Santa Misa Dominical

2do. Domingo después de Pentecostés

Doble. Verde. 

Trae cuantos pobres, lisiados, ciegos y cojos hallares.

Trae cuantos pobres, lisiados, ciegos y cojos hallares.

 

Siguiendo a Cristo, que se ha entregado por nosotros, debemos amar a nuestro prójimo hasta dar, como él,  nuestra vida por los hermanos.

En el Evangelio, la parábola de los invitados al festín vale tanto para la eucaristía como para el banquete mesiánico, al que estamos todos invitados.  Cada vez que nos acerquemos a la sagrada mesa, acordémonos que esa <<comunión>>  nos prepara para la unión definitiva de allá arriba.  Las anticipaciones santificantes del sacramento tendrán su total perfeccionamiento en la felicidad eterna.

Las oraciones nos convidan a fijar nuestro amor en Dios, a despegarnos de las cosas de la tierra para <<hacernos adelantar en la práctica de una vida verdaderamente celestial>>.

 
EPÍSTOLA 1 San Juan 3, 13-18
Nuestro amor a los hermanos, para que sea eficaz y verdadero ha de ser tan amplio como el de Cristo a nosotros; ahora bien, él ha dado su vida por salvarnos.
 
 
GRADUAL
 
HALLÁNDOME atribulado, clamé al Señor, y me escuchó.  Libra, Señor, mi alma de los labios injuestos y de la lengua engañadora.
 
 
ALELUYA, aleluya.  ¡Oh Señor y Dios mío!, en ti espero; sálvame de todos los que me persiguen y librame. Aleluya
 
EVANGELIO
San Lucas 14, 16-24.
Tanto al banquete eucarístico como al mesiánico, se invita a todos, aun a los más miserables.  Únicamente se excluye a los que, satisfechos de lo que ya poseen, creen no tener necesidad de Dios.