¿Sabías que Jesús sí nació el 25 de diciembre?

25 de diciembre Natividad del Señor

Para ir al artículo, clic aquí

¿Sabías que Jesús sí nació un 25 de diciembre?

25 de diciembre Natividad del Señor

Para ir al artículo, clic aquí

Jesús sí nació el 25 de diciembre

25 de diciembre Natividad del Señor

Uno de los innumerables mitos que son moneda corriente en este mundo de tópicos es que la celebración de la Navidad en el 25 de diciembre procede de la sustitución de una fiesta de adoración al sol. Se dice que el cristianismo adoptó y adaptó fechas y costumbres paganas a fin de ganar más aceptación y para que no les costara tanto a los paganos abandonar su religión y abrazar la cristiana. En realidad esto no tiene mucho sentido, dado que los primeros cristianos, al contrario que tantos de hoy, no se andaban con tibiezas ni claudicaciones cobardes, aunque terminaran en las fauces de los leones o formando parte del alumbrado público romano en las famosas teas de Nerón.

Lo cierto es que la idea del origen pagano de la Navidad se remonta a fines del siglo XVII y principios del XVIII. Un protestante alemán llamado Paul Ernst Jablonski quiso demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de muchas costumbres paganas que había adoptado la Iglesia del siglo IV mientras supuestamente se degeneraba y apartaba del cristianismo puro que habían predicado los apóstoles.
Dom Jean Hardouin, monje benedictino, se tragó el cuento y trató de demostrar que, en efecto, la Iglesia católica había adoptado y cristianizado festivales paganos, aunque sin paganizar el Evangelio. Como en el calendario juliano vigente desde Julio César el solsticio de invierno caía en el 25 de diciembre, tanto Jablonski como Hardouin estaban convencidos de que esa fecha había tenido un sentido claramente pagano antes de cristianizarse.

Sigue leyendo

La verdad se defiende, el error se combate;

y la verdad es tal la diga quien la diga, y lo mismo se aplica con el error.

Muchos se quejan porque cuando hago respuestas públicas cierro los comentarios. 

Lo hago NO porque no me guste que me respondan. Simplemente porque se arman discusiones interminables y hay mucha gente que solo busca ganar un debate o tener la razón. Yo no tengo tiempo para discusiones eternas, y aunque me encantan los debates, mi primera obligación es ser párroco y atender mi parroquia. 

Quien quiera contestarme puede hacerlo en el post original (esas respuestas son comentarios de una publicación previa) o también puede citarme y responder a lo que dije. A mi no me interesa tener la última palabra, sino solo la verdad. La última palabra le corresponde a Dios (al fin de cuentas es así). Dios me llamó a salvar almas y no a ganar discusiones. 

   Sepan que también el post este que estoy haciendo ahora son oportunidades que les doy a las personas para escribir lo que quieran y lo que piensen.  

    Una cosa buena de la libertad de expresión es que cada uno puede expresarse como le parezca. Lo malo de la misma es que muchas personas escriben sandeces y para colmo de se creen sabios.  

    Yo estoy seguro que entre los que me leen hay gente más sabia que yo. En mi caso, no me considero sabio ni mucho menos. Pero a veces da mucha risa leer ciertos comentarios de personas que se creen muy inteligentes al decir ciertos disparates. 

     Por ejemplo, una señora dijo una vez: «usted no tiene derecho a criticar a un obispo padre». Yo me reía porque esta señora no puede distinguir una crítica constructiva de una falta de caridad. No me reía de la señora, ya que puede ser una santa mujer que ni siquiera conozco, pero me reía de su comentario. Puede inclusive que esta mujer haya dicho lo que dijo con buenas intenciones y buscando mi bien. Pero el comentario en sí es erróneo.  

    Un obispo, por más sucesor de los Apóstoles que sea, no está confirmado en gracia. También era obispo Gregorio, uno de los capellanes de la revolución francesa, y fue el mismo que mandó a muchos curas a separarse del Papa y también mandó a la guillotina a muchísimos hombres y mujeres inocentes. El mismo obispo Gregorio fue excomulgado por cismático. Lo mismo, Nestorio que prácticamente negaba la divinidad de Cristo era obispo, como son obispos los alemanes actuales que le dan la comunión a divorciados y vueltos a casar y que defienden la perversa ideologia del género. 

     Por más obispos que sean, se los puede criticar, ya  están en el error. En el error, no se sigue a nadie; en cambio la verdad se defiende siempre y en todo lugar. Dicho de otra manera: se juzgan los hechos (1 Cor 4 – 5), no las personas. Si un obispo dice o hace una herejía, se puede decir tranquilamente que ese obispo hace daño y no es fiel a la doctrina católica. 

     Por lo tanto, queridos amigos, si somos católicos debemos formarnos antes de hablar. No hay que opinar por opinar. Como me decía mi padre cuando yo di una opinión sobre un tema que no tenía ni la más pálida idea, y me lo dijo con una lógica de hierro:  «si sabes, habla; si no sabes mejor calla. Es mejor quedarse callado y parecer ignorante, que abrir la boca y despejar dudas». 

     Hay que darse cuenta de que ser obispo, ser sacerdote o ser una persona consagrada no equivale a tener un doctorado en Harvard. Los sacerdotes podemos cometer errores, como lo puede cometer cualquier ser humano sobre la faz de la tierra. 

     Por lo tanto, es un acto de caridad sacar del error a alguien, sea laico, sacerdote u obispo. La verdad se defiende, el error se combate; y la verdad es tal diga quien la diga, y lo mismo se aplica con el error. Por más que el error salga de la boca más consagrada habida y por haber, no deja de ser lo que es, y debe ser combatido y refutado. 

    Bendiciones para todos.

Padre Tomás Agustín Beroch

Tomado de: 

La red social X (anteriormente Twitter).