SAN NEOT, Monje

(Fecha desconocida)

Según las leyendas medievales, San Neot era un monje del siglo IX que recibió las sagradas órdenes en Glastonbury. Deseoso de mayor soledad, se trasladó al oeste del país y se estableció en Cornwall, en un sitio que actualmente lleva su nombre. Ahí le visitó el rey Alfredo, quien apreciaba mucho su don de consejo. Algunos autores afirman que era pariente de dicho monarca. «La Crónica del Santuario de San Neot» narra la leyenda de Alfredo y los pasteles quemados. El santo hizo una peregrinación a Roma. Gracias a su intercesión, el rey Alfredo venció a los daneses. Después de su muerte, Neot se apareció al guardián de su santuario en Cornwall y le mandó que trasladase sus reliquias a un sitio determinado. Así se hizo, y los restos fueron a dar a un monasterio situado en el actual Saint Neot de Huntingdonshire.

   Este no es más que un resumen de la vida del santo. Existen muchas variantes y adiciones sobre los milagros de San Neot y otros incidentes de su vida, en las dos biografías latinas y la homilía inglesa que se conservan. Las austeridades que se le atribuyen son semejantes a las de los otros santos celtas. Por ejemplo, se dice que rezaba los salmos metido en una tina con agua helada. Algunos historiadores han hecho notar que la vida de San Neot es una colección de los rasgos más distintivos de la hagiología celta. Las dos biografías latinas carecen de valor histórico y, en realidad, no sabemos nada de cierto sobre San Neot. No sin cierta razón, se ha dicho que existieron dos personajes del mismo nombre: el santo de Cornwall (Niet) y el santo de Huntingdon.

Parece imposible llegar a desenmarañar las contradicciones y contusiones que abundan en las dos biografías de San Neot. El intento más logrado que se ha hecho hasta ahora es el de G. H. Doble, St Neot (1929); en su trabajo le ayudó otro experto, C. Henderson. Los textos pueden verse en Acta Sanctorum, julio, vol. VII; y G. C. Corham, History of Eynesbury and Saint Neot (1820). Cf. LBS., vol. IV, pp. 4 ss.

Vidas de los Santos, de Butler, Vol. III.

Tomado de:

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SAN WANDREGESILO o WUANDRILO, Abad

(668 d. C.)

Wandregesilo nació en las cercanías de Verdún, a fines del siglo VI o a principios del VII. Era pariente del Beato Pepino de Landen, predecesor de la dinastía carolingia. Sus padres le educaron piadosa y sobriamente, y en la escuela aprendió los rudimentos de las ciencias profanas. Los nobles de aquella época sólo podían hacer carrera en la corte, de suerte que Wandregesilo fue enviado a la corte de Austrasia, en cuanto tuvo edad suficiente para ello. Ahí contrajo matrimonio por complacer a sus padres, aunque personalmente no lo deseaba, pues desde tiempo atrás tenía la intención de abrazar la vida religiosa.

Felizmente, los deseos de su esposa concordaban con los suyos, de suerte que vivieron juntos como hermano y hermana (aunque también se cuenta que fueron los padres de Santa Landrada). Cuando Wandregesilo puso en orden todos sus asuntos seculares, ambos se retiraron a la vida religiosa, el año 628. El rey Dagoberto no dejó de oponerse a ello, ya que no quería perder a un servidor tan eficaz y de tanta confianza. Wandregesilo comenzó por quedar bajo la dirección de San Baudry de Montfaugon, cerca de Verdún; pero a los pocos meses, comprendió que debía retirarse durante algún tiempo a la soledad. Así pues, se construyó una choza en los bosques, a orillas del río Doubs, cerca de Saint-Ursanne, en el Jura, donde pasó seis años.

Su modo de vida y las penitencias que practicaba recuerdan mucho la disciplina de los monjes de Irlanda, ya que sólo comía dos veces por semana, dormía una o dos horas diarias y rezaba el oficio descalzo sobre el suelo helado. Por ello, se ha dicho que San Wandregesilo estaba bajo la influencia de San Columbano; tal hipótesis es bastante verosímil, puesto que San Ursicino, uno de los discípulos de San Columbano, había santificado con su vida y su muerte el sitio en el que habitaba entonces San Wandregesilo y éste proyectó, en una época, un viaje a Irlanda. Abandonando a los discípulos que se habían congregado a su derredor, el santo pasó algún tiempo en la abadía de San Columbano en Bobbio y después se trasladó a la abadía de Romain-Moütier. Ahí permaneció diez años, hasta perfeccionarse en las reglas y prácticas de la vida cenobítica. El arzobispo de Rouen, San Ouén, en cuya diócesis trabajó algún tiempo Wandregesilo, le confirió las órdenes sagradas.

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