Análisis del discurso de clausura del papa Francisco en el Sínodo de la Familia

francisco4-2

29 octubre, 2015

Reproducimos a continuación el discurso del Papa al final del Sínodo de la familia, junto con mis comentarios en rojo Como nota al margen, este discurso no podría pronunciarlo un hombre que cree que la propuesta de Kasper sea un acto de sacrilegio.  Deja claro en su discurso que tiene la intención de permitir que los adúlteros reciban la Sagrada Comunión en algunos casos. Cualquiera que todavía defienda al papa Francisco en este momento es cómplice suyo en el sacrilegio kasperista.
Queridas beatitudes, eminencias y excelencias, Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera ante todo agradecer al Señor que ha guiado con el Espíritu Santo nuestro camino sinodal en estos años, [¿Cómo podía estar el Espíritu Santo presente en debates que promueven la sodomía, el sacrilegio y el regreso a la ley de Moisés por encima de la de Cristo?], que nunca deja a la Iglesia sin su apoyo.

Agradezco de corazón al cardenal Lorenzo Baldisseri [Ya saben, el  que en 2014  impidió que los padres sinodales recibieran un libro que refutaba la propuesta de Kasper, para lo cual les intervino el correo], Secretario General del Sínodo, a monseñor Fabio Fabene, Subsecretario, y también al Relator, el cardenal Peter Erdo, y al Secretario especial, monseñor Bruno Forte, [el que insertó en la relatio intermedia de  2014 textos que decían que los sodomitas tienen cualidades que aportar a la Iglesia] a los presidentes, delegados, a los escritores, consultores, traductores y a todos los que han trabajado incansablemente y con total dedicación a la Iglesia: gracias de corazón.

Agradezco a todos ustedes, queridos padres sinodales, delegados fraternos, auditores, asesores, párrocos y familias por su participación activa y fructuosa. [¿Qué tiene de fructífero que los padres sinodales promuevan un pecado que clama al cielo y el abandono de la palabra de Cristo?]

Doy gracias igualmente a los que han trabajado de manera anónima y en silencio, contribuyendo generosamente a los trabajos de este sínodo.

Les aseguro mi plegaria para que el Señor los recompense con la abundancia de sus dones de gracia.

Mientras seguía los trabajos del sínodo, me he preguntado ¿qué significará para la Iglesia concluir este sínodo dedicado a la familia? [Este no ha sido un sínodo dedicado a la familia. Ha sido un sínodo dedicado a la destrucción de la familia. A los católicos que tenemos familia no nos ha edificado este sínodo; nos ha escandalizado y traicionado]

Ciertamente no significa haber concluido con todos los temas inherentes a la familia, sino que ha tratado de iluminarlos con la luz del Evangelio, de la Tradición y de la historia milenaria de la Iglesia, [la propuesta de Kasper se opone totalmente a  la tradición de la Iglesia y a su historia bimilenaria, lo mismo que la promoción de la sodomía] infundiendo en ellos el gozo de la esperanza sin caer en la cómoda repetición [Nótese hasta qué extremo insulta a los que defienden las palabras de Cristo y la bimilenaria tradición de la Iglesia: dice que “caen en la cómoda repetición”.  ¡Qué insulto a los católicos fieles!de lo que es indiscutible o ya se ha dicho. [Que ya se haya dicho o que sea obvio no significa que sea necesario cambiarlo.  Por ejemplo, todos coincidimos en que el homicidio está mal (espero que en el Vaticano todos digan que está mal) pero repetirlo el caso en cara de los que quieren cambiarlo no sería una “cómoda repetición” sino el deber fiel de todos los que no se dejan engañar por Satanás]

Seguramente no significa que se hayan encontrado soluciones exhaustivas a todas las dificultades y dudas [Así es, pero tenían que haber defendido las palabras de Cristo y la práctica bimilenaria de la iglesia, y  Su Santidad no lo hizo ni mucho menosque desafían y amenazan a la familia, [Como los kasperitas a los que el Papa dio voz, o los protectores de pedófilos a los que invitó al sínodosino que se han puesto dichas dificultades y dudas a la luz de la fe, se han examinado atentamente, se han afrontado sin miedo y sin esconder la cabeza bajo tierra. [¿Se dan cuenta? Los que quieren defender las palabras de Cristo sobre el matrimonio y  la práctica de la Iglesia que se basa en esas palabras, están escondiendo la cabeza bajo tierra.  Este es un insulto mayor a los fieles católicos y demuestra que su Papa está en contra de todo el que ponga por obra la tradición en la Iglesia]

Significa haber instado a todos a comprender la importancia de la institución de la familia y del matrimonio entre un hombre y una mujer, [claro, porque muchas de las personas a las que el papa Francisco invitó al sínodo no tuvieron mucho éxito promoviendo la sodomía], fundado sobre la unidad y la indisolubilidad, y apreciarla como la base fundamental de la sociedad y de la vida humana. [¿Alguien recuerda un solo momento del Sínodo en que se expresara la importancia de la indisolubilidad del matrimonio entre un hombre y una mujer?]

Significa haber escuchado y hecho escuchar las voces de las familias y de los pastores de la Iglesia que han venido a Roma de todas partes del mundo trayendo sobre sus hombros las cargas y las esperanzas, la riqueza y los desafíos de las familias. [Y que vinieron a Roma con la intención de destruir a la Iglesia promocionando la sodomía y el kasperismo.  Es curioso que omita eso]

Significa haber dado prueba de la vivacidad de la Iglesia católica, que no tiene miedo de sacudir las conciencias anestesiadas o de ensuciarse las manos discutiendo animadamente y con franqueza sobre la familia. [¿Es eso lo que cree que está haciendo? Lo siento, pero escandalizar a los fieles permitiendo que sodomitas promuevan el mal y a los kasperitas promocionen el sacrilegio no es celebrar un debate sobre la familia, sino destruir la familia.  Solo un hegeliano podría elogiar un proceso así, y sólo alguien que no cree que Dios nos ha revelado ya su voluntad sobre estos asuntos elogiaría algo así]

Significa haber tratado de ver y leer la realidad o, mejor dicho, las realidades de hoy [El adulterio sigue siendo adulterio hoy en día, tal como lo era ayer.  Y lo mismo la sodomía.  Esto es un subterfugio con los ojos de Dios, Miren ustedes, el Dios que detesta la sodomía y dice que quien haga esas cosas merece morir (Romanos 1,32).  El mismo Dios que detesta el divorcio y el adulterio y que permitió la pena capital para los adúlteros en el Antiguo Testamento], para encender e iluminar con la llama de la fe los corazones de los hombres, en un momento histórico de desaliento y de crisis social, económica, moral y de predominio de la negatividad. [Lo siento, pero Su Santidad no ha contribuido a otra cosa que a la crisis moral y al creciente pesimismo escandalizando a los fieles y contribuyendo a la destrucción de la familia]

Significa haber dado testimonio a todos de que el Evangelio sigue siendo para la Iglesia una fuente viva de eterna novedad, una novedad que contradice por entero las palabras de Cristo, contra quien quiere “adoctrinarlo” en piedras muertas para lanzarlas contra los demás. [¡Qué insulto a los fieles! Este papa dice que los quieren mantener la práctica de la Iglesia sobre la Eucaristía están lanzando piedras muertas a los demás]

Significa haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones [vuelve a insultar a los católicos fieles.  Según el papa Francisco, los católicos fieles se están escudando tras las enseñanzas de Cristo  para sentarse en la cátedra de Moisés. Nadie se sienta en la cátedra de Moisés por afirmar la indisolubilidad del matrimonio.  Hacerlo es de hecho lo contrario de lo que hizo Moisés, que permitió divorciarse y volverse a casary juzgar, [nótese la falsa concepción de “juzgar” en este caso.  Para este Papa, simplemente afirmar lo que siempre ha enseñado la Iglesia es juzgar.   Está claro que no entiende la intención de Jesús cuando dijo que nuestro juicio fuera justo (Juan 7:24)a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas. [Los que defienden las palabras de Cristo no se sientan a cierta distancia para lanzar piedras a los heridos.  Por ejemplo, conozco a una persona a la que su cónyuge abandonó, y que si no reúne los requisitos para la nulidad tiene intención de sostener lo que enseña la Iglesia en cuanto a la posibilidad de segundas nupcias.  Estoy seguro de que hay muchos otros en la misma situación que están haciendo igual y se sienten profundamente ofendidos por las piedras que nos ha lanzado el Papa]

Significa haber afirmado que la Iglesia es Iglesia de los pobres de espíritu y de los pecadores en busca de perdón, y no sólo de los justos y de los santos, o mejor dicho, de los justos y de los santos cuando se sienten pobres y pecadores.

Significa haber intentado abrir los horizontes [por ejemplo, cometer sacrilegio y promover la sodomíapara superar toda hermenéutica conspiradora o un cierre de perspectivas para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, [¿Alguien encuentra algo bello que haya salido de este sínodo?a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible. [Esta es la falacia del hombre de paja.  El lenguaje de la Iglesia no es arcaico ni incomprensible.  Cualquiera entiende lo que queremos decir cuando hablamos de adulterio.  Sencillamente está tratando de cambiar el lenguaje de la Iglesia, porque si se cambia el lenguaje se cambian los significados]

En el curso de este sínodo, las distintas opiniones que se han expresado libremente –y por desgracia a veces con métodos no del todo benévolos- han enriquecido y animado sin duda el diálogo, entre los hijos de Dios [y los de Satanás;] ofreciendo una imagen viva de una Iglesia que no utiliza “módulos impresos” sino que toma de la fuente inagotable de su fe agua viva para refrescar los corazones resecos. [El diálogo con Satanás no es síntoma una Iglesia viva sino de pastores acomodaticios sin convicciones]

Y más allá de las cuestiones dogmáticas claramente definidas por el Magisterio de la Iglesia– hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. [¿De qué habla?  Si todos creemos en la misma fe, no debería haber nada que fuera escandaloso en un continente y normal en otro.  Esto sólo tiene sentido si le parece bien permitir que las conferencias episcopales decidan si se permite el sacrilegio en su territorio] En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado.  El Sínodo de 1985, que celebraba el vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, habló de la inculturación como «una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en todas las culturas humanas».

La inculturación no debilita los valores verdaderos, sino que muestra su verdadera fuerza y su autenticidad, porque se adaptan sin mutarse, es más, trasforman pacíficamente y gradualmente las diversas culturas.

Hemos visto, también a través de la riqueza de nuestra diversidad, que el desafío que tenemos ante nosotros es siempre el mismo: anunciar el Evangelio al hombre de hoy, defendiendo a la familia de todos los ataques ideológicos e individualistas. [Es interesante que el Papa más ideológico de la historia quiera probar contra los “ataques ideológicos e individualistas”]

Y, sin caer nunca en el peligro del relativismo [¿En serio?o de demonizar a los otros, [No puede hacer eso, ya no puede llamar a nadie “hijos del diablo” (Juan 8:44) como hizo Jesúshemos tratado de abrazar plena y valientemente la bondad y la misericordia de Dios, que sobrepasa nuestros cálculos humanos y que no quiere más que «todos los hombres se salven» (1 Tm 2,4), [Él desea la salvación de todos, pero no por igual. Tampoco obliga a nadie a aceptar esa salvación sino que exige que se consienta a ella con arrepentimiento y fepara introducir y vivir este Sínodo en el contexto del Año Extraordinario de la Misericordia que la Iglesia está llamada a vivir. [Un año que se basa en un concepto falso de la misericordia]

Queridos Hermanos, la experiencia del Sínodo también nos ha hecho comprender mejor que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; Fíjense bien en lo que está haciendo: Para este Papa,  defender las palabras de Cristo y la práctica de la Iglesia es defender la letra”y no el espíritu.  Claramente está intentando admitir la propuesta de Kasper, ya que estas palabras no tendrían sentido si se opusiera a ella no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón. [Por lo visto el Santo Padre no se da cuenta de que no dar la Eucaristía a los adúlteros obstinados es de hecho un acto de amor]

Esto no significa en modo alguno disminuir la importancia de las fórmulas, de las leyes y de los mandamientos divinos, [¿Cómo que no?]sino exaltar la grandeza del verdadero Dios que no nos trata según nuestros méritos, [tampoco se contradice, no obstante la teología del cardenal Kasperni tampoco conforme a nuestras obras, sino únicamente según la generosidad sin límites de su misericordia (cf. Rm 3,21-30; Sal 129; Lc 11,37-54). [Sí, es por la misericordia, pero todavía nos exige que nos arrepintamos para recibir esa misericordia.  Los que persisten en cometer adulterio rechazan la gracia de Dios con sus acciones.Significa superar las tentaciones constantes del hermano mayor (cf. Lc 15,25-32) y de los obreros celosos (cf. Mt 20,1-16). [Más insultos a los fieles. Más aún, significa valorar más las leyes y los mandamientos, creados para el hombre y no al contrario (cf. Mc 2,27). [Obsérvese que el Santo Padre tratando de servirse de principios de la Escritura para revocar las palabras de Cristo y la práctica de la Iglesia, ¡que está basada en esas mismas palabras!]

En este sentido, el arrepentimiento debido, las obras y los esfuerzos humanos adquieren un sentido más profundo, no como precio de la invendible salvación, realizada por Cristo en la cruz gratuitamente, sino como respuesta a Aquel que nos amó primero y nos salvó con el precio de su sangre inocente, cuando aún estábamos sin fuerzas (cf. Rm 5,6).

El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas [Ahora el Papa insulta a toda la historia de la Iglesia anterior a 1962.  Por lo tanto, supongo que todos los obispos y papas de antes del Concilio Vaticano II, que pronunciaban condenas y anatemas (por el bien de las almas, por la salvación de éstas, y eran obras de misericordia) no cumplieron su deber. ¿Podría ser que este Papa no estuviera cumpliendo su deber, porque no pronuncia condenas ni anatemas y que la Iglesia anterior a 1962 si cumpliera fielmente su misión?] sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor (cf. Jn 12,44-50).[Esta es una dicotomía falsa. Las condenas y anatemas son actos de misericordia y tienen por objeto llamar a la salvación.  ¿Qué le diría este papa a San Pablo, que dijo “Es ya del dominio público que entre vosotros hay fornicación, y fornicación tal, cual ni siquiera entre los gentiles, a saber: que uno tenga la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis engreídos, en vez de andar de luto, para que sea quitado de en medio de vosotros el que tal hizo. 3 Pero yo, aunque ausente en cuerpo, más presente en espíritu, he juzgado, como si estuviese presente, al que tal hizo. 4 Congregados en el nombre de nuestro Señor Jesús vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, 5 sea entregado ese tal a Satanás, para destrucción de su carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”(1 Cor. 5,1-5) ¿Estaba S. Pablo mostrándose inmisericorde en este caso? Si se acepta lo que está diciendo el Papa, habría que decir que sí. Aquí hay más argumentos (en inglés) para desmentir más este falso concepto de la misericordia]

El beato Pablo VI decía con espléndidas palabras: «Podemos pensar que nuestro pecado o alejamiento de Dios enciende en él una llama de amor más intenso, un deseo de devolvernos y reinsertarnos en su plan de salvación […]. En Cristo, Dios se revela infinitamente bueno […]. Dios es bueno. Y no sólo en sí mismo; Dios es –digámoslo llorando- bueno con nosotros. Él nos ama, busca, piensa, conoce, inspira y espera. Él será feliz –si puede decirse así–el día en que nosotros queramos regresar y decir: “Señor, en tu bondad, perdóname. He aquí, pues, que nuestro arrepentimiento se convierte en la alegría de Dios».

También san Juan Pablo II [que se opuso a la propuesta de Kasperdijo que «la Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia […] y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora».

Y el papa Benedicto XVI decía: «La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios […] Todo lo que la Iglesia dice y realiza, manifiesta la misericordia que Dios tiene para con el hombre. Cuando la Iglesia debe recordar una verdad olvidada, o un bien traicionado, lo hace siempre impulsada por el amor misericordioso, para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia (cf. Jn 10,10)».

En este sentido, y mediante este tiempo de gracia que la Iglesia ha vivido, hablado y discutido sobre la familia, nos sentimos enriquecidos mutuamente; y muchos de nosotros hemos experimentado la acción del Espíritu Santo, que es el verdadero protagonista y artífice del Sínodo. Para todos nosotros, la palabra «familia» no suena lo mismo que antes, hasta el punto que en ella encontramos la síntesis de su vocación y el significado de todo el camino sinodal.

Para la Iglesia, en realidad, concluir el Sínodo significa volver verdaderamente a «caminar juntos» para llevar a todas las partes del mundo, a cada Diócesis, a cada comunidad y a cada situación la luz del Evangelio, el abrazo de la Iglesia y el amparo de la misericordia de Dios.

¡Gracias!

Michael Lofton

[Traducción de Rocío Salas Adame. Artículo Original]

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