Un Jubileo sin indulgencia

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Según los datos facilitados el pasado 12 de  noviembre por monseñor Rino Fisichella a la Asociacion de la Prensa Extranjera, a la conclusión del Jubileo habrán llegado a Roma  21 millones de peregrinos, y aproximadamente mil millones de personas habrán atravesado las puertas santas abiertas en todo el mundo. Por otra parte, las cifras oficiales dadas por la Prefectura de la Casa Pontificia calculan en 32 millones el total de llegados para el Jubileo del año 2000. Supone, por consiguiente, un descenso superior al treinta por ciento. El  declive en el número de visitas es confirmado por las estimaciones del CENSIS recogidas en La Repubblica el 21 de julio de 2015, según las cuales el efecto Bergoglio habría llevado a Roma 33 millones de turistas y peregrinos para el jubileo.

No ha sido así. Es más, el desplome en número de fieles asistentes se ajustan a la patente y constante caída en las cifras de personas asistentes a las audiencias en el curso de los tres años de pontificado. Conforme a los datos oficiales del Vaticano, 6.623.900 en los nueve primeros meses de pontificado de 2013, 5.916.800 en 2014 y un total de 3.210.860 personas en 2015. Según monseñor Fisichella, los verdaderos frutos del Jubileo se verán en los próximos años. Lo cual significa, sin embargo, que por el momento los frutos no se perciben. Y las puertas traspuestas por mil millones de personas en iglesias repartidas por todo el mundo habrían sido atravesadas sin añadir valor alguno al Jubileo.

Más allá de los números, el Jubileo debería haber constituido un acontecimiento espiritual que, gracias a las indulgencias, supusiera una oportunidad para cambiar de vida. En la carta de proclamación del Jubileo del año 2000, Juan Pablo II explicó en detalle los estrechos vínculos entre la indulgencia y el sacramento de la penitencia: al confesar sus pecados, el creyente obtiene el perdón y puede recibir la Eucaristía. Ahora bien, hablar sólo de perdón y de misericordia puede llevarnos a creer que basta con pasar por la puerta santa, aunque no nos confesemos, para que se nos perdonen los pecados. ¿Cómo es que se ha hablado tanto de misericordia y en ningún momento se han mencionado las indulgencias? Porque esa era la postura de Lutero, y el papa Bergoglio ha celebrado en Lund el quinto centenario de su revuelta contra la Iglesia de Roma. Las célebres 95 tesis que Lutero clavó en la puerta de la catedral de Wittenberg el 31 de octubre de 1517 niegan el valor de las indulgencias y de todo mérito y toda buena obra. Por eso el Jubileo de la Misericordia, cuya conclusión se acerca, ha sido el primer jubileo de la historia en el que no se ha hablado de indulgencias. En realidad, un jubileo que no tenía por objeto ser jubileo.

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)

Tomado de:

adelantelafe.com

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