Sínodo de la Familia: ¿Pueden salvarnos los “obispos buenos”? Ya podemos esperar sentados

sinodo3

6 octubre, 2015

“Se diría que este absurdo de que los organizadores del Sínodo, el Papa incluido, escriban como si tal cosa documentos para un Sínodo semanas antes de que los obispos lleguen siquiera a Roma es el mensaje definitivo. Ya no sienten ninguna necesidad de disimular sus intenciones.”

Los “obispos buenos” no nos ayudarán en el Sínodo. Es algo a lo que ya debemos acostumbrarnos en este fin de semana antes de que comience el circo. Todos los días veo en internet exclamaciones esperanzadas como: “Ah, pero el arzobispo Fulano les va a plantar cara”, o “el cardenal Mengano, o “ese africano”; no van a aguantar más esas cosas”. Pues, amigos, lamento decirles que el año pasado lo aguantaron.

No se ha exigido al Papa que garantice la transparencia del proceso, no se han objetado los contenidos escandalosos de los documentos de trabajo ni, peor aún, ha habido solicitud alguna de expulsión de los cabecillas que mueven el asunto, como el Secretario General del Sínodo, cardenal Baldisseri, el cardenal Kasper, el arzobispo Bruno Forte, autor de la vergonzosa relatio intermedia y otros por el estilo. Exactamente los mismos personajes de la farsa del año pasado están de vuelta. Y ni la menor objeción por parte de los “obispos buenos”.

De hecho, más allá de algunos videos de entrevistas protestonas, no se ha dado mucha trascendencia al tema. El año pasado, tras año y medio de maniobras cada vez más extrañas de Bergoglio, a pesar de un pequeño número de disputas ruidosas y públicas, los obispos del Sínodo anduvieron con pies de plomo y buenos modos hablando de lo fantástico que había ido. Al final, hasta los que habían denunciado con más energía las manipulaciones de la secretaría del Sínodo, se desvivían manifestando lo bien que habían ido los debates, y sólo se lamentaban de que los organizadores hubieran dado una impresión tan distinta al público.

En el surrealista año transcurrido desde entonces, ¿a quién hemos visto ante a un micrófono diciendo: “Es el papa Francisco, Bergoglio, quien dirige esta conspiración –que ya no es tal– destinada a dejar sin efecto la doctrina católica sobre la sexualidad, a minar el sacerdocio, a permitir sacrilegios a escala mundial y destruir de una vez por todas el carácter cristiano de la Iglesia Católica?” ¿Quién ha pronunciado el nombre que hay que pronunciar? ¿Ha habido alguno? ¿Bueller?

Hasta parece que se han acabado las entrevistas. No se oye nada de los “buenos” en estos últimos días. Se acerca la fecha, crece la ansiedad, y ni siquiera el cardenal Burke ha seguido haciendo declaraciones públicas. Han dejado que el resto de los fieles católicos observen sin chistar el asteroide gigante que se nos viene encima.

Y ahora hay más rumores (¿acaso viene algo de Roma que no sean rumores?) de que los obispos que participarán este año tienen la misma actitud apocada y conciliadora. Hoy conversé con alguien que tiene información privilegiada y me contó que un grupo que probablemente incluía obispos del Sínodo estaba preparando una declaración para impedir toda repetición de las tácticas manipuladoras del año pasado, en respuesta a informes de que la secretaría del Sínodo estudiaba la forma de blindar totalmente el Sínodo.

Todo se iba a publicar a principios de esta semana, antes de la conferencia de prensa de mañana para presentar el Sínodo. Se preparaban discursos duros. ¡Basta de disparates! ¡Se espera transparencia y honradez! Un informe objetivo y preciso de los debates y los documentos que reflejen la sustancia del Sínodo. ¡Basta de querer cambiar las reglas! ¡Que dejen de manipular el mensaje!

Y aquí estamos ya el jueves en la noche, con todo listo para que empiece la conferencia de prensa en poco más de doce horas y… acaban de decidir no publicar la declaración. ¿Es inoportuna? ¿No quieren empezar con mal pie? Vaya usted a saber. Y a estas alturas, ¿qué más da?

Alguien se comunicó esta noche conmigo desde los Estados Unidos. Quería poner un libro sobre la doctrina católica del matrimonio en manos de los obispos anglohablantes del Sínodo. Me preguntó si conocía a alguien en Roma que pudiera ayudar.

Le pasé los nombres de algunas personas que podrían ayudar, pero lo previne de que ya se han activado los mecanismos para evitar precisamente lo que él proponía. Hubo quien lo intentó el año pasado, con grandes esfuerzos y desembolsos y a través de altas personalidades vaticanas, y fue un rotundo fracaso.

La Secretaría del Sínodo está sobre aviso y vigilante. Ha aprendido bien la lección del año pasado: responde al reclamo público contra sus descaradas manipulaciones y a las demandas de obispos y cardenales de transparencia y apertura con más hermetismo y llevando más férreamente las riendas de lo que se dice.

Le dije a mi amigo: “Es un error creer que la Secretaría dirige el Sínodo. La operación que lleva a cabo es muy diferente.”

Y parece que los más altos niveles de la Jerarquía lo saben. Hay lo que parece un silencio de derrota en las altas jerarquías. El cardenal Sarah ha publicado un libro que defiende la doctrina de la Iglesia, el cual fue presentado hace poco por el cardenal Müller a un reducido grupo de aristócratas alemanes y amigos de éstos. En la presentación del libro, Müller advertía indirectamente que podía haber problemas de una naturaleza histórica que no especificó pero se entendió como una alusión a la revolución protestante,­ si prospera el plan de Kasper, consciente sin duda de que ese mismo plan se estaba poniendo por obra en Roma mientras él hablaba. No se dio importancia a este acto, y sólo lo recogió de pasada un pequeño sector de la prensa alemana.

Además del Prefecto para la Congregación de la Doctrina y la Fe y el jefe del Consejo Pontificio Cor Unum, ¿ha habido algún otro? ¿No? El presidente de la conferencia episcopal alemana amenaza abiertamente con un cisma, y el jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe confirma que a eso vamos, y… empiezo a oír sonar las alarmas.

La voz del bajo clero y de los seglares se deja oír cada vez más fuerte, por supuesto. Sandro Magister informa de un documento emitido por un grupo de tres teólogos que han advertido que el documento de trabajo del Sínodo, el Instrumentum laboris, es inaceptable y compromete la verdad de la fe. El sitio Voice of the Family, que no cayó nada bien el año pasado a la Secretaría del Sínodo, continúa alertando desde Londres. Y una vez más, Roma da la callada por respuesta.

Tampoco ha habido ninguna respuesta del Vaticano a las 811.092 firmas recogidas en una petición filial que suplicaba a Bergoglio que reiterase y defendiese la doctrina católica sobre la sexualidad y la familia. Vale la pena resaltar, ironizando, que entre esas firmas están las de numerosos obispos y cardenales de lo que Bergoglio mismo describiría sin duda como “periferias”: países como Chad, Madagascar, Congo, Filipinas, Guatemala, India y Kazajistán. Más de 200 obispos y cardenales, muchos de países muy pobres, han firmado, y una vez más, nada. Silencio.

Nada, por supuesto, excepto la efusiva y aduladora proclama por tuiter del P. Thomas Rosica sobre el viaje de Bergoglio a los Estados Unidos: Muchas veces me preguntaban los periodistas: “Padre Tom, ¿es normal que haya llorado muchas veces esta semana?” Y, en referencia a uno de los discursos de Bergoglio, que rozaba alarmantemente la blasfemia: “Con frecuencia me he preguntado cómo enseñaba Jesús en Galilea. Esta noche en Filadelfia vi cómo lo hacía.”

Mientras tanto, los organizadores del Sínodo siguen reforzando el reglamento para evitar que haya otro desafortunado ataque de sobreexposición al público. No se publicarán informes de los debates ni habrá documentos intermedios o finales. Dos destacados vaticanistas, Sandro Magister y Andrea Gagliarducci, han informado que tampoco habrá una exhortación apostólica del Papa para resumir el mensaje de los obispos a los fieles.

“Ciertamente no habrá un mensaje final pues no se ha constituido ninguna comisión designada para su redacción” – dijo Magister el pasado 28 de septiembre -. “El discurso del Papa al final de los trabajos prevalecerá sobre las conclusiones, oscureciendo el resto de las voces.”

De hecho, se ha informado que no habrá sesiones plenarias en que los obispos puedan hablar entre ellos en presencia del Papa. Se los separará por grupos según su idioma para que los debates se lleven a cabo en comisiones menores. El libro de Edward Pentin nos puede dar una idea de cómo serán esos debates, incluso la similitud de que todas esas reuniones estén dirigidas estrechamente por un obispo kasperiano asignado a cada grupo para que no haya la menor desviación del programa. En uno de los momentos más siniestros del libro de Pentin Rigging of a Vatican Synod, este autor señala que en el caso de dichos monitores designados, si uno saliera sería reemplazado por otro para impedir que siguiesen la misma dirección.

Desde hace un mes las noticias caen como bombas. De hecho, las noticias del Sínodo y del Vaticano empiezan a parecer una cortina de fuego de artillería que comenzó a principios de septiembre con los motu proprio sobre nulidades de Bergoglio. Ahí tuvimos el primer indicio de que no iba a seguir la vía pasiva-agresiva que algunos suponíamos, es decir, pasar los temas candentes de la Comunión para católicos divorciados y vueltos a casar por lo civil (y por extensión, probablemente también de las parejas del mismo sexo y las parejas en concubinato) a las diversas conferencias episcopales. Nada de eso: esa fue la primera señal clara que tuvimos de que Bergoglio sabe muy bien el poder que tiene como pontífice: un poder absoluto.

La nuevas reglas, publicadas por decreto y al parecer sin discusión previa en las oficinas vaticanas que supervisaban los cambios en la ley canónica, siguen siendo objeto de rabiosas críticas por haber originado un catastrófico giro copernicano al invertir la presunción de la ley para favorecer la nulidad en vez de la validez del matrimonio. La discusión en modo alguno se ha apagado, y se advierte que Bergoglio ha alineado a la Iglesia Católica con el mundo secular al crear un divorcio católico no culposo.

A continuación, la conferencia episcopal alemana, cuya cabeza, el cardenal Reinhardt Marx, pertenece al consejo privado de Bergoglio, el Grupo de los Nueve, anunció que está dispuesta a implantar el “matrimonio homosexual” católico.

Después, el Vaticano publicó el Instrumentum laboris, que algunos fieles denunciaron por traer de nuevo a colación temas como la homosexualidad y las uniones de hecho.

Luego, esta noticia del cardenal Godfried Danneels, el repelente ex arzobispo de Bruselas, bien conocido como un titiritero que ejerce un inmenso poder sobre la política católica y secular, y del cual se ha afirmado en la televisión holandesa que con un grupo de extremistas ­progres había conspirado durante décadas para generar precisamente el desastre que se despliega ante nuestros ojos en la Iglesia de hoy.

Danneels declaró en un reportaje televisivo que promovía una biografía autorizada, que esa mafia de S. Galo –que se había jactado de revelar la identidad de prelados europeos progresistas, entre los que se encontraba el siniestro cardenal Martini– había trabajado para lograr la elección de Bergoglio. Incluso dejó deslizar que la presión de ese grupo había tenido que ver con la renuncia de Benedicto.

Los buenos católicos reaccionaron debatiendo abiertamente si eso invalidaba el Cónclave de 2013 según las normas concretas contra esos cabildeos que puso en vigor Juan Pablo II. Ante la creciente reacción, los autores de la biografía oficial de Danneels, de la que provenían dichas afirmaciones, se apresuraron a publicar una declaración que negaba que el cardenal hubiera dicho que hubiera vulnerado regla alguna.

La pregunta, “¿Es Francisco un antipapa?” se ha difundido tanto que llegó al mismo Bergoglio durante su viaje los EEUU. Él, debemos decirlo, no lo negó, sino que, como siempre, se burló de los que se sentían perturbados por ello.

Francisco dijo que un cardenal amigo suyo le habló de una católica de avanzada edad un poco estricta, que tenía dudas sobre la descripción que hace el Apocalipsis del Anticristo y quería saber si era lo mismo que un anti­papa.

–¿Por qué pregunta eso? –dijo el cardenal–. Es que estoy  segura de que Francisco es el antipapa.

–¿Por qué lo pregunta?

“Porque no usa los zapatos rojos como es tradición –dice el Papa que respondió la señora.

La gente tiene muchas razones para creer que es o no comunista –añadió el Papa.

A pesar del ya habitual desprecio del Sumo Pontífice por las preocupaciones de los fieles sobre sus cada vez más extrañas y alarmantes bufonadas, los católicos siguen discutiendo en los foros de internet si las crecientes revelaciones de infracciones al derecho canónico que se dieron en torno al cónclave pudieran hacer que la elección de Bergoglio al solio pontificio fuera… digamos… irregular.

La siguiente bomba cayó a principios de esta semana cuando un periodista católico echó un poco más de gasolina al fuego de lo del antipapa, al decir que una organización bancaria internacional, poco conocida pero poderosa en extremo, había amenazado con arruinar las finanzas de la Iglesia si Benedicto XVI no renunciaba. En un artículo que hasta ahora sólo ha aparecido en italiano, Maurizio Blondet afirmó que la capacidad del Vaticano para seguir funcionando en el mundo financiero tenía las horas contadas.

La organización estadounidense radicada en Bélgica SWIFT (siglas en inglés de sociedad para las comunicaciones interbancarias a nivel mundial), alegó Blondet, se había valido de su poder para extorsionar al Papa a fin de que abandonara la cátedra de San Pedro.

“Existió una extorsión de no se sabe dónde, mediante SWIFT, contra Benedicto XVI. Las razones subyacentes de esta asunto so se han aclarado, pero está claro que SWIFT ha intervenido directamente en el manejo de asuntos de la Iglesia”, escribió.

Una vez más, el Vaticano guarda silencio. ¿Se extorsionó al Papa hasta obligarlo a dimitir? Ni palabra. Y así una y otra vez.

Y hoy, el día anterior a la conferencia de prensa del Sínodo, el último parte de guerra llega de Rorate Caeli que informa que, como se esperaba, finalmente se espera un documento post­sinodal. En efecto, lo está redactando un nutrido comité de jesuitas en la Casa de Santa Marta.

Marco Tosatti, que normalmente escribe para la sección Vatican Insider (información privilegiada sobre el Vaticano), del diario italiano La Stampa, reveló definitivamente lo que la mayoría había ya dábamos por sentado: “Que el Sínodo es una impostura.”

“Una treintena de personas, casi todas jesuitas, entre las que se encuentra algún argentino, están ocupados en los temas del Sínodo. Lo hacen con suma reserva, coordinados por el padre Antonio Spadaro, director de La Civiltá Cattolica, el cual pasa mucho tiempo en Santa Marta en consulta con el Papa.

(…) Entre otras hipótesis se baraja que la mencionada comisión tiene por objeto facilitar al Papa los medios para redactar un documento postsinodal sobre el tema de administración de la Eucaristía a los divorciados vueltos a casar, las parejas de convivientes y las de personas del mismo sexo.”

Quizás nos olvidemos de que somos una exigua minoría que a los ojos del mundo no tiene ningún poder. Ninguno. Nadie sabe cuántos católicos nos identificamos como tradicionalistas, y hay pruebas de que el número va en aumento. Pero sabemos que somos muy, muy pocos.

Si dejamos la cámara y miramos el panorama general, veremos en la Iglesia algo como lo que vimos la semana pasada con la visita papal a EEUU. Enormes multitudes, verdaderos mares de gente que intentan llegar a su pontífice con lágrimas en los ojos, y hasta le atribuyen milagros. ¡Santo súbito! ¿Puede un papa canonizarse a sí mismo? ¿Alguien objetaría?

Lo que quedó bien claro el año pasado, y sobre todo en las últimas semanas, es que el plan que denominamos la propuesta de Kasper es mucho, muchísimo más ambicioso ­–y más antiguo­– que el simple peligro de desastre de ofrecer por norma la Sagrada Comunión a adúlteros impenitentes.

Una y otra vez en el Sínodo del año pasado oía como un estribillo en boca de todos, obispos, sacerdotes, observadores laicos y periodistas, la estupefacción por la desvergüenza que se estaba llevando a cabo de forma descarada.

Con el cardenal Danneels, uno de los herejes más escandalosos y favorecedor de abusos sexuales por parte de sacerdotes homosexuales, un obispo incluido, y que ante un público que lo idolatraba se jactaba de haber logrado revolucionar la Iglesia de Cristo con un plan que le llevó décadas, ¿cómo vamos a seguir dudando? No veo pruebas contra las afirmaciones de Danneels. Todo lo contrario.

Esos hombres creen que ganaron la guerra en marzo de 2013, que tienen un poder absoluto y que pueden aplastar toda resistencia. Se diría que este absurdo de que los organizadores del Sínodo, el Papa incluido, escriban como si tal cosa documentos para un Sínodo semanas antes de que los obispos lleguen siquiera a Roma es el mensaje definitivo. Ya no sienten ninguna necesidad de disimular sus intenciones.

Aunque por un milagro los obispos tuvieran de repente lo que hay que tener, ellos mismos se han cerrado las puertas del Sínodo antes de comenzar.

Hilary White

[Traducción de Verónica Serrano. Artículo original]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

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