En el Sínodo los niños brillaron por su ausencia

ninojesus

31 octubre, 2015

«El pecado del siglo es el pecado contra la niñez. Los adultos han asesinado voluntariamente a más niños en los últimos cien años que en toda la historia anterior de la humanidad»
John Saward, The Way of the Lamb.

En el Sínodo de la Familia se habló más de temas como la homosexualidad, el concubinato, los adultos divorciados, los que se han vuelto a casar y la des­centralización, pero apenas si se menciona la razón de ser de la familia: los hijos.

Al igual que en la estéril Europa, los niños brillaron por su ausencia en el Sínodo de la Familia.

sagrada_familia2Entre las poco frecuentes pero sorprendentes buenas noticias de este contencioso y problemático Sínodo de la Familia encontramos la carta abierta al Sínodo de cien conversos a la fe católica. La voz de dichos conversos resuena clamorosa en marcado contraste con las cavilaciones huecas y heréticas de algunos padres sinodales.

En la mencionada carta, los conversos ruegan al Papa y a los padres sinodales «que defiendan las enseñanzas de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio con la misma fidelidad y el mismo testimonio jovial y valeroso que ha desplegado la Iglesia Católica a lo largo de toda su historia.» Los signatarios manifestaron al Sínodo que la doctrina católica y las enseñanzas sobre el matrimonio y la sexualidad los guiaron a la verdad de la fe en su proceso de conversión.

Entre los muchos y lúcidos conversos que suscribieron la carta al Papa rogando que defendieran los principios de la doctrina católica sobre el matrimonio y la familia se encuentran el P. John Saward, ex clérigo anglicano y actualmente párroco de S. Gregory y S. Augustine, también profesor emérito del colegio dominico de la Universidad de Oxford.

Saward comprende claramente los desafíos que afronta la Iglesia Católica en esta era moderna. Su percepción y actitud ante la presente crisis moral es profundamente católica y teológica, aunque se da la paradoja de que dicha actitud está ausente en los debates del Sínodo. Saward señala al Niño Jesús, y al niño en la familia como camino al cielo.

En su convincente libro The Way of the Lamb, The Spirit of Childhood and the End of the Age (Ignatius Press) subraya sin tapujos las causas de la corrupción moral de la modernidad desde la primera linea, en la que afirma valientemente:

«Se puede decir que el mundo occidental de hoy ha declarado la guerra a la familia por todos los flancos. Destruye al niño, desprecia a la madre y ridiculiza al padre.»

Este converso denuncia con claridad y valentía las causas del deterioro de la civilización y de la familia. Saward evalúa con precisión el estado de la civilización moderna cuando apunta a las vacas sagradas de la anticoncepción y la homosexualidad:

«En las sociedades que se dedican a buscar el placer sexual descontrolado, el niño se ha convertido en un obstáculo que se quiere evitar, e incluso en un enemigo al que hay que eliminar. La mentalidad antinatalista dominante está intrínsecamente en contra del niño, ya que quien utiliza métodos anticonceptivos no quiere que haya niños.»

El culto de la homosexualidad también manifiesta un odio práctico al niño, porque es el rechazo a la mujer y por lo tanto al fruto de su vientre; una explosiva combinación de esterilidad y muerte.

Nótese el contraste entre el contundente lenguaje centrado en el niño de  Saward y las charlatanerías modernistas y libertinas que predominan en las conferencias de prensa sinodales.

En primer lugar, el cardenal alemán Marx (que afirmó: «no somos una sucursal de Roma”) deduce presuntuosamente lo que Dios quiere decir: «Si una pareja homosexual –afirma–  es fiel, se cuidan el uno al otro y procuran estar juntos de por vida, dirá Dios: “a mí no me importa nada de eso, sólo me interesa vuestra orientación sexual”. Eso no es posible, y debemos discutirlo, pero no será un tema central en este sínodo.»

A lo largo del Sínodo, el tema de la homosexualidad predomina en las declaraciones de los padres sinodales a la prensa. Exhiben una necesidad acuciante de conseguirle importancia y aceptación en la sociedad secular.

Podríamos citar a modo de ejemplo al omnipresente elegido del Papa y agregado de prensa de habla inglesa padre Thomas Rosica, de Salt and Life (sal y vida) TV. Arrojando más sal que luz en los debates, Rosica adoctrina con severidad sobre la necesidad de poner fin al lenguaje excluyente (sobre la homosexualidad) y para que los debates del Sínodo «acepten la realidad tal como es y no tengan miedo de situaciones nuevas y complejas». Una vez más, el tema secular de la realidad, aunque sea de una minoría, prevalece en la confusión de prensa sinodal, por encima de lo que tiene un valor eterno.

El P. Rosica demuestra particular interés en los homosexuales o gays, afirmando: «No sentimos lástima de esas personas, sino que las reconocemos como lo que son: hijos, hermanos, vecinos y colegas nuestros.» Más tarde, en la conferencia de prensa, volvió al tema de las relaciones homosexuales, afirmando que surgió varias veces y que un padre sinodal preguntó: «¿Cómo hablamos de ellos y les brindamos nuestra acogida?» Las palabras de Rosica se parecen más a las de bienvenida que pronunciaría un presidente del Rotary Club que a las de un sacerdote ordenado de la Iglesia Católica que tiene el deber de preocuparse por la salvación de las almas.

Más clérigos modernistas esperaban listos para el ataque. Entra el elegido del Papa, el arzobispo Blase Cupich de Chicago que también se concentra por lo visto en la agenda secular de 1 a ­2% de la población que es homosexual. En la rueda de prensa dieron a entender su preferencia por que se abra una vía para la comunión de las parejas homosexuales. Al parecer, el Catecismo de la Iglesia Católica y la doctrina se han reemplazado por el concepto moderno de inviolabilidad de conciencia.

Así pues, entre las prisas y el ruido de la agenda de diálogo del Sínodo, algo tan valioso como el niño, que es el centro de la familia, está en riesgo de extinción. Esta problemática pero inevitable novedad es culpa de un pontificado que se apresuró a recibir con los brazos abiertos a expertos en control de población de la ONU, a la agenda globalista que promueve la despoblación mediante el aborto, la esterilización y la anticoncepción, y a la ideología de género.

Los niños brillan por su ausencia, lo mismo que durante los dos primeros años de este pontificado. Francisco hace planes y maquina con los modernistas, entre otros muchos, asuntos como el clima, la ideología de género, la redistribución de ingresos y la exclusión. No sorprende que el tema de los niños se haya dejado de lado en el Sínodo, aparte de cuando besaron a unos bebés para salir en la foto.

En lugar de presentar al mundo un enfoque cristocéntrico y católico, por lo que se ve el Sínodo se esfuerza por acomodarse al mundo occidental moderno y cede a sus influencias y exigencias irracionales contra los niños. Saward invoca la catolicidad de G.K. Chesterton, en su clásico Herejes, como la única solución cristiana apropiada a la crisis en la familia y la modernidad. La siguiente cita no será del agrado de los obispos aduladores que buscan la aprobación y aclamación de la modernidad:

“El hombre de fe no sólo debe estar dispuesto a ser mártir, sino también a hacer el ridículo. Es absurdo decir que uno está dispuesto a morir por sus convicciones cuando ni siquiera está dispuesto a llevar una guirnalda en la cabeza para manifestarlas.”
G. K. Chesterton, Herejes.

¿Dónde están los mártires y los santos entre los padres sinodales? ¿Hay alguno entre ellos que esté dispuesto a que se burlen de él? ¿Hay alguno que combata las herejías, aun a costa de perder su elevado cargo? Los cardenales visten de rojo porque eso significa que están dispuestos a derramar su sangre, como los mártires, por la Santa Madre Iglesia. ¿Dónde están los mártires?

El tiempo se acaba. Los niños brillan por su ausencia. Necesitan un padre.

Elizabeth Yore

[Traducción Romina R. Artículo original]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

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