CANCIONES DEL ALMA… [ I ]

Juan de Yepes, natural de Fontiveros (Ávila), carmelita.

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada,

a oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en sitio donde nadie aparecía.

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
y en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Tomado de: http://www.los-poetas.com/f/cruz.htm

S. Juan de la Cruz, Confesor y Doctor

24 DE NOVIEMBRE

Oh Dios, que hiciste a tu santo Confesor y Doctor Juan preclaro amante de la Cruz y de la propia abnegación: concédenos que, perseverando siempre en su imitación, alcancemos la gloria eterna. Por N.S.J.C.

 

Poco después de Santa Teresa, la gran reformadora del Carmelo, honra la Iglesia a San Juan de la Cruz, su auxiliar infatigable en la ardua empresa que ambos  acometieran, pues por él pudo, introducir la primitiva observancia entre los frailes de la Orden, como ya la había impuesto a las mujeres.

Juan. al decir de la misma Santa, era una de las almas más puras que en la Iglesia había; y Dios le comunicó grandes raudales de luz, hinchendo su entendimiento con la ciencia de los Santos (Int.). Nacido en 1542. en Ontiveros (prov. de Ávila), ingresó en la Orden carmelitana. Su virtud dominante fué una perfecta abnegación de sí mismo, que le hacía andar en busca del sufrimiento y de la humillación (Or.). Su divisa fue: ¡Señor, padecer y ser despreciado por Ti! Y Dios le oyó, pues la reforma del  Carmelo le costó grandes sinsabores. Cayó, por fin gravemente enfermo en Úbeda, donde murió por los años de 1591.

San Juan de la Cruz es el Doctor místico por excelencia, y su «Subida al Monte Carmelo » y sus inspiradísimas poesías le colocan para siempre en un lugar preeminente entre los clásicos castellanos.

Lo que Santa Teresa enseña acerca de la vida espiritual con esa frase tan natural, tan descuidada, tan encantadora, tan suya, San Juan de la Cruz lo expone en forma más científica, con estilo castizo y orientación certera. Quien quiera aprovechar en la vida espiritual de unión con Dios no puede menos de leer sus incomparables escritos, y leerlos con sosiego.

¡Bendito San Juan de la Cruz! haz que, si no nos proponemos por divisa « el padecer y ser despreciados por Cristo », que al menos llevemos con buen ánimo la cruz que pluguiere a Dios enviarnos.

Ruega también por la benemérita Orden carmelitana, para que guarde siempre el espíritu sobrenatural tan macizo ­que tanto trabajaste por inocularle.

Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica)

Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)

Pagina 1826.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

24 de noviembre

SAN JUAN DE LA CRUZ,
Confesor y Doctor

La caridad no tiene envidia, no obra precipitada. (I Corintios, 13, 4).

 

San Juan de la Cruz, de la Orden Carmelitana y émulo de Santa Teresa, tenía tal amor por Dios, que bastaba la vista de un crucifijo para fundirlo en lágrimas y hacerlo caer en éxtasis. Tres cosas pedía frecuentemente al Señor: la primera, no pasar día sin sufrir; la segunda, no morir siendo superior, y la tercera, acabar su vida en la humillación, el desprecio y la soledad. Fue escuchado. Las odiosas persecuciones de que fue objeto durante mucho tiempo, hasta la misma prisión, no hicieron sino aumentar su dicha. A punto de morir exclamó ¡Gloria a Dios! y, después, apretando el crucifijo sobre su corazón, extinguióse dulcemente el 14 de diciembre de 1591, a la edad de 49 años.

MEDITACIÓN
SOBRE LA ENVIDIA

I. Nada hay que el cristiano deba evitar más que la envidia, porque allí donde ella reina no hay caridad, ni humildad, ni tranquilidad de espíritu. La envidia nos hace enemigos de Dios, de nuestro prójimo y de nosotros mismos. Lo más raro es que el envidioso se hace más mal a sí mismo que a los demás. La dicha del prójimo tórnalo miserable y lo condena; se aflige a sí mismo sin poder hacer mal a los otros.El envidioso es el enemigo de su salvación más todavía que del Prójimo. (San Cipriano).

II. Tiénese envidia de los bienes del espíritu y de los bienes del cuerpo, de los bienes de la naturaleza y de los bienes de gracia. ¡Qué locura envidiar en tu prójimo aquello que Dios, en su liberalidad, le concedió, o aquello que él adquirió mediante su trabajo! Los bienes de la tierra muy poca cosa son para que sean Objeto de tu envidia; en cuanto a los dones y favores de Dios, si los deseas, eres un insensato envidiando a los demás, porque éste es el medio, precisamente, con que no los obtendrás.

III. Para Corregirse de este vicio, hay que buscar las fuentes, que son la vanidad y la falta de caridad. Considera, además, las penas que te causa la envidia y los pecados que te hace cometer; arruina tu salud y tu reputación. ¡Desdichado! ¡Imita el bien que ves en los demás, y no tendrás motivo para envidiarlos! Si no puedes imitarlos, alégrate de que practiquen la virtud y sigan el camino del cielo; es la manera de participar de sus méritos. Imita a los buenos, si puedes: si no puedes, alégrate con ellos. (San Cipriano).

La modestia en la Iglesia 
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis hecho de San Juan de la Cruz, vuestro confesor y Doctor, un amante apasionado de la Cruz y de la perfecta abnegación de sí mismo, concedednos la gracia de llegar, caminando por sus huellas, a la gloria eterna. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

24 de Noviembre