MEDITACIONES PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 4-

DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

MEDITACIÓN IV

FELICIDAD DE HABER NACIDO DESPUÉS DE LA REDENCIÓN

Y EN EL SENO DE LA VERDADERA IGLESIA

Ubi venit plenitudo temporis, misit Deus Filium Suum…,

ut eos, qui sub lege erant, redimeret.

Cuando vino la plenitud del tiempo, envió Dios desde

el cielo, de cabe si, a su propio Hijo… para rescatar a los

que estaban sometidos a la sanción de la ley.

AGNUS DEI, ATRIO DE LA BASÍLICA DE SAN EUFRASIO, POREC, CROACIA

AGNUS DEI, ATRIO DE LA BASÍLICA DE SAN EUFRASIO, POREC, CROACIA

I. ¡Cuánto debemos agradecer a Dios el habernos hecho nacer después de verificada la obra excelsa de la redención humana! Esto significa la expresión plenitudo temporis, el tiempo feliz por la plenitud de la gracia, que nos obtiene Jesucristo con su venida. ¡Pobres de nosotros sí, reos de tanto pecado cometido, hubiéramos vivido en la tierra antes de la venida de Jesucristo!

II. ¡En que miserable estado se hallaban los hombres antes de la venida del Mesías! El verdadero Dios apenas si era conocido en la Judea, al paso que en el resto del mundo reinaba la idolatría, de suerte que nuestros antepasados adoraban piedras, leños y demonios. Adoraban multitud de dioses, y el verdadero Dios no era por ellos amado ni conocido. Aun hoy en día, ¡cuántos países hay de escaso número de católicos, entre tanto y tanto infiel y hereje como ciertamente se pierden! ¡Cuán obligados estamos a Dios por habernos hecho nacer no tan solo después de la venida de Cristo, sino además en países donde reina la verdadera fe!

Gracias, Señor, por tan extraordinario beneficio. ¡Desgraciado de mi si, después de haber cometido tantos pecados, tuviere que vivir entre infieles y herejes! Reconozco, Dios mío, que me queréis salvar, y, a pesar de ello, ¡Cuantas veces me quise perder, al perder vuestra gracia! Tened compasión de mi alma, que tanto os costo, Redentor mío.

III. Envió Dios desde el cielo, de cabe si, a su propio Hijo, para rescatar a los que estaban sometidos a la sanción de la ley.- Peca, pues, el esclavo y con el pecado cae en poder del demonio, y acude su mismo Señor a rescatarlo con su muerte… ¡Oh amor inmenso, amor infinito de Dios para con el hombre! Por lo tanto, divino Redentor mío, si vos no me hubierais redimido con vuestra muerte, ¿qué habría sido de mi, que tantas veces merecí el infierno con mis pecados? Si vos, Jesús mío, no hubierais muerto por mí, os habría perdido para siempre, sin esperanza de recobrar ya mas vuestra gracia ni esperanza de ver un día en el cielo vuestro hermoso rostro.

Gracias, pues, querido Salvador mío, y un día, en el cielo espero agradecéroslo por toda la eternidad. Me arrepiento sobre todo otro mal de haberos despreciado en lo pasado; en adelante estoy resuelto a sufrir todas las penas y muertes antes que ofenderos; pero, como os traicione en lo pasado, puedo traicionaros también en lo por venir. ¡Ah, Jesús mío, no permitáis me separe de vos! Os amo, bondad infinita, y quiero amaros siempre en esta vida y por toda la eternidad. ¡Oh Reina y Abogada mía, María, tenedme siempre bajo vuestro amparo y libradme del pecado!

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com/

MEDITACIONES PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 3-

DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

MEDITACIÓN III

MOTIVOS DE CONFIANZA

EN LA ENCARNACION DEL VERBO

Quomodo non etiam cum illo omnia nobis donavit?

¿Cómo no justamente con El nos dará de gracia todas las cosas?

LA ENCARNACIÓN, BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO.

LA ENCARNACIÓN, BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO.

I. Considera, alma mía, cómo el Eterno Padre, dándonos a su querido Hijo por redentor, no podía facilitarnos motivos más poderosos de confianza en su misericordia ni mas fuertes para amar su infinita bondad, ya que no podía patentizarnos prueba más evidente del deseo que tiene de nuestro bien y del amor inmenso que nos tiene, pues dándonos su Hijo, no tiene ya más que darnos.

¡Oh Dios eterno, que todos los hombres alaben vuestra infinita caridad!

II. Habiéndonos Dios dado a su Hijo, a quien ama tanto como a sí mismo, ¿cómo habríamos de temer, dice el Apóstol, que nos rehusara cualquier gracia que le pidiéramos? El Dios que nos dio a Su Hijo, no nos negara el perdón de las ofensas que le hubiéramos hecho si las detestamos sinceramente; no os negara la gracia de resistir a las tentaciones cuando se lo pedimos; no nos negara el santo amor cuando lo deseamos; no nos negara, finalmente, el paraíso, con tal de que no nos hagamos indignos de él por el pecado. Jesús mismo nos lo asegura en estos términos: Si alguna cosa pidiereis al Padre, os la concederá en nombre mío.

Apoyado, por tanto, en esta promesa, Dios mío, os pido que por amor de vuestro Hijo Jesús me perdonéis cuanto os injurie. Dadme la santa perseverancia en vuestra gracia hasta la muerte. Dadme vuestra santo amor, que me desprenda de todo para amar sólo a vuestra infinita bondad. Dadme el paraíso, para que llegue a amaros allí con todas mis fuerzas y para siempre, sin temor de dejaros ya de amar.

III. Asegúranos, por fin, el Apóstol que, poseyendo a Jesucristo, tan ricos somos de todo bien, que no nos falta gracia alguna.

Si, Jesús mío, vos sois todo bien, vos solo me bastáis y por vos solo suspiro. Si en lo pasado os he alejado de mi por el pecado, me arrepiento ahora de ello con todo mi corazón. Perdonadme y volved a mí, Señor y si ya estáis conmigo, como lo espero, no os apartéis mas de mi, mejor diré, no permitáis que yo os vuelva a arrojar de mi alma. Jesús mío, Jesús mío, mi tesoro, mi amor, mi todo, os amo, os amo, os amo y quiero amaros siempre.- ¡Oh María, esperanza mía, haced que siempre ame a Jesús!

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com/

MEDITACIONES PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 2-

DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

MEDITACIÓN II

BONDAD DE DIOS PADRE Y DE DIOS HIJO EN LA OBRA DE LA REDENCIÓN

Et incarnatus est de Spiritu Sancto, et homo factus est.

Y encarnóse por obra del Espíritu Santo,

y se hizo hombre.

EXPULSIÓN DEL PARAÍSO. GUSTAVE DORÉ.

EXPULSIÓN DEL PARAÍSO. GUSTAVE DORÉ.

 

I.  Dios creó a Adán y lo enriqueció de dones; pero el hombre, ingrato, lo ultrajó con el pecado, privándose a si y a su descendencia de la divina gracia y del paraíso. Ved, pues, al género humano perdido y sin remedio. El hombre había ofendido a Dios, por lo que era incapaz de ofrendarle digna satisfacción: era preciso que una persona divina satisficiese por él. ¿Qué hizo el Padre Eterno para remediar tal perdida? Mandó a su propio Hijo que se hiciera hombre y se revistiera de la misma carne pecadora, para que con la muerte pagase a la divina justicia las deudas y facilitase el retorno a la divina gracia.

Dios mío, si vuestra bondad infinita no hubiese encontrado este remedio, ¿quién se hubiera jamás atrevido a pedirlo y ni aun a imaginarlo?

II.  ¡Que extrañeza debió causar a los ángeles el gran amor que Dios mostró al hombre rebelde! ¡Que dirían al ver al Verbo eterno hecho hombre y revestido de la misma carne que tenían los pecadores, apareciendo así ante el mundo el Verbo encarnado como uno de tantos pecadores!

¡Cuán obligados estamos, Jesús mío, a patentizaros nuestro amor, y yo más que los demás, por haberos ofendido más que todos! Si no hubierais venido a salvarme, ¿qué hubiera sido de mí por toda la eternidad? ¿Quién podría librarme de las penas por mí merecidas? Seáis siempre bendito y alabado por tanta caridad.

III.  El hijo de Dios baja, pues, del cielo a la tierra para hacerse hombre y vivir vida penosa; viene a morir en una cruz por amor a los hombres, y los hombres que esto crean, ¿será posible que amen otra cosa que a un Dios encarnado?

¡Ah, Jesús, Salvador mío!, no quiero amar nada fuera de vos. Puesto que vos tan solo me habéis amado, a solo vos quiero amar. Renuncio a todos los bienes creados: solo vos me bastáis, ¡Oh inmenso e infinito bien! Si en lo pasado os disguste, ahora me arrepiento, y quisiera que este mi dolor me hiciese morir para compensar de alguna manera los disgustos que os he causado. ¡Ah, no permitáis que en lo porvenir sea ingrato al amor que me manifestasteis! No, Jesús mío, haced que os ame y tratadme después como os plazca. ¡Oh bondad infinita, oh amor infinito, no quiero vivir sin amaros! ¡Oh María, Madre de misericordia, os pido me alcancéis la gracia de amar siempre a Dios!

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com/

MEDITACIONES PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 1-

DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

MEDITACIÓN I

Et incarnatus est de Spiritu Sancto, et homo factus est.

Y encarnóse por obra del Espíritu Santo,

y se hizo hombre.

***

***

 

Considera como habiendo criado Dios al Primer hombre para que le sirviese y amase en esta vida, y después conducirle a la vida eterna, a reinar en el paraíso; a este fin le enriqueció de luces y de gracias. Pero el hombre ingrato se rebeló contra Dios, negándole la obediencia que le debía de justicia y por gratitud, quedando de esta suerte el miserable, privado con toda su descendencia de la divina gracia y excluido por siempre del paraíso. Mira después de esta ruina del pecado perdidos a todos los hombres. Todos vivían ciegos entre las tinieblas, en las sombras de la muerte. Mas Dios, viéndolos reducidos a este miserable estado, determina salvarlos. ¿Y cómo? No manda ya a un Ángel o a un Serafín; sino que para manifestar al mundo el amor inmenso que tenía a estos gusanos ingratos, envió a su mismo Hijo a hacerse hombre, y a vestirse de la misma carne de los pecadores, para que satisficiese con sus penas y con su muerte a la justicia divina por los delitos de ellos, y así los librase de la muerte eterna; y reconciliándolos con su divino Padre, les alcanzase la divina gracia, y los hiciese dignos de entrar en el reino eterno.

Pondera aquí de una parte la ruina inmensa que trae el pecado, privándonos de la amistad de Dios y del paraíso, y condenándonos a una eternidad de penas. Pondera de la otra el amor infinito que Dios mostró en esta grande obra de la Encarnación del Verbo, haciendo que su Unigénito viniese a sacrificar su vida divina por manos de verdugos sobre la cruz en un mar de dolores y vituperios, para alcanzarnos el perdón y la salvación eterna.

¡Ah! Que al contemplar este gran misterio y este exceso de amor cada cual no debería hacer otra cosa que exclamar: ¡Oh Bondad infinita! ¡Oh misericordia infinita! ¡Oh amor infinito! ¿Un Dios hacerse hombre, para venir a morir por mi?…

Afectos y súplicas.

Pero, ¿cómo es, Jesús mío, que aquella ruina del pecado, que Vos habéis reparado con vuestra muerte, yo tantas veces he vuelto después a renovármela voluntariamente con tantas injurias como os he hecho? ¡Vos a tanta costa me habéis salvado, y tantas veces yo he querido perderme, perdiéndoos a Vos, bien infinito! Pero me da confianza lo que Vos habéis dicho: que cuando el pecador que os ha vuelto la espalda, se convierte después a Vos, no dejáis de abrazarlo: volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, decís por el profeta Zacarías. Habéis dicho también: si alguno me abriere la puerta, yo entraré a él.

He aquí, Señor, que soy uno de estos rebeldes, ingrato y traidor, que muchas veces os ha vuelto la espada y os he desechado de mi alma; mas ahora me arrepiento con todo el corazón de haberos de tal manera maltratado, y despreciado vuestra gracia. Me arrepiento y os amo por sobre todas las cosas. Ved la puerta de mi corazón ya abierta; entrad, Señor, pero entrad para no salir jamás. Yo sé que Vos nunca saldréis, si yo no vuelvo a desecharos; pero ¡ah! Este es un temor, y esta es también la gracia que os pido, y espero siempre pediros: hacedme morir, antes que yo use con Vos esta nueva y mayor ingratitud. Amable Redentor mío, por la ofenda que os he hecho no merecería ya amaros; pero os pido por vuestros méritos el don del santo amor. Para esto hacedme conocer cuán gran bien es el amor que me habéis tenido, y cuánto habéis hecho para obligarme a amaros.

¡Ah! Mi Dios y Salvador, no me hagáis vivir más tiempo ingrato a tanta bondad vuestra. Yo no quiero dejaros jamás, Jesús mío. Basta cuanto os he ofendido. Razón es que estos años que me restan de vida los emplee todos en amaros y daros gusto. Jesús mio, Jesús mio, ayudadme; ayudad a un pecador que quiere amaros. ¡Oh María, Madre mía! Vos todo lo podéis con Jesús, sois su madre. Decidle que me perdone; decidle que me encadene con su santo amor. Vos sois mi esperanza, en Vos confío.

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com/

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Noveno

 

 

 

 

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Octavo

 

 

 

 

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Séptimo

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Sexto

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Quinto

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Cuarto

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Tercero

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Segundo

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Primero

Nueva sección

«En la vida espiritual, hay que ir siempre adelante y no retroceder jamás; de otro modo nos sucede como a la barca, que, si en vez de avanzar, se detiene, el viento la arrastra hacia atrás.» Padre Pío

 

Hoy nace una Nueva Sección en este blog, dedicada a las Oraciones en Español, y por iniciar en este día 25 de Octubre la Novena en sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio he comenzado con la creación de una sección llamada Novenas, en la que iré agregando las distintas Novenas que existen dentro de nuestra Devoción Cristiana; por lo pronto podrás encontrar la Novena en sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio dando clic aquí

Fraternalmente

Ortodoxia Católica