Santa Misa Dominical

DOMINGO 20º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DOMINGO 20º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

( Semidoble – Ornamentos verdes )

Por ahora se leen en Maitines los Libros de los Macabeos. Los judíos volvieron a su santa ciudad de Jerusalén después del cautiverio de Babilonia. que duró 70 años; y muy pronto levantaron su Templo derruido.

Mas luego volvieron a la inmoralidad, y fueron de nuevo castigados por Dios, cayendo en poder del despiadado Antíoco Epifanes, quien se apoderó de Jerusalén y robó los tesoros del Templo, publicando un edicto por el cual prohibía por doquier el ejercicio del culto judío y de la ley mosaica, dando esto margen a muchas apostasías.

Pero contra tamañas abominaciones suscitó Dios un puñado de valientes, que salieron cual fieros leones de sus cuevas para defender la religión y las patrias tradiciones sin temer derramar toda su sangre en el empeño. El sacerdote Matatías organizó una liga de buenos israelitas, poniendo al frente de ella a su hijo Judas Macabeo, el cual derrotó a Antíoco y restableció el culto en Jerusalén, no cejando él ni sus hermanos hasta tanto que vieron reconquistado su país y libre del poder de los sirios.

Viéronse en esta ocasión casos de extraordinaria valentía, sólo explicables por la especial asistencia del Espíritu Santo. Tal la heroica muerte de Eleazar, que al herir en el vientre a uno de los elefantes del ejército de Antíoco y derribarlo, murió también él aplastado y como “sepultado en su propio triunfo”. (S. Amb.). Hermosa escena fue también el martirio del anciano Eleazar y el de los siete jóvenes hermanos llamados Macabeos, mártires de la santa Ley de Dios.
Pero también los escarmientos del cielo fueron ejemplares, puesto que el tirano Antíoco murió impenitente y corroído por el gusano de carne y por el tormento de una conciencia culpable. Espantoso fue también ver apaleado en el Templo por los mismos Ángeles al infame Heliodoro, que había entrado en él montado en su caballo a saquearlo y profanarlo.

Aprovechemos el tiempo, como nos lo aconseja el Apóstol, porque los días son malos, y la Ley de Dios y la virtud y las antas tradiciones se ven amenazadas tanto o más que nunca. ( Ep.).

Como los Macabeos, pongamos en Dios nuestros ojos (Gr.), seguros de que nos ha de mirar con ojos de piedad, y de que, mediante su auxilio, .haremos proezas y que nuestros enemigos quedarán reducidos a la impotencia.

Pero estos triunfos, lejos de atribuirlos a nuestro propio valor, serán los triunfos del Señor de los ejércitos que canta el Aleluya, el cual vence en nosotros y por nosotros, como venció en sus santos Mártires: Tu vincis in martyribus. Sepamos de cierto que si alguna vez sucumbimos, castigo justo es de nuestras infidelidades a Dios y a la gracia del Espíritu Santo y por haber desobedecido a sus santos mandamientos (Int.).

Reconozcamos nuestras culpas, y pidamos a Dios perdón por ellas y que se aplaque y nos cure (Ev.). Una vez perdonado nuestro reato y restauradas las quiebras de ese templo de Jerusalén, que es el alma y aun el cuerpo de! cristiano, templo vivo del Espíritu Santo, démosle gracias por nuestra liberación cantándole himnos de alabanza (Ep.) Pidamos al Señor avive nuestra fe, cual la del Centurión y a imitación de los Santos Macabeos.

El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Introito. Dan. 3, 31, 29 y 35.

INTROITUS – Omnia, quæ fecisti nobis, Dómine, in vero judicio fecísti, quia peccávimus tibi et mandátis tuis non obedivimus: sed da glóriam nómini tuo, et fac nobiscum secúndum multitúdinem miseficórdiæ tuæ. Ps. 118, 1. Beáti immaculáti in via: qui ámbulant in lege Dómini. . Gloria Patri. Introito – Todo cuanto has hecho con nosotros, Señor, con justo juicio lo has hecho, porque pecamos contra Ti, y no hemos obedecido a tus mandatos; pero da gloria a tu nombre, y obra con nosotros según tu gran misericordia. – Ps. Dichosos los que caminan sin mancilla, los que andan en la ley del Señor. V. Gloria al Padre.

Oración-Colecta

ORATIO – Largire, quæsumus, Dómine, fidélibus tuis indulgéntiam placátus et pacem: ut páriter ab ómnibus mundéntur offénsis, et secúra tibi mente desérviant. Per Dóminum. R. Amen Rogámoste, Señor, concedas benigno a tus fieles el perdón y la paz; para que, purificándose de todas las culpas, te sirvan con segura confianza. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.R. Amen.

Conmemoración

Epístola

Debemos aprovechar para el bien y la virtud el tiempo breve de nuestra vida, guiados por el Espíritu Santo.

EPISTOLA Lectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Ephesios. (5, 15-21) Fratres:Vidéte quómodo caute ambulétis: non quasi insipiéntes, sed ut sapiéntes, rediméntes tempus, quóniam dies mali sunt. Proptérea nolíte fíeri imprudéntes, sed intelligéntes, quæ sit volúntas Dei. Et nolite inebriári vino, in quo est luxúria: sed implémini Spiritu Sancto, loquéntes vobismetípsis in psalmis, et hymnis, et cánticis spirituálibus, cantántes, et psalléntes in córdibus vestris Dómino: grátias agéntes semper pro ómnibus, in nómine Dómini nostri Jesu Christi, Deo et Patri. Subjécti invicem in timóre Christi. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios:Hermanos: Procurad andar sobre aviso, no como necios, sino como sabios, aprovechando el tiempo, porque los días son malos (1). Por tanto, no seáis imprudentes, sino entended cual sea la voluntad de Dios. Y no os entreguéis con exceso al vino, en el que hay lujuria; sino llenaos del Espíritu Santo, entreteniéndoos con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo a Dios Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo; sometiéndoos unos a otros por reverencia a Cristo.
GRADUALE (144, 15-16) – Oculi ómnium in te sperant, Dómine: et tu das illis escam in témpore opportúno. V. Aperis tu manum tuam: et imples omne ánimal benedictióne Alleluia, alleluia. Ps. 107, 2. Parátum cor meum, Dens, parátum cor meum: cantábo, et psallam tibi, glória mea.  Alleluia. Gradual – Todos tienen los ojos puestos en Ti, Señor; y Tú les nutres a su debido tiempo. V. Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente.
Aleluya, aleluya – V.  Preparado está mi corazón; cantaré y entonaré salmos a Ti, mi gloria. Aleluya.

Evangelio

Jesús premia la fe y confianza de un áulico de la corte del rey Herodes, curándole a distancia a su hijo gravemente enfermo, resultando, como consecuencia inmediata del milagro, la conversión de dicho áulico y de toda su familia.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Joannem ( 4, 46-53)In illo témpore: Erat quidam régulus, cujus filius infirmabátur Caphárnaum. Hic cum audísset, quia Jesus adveniret a Judea in Galileam, ábiit ad eum, et rogábat eum ut descénderet, et sanáret filium ejus: incipiébat enim mori. Dixit ergo Jesus ad eum: Nisi signa et prodigia vidéritis, non créditis. Dicit ad eam régulus: Dómine, descénde priúsquam moriátur fílius meus. Dicit ei Jesus: Vade, filius tuus vivit. Crédidit homo sermóni, quem dixit ei Jesus, et ibat. Jam autem eo descendénte, servi occurrérunt ei, et nuntiavérunt dicéntes, quia fílius ejus víveret. Interrogábat ergo horam ab eis, in qua mélius habúerit. Et dizérunt ei: Quia heri hora séptima reliquit eam febris. Cognóvit ergo pater, quia illa hora erat, in qua dixit ei Jesus: Filius tuus vivit: et crédidit ipse, et domus ejus tota

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según San Juan En aquel tiempo: Había en Cafarnaúm, un áulico del rey (2), cuyo hijo estaba enfermo. Éste, habiendo oído que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a Él y le rogó descendiese a su casa, y sanase a su hijo porque se estaba muriendo. Mas Jesús le dijo: Si no veis milagros y prodigios, no creéis. El áulico repuso: Ven, Señor, antes que muera mi hijo. Ve, le dijo Jesús, tu hijo vive. Creyó el hombre la palabra de Jesús y se marchó. Y, cuando regresaba, saliéronle al encuentro sus criados, notificándole que se hijo vivía. Preguntóles la hora en que había comenzado a mejorar, y ellos le respondieron: Ayer a la hora séptima cesó la fiebre. Reconoció entonces el padre que era la misma hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él y toda su familia. Credo
OFFERTORIUMSuper flúmina Babylónis illic sédimus, et flévimus: dum recordarémur tui, Sion Ofertorio – Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentamos y lloramos, acordándonos de ti, oh Sión.

Oración-Secreta

Cæléstem nobis præbeant hæc mystéria, quæsumus, Dómine, medicínam: et vitia nostri cordis expúrgent. Per Dominum. Rogámoste, Señor, nos sirvan estos misterios de celestial medicina, y purifiquen de vicios nuestro corazón. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

Conmemoración

Prefacio de la Santísima Trinidad

Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus… Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO Memento verbi tui servo tuo, Dómine, in quo mihi spem dedisti: hæc me consoláta est in humilitáte mea.
Comunión. Acuérdate, Señor, de la palabra que diste a tu siervo, en la que se funda mi esperanza; ésta me ha consolado en mi abatimiento.

Oración-Postcomunión

Para que seamos dignos, oh Señor, de tus sagrados dones, haz que obedezcamos siempre a tus mandamientos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Ut sacris, Dómine, reddámur digni munéribus: fac nos, quæsumus, tuis semper obedíre mandátis. Per Dóminum.

Conmemoración

  • (1) Los días de nuestra vida son malos, en el sentido de que están llenos de peligros y de tentaciones; por eso hay que vivir con precaución y aprovechar bien el tiempo. Eso es ser prudentes y sabios.

  • (2) Del rey Herodes Agripa.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

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