SANTA JUANA FRANCISCA FRÉMYOT DE CHANTAL, Viuda

21 de agosto

Bendito sea Dios, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones. (2 Corintios, 1, 3-4).

Santa Juana, durante su matrimonio, se dedicó al ejercicio de todas las virtudes: enseñaba en persona la religión a sus hijos y servidores, los formaba en la piedad, y les daba ejemplo de una caridad sin limites. Jamás rehusaba una limosna pedida en nombre de Jesucristo. Después de la muerte de su marido, hizo voto de castidad, y, para permanecer fiel, inscribió en su pecho con un hierro candente el nombre de Jesús. Resuelta a romper todo lazo con el mundo, se sometió a la dirección espiritual de San Francisco de Sales, y estableció con él la Orden de la Visitación. Afligida, al final de su vida, por espantosas penas interiores, soportó esta prueba con tan ta resignación, que Dios la recompensó con un aumento de consolaciones. Murió el 13 de diciembre de 1641, casi a los setenta años de edad.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS CONSOLACIONES DIVINAS

I. Dios ha consolado a los mártires y a los penitentes en medio de sus suplicios y austeridades. Ha querido con ello hacerles gustar, ya desde esta vida, una partícula de los gozos que les preparaba en el cielo. Si tuviste tú la dicha de gozar de estas consolaciones alguna vez, reconocerás la verdad de estas palabras de San Agustín: Las lágrimas que se derraman en la oración aventajan sobremanera al gozo de los espectáculos profanos.

II. Si nunca experimentaste cuán dulce es el Señor para con aquellos que desprecian los placeres del mundo, haz la prueba. Pero recuerda siempre que, para gustar el placer que hay en pertenecer a Dios, es preciso renunciar a las vanas satisfacciones del mundo. No te puedes regocijar con el mundo y con Dios, hay que renunciar a uno o a otro.

III. Si después de haberte dado a Dios entera mente, no experimentas consuelos sensibles, que Él da o retira a su voluntad, no te aflijas. Dios te ha concedido esas dulcedumbres para atraerte a su ser vicio: Él te las retira porque te has hecho indigno de ellas por tu vanidad o por tu negligencia en sacar provecho de sus gracias. Por tu bien Jesús te con suela, también por tu bien te retira sus consuelos. Viene a ti y se retira; viene para tu consuelo, se retira por tu interés, no sea que la grandeza de las consola ciones te enorgullezca. (San Bernardo).

La resignación
Orad por las almas afligidas.

ORACIÓN

Oh Dios omnipotente y misericordioso, que, después de haber abrasado con vuestro amor a la bienaventurada Juana Francisca, la habéis dotado de admirable fortaleza para recorrer la vida por el sendero de la perfección, y habéis querido, por su intermedio, enriquecer a la Iglesia con una nueva familia, haced, por sus méritos e intercesión, que, convencidos de nuestra debilidad y confiados en vuestro poder, lleguemos, con vuestra gracia a vencer todos los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

21 de Agosto

SAN BERNARDO, Abad y Doctor

20 de agosto

Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana, y mi madre. (San Mateo, 12, 50).

San Bernardo, nacido en 1090 de noble familia en Fontaines-les-Dijon, entró en la abadía de Císter, acompañado de sus hermanos, y otros veintiséis nobles. Más grande aun por sus virtudes que por su genio, rehusó los arzobispados de Reims, de Génova y de Milán, declarándose indigno de tal honor. Llegó a ser el árbitro de los obispos, de los reyes y de los papas. Predicó una cruzada con prodigioso éxito y fundó una multitud de monasterios. Al mismo tiempo fue un gran taumaturgo y el azote de las herejías. Escribió numerosas obras en las que brilla una doc trina totalmente celestial, que parece fruto de inspiración divina más que resultado del trabajo. Murió en 1153, y fue proclamado, por Pío VIII, Doctor de la Iglesia universal.

MEDITACIÓN
SOBRE SAN BERNARDO

I. San Bernardo puede ser llamado: hijo de María. Fue objeto de parte de esta bondadosa Madre de un afecto muy particular, y, en agradecimiento, trabajó todo lo que pudo para propagar su culto. No tenia dicha mayor que la de hablar de la Santísima Virgen. Tú también debes ser hijo de María como San Bernardo. ¡Oh Virgen Santísima, tienes para conmigo la ternura y solicitud de una madre, y en mí no encuentras sino un hijo desnaturalizado! ¿Dónde está el desasimiento, dónde la humildad, dónde las virtudes que deben hacerme semejante a Ti?

II. San Bernardo es también el hermano de Jesucristo; como Él, ha predicado el desprecio del mundo, y lo hizo con tanto vigor, que al oírlo, la juventud dejaba los placeres del siglo para retirarse a los monasterios. Tenia siempre presente la Pasión de Jesucristo, y para imitarlo entregábase a la más rigurosa penitencia. ¿Eres tú el hermano de Jesucristo? ¿Te pareces a Él? ¿Haces tú, como Él, la voluntad de Dios, tu Padre?

III. Medita estas cuatro palabras que San Bernardo tenia siempre en los labios: 1) ¡Es terrible ver anonadarse a un Dios, y a un gusano glorificarse! 2) Cuanto más busque el alma consuelo en las creaturas, tanto menos lo encuentra en Dios. 3) Bernardo, ¿para qué te hiciste religioso? ¿No es, acaso, para hacerte santo? 4) A cada instante debemos pensar en la muerte a la que cada instante nos acerca.

La devoción a la Santísima Virgen 
Orad por las órdenes religiosas.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis enseñado a vuestro pueblo los caminos de la salvación eterna por ministerio del bienaventurado Bernardo, dignaos hacer que, después de haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

20 de Agosto

SAN LUIS, Obispo y Confesor

19 de agosto

Que vuestra modestia sea conocida de todos los hombres, pues el día del Señor está cerca. (Filipenses, 4, 5)

San Luis, hijo de Carlos II, rey de Nápoles, y sobrino nieto de San Luis, rey de Francia, fue dado como rehén a Pedro, rey de Aragón. Vuelto a la libertad, rechazó un magnífico casamiento y la corona de Nápoles, para permanecer fiel al voto que durante su cautividad había emitido de entrar en la Orden de San Francisco. «Jesucristo -dijo el santo- es mi reino: poseyéndolo, poseo todo; si lo perdiese, pierdo todo». Elevado, no obstante su resistencia, a la sede episcopal de Tolosa, edificó a su pueblo con una caridad sin límites y una admirable modestia. Siempre iba acompañado por un religioso encargado de de cirle sus faltas. Murió prematuramente, en el año 1297, contando apenas 23 años de edad.

MEDITACIÓN

SOBRE LA MODESTIA

I. La modestia es una virtud que regula el exterior del hombre; debes practicarla, porque no conviene a un cristiano, que debe ser la imagen y copia de Jesucristo, ser descompuesto en sus palabras o en sus actos. Dios está en todas partes; tu buen Ángel te ve; los hombres son testigos de tus inmodestias y se escandalizan de ellas. Todos estos motivos deberían persuadirte a amar esta hermosa virtud, que tanta gloria procura a Dios y tanto bien hace al prójimo. ¡Qué hermoso es dar buenos ejemplos! (San Ambrosio).

II. Para practicar la modestia, es necesario que consideres tu edad, tu condición, tu género de vida, el tiempo, el lugar y las ocasiones en que te encontrares. Tus miradas deben ser modestas, tanto como tus palabras, tus acciones y todo tu exterior; en una palabra, debes comportarte de tal modo que se pueda decir de ti: «Así es como andaba Jesucristo, así es como obraba y conversaba con los hombres». Quien profesa creer en Jesucristo, debe regular su conducta según la de su Maestro. (San Jerónimo).

III. La modestia exterior depende de la interior; el rostro no es sino el reflejo de los sentimientos del alma. Si tus pasiones están bien mortificadas, si tu corazón está continuamente ocupado con el pensamiento de Dios, no tendrás mucho trabajo en ser modesto. Tu alma, encontrando su contento en el interior de sí misma, no lo buscará en el exterior. Los sentimientos se manifiestan en nuestro continente, y el rostro es el espejo del alma y la expresión de las costumbres. (San Isidoro).

La huida del pecado
Orad por los cautivos.

ORACIÓN

Haced, oh Dios omnipotente, que esta venerable solemnidad del bienaventurado Luis, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

19 de Agosto

  • San Luis de Anjou, Obispo y Confesor
  • San Juan Eudes, Fundador
  • San Andrés el Tribuno, Mártir
  • Santos Timoteo, Agapito y Tecla, Mártires
  • San Sixto III, Papa
  • Beata Emilia Bicchieri, Virgen
  • Beato Pedro de Zuñiga, y Compañeros, Mártires
  • Beato Luis Flores y Compañeros, Mártires
  • SAN AGAPITO, Mártir

    18 de agosto

    Dios no nos ha dado un espíritu de temor,
    sino de fortaleza y amor y sobriedad.
    (2 Timoteo, 1,7).

    San Agapito, mártir en Prenesta, en la Campaña romana, fue encarcelado a la edad de quince años, azotado con nervios de buey y arrojado después en una espantosa mazmorra, donde quedó abandonado cuatro días sin alimento. Sacándolo de allí, le pusieron brasas encendidas sobre la cabeza, y como no cesaba de dar gracias a Dios, lo suspendieron de los pies encima de un brasero; en seguida arrojaron agua hirviendo y le quebraron las mandíbulas. Por fin, fue arrojado a los leones, y como éstos lo respetasen, se dio término a sus tormentos decapitándolo, hacia el año 274.

    MEDITACIÓN
    SOBRE TRES CUALIDADES
    QUE DEBEN POSEER LOS CRISTIANOS

    I. Todos los cristianos, pero especialmente los que están constituidos en dignidad, deben poseer tres cualidades. La primera, es el coraje, a fin de sostener los intereses de Jesucristo, y oponerse a la violencia de los que quieren oprimir a los inocentes. Es menester que se expongan a la muerte, si es necesario, por la gloria de Dios y el bien del prójimo. Mucho valor tienes tú cuando se trata de defender tu honra: ¿por qué será que tengas tan poco cuando se trata de la honra de Dios?

    II. El espíritu del cristianismo es un espíritu de caridad. Dios no quiere que lo sirvamos con temor servil, sino con amor filial. Es nuestro Rey, sí, pero, también, nuestro Padre; tiene para con nosotros entrañas de misericordia, quiere también que recurramos a Él con entera confianza. ¿Qué hacemos para probarle a Dios que lo amamos? ¿Acaso pensamos solamente en Dios? ¿Acaso hablamos sólo de Él o por Él? ¿Acaso trabajamos sólo para su gloria? Amemos a Dios y nada temamos; pero todo temamos si no le amamos. ¡Que el alma que ama viva sin temor; pero que ella tiemble, si vive sin amor! (San Agustín).

    III. La prudencia debe regular todas nuestras acciones; debe hacernos adoptar los medios que pueden conducirnos a la perfección, alejarnos de los extremos perniciosos y hacemos encontrar aquel justo medio en el que se halla la virtud. ¡Plegue a Dios que tengas esta sabiduría del Cielo! ¡Ojalá puedas gustar las cosas de Dios, comprender la vanidad del mundo y prever los suplicios del infierno! (San Ber nardo).

    El amor a la sabiduría
    Orad por los sacerdotes.

    ORACIÓN

    Que vuestra Iglesia, oh Dios mío, se regocije con el apoyo que encuentra en los sufragios del bienaventurado Agapito, vuestro mártir, y que, sostenida por su gloriosa intercesión, persevere en la piedad y se afiance en la paz. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    18 de Agosto

    SAN MAMMES, Mártir

    17 de agosto

    Toda carne es heno; y toda su gloria como la flor del heno: secóse el heno y se cayó su flor: pero la palabra del Señor dura eternamente. (1 San Pedro, 1,24-25).

    San Mammes, hijo de un pastor de Cesarea en Capadocia, unió la piedad a la pobreza, y coronó con el martirio una vida llena de sufrimientos y privaciones. Sus virtudes fueron celebradas por dos grandes doctores de la Iglesia: San Basilio y San Gregorio Nacianceno. Cuenta este último, como oído de un testigo ocular, que, en su juventud, Juliano el Apóstata y su hermano Galo intentaron edificar, cada uno una mitad, una iglesia sobre la tumba del santo; pero después de inútiles esfuerzos para asentar los cimientos de la parte que tocara a Juliano, fue menester renunciar a la empresa.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA VANIDAD
    DE LOS HONORES

    I. La gloria que el mundo promete no merece la pena que trabajemos por adquirirla, pues no puede llenar nuestra alma. Cuanta más tenemos, más se dientos de ella nos encontramos. El ambicioso jamás dice: basta. Sus deseos le causan más penas que pla cer le producen sus honores. ¿Qué gloria esperamos nosotros de este mundo pérfido? Promete los hono res de la tierra para arrebatar los del cielo, muestra falsos bienes para apoderarse de los verdaderos. (San Cipriano).

    II. Esta reputación que tanto estimas, no de pende de ti: es un efecto del capricho de los hombres, que, a menudo, estiman lo que debieran vituperar, y vituperan lo que habría que estimar. Además, basta un vuelco de fortuna, un momento de desgracia, para empañar el brillo de la reputación más alta. Despre ciemos, pues, la opinión de los hombres, tan injusta a veces, y siempre tan inconstante. Si amamos la gloria, que sea allí donde nunca es recompensa del vicio. (San Pedro Crisólogo).

    III. Toda gloria humana fenece con la vida. Preciso será dejar en la puerta de la tumba tiaras, coronas y púrpura. Tal vez se te alabe en este mun do en el que ya no estarás, pero ¿para qué te servirán esas alabanzas, si eres despreciado y atormentado allí donde estés? Cuando sufres alguna cruel enfer medad, ¿acaso las alabanzas que se te tributan allí donde no estás, alivian tus dolores? En adelante, toda mi gloria será humillarme con Jesucristo, como Jesucristo y para Jesucristo.

    Desprecio de los honores 
    Orad por los pobres vergonzantes.

    ORACIÓN

    Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado mártir Mammes, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos forti fique en el amor de vuestro santo Nombre.  Por J. C. N. S. Amén.

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    SAN JACINTO de CRACOVIA Confesor

    17 de agosto

    Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza y amor y sobriedad. (2 Timoteo, 1,7).

    San Jacinto renunció a todas las ventajas que procura un noble nacimiento, la fortuna y el talento, para entrar en la orden que Santo Domingo acababa de fundar. Sus predicaciones, acreditadas por el don de milagros, produjeron en Polonia efectos maravillosos: hubiérase creído estar en los hermosos días del cristianismo naciente. Después de haber fundado varios monasterios en ese reino, recorrió Prusia, Dinamarca, Suecia y Noruega, que todavía en parte eran paganas: de allí pasó a Ucrania y a Rutenia y penetró hasta el Mar Negro, obrando a su paso numerosas conversiones y fundando monasterios para perpetuar su obra. De vuelta a Cracovia, cayó enfermo, y expiró el día de la Asunción en 1257.

    MEDITACIÓN
    SOBRE EL BUEN
    EMPLEO DEL TIEMPO

    I. El tiempo pasado no existe ya sino en tu re- cuerdo. ¿Dónde están los dorados años de tu juventud? ¿Qué te queda de ellos, sino el triste recuerdo de los placeres criminales que gustaste, o bien el gozo de las acciones virtuosas que practicaste? ¡Ah! mi vida ha corrido como un torrente, ha pasado como un sueño; de mí dependió acumular tesoros para el cielo, ¡Y no lo hice! ¿Dónde están ahora esos seguidores del mundo a quienes vi en las riquezas y en los placeres? Pasaron ya, y ahora, acaso, estén en el infierno.

    II. El tiempo presente está en nuestras manos; utilicémoslo más santamente que en el pasado. Este tiempo es solamente un momento, y en este momento debemos merecer una eternidad de dicha o de desgracia. Dios no me pide más que este momento: ¿se lo negaré? Aun cuando fuese necesario sufrir una eternidad para gozar de Dios, ¿qué motivo tendríamos para quejarnos?

    III. El tiempo por venir es incierto; ignoras cuánto te queda en el reloj que debe medir tu vida. No puedes asegurarte ni un solo momento más de vida. ¡Desventurado! No te queda sino una resolución para adoptar: emplear bien el tiempo que tienes; pasa esta hora como si hubiese de ser la última de tu vida; penétrate de este pensamiento todas las mañanas, y no te costará concebir un gran dolor por tus pecados y emplear bien tu tiempo.

    El buen empleo del tiempo
    Orad por por los misioneros.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Jacinto, vuestro confesor, concedednos, por vuestra bondad, imitar los ejemplos de aquél cuyo nacimiento al cielo celebramos. Por J. CN. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    17 de Agosto

    SAN ROQUE, Confesor Laico

    16 de agosto

    Se armará nación contra nación, y un reino contra otro reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en varios lugares. (San Mateo, 24, 7).

    San Roque, después de la muerte de sus padres, que eran los señores de Montpellier, vendió sus bienes y distribuyó su precio entre los pobres. Habiéndose declarado una peste en Italia, fue a este país para consagrarse a las víctimas del terrible flagelo. A un gran número curó con la señal de la cruz. Dios recompensó su abnegación curándolo a él mismo, por intermedio de un ángel, de una herida que había recibido. Cuando cayó enfermo en un bosque, todos los días recibió un pan que le traía un perro de un gentilhombre. De vuelta a Montpellier, fue tomado por espía y encarcelado. Permaneció así cinco años y murió en la cárcel a mediados del siglo XIV.

    MEDITACIÓN
    SOBRE TRES AZOTES DE DIOS

    I. La peste, la guerra y el hambre son los tres: flagelos de que Dios acostumbra servirse para castigar a los hombres y recordarles sus deberes. Si Dios te envía estos azotes o alguna otra aflicción, di lo que decía San Lupa al rey Atila, azote de Dios: «Sed bienvenido, os deseábamos». Nos dejamos corromper por la prosperidad, y Dios, para corregirnos, nos en vía adversidades.

    II. Dios golpea al que ama: a menudo lo visita mediante las enfermedades, las humillaciones y los reveses de fortuna, a fin de desasirlo de las creaturas. Lo prueba con el fuego de la tribulación, como al oro en el crisol. Él conmuta los rigurosos suplicios del purgatorio con aflicciones. Después de esto, oh Dios mío, ¿me quejaré yo de los sufrimientos que Vos me enviáis?

    III. Los malvados, por el contrario, gozan de toda clase de prosperidades. Las riquezas, los place res y los honores por todas partes los rodean. No os asombréis de esto, tienen su paraíso en este mundo. Dios, que es justo y que nada deja sin recompensa, les da bienes en esta vida para recompensarlos por algunas buenas acciones que han realizado. ¡Pobres desgraciados! ¡os alegráis de vuestra prosperidad, y no veis que ella es para vosotros señal de reprobación! Es una señal de la cólera de Dios, que el pecador no sea castigado aquí abajo, si no lo hace en este mundo, es para castigarlo en el otro.(San Bernardo).

    La paciencia
    Orad por los enfermos.

    ORACIÓN

    Señor, os lo suplicamos, rodead sin cesar a vuestro pueblo con vuestra misericordiosa protección, y, en vista de los méritos del bienaventurado Roque, preservadlo de todo contagio, tanto de cuerpo como de alma. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    16 de Agosto

    Los santos que reinan con Cristo

    15 de Agosto

    SAN EUSEBIO, Confesor

    14 de agosto

    Mirad qué amor nos ha testimoniado
    el Padre, concediendo que nos llamemos
    hijos de Dios,
    ¡Y que lo seamos!
    (1 San Juan, 3, 1).

    San Eusebio, presbítero romano, resistió valientemente a los arrianos. Para castigarlo por su fidelidad a Dios, el emperador Constancio lo hizo encerrar en una cárcel tan estrecha que apenas podía moverse en ella. Desde el fondo de su mazmorra, elevó al Cielo su corazón, rogando salir pronto de este destierro. Lo escuchó el Señor y lo llamó después de siete meses de prisión. Sobre su tumba se escribió este epitafio: Aquí yace Eusebio, varón de Dios.

    MEDITACIÓN
    EL CRISTIANO DEBE SER
    UN HOMBRE DE DIOS

    I. Eres de Dios: Él te ha creado, te conserva, te ha redimido y a cada momento te colma de sus mercedes. ¿No es verdad, acaso, que le debes una infinidad de favores particulares? Es tu Dios y tu Padre, y será tu juez; le perteneces por toda clase de títulos. Alma mía, ¿habrás de rehusar siempre someterte a este Dios que tantos derechos tiene a tus homenajes? ¿Cómo agradeces tú los favores que recibiste de su liberalidad? Alma mía, ¿no te someterás a Dios? (El Salmista)

    II. Puesto que eres de Dios, a Dios debes referir tus acciones, tus pensamientos y tus palabras; aquél a quien pertenece el árbol, tiene el derecho de recoger sus frutos. ¡Qué felicidad para ti poder trabajar para un señor que alienta tus trabajos, aplaude tus éxitos y los recompensa tan generosamente! ¿De qué manera trabajan para Dios mi cuerpo, mi alma, mi memoria, mi entendimiento, mi voluntad y mis sentidos?

    III. Si no eres tú un hombre de Dios, ¿a quién perteneces? ¿por quién trabajas? ¡Para el demonio que quiere condenarte, para el mundo que te engaña, para tu cuerpo que no es más que podredumbre, para honores que no son más que vanidad, para riquezas que habrás de abandonar a la muerte! Busca un señor que sea tan bueno, tan poderoso, tan liberal, tan perfecto como Dios; si no lo encuentras, vuelve al Señor tu Dios. Si alguno es piadoso, ése es un hombre de Dios, el impío es el hombre del demonio, no por naturaleza, sino por su propia elección. (San Ignacio).

    El amor de Dios
    Orad por los sacerdotes.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de gozo con la fiesta del bienaventurado Eusebio, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, caminemos por sus huellas para llegar a Vos. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    14 de Agosto

    SAN HIPÓLlTO y CASIANO, Mártires

    13 de agosto

    No queráis amar al mundo, ni las cosas
    mundanas. Si alguno ama al mundo,
    no habita en él la caridad del Padre.
    (1 San Juan, 2, 15).

    El sacerdote romano Hipólito, presbítero de la Iglesia romana y teólogo de renombre, se había constituido como cabeza de una comunidad disidente. Durante la persecución de Maximino, fue deportado a Cerdeña con el Papa Ponciano, donde se reconcilió con la Iglesia. Sometido a trabajos forzados,murió mártir del clima malsano, hacia el año 238.


    San Casiano, maestro de escuela, sufrió el más cruel suplicio. Le ataron las manos atrás del cuerpo y lo entregaron a los niños, a quienes enseñaba, para que lo mataran a estiletazos. Tanto más prolongado y doloroso fue su suplicio cuanto menos fuerza tenían sus verdugos, y más gloriosa fue así su victoria.

    Casiano era un maestro severo y eficiente. Enseñaba a sus niños los rudimentos de la gramática, al mismo tiempo que un arte especial: el de la taquigrafía, ese arte de condensar en breves signos las palabras. Es acusado de cristiano. Y los perseguidores tienen la maligna ocurrencia de ponerle en manos de los mismos niños, sus discípulos, para que muera atormentado por ellos, y que los instrumentos del martirio sean los mismos de que antes se valían para aprender.

    El poeta Aurelio Prudencio, relata así el martirio de San Casiano:

    «Unos le arrojan las frágiles tablillas y las rompen en su cabeza; la madera salta, dejándole herida la frente. Le golpean las sangrientas mejillas con las enceradas tabletas, y la pequeña página se humedece en sangre con el golpe. Otros blanden sus punzones… Por unas partes es taladrado el mártir de Jesucristo, por otras es desgarrado; unos hincan hasta lo recóndito de las entrañas, otros se entretienen en desgarrar la piel. Todos los miembros, incluso las manos, recibieron mil pinchazos, y mil gotas de sangre fluyen al momento de cada miembro. Más cruel era el verduguito que se entretenía en surcar a flor de carne que el que hincaba hasta el fondo de las entrañas».

    MEDITACIÓN
    SOBRE TRES PELIGROS
    QUE SE ENCUENTRAN EN EL MUNDO

    I. Las máximas del mundo son tan contrarias a las de Jesucristo, que no hay que asombrarse de ver en él al vicio honrado y a la virtud despreciada. Dice Jesucristo que hay que despreciar las riquezas, el mundo pretende que hay que valerse de todo para adquirirlas; recomienda el Señor que se perdone a los enemigos, el mundo declara que un hombre que se precie de serlo no debe sufrir una afrenta sin vengarse: como si no fuese honorable obedecer a Jesu cristo e imitale. Considera una por una las máximas del mundo, y verás que son el polo opuesto de las máximas de Jesucristo.

    II. A máximas peligrosas, une el mundo malos ejemplos. En el mundo, cada uno busca los placeres, los honores, la fortuna; pocos piensan seriamente en su salvación. En el mundo, exhíbese el vicio sin em bozo y sin vergüenza, mientras que la virtud se escon de para escapar de las burlas y del odio de los malva dos. Quien no imita a los malvados, los ofende. (San Cipriano).

    III. En fin, en el mundo, no se obedece ni a la razón ni al Evangelio, no se sigue sino la costumbre cobarde; ésta es la que glorifica al vicio y denigra a la virtud. Cuídate de estos tres peligros, y regula tu vida según el Evangelio y no según los usos del mun do, donde los buenos son tan raros y los malos tan numerosos. Excepto algunos cristianos que huyen del mal, ¿qué es el resto de los hombres, sino la sen tina de los vicios? (Sa1viano).

    La devoción
    Orad por los que se
    consagran a la enseñanza.

    ORACIÓN

    Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad de vuestros bienaventurados mártires Hipólito y Casiano aumente en nosotros la devoción y el amor de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

    Los santos que reinan con Cristo

    13 de Agosto

    Santa Clara de Asís

    ¡Santa Clara de Asís, ora pro nobis!

    Estas palabras resumen la vida y espíritu de Clara:

    «Yo, Clara, sierva de Cristo, pequeña planta
    de nuestro Padre Francisco»


    «Seguir a Cristo tras las huellas de San Francisco en

    pobreza, humildad y caridad. Nadie ha realizado jamás

    con mayor plenitud el ideal concebido por un hombre

    como esta mujer» (Joergensen).


    Para leer más acerca de Santa Clara de Asís, clic aquí

    Tomado de:

    http://www.ewtn.com/spanish/index.asp

    SANTA CLARA, Virgen

    12 de agosto

    Mientras tenéis luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz. (San Juan, 12, 36).

    Santa Clara, a ejemplo de San Francisco de Asís, su conciudadano, distribuyó todos sus bienes a los pobres, y formó, bajo la dirección de este gran santo, una sociedad de vírgenes decididas como ella a vivir en el recogimiento y en la penitencia. Habiendo los moros atacado su monasterio, los puso en fuga presentándose ante ellos precedida por el Santísimo Sacramento. Ayunaba a pan y agua todo el Adviento y la Cuaresma; durante mucho tiempo, pasó, sin tomar alimento alguno, los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Siempre llevaba un cilicio, andaba descalza, y acostábase sobre sarmientos tirados en el suelo. Murió en 1253.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA VIDA DE
    SANTA CLARA

    I. Se representa a Santa Clara con el Santísimo Sacramento en la mano, y se puede decir que contempló a Jesucristo, en este adorable misterio, para re producir en su vida las virtudes de que nos da ejemplo. ¿Qué más pobre que Jesucristo oculto en la Eucaristía? Está despojado de todos sus tesoros, y todos los atributos de su divinidad están allí como anonadados. Santa Clara ha imitado esta pobreza; fundó una Orden de religiosas que viven sólo de limosnas. ¿Qué amor tenemos nosotros por la pobreza? Para desposarse con ella, Jesús descendió del cielo a la tierra, y tú, por evitarla te precipitas en el infierno. ¡Cuán dichosos son los cristianos de poder adquirir el reino de los cielos mediante la pobreza! (San Agustín).

    II. Nada hay más puro, más casto que Jesucristo en la Eucaristía: tiene cuerpo, pero este cuerpo está glorificado y está privado de todas las satisfacciones de los sentidos. Santa Clara ha imitado esta mortíficaci6n; tal era su celo por el ayuno y las austeridades, que San Francisco se vio obligado a moderarlo. ¿Qué dices a esto, cristiano afeminado? El solo pensamiento de las mortificaciones que ha practicado esta santa, ¿no basta ya para asustar tu pusilanimidad?

    III. La obediencia de Jesucristo en la Eucaristía es admirable: obedece a la voz del sacerdote, sin tener en cuenta el mérito de la persona que lo manda; está a su disposición tanto de día como de noche. Así es como Santa Clara obedecía a San Francisco; y es así como debes obedecer tú a tus superiores. Mira a Jesús en el Santísimo Sacramento, míralo en la Cruz, y ya no te costará obedecer las órdenes que Él te da por boca de tus superiores.

    La pobreza
    Orad por los religiosos.

    ORACIÓN

    Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Clara, vuestra virgen, regocijando nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    12 de Agosto

    SANTA SUSANA ROMANA, Mártir

    11 de agosto

    ¡Santa Susana, ora pro nobis!

    MEDITACIÓN
    SOBRE TRES MOTIVOS
    PARA AMAR LA CASTIDAD

    I. Dios quiere ser amado; ahora bien, para amarlo perfectamente, no hay estado más ventajoso que el de la castidad. «La que vive con un esposo, dice San Pablo, busca agradar a su esposo; pero una virgen no piensa sino en agradar a Dios». Oh divino Esposo de nuestras almas, ¡cuán dulce el amaros! ¿Quién os iguala en belleza, en bondad y en riquezas? Busca tu esposo semejante a Jesucristo; si encuentras uno, ámalo, adhiérete a él, si no, no te alejes de Jesús.

    II. Testimonio de mucho amor por Jesucristo es sufrir mucho por Él y privarse, para agradarle, de los gozos terrenales; pues bien, eso es lo que hace un cristiano mediante la castidad: es preciso que se mortifique, que renuncie a todos los placeres de los sentidos, que se haga continua violencia. Se vio a muchos exponerse a sufrimientos, a la muerte misma, para agradar a una creatura cuya belleza los había seducido; ¡Y para agradar a Dios nada se quiere hacer! Si tanto se estima una perla falsa, ¡cuánto no habrá de estimarse una perla preciosa! (Tertuliano).

    III. El sacrificio es el mayor honor que podemos tributar a Dios. Ahora bien, el hombre casto sacrifica su cuerpo como hostia viva. El amor divino es el fuego que consume esta inocente víctima; el sacrificador y la víctima son el corazón y el cuerpo del cristiano. Este holocausto dura lo que dura la vida; por esto la castidad es un martirio, aparentemente menos cruel que el que los tiranos hicieron sufrir a los primeros cristianos, pero en realidad más penoso a causa de su larga duración. La castidad conservada implica también su martirio. (San Jerónimo).

    La castidad
    Orad por las vírgenes.

    ORACIÓN

    Haced, Señor, que seamos sostenidos por la asistencia continua de vuestros bienaventurados mártires Tiburcio y Susana, ya que no cesáis de mirar favorablemente a quienes acordáis tales socorros. Por J. C. N. S. Amén.

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    SAN TIBURCIO, Mártir

    11 de agosto

    Digo a las personas no casadas y viudas: bueno les
    es si así permanecen, como también permanezco yo.
    (1 Corintios, 7, 8).

    Tiburcio fue convertido con Cromacio, su padre. Intimado por el juez Fabiano a sacrificar a los ídolos o a caminar con los pies descalzos sobre carbones encendidos, hizo él la señal de la cruz, y, pisando las brasas: «Aprende -dijo al juez- que el Dios de los cristianos es el solo Dios verdadero. Estos carbones inflamados me parecen flores». Fabiano, atribuyendo este prodigio a la magia, lo hizo decapitar.

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    Los santos que reinan con Cristo

    11 de Agosto

    CELEBRACIÓN DE LA TRASLACIÓN DEL CUERPO Y MARTIRIO DE SANTA FILOMENA

    Santa Filomena

    En aquélla época, Canon Francis de Lucia de Mugnano, de una ciudad pequeña cerca de Nápoles, visitó Roma. Tenía el deseo ardiente de procurar las reliquias de algún santo mártir para su capilla privada. El obispo de Potenza, al cual él había acompañado a Roma, apoyó su petición, y Canon Francis de Lucia obtuvo permiso para visitar el Tesoro de las reliquias, una gran sala en donde los restos exhumados de varios santos están preservados. Al detenerse brevemente ante las reliquias de Santa Filomena, se sintió repentinamente lleno de una alegría espiritual indescriptible, e inmediatamente pidió por ellas. Era muy difícil que las reliquias fueran finalmente consignadas a él, puesto que era contrario a la costumbre conceder tales tesoros a un simple sacerdote. Con las negociaciones de un amigo, primero le dieron el cuerpo de otro santo y él lo aceptó con renuencia.

    Mientras tanto, Canon de Lucia se enfermó gravemente. Le rezó a Santa Filomena e inmediatamente obtuvo su curación. Esto renovó sus intentos de conseguir sus reliquias, y poco después, estas dificultades que parecían insuperables, fueron superadas y se las entregaron en posesión, con lo cual él las hizo llevar a Nápoles. Allí las reliquias fueron embutidas en una imagen de la Santa, especialmente hecha para ese propósito. Pronto ocurrieron muchos milagros. La señora Ángela Rose, había sufrido doce años de una enfermedad incurable; pidió la intercesión de la Santa e  inmediatamente se curó. Muchos otros, obtuvieron también curaciones maravillosas.

    TRASLADO DE SUS RELIQUIAS A MUGNANO

    RELICARIO CON LOS HUESOS DE SANTA FILOMENA (Mugnano, Italia)

    El 10 de agosto de 1805, las reliquias de la santa fueron llevadas a Mugnano, una ciudad de la colina cerca de Nápoles y al hogar de Canon de Lucia. Milagros continuos de todo tipo acompañaron este traslado. El día antes de su llegada, con las oraciones de los habitantes, una lluvia abundante restableció los campos y los prados de Mugnano después de una larga sequía.

    El señor Miguel Ulpicella, abogado, que no había podido dejar su habitación durante seis semanas, tuvo las reliquias y luego volvió completamente sano a su hogar. Una señora de posición tenía una úlcera cancerosa y su mano requería de una operación. Le llevaron la reliquia de la Santa, y por la tarde se la puso en la herida. A la mañana siguiente que debía ir a cirugía para ser operada, se encontró con que la herida había desaparecido.

    El relicario de Santa Filomena en Mugnano se convirtió en la escena de los prodigios más maravillosos. Entre éstos estaba la curación de Pauline Jaricot, conocido como el «gran milagro de Mugnano», que el Papa Gregorio XVI declaró milagro de primera clase y luego de una larga y madura deliberación, la Iglesia  aprobó formalmente del culto a Santa Filomena.  En su decreto, el Papa llamó a la Santa «la milagrosa (obradora de maravillas) del siglo XIX». Este título, como millares atestiguan, no son menos en nuestros días, porque sus milagros son tan numerosos y tan brillantes como siempre.

    EL GRAN MILAGRO DE MUGNANO

    Pauline Jaricot era la hija favorita de unos aristocráticos franceses. Era muy bella y tenía una atractiva personalidad. No obstante todos los atractivos placeres y sus halagadores admiradores, el corazón de Pauline se movía más hacia las cosas del espíritu que las cosas del mundo, aunque la lucha entre las cosas de Dios y las del mundo era fiera. La gracia triunfó y Pauline va a ser recordada por siempre como la fundadora de la Sociedad para la Propagación de la Fe y el Rosario Viviente.

    Aunque Pauline había sufrido anteriormente de la enfermedad que fue la causa de su cura, fue en marzo de 1835, que la enfermedad enseñó signos de gravedad. Esta enfermedad afectaba su corazón, en la proporción en que incrementaba, las palpitaciones se volvían tan violentas que se podían oír a cierta distancia. Un pequeño movimiento o cambio de posición era suficiente para que la sangre corriera violentamente a su corazón, que casi se sofocaba. Su respiración parecía parar y su pulso se volvía imperceptible. Drásticos remedios se le tenían que aplicar para restaurarla.

    Durante varios años de tortura, solo tenía pequeños intervalos de alivio. Uno de ellos ocurrió después de hacer una novena a Santa Filomena después de saber de su gran poder con Dios. Tan solo de mencionar el nombre de la santa, ella experimentaba un gozo y un deseo de visitarla en su Santuario. Pero eso parecía un imposible ya que este quedaba a una gran distancia de Francia.

    Actuando bajo una inspiración, y después de saber de su doctor la información de su estado, el cual era tan grave que nada importaba de una forma o otra, ella intentó un viaje al Santuario del Corazón de Jesús en Paray le Monial. Sobrevivió la jornada y se dijo a si misma: «Si no me mató este viaje, iré a Roma a obtener la bendición del Santo Padre», lo cual era la ambición de su vida.

    Ir a Roma significaba viajar a través de los Alpes, a través de caminos abandonados; largo y peligroso viaje, aun para las personas en buen estado de salud. Pero Pauline se puso en camino. El dolor que soportó era intolerable. En Cambery, su valor se acababa y casi se resigna a morir lejos de su casa y del Vicario de Cristo. Estuvo inconsciente por dos días. Los alumnos de la escuela del convento de su pueblo hicieron una novena a Santa Filomena por su recuperación, al final de la misma pudo seguir su viaje.

    Pauline sufrió una recaída en Loreto, Italia. Después de unos días continuó su viaje. Llegó a Roma casi inconsciente. Las Hermanas del Sagrado Corazón la recibieron con gran amabilidad, su estado era tal que le era imposible dejar el Convento. Parecía que después de tanta dificultad no iba a poder ver al Santo Padre.

    Pero la Santa Madre de Dios y Santa Filomena no la abandonaron. Su llegada a Roma fue informada al Santo Padre, el Papa Gregorio XVI, que al saber de su estado decidió ir en persona a ver a esta joven mujer que tanto había hecho por la Santa Iglesia. Esto era un honor y una consolación para Pauline. El Santo Padre fue amable y le agradeció repetidamente su trabajo a favor de la Iglesia Católica, y la bendijo una y otra vez. Le pidió que orara por él cuando llegara al cielo y esta se lo prometió. Entonces ella le preguntó: ¿Santo Padre, si yo vuelvo bien de mi visita a Mugnano, y voy a pie al Vaticano, usted su Santidad se dignaría en proceder sin demoras con la investigación final en la Causa de Santa Filomena?

    Si mi hija, replicó el Papa, porque eso sería un milagro de primera clase. Nadie pensaba que ella volvería, debido al estado tan precario de salud.

    Era en Agosto y el clima estaba extremadamente caliente. Viajaban de noche para evitar el gran calor del día. Llegaron a Mugnano un día antes de la fiesta de Santa Filomena. Inmensas multitudes se habían reunido para celebrar la fiesta.

    La mañana siguiente, Pauline recibió la Santa Comunión, cerca de las reliquias. Sufría unos dolores inmensos en todo su cuerpo y su corazón latía tan violentamente que se desmayó. Las personas pensaron que se había muerto. Los que estaban con ella trataron de sacarla de la iglesia, pero recobró el conocimiento e hizo una señal de que la dejaran cerca de las reliquias. De repente un torrente de lágrimas vinieron a sus ojos, el color volvió a sus mejillas, un brillo saludable sobrevino a sus entumecidos miembros. Su alma estaba llena de un gozo celestial, y pensó que dejaba este mundo para irse al cielo. Pero no era la muerte. Santa Filomena la había sanado. Todavía iba a vivir muchos años para Dios y su Iglesia.

    Pauline cuando estuvo segura de su curación, permaneció en silencio por un tiempo. Pero la Superiora del Convento al ver lo que estaba pasando, ordenó que sonaran las campanas para anunciar el milagro. El pueblo lleno de gozo gritaba «Viva Santa Filomena»

    En acción de gracias, Pauline se quedó unos días más. Cuando se fue, llevaba consigo una reliquia grande de Santa Filomena, cubierta en una estatua de la Santa.

    Pauline no le había informado al Santo Padre de su curación. Todos en el Vaticano al oír la historia, estaban sorprendidos, sobretodo el Papa cuando la vio ante él en perfecta salud. Su Santidad no lo hubiera creído de no haberlo visto con sus propios ojos. A la petición de Pauline, él le concedió el privilegio de construir una Capilla en honor de Santa Filomena.

    Para poder investigar el milagro, el Papa ordenó a Pauline que se quedara un año entero en Roma. Durante ese tiempo Pauline obtuvo del Santo Padre muchos privilegios para el «Rosario Viviente». Al final del año regresó a Francia.

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    SAN LORENZO, Diácono Mártir

    10 de agosto

    El que ama su vida, la perderá, mas el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna. (San Juan, 12, 25).

    San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma, viendo al Papa San Sixto marchar a la muerte, le dijo con tristeza: «Oh padre mío, ¿adónde vas sin tu hijo? -No te abandono, respondióle el pontífice, me seguirás dentro de tres días». En efecto, Lorenzo fue prendido; y como le pidiesen los tesoros de la Iglesia, llevó ante el tirano a los pobres a quienes se los había distribuido, diciendo: «He aquí los tesoros de la Iglesia». Fue colocado sobre una parrilla ardiente, y, poco después, dijo al perseguidor: «Dadme vuelta, estoy bastante cocido de este lado». Lo dieron vuelta, y añadió poco después: «Está bastante cocido; podéis comer». Murió en el año 258, bajo Valeriano dando gracias a Dios por la merced que le concedía de poder sufrir por Él.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA VIDA
    DE SAN LORENZO

    I.  De tal modo abrasaba a San Lorenzo el amor de Dios, dice San Agustín, que su cuerpo no sentía las llamas que lo consumían. Cuando se ama a Dios, no se ama el cuerpo ni los placeres carnales; se desprecia la vida y se desea la muerte. Siendo así, oh Dios mío, ¡cuán débil es mi amor por Vos! ¡Qué mal he aprovechado el tiempo que me concedéis! Es perder la vida no amar a Dios. (San Agustín).

    II. Su paciencia es admirable: no espera los tormentos, sale a su encuentro; sube al instrumento de su suplicio como a un carro de triunfo; urge a sus verdugos a que vuelvan su cuerpo para aumentar sus sufrimientos. Si amas tu cuerpo, si lo acaricias en esta vida, menester será experimentar en la otra o los fuegos del infierno o los del purgatorio. ¿Quién no preferiría arder una hora con San Lorenzo a soportar toda una eternidad el fuego del infierno?(San Agustín).

    III. San Lorenzo eleva su mirada al cielo y agradece a Dios el honor que le hace de aceptar el sacrificio de su vida. En tus aflicciones, imita su ejemplo: dirige tus miradas al cielo para pedir a Dios la gracia de sufrir con valentía; agradécele que ejercite tu paciencia y te juzgue digno de sufrir algo por Él. ¡In grato! ¡no agradeces a Dios sino cuando te concede favores temporales! El mayor presente que Dios puede hacerte es la santidad, y la santidad no se ad quiere sino por los sufrimientos.

    El amor de Dios
    Orad por el Papa.

    ORACIÓN

    Oh Dios omnipotente, que habéis dado a San Lorenzo la gracia de triunfar de las llamas que lo consumían, dignaos extinguir en nosotros el fuego de las pasiones culpables. Por J. C. N. S. Amén.

    * Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

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    Los santos que reinan con Cristo

    10 de Agosto

    SAN JUAN MARÍA VIANNEY, Confesor

    9 de agosto

    El que creyere y se bautizare se salvará; pero el que no creyere se condenará. (San Marcos, 16, 16).

    El que habría de ser cura de Ars nació en 1786; tales dificultades encontró en el estudio que, humanamente, no se hubiera esperado que llegara a la ordenación sacerdotal. En 1818, fue encargado de una humilde parroquia de aldea. Habría de hacerla célebre en todo el mundo por las maravillas que en ella obró su celo, tanto en las almas de sus ovejas cuanto en la de numerosos extranjeros que acudían, de todas partes, a confesarse con él para recibir sus consejos y gozar del espectáculo de sus virtudes. El cura de Ars recibió de Dios la gracia de los milagros y el don de leer en los corazones, pero nunca dejó de vivir en la humildad, en la pobreza y en la penitencia. Murió en 1859.

    MEDITACIÓN
    SOBRE TRES CUALIDADES
    DE LA VIDA DEL CRISTIANO

    l. San Jerónimo nos suministra el tema de esta meditación en la carta que escribió a Rústico. «Nada hay -dice-, más feliz que el cristiano porque se le ha prometido el cielo». Ahí está la fuente de tu grandeza y felicidad. El cristianismo te hace hijo de Dios y te da derecho a la herencia del paraíso. «¡Cuán rico soy -decía San Juan Crisóstomo-, puesto que por la gracia, poseo a Dios, que es la fuente de todos los bienes!» Alma mía, levántate hacia el cielo para el que fuiste creada, y desprecia a la tierra como indigna de ti.

    II. Nada parece más penoso que la vida del cristiano. «No nacemos cristianos -dice Tertuliano-, lo llegamos a ser, y lo llegamos a ser con mucho trabajo». Hay que luchar contra el demonio, contra el mundo, contra sí mismo, no una sola vez, sino to dos los días, hasta el último suspiro. Debo, pues, resolverme a seguiros, amable Jesús mío, a llevar con Vos la cruz y la corona de espinas. Ya no más flores ni delicias, puesto que mi Maestro yace en el dolor renuncio para siempre a los placeres de la tierra.

    III. Nada hay más fuerte que el cristiano por que vence al demonio, y se eleva por encima de todas las cosas del mundo, y tiene la seguridad de que Dios no lo abandonará en las tentaciones. Considera lo que sufrieron los mártires con la ayuda de los auxilios de Dios. ¿Qué harías tú si algún tirano pusiese a prueba tu fe mediante los tormentos? Prepárate para el martirio por medio de una mortificación continua. La vida del cristiano es un aprendizaje del martirio. (Tertuliano).

    La confianza en Dios
    Orad por los párrocos.

    ORACIÓN

    Dios omnipotente y misericordioso, que hicisteis al bienaventurado Juan María admirable por el celo pastoral como por el fervor de la oración y de la penitencia, concedednos que siguiendo su ejemplo y por su intercesión ganemos para Cristo las almas de nuestros hermanos y lleguemos con ellos a la gloria eterna. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    9 de Agosto

    SANTOS CIRIACO, LARGO, ESMERAGDO y sus Compañeros, Mártires

    8 de agosto

    ¡Muy bien, siervo bueno y fiel!,
    porque fuiste fiel en lo poco,
    te constituiré en lo mucho.
    (San Mateo, 25,23).

    San Ciriaco era diácono de la Iglesia romana durante el pontificado de San Marcelo. Recibió la corona del martirio en Roma, en la persecución de Diocleciano, el 16 de marzo del año 304.
    Largo, Esmeragdo y otros veinte cristianos padecieron juntos. Sus cuerpos fueron inhumados, primero, cerca del lugar de su ejecución, sobre la vía Salaria, por el presbítero Juan. Poco después fueron trasladados junto a una granja perteneciente a la piadosa Lucina, en la vía Ostiense, el 8 de agosto.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LO QUE SE DICE

    I. Haz servir todas tus palabras a la gloria de Dios. Nunca hables de ti sin necesidad, ni para bien ni para mal. Hablar mal de sí es con mucha frecuencia falsa humildad: te censuras a fin de que los demás te alaben. Tampoco publiques tus virtudes; deja a Dios el cuidado de manifestarlas: lo hará cuando lo juzgue necesario para su gloria y para tu bien. Que los otros te alaben, pero tú no hagas tu propio elogio. (Proverbios) .

    II . Nunca hables mal de tu prójimo, no vituperes ni condenes a nadie; habla favorablemente de todo el mundo. El malediciente condena las acciones aun más santas; el cristiano caritativo excusa las acciones que parecen malas, y habla bien de aquellos a quienes los otros condenan. ¿Por qué fijarte en lo que hay de vicioso en una persona? ¿Para desacreditarla? ¿Quisieras tú que se te tratase de manera tan baja?

    III. Ten cuidado, sin embargo, de no caer en el defecto opuesto: no seas complaciente con el vicio, no alabes las malas acciones. Si careces de la autoridad suficiente como para reprenderlas sin ambages, condénalas con tu silencio. Evita la adulación y la baja complacencia. Ama la verdad, y jamás te apartes de ella. Para seguir estos consejos, habla poco, pesa todas tus palabras. Piensa que tu lengua es la causa de la mayoría de tus pecados, y que si no la gobiernas sabiamente -como dice el Apóstol Santiago- no tendrás piedad ni religión.

    La circunspección en nuestras palabras
    Orad por la Iglesia.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la fiesta de vuestros mártires Santos Ciriaco, Largo y Esmaragdo, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, imitemos el valor de que dieron prueba en sus sufrimientos. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    8 de Agosto

    SAN CAYETANO, Confesor

    7 de agosto

    No os inquietéis, diciendo: ¿Qué comeremos? como hacen los paganos; o ¿qué beberemos? o ¿con qué nos cubriremos?, que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de estas cosas tenéis. (San Mateo,, 6, 31-32).

    San Cayetano, nacido en Vicenza, llamó la atención desde su infancia por una inocencia tan grande de costumbres, que se le llamaba el Santo. Como supiera que el Papa Julio II quería elevarlo a las dignidades eclesiásticas, dejó la corte de Roma y fundó una Orden de Clérigos Regulares, llamados Teatinos, a los cuales estableció como regla que nada poseyesen, ni pidiesen, y que viviesen únicamente de las limosnas espontáneamente ofrecidas por los fieles. Se consagró a Dios con Pedro Caraffa, mediante votos solemnes. Pedro Caraffa, obispo de Teati, fue después elegido Papa con el nombre de Pablo IV. San Cayetano murió siendo superior de su Orden, en Nápoles, el 7 de agosto de 1547.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA POBREZA

    I. No puede imaginarse pobreza más rigurosa que la que este santo estableció en su Orden; si tú no puedes abrazarla enteramente, por lo menos desase tu corazón de las riquezas que posees. No te entristezcas cuando algo te falte; alégrate, más bien, de participar de la pobreza de Jesucristo al nacer y morir. No te acongojes, tampoco, por lo por venir. Espera en Dios, haz el bien, y te alimentará con sus riquezas. (El Salmista).

    II. Basta cualquier accidente adverso para que te veas despojado de todos tus bienes. No te fíes, pues, en tus riquezas y no te afanes por adquirir otras nuevas. Si vives según la recta razón y las máximas del Evangelio, no te hará falta sino muy poco para tu vida, y siempre estarás contento. Si, en cambio, sigues los deseos desordenados de tu corazón, ni todos los tesoros de las Indias podrían satisfacerte.

    III. Comenzaste tu vida en la pobreza y lo mismo la acabarás. ¿Para qué, pues, tomarte tanta pena en amasar una fortuna de la que no podrás gozar sino durante el breve intervalo que separa tu nacimiento de tu muerte? Emplea ese tiempo tan corto, más bien, en acumular en el cielo tesoros de que puedas gozar durante toda la eternidad. Es absurdo que quien entró desnudo al mundo, y a quien desnudo recibió la Iglesia, quiera entrar rico en el reino de los cielos. (San Máximo).

    La confianza en Dios
    Rogad por los pobres.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que habéis concedido a San Cayetano la gracia de imitar la manera de vivir de los Apóstoles, acordadnos, siguiendo su ejemplo y por su intercesión, la gracia de poner siempre en Vos nuestra con fianza y no desear más que los bienes del cielo. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    7 de Agosto

    LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR

    6 de agosto

    Tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano; y subiendo con ellos a un alto monte, se transfiguró en su presencia. (San Mateo, 17, 1-2).

    Jesús, habiendo subido al monte Tabor con tres de sus apóstoles, se transfiguró en su presencia. Su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestiduras blancas como la nieve. Entonces aparecieron a su lado Moisés y Elías y conversaban con Él. San Pedro, extasiado por el esplendor insólito de su Maestro, le dijo: «Señor, bueno es estarnos aquí; si os parece, formemos aquí tres pabellones, uno para Vos, otro para Moisés y otro para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos, y oyóse una voz que dijo: «Éste es mi Hijo muy amado, en quien he puesto todas mis complacencias: ¡escuchadle!»

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA TRANSFIGURACIÓN
    DE JESUCRISTO

    I. Jesús, para transfigurarse, se retira a la apartada montaña. ¿Quieres tú revestirte del hombre nuevo, que es Jesucristo? Huye de los estorbos y del tumulto del mundo. Además, recuerda que la obra de la conversión es una obra difícil; que hay que subir desde el fondo del abismo hasta las altas cumbres. Si quieres sanar de tus enfermedades y adquirir la verdadera sabiduría has de cambiar totalmente de vida 11 has de hacerte un hombre nuevo. (Salviano).

    II. Cuando los Apóstoles estuvieron en el Tabor, sus ojos fueron iluminados y vieron a Jesucristo radiante de gloria. Cuando hayas comenzado seria mente la obra de tu conversión, te asombrarás de la ceguera en que vivías antes. Te llenarás de gozo en medio de tus dolores, porque siempre tendrás ante tus ojos a Jesús crucificado y porque imitando su paciencia en la tierra, te será dada la esperanza de su gloria en el cielo.

    III. Jesús manifiesta su gloria a sus discípulos e inmediatamente después les habla de sus sufrimientos, a fin de animarlos a soportar los oprobios de su Pasión. Aprendamos de este misterio a sufrir por Jesús, con la esperanza de participar en sus recompensas; si nos niega los consuelos terrenales, lo hace para procurarnos más abundantes en el cielo. No nos extrañemos de las aflicciones que nos sobrevengan: no es en este mundo, sino en el otro, donde Jesucristo nos ha preparado la felicidad. ¿Qué te ha prometido Cristo? Si Él te ha prometido la felicidad de aquí abajo, tienes derecho a murmurar porque no te la dé. (San Agustín).

    La mortificación
    Rogad por los afligidos.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que, en la gloriosa Transfiguración de vuestro Hijo unigénito, habéis confirmado los misterios de la fe en el testimonio de vuestros profetas, y que, mediante una voz celestial surgida de una nube resplandeciente, habéis anunciado de admirable manera la perfecta adopción de vuestros hijos, concedednos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria, y participar un día de su reino. Por J. C. N. S. Amén.

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    Los santos que reinan con Cristo

    6 de Agosto

    Los santos que reinan con Cristo

    5 de Agosto

    SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, Confesor

    4 de agosto

    Brille vuestra luz ante los hombres, a fin de que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo, 5, 16).

    Santo Domingo, fundador de la Orden de los Hermanos Predicadores, es representado con un lirio en la mano, símbolo de la virginidad que conservó durante toda su vida. El can que su madre vio en sueños llevando una antorcha encendida, representa la guerra que hizo a los herejes, y la luz que difundió en el corazón de los pecadores por la pureza de su doctrina y la santidad de su vida. Acaeció su muerte en 1221.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA VIDA
    DE SANTO DOMINGO

    I. Se ve brillar una estrella sobre la frente de Santo Domingo inmediatamente después de su bautismo. Era el presagio del fulgor admirable que debía proyectar sobre la Iglesia de Dios. En efecto, desde tierna edad, edificó a cuantos lo rodeaban por su piedad, su austeridad y la práctica de las virtudes cristianas en general. ¿Has consagrado tú como Santo Domingo las primicias de tu vida a Dios? ¡Desgraciado el tiempo en el que no te amé, oh Dios mío! (San Agustín).

    III. Este astro, tan radiante al levantarse, brilló con esplendor más deslumbrador aun a su mediodía. Santo Domingo alumbró y abrasó toda la tierra con el fuego del amor divino, con sus predicaciones y las de los religiosos de su Orden. Si tu profesión no te obliga a trabajar por la salvación de las almas mediante la predicación del Evangelio, debes por lo menos trabajar seriamente por tu propia salvación, y edificar al prójimo con tus buenos ejemplos.

    III. Los astros no por ocultarse a nuestra vista pierden sus rayos: su fulgor no es menor a su ocaso que a su mediodía. Santo Domingo trabajó hasta su muerte por la gloria de Dios y la salvación de las almas, sin desalentarse por los obstáculos y sin perder nunca su primer fervor. Trabaja tú, mortifícate, haz penitencia hasta el último suspiro; y si alguien te invita a disiparte y a abandonar las austeridades de la penitencia, respóndele: Eso está bien para los bienaventurados; pero, para mí, que he ofendido a Dios, me hace correr el riesgo de perecer para toda la eternidad. (Paciano).

    El celo por la salvación de las almas
    Orad por las órdenes religiosas.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que os dignasteis esclarecer la Iglesia por los méritos y la doctrina de vuestro confesor Santo Domingo, haced, por su intercesión, que nunca se vea privada de los socorros temporales, y que siempre logre nuevos progresos en las obras espirituales. Por J. C. N. S. Amén.

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    4 de Agosto

    INVENCIÓN O HALLAZGO DEL CUERPO DE SAN ESTEBAN, Protomártir

    3 de agosto

    A quien me sirviere, mi Padre lo honrará. (San Juan, 12,26).

    Bajo el imperio de Honorio, se encontró cerca de Jerusalén el cuerpo de San Esteban, de Gamaliel y de Nicodemo. Un sacerdote llamado Luciano, había sido instruido por una visión acerca del lugar en que yacían, y había recibido la orden de pedir al arzobispo de Jerusalén, llamado Juan, de colocarlos en más honroso lugar. Se trasladó el patriarca, con su clero, al lugar indicado, y encontró los cuerpos de los santos. Exhalaban un delicioso perfume y varios enfermos fueron sanados a su contacto.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LA HONRA CON QUE
    DIOS COLMA A LOS SANTOS

    I. Dios honra a los santos en la tierra, les da poder casi absoluto sobre la naturaleza, les da a conocer lo secreto de los corazones, les alza el velo de lo porvenir y les granjea el respeto de los pueblos. Mientras la gente se aleja horrorizada de los cadáveres comunes, tiene gran veneración por las cenizas y las reliquias de los santos. Si realmente amas tú la gloria verdadera, si quieres dejar aquí abajo memoria verdaderamente inmortal, trabaja por hacerte santo. ¡Tus amigos son muy honrados, oh Dios mío! (El Salmista).

    II. En el cielo, los santos son aun incomparablemente más honrados. Son todos más gloriosos que los reyes en su trono: son los favoritos de Dios, los príncipes de su corte, y no temen ya perder la dicha de que gozan. Si tan grandes peligros se corren para ganar el favor de los príncipes de la tierra, ¡qué no deberemos hacer para hacernos amigos de Dios! ¿Qué haces para esto? ¿Buscas, acaso, la ocasión de agradar a Dios en todo?

    III. ¿Quieres participar de los honores que se tributan a los santos en el cielo y en la tierra? Imita los; ama, como ellos, la humildad: oculta tus virtudes, y Dios las manifestará; desprecia las riquezas y los honores del mundo, y Dios te coronará de luz y te colmará de riquezas en el cielo. ¡Quieres llegar adonde llegaron los santos, y tomas un camino diametralmente opuesto al que ellos siguieron! Aspiras sólo a los bienes de la tierra, ¿cómo puedes esperar que alguna vez Dios te conceda los bienes del cielo?

    El deseo de la santidad
    Orad por la conversión de los pecadores.

    ORACIÓN

    Señor, concedednos la gracia de imitar a los que honramos, y enseñadnos a amar a nuestros enemigos, ya que celebramos el Hallazgo de aquél que imploró, para sus perseguidores, la misericordia de J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:

    http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    3 de Agosto

    LA DIGNIDAD Y SANTIDAD SACERDOTAL

    Del libro de San Alfonso María de Ligorio:

    LA DIGNIDAD Y SANTIDAD SACERDOTAL

    ¡San Alfonso María de Ligorio, ora pro nobis!

    Capitulo III
    DE LA SANTIDAD QUE HA DE TENER EL SACERDOTE

    I. Cuál debe ser la santidad del sacerdote por razón de su dignidad.

    Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero no menor la obligación que sobre ellos pesan. Los sacerdotes suben a gran altura, pero se impone que a ella vayan y estén sostenidos por extraordinaria virtud; de otro modo, en lugar de recompensa se les reservará gran castigo, como opina San Lorenzo Justiniano (…). San Pedro Crisólogo dice a su vez que el sacerdocio es un honor y es también una carga que lleva consigo gran cuenta y responsabilidad por las obras que conviene a su dignidad (…).


    Todo cristiano ha de ser perfecto y santo, porque todo cristiano hace profesión de servir a un Dios Santo. Según San León, cristiano es el que se despoja del hombre terreno y se reviste del hombre celestial (…). Por eso dijo Jesucristo: Seréis, pues, vosotros, perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto [Mt 5, 48]. Pero la santidad del sacerdote ha de ser distinta de la del resto de los seglares, observa San Ambrosio (…), y añade que así como la gracia otorgada a los sacerdotes es superior, así la vida del sacerdote tiene que sobrepujar en santidad a los seglares (…) y San Pedro Pelusio afirma que entre la santidad del sacerdote y la del seglar ha de haber tanta distancia como del cielo a la tierra (…).

    Santo Tomás enseña que todos estamos obligados a observar cuantos deberes van anejos al estado elegido. Por otra parte, el clérigo dice San Agustín está obligado a aspirar la santidad (…). Y Casiodoro escribe: “El eclesiástico está obligado a vivir una vida celestial” “El sacerdote está obligado a mayor perfección mayor perfección que el que no lo es”, como asegura Tomás de Kempis (…), pues su estado es más sublime que todos los demás. Y añade Salviano que Dios aconseja la perfección a los seglares, al paso que la impone a los clérigos (…).

    Los sacerdotes de la antigua ley llevaban escritas estas palabras en la tiara que coronaba su frente: SANTIDAD PARA YAHVEH (Ex 39, 29), para recordar la santidad que debían confesar. Las víctimas que ofrecían los sacerdotes habían de consumirse completamente. ¿Por qué? Pregunta Teodoreto, y responde. “Para inculcar a aquellos sacerdotes la integridad de la vida que han de tener los que se han consagrado completamente a Dios (…). Decía San Ambrosio que el sacerdote, para ofrecer dignamente el sacrificio, primero se ha de sacrificar a sí propio, ofreciéndose enteramente a Dios (…). Y Esiquio escribe que el sacerdote debe ser un continuo holocausto de perfección, desde la juventud a la muerte (…). Por eso decía Dios a los sacerdotes de la antigua ley: “Os he separado entre los pueblos para que seáis míos (Lev 20, 26). Con mayoría de razón en la Ley nueva quiere el Señor que los sacerdotes dejen a un lado los negocios seculares y se dediquen solo a complacer a Dios a quien se ha dedicado: “que se dedica a la milicia se ha de enredar en los negocios de la hacienda, a fin de contentar al que lo alistó en el ejército” [2 Tm 2, 4). Y es precisamente la promesa que la Iglesia exige de los que ponen el pie en el santuario por medio de la tonsura: hacerles declarar que en adelante no tendrán más heredad que a Dios: “El Señor es la parte de mi heredad y mi copa. Tú mi suerte tienes (Salmo 15 5). Escribe San Jerónimo que “Hasta el mismo traje talar y el propio estado claman y piden la santidad de la vida” (…). De aquí que el sacerdote no solo has de estar alejado de todo vicio, sino que se debe esforzar continuamente por llegar a la perfección, que es aquella a que sólo pueden llegar los viadores (…).

    (…). Deplora San Bernardo el ver tantos como corren a las órdenes sagradas sin considerar la santidad que se requiere en quienes quieren subir a tales alturas Y San Ambrosio escribe: “Búsquese quien pueda decir: El Señor es mi herencia, y no los deseos carnales, las riquezas, la vanidad” (…). El Apóstol San Juan dice: Hizo de nosotros un reino, sacerdotes para el Dios y Padre suyo (Apoc 1, 6). Los interpretes (Menoquio, Gagne y Tirino) explican la palabra, diciendo que los sacerdotes son el reino de Dios, porque en ellos reina Dios en esta vida con la gracia y en la otra con la gloria; o también porque son reyes para resinar sobre los vicios. Dice San Gregorio que el “el sacerdote ha de estar muerto al mundo y a todas las pasiones para vivir una vida por completo divina” (…) El sacerdocio actual es el mismo que Jesucristo recibió de su Padre (Jn 17, 22); por lo tanto, exclama San Juan Crisóstomo: “Si el sacerdote representa a Jesucristo, ha de ser lo suficientemente puro que merezca estar en medio de los ángeles (…).

    San Pablo exige del sacerdote tal perfección que esté al abrigo de todo reproche: “Es necesario que el obispo sea irreprensible (1 Tm 3, 2). Aquí, por obispo pasa el santo a hablar de los diáconos: Que los diáconos, así mismo sean respetable (Ib 8), sin nombrar a los sacerdotes; de donde se deduce que el Apóstol tenía la idea de comprender al sacerdote bajo el nombre de obispo, como lo entienden precisamente San Agustín y San Juan Crisóstomo, que opina que lo que aquí se dice de los obispos se aplica también a los sacerdotes (…). La palabra ‘rreprehensibilem’ todos con San Jerónimo están de acuerdo en que significa poseedor de todas la virtudes (…).

    Durante once siglos estuvo excluido del estado de clérigo todo el que hubiera cometido un solo pecado mortal después del bautismo, como lo recuerdan los concilios de Nicea (Can. 9, 10), de Toledo (1can. .2), de Elvira (Can. 76) y de Cartago (Can .68). Y si un clérigo después de las ordenes sagradas caía en pecado, era depuesto para siempre y encerrado en un monasterio, como se lee en muchas cánones (Cor, Iu. Can, dist. 81); y he aquí la razón aducida: porque la santa Iglesia quiere en todas las cosas lo irreprensible. Quienes no son santos no deben tratar las cosas santas (…). Y en el concilio de Cartago se lee: “Los clérigos que tienen por heredad al Señor han de vivir apartado de la compañía del siglo”. Y el concilio Tridentino va aún más lejos cuando dice que “los clérigos han de vivir de tal modo que su habito, maneras, conversaciones, etc., todo sea grave y lleno de unción (…). Decía San Crisóstomo que “el sacerdote ha de ser tan perfecto que todos lo puedan contemplar como modelo de santidad, porque para esto puso Dios en la tierra a los sacerdotes, para vivir como ángeles y ser luz y maestros de virtud para todos los demás” (…). El nombre de clérigo, según enseña san Jerónimo, significa que tiene a Dios por su porción; lo que le hace decir que el clérigo se penetre de la significación de su nombre y adapte a él su conducta (…) y si Dios es su porción, viva tan solo para Dios (…).

    El sacerdote es ministro de Dios, encargado de desempeñar dos funciones en extremo nobles y elevadas, a saber: honrarlo con sacrificios y santificar las almas. Todo pontífice escogido de entre los hombres es constituido en pro de los hombres, cuanto a las cosas que miran a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados [Hebr. 5, 1]. Santo Tomás escribe acerca de este texto: “Todo sacerdote es elegido por Dios y colocado en la tierra para atender no a la ganancia y riquezas , ni de estimas, ni de diversiones, ni de mejoras domesticas, sino a los interés de la gloria de Dios” (In Hebr., 5, lect. I). Por eso las escrituras llaman al sacerdote hombre de Dios [1 Tm 6, 11], hombre que no es del mundo, ni de sus familiares, ni siquiera de sí propio, sino tan solo de Dios, y que no busca más que a Dios. A los sacerdotes se aplican, por tanto las palabras de David: Tal de los que le buscan es la estirpe (Sal 25, 6); esta es la estirpe de los que busca a Dios solamente. Así como en el cielo destinó Dios ciertos ángeles que asistiesen a su Trono, así en la tierra, entre los demás hombres, destinó a los sacerdotes para procurar su gloria. Por esto les dice el Levítico Os he separado de entre los pueblos para que seáis míos [Lev 20, 26]. San Juan Crisóstomo dice: “Dios nos eligió para que seamos en la tierra como ángeles entre los hombres” (…).

    Y el mismo Dios dice: En los cercanos a mí me mostraré que soy santo [Lev 10, 3]; es decir, como añade el interprete “Mi santidad será conocida por la sanidad de mis ministros”.


    Cual debe ser la santidad del sacerdote como ministro del altar.

    Dice santo Tomas que de los sacerdotes se exige mayor santidad de los simples religiosos por razón de las sublimes funciones que ejercen, especialmente en la celebración del sacrificio de la misa: “Porque, al recibir las ordenes sagradas, el hombre se eleva al ministerio elevadísimo en que ha de servir a Cristo en el sacramento del altar, cosa que se requiere mayor santidad que la del religioso que no está elevado a la dignidad del sacerdocio. Por lo que añade, en igualdad de circunstancia el sacerdote peca más gravemente que el religioso que no lo es” (…). Célebre la sentencia de San Agustín “No por ser buen monje es uno buen clérigo” (…); de lo que sigue que ningún clérigo puede ser tenido por bueno si no sobrepuja en virtud al monje bueno.

    Escribe San Ambrosio que “el verdadero ministro del altar ha nacido para Dios y no para sí (…). Es decir, que el sacerdote ha de olvidarse de sus comodidades, ventajas y pasatiempos, para pensar en el día en que recibió el sacerdocio, recordando desde entonces ya no es suyo, sino de Dios, por lo que no debe ocuparse más que en los intereses de Dios. El Señor tiene sumo empeño en que los sacerdotes sean santos y puros, para que puedan presentarse ante Él libres de toda mancha cuando se le acerquen a ofrecerle sacrificios: Se sentarán para fundir y purificar la plata y purificará a los hijos de Leví, los acrisolará como el oro y la plata y luego podrán ofrecer a Yahveh oblaciones con justicia [Mal. 3, 3]. Y en el Levítico se lee: Permanecerán santos para su Dios y no profanarán el nombre de su divinidad, pues son ellos quienes ha de ofrecerlos sacrificios ígneos a Yahveh, alimento de su Dios; por eso han de ser santos [Lev 21, 6]. De donde se sigue que si los sacerdotes de la antigua ley solo porque ofrecían a Dios el incienso y los panes de la proposición, simple figura del Santísimo sacramento del altar, habían de ser santos, ¡con cuánta mayor razón habrán de ser puros y santos los sacerdotes de la nueva (ley), que ofrecen a Dios el Cordero Inmaculado, su mismísimo Hijo! “Nosotros no ofrecemos, dice Escío, corderos e incienso, como los sacerdotes de la antigua Ley, sino el mismo Cuerpo del Señor, que pendió en el ara de la cruz, y por eso se nos pide la santidad, que consiste en la pureza del corazón, son la cual se acercaría uno inmundo” (…) al altar. Por eso decía Belarmino: “Desgraciado de nosotros, que, llamados a tan altísimo ministerio, distamos tanto del fervor que exigía el Señor de los sacerdotes de la antigua Ley (…).

    Hasta quienes habían de llevar los vasos sagrados quería el Señor que estuviesen libres de toda mancha (…), pues “¡cuánto más puros han de ser los sacerdotes que lleven en sus manos y en el pecho a Jesucristo!”, dice Pedro de Blois (…). Ya san Agustín había dicho: “No debe ser puro tan solo quien ha de tocar los vasos de oro, sino también aquellos en quien se renueva la muerte del Señor. La Santísima Virgen María hubo de ser santa y pura de toda mancha porque hubo de llevar en su seno al Verbo encarnado y tratarlo como Madre: y según esto, exclama San Juan Crisóstomo, “¿no se impone que brille con santidad más fúlgida que el sol la mano del sacerdote, que toca la carne de un Dios, , la boca que respira fuego celestial y la lengua que se enrojece con la sangre de Jesucristo?” (…). El sacerdote hace en el altar las veces de Jesucristo, por lo que, como dice San Lorenzo Justiniano, “debe acercarse a celebrar como el mismo Jesucristo, imitando en cuanto sea posible su santidad (…). ¡Qué perfección requiere en la religiosa su confesor para permitirle comulgar diariamente!, y ¿por qué no buscará en sí mismo tal perfección el sacerdote, que comulga también a diario?

    Capitulo IV
    DE LA GRAVEDAD DE LOS PECADOS DEL SACERDOTE


    I. GRAVEDAD DE LOS PECADOS DEL SACERDOTE

    Gravísimo es el pecado del sacerdote, porque peca a plena luz, ya que pecando sabe bien lo que hace. Por esto decía Santo Tomás que el pecado de los fieles es más grave que el de los infieles, “precisamente porque conocen la verdad” (…). El sacerdote está de tal modo instruido en la ley, que la enseña a los demás: Pues los labios del sacerdote deben guardar la ciencia, y la doctrina han de buscar su boca [Malaquías 2, 7]. Por esta razón dice San Ambrosio que el pecado de quien conoce la ley es en extremo grande, no tiene la excusa de la ignorancia (…). Los pobres seglares pecan, pero pecan en medio de las tinieblas, del mundo, alejados de los sacramentos, poco instruidos en materia espiritual; sumergidos en los asuntos temporales y con el débil conocimiento de Dios, no se dan cuenta de lo que hacen pecando, pues “flechan entre las sombras” [Sal 10, 3], para hablar con el lenguaje de David. Los sacerdotes, por el contrario están tan llenos de luces, que son antorchas, destinadas a iluminar a los pueblos Vosotros sois la luz del mundo [Mt 5, 14].

    A la verdad, los sacerdotes han de estar muy instruidos al cabo de tanto libro leído, de tantas predicaciones oídas, de tantas reflexiones meditadas, de tantas advertencias recibidas de sus superiores; en una palabra, que a los sacerdotes se les ha dado conocer a fondo los divinos misterios [Lc 8, 10]. De aquí que sepan perfectamente cuánto merece Dios ser amado y servido y conozcan toda la malicia del pecado mortal enemigo tan opuesto de Dios, que, si fuera capaz de destrucción, un solo pecado mortal, lo destruiría, según dice San Bernardo: “El pecado tiende a la destrucción de la bondad divina” (…); y en otro lugar; “El pecado aniquila a Dios en cuanto puede” (ib). De modo que como dice el autor de la “Obra imperfecta”, el pecado hace morir a Dios en cuanto depende de su voluntad (…). En efecto, añade el P. Medina “el pecado mortal causa tanta deshonra y disgusto a Dios, que si fuera susceptible a la tristeza, lo haría morir de dolor” (…).

    Harto conocido es esto del sacerdote y la obligación que sobre él pesa, como sacerdote, de servirle y amarla, después de tantos favores de Dios recibidos. Por esto, “cuanto mejor conoce la enormidad de la injuria, hecha a Dios por el pecado, tanto crece de punto de gravedad de su culpa”, dice San Gregorio.


    Todo pecado del sacerdote es pecado de malicia como lo fue el pecado de los ángeles, que pecaron a plena luz. “Es un ángel del Señor, dice San Bernardo, es pecado contra el cielo (…). Peca en medio de la luz, por lo que su pecado, como se ha dicho, es pecado de malicia, ya que no puede alegar ignorancia, pues conoce el mal del pecado mortal, ni puede alegar flaqueza, pues conoce los medios para fortalecerse, si quiere y si no lo quiere, suya es la culpa: Cuerdo dejó de ser para obrar bien [Salmo 35, 4]. “Pecado de malicia, enseña santo Tomás, es el que se comete a sabiendas (…); y en otro lugar afirma que “todo pecado de malicia es pecado contra el Espíritu Santo es pecado contra el Espíritu Santo, dice San Mateo no se (le) perdonará ni en este mundo ni en el venidero [Mt 12, 32]; y quiere con ello significar que tal pecado será difícilmente perdonado, a causa de la ceguera que lleva consigo, por cometerse maliciosamente.

    Nuestro Salvador rogó en la cruz por sus perseguidores diciendo: Padre, perdónalo porque no saben lo que hacen [Lc 23, 34]; y esta oración no vale a favor de los sacerdote malos, sino que, al contrario, los condena, pues los sacerdotes saben lo que hacen. Se lamentaba Jeremías, exclamando: ¡Ay, como se ha oscurecido el oro, ha degenerado el oro mejor! [Lam. 4, 1]. Este oro degenerado, dice el cardenal Hugo, es precisamente el sacerdote pecador, que tendría que resplandecer de amor divino, y con el pecado se trueca en negro y horrible de ver, hecho objeto de honor hasta el mismo infierno y más odioso a los ojos de dos que el resto de los pecadores, San Juan Crisóstomo dice que “el Señor nunca es tan ofendido como cuando le ofenden quienes están revestidos de la dignidad sacerdotal” (…).

    Lo que aumenta la malicia del pecado del sacerdote es la ingratitud con que paga a Dios después de haberlo exaltado tanto. Enseña Santo Tomas que el pecado crece de peso y proporción de la ingratitud. “Nosotros mismo, dice San Basilio, por ninguna ofensa nos sentimos tan heridos como la que nos infieren nuestros amigos y allegados (…). San Cirilo llama precisamente a los sacerdotes: familiares intimo de Dios. “¿Cómo pudiera Dios exaltar más al hombre que haciéndolo sacerdote?”, pregunta san Efrén. ¿Qué mayor nobleza, qué mayor honor puede otorgarle de las almas y dispensador de los sacramentos? Dispensadores de la casa real llama San Prospero a los sacerdotes. El Señor eligió al sacerdote, entre tantos hombres, para que fuera su ministro y para que ofreciese sacrificio a su propio Hijo [Eclo 45, 20]. Le dio omnímodo sobre el Cuerpo de Jesucristo; le puso en las manos las llaves del paraíso; lo enalteció sobre todos los reyes de la tierra y sobre todos los ángeles del cielo, y, en una palabra, lo hizo Dios en la tierra. Parece que Dios dice solamente al sacerdote: “¿Qué más cabía hacer a mi viña que yo no hiciera con ella?” [Is 5, 4]. Además, ¡qué horrible ingratitud, cuando el sacerdote tan amado de Dios le ofende en su propia casa! ¿Qué significa mi amado en mi casa mientras comete maldades? [Jer 11, 15], pregunta el Señor por boca de Jeremías. Ante esta consideración, se lamenta San Gregorio diciendo: “¡Ah Señor¡”, que los primeros en perseguirnos son los que ocupan el primer rango en vuestra Iglesia (…).

    Precisamente de los malos sacerdote parece se queja el Señor cuando clama al cielo y a la tierra para que sean testigos de la ingratitud de sus hijos para con El: Escuchad cielos, y presta oído tierra, pues es Yahveh quien habla; hijos he criado y engrandecido, pero se han rebelado contra mí [1S 1, 2]. ¿Quiénes, en efecto, son estos hijos más que los sacerdotes, que habiendo sido sublimados por Dios a tal altura y alimentados en su mesa con su misma carne, se atrevieron luego a despreciar su amor y su gracia? También de esto se quejó el Señor por boca de David con estas palabras: Si afrentados me hubiera un enemigo yo lo soportaría [Salmo 54, 3]. Si un enemigo mío, un idolatra, un hereje, un seglar, me ofendiera, todavía lo podría soportar; pero ¿cómo habré de poder sufrir el verme ultrajado por ti, sacerdote, amigo mío y mi comensal? Mas fuiste tú el compañero mío, mi amigo y confidente; con quien en dulce amistad me unía [Sal 54, 14.15]. Se lamentaba de esto Jeremías, diciendo: “Quienes comían manjares delicados han perecido por las calles: los llevados envueltos en púrpura abrazaron las basuras [1 Pedro 11, 9; Ex 19, 6]. ¡Qué miseria y que horror!, exclama el profeta; el que se alimentaba con alimentos celestiales y vestía de púrpura, se vio luego cubierto de un manto manchado por los pecados, alimentándose de basuras estercolares… Y San Juan Crisóstomo, o sea el autor de la “Obra imperfecta”, añade: «Los seglares se corrigen fácilmente, en cuanto que los sacerdotes, si son malos, son a la vez incorregibles»

    II. CASTIGOS DEL PECADO DEL SACERDOTE

    Consideremos ahora el castigo reservado al sacerdote pecador, castigo que ha de ser proporcionado a la gravedad de su pecado. Mandará lo azoten en su presencia con golpes de número proporcionado a su culpabilidad [Deut 25, 2], dice el Señor en el Deuteronomio. San Juan Crisóstomo tiene ya por condenado al sacerdote que durante el sacerdocio comete un solo pecado mortal: “Si pecas siendo hombre particular, tu castigo será menor, pero si pecas siendo sacerdote estás perdido”. Y a la verdad que son por boca de Jeremías contra los sacerdotes pecadores: Porque incluso el profeta y el sacerdote se han hecho impíos; hasta en mi propia casa he descubierto su maldad, declara Yahveh. Por esto su camino será para ellos resbaladero en tinieblas: serán empujados y caerán en él [Jer. 23, 11-12]. ¿Qué esperanza de vida daríais, sobre un terreno resbaladizo, sin luz para ver donde pone el pie mientras, de vez en cuando, le dieran fuertes empujones para hacerlo despeñar? Tal es el desgraciado estado en que se halla el sacerdote que comete un pecado mortal. Resbaladero en tinieblas: el sacerdote, al pecar pierde la luz y queda ciego: Mejor les fuera, dice San Pedro, no haber conocido el camino de la justicia que, después de haberlo conocido, volverse atrás de la ley santa a ellos enseñada [2 Petr. 2, 21]. Más le valdría al sacerdote que peca ser un sencillo aldeano ignorante que no entendiese de letras. Porque después de tantos sermones oídos y de tantos directores, y de tantas luces recibidas de Dios, el desgraciado, al pecar y hollar bajo sus plantas todas las gracias de Dios recibidas, merece que la luz que le ilustró no sirva más que para cegarlo y perderlo en la propia ruina. Dice San Juan Crisóstomo que “a mayor conocimiento corresponde mayor castigo, añade que por eso el sacerdote las mismas faltas que sus ovejas no recibirá el mismo castigo, sino mucho más duro” (…).

    El sacerdote cometerá el mismo pecado que muchos seglares, pero su castigo será mucho mayor y quedará más obcecado que esos seglares, siendo castigado precisamente como lo anuncia el profeta : Escuchad, pero sin comprender, y ver, más sin entender [Lc 8, 10]. Esto es lo que nos enseña la experiencia, dice el autor de la “Obra imperfecta”: “El seglar después del pecado se arrepiente”. En efecto, si asiste a una misión, oye algún sermón fuerte, o medita las verdades eternas acerca de la malicia del pecado, de la certidumbre de la muerte, del rigor del juicio divino o de las penas del infierno, entra fácilmente en sí mismo y vuelve a Dios, porque, como dice el Santo, “esas verdades le conmueven y le aterran como algo nuevo”, al paso que al sacerdote que ha pisoteado la gracia de Dios y todas las gracias de Él recibida, ¿qué impresión le pueden causar las verdades eternas y las amenazas de las divinas Escrituras? Todo cuanto encierra la Escritura, continua el mismo autor, todo para él está gastado y sin valor; por lo que concluye que no hay cosa más imposible que esperar la enmienda del que lo sabe todo y, a pesar de ello peca (…). “Muy grande es, dice San Jerónimo, la dignidad del sacerdote, pero muy grande es también su ruina si en semejante estado vuelve la espalda a Dios” (…). “Cuánto mayor es la altura a que le sublimó Dios, dice San Bernardo, tanto mayor será el precipicio” (…). “Quien se cae del mismo suelo, dice san Ambrosio, no se suele hacer mucho daño, pero quien cae de lo alto no se dice que cae, sino que se precipita, y por eso la caída es mortal” (…). Alegrémonos, dice San Jerónimo, nosotros los sacerdotes, al vernos en tal altura, pero temamos por ello tanto más la caída” [In Ez. 44].

    Diríase que Dios habla a solos sacerdotes cuando dice por boca de Isaías: Te había colocado en la santa montaña de Dios y te he destruido [Ez. 28, 14. 16]. ¡Oh sacerdote!. Dice el Señor, yo te había colocado en mi monte santo para que fuera luz del mundo: Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad puesta sobre la cima de un monte [Mt 5, 14]. Sobrada razón, por lo tanto, tenía San Lorenzo Justiniano para afirmar que “cuanto mayor es la gracia concedida por Dios a los sacerdotes, tanto más digno de castigo es su pecado, y que cuanto más alto es el estado a que se le ha sublimado, tanto será más mortal la caída”. “El que se cae al río, tanto más profundo cae cuanto de más arriba fue la caída” (…).

    Sacerdote mío, mira que habiéndote Dios exaltado tan alto al estado sacerdotal te ha sublimado hasta el cielo, haciéndote hombre no ya terreno, sino celestial; si pecas cae del cielo, por lo que has de pensar cuán funesta será tu caída, como te lo advierte San Pedro Crisólogo: “¿Qué cosa más alta que el cielo?; pues del cielo cae quien peca entre las cosas celestiales” (…). “Tu caída, dice San bernardo, será como la del rayo, que se precipita impetuoso” (…); es decir, que tu perdición será irreparable [Jer 21, 12]. Así, desgraciado, se verificará contigo la amenaza con que el Señor conminó a Cafarnaúm. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el infierno serás hundida! [Lc 10, 15]. Tan gran castigo merece el sacerdote pecador por la suma ingratitud con que trata a Dios. “El sacerdote está obligado a ser tanto más agradecido cuanto mayores beneficios a recibido”, dice San Gregorio (…). “El ingrato merece que se le prive de todos los bienes recibidos”, como observa un sabio autor. Y el propio Jesucristo dijo: A todo el que tiene se le dará y andará sobrado; más al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado [Mt 25, 29]. Quien es agradecido con Dios, obtendrá aún más abundante gracias; pero el sacerdote que después de tantas luces, tantas comuniones, vuelve la espalda, desprecia todos los favores recibidos de Dios y renuncia a su gracia, será en todo justicia privado de todo. El Señor es liberal con todos, pero no con los ingratos. “La ingratitud, dice San Bernardo, seca la fuente de la bondad divina (…). De aquí nace lo que dice San Jerónimo, que “no hay en el mundo bestia tan cruel como el mal sacerdote, porque no quiere dejarse corregir” (…). Y San Juan Crisóstomo, o sea el autor de la “Obra imperfecta”, añade: “Los seglares se corrigen fácilmente, en cuanto que los sacerdotes, si son malos, son a la vez incorregibles” (…).

    A los sacerdotes que pecan se aplican de modo especial, según el parecer de San Pedro Damiano (…), estas palabras del Apóstol: A los que una vez fueron iluminados y fueron hechos participes del Espíritu Santo y gustaron la hermosa palabra de Dios… y recayeron, es imposible renovarlos segunda vez, convirtiéndolos a penitencia cuando ello, cuanto es de su parte, crucifican de nuevo al Hijo de Dios [Hebr 6, 4, 6]. ¿Quién en efecto, más iluminado que el sacerdote, ni paladeó, como él, los dones celestiales, ni participó tanto del Espíritu Santo? Dice Santo Tomás que los ángeles rebeldes quedaron obstinados en su pecado en plena luz; y así también, añade San Bernardo, será tratado por Dios el sacerdote, hecho como ángel del Señor y, como él, elegido o reprobado” (…).

    Reveló el Señor a Santa Brigida que atendía a los paganos y a los judíos, pero que no encontraba nada peor que los sacerdotes, pues su pecado es como el que precipitó a Lucifer (…). Nótense aquí las palabras de Inocencio III: “Muchas cosas que son veniales tratándose de seglares, son mortales entre los eclesiásticos (…).

    A los sacerdotes también se aplican estas otras palabras de San Pablo: La tierra que bebe la lluvia que frecuentemente cae sobre ella, si produce plantas provechosas a aquellos por quienes es además labrada, participa de la bendición de parte de Dios; más la que lleva espinas y abrojos es reprobadas y cerca de ser maldecida, cuyo paradero es ir a las llamas [Hebr 6, 7.8]. ¡Qué lluvia de gracias ha recibido continuamente el sacerdote de Dios!; y luego, en vez de frutos, produce abrojos y espinas y de recibir maldición final, para ir, en el fuego del infierno. Pero ¿y qué temor tendrá del fuego del infierno el sacerdote que tantas veces volvió las espaldas a Dios? Los sacerdote pecadores pierden la luz, como hemos visto, y con ella pierden el temor de Dios, como el propio Señor lo da a entender: Y si soy Señor, ¿dónde el temor que me es debido?, dice Yahveh Sebaot a vosotros, sacerdotes, menospreciadores de mi nombre [Mal. 1, 6]. Dice San Bernardo que “los sacerdotes como caen de gran altura, quedan sumergidos en su malicia, pierden el recuerdo de Dios y se vuelven sordos a todas las amenazas de la justicia divina, hasta el punto de que si siquiera el peligro de su condenación llegue a conmoverlos (…). Pero ¿a qué extrañarse de ello? El sacerdote pecador cae al fondo del abismo, donde, privado de luz, llega a despreciarlo todo, aconteciéndole lo que dice el sabio: Cuando llega el mal, viene el desprecio, y con la ignominia el oprobio [Pro. 18. 3]. Este mal es el del sacerdote que peca por malicia, cae en el profundo de la miseria y queda ciego, por lo que desprecia los castigos, las admoniciones, la presencia de Jesucristo, que tiene junto así en el altar, y no se avergüenza de ser peor que el traidor Judas, como el Señor se lamentó con Santa Brígida: Tales sacerdotes no son sacerdotes míos, sino verdaderos traidores (…). Sí, porque abusan de la celebración de la misa para ultrajar más cruelmente a Jesucristo con el sacrilegio. Y ¿cuál será, finalmente, el termino infeliz de tal sacerdote? Helo aquí: En país cosas de justas cometerá iniquidad, y no verá la Majestad de Yahveh [Is 26, 10]. Su fin será, en una palabra, el abandono de Dios y luego el infierno. -Pero Padre, dirá alguien, este lenguaje es en extremo aterrador ¿Qué? ¿Nos quieres hacer desesperar? Responderé con San Agustín: “Si aterro, es que yo mismo estoy aterrado” (…). Pues dirá el sacerdote que por desgracia hubiera ofendido a Dios en el sacerdocio, ¿ya no habrá para mi esperanza de perdón? No; lejos de mí afirmar esto; hay esperanza si hay arrepentimiento, y se aborrece el mal cometido. Sea este sacerdote sumamente agradecido al Señor si uno se ve asistido de su gracia, y apresúrese a entregarse cuando le llama según aquello de San Agustín: “Oigamos su voz cuando nos llama, no sea que no nos oiga cuando esté pronto a juzgarnos (…).

    III EXHORTACIÓN

    Sacerdotes míos, estimemos en adelante nuestra nobleza y, por ser ministros de Dios, avergoncémonos de hacernos esclavos del pecado y del demonio. El sacerdote, dice San Pedro Damiano “debe abundar en nobles sentimientos y avergonzarse, como ministro del Señor, de cambiarse esclavo del pecado (…). No imitemos la locura de los mundanos que no piensan más que en el presente. Está reservado a los hombres morir una sola vez, y tras esto, el juicio [Hebr 9, 27]. Todos hemos de comparecer en este juicio para que reciba cada cual el pago de lo hecho viviendo en el cuerpo [2 Cor 5, 10]. Entonces se nos dirá: Ríndeme cuenta de tu administración [Lc 16, 2], es decir, de tu sacerdocio; como lo ejerciste y para qué fines de serviste de él. Sacerdote mío, ¿estarías conmigo si hubiera ahora de ser juzgado?, o ¿tendrías que decir: Cuando inspeccione [Dios], ¿qué le responderé? [Job 31, 14]. Cuando el Señor castiga a un pueblo, el castigo empieza por los sacerdote, por ser ellos la primera causa de los pecados del pueblo, ya por su mal ejemplo, ya por la negligencia en cultivar la viña encomendada a sus desvelo. De aquí que entonces diga el Señor. Tiempo es de que comience al juicio por la casa de Dios [1 Pedro 4, 17]. En la mortandad descrita por Ezequiel quiso el Señor que los primeros castigados sean los sacerdotes: Y comenzaréis por mi Santuario [Ez 9, 6]; es decir, como lo explica Orígenes, por mis sacerdotes (…). En otro lugar se lee; Los poderosos, poderosamente serán enjuiciados [Sab . 6, 7]. A todo aquel a quien mucho se dio, mucho se le exigirá [Lc 12, 48]. El autor de la Obra imperfecta dice: “En el día del juicio se verá el seglar con la estola sacerdotal, y al sacerdote pecador, despojado de su dignidad, se le verá entre los fieles e hipócritas” (…). Escuchad esto, ¡oh sacerdotes!… porque a vosotros afecta esta sentencia [Os 5, 1].

    Y como el juicio de los sacerdotes será más riguroso, su condenación será también más terrible [Jer 17, 18]. Un concilio de Paris, dice que “la dignidad del sacerdote es grande, también su ruina si llega a pecar” [In Ez 44]. Sí, dice San Juan Crisóstomo: “si el sacerdote comete los mismos pecados que sus feligreses, padecerá no el mismo castigo, sino castigo mucho mayor (…). Se le reveló a Santa Brigida que los sacerdotes pecadores serán hundidos en el infierno más profundamente que todos los demonios en el infierno: Todo el infierno se pondrá en movimiento (…). ¿Cómo festejaran los demonios las entrada de un sacerdote, para salir a su encuentro [Is 14, 9]. Todos los príncipes de aquella miserable región se alzarán en primer lugar en los tormentos al sacerdote condenado; y continua diciendo Isaías que en el seol se dirá: También tu te has debilitado como nosotros; a nosotros te has hecho semejante [ Is 14, 11]. ¡Oh sacerdote! Tiempo hubo en que ejerciste dominio sobre nosotros, cuando hiciste bajar tantas veces al verbo encarnado sobre los altares y libraste a tantas almas del infierno; pero ahora te has hecho semejante a nosotros y estás atormentado como nosotros: has descendido al seol tu resplandor [Is 14, 11]. La soberbia con que despreciaste a Dios es la que por fin te ha traído aquí. Bajo ti hace cama la gusanera y gusanos son tu cobertor [Ib. 11]. Pues bien, dado que eres rey, aquí tienes tu estrado regio y tu vestido de púrpura; mira el fuego y los gusanos que te devorarán continuamente cuerpo y alma. ¡Cómo se burlarán entonces los demonios de las misas, de los sacramentos y de las funciones sagradas del sacerdote! Le miraron sus adversarios y se burlaron de su ruina [Lam. 1, 7].

    Mirad sacerdotes míos, que los demonios se esfuerzan por tentar a un sacerdote que se condena arrastra a muchos tras de sí. El Crisóstomo dice: “Quien consigue quitar de en medio al pastor, dispersa todo el rebaño (…); y otro autor dice, con matar más a los jefes que a los soldados (…); por eso añade San Jerónimo que el diablo no busca tanto la perdida de los infieles y de los que están fuera del santuario, sino que se esfuerza por ejercer sus rapiñas en la Iglesia de Jesucristo, lo que le constituye su manjar predilecto, como dice Habacuc (…). No hay, pues, manjar más delicioso para el demonio que las almas de los eclesiásticos.

    (Lo siguiente puede servir para excitar la compunción en el acto de contrición).

    Sacerdote mío, figúrate que el Señor te dice lo que al pueblo judío: “Dime qué mal hice, o mejor, que bien dejé de hacerte. Te saqué de en medio del mundo y te elegí entre tantos seglares para hacerte mi sacerdote, ministro mío y mi familiar; y tú, por míseros intereses, por viles placeres, me crucificaste de nuevo; yo, en el desierto de esta tierra te alimenté cada mañana con el mana celestial, es decir, con mi carne y mi sangre divinas, y tu me abofeteaste con aquellas palabras y acciones inmodestas. Yo te elegí por viña que había que había de formar mis delicias, plantando en ti tantas luces y tantas gracias que me rindiesen frutos suaves y queridos y no coseché de ti más que frutos amargos. Yo te constituí rey t hasta más grande que los reyes de la tierra, y tu me coronaste con la corona de espinas de tus malos pensamientos consentidos. Yo te elevé a la dignidad de vicario mío y te di las llaves del cielo, constituyéndote así como rey de la tierra, y tú, despreciándolo todo, mis gracias y mi amistad, me crucificaste nuevamente”, etc. (…) [San Alfonso María de Ligorio, «La dignidad y santidad sacerdotal».

    Tomado del excelente sitio web obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María:

    http://www.corazones.org

    SAN ALFONSO Mª DE LIGORIO Obispo, Confesor y Doctor

    2 de agosto

    El celo por tu casa me devora. (San Juan, 2, 17).

    San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, dejó el foro por el sacerdocio. Obró un gran número de conversiones y fundó la Congregación del Redentor. Toda su vida estuvo consagrada a ganar almas para Jesucristo, a inspirar a los fie les una tierna devoción a la Pasión del Salvador, a la Santa Eucaristía y a la Virgen Madre de Dios. Empleó los momentos que le dejaba la predicación de la palabra de Dios en la composición de gran número de obras de teología y piedad, que lo hicieron elevar al rango de los Doctores de la Iglesia, por disposición de Pío IX. Murió en 1787.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LAS CUALIDADES
    DEL VERDADERO CELO

    I. Todos debemos estar animados de un ardiente celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Quien ama a Dios no puede ver con indiferencia que se ataque su honor. Si ve a su prójimo internado por mal camino, hace todo por volverlo al bien; y, si no lo logra, gime y reza por él. ¿Así haces tú? Si no tienes celo, deduce que careces de amor. El celo es la señal de que Dios ha descendido a un alma. (San Bernardo).

    II. No basta que nuestro celo sea ardiente; es menester, para que dé fruto, que sea tierno y compasivo. Los pecadores, decía San Alfonso, son ovejas descarriadas que Jesucristo iba buscando por entre las zarzas del camino y que volvía a traer al redil llevándolas sobre sus hombros para ahorrarles las fatigas del retorno. Es el modelo que se propuso en toda su conducta; de ese modo, ¡a cuántas ovejas descarriadas recondujo al ovil del divino Pastor! Mira si en las advertencias que haces a tus hermanos y en todas las buenas obras que realizas, no entra tu amor propio en gran medida en vez del a amor de Dios y del prójimo. Que sea la caridad la que inflame tu celo.

    III. En fin, nuestro celo debe ser constante. San Alfonso, al fundar su Congregación del Redentor, hizo voto de no perder nunca el tiempo. Quería que Dios no hallase en su vida ni una sola hora que no estuviese consagrada a su gloria y a la salvación de las almas. ¿Qué intereses persigues tú? ¿Son los tuyos o los de Jesucristo? ¿Cuánto tiempo dedicas a ellos? No te olvides de la suerte reservada para el servidor que enterró su talento. Fue acusado, no de haberlo perdido, sino de haberlo dejado improductivo. No te canses de ganar almas para Jesucristo, pues tú mismo fuiste ganado por Jesucristo.(San Agustín).

    El celo
    Orad por el éxito de las misiones

    ORACIÓN

    Oh Dios, que habéis inflamado de celo apostólico al bienaventurado Alfonso María, vuestro confesor pontífice, y os servisteis de su ministerio para dar una nueva familia a la Iglesia, haced, os lo suplicamos, que instruidos por sus saludables consejos y fortificados con sus ejemplos, podamos llegar a Vos dichosamente. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:

    http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    2 de Agosto

    SAN PEDRO AD VINCULA (En cadenas)

    1º de agosto

    No temáis a los que matan el cuerpo, y esto hecho ya no pueden hacer más. (San Lucas, 12, 4).

    Fue encarcelado San Pedro por orden de Herodes, y los fieles oraban incesantemente a Dios para que librara al Jefe de la santa Iglesia. Sus súplicas fueron escuchadas. Mientras San Pedro, cargado de cadenas, dormía entre dos soldados, el ángel del Señor entró en la prisión y lo despertó, diciéndole: «Levántate presto». En el mismo instante, cayeron las cadenas de sus manos. El ángel condujo a San Pedro hasta la puerta que da a la ciudad, que se abrió ante ellos; avanzaron juntos hasta el final de una calle y el ángel desapareció, dejando al Apóstol lleno de admiración y agradecimiento ante favor tan grande. Fue en seguida San Pedro a llevar a los fieles la nueva de su liberación.

    MEDITACIÓN
    SOBRE LAS CADENAS
    DE LOS PECADORES

    I. Nuestro cuerpo es una prisión que mantiene cautiva a nuestra alma, y le impide emprender vuelo hacia el cielo. Los santos han conocido y deplorado esta cautividad: ¡tú la conoces y la amas! Los placeres, los honores, las riquezas son las cadenas que te sujetan al mundo y te retienen lejos de Dios. Señor, romped mis cadenas; son agradables en apariencia, pero crueles en realidad. Los bienes de este mundo tienen verdadera amargura, falsa dulzura; dolor cierto, placer incierto.(San Agustín).

    II. El pecador duerme tranquilo en sus cadenas, como San Pedro; no conoce su cautiverio, no piensa en él. ama sus cadenas, porque son de oro y seda. Si consideras el estado de tu alma, verás que está encadenada por todos lados; con todo, duermes, descansas a tus anchas, nada haces por el cielo. Despierta, de una vez por todas, y te asombrarás como San Agustín del lastimoso estado a que te han reducido tus crímenes. Estaba encadenado y no aborrecía mis cadenas; tenía por dulce lo que es amargo y por amargo lo que es dulce.

    III.  El Ángel despertó  a San Pedro y rompió sus cadenas: San Pedro siguió al Ángel y le obedeció. Para obrar tu conversión dos cosas son necesarias: el auxilio del cielo, a fin de despertarte del sueño en el que estás sumido y romper tus cadenas que te atan al pecado: y una obediencia pronta, para responder al llamado del Señor. Nada puedes hacer sin la gracia, y nada hace la gracia sin tu cooperación.

    La huida del pecado
    Orad por los cautivos.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que después de haber roto las cadenas del Apóstol San Pedro, le habéis hecho salir de la prisión sano y salvo, romped, os lo suplicamos, las cadenas de nuestros pecados y alejad  de nosotros por vuestra misericordia todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:

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    Los santos que reinan con Cristo

    1 de Agosto

    SAN IGNACIO DE LOYOLA,* Confesor

    31 de julio

    Haced todo a gloria de Dios. (1 Cor., 10, 31).

    La lectura de la vida de los santos inspir6 a San Ignacio el amor a la santidad. Renunció a la gloria de las armas para alistarse bajo el estandarte de Cristo, y para trabajar por la gloria de Dios y la salvaci6n de las almas. Se retiró a la, gruta de Manresa, en la que llevó una vida muy austera. Fue allí donde compuso su admirable libro de los Ejercicios espirituales. Comenzó a estudiar la lengua latina a la edad de 33 años, y durante su permanencia en la Universidad de París, atrajo a varios compañeros con los que echó las bases de la Compañía de Jesús. Murió el año 1556.

    MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA
    DE SAN IGNACIO

    I. San Ignacio, en la soledad de Manresa, había trazado el plano del edificio espiritual que debía edificar durante toda su vida. Su libro de los Ejercicios espirituales es un resumen de lo que debe hacerse y de lo que él mismo hizo para llegar a la perfección. Comenzó por llorar sus pecados y expiarlos mediante ruda penitencia. Es el primer paso: lavar nuestros pecados con lágrimas. Así procedieron todos los santos; ¿los imitamos nosotros? Aunque no hubiésemos cometido sino un solo pecado mortal, seria suficiente para llorar hasta la muerte.

    II. El segundo paso hacia la perfecci6n, dice San Ignacio, es la imitaci6n de Jesús que obra y sufre para la gloria de Dios y la salvaci6n de los hombres. San Ignacio ha seguido paso a paso a este Modelo de los predestinados: después de su conversión llev6 primero una vida escondida como Él; después se consagró por entero a la salvaci6n del prójimo, sufriendo a causa de esto injurias, calumnias y prisi6n. ¿Cómo imitamos nosotros la vida oculta de Jesús, sus trabajos y sus sufrimientos? Sigamos la divisa de San Ignacio: Todo para la mayor gloria de Dios.

    III. El tercer paso hacia la perfecci6n, que tan alto elevó la santidad de San Ignacio, es la uni6n perfecta con Dios. Para llegar a ella, hay que desasirse del temor de todo lo que no sea Dios, y darse enteramente a Él. Tenemos amor para las cosas de este mundo, y no lo tenemos para Dios. ¡Todo amamos, todo buscamos, sólo Dios nada vale ante nuestros ojos! (Salviano).

    El celo por la gloria de Dios
    Orad por las órdenes religiosas.

    ORACIÓN

    Oh Dios, que, para la mayor gloria de vuestro Nombre, habéis dado por el bienaventurado Ignacio un nuevo socorro a vuestra Iglesia militante, haced, que después de haber combatido en la tierra, siguiendo su ejemplo y bajo su protecci6n, merezcamos ser coronados con él en el cielo. Por J. C. N. S.  Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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    Los santos que reinan con Cristo

    31 de Julio

    Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, fundadora

    Hoy 30 de Julio

    también celebramos a esta santa mexicana.

    "Oh dulcísimo Jesús mío, crucifícame contigo en la cruz, clava en ella mi cuerpo y mi corazón con el tuyo".

    Religiosa y Fundadora 1868 – 1959

    Primera Santa Mexicana


    María Natividad Venegas de la Torre nació el 8 de septiembre de 1868, en el rancho de «La Tapona», municipio de Zapotlanejo, Jalisco.

    Décima segunda hija de un matrimonio muy cristiano constituido por don
    Doroteo Venegas Nuño y María Nieves de la Torre Jiménez.

    Fue bautizada el día 13 del mismo mes por el Sr. Cura de Zapotlanejo, don José María de Anda. Recibió la confirmación el 24 de noviembre de 1872.

    El señor Venegas Nuño, era un hombre adornado con grandes virtudes cristianas; estudiaba Leyes en Guadalajara, pero abandonó la carrera. Fue hombre de profundos conocimientos en Historia Sagrada; tenía fama en la región por su extremada caridad, a tal grado que dado su desprendimiento a causa de donativos y firmas de crédito que nunca negó a quienes lo solicitaban, acabó con sus bienes, viéndose en la grave necesidad de dejar su tierra natal para ir a vivir a San Leonel, Las Varas, Mecatán, San Pedro Lagunillas y luego a Compostela, en el Estado de Nayarit.

    Fue en San Pedro Lagunillas donde Natividad aprendió las primeras letras. Felizmente, de los conocimientos que poseía su padre participó ella, aumentando así su cultura general. Cuando tenía nueve años hizo la Primera Comunión.

    Madre Nati

    En ese mismo lugar, con cuarenta y dos años de edad murió su señora madre, quedando ella al cuidado de una buena sirvienta y con el cariño de su padre y de su hermano mayor Mónico.

    Cuando cumplió Natividad dieciséis años, regresó la familia al Estado de Jalisco, estableciéndose en «Los Zorrillos«, municipio de Zapotlanejo; permaneciendo en Tepic, Nayarit, el señor Venegas Nuño donde tres años después falleció.

    Ya desde en vida de su padre, Natividad se dedicaba a leer historietas sagradas y ejemplos escogidos; pues sus aficiones eran escribir, leer y rezar, mientras que su buena hermana, tenía más a su cargo el cuidado de aquel escogido hogar. Tanto que, Adelaida se lamentaba con su padre y le decía: «Papá, dile a Natividad que me ayude, ella nomás está rezando y escribiendo, mientras que a mí me deja todo el cuidado de la casa», a lo que el padre respondía con tono profético: «Déjala hija, ella lleva el oficio de María y tú el de Marta».

    Natividad y Adelaida su hermana, quedaron con su tío don Donaciano Venegas y su esposa. Vinieron para la joven días de dolor y martirio después de haber quedado huérfana, mas en los planes de la Divina Providencia, éste era el camino para acercarla más y más al Señor, que llenaría totalmente su corazón.

    En los aledaños de Zapotlanejo se desarrolla la vida de Natividad, cuando aquí vivía, se reunieron los padres de familia y fueron a suplicarle diera clases escolares a sus hijitos; Natividad amaba grandemente a los niños y pensó desde luego en aceptar el compromiso, pero Adelaida su hermana la advertía argumentando que los niños eran traviesos, mas ella llegó a convencerla diciendo:

    «Pobrecitos, no saben leer, déjalos que vengan, mira, yo los enseño y tú los regañas».


    Cambió el escenario yéndose a vivir a Zapotlanejo al lado de su tía paterna doña Crispina Venegas. En esta fervorosa población alteña, tendría su cita definitiva con el esposo celestial, aquí desarrolló durante su juventud un estilo de vida que la acercó a la plena consagración al Señor; así lo advirtió su director espiritual. Aquí se iba a plasmar en su alma el sello inconfundible de su personalidad. Aquí la esperaba el <ven y sígueme> del Divino Maestro.

    En Zapotlanejo, Natividad pudo entonces dedicarse de lleno a sus devociones, pues siempre fue atraída por las cosas celestiales.

    Encontró en la devoción el refugio de su soledad; comulgaba todos los días, se le veía frecuentemente de rodillas ante el Sagrario, asistía a todos los actos piadosos de la parroquia, y lo que marcaría su vida, el 8 de diciembre de 1898, fue el ingreso en la floreciente asociación de las «Hijas de María»; fecha felicísima para Natividad.

    Impresiones imborrables quedaron en ella del día en que se consagró perpetuamente como lirio purísimo, bajo la mirada maternal de su Madre la Virgen María.   Natividad había quedado huérfana de padre a la edad de 19 años, y había perdido a su madre en la tierra a edad muy temprana, ahora encontraba a su Madre del Cielo, de la que sintió sus caricias especiales en tan significativo acontecimiento.

    Natividad se integró al trabajo de catequesis y a la Pastoral que en aquel tiempo se realizaba en su parroquia, seguía su camino de alma escogida, por la invitación del Señor y la aprobación de su director espiritual don Antonino González, quien fue probándola poco a poco en lo que se refería a la virtud. Como sabio director de almas, se dio cuenta a tiempo, que esa alma debía ser trasplantada a los jardines del Señor, antes de que el oropel engañoso del mundo la encandilara y desviara, porque nunca le faltaron insistentes invitaciones para fiestas y matrimonio a las que ella rechazaba de inmediato.

    Anhelaba vivamente Natividad, consagrar su vida entera al servicio «del amado y más hermoso hijo de los hombres», y aunque se veía atraída por la vida religiosa, no acababa de ver claro cuál era para ella esa voluntad divina. Esta idea la había comunicado solamente a su director espiritual, quien llevando paso a paso y con gran prudencia a esta alma escogida del Señor y siguiendo las mociones del Espíritu Santo, se había propuesto conocer en este caso la Divina Voluntad.

    Pasado el tiempo y compartiendo la opinión de otros sacerdotes, conociendo más y más el alma de Natividad, llegó a decirle estas proféticas palabras que serán el indicio claro de Dios:

    «Es indudable, Natividad, tienes que terminar tu vida en el claustro».

    Por ese tiempo estaba en auge, en la ciudad de Guadalajara, la Casa de Ejercicios Espirituales de San Sebastián de Analco. Se organizaban continuamente tandas de ejercicios de San Ignacio para todas las clases sociales; no solo para la ciudad episcopal sino para las parroquias foráneas y así en noviembre de 1905, se verificó una exclusiva para Hijas de María predicada por el Padre Sotero Mireles.

    Por sugerencia del Padre don Antonino González, vinieron a tomar parte en esa tanda, cuatro señoritas del lo mejor en el terreno espiritual de la parroquia de Zapotlanejo, almas escogidas y auxiliares importantísimas en el apostolado. Entre ellas estaba Natividad. Era la hora de Dios.

    Precisamente al terminar estos ejercicios espirituales, Natividad decidió entrar de religiosa.

    Recibió varias invitaciones para ingresar a comunidades ya aprobadas canónicamente, como las «Carmelitas Descalzas de Santa Teresa», las «Salesas»  o con las «Siervas de los Pobres»  fundadas recientemente en el Hospital de la Santísima Trinidad, pero Dios tenía determinado que habría de tomar parte muy principal en la fundación de un nuevo instituto: el de las «Hijas del Sagrado Corazón de Jesús».

    La Providencia Divina llevó a Natividad hasta las puertas del Hospital del Sagrado Corazón, de Guadalajara.

    La idea de fundar este hospital había sido iniciativa de una bondadosa señora, María Guadalupe Villaseñor de Pérez Verdía, quien había decidido invertir sus cuantiosos bienes a favor de los enfermos.

    El Sr. Canónigo don Atenógenes Silva y Álvarez Tostadoacogió con beneplácito la idea y se manifestó desde luego decidido colaborador, proponiendo él mismo la construcción del edificio. Mientras esto se realizaba, se alquiló una modesta casa en donde provisionalmente se abrió el hospitalito el día 2 de febrero de 1886, con diez enfermos.

    Quedaron al cuidado de los enfermos cinco piadosas señoritas invitadas por el Muy Ilustre Sr. Silva, de entre las muchas almas que dirigía espiritualmente, quienes aceptaron gustosas.

    Al principio, las jóvenes sólo atendían los enfermos; posteriormente iniciaron la vida comunitaria, recibiendo formación y un reglamento elaborado por el mismo prelado para iniciar desde luego una congregación religiosa, llamándolas desde entonces «Hijas del Sagrado Corazón de Jesús».

    Aprobado después el proyecto de la construcción del hospital en junio de 1889, colocada la primera piedra el 27 de diciembre del mismo año, el 2 de mayo de 1893 celebró la primera Misa en la capilla del hospital, aún no concluida, el ya entonces Obispo de Colima y Padre Fundador don Atenógenes Silva.

    El 8 de diciembre de 1905, Natividad llegó a formar parte de las
    «Hijas del Sagrado Corazón de Jesús», grupo que al llegar ella aumentó a seis.

    Al ingresar se perdió con la humildad de una santa en aquella casa llena de paz y concordia donde se oraba y se sacrificaba por los demás, atendiendo a los enfermos abandonados y a los menesterosos en el hospital; todos la llamaban por cariño«Madre Nati».

    En 1908, dada su capacidad y como se mostrara tan activa y recta, paulatinamente se le asignaron responsabilidades más grandes; fue encargada además de su propio oficio, de organizar los libros de contabilidad en el hospital; ella abrió el primero. En junio de 1910, en la festividad de Corpus Christi, hizo votos privados. En 1912, fue nombrada Vicaria de la pequeña obra, a la que hizo crecer. El 28 de junio de 1915 hizo votos temporales de castidad, pobreza y obediencia, por cuatro años.

    ¡Madre Nati, ora pro nobis!

    De estas fechas, son sus apuntes privados los que nos aseguran su espíritu de oración, sus fervorosos actos de amor y peticiones que hace al Señor:

    «Oh dulcísimo Jesús mío, crucifícame contigo en la cruz,
    clava en ella mi cuerpo y mi corazón con el tuyo».

    El instituto naciente sigue tomando cuerpo, la inteligencia y liderazgo de la Madre María de Jesús Sacramentado dieron forma a esta pequeña obra, iniciada por Monseñor Atenógenes Silva y así, el 25 de enero de 1921, se realizaron las primeras elecciones canónigas de la Congregación, siendo electa Superiora General la Madre Nati. El nombramiento aumentó su fidelidad al deber.

    Enterándose el Sr. Obispo de San Luis Potosí, el Siervo de Dios, Miguel de la Mora y Mora, de la incipiente congregación, sugirió a la Madre Nati la idea de escribir las Constituciones y pedir la aprobación diocesana para dicho Instituto.

    De 1926 a 1929, durante la cruel persecución religiosa, su firmeza y calidad humana y espiritual, fue lo que mantuvo la disciplina del instituto a ella confiado.

    ¡Santa María de Jesús Sacramentado ora pro nobis!

    Redactó las constituciones de su congregación, aprobadas por el Arzobispo de Guadalajara, el Siervo de Dios, Francisco Orozco y Jiménez, el 24 de julio de 1930. El 8 de septiembre de 1930, fiesta de la Natividad de María, ella y las hermanas elegidas, formularon sus votos perpetuos; su nombre, Natividad, lo cambió por el de Sor María de Jesús Sacramentado.

    Los inicios fueron difíciles en el aspecto económico y también por la persecución que padecía la iglesia. Sor María de Jesús trató maternalmente a todas las Hermanas, llamándolas «mis muchachitas», pero a pesar de su carácter dulce, era decidida y enérgica. No permitía que el desaliento en la atención a los enfermos se infiltrara en su Congregación.

    Durante los 33 años que duró en su cargo de Superiora General, teniendo la responsabilidad de la dirección del instituto, favoreció la fundación de dieciséis Casas para atender enfermos ancianos y desvalidos.

    De la primera fundación en 1934, el «Sanatorio Mazatlán», ubicado en el bello puerto del Estado de Sinaloa, hay una anécdota:

    «Terminados los trámites necesarios en ambas Mitras y médicos con quienes se formuló contrato, reunió la Reverendísima Madre María de Jesús Sacramentado a toda la comunidad y así preguntó:

    -¿Quién quiere ir a fundar la primera Casa en Mazatlán?

    Todas las Hermanas se quedaron calladas. Insistió la Madre María de Jesús:

    -Levante el dedo la que quiera ir…

    Pero ninguna lo levantó. Luego ella añadió:

    -¿Quién quiere obedecer?

    Entonces, como movidas por un resorte, unánimemente se pusieron de pie. Conmovida la Madre y con las palabras que siempre habían en sus labios para levantar el ánimo y dar valor en la abnegada labor de enfermeras, y hacer dulce el cumplimiento de un reglamento diario, nombró a las Hermanas que irían a la primera fundación».

    Le siguieron las siguientes fundaciones: En 1937, «Sanatorio San Vicente», en la Barca, Jalisco. En 1939,»Asilo de Nuestra Señora de Santa Anita», en Santa Anita, Jalisco. En 1940, «Sanatorio Rodarte», en Durango, Durango. En 1943, «Puesto de Socorro Cruz Roja Mexicana», en Guadalajara, Jalisco. En 1944,»Sanatorio Tepic», en Tepic, Nayarit. En 1947, «Asilo del Corazón de María», en Guadalajara, Jalisco. En 1948, «Sanatorio San Vicente», para tuberculosos, en Guaymas, Sonora. En 1949, «Hospital Civil», en Cananea, Sonora, y «Puesto de Socorro Cruz Roja Mexicana», en Mazatlán, Sinaloa. En 1950, «Sanatorio Licona», en Hermosillo, Sonora, y «Clínica Obrera», en Cananea, Sonora. En 1953, «Hospital Regional», en Salvatierra, Guanajuato. En 1954, «Sanatorio Sagrado Corazón», en los Mochis, Sinaloa.

    Con esto aparece aquí de nuevo realizada la parábola del «Grano de mostaza»… durante el tiempo que se desarrolló como Superiora General, Sor María de Jesús logró que la Congregación creciera rápidamente.

    Según testimonios, Sor María de Jesús se distinguió por su servicio generoso. Siempre tuvo un gran amor hacia los sacerdotes. Labró en silencio su santidad, sin buscar la gratitud humana. Aceptaba a una novicia sin importar si podía dar dote o no.
    Quería inmensamente a los enfermos, llevándoles a diario consuelo y ánimo en sus penas. Era humilde y sencilla. Mucha gente acudía a ella en busca de consejo y de consuelo. Una frase que con frecuencia repetía a sus compañeras:

    «Toda devoción que impide la obligación, es ociosa ocupación».

    Por ello Sor María de Jesús oraba mientras atendía a los enfermos, mientras estaba en sus labores, a toda hora. Luchó por mantener siempre unida a su comunidad, ejemplificó el orden y la limpieza que debe tener una religiosa; su fortaleza la atribuía a la recepción cotidiana de la Sagrada Eucaristía.

    Fruto de este espíritu de oración es la manifestación clara y palpable de un Cristo que se le quiso manifestar. Describimos, lo que ella misma firmó, asegurando decir verdad:

    «El año de 1947, el 7 de diciembre a las 7:00 de la mañana. Un crucifijo grande chorreando sangre abundante desde la cabeza coronada de espinas y chorreando desde el rostro a todito su venerable cuerpo.

    Me vi a mí misma frente a Él, viéndolo, y de repente bajó sus dos manos que estaban asidas de los clavos y tan inclinado, que le vi su espalda encorvada en actitud de alcanzarme, me sentí tan pequeña y Él tan inclinado, que cuando acordé me llevaba con sus dos manos a besar la llaga de su hombro derecho, y al besarla, oí mi voz que dijo: <Ahora sí alcancé a besar esta llaga>, pero me vi tan pequeña como un niño de un año, y no sé como sería esto, yo me veía besando la llaga por la espalda y era la misma que la llaga besaba, y cuando volví estaba hincada en el mismo reclinatorio rodeada de mis Hermanas, y nadie me dijo que hubiera dejado de estar en el reclinatorio, esto fue acabando de comulgar como digo, a las 7:00 de la mañana, víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, cuando me di cuenta, estaba en la misma actitud de antes, de rodillas en el reclinatorio, nadie se dio cuenta, no dijeron las Hermanas haber notado nada».

    En su interior, Sor María de Jesús era mística. Ella escribió:
    «Jesús mío, grabad en mi corazón los tormentos de vuestra pasión».

    El Padre Ramiro Valdés Sánchez, nos relata en su libro «Tuyo es el Reino» que:

    «La Madre Nati no quería revelar las visiones tenidas por considerarlas algo especial y personal; no obstante, en el año 1947, para fines de tramitar la Aprobación Pontificia del Instituto, se le preguntó si había tenido visiones especiales de Nuestro Señor y no tuvo más remedio que darlas a conocer. Sin embargo ella nunca pretendió que alguien lo creyera, ni mucho menos que por ellas se le diera un trato especial».

    Sor María del Socorro Mariscal, nos habla de lo siguiente descubierto en los apuntes de la Madre María de Jesús:

    <El año de 1952, el 15 del mes de abril a las 12:00 de la noche, nueve noches seguidas sin dormir seguido a esta fecha>.

    «So pretexto de que la Sagrada Mitra, para tramitar la aprobación pontificia del Instituto, pregunta acerca de la historia de los fundadores si ha habido visiones o cosas extraordinarias, en hora oportuna me atreví a preguntarle por qué había escrito esas notas».

    «Consintió en explicarme pidiendo no lo dijera yo, sino al Padre Romo, que lo necesitaba entre los documentos de nuestra aprobación».

    «Tiene escrito ahí mismo: <Un sacudimiento en el cuerpo, me despertó>, y asegura que comenzando en la fecha, hora y por el tiempo arriba indicado, sintió que la despertaban moviéndola fuertemente, pero que no sentía ningún temor, sino al contrario, en medio de <una fuerza>, <una lucha>, dentro de sí, que causándole un fuerte sudor físico, la hacía experimentar tal gozo y tanto bienestar que no advertía que pasaban las horas. Esto terminaba cuando a la señal del despertador, 5:00 de la mañana, tenía que levantarse para asistir a la primera distribución en la capilla».

    «Como fueron nueve noches seguidas y su complexión es débil, asegura que con el desvelo y aquel desgaste orgánico producido con el mucho sudar, sufrió agotamiento desde el día consecutivo a la primera noche de esto».

    «Me dice y lo tiene escrito, que lo comunicó al entonces confesor ordinario de la comunidad. Que él la animó a soportar en silencio aquello aún cuando le costara la vida y que entre otras cosas, le dijo:

    <Tú viniste a buscar a Dios, ya lo tienes, no lo dejes ir>».

    El confesor de la comunidad, afirma Sor María del Socorro, era entonces el Muy Ilustre señor Canónigo don Macario Velázquez, de cuya preparación teológica, ascética y mística, no podemos dudar.

    Su cargo de Superiora General habría de durar treinta y tres años consecutivos, proporcionándole una verdadera crucifixión dado los múltiples sacrificios a los que se enfrentaría, pues son constantes en estos casos. El 12 de septiembre de 1954 quedó relevada de su cargo al quedar electa Superiora General, en el Capítulo General de Elecciones, la Reverenda Madre María del Sagrado Corazón Ortiz Santana.

    El cambio naturalmente debió haberse sentido en todas y cada una de sus religiosas, pero Dios, que en su Providencia dirige los destinos de todos y de cada uno en particular y de las instituciones, permitió estos cambios, pues sin que la comunidad sospechara el por qué de ellos, el 11 de febrero de 1956 sufrió la Madre María de Jesús una embolia cerebral, es decir, diecisiete meses después de haber entregado el cargo de Superiora.

    De esta gravedad, se recuperó casi del todo, con lo que se deduce que el Señor todo misericordioso quería que bajo la mirada de la misma Fundadora se fuera fraguando según el modo y el espíritu de ella misma, la nueva Superiora General.

    Serían incontables las circunstancias en las que dejó ver su espíritu religioso a toda prueba. Cuando de la embolia recuperó el habla, se le pudo oír decir:

    «Descansa tú mi Jesús, aunque yo sufra».

    Siempre asistió al Santo Sacrificio de la Misa y con gran fervor seguía las partes de ella. Una de las Hermanas describe:
    «El 14 de agosto, celebrando el Tránsito de María, estaba en la capilla la imagen de la Santísima Virgen tendida y llena de flores, como se acostumbra; en la meditación de la tarde lloró con sollozos muy fuertes cuando todas estábamos en silencio. Una Hermana se acercó inmediatamente preguntándole:

    -Nuestra Madre, ¿qué tiene?

    En mayo, como otras veces -continúa la Hermana con su relato- la sorprendí sentada tras su mesita-escritorio con los ojos puestos en la imagen de Jesús Doliente, y como la interrumpí con el asunto que yo llevaba, al terminar me dijo:

    -Ven, siéntate para que escribas lo que te voy a dictar:
    <Corazón de Jesús, por vuestro amor, quiero ser víctima en tu honor>.
    Además me recomendó aprendiera de memoria esto que siguió dictándome:

    <Corazón de Jesús, siempre lleno, de dolor… -hizo una pausa y luego prosiguió- …de gratitud por tantas gracias y favores que he recibido. De amor: porque Él ha sido el objeto de mis amores. De desagravio: por todas mis faltas, las de los pobrecitos pecadores y de todos mis hermanos>…».

    Los últimos años de su vida, marcados por la decrepitud y la enfermedad, Sor María de Jesús mantuvo su testimonio de abnegación y entereza, dando ejemplo de sumisión religiosa a la Madre Superiora General, fortaleciendo y consolando a quienes le presentaban sus penas, hasta que sus males reincidieron y así llegó el 25 de junio de 1959 en que nuevamente se agravó.

    El día 29 sufrió un síncope a las 4:00 de la tarde, del que se recuperó un poco y con fervor pudo recibir los últimos Sacramentos. Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre murió llena de paz el día 30 de junio de 1959, a las 6:45 de la mañana.

    Cuando Sor María de Jesús descansó en el Señor, contaba con 91 años de edad. Muchas personas pudieron testificar como Dios le concedió, inmediatamente después de su muerte, esta gracia divina: su rostro rejuveneció de forma admirable.

    Aún estaban sus restos mortales en la cama donde expiró cuando llegó Su Eminencia el Sr. Cardenal don José Garibi Rivera, Arzobispo de Guadalajara; rezó el primer responso y demás oraciones. Al despedirse exhortó a las Hermanas de la comunidad a que siguieran el ejemplo de ella, asegurándoles:

    «Desde este momento tienen una Madre y una intercesora en el cielo».

    El día 31, fiesta de San Ignacio de Loyola, de quien era gran devota, tuvo verificativo el solemne funeral. Incontables personas de todas clases sociales acompañaron el cadáver al «Panteón de Mezquitán»; sacerdotes, religiosas, médicos, Directiva y Personal de la Cruz Roja con sus ambulancias.

    La Madre Nati dejó a su paso una estela de bondad y auténtica caridad, sobre todo hacia los enfermos. El amor a la figura sacerdotal convirtió su vida en una generosa ofrenda por aquellos que en la Tierra son los dispensadores de las gracias de Dios.
    Como don de Dios, Monseñor Enrique Mejía Razura, recibió la inspiración de trabajar para llevar a los altares a la Reverendísima Madre María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre. Siendo Monseñor Mejía, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, debía presentarse en Roma semestralmente y así con esta oportunidad y su grande empeño se iniciaron los trámites. En noviembre de 1977 pidió orientaciones en la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos.
    El 8 de septiembre de 1980 es promulgado el Decreto de Introducción de la Causa en la Arquidiócesis de Guadalajara. El 7 de abril de 1983, se termina de revisar el «Trasunto» y se verifica la «Clausura» del proceso, presidiendo el Sr. Cardenal José Salazar López, Arzobispo de Guadalajara. La documentación resultante, empaquetada y sellada con lacre como es requisito, la recibe Monseñor Mejía bajo juramento
    de entregarla a la Sagrada Congregación en Roma.

    El día 13 de mayo de 1989, en el Vaticano, en la presencia y con la autoridad de Su Santidad Juan Pablo II, a las 11:00 de la mañana, fue promulgado, entre otros, el Decreto de Virtudes Heroicas de la Sierva de Dios Sor María de Jesús Sacramentado Venegas, quien, desde ese momento quedó declarada oficialmente Venerable.
    La Venerable Sierva de Dios Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre fue beatificada por el Papa Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, el 22 de noviembre de 1992, junto con 25 Mártires Mexicanos, para gloria de Dios y de México, siendo motivo de esperanza para los católicos y un ejemplo de fe para el mundo entero.
    Durante la homilía de la Misa de Beatificación, el Papa Juan Pablo II se refirió a la Madre María de Jesús Sacramentado:
    6. «Especial mención merece también hoy la primera mujer mexicana declarada beata, la Madre María de Jesús Sacramentado Venegas. Ella fomentó en su instituto, las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, una espiritualidad fuerte e intrépida, basada en la unión con Dios, en el amor y obediencia a la Iglesia. Con su ejemplo enseñó a sus hermanas religiosas -muchas de las cuales están aquí presentes para honrarla- que debían ver en los pobres, los enfermos y los ancianos, la imagen viva de Cristo».
    «Cuando asistía a uno de ellos solía decirle: <Ten fe y todo irá bien>. De hecho, su vida es un modelo de consagración absoluta a Dios y a la humanidad doliente, que ella empezó a conocer en el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, en Guadalajara».

    «La Madre Venegas tenía también una veneración particular por los sacerdotes y seminaristas; al rezar por ellos decía: <Oh Jesús, sacerdote eterno, ten a tus siervos en tu corazón y conserva inmaculadas sus manos consagradas, bendice su trabajo>. La nueva beata nos enseña una continua relación con Dios y una entrega abnegada hacia los hermanos a través de nuestro trabajo cotidiano en el propio ambiente».
    (L´Osservatore Romano, 27 de noviembre de 1992)

    En orden a la Canonización, la Postulación sometió al juicio de la Congregación de los Santos una presunta curación admirable, atribuida a la intercesión de la Beata Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre. El caso pertenece a Anastasio Ledesma Mora, que fue llevado al Hospital del Sagrado Corazón, en Guadalajara, para someterlo a una operación quirúrgica.

    Después de la anestesia, se manifestó una lentitud cardiaca, que aumentó gradualmente hasta finalizar en un paro total del corazón y de las arterias. Al punto se intentaron terapias de reanimación, pero en vano; por lo que el enfermo cayó en coma profundo sin convulsión nerviosa.
    Notando la gravedad de la situación, los mismos médicos, los enfermeros, que estaban en el quirófano, así como la esposa del enfermo y las Hermanas, Hijas del Sagrado Corazón, invocaron la intercesión de la Beata María de Jesús Sacramentado. Después de 10 ó 12 minutos las palpitaciones se restablecieron y, más allá de lo que los médicos esperaban, el enfermo no sufrió ningún daño en el cerebro, y a los pocos días fue sometido a una Hemicolectomía con Colostomía definitiva, sin complicación alguna.
    Se tuvo como admirable la reanudación de los latidos del corazón gravemente interrumpidos, por lo cual el Arzobispo de Guadalajara realizó la investigación Diocesana, y la Congregación para las Causas de los Santos aprobó su autoridad y fuerza por el Decreto del 9 de junio de 1995.

    El Colegio de los Médicos de este Dicasterio, en la Sesión del 5 de febrero de 1998, reconoció que la curación fue muy rápida, completa y estable, y la rehabilitación completa sin secuelas, inexplicable. Se tuvo el Congreso especial de los Teólogos Consultores el 29 de mayo de 1998 y el 16 de marzo de 1999 se realizó la Sesión Ordinaria de los Padres Cardenales y de los Obispos, siendo Ponente de la Causa el Eminentísimo Cardenal Pío Laghi.
    Y en ambas reuniones, la de los Consultores y la de los Cardenales y Obispos, a la duda propuesta de si constaba del milagro divino, se respondió afirmativamente.
    Se informó finalmente al Sumo Pontífice Juan Pablo II, con máxima exactitud de parte del suscrito Perfecto y Su Santidad acogió benignamente el Voto de la Congregación de las Causas de los Santos y la tuvo como cierta, por lo cual mandó que se emitiera el Decreto de la mencionada curación admirable.
    Una vez elaborado este decreto, mandó además Su Santidad, el día 26 de marzo de 1999, que se publicara este decreto y se asentara en las actas de la Congregación de las Causas de los Santos.
    El decreto lo publicó L´Osservatore Romano el 2 de abril de 1999. El 10 de marzo del 2000, en Roma, se anunció su canonización para el 21 de mayo, durante el día dedicado a México en el Gran Jubileo.
    La Beata Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre fue canonizada el 21 de mayo del Año Santo 2000, Jubileo de la Encarnación de Jesucristo, por el Papa Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro, junto con el grupo de veinticinco Beatos Mártires Mexicanos, encabezados en la lista por el BeatoCristóbal Magallanes y del sacerdote confesor, el Beato José María de Yermo y Parres.

    Durante la homilía de la Misa de Canonización, el Papa Juan Pablo II se refirió a la Madre María de Jesús Sacramentado:

    «Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, primera mexicana canonizada, supo permanecer unida a Cristo en su larga existencia terrena y por eso dio frutos abundantes de vida eterna. Su espiritualidad se caracterizó por una singular piedad eucarística, pues es claro que un camino excelente para la unión con el Señor es buscarlo, adorarlo, amarlo en el santísimo misterio de su presencia real en el Sacramento del Altar».

    «Quiso prolongar su obra con la fundación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, que siguen hoy en la Iglesia su carisma de la caridad con los pobres y enfermos. En efecto, el amor de Dios es universal, quiere llegar a todos los hombres y por eso la nueva Santa comprendió que su deber era difundirlo, prodigándose en atenciones con todos hasta el fin de sus días, incluso cuando la energía física declinaba y las duras pruebas que pasó a lo largo de su existencia habían mermado sus fuerzas. Fidelísima en la observancia de las constituciones, respetuosa con los obispos y sacerdotes, solícita con los seminaristas, Santa María de Jesús Sacramentado es un elocuente testimonio de consagración absoluta al servicio de Dios y de la humanidad doliente».

    El legado de la Madre Nati para la Iglesia de México, es su obra: las»Hijas del Sagrado Corazón de Jesús». Su espiritualidad parte precisamente del amor que cada una de las religiosas debe tener al Sagrado Corazón de Jesús; su carisma, es «servir con caridad a quienes se asemejan más a Jesús sufriente», y su misión específica, atender a los enfermos y necesitados.
    Su apostolado se enmarca en el ámbito de la Pastoral de la Salud; concretamente, prestan sus servicios en el Hospital del Sagrado Corazón, en instituciones como la Cruz Roja Mexicana, y en algunos asilos. Su labor se extiende poco a poco, y las casi 200 religiosas que conforman la obra, trabajan también en la animación parroquial y la formación de agentes de Pastoral. En Chiapas cuentan también con la«Casa del Buen Samaritano», donde brindan atención a quienes egresan de los hospitales y necesitan atención delicada.

    La congregación se ha esparcido por México, Guatemala, Chile, Honduras y Guinea Conakry, en África Occidental, con un total de 26 comunidades.
    La formación de las «Hijas del Sagrado Corazón» comienza con un año de acompañamiento vocacional, en el seno de sus familias. Posteriormente, al hacer su solicitud de ingreso tienen dos meses de convivencia fraterna y acercamiento con la comunidad, para después ser aceptadas en el Postulantado, etapa en la que van descubriendo el ser y quehacer de la obra. Es después de ello que pasan al Noviciado.

    El noviciado es la etapa de formación por excelencia. Durante dos años se preparan para hacer sus primeros votos, y a los cinco, hacen votos perpetuos.
    Lo más importante es formarse en el amor al Sagrado Corazón de Jesús y manifestarlo en la caridad a los hermanos.
    Las «Hijas del Sagrado Corazón de Jesús» invitan a jóvenes que tengan inquietud por la vida religiosa, a formar parte del nuevo instituto masculino, que llevará el nombre de  » Hijos del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa María de Jesús Sacramentado».

    Dios infinitamente bondadoso
    que te dignaste enriquecer a
    Santa María de Jesús Sacramentado Venegas
    con una fe inquebrantable
    y un amor singular a tu Hijo
    bajo la advocación del
    Corazón Sacratísimo de Jesús,
    que encendió en Ella el amor
    a los enfermos y a los pobres,
    te suplicamos nos concedas
    si es para tu Gloria y bien nuestro, la Gracia de…
    (se hace la petición)
    Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
    Sagrado Corazón de Jesús en Ti confío.

    Tomado de:

    http://www.oremosjuntos.com/

    SANTOS ABDÓN y SENÉN,* Mártires

    30 de julio

    Todo lo tengo por pérdida en cotejo del sublime conocimiento de mi Señor Jesucristo, por quien he sacrificado todo. (Filipenses, 3, 8).

    Abdón y Senén, nobles persas, fueron acusados ante el emperador Decio de haber socorrido a los mártires, y de haber enterrado sus santos restos. Se los apremió a que renegaran de Cristo, se les recordó la nobleza de su cuna, pero respondieron que su ma yor título de nobleza era ser servidores de Dios. Fue ron desgarrados a latigazos, les echaron encima a dos leones y cuatro osos, pero estas bestias feroces se echaron a sus pies. Finalmente, el emperador los hizo decapitar, en Roma, hacia el año 250.

    MEDITACIÓN
    BUENO ES SERVIR A DIOS y NO AL MUNDO

    I. Muy pocas cosas pide Dios a sus servidores, y esas cosas son honrosas, útiles y agradables. Es honroso servir a Dios, aun en el mundo, porque los servidores de Dios son respetados desde que son conocidos. Es útil servirle: Dios no tiene necesidad de nosotros, nosotros no podemos pasarnos sin Él. Este servicio es agradable, porque la práctica de la virtud es conforme con la razón, y Dios colma de consuelos celestiales 8 quienes le sirven. Experimenta la ver dad de lo que te digo: sirve a Dios fielmente, y pronto confesarás que el placer de servir a un Señor tan bondadoso excede al trabajo de guardar sus mandamientos.

    II. Los adoradores del mundo, por el contrario, sufren intolerable servidumbre. ¿Acaso no es una vergüenza ser esclavo del demonio y de las propias pasiones? Los hombres voluptuosos desprecian, en el fondo de su corazón, a sus compañeros de libertinaje. La felicidad no puede reinar en un corazón des garrado por los remordimientos de la conciencia y agitado por las tempestades de las pasiones. Un poco de oro, una falsa estima, que habrá de abandonarse muy pronto, he ahí las vanas recompensas con que premia el mundo a sus secuaces; y, con todo, hay que sufrir más para contentar al mundo que para contentar a Dios. (San Agustín).

    III. ¿De dónde proviene que el mundo tenga más seguidores y Jesucristo tan pocos servidores? De que se dejan las enseñanzas de Jesucristo para no pensar sino en las máximas del mundo. ¡Quiérese gozar de los bienes presentes y se desprecian los de la vida futura! Se sigue la costumbre y el empuje de las pasiones, y no la doctrina infalible de Jesucristo. Llamóse Jesucristo Verdad y no costumbre. (Tertuliano).

    El amor de Dios
    Orad por Persia

    ORACIÓN

    Oh Dios, que para elevar a la cumbre de la gloria a los bienaventurados Abd6n y Senén, enriquecisteis su corazón con la abundancia de vuestra gracia, con ceded a vuestros servidores el perd6n de sus pecados, y que la intercesión de vuestros santos mártires nos libre de toda adversidad. Por J. C. N. S. Amén.

    * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

    Tomado de:

    http://misa_tridentina.t35.com/

    Los santos que reinan con Cristo

    30 de Julio