Cuentos con moraleja: “Un consejo para vencer al demonio”

Un día estaba un joven en su casa y alguien llamó a la puerta. Al abrir se encontró al diablo, quien lo agarro del pelo, lo golpeó y luego se fue.

Se preguntó el muchacho:

— ¿Qué debo hacer si el diablo vuelve a venir?

De pronto, vio pasar a Jesús y pensó:

— Si Él está en mi casa el diablo no entrará.

Entonces lo invitó a pasar, le mostró la casa y le preguntó:

— ¿Puedes venir mañana antes que el diablo pase por aquí?

Al día siguiente el diablo volvió a llamar a la puerta; Jesús ya estaba dentro de la casa… El muchacho muy tranquilo abrió la puerta y el diablo volvió a darle una tremenda paliza.

El muchacho muy molesto le reclamó a Jesús y le dijo:

— ¿Por qué no hiciste nada para defenderme?

Y Jesús le respondió:

— No hice nada porque no estoy en mi casa. Yo sólo estoy de visita.

El muchacho pensó un poco y lo invitó a vivir en su casa. Le mostró a Jesús su cuarto y le dijo:

— Si te parece bien, este será tu cuarto de ahora en adelante. A lo que Jesús respondió con un SÍ.

Como era ya costumbre, al día siguiente el demonio llamó nuevamente a la puerta. Entonces el joven, creyendo que ya no le podía pasar nada malo abrió la puerta, y el diablo nuevamente le dio otra paliza. El joven, molesto fue donde Jesús y le dijo:

— Ya vives en mi casa. ¿Qué tengo que hacer más para que me defiendas?

Y Jesús le contestó:

— Yo sólo vivo en un cuarto de tu casa, pero nunca salgo a las otras habitaciones. Mientras no entres en mi cuarto no te puedo defender.

Entonces el joven reflexionó un poco y dijo:

— Bien. De hoy en adelante ésta es tu casa. Yo estaré aquí sólo como un invitado, si te parece bien…

Al día siguiente llamaron nuevamente a la puerta; pero esta vez no fue el joven quien abrió la puerta, sino Jesús, el nuevo “dueño”. Al abrir Jesús la puerta, el diablo dijo:

— Usted perdone. Me equivoqué de casa. Y se fue.

*** ***

No es suficiente decir que Jesús vive en nuestro corazón. Tenemos que entregarle de corazón todas nuestras cosas y toda nuestra vida para que Él pueda actuar por nosotros como propiedad suya. San Pablo así lo hacía: “Vivo yo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2:20).

Y junto a Jesús, no olvidemos también invitar a María, Ella nos puede proteger de modo muy especial, como Madre nuestra que es, en los momentos difíciles de nuestra vida. Recuerdo un “Acordaos” un tanto modificado que aprendí de niño y que rezo todas las noches antes de acostarme:

Acordaos, oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a ti,
implorando vuestra clemencia y reclamando vuestro socorro
haya sido abandonado por ti.
Por eso, Madre, gimiendo bajo el peso de mis culpas,
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana,
¡Oh Madre de bondad!
¡Guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya!

Tomado de:

adelantelafe.com

PADRE LUCAS PRADOS

Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com

 

 

 

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Un discípulo del P. Amorth habla a fondo sobre exorcismos

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En septiembre nos dejaba el P. Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma. Providencialmente contacté con uno de sus discípulos, el P. Ricardo Ruiz Vallejo, exorcista mejicano, formado a su vera y que fue libando a través de los años su sabiduría y experiencia. Un testimonio riquísimo que comparte con nosotros para gloria de Dios y la salvación de las almas. Es importante estar bien formado, según enseña la Tradición de la Iglesia, y tener las ideas claras en un tema que se presta tanto al sensacionalismo, a la confusión y al error.

¿Cómo nació su vocación como exorcista?

Desde 1994 viajaba periódicamente a Valencia para visitar familias y grupos de oración. Surgió un caso de posesión e invité al exorcista de París, el P. René Chenesseaux, Fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas, a ocuparse del mismo. Yo hacía sólo de intérprete traductor para los exorcismos y tenía contactos con el Arzobispo de Valencia, Mons. Agustín García-Gasco. El P. René, ya mayor, se sintió cansado de venir desde París y me propuso que debería ocuparme en adelante de los casos que surgiesen. Mons. Agustín García-Gasco, de acuerdo con mis superiores, decidió enviarme a Roma cada 3 o 6 meses, para recibir  formación teórica y práctica con el exorcista de la ciudad eterna, el P. Gabriel Amorth.

¿Cuál es la principal función de un exorcista?

El exorcista es ante todo sacerdote, pastor, por lo tanto su principal tarea es llevar las almas a la conversión, a la gracia y mejora de vida. Su acción como exorcista es ayudar a las almas atacadas por el maligno para que no puedan mejorar sus vidas, no se conviertan y no puedan avanzar en vida espiritual. El exorcismo es sólo una oración más que no daña a nadie pero es específica. Su fin no es sólo liberar del demonio sino también aliviar de los ataques y sufrimientos que causa, ya que hay gente que no es liberada pero los exorcismos le ayudan mucho y dan consuelo para seguir el camino del cristiano con su cruz.

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El demonio quiere nuestra alma

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Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistirle firmes en la fe. (1 Pe. 5, 8-9)

Queridos hermanos, quizá recuerden, los más mayores, aquellos devotos devocionarios para niños y jóvenes donde aparecía el dibujo de un  joven con un angelito a la altura de su oído derecho y un diablillo en su oído izquierdo. Con este dibujo queda reflejado una gran enseñanza y una verdad, la tentación es constante del diablo al mismo tiempo que el Señor nos indica el verdadero camino de la santidad.

El demonio no cesa de conspirar contra el alma, no cesa en su intento de perder al alma, de desviarla del camino de la virtud. Ya no se les enseña a los niños en las catequesis la existencia del demonio y cómo combatirlo; tampoco se escucha en las homilías la importancia de saber protegerse de las insidias del maligno; ni en los seminarios se forman debidamente a los futuros sacerdotes sobre la existencia deldemonio, de sus tentaciones y argucias y de cómo reconocerle y combatirlo.

Si bien hay circunstancias claras en que el alma es tentada para caer en un pecado mortal, hay muchas otras más en que sin darse cuenta el alma cae en las redes delmaligno que cuidadosamente la aparta de la vida de oración y sacramentos. Sigue leyendo