San Giovanni Leonardi nel cuore di Napoli: “Chi è abitato da Dio diventa abitazione per gli altri”

Data: 21 settembre 2009

 

San Juan Leonardi en el corazón de Nápoles: «Quien está habitado por Dios se convierte en hogar para los demás»

 

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Tomado de: http://www.ordinedellamadredidio.org

Original en idioma: Italiano.

Traducido con: Google Traductor.

Adaptación: Arturo Medina.

San Juan Leonardi en el corazón de Nápoles: «Quien está habitado por Dios se convierte en hogar para los demás»
En la noche del domingo, 20 de octubre la urna con las reliquias de San Juan Leonardi ha pasado por el centro de Nápoles. Recibido en la Iglesia de San Fernando, el rey, fue trasladada posteriormente a la Iglesia de Santa Brígida en Toledo. El fondo de la Plaza del Plebiscito, Palacio Real, el Teatro San Carlo y la Galleria Umberto I.
Son los lugares que cuentan la historia de esta ciudad rica en cultura y fe. La Iglesia de Santa Brígida es una de las primeras comunidades históricas de la Orden, fue entregada al padre Leonardi por los amigos de el Oratorio de San Felipe Neri. Pintado por el famoso pintor Luca Giordano, que dentro del templo tiene su spultura, en Nápoles es conocido como el Santuario de la Dolorosa.
La urna con las reliquias ha cruzado la calle de Toledo con tráfico , muchas personas se han dejado llevar por elgesto espontáneo y han tocado la urna, otros han pedido el nombre del santo y se han quedado durante algún tiempo en la meditación piadosa. Y la ciudad presa de su frenesí y sus ruidos ha quedado parada por unos instantes frente a un signo de santidad, y que, busca el silencio no sólo fuera, pero sobre todo en el interior.
Tan pronto como las reliquias antes de llegar a la Iglesia de Santa Brígida, pescadores de Mergellina, transportaban al Santo, ejecutando un ritual impresionante, cargado de memoria y de devoción popular. La procesión de la urna danzó al ritmo de la música. Es la «función» que se ejecuta en el Lunes de Pascua por la «Paranze» al entrar en el Santuario de Nuestra Señora de la arcada. El tributo mismo está reservado para el fundador del celebre santuario de la Campanía. El signo de la danza de la gente, expresa la alegría del encuentro y que es el corazón del cristianismo: Dios se encuentra con nosotros en nuestra vida diaria y en esta fiesta. Como sucedió al rey David bailando delante del Arca del Señor y de Isabel, que saltó en su corazón cuando vio delante de él «la Madre de su Señor».
En la Iglesia, entre los aplausos de los fieles y el canto, la urna se coloca delante del presbiterio. Durante la solemne Eucaristía, presidida por el P. Rector General  Francesco Petrillo y concelebrada por el párroco y rector P. Raffaele Tosto y hermanos, hay una oportunidad para reflexionar sobre la Palabra de Dios en el vigésimo Domingo quinto del Tiempo Ordinario resuena en toda la comunidad cristiana: «Un pequeño es el alcance del reino de los cielos». «Sólo si estás en el lado de los niños, dijo el Rector General, durante la homilía, y se compromete, ese es signo de que vence como Cristo y con Cristo».
El Evangelio trastorna nuestras mentes «Se convierte en grande en el reino de Dios, el que se hace más pequeño. Juan Leonardo es santo, continuó el P. General, por que se decidió a luchar bajo la bandera de Jesús, bajo su bandera, que es la cruz de la que se convirtió en un proclamador y abanderado. Jesús, el débil, el siervo, el niño que tiene un don. Para nosotros, sólo su vida no es garantía de éxito como lo fue para San Juan Leonardo. En la avalancha del mal y el odio que atravesó el Santo, Dios lo escogió como una estrella brillante, como la luz y todavía nos dicen que el mal que aqueja a nuestra historia no puede y no debe tener la última palabra.

Fecha: Septiembre 21, 2009

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En la noche del domingo, 20 de octubre la urna con las reliquias de San Juan Leonardi ha pasado por el centro de Nápoles. Recibido en la Iglesia de San Fernando el rey, fue trasladada posteriormente a la Iglesia de Santa Brígida en Toledo. El fondo de la Plaza del Plebiscito, Palacio Real, el Teatro San Carlo y la Galleria Umberto I.

Son los lugares que cuentan la historia de esta ciudad rica en cultura y fe. La Iglesia de Santa Brígida es una de las primeras comunidades históricas de la Orden, fue entregada al padre Leonardi por los amigos de el Oratorio de San Felipe Neri. Pintado por el famoso pintor Luca Giordano, que dentro del templo tiene su spultura, en Nápoles es conocido como el Santuario de la Dolorosa.

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La urna con las reliquias ha cruzado la calle de Toledo con tráfico , muchas personas se han dejado llevar por elgesto espontáneo y han tocado la urna, otros han pedido el nombre del santo y se han quedado durante algún tiempo en la meditación piadosa. Y la ciudad presa de su frenesí y sus ruidos ha quedado parada por unos instantes frente a un signo de santidad, y que, busca el silencio no sólo fuera, pero sobre todo en el interior.

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Tan pronto como las reliquias antes de llegar a la Iglesia de Santa Brígida, pescadores de Mergellina, transportaban al Santo, ejecutando un ritual impresionante, cargado de memoria y de devoción popular. La procesión de la urna danzó al ritmo de la música. Es la «función» que se ejecuta en el Lunes de Pascua por la «Paranze» al entrar en el Santuario de Nuestra Señora de la arcada. El tributo mismo está reservado para el fundador del celebre santuario de la Campanía. El signo de la danza de la gente, expresa la alegría del encuentro y que es el corazón del cristianismo: Dios se encuentra con nosotros en nuestra vida diaria y en esta fiesta. Como sucedió al rey David bailando delante del Arca del Señor y de Isabel, que saltó en su corazón cuando vio delante de él «la Madre de su Señor».

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En la Iglesia, entre los aplausos de los fieles y el canto, la urna se coloca delante del presbiterio. Durante la solemne Eucaristía, presidida por el P. Rector General  Francesco Petrillo y concelebrada por el párroco y rector P. Raffaele Tosto y hermanos, hay una oportunidad para reflexionar sobre la Palabra de Dios en el vigésimo Domingo quinto del Tiempo Ordinario resuena en toda la comunidad cristiana: «Un pequeño es el alcance del reino de los cielos». «Sólo si estás en el lado de los niños, dijo el Rector General, durante la homilía, y se compromete, ese es signo de que vence como Cristo y con Cristo».

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El Evangelio trastorna nuestras mentes «Se convierte en grande en el reino de Dios, el que se hace más pequeño. Juan Leonardo es santo, continuó el P. General, por que se decidió a luchar bajo la bandera de Jesús, bajo su bandera, que es la cruz de la que se convirtió en un proclamador y abanderado. Jesús, el débil, el siervo, el niño que tiene un don. Para nosotros, sólo su vida no es garantía de éxito como lo fue para San Juan Leonardo. En la avalancha del mal y el odio que atravesó el Santo, Dios lo escogió como una estrella brillante, como la luz y todavía nos dicen que el mal que aqueja a nuestra historia no puede y no debe tener la última palabra.

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IV Centenario de la muerte de San Juan Leonardo
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Logotipo Oficial del IV Centenario de la muerte de San Juan Leonardo
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¡Oh, si tú supieras!
¡Oh, si tú supieras!
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San Juan Leonardi, Confesor

Oh Dios, que te dignaste suscitar maravillosamente al bienaventurado Juan, tu Confesor, para propagar la fe entre los pueblos, y por él fundaste en tu Iglesia una nueva familia para la instrucción de los fieles: danos a tus siervos, que de tal manera aprovechemos de sus enseñanzas, que consigamos la recompensa eterna. Por nuestro Señor. Amén

Oh Dios, que te dignaste suscitar maravillosamente al bienaventurado Juan, tu Confesor, para propagar la fe entre los pueblos, y por él fundaste en tu Iglesia una nueva familia para la instrucción de los fieles: danos a tus siervos, que de tal manera aprovechemos de sus enseñanzas, que consigamos la recompensa eterna. Por nuestro Señor. Amén

Juan Leonardi nació de padres muy piadosos en 1541, en Decima (cerca de Lucca), Italia.  Ya desde niño buscaba la soledad para darse con más libertad a la oración.  Ordenado de sacerdote a los 32 años, condujo a numerosos jóvenes de noble corazón por la senda de la perfección.  En 1574 fundó la congregación de Clérigos Regulares, que puso bajo la protección de la Sma. Virgen.  Fué defensor intrépido de la fe católica frente al error protestante que se infiltraba en aquellas regiones. Después de haber fundado en colaboración con el español Vives, en 1603, el Colegio de la Propaganda, murió víctima de su abnegación cuidando a los atacados por la peste en 1609, en el hospital de Santa María in Porticu.  Ha sido canonizado en 1938 por el Papa Pío XI.

Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1739.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

9 de octubre

SAN JUAN LEONARDO,()
Confesor

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San Juan Leonardo pertenece, por la cronología y por su obra, al período de la reforma Católica. Nace en el año 1541 en Diécimo, pueblo cercano a Lucca, la pequeña república llamada en otro tiempo «religiosísima», y agitada ahora por la crisis protestante.

A la edad de doce años, sus padres, modestos industriales, le enviaron a casa del párroco de Villa Basílica, donde adquirió una cultura elemental e inició su formación religiosa. Habría sido tal vez ésta la ocasión para elegir el estado eclesiástico, pero el padre de Leonardo cambió por ahora el rumbo de su vida, mandándole a Lucca a estudiar farmacia. La profesión de «farmacéutico» o «droguero» en aquellos tiempos bordeaba los limites de la medicina y de la alquimia, de la magia y de la filosofía. En este ambiente moldeó Leonardo su recia personalidad de cristiano seglar militante, cuya característica no fue la de hechos asombrosos, aureolados de milagrosos «golpes de gracia», sino la de una progresiva ascensión hacia el ideal de santidad. Intensifica la frecuencia de sacramentos y la práctica de la mortificación, realiza el apostolado en el ambiente en que vive y se adhiere al grupo de piadosos seglares llamados «colombinos» para asegurar su perseverancia, madurando así su capacidad de entrega a una intensa vida sacerdotal que había de ser su decidida vocación.

Efectivamente, después de la muerte de su padre, a pesar de que la madre le instaba para que se instalase en Diécimo como farmacéutico, inicia sus estudios eclesiásticos. Tiene ahora veintiséis años. Aprobado el latín en las escuelas públicas de Pisa, aprende lógica y teología con el Padre dominico Paolino Bernardini, que por prescripción médica residía en una casa de Cam po perteneciente a la Orden.

El contacto directo con el maestro dominico produjo en Juan Leonardo cierta preocupación científica, que manifestó luego en los ensayos, inéditos, que escribió sobre diversos tratados teológicos. La perfección que podría faltar en su elemental plan de estudios era suplida por la madurez humana y espiritual que Leonardo había adquirido en sus treinta y dos años de vida seglar. Fue ordenado sacerdote en Pisa, el año 1572.

Instalado en Lucca como capellán de la iglesia de San Giovanni della Magione, Juan Leonardo comienza su apostolado y su obra de proselitismo, que había de cristalizar en la fundación de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios. Característica relevante del apostolado de Juan Leonardo es la enseñanza del catecismo, que revela el espíritu eminentemente parroquial que había de diferenciar a su Institución. Juan Leonardo es «sacerdote de parroquia», atento siempre a preocuparse de las necesidades concretas e inmediatas de los fieles.

Habiendo conocido el obispo de Lucca su actividad catequística, le encargó de realizarla en otras iglesias y parroquias de Luc ca. Para sistematizar esta actividad San Juan Leonardo escribió un Manual de doctrina cristiana, que estuvo durante mucho tiem po en uso en algunas regiones de Italia. Queriendo asegurar la continuidad de este movimiento renovador de la enseñanza del catecismo, formó la Compañía de la Doctrina Cristiana, integrada por elementos seglares y que muy pronto había de extenderse a Siena, Pistoya, Nápoles y Roma. Los pontífices Gregorio XIII, Clemente VIII y Paulo V concedieron a esta Compañía especiales privilegios.

La personalidad de este sacerdote de vocación tardía comenzaba a destacarse en la Iglesia briosamente, paralela a la de los coetáneos San José de Calasanz y San Felipe Neri, a quienes estará muy unido en el andar de su vida de fundador y de apóstol.

A los dos años de actividad sacerdotal Juan Leonardo había formado un grupo de colaboradores parroquiales íntimos, a los que fue preparando para el sacerdocio y con los que inicia su fundación el año 1574.

En realidad, sus proyectos de fundador no eran ambiciosos en cuanto a la organización. La pequeña comunidad de sacerdotes surgía limitada al ámbito de la parroquia. El ideal de Juan Leonardo era hacer de sus colaboradores santos sacerdotes dedicados al ministerio parroquial.

La nueva Congregación encontró una férrea oposición por parte de las autoridades civiles de Lucca. La pequeña república, celosa de su independencia, seguía con recelo la actividad del Santo, a quien comenzó a considerar aliado de potencias extran jeras y posible colaborador de la Inquisición. Sin ninguna responsabilidad personal, Juan Leonardo fue tratado durante toda la vida como un enemigo irreconciliable de su patria.

Tal enemistad ocasionó a los noveles religiosos una precaria situación económica, hasta tal punto que el mismo fundador se vio obligado a pedir limosna.

Estas dificultades, sin embargo, no desalentaron a Juan Leonardo en sus tareas apostólicas. Intensificó en su iglesia el culto al Santísimo Sacramento con la función de las Cuarenta Horas y organizó continuamente ejercicios de reparación y penitencia. Los fieles recorrían de noche procesionalmente las calles de Lucca, visitando las iglesias principales, entonando himnos penitenciales, disciplinándose y gritando: «¡Perdón, Señor, misericordia!» El devoto espectáculo ocasionó ruidosas conversiones, no siempre coronadas con una fiel perseverancia, y que proporcionaron al celoso predicador algún fracaso apostólico

Tal fue el de la Compañía de la Paz, agrupación formada con cincuenta bandidos convertidos en masa, que a los pocos meses de existencia el Santo debió disolver, porque algunos de los conversos habían vuelto a las andadas; los que perseveraron ingresaron en los capuchinos.

Más afortunado fue con la fundación de las Monjas de los Ángeles, religiosas dedicadas a las muchachas pobres, de las cuales, no obstante, Juan Leonardo se desentendió muy pronto, por que era radicalmente opuesto a los apostolados femeninos, aun los de clausura.

A la sazón el Santo andaba preocupado con el traslado de su comunidad de clérigos a la nueva casa de Santa María Contelandini, en Lucca. Lo cual no se llevó a cabo sin graves disturbios, ocasionados por los fieles de esta parroquia, que llegaron a decir al obispo en señal de protesta: » Monseñor, ¿ qué hacéis? ¿ Habéis alejado de vos aquellos diablos y nos los habéis metido en medio de nosotros?» A pesar de todo San Juan Leonardo tomó posesión de la nueva sede. Era el año 1580. Al año siguiente la Congregación recibía la aprobación oficial del obispo de Lucca, llamándose Clérigos Regulares de la Madre de Dios.

Con razón Juan Leonardo había ya ganado también la con fianza de la Santa Sede y fue nombrado varias veces por Clemente VIII comisario apostólico con la misión de reformar algunas de las Ordenes monásticas decadentes. El Santo realizó siempre con gran celo y notable éxito esta tarea de reformador, pero la impronta de su personalidad está más grabada en aquéllas catequesis y aquélla actividad pastoral de Juan Leonardo en las iglesias de Lucca.

Con no menor intensidad se dedica ahora el Santo a solidificar su fundación. Aunque no era ideal del fundador multiplicar las nuevas casas, quiso, sin embargo, fundar una en Roma. Lo consiguió gracias al apoyo de algunos cardenales, principalmente el cardenal Baronio, que le estimó y protegió siempre con especial predilección. La nueva comunidad se instaló definitivamente, el año 1662, en Santa María in Campitelli, que aún hoy día es la Casa Generalicia de la Congregación. Durante su estancia en Roma, Juan Leonardo realizó una de las más importantes actividades de su vida: la colaboración con el cardenal español Juan Bautista Vives en la organización del Colegio de Propaganda Fide. Durante los últimos siete años de su vida el Santo se dedicó con ardor a la naciente Institución misionera, cuyo ideal él había acariciado desde hacía tiempo. Este mérito fue premiado por León XIII, que por especial privilegio le inscribió, siendo aún Beato, en el Martirologio Romano, poniendo de relieve la obra misional realizada por San Juan Leonardo.

Antes de morir Juan Leonardo tuvo la alegría de ver aprobadas en 1603 por Clemente VIII las constituciones de la nueva Congregación de Clérigos Regulares. No pudo llegar a verla florecer y brillar. Pero guardó en su corazón la alegría de una vida entregada al servicio de la Iglesia. Murió entre los suyos, en Lucca, el año 1609. Beatificado por Pío IX en 1861, fue canonizado por Pío XI en 1938. Sus restos se veneran en Santa María in Campitelli, de Roma.

San Juan Leonardo encarnó el ideal de un santo sacerdote, que no deslumbra por la magnitud de sus empresas, sino por el perseverante ejercicio de la caridad pastoral.

MANUEL USEROS CARRETERO.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index.html

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

9 de Octubre