Santa María Goretti «Pequeña y Dulce Mártir de la Pureza»

(1890 †1902)

Fiesta 6 de Julio

Nació en Corinaldo, Italia, 16 de octubre de 1890, de una familia humilde. Su niñez, bastante dura, transcurrió en Nettuno (cerca de Roma), y durante ella se ocupó en ayudar a su madre en las tareas domésticas. Era piadosa y asidua en la oración. El 6 de Julio de 1902, a los once años de edad, fue amenazada con un punzón por Alessandro Serenelli, un joven que trató de abusar de ella. Ella prefirió morir antes que pecar. Durante su agonía perdonó a su atacante, quién, tras años de cárcel, se convirtió.

Canonizada por S.S el Papa Pío XII – Roma, Junio 24, 1950, la definió «Pequeña y Dulce Mártir de la Pureza».

El cuerpo incorrupto de Santa María Goretti

El cuerpo de Santa María Goretti fue enterrado y se conserva en la Iglesia de Nuestra Señora de la Divina Misericordia en Nettuno (Italia), en donde se puede apreciar dentro de una urna de cristal.  El cuerpo incorrupto de ella es absolutamente hermoso.

Tomado de:

http://simoncondetanur.blogspot.com

http://www.escuelacima.com/santosincorruptos.html

Santa María Goretti

Ahora la historia de la flor del campo ya no pertenece sólo a su gente, pero se ha convertido en una página importante en la historia de la Iglesia.

Para la aprobación final del último eslabón perdido importantes.

El milagro es el sello de Dios en los acontecimientos humanos de todo el mundo llegan informes de curaciones obtenidas por invocar el nombre de Marietta. Si es elegido dos milagros de fiabilidad incuestionable.

El primero es la curación de José Cupe, trabajador y padre de cuatro hijos, curar instantáneamente de un causategli hematomas graves por una gran roca cayó de un acantilado en el pie derecho (Roma 08 de mayo 1947).

La segunda es la curación, incluso esta instantánea de la señora Anna Grossi Musumarra por pleuresía exudativa y abundante líquido (Roma 04 de mayo 1947).

Los dos pacientes no se pudo curar hasta después de un tratamiento a largo e incierto.

El 11 de diciembre 1949 el Papa Pío XII reconoció la autenticidad de los milagros y fijado para 25 de junio 1950 a la fecha de la canonización.

Por el caso está afectando a los medios de comunicación de todo el mundo, la historia de la flor silvestre poco contacto con las personas de todos los continentes.

ROMA - Plaza S. Pedro - 24 de junio de 1950 es un triunfo para la "Flor de Campo Pequeño", declaró un santo frente a 500.000 personas.

Ese día, en la Plaza de San Pedro se calculan no menos de medio millón de personas y por primera vez la ceremonia se lleva a cabo al aire libre. Intervienen dignatarios como el italiano Luigi Einaudi Presidente y el Primer Ministro Alcide De Gasperi.

Las fotos de ese día apenas dan una idea de la magnitud del acontecimiento.

ROMA - 24 de junio de 1950. Pío XII al llegar a la canonización en la Plaza de San Pedro.

ROMA - El papa Pío XII declara Santa a María Goretti el 24 de junio 1950

El Papa Pío XII pronuncia la fórmula ritual:

«Para honra y gloria de la Santísima Trinidad, la exaltación de la fe católica y para aumentar la religión cristiana, con la autoridad de Jesucristo, los bienaventurados Pedro y Pablo y la Nuestra, después de madura deliberación y repetidamente suplicó la ayuda Dios, escuchando el consejo de nuestros venerables hermanos los cardenales de la Iglesia SR, patriarcas, arzobispos y obispos en Roma, decreto y definir que la Santísima Virgen y mártir María Goretti es santo es la inclusión entre los santos, ordenando que su la memoria es recordada con piadosa devoción por la Iglesia universal, cada año el día de su nacimiento y que es 06 de julio.

Desde una ventana del Palacio Apostólico, mamá Asunta, vestida de negro y miró hacia otro lado, viviendo el momento más increíble de su existencia.

Mamá Asunción rezando ante los restos de su hija.

Santa María Goretti

En la historia antigua de la Iglesia nunca ha sucedido que una madre, hermanos, parientes y amigos pudieron asistir a la canonización de uno de sus familiares.

Desde ese día María Goretti enseña un camino, su nombre, la terminología, significa un mensaje claro y evidente, aunque a menudo mal entendido.

Pío XII recibe en audiencia especial a toda la familia Goretti.

Desde su santuario, honrada con la visita de Pablo VI y Juan Pablo II, es un punto de referencia para la espiritualidad y la fe. Hay un sinnúmero de certificados de reconocimiento por los indultos concedidos por invocar su intercesión.

Su nombre está dedicado a las iglesias, hospitales, jardines de infancia en todo el mundo. Su historia se cuenta en todas las lenguas del mundo, incluido el chino y el árabe.

Mención especial a la adaptación de la película maravillosa de la vida de Marieta por el director A. Genina el famoso título «El cielo sobre el pantano»(1949).

Nunca deja de sorprender su vida, sencillo y limpio como una gota de rocío: la aventura de una pequeña flor silvestre destinadas a desaparecer nunca.

Cartel anunciador de la película: "Cielo sobre el pantano" (1949)

Tomado de:

http://www.nettunocitta.it

Dos películas sobre Santa María Goretti

Cielo sobre el pantano

Cielo sulla palude (1949)

di Augusto Genina

"Cielo sulla palude" (1949)

Martina Pinto interpreta Santa Maria Goretti nella fiction televisiva omonima (2003)


Maria Goretti (2003)

Para ver la película María Goretti del año 2003 clic aquí


Santa MARIA GORETTI, VIRGEN MÁRTIR DE LA PUREZA

¡Santa María Goretti, ora pro nobis!

Pío XII, que la canonizó el 24 de junio de 1950, la definió «pequeña y dulce mártir de la pureza».

De la homilía pronunciada por el papa Pío XII en la canonización de Santa María Goretti

De todo el mundo es conocida la lucha con que tuvo que enfrentarse, indefensa, esta virgen; una turbia y ciega tempestad se alzó de pronto contra ella, pretendiendo manchar y violar su angélico candor. En aquellos momentos de peligro y de crisis, podía repetir al divino Redentor aquellas palabras del áureo librito De la imitación de Cristo: «Si me veo tentada y zarandeada por muchas tribulaciones, nada temo, con tal de que tu gracia esté conmigo. Ella es mi fortaleza ; ella me aconseja y me ayuda. Ella es más fuerte que todos mis enemigos.»  Así, fortalecida por la gracia del cielo, a la que respondió con una voluntad fuerte y generosa, entregó su vida sin perder la gloria de la virginidad.

En la vida de esta humilde doncella, tal cual la hemos resumido en breves trazos, podemos contemplar un espectáculo no sólo digno del cielo, sino digno también de que lo miren, llenos de admiración y veneración, los hombres de nuestro tiempo.  Aprendan los padres y madres de familia cuán importante es el que eduquen a los hijos que Dios les ha dado en la rectitud, la santidad y la fortaleza, en la obediencia a los preceptos de la religión católica, para que, cuando su virtud se halle en peligro, salgan de él victoriosos, íntegros y puros, con la ayuda de la gracia divina.

Aprenda la alegre niñez, aprenda la animosa juventud a no abandonarse lamentablemente a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, sino, por el contrario, a luchar  con firmeza, por muy arduo y difícil que sea el camino que lleva a la perfección cristiana, perfección a la que todos podemos llegar tarde o temprano con nuestra fuerza de voluntad, ayudada por la gracia de Dios, esforzándonos, trabajando y orando.

No todos estamos llamados a sufrir el martirio, pero sí estamos todos llamados a la consecución (acción y efecto de conseguir) de la virtud cristiana. Pero esta virtud requiere una fortaleza  que, aunque no llegue a igualar el grado cumbre de esta angelical doncella, exige, no obstante, un largo, diligentísimo e ininterrumpido esfuerzo, que no terminará sino con nuestra vida. Por esto, semejante esfuerzo puede equipararse a un lento y continuado martirio, al que nos amonestan aquellas palabras de Jesucristo: El reino de los cielos se abre paso a viva fuerza, y los que pugnan por entrar lo arrebatan.

Animémonos todos a esta lucha cotidiana, apoyados en la gracia del cielo; sírvanos de estímulo la santa virgen y mártir María Goretti; que ella, desde el trono celestial, donde goza de la felicidad eterna, nos alcance del Redentor divino, con sus oraciones, que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas ilustres con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo.

Oración

Señor, fuente de la inocencia y amante de la castidad, que concediste a tu sierva María Goretti la gracia del martirio en plena adolescencia, concédenos a nosotros, por su intercesión, firmeza para cumplir tus mandamientos, ya que le diste a ella la corona del premio por su fortaleza en le martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.  -del Oficio Divino

Tomado del excelente sitio web obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María:

http://www.corazones.org

SANTA MARÍA GORETTI (*) Virgen y Mártir

6 de julio

¡Santa María Goretti, ora pro nobis!

El día 9 de octubre de 1954 moría en Corinaldo una pobre mujer de pueblo. Los periódicos del mundo entero publicaron la noticia con gran relieve. ¿Quién era la señora Assunta, a quien la gente solía llamar «mamá Assunta», para que mereciese el interés de la prensa mundial? ¿Qué hazañas había realizado para que el Ayuntamiento de su pueblo decretase funerales públicos y la gente tapase con una pirámide de flores su ataúd?

Assunta Goretti era una viejecita de ochenta y ocho años, que no sabía leer ni escribir, pero que poseía esa sabiduría superior de los que conocen y viven el Evangelio. El año 1943, al correr al refugio porque las sirenas daban la alarma de aviación, se rompió una pierna y desde entonces quedó inválida. Estaba sentada en un carrito. A pesar de lo cual mereció que Su Santidad el Papa la recibiese en el Vaticano con los honores concedidos a los príncipes y jefes de Estado. Los periodistas de todas partes solicitaban sus manifestaciones y, aunque quería pasar desapercibida de todos, era una de las figuras más populares de nuestro siglo.

¿Quién era esta mujer singular? La madre de una niña mártir, la única persona que ha tenido la dicha de presenciar la canonización de su propia hija.

Fue el 24 de junio de 1950. Como los peregrinos venidos de todos los confines no iban a caber en la basílica de San Pedro, el Papa canonizó a Santa María Goretti en la plaza inmensa delantera a la basílica. Se calcula que medio millón de personas presenció aquélla tarde la ceremonia emocionante. No se recordaba nada igual en los anales de Roma.

La historia de Santa María Goretti es hoy sabida de todos. Incluso ha sido llevada a la pantalla, aunque con esa manía del cine de retocar y deformar los hechos.

Era una familia de pobres campesinos italianos. Un matrimonio compuesto de ambos esposos, Luis Goretti y Assunta Carlini, y cinco hijos. La segunda es María, que nació en Corinaldo el 16 de octubre de 1890.

Pero en Corinaldo no encuentran manera de ganarse la vida, a pesar de poseer allí unas tierrecillas. Y emigran. Primero a Colle Gianturco, y al cabo de dos años a Ferriere di Conca, a once kilómetros de Nettuno. Allí se instalan como colonos del conde Mazzoleni.

Aquel terreno era entonces en extremo malsano. Eran las regiones pantanosas del Agro Pontino. El mosquito que transmite la malaria acechaba insidiosamente a los Pobres labriegos. Así Luis Goretti murió al poco tiempo de aposentarse su familia en Ferriere. Y quedaron solos Assunta y sus cinco hijos, el mayor de los cuales apenas tenía trece años.

-Ánimo, mamá -decía María, la mayor de las niñas-. ¿Por qué tienes miedo? ¡Ya vamos siendo grandes! Basta que el Señor nos dé salud. Saldremos adelante, saldremos. Assunta trabajaba en el campo, como un hombre. Siempre había trabajado, porque quedó huérfana de pocos años. Trabajaba y educaba a sus pequeños. Desde que éstos aprendían a hablar les enseñaba a hacer la señal de la cruz y a rezar las primeras oraciones y los rudimentos de la doctrina cristiana.

Marietta atendía a todo, lavaba a sus hermanitos menores, iba por agua, preparaba la comida, cosía.

Nunca tuvo amigas, pues las ocupaciones de la casa no le dejaban tiempo para jugar.

Pero es que sobre los deberes de la propia familia recaían también sobre ella la obligación de atender a otras dos personas que vivían en la misma casa y eran aparceros en las faenas agrícolas, Juan Serenelli y su hijo Alejandro, mocetón de unos veinte años. La casa tenía dos dependencias separadas, pero la escalera y la cocina eran comunes para ambas familias.

Alejandro no era mal muchacho; pero empezó a darse a lecturas deshonestas que emponzoñaron su alma. Y el que hasta entonces había mirado con indiferencia a la hija mayor de la señora Assunta, empezó a fijarse demasiado en la chiquilla.

No porque ésta diese motivo alguno. Todos están acordes en afirmar, y así lo ha declarado después repetidamente el mismo Alejandro, que María Goretti era muy modesta y miradísima en el vestir. Era una niña -todavía no llegaba a los doce años-, pero algo desarrollada, quizá más de lo que pudiera esperarse de su edad. Y en el corazón de Alejandro Serenelli se encendió una brutal pasión.

Dos veces la tentó. Al principio, la pequeña ni comprendió el alcance de lo que Alejandro pretendía; pero vio que era algo malo. Y resistió fuertemente arrojando al tentador, a pesar de su edad y su vigor. Alejandro se sintió despreciado y vencido por Marietta.

Volvió al asalto por tercera vez. Era la tarde del 5 de julio de 1902. Alejandro ha pensado bien todas las cosas. Abajo su padre, la señora Assunta y todos los de la casa, se encuentran trillando habas en la era. Arriba, en el descanso de la escalera, María Goretti cose una camisa que Alejandro le había mandado urgentemente remendar con el secreto designio de que la muchacha quedase sola en alguno de los aposentos.

Marietta se intranquiliza cuando ve llegar a Alejandro. Está sobre ascuas; sabe lo que el joven brutal quiere y verse a solas con él la atemoriza. Cose apresuradamente. El mocetón la llama:

-María, ven acá.

-¿Para qué? ¿Qué quieres?

-Tú ven acá.

.No. Si no me dices qué quieres, no voy.

Alejandro la toma violentamente por un brazo, le tapa la boca con la mano y, venciendo la resistencia de la pobreta, da una patada a la puerta y la cierra.

La débil fuerza de una niña que no ha cumplido doce años vencerá las fuerzas del muchacho de veinte. Grita Marietta:

-¡No! ¡No!… ¡Es pecado!. ¡No, no! ¿Qué haces, Alejandro?… ¡Vas al infierno!…

El mocetón, viendo que nada consigue, coge un hierro afilado que tenía a punto y se ensaña con su tierna víctima, que prefiere la muerte antes que pecar. Hasta catorce heridas que traspasan su vientre y el pecho pudieron apreciar los médicos que después la reconocieron.

Al fin acuden los familiares. Loca de dolor pregunta a su hija la señora Assunta:

-Marietta mía, ¿qué ha sucedido? ¿Quién ha sido? Dime, dime…

-Fue Alejandro.

-¿Por qué te hizo esto, hija mía?

-Porque me quería hacer las cosas malas y yo no quería.

Y exacto, quedó intacta la tierna virgencita, conforme a la confesión del mismo asesino y al testimonio de los médicos.

A las cinco horas una ambulancia lleva a la pobre hija al hospital de los hermanos de San Juan de Dios de Nettuno. Por la misma carretera dos carabinieri llevan esposado a Alejandro Serenelli. Distinto fruto de la educación que Assunta Goretti y Juan Serenelli dieron a sus hijos.

Poco pudieron hacer los médicos del hospital. Sin embargo, intentaron la laparotomía o apertura del vientre pasa poder operarla. Y sin darle anestésico; dos horas de atroz martirio. Marietta coge entre sus manos la medalla de la Milagrosa que siempre llevaba al cuello.

Le preparan al viático, que recibe como un ángel. Le sugieren que perdone al asesino, y contesta al punto:

-Sí, le perdono por amor a Jesús, y quiero que venga también conmigo al cielo.

Algunas horas más tarde moría la niña entre delirios, en los que se le oía defenderse contra Serenelli e invocar a la Virgen Santísima.

La muerte de Marietta llenó de estupor a toda la comarca. Sin distinción de público acudieron todos a su entierro.

Treinta años después fue desenterrado su cadáver y llevado a una capilla en la basílica de Nuestra Señora de las Gracias, de Nettuno. Miles de fieles rezan ante aquellos restos de una virgen cristiana, la Santa Inés del siglo XX, como la llamamos hoy.

El heroísmo de Santa María Goretti no fue improvisado. Los actos de hermosas virtudes de que dio prueba antes de su muerte -preferir la muerte al pecado, perdonar a su asesino, soportar con paciencia sobrehumana una operación sin cloroformo y la sed abrasadora que luego siguió-, todo esto era consecuencia de una vida santa, a la que venía preparándose con el ejercicio constante de las virtudes cristianas en un ambiente lleno de fe, de trabajo y de privaciones.

Assunta enseñaba a sus hijos el catecismo, les infundía el horror al pecado, les acostumbraba a la oración. Su hogar era pobre; tenían lo justo para vivir, la madre había de pasar la jornada fuera, en los trabajos del campo. Y Marietta lo hacía todo en casa con la formalidad de una persona mayor. Y todavía encontraba tiempo para rezar el rosario en sufragio de su padre muerto. Y reunía a sus hermanitos y les enseñaba la doctrina y rezaba con ellos. Y hasta consolaba a su madre:

-No tenga cuidado, mamá: verá cómo salimos adelante.

Marietta estaba más crecida de lo que sus años podían exigir. Con su pelo castaño, sus ojos negros y su tez fresca y rosada era una muchacha sana de cuerpo y espíritu. La modestia era su principal virtud; ha declarado siempre unánimemente su madre.

Nunca fue presumida, pues además vestía las ropas usadas que le daba una vecina.

Así, con oración, modestia y trabajo, se preparó esta santita para llegar a ser canonizada en la plaza de San Pedro un 24 de junio de 1950.

El desgraciado confesó de pleno su crimen. Y se arrepintió de aquel acto de locura una tarde de verano.

Condenado a treinta años de cárcel, mereció que le rebajasen su condena en tres años por su buen comportamiento. Hoy sirve como criado y hortelano en el convento de capuchinos de Ascoli.

La niña le había perdonado en el hospital. Pero, como el mismo Serenelli ha manifestado después, ya cuando Marietta se retorcía en el suelo apuñalada con el punzón de hierro, le dijo:

-No es nada, Alejandro… Yo te perdono.

Por eso la señora Assunta perdonó también al criminal. Fue una escena que sólo puede darse entre cristianos. Estaba de criada del señor cura de Corinaldo la madre de María Goretti cuando la noche de Navidad de 1938 llamaron a la puerta de la casa rectoral. Abrió la señora Assunta y un hombre le dijo:

-¿Me reconoce usted, señora Assunta? -al tiempo que bajaba los ojos.

-Sí, Alejandro; te recuerdo.

-¿Me perdona? -suplicó el infeliz, que llevaba en el rostro las trazas de veintisiete años de cárcel.

-Si Dios te ha perdonado, Alejandro, ¿cómo no te he de perdonar yo?

Aquélla noche la pasó en la casa del párroco, y juntos, la madre y el asesino de su hija, se acercaron a comulgar en la Misa del Gallo.

Y siempre, cuando hablaban de Serenelli, la señora Goretti no consentía que le tratasen mal.

-¡Está tan arrepentido! Y habiéndole perdonado Marietta, ¿cómo no le voy a perdonar yo? Es cierto que ha cometido un pecado enorme; pero Dios ha sabido sacar bien de tanto mal.

CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA

* Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

SANTO TOMÁS MORO,* Mártir

6 de julio

La tristeza que es según Dios produce la penitencia estable para la salvación; pero la tristeza según el mundo produce la muerte. (2 Cor., 7, 10).

Nacido en Londres en 1478, Tomás Moro estudió en Oxford, ejerció la abogacía en su ciudad natal y se casó, en primeras nupcias, con Juana Colt. Su dichoso hogar era el punto de reunión de todos los hombres piadosos y sabios de Inglaterra y del extranjero. Habiendo enviudado contrajo segundas nupcias con Alicia Middleton, en 1516. Por esa misma época, fue distinguido por el joven rey Enrique VIII, que le hizo su Lord Canciller, en 1529. Viéndose obligado a oponerse al rey en el asunto de la anulación del matrimonio real, renunció Tomás Moro por estimar que éste era su deber. Cuando Enrique VIII quiso hacerse jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, su antiguo Canciller irguióse contra él, y fue encarcelado en la torre de Londres, siendo decapitado en 1535. Tanto en su vida pública como en su vida privada fue modelo de verdadero cristiano, uniendo a la suavidad la fortaleza, a la piedad la inteligencia, a la alegría la seriedad.

MEDITACIÓN SOBRE LA BUENA
y LA MALA TRISTEZA

I. No te entristezcas por las cosas de este mundo. La tristeza daña a la salud, turba la paz del alma, aniquila la piedad y la virtud; ella. nos hace insoportables a los demás y molestos a nosotros mismos. Pero, dirás, ¿cómo no estar triste en este valle de lágrimas? pregúntale a tu alma, con David: ¿Alma mía, por qué estás turbada y triste? Si tú has atraído la desgracia que te aflige, sopórtala pacientemente, puesto que la has merecido; si no eres tú su causa, espera en Dios, te consolará si no siempre en esta vida, segura e inefablemente en la otra. ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me conturbas ? (El Salmista).

II. ponte triste de haber ofendido a Dios; llora tus faltas, día y noche. Esta tristeza te causará una alegría muy dulce en el fondo del corazón. ¡Lejos de nosotros esas risas y esos gozos del mundo que se llevan la compunción del corazón! ¡Ah! ¿Podemos, acaso, regocijarnos en esta vida cuando ignoramos la hora de nuestra muerte, y no sabemos si somos dignos del amor o del odio de Dios?

III. Que esta tristeza, causada por el recuerdo de tus pecados, produzca en ti una penitencia estable. No basta, en efecto, entregarte sólo por algunos días a la penitencia y a las lágrimas; todos los días cometes nuevos pecados, todos los días debes llorar. San Pedro y Santa María Magdalena lloraron hasta su muerte. ¡Cuán dulces son las lágrimas que extinguen las llamas del infierno!¿Quieres no estar triste nunca? Vive santamente: una vida santa siempre es gozosa; la conciencia del culpable está siempre atormentada. (San Bernardo).

La contrición
Orad por los afligidos.

ORACIÓN

Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza, ved cómo el peso de nuestros pecados nos abruma, y fortificadnos por la gloriosa intercesión del bienaventurado Tomás, vuestro mártir. por J. C. N. S. Amén.

*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

6 de Julio