. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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    Los santos que reinan con Cristo

    12 de Mayo

    SAN MAJELO o MAYOLO,(*) Abad

    11 de Mayo

    Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres. (San Lucas, 2, 52).

    San Majelo, habiendo terminado sus estudios en Lyon, fue nombrado, a pesar de su resistencia, arcediano de Macón. Con posterioridad fue propuesto para ocupar el arzobispado de Besanzón, pero rehusó esta dignidad y se retiró al monasterio de Cluny, donde sucedió a San Aimardo en calidad de abad. Llamado a París para el arreglo de algunos asuntos en el monasterio de San Dionisio, cayó enfermo en el camino y murió en Souvigny, en el año 994. Su admirable virtud le granjeó el amor de Dios y el de los hombres.

    MEDITACIÓN
    SE HA DE CONTENTAR A DIOS,
    A LA CONCIENCIA Y A LOS HOMBRES

    I. Dios quiere salvarte, pero no lo hará sin tu cooperación. No persigas, pues, otro objetivo que el de agradarle y cumplir su santa voluntad. Nada ha gas contrario a sus mandamientos, ni a los de su Iglesia. ¿De qué te serviría haber pasado como honesto en este mundo, haberte conquistado el favor y la estima de todos los hombres, si eres objeto del desprecio y del aborrecimiento de Dios?

    II. Condúcete según las luces que Dios te da, nunca obres en contra de lo que tu conciencia y tu razón te dicten; es el primer director a quien debes obedecer. Escucha también las inspiraciones particulares del Espíritu Santo; no las resistas nunca si quieres conservar la paz en tu interior. Si Dios y tu conciencia dan testimonio de tu inocencia, deja a los insensatos que digan lo que quieran. (San Gregorio).

    III. No tengas una virtud excesivamente rígida, sobre todo si tu condición te obliga a vivir en el mundo. La afabilidad, la dulzura, la bondad, no son in compatibles con la virtud aun más perfecta; se puede ser un santo y un hombre amable a la vez. Ten cuida do; lo que tú llamas austeridad no es a menudo sino secreta vanidad y dureza de corazón, contrarios al espíritu de mansedumbre que Jesucristo nos recomienda.

    La pureza de intención
    Orad por por el
    acrecentamiento de la caridad.

    ORACIÓN

    Haced, Señor, os lo suplicamos, que la intercesión de San Majelo, abad, nos haga agradables a vuestra Majestad, a fin de que obtengamos, por sus oraciones, lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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    Los santos que reinan con Cristo

    11 de Mayo

    SAN ANTONINO o ANTOLÍN,(*) Obispo y Confesor

    10 de Mayo

    No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, donde la herrumbre y la polilla los consumen, y donde los ladrones los desentierran y roban. (San Mateo, 6, 19).

    Antonino, que entró en la orden de Santo Domingo a la edad de doce años, fue un modelo de humildad, de recogimiento y de mortificación. Jamás comió carne, y, enfermo o sano, dormía sobre una tabla. Fue menester que el Papa Eugenio IV lo amenazase con excomunión para hacerle aceptar el arzobispado de Florencia y se supo ganar el cariño de sus gentes por su bondad y caridad, pues daba a los pobres todo lo que caía en sus manos. Pero también sabía exigir, y combatió los juegos de azar, la usura y la brujería que se practicaba en esta ciudad. No quiso mas riquezas que la virtud; todo lo que poseía dábalo a los pobres, llegando al ex tremo de vender, para socorrerlos, parte de los muebles y de la ropa. Fundó el famoso convento de San Marcos en Florencia y encargó a Fray Angélico, su compañero de noviciado y afamado pintor, la pintura de todos los ahora célebres cuadros en este convento. A pesar de su mala salud, fue nombrado Arzobispo de Florencia Murió en mayo de 1459, a los 70 años de edad.

    MEDITACIÓN SOBRE
    LOS BIENES DEL MUNDO

    I. Los bienes de la tierra, las riquezas, los placeres, los honores, no merecen tus afanes, pues no podrían hacerte mejor de lo que eres; por lo contrario, son los instrumentos de todos los crímenes. Más humilde serías, más sobrio y más casto, si fueses menos rico. La aflicción, la enfermedad y las humillaciones te hacen practicar muchas virtudes en las que ni siquiera pensarías faltándote aquéllas.

    II. Por otra parte, esos bienes no te pueden hacer dichoso, porque están inficionados del temor de perder1os, y porque son imperfectos y no pueden, en con secuencia, satisfacer plenamente tus deseos. Estuviste acaso alguna vez contento, verdaderamente, aun en el momento de mayor prosperidad? ¿Tus placeres más dulces no tuvieron amargura, tus más hermosas rosas sus espinas? Salomón poseyó inmensas riquezas, gustó todos los placeres, y exclama:Vanidad de vanidades, y todo vanidad. (Eclesiastés).

    III. Busca, pues, los tesoros del paraíso: son perfectos, no tienen mezcla de amargura alguna, no hay temor de perderlos y satisfacen plenamente nuestros deseos en toda su amplitud. Los Ángeles se ríen de nosotros cuando nos ven afanarnos tanto por edificar casas de barro que deberemos abandonar al día siguiente. Se sobrecogen de tristeza cuando ven que nos entregamos a placeres que nos rebajan al nivel de los animales. ¡Oh cristiano, espera y busca bienes más grandes! Coheredero de Jesucristo, ¿cómo regocijarte asociándote a los placeres del irracional? Eleva tus esperanzas hacia el soberano bien. (San Agustín).

    El desprecio del mundo
    Orad por las congregaciones religiosas.

    ORACIÓN

    Señor, haced que seamos ayudados por los méritos de San Antonino, vuestro confesor pontífice, a fin de que os encontremos misericordioso con nosotros, así como os reconocemos admirable en vuestro proceder con él. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:

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    Los santos que reinan con Cristo

    10 de Mayo

    SAN GREGORIO NACIANCENO,(*)Obispo, Confesor y Doctor

    9 de Mayo 

    Ceñid vuestras cinturas y tened en vuestras manos las lámparas encendidas. (San Lucas, 12, 35).

    San Gregorio Nacianceno, yendo a Atenas a estudiar filosofía, fue sorprendido en el mar por una tempestad tan violenta que prometió a Dios abandonar el mundo si escapaba del naufragio. Su voto fue escuchado y Gregorio, en compañía de San Basilio, compañero suyo de estudios en Atenas, retiróse a la soledad. Dormía en el desnudo suelo, llevaba cilicio, mortificaba su cuerpo con continuos ayunos y vigilias. Fue arrancado de su retiro, nombrándoselo patriarca de Constantinopla. Murió alrededor del año 390, a edad muy avanzada.  

    MEDITACIÓN SOBRE
    EL BUEN EJEMPLO

         I. Da buen ejemplo a los demás, lleva en tu mano la lámpara encendida, alumbra a tu prójimo y, con tus buenas acciones, abrasa su corazón con el amor de Dios. Es ésta una obligación que te impone la caridad; si faltas a ella, si te haces para el prójimo ocasión de escándalo, serás doblemente castigado. ¿Cómo te atreves a escandalizar a tu hermano, por quien dio su vida Jesucristo? San Francisco de Asís predicaba con su modestia; los apóstoles conquistaron más almas para Jesucristo con su paciencia que con sus predicaciones, y eso que sus palabras ardían en el fuego del Espíritu Santo.

      II. Cuando veas las faltas de tu prójimo, vuélvete sobre ti mismo y examina si no incurres en iguales pecados. Si nada te reprocha tu conciencia, agradece a Dios, y considera la fealdad de aquellos peca dos para que les tengas aversión; reconocerás mejor su enormidad en otro que no en ti mismo. Huye de las ocasiones en que aquel desventurado naufragó, porque quien ama el peligro en él perecerá. Dichoso aquel que no se detuvo en el camino de los pecado res. (Salmo).

      

       III. Mira el ejemplo que te dan tantas almas santas. ¡Cuántas veces ves todos los días a personas que viven en la austeridad y en la humildad, que trabajan celosamente por la salvación de las almas! ¡Cuántos y cuántas jóvenes que tienden al cielo con esfuerzo continuo! Exclama con San Agustín: ¡Yérguense los ignorantes y se ganan el cielo, y nosotros, con toda nuestra ciencia, yacemos en la carne y en la sangre!  

    Huir de las malas compañías
    Orad por la conversión de los pecadores.  

    ORACIÓN  

       Oh Dios, que disteis al bienaventurado Gregorio a vuestro pueblo para que lo instruyera acerca de los caminos de la salvación eterna, haced, os lo suplicamos, que después de haberlo contado en la tierra como doctor y guía, merezcamos tenerlo como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.  

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)  

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

    Los santos que reinan con Cristo

    9 de Mayo

  • San Gregorio Nacianceno, Obispo, Confesor y Doctor
  • San Pacomio, Abad
  • San Beato, Ermitaño
  • San Gregorio Ostiense, Obispo
  • Beato Nicolás Albergati de Bolonia, Obispo
  • San Geroncio de Servia
  • APARICIÓN DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL(*)

    de Mayo

    Mirad que no despreciéis a ninguno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos están siempre viendo la cara de mi Padre celestial. (San Mateo, 18, 10).

    San Miguel es honrado como protector especial de la Iglesia contra los ataques del demonio. La fiesta de hoy fue instituida en memoria de una aparición del santo Arcángel en el monte Gárgano, en el reino de Nápoles. Indicó el Arcángel, al obispo de Siponto, la existencia en ese lugar de una gruta en forma de iglesia, diciéndole que ese lugar debía ser consagrado al culto de Dios y de sus Ángeles. Rodeado de numerosa concurrencia el obispo celebró misa en la gruta, que llegó a ser un centro de peregrinación, ilustre por gran número de milagros.

    MEDITACIÓN SOBRE
    LA IMITACIÓN DE LOS ÁNGELES

    I. Los ángeles siempre están prestos a ejecutar las órdenes de Dios. Tengan éxito o no en lo que hacen, siempre están contentos, porque en todo se con forman con la voluntad de Dios. ¿No serías feliz si en todo tuvieras en vista esta santa voluntad? No te inquietarías por el resultado de tus empresas, pues no depende de ti hacer que las corone el éxito, sino de Dios que todo ordena según su agrado.

    II. Mantiénense los ángeles en una pureza admirable en medio de la corrupción del mundo. Esta pureza que tienen por naturaleza, tú podrías poseerla por virtud si, por ejemplo, piensas continuamente en la presencia de Dios, y si evitas las ocasiones peligrosas toda vez que no te obligue a exponerte a ellas la gloria de Dios y la salvación del prójimo. Pídele a tu Ángel custodio que te enseñe estos dos modos de conservar la pureza.

    III. Los ángeles se ocupan tanto de los pecado res como de los justos, de los pobres como de los ricos. Vosotros apóstoles, vosotros cristianos, todos debéis amar igualmente a todos los hombres; debéis velar por la salvación de vuestro prójimo, sea quien fuere. No aborrezcas al pecador, es una creatura he cha a imagen de Dios; trabaja en su conversión sin desanimarte jamás; en una palabra, compórtate con tu prójimo como tu bondadoso Ángel lo hace contigo. Dios se hizo hombre a fin de que el hombre llegara a ser como un ángel. (San Agustín).

    La devoción a los santos Ángeles
    Orad por la paz
    entre los cristianos.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que regís con orden admirable los ministerios de los Ángeles y de los hombres, haced, en vuestra bondad, que durante esta vida seamos protegidos por aquellos que en el cielo os ofrecen sin cesar el homenaje de sus servicios. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    8 de  Mayo

    SAN ESTANISLAO,(*) Obispo y mártir

    de Mayo

    Va a venir tiempo en que quien os matare se persuada hacer un obsequio a Dios. (San Juan, 16, 2).

    San Estanislao, obispo de Cracovia, reprendió valientemente al rey Boleslao por su mala vida. Este príncipe, para vengarse, sobornó a dos falsos testigos y los hizo declarar que el santo poseía un terreno que no le pertenecía. San Estanislao resucitó a quien se lo había vendido, y con este testimonio irrecusable confundió a sus acusadores. Este milagro no convirtió a Boleslao; irritado éste porque el santo lo había excomulgado, le dio muerte con sus propias manos en momentos en que celebraba el Santo Sacrificio de la misa. Sucedió en 1079.

    MEDITACIÓN SOBRE LOS PELIGROS
    QUE SE HALLAN EN EL MUNDO

    I. Ese hombre a quien San Estanislao resucitara, prefirió morir nuevamente volviendo al purgatorio antes que vivir entre tantas ocasiones de condenarse. Y, en verdad, tenía razón, pues hay peligro de condenarse en todas las edades y en todas las condiciones. ¿Cuál es tu edad, cuál es tu condición? ¿En qué estado de vida te alistaste? Ten cuidado con los peligros que te amenazan. Si aún estás libre de todo compromiso, elige el género de vida más seguro y más libre de las ocasiones de ofender a Dios.

    II. No hay sitio en este mundo donde no se pueda ofender a Dios. Adán pecó en el paraíso terrenal, y los ángeles pecaron en el cielo. Se ofende a Dios en los poblados, en la soledad, en las cabañas de los pastores, en los palacios de los magnates, en las iglesias y en las casas consagradas a Dios. En todas partes encuéntrase al demonio, en todas partes se llevan sus cadenas. Y nos holgamos en este camino en el que estamos siempre expuestos a caer en el precipicio; en este mar, en el que somos incesantemente azotados por la tempestad, sin saber a qué puerto arribaremos, ni en qué escollo naufragaremos.

    III. Para estar seguro entre tantos peligros, apártate de la multitud, gusta de la soledad: es el ambiente de la virtud. Si no puedes llegar a tanto, frecuenta a los hombres lo menos posible, y acuérdate que Dios está en todas partes. Si quieres cometer pe cados busca un lugar en donde no te pueda ver Dios, y haz entonces lo que quieras. (San Agustín).

    La huida del pecado
    Orad por por las
    almas del purgatorio.

    ORACIÓN

    Oh Dios, en cuyo honor sucumbió el glorioso obispo Estanislao bajo la espada de un impío, haced, , os lo suplicamos, que todos los que imploren su socorro consigan el saludable efecto de su pedido. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

    Tomado de : http://misa_tridentina.t35.com/


    Los santos que reinan con Cristo

    7 de Mayo

    SAN JUAN FRENTE A LA PUERTA LATINA

    de Mayo

    Mi cáliz sí que lo beberéis; pero el asiento a mi diestra o siniestra no me toca concederlo a vosotros, sino que será para aquellos a quienes ha destinado mi Padre. (San Mateo, 20,23).

    Estas palabras de Jesucristo anunciando al discípulo muy amado que bebería, también él, el cáliz de dolor, cumpliéronse cuando Domiciano lo hizo venir de Éfeso a Roma para martirizarlo. Fue lleva do fuera de la ciudad, frente a la puerta llamada Latina, y se lo sumergió en una caldera llena de aceite hirviendo; pero salió el santo de ella como de un baño refrescante, más fuerte y vigoroso de lo que entrara. Domiciano desterró al santo Apóstol a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis.

    MEDITACIÓN SOBRE LA LEGÍTIMA
    Y SANTA AMBICIÓN

    I. No busques los honores y las dignidades de este mundo, son pesadas cargas que abrumarán tu flaqueza. Huye de esos honores; no viniste a este mundo para mandar a los hombres, sino para obedecer a Dios. La cuenta que deberás rendir por ti mismo es ya bastante pesada, no te recargues sin necesidad con el alma de tu prójimo. Con todo, si Dios te llama a esas dignidades, obedece; Él te dará las gracias necesarias para llevar la carga que te haya puesto sobre los hombros.

    II. Tu ambición debe limitarse a desear los primeros lugares en el cielo e imitar, en la medida de tus fuerzas, a los santos más grandes del paraíso. No digas con algunos cristianos cobardes: «Bastante es para mí si Dios quiere colocarme en el pórtico del paraíso»; aspira a la más alta perfección que puedas. No podrás amar a Dios y al prójimo con exceso; nunca se harán demasiados esfuerzos para llegar al cielo. Alma cristiana, eleva tus pensamientos, la tierra no es digna de ti. El mundo no está hecho para ti, no ames, pues, al mundo; no es digno de ti, vales mucho más. (San Bernardo).

    III. Ardientemente desea sufrir por Jesucristo, beber su cáliz, ser humillado como Él: es un honor que puedes perseguir ardorosamente con toda intrepidez. Si conocieses las recompensas que están preparadas para las humillaciones y los sufrimientos, los buscarías con más ahínco que el que ponen los ambiciosos para conseguir las posiciones más brillan tes. Fue un honor el que hizo Jesús a su discípulo predilecto, haciéndole beber del cáliz en que había bebido Él mismo.

    El amor a los sufrimientos
    por la conversión de los infieles.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que veis cuán turbados estamos por los males que nos rodean por todas partes, haced que seamos protegidos por la gloriosa intercesión de vuestro Apóstol y Evangelista San Juan. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    6 de Mayo

    SAN PÍO V,(*) Papa y Confesor

    de Mayo

    Haga cada cual la oferta conforme lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana, o como por fuerza; porque Dios ama al que da con alegría. (2 Corintios, 9, 7).

    Este santo Papa desplegó un celo constante por la propagación de la religión, una valentía infatigable por el restablecimiento de la disciplina eclesiástica, una vigilancia asidua para la extirpación de la herejía, una caridad inextinguible por el alivio de los pobres y una fuerza invencible en el sostenimiento de los derechos de la Santa Sede Apostólica. Por revelación conoció la victoria obtenida contra los turcos en Lepanto. En esta memorable ocasión fue cuando mandó añadir a las letanías de la Virgen, la invocación: Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

    MEDITACIÓN SOBRE
    LA ALEGRÍA ESPIRITUAL

    I. Servid a Dios con alegría y no con tristeza. Esta alegría contribuye a la gloria de Dios, porque los hombres alaban su bondad cuando a sus servidores los ven alegres, aun en medio de sus austeridades. Los incita a la virtud, haciéndoles ver que no es tan difícil de practicar como se lo imaginan. Resúltanos ventajosa también a nosotros y mucho, porque con ella no se siente el peso de una carga, que se lleva con ganas. Alégrate, pues, en Nuestro Señor, a fin de que todos los que te vean conozcan que lo sirves de corazón y no por fuerza.

    II. Para desterrar la tristeza de tu corazón, des tierra de él el pecado, purifica tu conciencia. Por el pecado entraron todos los males en el mundo y la tristeza en nuestra alma. Aun cuando la pureza de conciencia no produjese otro fruto que esta alegría de corazón que la acompaña, estaría ya suficiente mente recompensada, tal como el solo pensar de una mala conciencia es ya un castigo del crimen. Nada, es más triste que la ventura de los malvados.(San Agustín).

    III. Para conversar y aumentar esta alegría, piensa en Dios y en el paraíso. Dios ve tus trabajos. Él te prepara una corona de gloria. Que esta alegría se refleje en tu rostro y en tus palabras. Sabe que la virtud no tiene enemigo mayor que la tristeza, y que no tenemos armas más poderosas para repeler a nuestros enemigos y para sus golpes, que la alegría que se tiene en Dios. (San Juan Crisóstomo).

    La alegría espiritual
    Orad por los que están tristes.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que para destruir a los enemigos de la Iglesia y restaurar el culto divino, elevasteis al bien aventurado Pío al sumo pontificado, haced que protegidos por su intercesión, de tal modo nos adhiramos a vuestro servicio que, triunfando de las emboscadas de todos nuestros enemigos, gocemos de inalterable paz. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    5 de Mayo

    SANTA MÓNICA,(*) Viuda

    de Mayo

    Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. (San Lucas, 23, 28).

    Santa Mónica, madre de San Agustín, derramó tantas lágrimas y oró a Dios con tanto fervor por la conversión de su hijo, que vio realizarse la palabra de San Ambrosio que le aseguró que un hijo de tantas lágrimas no podía perderse. Siguió a su hijo por todas partes para exhortarlo a que renunciara a sus desórdenes y a la herejía de los maniqueos. Cuando por fin lo vio convertido, exclamó: Ahora moriré contenta, hijo mío, porque ya nada me queda por desear en la tierra. Murió en el año 387.

    MEDITACIÓN ACERCA DE
    DE LA PRIVACIÓN
    DE CONSUELOS ESPIRITUALES

    I. Dios permite, algunas veces, que sus elegidos queden privados de consolaciones al punto de no encontrar descanso ni en la oración. No te asombres de este triste estado: Dios lo ve y lo permite, y a me nudo es su autor. ¿Jesucristo no fue, acaso, sumergido en esta tristeza mortal en el Huerto de los Olivos y en la cruz, cuando dulcemente se quejaba de que su Padre lo hubiera abandonado?  Cuando estés en este estado de desolación, resígnate generosamente a la voluntad de Dios, y resuélvete a sufrir por todo el tiempo que a Él le plazca. Reza con humildad, continúa tus ejercicios de piedad: si los haces con menos gusto y consuelo, los harás con más mérito.

    II. Cuando Dios permite que así seas privado de todo consuelo, Él lo hace, ya para castigar tu tibieza, ya para darte a entender que la devoción sensible, que antes tenías, era un don de su pura bondad; o para hacerte estimar las consolaciones, que menos preciarías si fueran continuas; o, en fin, para darte ocasión a que adquieras mayores méritos. Busca, pues, con santa diligencia, al Esposo de las almas. Se oculta cuando se lo busca, a fin de que, no encontrándolo, se redoble el ardor. (San Gregorio).

    III. Para salir cuanto antes de este lastimoso estado, examina seriamente qué motivo diste a Dios para que te abandonara, e implora su perdón. Humíllate ante su adorable Majestad, reconociendo que eres indigno de sus mercedes; y en vez de desanimarte redobla tu fervor, busca a Dios con mayor empeño, y dile de todo corazón: Señor, que sois la alegría de mi alma, ¿por qué volvéis vuestro rostro? ¿Dónde estáis, bien mío, dónde os encontraré? (San Agustín) .

    La paz
    Orad la buena educación de la juventud.

    ORACIÓN

    Oh Dios, consuelo de los afligidos y salvación de los que en Vos esperan, que bondadosamente recibisteis las lágrimas que Santa Mónica vertió por la con versión de su hijo Agustín, concedednos, por la intercesión de ambos, la gracia de llorar nuestros pecados y gustar las verdaderas alegrías del espíritu. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    4 de Mayo

    Los santos que reinan con Cristo

    3 de Mayo

  • Invención o hallazgo de la Santa Cruz
  • San Alejandro, Papa y Mártir
  • Santos Evencio y Teódulo, mártires
  • San Juvenal, Obispo y Confesor
  • San Felipe de Zell, Ermitaño
  • Santa Maura, Mártir
  • San Timoteo, Mártir
  • SAN ATANASIO,(*) Obispo y Doctor

    2 de Mayo 

    Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros. (San Mateo, 5,11).

     

    San Atanasio, obispo de Alejandría, por tres veces fue depuesto de su sede episcopal por los arrianos; fue calumniado, desterrado y perseguido por cuatro emperadores. Volvió no obstante, a Alejan dría habiendo triunfado sobre los enemigos de la fe y, algún tiempo después, se fue al cielo a recibir la recompensa de 46 años de persecución sufridas por Jesucristo. Murió en el año 373.  

    MEDITACIÓN SOBRE
     LAS PERSECUCIONES  

       I. Dios permite que sus más fieles servidores sean probados por la persecución, sea para castigar los por alguna falta leve o para volverlos más vigilantes, sea para acrecentar su corona o impedir que la prosperidad los pierda. En las pruebas, Dios siempre busca su gloria y el bien de nuestras almas; no te quejes, pues, sino agradécele. Dios te envía males porque has despreciado bienes. Reconoce en sus golpes al que no reconociste en sus regalos. (San Cipriano). 

       II. En todas las acusaciones que se dirijan contra ti, mira si cometiste las faltas que se te reprochan. Si eres culpable, pide perdón a Dios; entristécete, no de haber sido acusado, sino de haber, con tus faltas, dado motivo a la acusación. Agradece a Dios de que se sirva de la mano de tu adversario para punzarte el absceso que tú hubieras ahogado. 

       III. Si eres inocente de la falta que se te imputa, si hasta eres perseguido por una acción buena, agradece a Dios, regocíjate de que te haga sufrir por la justicia. No te afanes en justificarte, tarde o temprano lo hará Dios. A menudo un padre hace castigar a sus hijos por intermedio de malos servidores, sin embargo prepara una prisión para éstos y reserva la herencia para aquellos. (San Agustín).    

    La paciencia
    Orad por los perseguidos
    a causa de su justicia.
     

    ORACIÓN 

       Os suplicamos, Señor, escuchéis las oraciones que os dirigimos en la solemnidad de vuestro confesor pontífice San Atanasio, a fin de que los méritos y la intercesión de quien dignamente os ha servido nos obtengan el perdón de nuestros pecados. Por J. C. N. S. Amén. 

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982) 

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/