Las profecías de San Malaquías

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En el libro de Wion, editado en Venecia en 1595, las Profecías de San Malaquías ocupan cinco páginas, aquí reproducimos la primera.

Las referidas profecías de San Malaquías sobre los Papas son consideradas por muchos estudiosos como una mistificación, es decir habrían sido inventadas, y por lo tanto serían enteramente desprovistas de credibilidad. Algunos le dan un cierto crédito. Ciertas coincidencias curiosas hicieron con que alcanzasen notoriedad a lo largo de los tiempos, y con eso vuelven siempre a la palestra con ocasión de la muerte de un Pontífice y la elección de su sucesor. En una ocasión como ésa, tan extremadamente importante para la vida de la Iglesia, sirven más para comunicar un cierto atractivo intelectual a los comentarios y conversaciones, que para hacer análisis y pronósticos enteramente fundamentados.

San Malaquías y sus “profecías”

San Malaquías, de origen noble, nació en Irlanda en 1094 (ó 1095, la fecha no es segura) y fue electo Arzobispo de Armagh en 1132. Murió en 1148 en Claraval, Francia, asistido por San Bernardo, del cual se hiciera amigo y quien escribió un libro sobre su vida. Fue canonizado en 1190 por el Papa Clemente III. Tiene profecías sobre Irlanda, además de haber anunciado el día de su propia muerte (2 de noviembre).

En 1139, fue a Roma a presentar un informe de su diócesis al Papa Inocencio II, en esa ocasión habría tenido la visión en la cual se desplegó ante su mente la lista de los 112 pontífices que gobernarían la Iglesia desde Celestino II, electo en 1143, hasta el fin de los tiempos. A cada pontífice le era indicado no el nombre que adoptaría, sino una divisa o dístico que constaba de dos, tres o hasta cuatro palabras latinas —con excepción del último, de cual hablaremos más adelante—, que caracterizaba al papa elegido o a su pontificado. Se dice que para consolar a Inocencio II en medio de sus tribulaciones, habría entregado al Pontífice el manuscrito con la descripción de la visión que tuvo. El manuscrito habría permanecido en los Archivos Romanos hasta su descubrimiento en 1590, siendo poco después divulgado por el benedictino Arnold de Wion, que lo incluyó en su libro Lignun Vitae [El Árbol de la Vida], editado en Venecia en 1595. El silencio de San Bernardo a respecto de esa revelación, en su biografía de San Malaquías y el hecho que el manuscrito haya permanecido 450 años desconocido por los estudiosos del Papado, son argumentos para poner en duda su autenticidad.

The Catholic Encyclopedia, editada en Nueva York en 1913 (estábamos entonces en los felices tiempos en que la Iglesia era gobernada por San Pío X), observa que esos argumentos, aunque fuertes, no son concluyentes. Pues no es raro que documentos queden olvidados en un archivo hasta que alguien los exhume y muestre su importancia. La enciclopedia católica norteamericana tiende a aceptar la autenticidad de esas profecías. Dice la enciclopedia:“Aquellos que vivieron y siguieron el curso de los acontecimientos de una manera inteligente durante los pontificados de Pío IX [1846-1878], León XIII [1878-1903] y Pío X[1903-1914] no pueden dejar de sorprenderse con los títulos otorgados a cada uno en las profecías de San Malaquías y su maravillosa propiedad: Crux de cruce (Cruz de la cruz) Pío IX; Lumen in coelo (Luz en el cielo) León XIII; Ignis ardens (Fuego ardiente) Pío X. Existe más que una coincidencia en las designaciones dadas a estos tres papas muchos siglos antes de su tiempo. No necesitamos recurrir ni a nombres de familia, escudos de armas o títulos cardenalicios para ver lo adecuado de sus designaciones en las profecías. Las aflicciones y cruces de Pío IX fueron mayores de las que cupieron a sus predecesores; y las más graves de esas cruces le vinieron de la Casa de Saboya, cuyo emblema era una cruz. León XIII fue una verdadera luminaria del papado. El papa actual [San Pío X] es realmente un fuego ardiente de celo por la restauración de todas las cosas en Cristo” (op. cit., vol. XII, p. 476).

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San Malaquías nació en Irlanda en 1094 y fue electo arzobispo de Armagh en 1132

Algunos argumentos contrarios

No obstante, la Enciclopedia Cattolica, editada en la Ciudad del Vaticano en 1951, se pronuncia contra la autenticidad de esas profecías: “El carácter apócrifo resulta del examen de la propia profecía, que debe haber sido escrita apenas algunos años antes de su publicación. En efecto, desde Celestino II [1143-1144 primero de la lista] hasta Gregorio XIV (excluido) [1590–1591; el primero después de la fecha que la Enciclopedia considera como siendo la de la elaboración de la lista] los breves dísticos aplicados a los pontífices están en relación con el blasón, con el nombre de la familia, con el nombre de bautizo, con el título cardenalicio o con el lugar de origen del Papa. De Gregorio XIV en adelante, por el contrario, los dísticos se vuelven enigmáticos y si algunos son apropiados, la mayor parte permanece envuelta en una gran incertidumbre, muchos son absolutamente fútiles y sólo a la fuerza se dejan relacionar con la historia real (cf. Pastor)” (op. cit., vol. VII, col. 1885).

La conocida Historia de la Iglesia Católica, de la B.A.C., repite más o menos los mismos argumentos: “Deben haber sido compuestas [las referidas profecías] alrededor de 1590 por un falsificador anónimo. De ahí que los 74 Papas anteriores a esa fecha estén bien caracterizados, atendiendo generalmente al lugar de nacimiento, a la familia, al blasón, etc. Los dísticos siguientes son vagos e imprecisos, aunque no se pueda negar el acierto fortuito en algunos casos […]; sin embargo, la mayoría no tiene conexión alguna con el interesado, o son tan generales que se podrían aplicar a cualquiera” (Ricardo García-Villoslada  S.J., op. cit., Madrid, 1976, vol. II, p. 432).

“Petrus Romanus”, el último Papa

Después de San Pío X, ya mencionado, la lista de San Malaquías presenta apenas ocho dísticos más: Religio depopulata – La Religión despoblada (Benedicto XV, 1914-1922); Fides intrépida – Fe intrépida (Pío XI, 1922-1939); Pastor Angelicus – Pastor Angélico (Pío XII, 1939-1958); Pastor et Nauta – Pastor y Navegante (Juan XXIII, 1958-1963); Flos florum – Flor de las flores (Paulo VI, 1963-1978); De mediate Lunae – De la media luna (Juan Pablo I, 1978); De labore solis – Del eclipse del Sol (Juan Pablo II, 1978-2005); Gloria olivae – Gloria del Olivo (Benedicto XVI, 2005, Pontífice reinante). En total, 111 dísticos.

Sería muy largo comentar cada uno de esos dísticos y la interpretación que les es dada. Registremos apenas el de Benedicto XV, que presenta una coincidencia curiosa: durante su pontificado ocurrió la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la más mortífera hasta entonces, seguida de la epidemia de la “gripe española”, que hizo víctimas en todo el mundo. Se explicaría así el mote Religio depopulata, es decir, la Cristiandad despoblada, aplicado al pontificado de Benedicto XV.

Al último Papa de la lista de San Malaquías, no obstante, no le es dedicado un dístico, sino una frase entera: “Durante la última persecución de la Santa Iglesia Romana se sentará [en la Cátedra pontificia] Pedro Romano, que apacentará a su grey en medio de muchas tribulaciones; cuando estas hubieren terminado, la ciudad de las siete colinas[Roma] será destruida, y el tremendo Juez juzgará a su pueblo. Fin”.

Parece una alusión al fin del mundo y al Juicio Final

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La Catedral de San Patricio (1873)

Aquí reside una perplejidad más suscitada por las referidas profecías de San Malaquías, pues varias revelaciones privadas prevén un gran triunfo de la Santa Iglesia antes del fin del mundo. La de Fátima, por ejemplo, habla de un tiempo de paz que sería concedido al mundo —la instauración del Reino de María— después de castigos tremendos: “Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre el Dogma de la Fe…”. Similar previsión hace San Luis Grignion de Monfort, en su célebre Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, el cual especifica que el advenimiento  del Reino de María significará el advenimiento del Reino de Cristo (cf. nº 217), reino eterno y universal que en esta Tierra es su Iglesia: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz (Prefacio de la liturgia de la Fiesta de Cristo Rey).

No se debería, pues, esperar como inminente el fin del mundo, lo que constituye otro embarazo más para interpretar las profecías de San Malaquías.

Ante lo expuesto, se comprenderá la prudencia que es necesario tener con relación a estas “profecías”, incluso si la persona quisiera utilizarlas como mero ornamento literario de los comentarios que quiera hacer sobre este o aquel pontificado. Y mantener la tranquilidad de alma para servir decididamente a la Santa Iglesia en cualquier circunstancia que el futuro nos depare.

Tomado de: http://www.fatima.org.pe

¿Son verdaderas las profecías de San Malaquías? ¿Viene el fin del mundo dentro de pocos papas?

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San Malaquias, monje de Bangor y obispo de Armagh (Irlanda)

La ‘Profecía de los Papas’ es atribuida a San Malaquias, monje de Bangor y obispo de Armagh (Irlanda), que nació en 1094 y murió en Claraval (Francia) en 1148; se cree que fue editada por el santo, cuando, en 1139, pasó un mes en Roma, gozando de la peculiar amistad del papa Innocencio II. El texto abarca 111 dísticos latinos -de sólo dos o tres palabras cada uno- que intentan caracterizar las distintas figuras de los Papas que se sucederán hasta el juicio final.

Aunque atribuido a dicho autor del siglo XII el texto de la profecía sólo llegó a conocimiento del publico en 1595. En ese año, un monje benedictino, Arnoldo de Wyon, natural de Donai (Flandria), publicó en Venecia el libro ‘Lignum Vitae’ (‘Arbol de la Vida’). Esta obra es un catalogo e los benedictinos que se hicieron famosos por su talento, sus trabajos o sus virtudes. Entre ellos, el autor presenta a S. Malaquías de Armagh en breves trazos biográficos.

Se trata de 111 dísticos, acompañados de un breve comentario del historiador español Alonso Ciacconio O.P. (1540- † después del 1601). Este comentario aplica los dísticos de la Profecía de los 74 Papas que gobernaron a partir de Celestino II (1143-44), uno de los contemporáneos de S. Malaquías, hasta Urbano VII († 1590). El comentarista le muestra la coincidencia de cada oráculo con los datos históricos del correspondiente Pontífice. El comentario de Ciacconio es de importancia capital, pues señala dónde comienza la serie de los Papas a quienes el dístico se refiere, lo que permite calcular, aproximadamente (siguiendo sus predicciones), la época del fin del Papado y de la venida del Señor. Los comentadores posteriores tomaron como base para sus estudios las explicaciones de Ciacconio. Debido a ello, a partir de Urbano VII († 1590) hasta el fin del mundo, serían con toda precisión 38 los Pontífices que ocuparían la Cátedra de Pedro, y a Pío XII, llamado allí ‘El Pastor Angélico’, le seguirían seis Papas, el último de los cuales verá con sus contemporáneos la segunda venida de Cristo.

La Profecía gozó de buena aceptación, tanto por parte del clero como de los fíeles, hasta fines del siglo XVII, en que el P. Claudio Francisco Menes trier S. J. († 1705), uno de los hombres más eruditos y autorizados de su tiempo, publicó el libro ‘Refutación de las Profecías, falsamente atribuidas a S. Malaquías, sobre la elección de los Papas’ (París 1669). El autor, que era historiador y también cultor de la heráldica, pretendía, con gran aparato de conocimientos, demostrar la falsedad de la Profecía de S. Malaquías. Su argumentación se resume en los tres puntos siguientes:

1) El primer indicio de falsificación es el hecho de que, durante cerca de 450 años, a saber, desde S. Malaquías (1148) hasta ‘El Árbol de la Vida’ (1595), jamás autor alguno hizo la mínima alusión a la Profecía. El propio S. Bernardo no la menciona, aunque conoció de cerca al Santo Obispo, escribió su biografía y refirió otros vaticinios detallados de S. Malaquías (entre ellos la predicción del día y lugar de su muerte). Ninguno de los otros contemporáneos del santo irlandés, que tuvieron estrechas relaciones con él, menciona la Profecía. Tampoco es citada por los historiadores irlandeses posteriores a él. Ni los escritores medievales ni los renacentistas toman en cuenta ese documento, que de haberlo conocido hubieran ciertamente aludido a él. Y ¿por qué vía, qué ciudad o región, el texto profético habría caído en manos de Ciacconio, después de 450 años de ocultamiento? Todavía más: el propio Ciacconio, presentado por Wyon como autor de un comentario de la Profecía, no alude absolutamente a este docu mento en su libro de ‘Biografías de los Papas y Cardenales’, editado repetidamente en 1601, 1630 y 1677. ¿Habrá, tal vez, Ciacconio reconocido posteriormente la falsedad de los oráculos a los cuales inicialmente diera crédito?

2) El argumento del silencio es corroborado por la compro bación de fallas históricas y teológicas en la presunta profecía. Pues no parece posible que un autor movido por Dios haya introducido en la lista de los Papas a antipapas como: Víctor IV (1159-64), Pascual III (1164-68), Calixto III (1168-78), Nicolás V (1328-30), Clemente VII (1378-94), Benedicto XIII (1394-1423), Clemen te VIII (1423-39), Félix V (1439-49). La finalidad misma de la Profecía -insinuar la época del fin del mundo- parece opuesta a la aserción de Cristo, que declaró solemnemente que no competía a los hombres conocer los tiempos y momentos dispuestos por la Providencia del Padre (cf. Hch 1,7). Además, la aplicación de los dísticos a los respectivos Papas se basa en notas bastante acciden tales, lo que le da un sabor de arbitrariedad. Así: Nicolás V (1447-55) estaría designado por ‘De modicitate lunae’ (‘De la pequeñez de la luna’) por haber nacido de una familia modesta en un lugar llamado Lunegiana; Pío II (1458-64) es llamado ‘De capra et albergo’ (‘De la cabra y del albergue’) ¡por haber sido secretario de los Cardenales Capranica y Albergati!, etc.

3) Las razones negativas: Menestrier y otros historiadores posteriores agregan la explicación probable de cómo pudo haberse dado la falsificación. Débese notar, en primer lugar, que todas las divisas de los Papas, hasta 1590, aluden a características concretas de cada Pontífice: lugar de nacimiento, origen de la familia, cargos ejer cidos antes de la elección, símbolos de sus blasones, etc. Mientras que, desde 1590 en adelante, los dísticos se refieren solamente a cualidades morales, cuya aplicación es muy vaga y puede convenir a más de un Pontífice. Así, ‘Vir religiosus’ (‘Varón religioso’ ), ‘Ignis ardens’ (‘Fuego ardiente’), ‘Fides intrépida’ (‘Fe intrépida’). ¿Qué Papa, no siendo del todo indigno, no merecería estos calificativos?

Observada la diferencia entre los oráculos anteriores y posterio res a 1590, se presume háyase forjado la profecía justamente por entonces, con el propósito de atender a las dificultades de la elección del Cónclave de ese año, 1590, después de la muerte de Urbano VII.

La refutación del P. Menestrier alcanzó gran boga entre los estudiosos de nuestros días. Los adversarios de la profecía la consideran definitiva. No obstante, hay todavía autores contemporáneos de valía que prefieren suspender el juicio sobre el documento, cuando no lo reconocen auténtico.

Es evidente que después de todo y a pesar de los esfuerzos hasta hoy realizados para averiguar el día del Señor, éste continúa para nosotros envuelto en densas tinieblas. Y ésta es la única conclusión sabia que se puede sacar de cuanto al respecto acabamos de estudiar.

Tomado de:

www.churchforum.org/

San Malaquías y sus profecías

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Se le atribuyen muchos milagros pero por lo que más se le recuerda es por su don de profecía. Entre estas la mas famosa es la referente a los papas. Sin embargo no hay certeza de que esta sea auténtica.

 

 

 

 

Etim.: «Malaquías» significa «ángel del Señor»
Fiesta: 3 de noviembre

Nació en Armagh, Irlanda, en 1094 en la familia O’Morgair, según San Bernardo de la nobleza. Fue bautizado con el nombre de Maelmhaedhoc (latinizado como Malaquías). Fue educado por Imhar O’Hagan y después por el Abbad Armagh. Fue ordenado sacerdote por St. Cellach (Celsus) en 1119.

Después de su ordenación continuó sus estudios de liturgia y teología en Lismore, San Malchus. En 1123 fue elegido abad de Bangor y un año mas tarde fue consagrado obispo de Connor. En 1132, fue elevado a la primacía de Armagh. San Bernardo nos dice que San Malaquías poseía un gran celo por la religión.

Al morir San Celsus, San Malaquías fue nombrado Arzobispo de Armagh en 1132, aunque por su gran humildad le costó aceptarlo. Las intrigas no le permitieron asumir su cargo por dos años. En tres años restauró la disciplina eclesiástica en Armagh.

En 1139 viajó a Roma y en el camino visitó a San Bernardo en Clairvaux.  En Roma fue nombrado legado de Irlanda. Regresando vía Clairvaux obtuvo cinco monjes para fundar en Irlanda y fue así que surgió la gran abadía de Mellifont en 1142.

En un segundo viaje a Roma, San Malaquías enfermó llegando a Clairvaux y murió en los brazos de San Bernardo el 2 de noviembre.

Se le atribuyen muchos milagros pero por lo que más se le recuerda es por su don de profecía. Entre estas la mas famosa es la referente a los papas (ver abajo).  Sin embargo no hay certeza de que esta sea auténtica.

Fue canonizado por el Papa Clemente III, el 6 Julio de 1199. Su fiesta se celebra el 3 de noviembre.

Profecías de San Malaquías. ¿Que es profecía?

Sobre su propia muerte

Según nos relata San Bernardo, San Malaquías anunció el día exacto de sus muerte (2 de noviembre) estando con el en la abadía de Clairvaux.

Sobre Irlanda

Anuncia que Irlanda, su patria, será oprimida y perseguida por Inglaterra, trayéndole calamidades por 7 siglos, pero que preservaría la fidelidad a Dios y a Su Iglesia en medio de todas sus pruebas. Al final de ese período sería liberada y sus opresores serían entonces castigados. Irlanda católica será instrumental en el regreso de Inglaterra a la fe. Se dice que esta profecía fue copiada por Dom Mabillon de un antiguo manuscrito de Clairvaux y transmitida por el al mártir sucesor de Oliver Plunkett.

Sobre los Papas

La mas famosa de las profecías atribuidas a San Malaquías es sobre los Papas. Está compuesta de «lemas» para cada uno de 112 Papas, desde Celestino II, elegido en 1130, hasta el fin del mundo.

Estos «lemas» descriptivos de los Papas pueden referirse a un símbolo de su país de origen, a su nombre, su escudo de armas, a su talento o cualquier otra cosa referente al Papa. Por ejemplo, el lema de Urbano VIII es Lilium et Rosa; El era de Florencia, Italia, en cuyo escudo aparece la fleur-de-lis.

¿Son Auténticas?
Se ha debatido mucho si San Malaquías es el verdadero autor.  En contra se argumenta que el manuscrito original no se ha encontrado. Estuvieron perdidas hasta el siglo XVI en que se publicaron con el libro «Lignum Vitae» del historiador benedictino Arnold Wion. Si San Malaquías es el autor, las profecías estuvieron desaparecidas por 400 años. También es extraño el silencio sobre estas profecías por parte de San Bernardo amigo de San Malaquías quién escribió su biografía y nos relata sobre otros escritos del santo. Muchas hipótesis han querido explicar las profecías y su origen.

En el siglo XVII, el Padre Menestrier, jesuita, presentó la hipótesis de que la profecía son un plagio para influenciar las elecciones de Gregorio XIV en el cónclave del 1590. El lema que le corresponde a este Papa en la profecía es «antiquitate urbis», que hace alusión a su ciudad natal y sede episcopal, Orvieto (Latín: Urbs vetus). Pero el Padre Menestrier no ofrece pruebas para sus acusaciones.

Por otra parte, uno de los mas respetados historiadores del mismo siglo XVI, Onofrio Panvinio, corregidor y revisor de la Biblioteca Vaticana en 1556, parece aceptar completamente la autenticidad de la profecía de Malaquías.

Según la hipótesis del Abad Cucherat (1871), San Malaquías escribió la profecía en Roma, entre los años 1139 y 1140 cuando visitaba al Papa Inocencio II para reportarle los asuntos de su diócesis. Entonces entregó su manuscrito al Papa para consolarlo en sus tribulaciones. El Papa guardó el manuscrito en los archivos romanos donde quedó olvidado hasta su descubrimiento en el 1590 (Cucherat, «Proph. de la succession des papes», ch. xv).

Los últimos Papas.

#101:  «Crux de Cruce» (Cruz de Cruz). Pío IX (1846-1878)
#102:  «Lumen in caelo» (Luz en el cielo). León XIII (1878-1903).
#103:  «Ignis ardens» (Fuego Ardiente). Pío X (1903-1914).
#104: «Religio Depopulata» (Religión devastada). Benedicto XV (1914-1922).
# 105: “Fides intrepida” (La Fe Intrépida). Pío XI (1922 –1939).
# 106: “Pastor angelicus” (Pastor angélico). Pío XII (1939-1958). Reconocido como un gran intelectual y defensor de la paz

# 107: “Pastor y nauta” (Pastor y navegante). Juan XXIII (1958-1963)

Juan XXIII fue Cardenal de Venecia, ciudad de navegantes. Condujo la Iglesia al Con. Vat II.

# 108: “Flos florum” (Flor de las flores). Pablo VI (1963-1978).

Su escudo contiene la flor de lis (la flor de las flores).

# 109: “De medietate Lunae” (De la Media Luna). Juan Pablo I (1978-1978).

Su nombre era “Albino Luciani” (luz blanca).  Nació en la diócesis de Belluno (del latín bella  luna). Fue elegido el 26 de agosto del 1978. La noche del 25 al 26 la luna estaba en “media luna”. Murió tras un eclipse de la luna. También su nacimiento, su ordenación sacerdotal y episcopal ocurrieron en noches de media luna.

# 110: “De labore solis” (De la fatiga o trabajo del sol). Juan Pablo II (1978-2005). Ha sido capaz de un trabajo extraordinario y extenso. Los días de su nacimiento y muerte hubo eclipses solares.

# 111:  “Gloria Olivae” (La gloria del olivo). Benedicto XVI (2005). Toma su nombre por San Benito y Benedicto XV.  Los Benedictinos tuvieron una rama llamada los «olivetans». Benedicto XV se destacó por sus esfuerzos por la paz durante la Primera Guerra Mundial.

Queda uno solo en la lista:

# 112:  “Petrus Romanus” (Pedro Romano). Quién será el último Papa ya que en su reinado ocurrirá el fin:

«En la persecución final de la Santa Iglesia Romana reinará Petrus Romanus (Pedro el Romano), quien alimentará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto la ciudad de las siete colinas será destruida y el temido juez juzgará a su pueblo. El Fin.»

Algunas observaciones:

Algunos observan que, aunque la profecía dice que Petrus Romanus es el último Papa, no especifica si hay o no Papas entre el y su predecesor (Gloria olivoe). En ese caso San Malaquías habría hecho la lista de los próximos 111 Papas y entonces saltado al último. Esto es especulación.
La relación entre los Papas y sus lemas, en algunos casos es sorprendente, en otros solo encaja con explicaciones bastante elaboradas. También hay lemas que son los suficiente amplios como para poder ajustarse a muchos Papas. Por ejemplo, todos los Papas del siglo XX han tenido una «fe intrépida» y han sino «Pastores angélicos».

Es importante tener en cuenta que estas profecías no son parte del magisterio de la Iglesia ni son necesarias para la salvación. La validez de su contenido no está garantizada por la Iglesia.
Recordemos que una profecía vale tanto y cuanto nos ayude o anime a vivir la fe ya revelada. Estas profecías podrán tener su interés pero ayudan poco para lograr esa meta. Por algo la Iglesia oficialmente les ha dado tan poca importancia.

3 de noviembre

SAN MALAQUIAS
Arzobispo de Armagh

(1148 P.C)

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San Malaquías fue el primer irlandés canonizado por un Papa.

En el siglo IX empezó Irlanda a experimentar los efectos de las invasiones que habían asolado a otros países. En efecto, los bárbaros conocidos con el nombre genérico de orientales, hicieron incursiones en las regiones costeras, y los daneses establecieron colonias permanentes en Dublín y otras ciudades. Por dondequiera que iban cometían asesinatos, demolían monasterios y quemaban bibliotecas. To do ello debilitó mucho al poder civil; los reyezuelos locales, que luchaban contra el enemigo de fuera y se destruían entre sí, perdieron mucha autoridad. El trato prolongado e inevitable entre los nativos y los opresores de la religión y de la ley trajo consigo una relajación gradual de la fe y las costumbres. Así pues, aunque Irlanda no llegó nunca a caer en el grado de iniquidad que suponían ciertos ingleses y algunos hombres de iglesia extranjeros (incluso San Bernardo), se hallaba sin embargo en un estado lamentable cuando estalló la guerra civil, tras la derrota definitiva de los daneses, en Clonfart (1014).

Precisamente en esa época de confusión, del año 1095, nació Malaquías O’More. El niño se educó en Armagh, donde su padre era maestro de escuela. Malaquías era un niño juicioso y piadoso. Después de la muerte de sus padres, se fue a vivir con un ermitaño llamado Eimar. San Celso, arzobispo de Armagh, juzgándole digno del sacerdocio, le ordenó a los veinticinco años. El arzobispo le encargó que predicase la palabra de Dios al pueblo y extirpase las malas costumbres  que abundaban en su diócesis. San Bernardo, en su biografía de San Malaquías, dice que éste «quemó las ramas y la hojarasca inútil y aplicó el hcha a los árboles de raíz podrida». En una palabra, el santo se entregó a su tarea con gran celo. Sin embargo, temía no conocer suficientemente los cánones eclesiásticos para reformar a fondo la disciplina y el culto, por lo que acudió a San Malco, obispo de Lismore, quien se había educado en Winchester, en Inglaterra, y era famoso por su ciencia y su virtud. San Malco le acogió muy bien, le instruyó en todo lo referente al servicio divino y al bien de las almas y al mismo tiempo, le empleó en los ministerios de su iglesia.

Un tío de San Malaquías, que a pesar de ser lego era abad de San Comgall, se había apoderado de las rentas de la gran abadía de Bangor, la cual se hallaba en un estado lamentable. En 1123, el abad renunció a su dominio sobre Bangor, en favor de su sobrino, para que éste restableciese la observancia regular en la abadía. San Malaquías cedió a otra persona las tierras de la abadía, a pesar de las protestas. San Bernardo le alaba por eso, pero hace notar que «llevó demasiado lejos su desinterés y su espíritu de pobreza, como lo demostraron después los hechos.» Con diez miembros de la comunidad de Eimar, San Malaquías construyó la abadía, empleando madera, como se acostumbraba en Irlanda. La gobernó durante un año. «Era una regla viviente, un espejo brillante, un libro en el que todos podían aprender los preceptos de la verdadera vida religiosa.» La fama del santo aumentó con los milagros que obró. San Bernardo refiere algunos. A los treinta años de edad, San Malaquías fue elegido obispo de Connor. Los cristianos de su diócesis apenas lo eran más que de nombre, pues los daneses habían dominado ahí largo tiempo. El santo hizo cuanto pudo por convertir en corderos a aquellos lobos. El y sus monjes predicaron con energía apostólica, uniendo la severidad a la dulzura. Cuando las gentes no acudían a la iglesia a oírle predicar, San Malaquías iba a buscarles en sus casas. Así consiguió sembrar la bondad y piedad en algunos de los más duros, restableció el uso frecuente de los sacramentos, pobló la diócesis de pastores celosos y volvió a instituir la celebración regular de las horas canónicas, pues desde las invasiones de los daneses habían caído en desuso aun en las ciudades. En esa tarea le sirvieron los conocimientos de música sacra que había adquirido en su juventud. Pero en 1127, un reyezuelo del norte devastó Andrim y Down y expulsó a la comunidad de Bangor, donde vivía San Malaquías. El santo se retiró entonces con algunos de sus monjes a Lismore y después a Iveragh, en Kerry, donde organizó nuevamente la vida monástica.

En 1129, murió San Celso de Armagh. La sede metropolitana había estado en manos de su familia durante varias generaciones. Para romper esa nociva costumbre San Celso ordenó en su lecho de muerte que su sucesor fuese Malaquías, a quien envió su b´culo pastoral. Sin embargo, los parientes de San Celso instalaron en la sede a su primo Murtagh y, durante tres años, San Malaquías no intentó apoderarse de la diócesis. Finalmente, se dejó convencer por el legado pontificio Gilberto de Limerick, por San Malco y algunos otros y, protestando que renunciaría al gobierno de la sede en cuanto hubiese restituido el orden, se trasladó de I veragh a Armagh. Hizo cuanto pudo por tomar en sus manos el gobierno de su diócesis; sin embargo, para evitar los desórdenes y el derramamiento de sangre, no intentó entrar en la cabecera de la diócesis ni apoderarse de la catedral. Murtagh murió en 1134, no sin haber nombrado por sucesor a Niall, hermano de San Celso. Ambos bandos estaban armados, y San Malaquías determinó hacerse entronizar en su catedral. Los partidarios de Niall se presentaron de improviso en una reunión de los partidarios de San Malaquías, pero fueron dispersados por una tempestad tan violenta, que doce hombres murieron calcinados por el rayo. San Malaquías consiguió tomar posesión de su diócesis. Sin embargo, la paz no reinaba en ella, pues Niall se había llevado de Armagh dos reliquias muy veneradas, y el pueblo consideraba como legítilmo arzobispo a quien las tenía en su poder. Consistían en un libro (probablemente el «Libro de Armagh») y una cruz pastoral llamada «el báculo de Jesús»:  el pueblo creía que ambas habían pertenecido a San Patricio. Esto explica por qué muchos eran partidarios de Niall y perseguían violentamente a Malaquías. Uno de ellos invitó al santo a una conferencia para asesinarle. San Malaquías, rontra el parecer de sus amigos, acudió a la reunión, dispuesto a sufrir el martirio por la paz; pero su valor y tranquila dignidad desarmaron a sus enemigos, y se firmó la paz. Sin embargo, San Malaquías tuvo que conservar su guardia de corps hasta que recuperó el báculo y el libro y fue reconocido como arzobispo por todo el pueblo. Habiendo roto así la tradición de la sucesión hereditaria y restablecido la disciplina y la paz en la sede, insistió en renunciar a la digni dad archiepiscopal y consagró por sucesor suyo a Gelasio, abad de Derry. En 1137 regresó a su antigua sede.

San Malaquías dividió su diócesis, consagró a un nuevo obispo para Connor y se reservó para sí la región de Down. Ya sea en Downpatrick, o más probable mente en las ruinas del monasterio de Bangor, estableció una comunidad de canónigos regulares, con quienes vivía siempre que se lo permitían sus actividades pastorales. Dos años después, emprendió un viaje a Roma para informar a la Santa Sede de todo lo que había hecho. Entre otras cosas quería conseguir el palio para los arzobispos de Armagh y de otra sede metropolitana que San Celso había establecido en Cashel. San Malaquías desembarcó en Inglaterra y se trasladó a York, donde conoció a Waltheof de Kirkham, quien le regaló un caballo. Después pasó a Francia, atravesó la Borgoña y llegó a la abadía de Claraval Ahí conoció a San Bernardo, quien se convirtió en fiel amigo, fue admirador suyo y, más tarde, escribió su biografía. Malaquías quedó tan edificado por el espíritu de los cistercienses, que concibió el deseo de compartir su vida de penitencia y contemplación y acabar ahí sus días. En Ivrea del Piamonte restituyó la salud al hijo de su huésped, que estaba al borde de la muerte. El Papa Inocencio II se negó a aceptar la renuncia del santo, aprobó cuanto había hecho en Irlanda, le nombró legado suyo en ese país y prometió que concedería los palios, si se le pedían oficialmente. En el viaje de regreso, San Malaquías volvió a pasar por Claraval, donde, como dice San Bernardo, «nos bendijo por segunda vez». Como no podía quedarse con aquellos siervos de Dios, San Malaquías dejó ahí a cuatro de sus compañeros, quienes, en 1142, volvieron a Irlanda con el hábito del Cister e instituyeron la abadía de Mellifont, de la que se originaron muchas otras. San Malaquías volvió a su patria por Escocia, donde el rey David le rogó que curase a su hijo, quien estaba muy enfermo. El santo dijo al prícipe: «Ten buen ánimo. No morirás de esta enfermedad.» En seguida le roció con agua bendita. Al día siguiente, Enrique estaba completamente curado.

En 1148, los obispos y el clero reunidos en un sínodo en Inishpatrick, cerca de Skerries, resolvieron pedir oficialmente a Roma el palio para los dos metropolitanos. San Malaquías fue comisionado para entrevistarse con el Papa Eugenio III, quien se hallaba entonces en Francia. Pero la suspicacia política del rey Esteban retrasó al santo en Inglaterra y, cuando él llegó a Francia, el Papa ya había partido para Roma. Así pues, San Malaquías pudoir a Claraval, donde San Bernardo y sus monjes le acogieron gozosamente. Después de la celebración de la misa de la fiesta de San Lucas, San Malaquías se sintió enfermo y hubo de guardar cama. Los monjes le atendieron solícitamente, pero el santo les dijo que todo era inútil, pues iba a morir de aquélla enfermedad. Además, insistió en bajar a la iglesia a recibir los ñultimos sacrametos, y rogó a los monjes que siguiesen orando por él después de su muerte. También les encomendó que pidiesen por las almas de todos sus feligreses y él prometió, por su parte, no olvidarlos ante Dios. San Malaquías murió el día de difuntos de 1148, en brazos de San Bernardo, y fue sepultado en Claraval. En su segundo sermón sobre San Malaquías, San Bernardo decía a sus monjes: «Quiera él proteger con sus méritos a aquellos a quienes instruyó con su ejemplo y confirmó con sus milagros.» Además, San Benardo tuvo la audacia de cantar, en la misa de cuerpo presente, la postcomunión de la misa de un obispo confesor. El Papa Clemente III confirmó, en 1190, aquella «canonización de un santo por otro santo». San Malaquías fue el primer irlandés canonizado por un Papa. Los cistercienses, los canónigos regulares y todas las diócesis de Irlanda celebran su fiesta. San Malaquías hizo por la unificación de la Iglesia en Irlanda lo que Sab Teodoro había hecho 500 años antes, por la de Inglaterra.

Nuestro artículo sobre San Malaquías quedaría incompleto, si no hiciésemos mención de las «profecías» sobre los Papas, que se le atribuyen. Consisten en la atribución de ciertos rasgos y características a los Papas, desde Celestino II (1143-1144) hasta el fin del mundo, cuando reine «Pedro el Romano». Las profesías están formuladas como lemas o títulos simbólicos. El que las reveló al mundo fue Dom Arnoldo de Wyon, O.S.B., en 1595. El benedictino las atribuyó a San Malaquías, pero sin explicar por cuáles razones y sin decir siquiera dónde las había encontrado. Un jesuita del siglo XVII sostuvo que habían sido inventadas por un partidario del cardenal Simoncelli, durante el cónclave de 1590, pero, en 1871, el P. Cucherat escribió un libro en el que afirmaba que las profecías habían sido reveladas en Roma a San Malaquías, el cual las comunicó por escrito a Inocencio II. Las profecías habían quedado olvidadas en los archivos pontificios durante 450 años, hasta que las descubrió Dom de Wyon. Está fuera de duda que las profecías son espurias y no tienen nada que ver con San Malaquías. Un examen superficial revela que los lemas que caracterizan a los Papas hasta Gregorio XIV (1590), son muy precisos (con frecuentes alusiones a los apellidos italianos) y se cumplieron a la letra. Por el contrario, los lemas de los siguientes Pontífices son vagos, generales y no siempre se aplican a los hechos, por más esfuerzos que se hagan por ensanchar su sentido. El lema de Pío XII era «Pastor Angelicus» (Pastor angélico), algo bastante común; en cambio el de San Pío V era «Ángel del bosque» y el de Benedicto XIV «Animal rústico».

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com

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los Santos

3 de Noviembre