Un Evangelio distinto I

«Me maravillo de que tan pronto os apartéis del que os llamó por la gracia de Cristo, y os paséis a otro Evangelio. Y no es que haya otro Evangelio, sino es que hay quienes os perturban y pretenden pervertir el Evangelio de Cristo. Pero, aún cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado sea anatema. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un Evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema».

San Pablo a los Gálatas I, 6-9.

 

“No es verdad que Jesús multiplicó los panes y los peces. No es magia, es un “signo”. Y una parábola.”

Probablemente, muchos de nuestros lectores recibieron sus clases de catecismo en los movidos años 70 y, cierto día, abrieron como platos sus pequeños ojos, escandalizados al oír que el milagro evangélico de la multiplicación de los panes no pasaba de una metáfora para simbolizar el poder de compartir con los demás. Era un tiempo en el que valía todo… y muchas inocencias se perdieron…

En sentido contrario a tales imaginaciones, este milagro es, en la primera de las dos veces que fue realizado, el único contado por los cuatro evangelistas. Por esa razón, no es difícil formar un cuadro bastante completo de las circunstancias que lo rodearon. Por conocer, conocimos hasta la cualidad de los panes y su procedencia exacta: eran de cebada, y fueron proveídos por un muchacho, según nos cuenta San Juan. En los cuatro Evangelios consta cuidadosamente el número de los beneficiados: más o menos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Por lo tanto, un milagro comprobado por una multitud de testigos, que sintieron hambre, sabían que no tenían nada que comer, pero se saciaron de panes y peces y, además, pudieron comprobar la realidad del milagro con las sobras recogidas por los discípulos.

Lo mismo ocurre con la segunda multiplicación, narrada en los sinópticos. Esta vez, con siete panes y algunos pececillos, Jesús dio de comer a unas cuatro mil personas.

Ante esa narración tan clara, ¿sería lícito para un católico dudar del poder de Cristo? El mismo que caminó sobre las aguas y convirtió el agua en vino ¿no tendría poder para multiplicar los panes y incluso para sacarlos de la nada?

Tal como ocurrió con los que buscaban a Jesús ansiosos por aprender su doctrina, a nosotros la Iglesia nos transmite una enseñanza muy firme y accesible a propósito del poder divino de nuestro Redentor, de esos episodios específicos y de cómo deben ser interpretados los demás hechos narrados en el Evangelio.

Francisco

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Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron. Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no. No, no, simplemente es tal la grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba. Mucha confianza en esto. (Discurso al Comité Ejecutivo de Caritas Internationalis, 16 de mayo de 2013)

La parábola de la multiplicación de los panes y los peces nos enseña precisamente eso: que cuando hay voluntad, lo que tenemos no se termina, incluso sobra y no se pierde. (Video mensaje para la “Campaña contra el hambre en el mundo” de “Caritas Internationalis”, 9 de diciembre de 2013″)

Jesús razona según la lógica de Dios, que es la de compartir. Cuántas veces nosotros miramos hacia otra parte para no ver a los hermanos necesitados. Y este mirar hacia otra parte es un modo educado de decir, con guante blanco, ‘arreglaos solos’. Y esto no es de Jesús: esto es egoísmo. Si hubiese despedido a la multitud, muchas personas hubiesen quedado sin comer. En cambio, esos pocos panes y peces, compartidos y bendecidos por Dios, fueron suficientes para todos. ¡Y atención! No es magia, es un ‘signo’: un signo que invita a tener fe en Dios, Padre providente, quien no hace faltar ‘nuestro pan de cada día’, si nosotros sabemos compartirlo como hermanos. (Ángelus, 3 de agosto de 2014)

Es una invitación que resuena con fuerza para nosotros hoy: “No es necesario excluir a nadie. No es necesario que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer”. Jesús nos lo sigue diciendo en esta plaza. Sí, basta de descartes, denles ustedes de comer. La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre “corta el hilo” por el más débil, por el más necesitado. Tomando “la posta” Él mismo nos da el ejemplo, nos muestra el camino. Una actitud en tres palabras, toma un poco de pan y unos peces, los bendice, los parte y entrega para que los discípulos lo compartan con los demás. Y este es el camino del milagro. Ciertamente no es magia o idolatría. Jesús, por medio de estas tres acciones, logra transformar una lógica del descarte en una lógica de comunión, en una lógica de comunidad. Quisiera subrayar brevemente cada una de estas acciones. […] Las manos que Jesús levanta para bendecir al Dios del cielo son las mismas que distribuyen el pan a la multitud que tiene hambre. Y podemos imaginarnos, podemos imaginar ahora cómo iban pasando de mano en mano los panes y los peces hasta llegar a los más alejados. Jesús logra generar una corriente entre los suyos, todos iban compartiendo lo propio, convirtiéndolo en don para los demás y así fue como comieron hasta saciarse, increíblemente sobró: lo recogieron en siete canastas. Una memoria tomada, una memoria bendecida, una memoria entregada siempre sacia al pueblo.  (Santa Misa en la Plaza de Cristo Redentor, Santa Cruz de la Sierra – Bolivia, 9 de julio de 2015)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – Los milagros de Cristo prueban su divinidad
II – La Tradición y la Sagrada Escritura: el depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia
III – La enseñanza de la Iglesia sobre los milagros de la multiplicación de los panes


 I – Los milagros de Cristo prueban su divinidad

Sagradas Escrituras
-El mismo Jesús considera sus milagros como prueba de su divinidad
-El que no cree en Cristo tiene en los milagros una prueba definitiva de su poder divino
-La fama de Jesús entre sus contemporáneos se hizo por los milagros, prodigios y signos

Santo Tomás de Aquino
-Cristo hizo milagros para confirmar su doctrina y manifestar su divinidad

Catecismo de la Iglesia Católica
-Los milagros visibles de Jesús conducen a creer en el misterio invisible de la Redención

León XIII
-Los milagros comprueban que Jesús es Dios y por eso mueven la razón a creer en sus palabras

Concilio Vaticano I
-Los milagros son auxilios externos de la fe

Juan Pablo II
-La primera certeza transmitida por los Evangelios es que toda la Iglesia primitiva veía en los milagros el supremo poder de Cristo sobre la naturaleza y sus leyes
-Los milagros de Cristo son hechos ocurridos en realidad y confirmados incluso por sus adversarios
-San Juan llama “señales” a los milagros para resaltar que esos hechos indican que Dios in persona est

Concilio Vaticano I
-El que tiene por fábula o mito los milagros consignados en la Escritura, sea anatema

II – La Tradición y la Sagrada Escritura: el depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia

Concilio Vaticano II
-El Magisterio debe servir a la palabra de Dios

San Ireneo de Lyon
-El que no está de acuerdo con los evangelistas deprecia a Cristo y se condena

Benedicto XV
-Los que socavan la doctrina enseñada por los Padres son detractores de las Sagradas Escrituras

León XIII
-Ilicitud de interpretar las Escrituras contra el sentido que les ha dado la Iglesia
-La interpretación de la Escritura que se opone a la doctrina de la Iglesia es falsa

Pío X
-Los que traspasan los límites puestos por los Padres y la Iglesia en la interpretación de la -Sagrada Escritura caen en gravísimos errores
-Condenación contra la idea de que los Evangelistas contaron cosas falsas teniendo en vista el bien de sus lectores
-Pena de excomunión latae sententiae a quien defienda cualquiera de las proposiciones condenadas por el Decreto Lamentabili sane exitu

Pontificia Comisión Bíblica
-Los que enseñan al pueblo no pueden proponer novedades vanas, ni mezclar circunstancias ficticias poco consonantes con la verdad

León XIII
-Pregoneros de novedades se arriman a las cisternas agrietadas
-Los que no creen en los milagros narrados en la Escritura son impíos e insolentes

III – La enseñanza de la Iglesia sobre los milagros de la multiplicación de los panes

Sagradas Escrituras
-Saciada la muchedumbre, se recogieron doce cestos llenos de los fragmentos sobrantes
-Compadecido de la muchedumbre, Jesús multiplica los panes por segunda vez
-Ante el milagro de la multiplicación de los panes, la gente quiso proclamar rey a Jesús

Santo Tomás de Aquino
-Cristo no creó los panes, sino que los multiplicó a partir de los pocos que había

San Agustín
-El que multiplicó los panes es el mismo que continuamente multiplica los frutos de las semillas

San Ambrosio
-Multiplicando los panes Jesús manifestó su poder sobre la naturaleza material

San Juan Crisóstomo
-Los pedazos que sobraron, prueba del milagro para los que no estaban presentes
-Jesús quiso que sobraran panes para demonstrar que la autenticidad del milagro

Juan XXIII
-Cristo manifestó su poder providente al alimentar las muchedumbres con el pan

Juan Pablo II
-Prodigio que prenuncia la multiplicación del Pan eucarístico

I – Los milagros de Cristo prueban su divinidad

Sagradas Escrituras

  • El mismo Jesús considera sus milagros como prueba de su divinidad

Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. (Jn 5, 36-37)

  • El que no cree en Cristo tiene en los milagros una prueba definitiva de su poder divino

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. (Jn 10, 37-38)

  • La fama de Jesús entre sus contemporáneos se hizo por los milagros, prodigios y signos

Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. (Hch 2, 22-23)

Santo Tomás de Aquino

  • Cristo hizo milagros para confirmar su doctrina y manifestar su divinidad

Dios concede al hombre el poder de hacer milagros por dos motivos. Primero, y principalmente, para confirmar la verdad que uno enseña. […] Segundo, para mostrar la presencia de Dios en el hombre por la gracia del Espíritu Santo, de modo que, al realizar el hombre las obras de Dios, se crea que el propio Dios habita en él por la gracia. Por esto se dice en Ga 3, 5: El que os otorga el Espíritu y obra milagros entre vosotros. Y ambas cosas debían ser manifestadas a los hombres acerca de Cristo, a saber: Que Dios estaba en Él por la gracia no de adopción sino de unión, y que su doctrina sobrenatural provenía de Dios. Y por estos motivos fue convenientísimo que hiciera milagros. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, III, q. 43, a. 1)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Los milagros visibles de Jesús conducen a creer en el misterio invisible de la Redención

Los evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo de los primeros que tuvieron fe (cf. Mc 1, 1; Jn 21, 24) y quisieron compartirla con otros. Habiendo conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver y hacer ver los rasgos de su misterio durante toda su vida terrena. Desde los pañales de su natividad (Lc 2, 7) hasta el vinagre de su Pasión (cf. Mt 27, 48) y el sudario de su Resurrección (cf. Jn 20, 7), todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que “en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente” (Col 2, 9). Su humanidad aparece así como el “sacramento”, es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 515)

León XIII

  • Los milagros comprueban que Jesús es Dios y por eso mueven la razón a creer en sus palabras

Jesucristo prueba, por la virtud de sus milagros, su divinidad y su misión divina; habla al pueblo para instruirle en las cosas del cielo y exige absolutamente que se preste entera fe a sus enseñanzas; lo exige bajo la sanción de recompensas o de penas eternas. […] Todo lo que ordena, lo ordena con la misma autoridad; en el asentimiento de espíritu que exige, no exceptúa nada, nada distingue. Aquellos, pues, que escuchaban a Jesús, si querían salvarse, tenían el deber no sólo de aceptar en general toda su doctrina, sino de asentir plenamente a cada una de las cosas que enseñaba. Negarse a creer, aunque sólo fuera en un punto, a Dios cuando habla es contrario a la razón. (León XIII. Encíclica Satis Cognitum, n. 13, 29 de junio de 1896)

Concilio Vaticano I

  • Los milagros son auxilios externos de la fe

[La fe es conforme a la razón]. Sin embargo, para que el obsequio de nuestra fe fuera conforme a la razón (cf. Rm 12, 1), quiso Dios que a los auxilios internos del Espíritu Santo se juntaran argumentos externos de su revelación, a saber, hechos divinos y, ante todo, los milagros y las profecías que, mostrando de consuno luminosamente la omnipotencia y ciencia infinita de Dios, son signos certísimos y acomodados a la inteligencia de todos, de la revelación divina [Can. 3 y 4]. Por eso, tanto Moisés y los profetas, como sobre todo el mismo Cristo Señor, hicieron y pronunciaron muchos y clarísimos milagros y profecías; y de los Apóstoles leemos: Y ellos marcharon y predicaron por todas partes, cooperando el Señor y confirmando su palabra con los signos que se seguían (Mc 16, 20). (Denzinger-Hünermann 3009.Concilio Vaticano I, sesión III, Constitución Dogmática sobre la Fe, 24 de abril de 1870)

Juan Pablo II

  • La primera certeza transmitida por los Evangelios es que toda la Iglesia primitiva veía en los milagros el supremo poder de Cristo sobre la naturaleza y sus leyes

Por muchas que sean las discusiones que se puedan entablar o, de hecho, se hayan entabladoacerca de los milagros (a las que, por otra parte, han dado respuesta los apologistas cristianos),es cierto que no se pueden separar los “milagros, prodigios y señales”, atribuidos a Jesús e incluso a sus Apóstoles y discípulos que obraban “en su nombre”, del contexto auténtico del Evangelio.[…] Cualesquiera que hayan sido en los tiempos sucesivos las contestaciones, de las fuentes genuinas de la vida y enseñanza de Jesús emerge una primera certeza: los Apóstoles, los Evangelistas y toda la Iglesia primitiva veían en cada uno de los milagros el supremo poder de Cristo sobre la naturaleza y sobre las leyes. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 1, 2 de diciembre de 1987)

  • Los milagros de Cristo son hechos ocurridos en realidad y confirmados incluso por sus adversarios

El análisis no sólo del texto, sino también del contexto, habla a favor de su carácter “histórico”, atestigua que son hechos ocurridos en realidad, y verdaderamente realizados por Cristo. Quien se acerca a ellos con honradez intelectual y pericia científica, no puede desembarazarse de éstos con cualquier palabra, como de puras invenciones posteriores. A este propósito está bien observar que esos hechos no sólo son atestiguados y narrados por los Apóstoles y por los discípulos de Jesús, sino que también son confirmados en muchos casos por sus adversarios. Por ejemplo, es muy significativo que estos últimos no negaran los milagros realizados por Jesús, sino que más bien pretendieran atribuirlos al poder del “demonio”. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 11 de noviembre de 1987)

  • San Juan llama “señales” a los milagros para resaltar que esos hechos indican que Dios in persona est

En el Evangelio de Juan no encontramos formas semejantes, sino más bien la descripción detallada de siete acontecimientos que el Evangelista llama “señales” (y no milagros). Con esa expresión él quiere indicar lo que es más esencial en esos hechos: la demostración de la acción de Dios en persona, presente en Cristo, mientras la palabra “milagro” indica más bien el aspecto “extraordinario” que tienen esos acontecimientos a los ojos de quienes los han visto u oyen hablar de ellos. Sin embargo, también Juan, antes de concluir su Evangelio, nos dice que “muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos que no están escritas en este libro” (Jn 20, 30). Y da la razón de la elección que ha hecho: “Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 31). A esto se dirigen tanto los Sinópticos como el cuarto Evangelio: mostrar a través de los milagros la verdad del Hijo de Dios y llevar a la fe que es principio de salvación. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 6, 11 de noviembre de 1987)

Concilio Vaticano I

  • El que tiene por fábula o mito los milagros consignados en la Escritura, sea anatema

[De la demostrabilidad de la revelación.] Si alguno dijere que no puede darse ningún milagroy que, por ende, todas las narraciones sobre ellos, aun las contenidas en la Sagrada Escritura, hay que relegarlas entre las fábulas o mitos, o que los milagros no pueden nunca ser conocidos con certeza y que con ellos no se prueba legítimamente el origen divino de la religión cristiana, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3034. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución Dogmática sobre la Fe, 24 de abril de 1870)

II – La Tradición y la Sagrada Escritura: el depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia

Concilio Vaticano II

  • El Magisterio debe servir a la palabra de Dios

La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer. Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas. (Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Dei Verbum, n. 10, 18 de noviembre de 1965)

San Ireneo de Lyon

  • El que no está de acuerdo con los evangelistas deprecia a Cristo y se condena

Nosotros no hemos conocido la Economía de nuestra salvación, sino por aquellos a través de los cuales el Evangelio ha llegado hasta nosotros: ellos primero lo proclamaron, después por voluntad de Dios nos lo transmitieron por escrito para que fuese “columna y fundamento”(1Tm 3,15) de nuestra fe. […] Y todos ellos nos han transmitido a un solo Dios Creador del cielo y de la tierra anunciado por la Ley y los profetas, y a un solo Cristo Hijo de Dios. Perosi alguien no está de acuerdo con ellos, desprecia por cierto a quienes han tenido parte con el Señor (He 3,4), desprecia al mismo Cristo Señor y aun al Padre (Lc 10,16), y se condena a sí mismo (Tt 3,11), porque resiste (2Tm 2,25) a su salvación, cosa que hacen todos los herejes. (San Ireneo de Lyon. Contra herejes, III 1,1;1, 2)

Benedicto XV

  • Los que socavan la doctrina enseñada por los Padres son detractores de las Sagradas Escrituras

No le faltan a la Escritura Santa otros detractores; nos referimos a quienes de tal maneraabusan de principios de suyo rectos, con tal de que se contengan dentro de ciertos límites, quedestruyen los fundamentos de la verdad de la Biblia y socavan la doctrina católica comúnmente enseñada por los Padres. Si aun viviera, sobre ellos dispararía Jerónimo aquellos acérrimos dardos de su palabra, pues, sin tener en cuenta el sentir y juicio de la Iglesia, acuden con demasiada facilidad a las citas que llaman implícitas o a las narraciones sólo aparentemente históricas; o pretenden encontrar en los Sagrados Libros ciertos géneros literarios, con los que no puede componerse la íntegra y perfecta verdad de la palabra divina; o tales opiniones profesan sobre el origen de la Biblia que se tambalea o totalmente se destruye su autoridad. Pues,¿qué sentir ahora de aquellos que en la exposición de los mismos Evangelios, de la fe a ellos debida, la humana la disminuyen y la divina la echan por tierra? En efecto, lo que nuestro Señor Jesucristo dijo e hizo, no creen haya llegado a nosotros íntegro e inmutable, por aquellos testigos que religiosamente pusieron por escrito lo que ellos mismos vieron y oyeron; sino que — particularmente por lo que al cuarto Evangelio se refiere — parte procedió de los Evangelistas, que inventaron y añadieron muchas cosas por su cuenta, parte se compuso de la narración de los fieles de otra generación… (Denzinger-Hunermann 3654.Benedicto XV, Encíclica Spiritus Paraclitus, 15 de septiembre de 1920)

León XIII

  • Ilicitud de interpretar las Escrituras contra el sentido que les ha dado la Iglesia

El Concilio Vaticano abrazó la doctrina de los Padres, cuando renovando el decreto del Concilio Tridentino acerca de la interpretación de la palabra de Dios escrita, declaró que la mente de aquél es que en las materias de fe y costumbres que atañen a la edificación de la doctrina cristiana, ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquel que mantuvo y sigue manteniendo la Santa Madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas; y que por tanto, a nadie es lícito interpretar la misma Sagrada Escritura contra este sentido ni tampoco contra el unánime consentimiento de los Padres. (Denzinger-Hünermann 3281. León XIII, Encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893)

  • La interpretación de la Escritura que se opone a la doctrina de la Iglesia es falsa

De donde aparece que ha de rechazarse por inepta y falsa aquella interpretación que o hace que los autores inspirados se contradigan de algún modo entre sí, o se opone a la doctrina de la Iglesia… (Denzinger-Hünermann 3283. León XIII, Encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893)

Pío X

  • Los que traspasan los límites puestos por los Padres y la Iglesia en la interpretación de la Sagrada Escritura caen en gravísimos errores

Son lamentables los resultados con que los tiempos actuales, refractarios a toda mesura, van tras las novedades que la investigación de las supremas razones de las cosas ofrece, y caen en gravísimos errores al mismo tiempo que desprecian lo que es la herencia del género humano. Estos errores son mucho más graves cuando se trata de la ciencia sagrada, o de la interpretación de la Sagrada Escritura, o de los más importantes misterios de la fe. Es muy doloroso encontrar incluso no pocos escritores católicos que traspasan los limites puestos por los Santos Padres y por la Iglesia misma, y se dedican a desarrollar los dogmas de una manera que en realidad no es más que deformarlos; y esto con el pretexto de ofrecer una más profunda comprensión de los mismos y en nombre de la crítica histórica. (Pío X. Decreto Lamentabili sane exitu, 3 de julio de 1907)

  • Condenación contra la idea de que los Evangelistas contaron cosas falsas teniendo en vista el bien de sus lectores

[Se condenan y proscriben las proposiciones siguientes] 14. En muchas narraciones, los Evangelistas contaron no tanto lo que es verdad, cuanto lo que juzgaron más provechoso para sus lectores, aunque fuera falso.15. Los Evangelistas contaron en muchos de los relatoslo que era verdad como lo que, aun siendo falso, juzgaban que era más provechoso para los lectores. (Pío X. Decreto Lamentabili sane exitu, 3 de julio de 1907)

  • Pena de excomunión latae sententiae a quien defienda cualquiera de las proposiciones condenadas por el Decreto Lamentabili sane exitu

Fuera de esto, para reprimir las audacias, cada día mayores, de muchos modernistas, que se esfuerzan con sofismas y artificios de todo género para enervar la fuerza y eficacia no solo del decreto Lamentabili sane exitu, que publicó el 3 de julio del presente año, por mandato nuestro, la Santa Romana y Universal Inquisición, sino también de nuestras letras encíclicas Pascendi Dominici gregis, del 8 de septiembre del mismo ano, reiteramos y confirmamos con nuestra autoridad apostólica tanto el citado decreto de la Sagrada Congregación Suprema cuanto las mencionadas letras apostólicas nuestras, añadiendo la pena de excomunión contra los contradictores; y asimismo declaramos y decretamos que si alguno, lo que Dios no permita,llegare con su audacia hasta el extremo de defender alguna de las proposiciones, opiniones y doctrinas reprobadas en los dos documentos antedichos, incurrirá por el mismo hecho en la censura del capítulo Docentes de la constitución Apostolicae Sedis, que es la primera entre las excomuniones latae sententiae simplemente reservadas al Romano Pontífice. Esta excomunión debe entenderse, salvas las penas en que puedan incurrir los que faltaren contra dichos documentos como propagadores y propugnadores de herejía, si sus proposiciones, opiniones o doctrinas fueren heréticas, como mas de una vez sucede a los adversarios de los mencionados documentos, sobre todo si propugnan los errores de los modernistas, que son el conjunto de todas las herejías. (Pío X. Motu Proprio Praestantia Scripturae, 18 de noviembre de 1907)

Pontificia Comisión Bíblica

  • Los que enseñan al pueblo no pueden proponer novedades vanas, ni mezclar circunstancias ficticias poco consonantes con la verdad

Finalmente, los que instruyen al pueblo cristiano con la predicación sagrada tienen necesidad de suma prudencia. Ante todo, enseñen la doctrina, recordando la recomendación de San Pablo: “Atiende a tu tarea de enseñar, y en esto persevera; haciendo esto, te salvarás tú y tus oyentes” [1 Tm 4, 16]. Absténganse absolutamente de proponer novedades vanas o no suficientemente probadas. Nuevas opiniones ya sólidamente demostradas expónganlas, si es preciso, con cautela y teniendo presente las condiciones de los oyentes. Al narrar los hechos bíblicos, no mezclen circunstancias ficticias poco consonantes con la verdad. Esta virtud de la prudencia debe ser ante todo característica de quienes difunden escritos de divulgación para los fieles. Sea su preocupación poner con claridad las riquezas de la palabra divina “para que los fieles se sientan movidos y enfervorizados para mejorar su propia vida” (Encíclica Divino afflante Spiritu; A.A.S. XXXV (1943), p. 320). Sean escrupulosos en no apartarse jamás de la doctrina común o de la tradición de la Iglesia ni siquiera en cosas mínimas, aprovechando los progresos de la ciencia bíblica y los resultados de los estudiosos modernos, pero evitando del todo las temerarias opiniones de los innovadores (Cf. Carta Apostólica Quoniam in re biblica; Pío X Acta, III, p. 75). Les está severamente prohibido difundir, para secundar un pernicioso afán de novedades, algunas tentativas para la resolución de las dificultades, sin una selección prudente y un serio examen, turbando así la fe de muchos. (Pontificia Comisión Bíblica. La verdad histórica sobre los Evangelios, n. 4, 21 de abril de 1964)

León XIII

  • Pregoneros de novedades se arriman a las cisternas agrietadas

La Biblia es, pues, la principal y más asequible fuente de elocuencia sagrada. Pero quienes se constituyen en pregoneros de novedades, no alimentan el acervo de sus discursos de la fuente de agua viva, sino que insensatamente y equivocados se arriman a las cisternas agrietadas de la sabiduría humana; así, dando de lado a la doctrina inspirada por Dios, o a la de los Padres de la Iglesia y a la de los Concilios, todo se les vuelve airear los nombres y las ideas de escritores profanos y recientes, que todavía viven: estas ideas dan lugar con frecuencia a interpretaciones ambiguas o muy peligrosas. (León XIII citado por Pío X. Motu Proprio Sacrorum Antistitum, 1 de diciembre de 1910)

  • Los que no creen en los milagros narrados en la Escritura son impíos e insolentes

A sus ojos no han existido profecías, sino predicciones forjadas después de haber ocurrido los hechos, o presentimientos explicables por causas naturales; para ellos no existen milagros verdaderamente dignos de este nombre, manifestaciones de la omnipotencia divina, sino hechos asombrosos, en ningún modo superiores a las fuerzas de la naturaleza, o bien ilusiones y mitos; los evangelios y los escritos de los apóstoles han de ser atribuidos a otros autores. Presentan este cúmulo de errores, con los que creen poder anonadar a la sacrosanta verdad de los libros divinos, como veredictos inapelables de una nueva ciencia libre; pero que tienen ellos mismos por tan inciertos, que con frecuencia varían y se contradicen en unas mismas cosas. Y mientras juzgan y hablan de una manera tan impía respecto de Dios, de Cristo, del Evangelio y del resto de las Escrituras, no faltan entre ellos quienes quisieran ser considerados como teólogos, como cristianos y como evangélicos, y que bajo un nombre honrosísimo ocultan la temeridad de un espíritu insolente. (León XIII. Encíclica Providentissimus Deus, n. 21-22, 18 de noviembre de 1893)

III – La enseñanza de la Iglesia sobre los milagros de la multiplicación de los panes

Sagradas Escrituras

  • Saciada la muchedumbre, se recogieron doce cestos llenos de los fragmentos sobrantes

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la genteComieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mt 14, 19-21)

  • Compadecido de la muchedumbre, Jesús multiplica los panes por segunda vez

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino”. Los discípulos le dijeron: “¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?”. Jesús les dijo: “¿Cuántos panes tenéis?”. Ellos contestaron: “Siete y algunos peces”. Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos. Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mt 15, 32-38)

  • Ante el milagro de la multiplicación de los panes, la gente quiso proclamar rey a Jesús

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: “Este es verdaderamente el profeta que va a venir al mundo”. Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña é solo. (Jn 6, 13.15)

Santo Tomás de Aquino

  • Cristo no creó los panes, sino que los multiplicó a partir de los pocos que había

La multiplicación de los panes no se hizo en forma de creación, sino por adición de una materia extraña convertida en pan. Por esto dice Agustín In Ioann: Como multiplica las mieses a base de pocos granos, así multiplicó en sus manos los cinco panes. Porque es evidente que los granos se multiplican en las mieses por conversión. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, III, q. 43, a.4, ad. 4)

San Agustín

  • El que multiplicó los panes es el mismo que continuamente multiplica los frutos de las semillas

Gran milagro, pero no nos causará excesiva admiración, si nos fijamos en su autor. El que multiplicó los panes entre las manos de los repartidores es el mismo que multiplica las semillas que germinan en la tierra de modo que se siembran pocos granos y se llenan las trojes. Pero como esto lo hace cada año, nadie se admira. La admiración la excluye no la insignificancia del hecho, sino su repetición. Ahora bien, al hacer estas cosas, el Señor hablaba a los que las entendían no sólo mediante palabras, sino también por medio de los milagros mismos. (San Agustín. Sermón 130, n. 1)

San Ambrosio

  • Multiplicando los panes Jesús manifestó su poder sobre la naturaleza material

Mas lo divino es que los cinco panes hayan bastado con mucho para cinco mil personas; pues es claro que no es esta poca comida la que ha saciado al pueblo, sino su multiplicación. Tú habrías visto, como por una irrigación incoercible, fructificar entre las manos de los distribuidores las porciones que ellos no habían partido, y, sin que los dedos osasen tocarlos, los trozos se escapaban espontáneamente. Cuando se leen tales cosas, ¿cómo extrañarnos del movimiento perpetuo de las aguas o quedar estupefactos de que las fuentes líquidas fluyan sin cesar cuando una sustancia sólida se expande en abundancia? Se realiza esto para hacernos ver lo que no vemos de ordinario. Por una Él ha manifestado con evidencia que es igualmente el Autor de las otras y el Creador de toda la naturaleza material, que no fue encontrada, sino hecha, y suministra sus aportaciones sucesivas a la producción de todas las cosas. (San Ambrosio. Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, libro VI, n. 84-85)

San Juan Crisóstomo

  • Los pedazos que sobraron, prueba del milagro para los que no estaban presentes

Les dio los cinco panes ya partidos; y estos cinco panes, como si fueran una fuente, se multiplicaban y brotaban de las manos de los discípulos. No terminó con esto el milagro; sino que hizo Jesús que no solamente los panes sobreabundaran, sino también los pedazos, para que se viera que estos pedazos eran de aquellos panes y pudieran también los que no estaban presentes saber lo que había sucedido. (San Juan Crisóstomo. Homilía XLIX sobre el Evangelio de San Mateo)

  • Jesús quiso que sobraran panes para demonstrar que la autenticidad del milagro

Por mi parte yo me admiro no únicamente de la abundancia de panes, sino además de la multitud de fragmentos y de lo exacto del número; y de que Jesús cuidara de que no sobraran ni más ni menos, sino los que El quiso, pues sabía de antemano cuántos panes se iban a consumir; lo que fue señal de un poder inefable. De modo que los fragmentos confirmaron ambos milagros y demostraron que no era aquello simple fantasmagoría, sino restos de los panes que habían comido. (San Juan Crisóstomo. Homilía XLII sobre el Evangelio de San Juan)

Juan XXIII

  • Cristo manifestó su poder providente al alimentar las muchedumbres con el pan

Pero gracias a la multiplicación de este indispensable alimento material Cristo ha querido, dos veces en su vida mortal, manifestar su poder a las muchedumbres que le seguían. Y si se sirvió del milagro para luego encaminar los espíritus hacia las realidades espirituales, no por eso ha dejado de saciar primero los cuerpos hambrientos. (Juan XXIII. Discurso a los participantes de la X Conferencia Internacional de la FAO, 3 de mayo de 1960)

Juan Pablo II

  • Prodigio que prenuncia la multiplicación del Pan eucarístico

Se trata de un prodigio sorprendente, que constituye el comienzo de un largo proceso histórico: la multiplicación incesante en la Iglesia del Pan de vida nueva para los hombresde todas las razas y culturas. Este ministerio sacramental se confía a los Apóstoles y a sus sucesores. Y ellos, fieles a la consigna del divino Maestro, no dejan de partir y distribuir el Pan eucarístico de generación en generación. (Juan Pablo II. Homilía en la Solemnidad de Corpus Christi, 22 de junio de 2000)

Tomado de:

“No es verdad que Jesús multiplicó los panes y los peces. No es magia, es un “signo”. Y una parábola.”

 

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