La unión en la plegaria, según las enseñanzas de San Francisco de Sales.

Por el Papa Pío XII

Papa Pío XII

Grande consuelo y esperanza para Nuestro corazón, queridos recién casados, es el ver esta reunión vuestra en torno a Nos; porque aparece a Nuestra mirada como una reunión de nacientes familias cristianas sobre las cuales se complace el Señor en derramar la abundancia de los favores que habéis solicitado, al pie del altar, ante el sacerdote que bendecía vuestra unión. Vuestra invoca­ción, que se unía así a la del ministro de Dios, era oración, y con la oración habéis iniciado la nueva vida común. ¿Continuaréis orando, invocando al Padre que está en los cielos, fuente de toda paternidad en el orden de la natu­raleza y en el orden de la gracia? Sí; signo de esa promesa es vuestra presencia para pedir sobre vuestro nuevo hogar Nuestra bendición paterna, que confirme la súplica del sacerdote y la vuestra y las avalore para todo el curso de vuestra vida.

San Francisco de Sales, –de  quien, en nuestro último discurso a los recién casados, venidos como vosotros, queridos hijos e hijas, a pedirnos que les bendijésemos, comentamos brevemente las “Advertencias a las personas casada?–, añade sobre la oración de los esposos un ras­go de pluma encantador, que queremos hoy presentar a vuestra consideración.

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