Jueves Santo

Misa In Cena Domini

Lavatorio de pies

JUEVES SANTO

MISA IN COENA DOMINI

Estación en san Juan de Letrán

I clase, blanco

La liturgia del Jueves Santo está toda embebida en el recuerdo de la Redención. La función antiguamente de tres misas: La primera, en que se reconciliaban a los públicos penitentes, la segunda, en la cual se consagraban los Santos Óleos, y la tercera, para conmemorar muy especialmente la institución de la Sagrada Eucaristía en la Última Cena.

La Iglesia, celebra en la Eucaristía durante el curso del año los todos los misterios de la vida de Jesús, se apega hoy al recuerdo de la institución misma de este Sacramento inefable y del Sacerdocio Católico.

Esta misa realiza de un modo muy especial la orden dada por Jesús a sus sacerdotes de renovar la Última Cena en que Jesús, en los momentos mismos en que tramaban su muerte, instituyó el misterio de perpetuar entre nosotros su presencia. Por eso la Iglesia, suspendiendo un instante su duelo, celebra el Santo Sacrificio en este día con santo júbilo, reviste a sus ministros con ornamentos blancos y festivos, y canta el Gloria como a vuelo de campanas, las cuales enmudecerán hasta la Vigilia Pascual.

En la Epístola nos dice el Apóstol que la Misa es el “Memorial de la muerte de Jesús”. Era necesario el sacrificio del altar para que pudiésemos comulgar la Víctima del Calvario y aplicarnos sus méritos. Y así la Eucaristía, que toma todo su valor del sacrificio de la cruz, comunica a su vez una universalidad de tiempo y de lugares. El mismo Salvador se encarga de hacer las abluciones prescritas por los judíos en el curso del festín (Ev), mostrándose con ello cuál es la pureza y la caridad que Dios exige a los que quieren comulgar, para no exponerse como Judas a ser reos del Cuerpo y Sangre del Señor (Ep).

Participemos todos hoy de este Ágape, de este festín de la Caridad. Ésa es la intención de nuestra Santa Madre Iglesia.

No dejemos de ir a recibir en este Jueves Santo la Sagrada Víctima que se inmola en el altar, y así cumpliremos santamente con nuestro deber; precisamente en este día se nos recuerdan los todos los detalles de la institución del Sacerdocio y del Sacrificio Eucarístico.

APROXIMACIÓN HISTÓRICA. –Autor: Ramón de la Campa Carmona- Está dominada esta jornada por la conmemoración de la Cena del Señor. Ya en el siglo V aparece denominada Feria quinta in Coena Domini. También se la denominó en la Alta Edad Media, sobre todo en las Galias meridionales, dies Natalis Calicis, como encontramos en Avito de Viena (+518), Eloy de Noyon (siglo VII).

Desde tiempos remotos se unieron a esta memoria los ritos de la reconciliación de los penitentes y de la consagración de los santos óleos. El Sacramentario Gelasiano contiene tres misas: la primera, para la reconciliación de los penitentes; la segunda, llamada missa chrismalis, reservada a la consagración de los óleos, y la tercera, consagrada a la memoria de la institución de la Eucaristía.

El Sacramentario Gregoriano, en su recensión más antigua, prescribe dos misas, pero en las recensiones posteriores, como ocurre en los antiguos Ordines, sólo una, con ambos objetos, y se va desplazando hacia la mañana, hasta quedar fijada en la hora tercia.

En Jerusalén, según nos refiere Egeria, había dos misas: una ad Martyrium sobre las dos de la tarde y otra ad Crucem hacia las cuatro de la tarde en memoria de la Cena del Señor, en la que comulgaban los fieles.

En África, por testimonio de San Agustín sabemos que también se celebraban dos misas: una por la mañana y otra por la tarde, en la que podían comulgar todos, aunque hubieran roto el ayuno, que ya era práctica común, como sucedía también en las Galias, pero no en Hispania, donde a causa de los errores priscilianistas era riguroso y absoluto el ayuno.

En la misa vespertina, primitivamente, se omitía la liturgia de la Palabra, y se comenzaba directamente por el prefacio, porque ya se habían celebrado dos misas en la jornada. Se prescribía la comunión a todos, obligación que duró hasta los siglos X-XI, y se prohibían las misas rezadas.

Los sacerdotes que no celebraban misa solemne, concelebraban con el pontífice o el sacerdote más digno, y cuando se abolió esta práctica, comulgaban antes del pueblo, rito en el que empezaron a ver los liturgistas una imagen de la Última Cena, en la que los apóstoles todos comulgaron de manos del Señor.

La ceremonia del lavatorio de los pies o del mandato, como también se llama por las palabras del Señor: “Mandatum novum do vobis ut diligatis invicem, sicut dilexi vos, ut et vos diligatis invicem” (Jn. 13, 34b-35), fue una práctica muy estimada en la primitiva Iglesia (cf. I Tim. 5, 10), a modelo de la realizada por Cristo en la Última Cena, como testimonio de humildad y servicio (Jn. 13, 1-20). Fue muy difundida por los monjes, como atestigua la Regla de San Benito (cap. 35 y 53).

El primer indicio de liturgización se documenta en la liturgia hispánica, pues en el Concilio XVII de Toledo (a. 694), en que se ordena que los obispos y sacerdotes laven en este día los pies a sus subordinados. En Roma se menciona por primera vez en el Ordo X, y el Ordo XIV habla de doce pobres o capellanes; en algunos testimonios se habla de trece, por el ángel que se le apareció a San Gregorio Magno (+604) cuando daba de comer a doce pobres. Hoy está ubicado detrás de la homilía.

En el siglo XV era uso común lavar los pies a doce menesterosos, a los que se les daba una limosna, hasta que pasó al Ceremonial de los Obispos, que hablaba de trece pobres, mejor que canónigos, porque indicaba mayor humildad y caridad.

Como al día siguiente no se celebraba la misa, debía reservarse la Eucaristía para la comunión del día siguiente. Cuando se desarrolló la devoción eucarística fuera de la misa, a principios del segundo milenio, se empezó a dar mayor solemnidad y aparato a la reserva de este día en que se instituyó la Eucaristía. Pero pronto adquirió un simbolismo sentimental y anacrónico, pues desde el siglo XI los simbolistas vieron en ella la deposición de Cristo en el sepulcro, para completar los tres días pasados por Éste en la tumba, por lo que empezó a llamarse monumento, en latín “sepulcro”.

En la disciplina actual, como a medianoche empieza el Viernes Santo, jornada de la sagrada pasión y muerte del Señor, debe cesar, incluso en los elementos del aparato externo, la adoración solemne pública del Santísimo Sacramento.

Terminados los oficios, se desnudan los altares. Este acto pronto se ritualizó, pues ya se encuentra en el Ordo I, pasando a realizarlo el celebrante y los ministros, quizá resto del uso primitivo de quitar los manteles después de la celebración eucarística. Los simbolistas lo ligaron a la pasión de Cristo y al duelo y tristeza de la Iglesia por ella. 

La misa solemne de la Cena del Señor se celebra por la tarde a la hora más oportuna, no antes del las 4 de la tarde ni después de las nueve. Por razones pastorales, con permiso del obispo diocesano, se pueden celebrar varias misas leídas, para facilitar la participación de los fieles. 

El Sagrario, si lo hubiere en altar mayor, estará completamente vacío; en el altar se pondrá un copón con las formas necesarias para la comunión de este día y del día siguiente.

Los clérigos asistentes a la misa se revisten con sus trajes corales y estola. Los ministros celebrantes con ornamentos blancos.

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Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros. (San Lucas 22,19)

El tabernáculo, si lo hay en el altar mayor, está del todo vacío: para comulgar clero y pueblo, hoy y mañana, se pone sobre el altar el copón con partículas que se consagren en esta misma misa.
Comienza la procesión en la iglesia hacia el altar, y entretanto canta la escola el introito.

Introito Gal. 6, 14

INTROITUS – Pos autem gloriári oportet in Cruce Dómini nostri Jesu Christi: in quo est salus, vita et resurréctio nostra: per quem salváti et liberáti sumus. Ps. 66, 2 Deus misereátur nostri, et benedícat nobis: illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri. Nos autem. Nosotros, empero, debemos gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salud, vida y resurrección, por quien hemos sido salvados y liberados. -Salmo. Apiádese Dios de nosotros y nos bendiga; ilumine su cara sobre nosotros y nos compadezca. – Nosotros, empero, debemos…

El celebrante, en llegando al altar con los ministros, hecha la confesión, sube, bésalo en medio y lo inciensa, aun cuando celebra solo con canto.
Terminada la incensación del altar, el celebrante, después de leer el Introito y recitar el Kyrie eléison, comienza solemnemente Glória in excélsis y se tocan las campanas y el órgano, los que callan hasta la Vigilia pascual, terminado el himno.

Oración-Colecta

ORATIO – Deus, a quo et Júdas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ gratiam largiátur. Qui tecum vivit et regnat. R.Amen ¡Oh Dios!, de quien Judas recibió la pena de su pecado, y el ladrón el premio de su confesión: haz nos sentir el efecto de tu misericordia; para que, así como Jesucristo nuestro Señor en su Pasión dio a entrambos su merecido, así también, destruido en nosotros el error del hombre viejo, nos conceda la gracia de resucitar gloriosamente con Él. Que contigo vive y reina.R. Amen.

Epístola

San Pablo empieza aquí el relato evangélico de la Institución de la Eucaristía y exhorta seriamente a los cristianos a comulgar con las debidas disposiciones, para no hacerse reos de eterna condenación. Este aviso es sobre todo práctico hoy, día clásico de la comunión pascual.

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios. I Cor. 11, 20-32 – Fratres:  conveniéntibus ergo vobis in unum, jam non est domínicam cenam manducáre. Unusquísque enim suam cenam præsúmit ad manducándum. Et álius quidem esurit, álius autem ébrius est. Númquid domos non habétis ad manducándum et bibéndum? Aut ecclésiam Dei contémnitis, et confúnditis eos, qui non habent? Quid dicam vobis? Laudo vos? In hoc non laudo. Ego enim accépi a Dómino, quod et trádidi vobis, quóniam Dóminus Jesus, in qua nocte tradebátur, accépit panem, et grátias agens fregit, et dixit: «Accípite, et manducáte: hoc est corpus meum, quod pro vobis tradétur: hoc fácite in meam commemoratiónem». Simíliter et cálicem, póstquam cenávit, dicens: «Hic calix novum testaméntum est in meo sánguine: hoc fácite, quotiescúmque bibétis, in meam commemoratiónem». Quotiescúmque enim manducábitis panem hunc, et cálicem bibétis: mortem Dómini annuntiábitis, donec véniat. Itaque quicúmque manducáverit panem hunc vel bíberit cálicem Dómini indígne, reus erit córporis et sánguinis Dómini. Probet autem seípsum homo: et sic de pane illo edat et de cálice bibat. Qui enim mandúcat et bibit indígne, judícium sibi mandúcat et bibit, non dijúdicans corpus Dómini. Ideo inter vos multi infírmes et imbecílles, et dórmiunt multi. Quod si nosmetípsos dijudicarémus, non utique judicarémur. Dum judicámur autem, a Dómino corrípimur, ut non cum hoc mundo damnémur. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios.: – Hermanos: Cuando os reunís, no es ya para celebrar la Cena del Señor. Porque cada uno come allí lo que ha llevado para cenar, sin atender a los demás. Y así, mientras unos sufren hambre, otros comen con exceso. Pues qué, ¿no tenéis vuestras casas para comer y beber? ¿O venís a profanar la Iglesia de Dios, y a avergonzar a los que nada tienen? ¿Qué os diré de esto? ¿Os alabaré? En eso no os alabo. Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo ya enseñado, y es, que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser traicionado, tomó el pan, y dando gracias, lo partió, y dijo: «Tomad y comed: Éste es mi cuerpo, que por vosotros será entregado a la muerte. Haced esto en memoria mía». Tomó asimismo el cáliz, y después de haber cenado, y dijo: « Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi Sangre. Haced esto cuantas veces lo bebiereis en memoria mía». Pues o todas las veces que comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga y así, cualquiera que comiere este pan o bebiere el cáliz del Señor s: indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Por tanto, examínese a sí mismo el hombre, y entonces coma de aquel pan y beba de aquel cáliz. Porque quien le come y bebe indignamente, se come y bebe su propia conde nación, no haciendo el discernimiento del cuerpo del Señor. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y flacos, y mueren muchos. Pues si antes nos juzgásemos, no seríamos juzgados por Dios. Si bien cuando lo somos, el Señor nos castiga como a hijos, con el fin de que no seamos conde nados juntamente con este mundo.

Salmodia

GRADUALE – Phil. 2, 8-9 Christus factus est pro nobis obœdiens usque ad mortem, mortem autem crucis. Propter quod et Deus exaltávit illum: et dedit illi nomen, quod est super omne nomen. Gradual. – Cristo se ha hecho obediente por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz. V. Por lo cual también Dios le ensalzó, y le dio un nombre sobre todo nombre.

Evangelio

USequentia sancti Evangelii secundum Joánnem. Jo. 13, 1-5 – In illo tempore: Ante diem autem festum Paschæ, sciens Jesus quia venit hora ejus, ut tránseat ex hoc mundo ad Patrem, cum dilexísset suos, qui erant in mundo, in finem diléxit eos. Et cena facta, cum diábolus jam misísset in cor, ut tráderet eum Júdas Simónis Iscariótæ, sciens quia ómnia dedit ei Pater in manus, et quia a Deo exivit, et ad Deum vadit, surgit a cena, et ponit vestiménta sua, et cum accepísset línteum, præcínxit se. Deinde mittit aquam in pelvim, et cœpit laváre pedes discipulórum, et extérgere linteo, quo erat præcínctus. Venit ergo ad Simónem Petrum. Et dicit ei Petrus: «Dómine, tu mihi lavas pedes?»  Respóndit Jesus, et dicit ei: «Quod ego fácio, tu nescis modo, scies autem postea».  Dicit ei Petrus: «Non lavábis mihi pedes in ætérnum». Respóndit ei Jesus: «Si non lávero te, non habes partem mecum». Dicit ei Simon Petrus: «Dómine, non tantum pedes meos, sed et manus et caput». Dicit ei Jesus: «Qui lotus est, non índiget nisi ut pedes lavet, sed est mundus totus. Et vos mundi estis, sed non omnes». Sciébat enim quisnam esset qui tráderet eum; proptérea dixit: Non estis mundi omnes. Póstquam ergo lavit pedes eórum, et accépit vestiménta sua, cum recubuísset íterum, dixit eis: «Scitis quid fécerim vobis? Vos vocátis me Magíster et Dómine, et bene dícitis; sum étenim. Si ergo ego lavi pedes vestros, Dóminus et Magíster: et vos debétis alter altérius laváre pedes. Exémplum enim dedi vobis, ut, quemádmodum ego feci vobis, ita et vos faciátis». Continuación del santo Evangelio según S. Juan – En aquel tiempo: La víspera del día solemne de Pascua, sabiendo Jesús que era llegada la hora de su tránsito de este mundo al Padre, como hubiese amado a los suyos, que vivían en el mundo, amólos hasta el fin, y así, acabada la Cena, cuando ya el diablo había sugerido al corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, el designio de entregarle, Jesús, sabiendo que el Padre le ha bía puesto todas las cosas en sus manos, y que como había venido de Dios, a Dios volvía; levántase de la mesa y quítase sus vestidos, y habiendo toma do una toalla, se la ciñe. Echa después agua en una jofaina, y pónese a lavar los pies de los discípulos y a limpiarlos con la toalla que se había ceñido. Viene a Simón Pedro, y Pedro le dice: ¡ Señor! ¿ Tú lavarme a mí los pies? Respondióle Jesús, y le dijo: Lo que Yo hago tú no lo entiendes ahora, lo entenderás después. Dícele Pedro: ¡Jamás me lavarás Tú a mí los pies! Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Dícele Simón Pedro: ¡Señor! no sola mente los pies, sino las manos también y la cabeza. Jesús le dice: El que acaba de lavarse, no necesita lavarse más que los pies, estando como está limpio todo lo demás. Y en cuanto a vosotros, limpios estáis, mas no todos. Como sabia quién era el que le habla de hacer traición, por eso dijo: No todos estáis limpios. Habiéndoles ya lavabo los pies y tomado otra vez su vestido, puesto de nuevo a la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que acabo de hacer con vos otros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si Yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, debéis también vosotros lavaros los pies unos a otros. Ejemplo os he dado, para que así como Yo he hecho con vosotros, así lo hagáis también vosotros. No se diceCredo.

Es muy conveniente que, después del Evangelio, se tenga breve hornilla, para ilustrar los grandes misterios que en esta misa se celebran, la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden sacerdotal, corno también el Mandato del Señor acerca de la caridad fraterna.

NOTAS

  • (1) El castigo visible de Judas, al cual aquí se alude, fue su muerte temporal desastrosa, colgándose él mismo de una soga y reventando al caer al suelo, y no su muerte eterna, a sea, el infierno; ya que sólo Dios sabe cuál fue su verdadero paradero, al morir de esa forma. (volver)
  • (2) Reprende aquí San Pablo a los corintios por haber pervertido la piados y muy cristiana práctica primitivade los ágapes fraternales en los que todos comían en común, como hijos de la misma mesa de familia, sin distinción de ricos y pobres. Ahora hacían ya sus platos aparte y se desntendían de los pobres. En la Eucaristía, verdadero banquete en común, participamos todos del mismo manjar que es el Cuerpo sacrosanto del Señor. (volver)
  • (3) Comulgar sacrílegamente es comer la propia condenación, por cuanto se abusa del Cuerpo del Señor. (volver)
  • (4) Alude San Pablo a los castigos ejemplares que, por lo visto, recibían en su tiempo, en Corinto, los comulgantes sacrílegos; pues muchos de ellos hasta morían repentinamente, y otros se enfermaban. (volver)
  • (5) Hasta el fin de su vida, y todo lo que un Dios puede amar, o sea infinitamente. (volver)
  • (6) Si el hombre no se deja lavar por Cristo en el Sacramento de la Confesión, no tendrá parte con Él, ni en la tierra, por gracia, ni en el Cielo, por gloria. ¡Que no lo olviden los que pretenden no necesitar confesarse, sin duda por creerse limpios! ¿Limpios, con años y años de pecados, y pecados de todo género. ¡Hipócritas! (volver)
  • (7)El que está limpio de pecado mortal, no necesita, en efecto, para estar del todo limpio, más que purificarse de los veniales, los que puede efectuar, o confesándose, o de otros varios modos. (volver)

Tomado de: 

http://misa_tridentina.t35.com/