El papa Francisco está, a todos los efectos, en guerra con la Iglesia

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23 octubre, 2015

Acabamos de recibir esta nota de Damian Thompson:

“Francisco pronunció ayer un discurso ante un Sínodo profundamente dividido sobre el tema de la Familia, en el que confirmó sus planes de descentralizar la Iglesia otorgando más libertad a las conferencias episcopales para que ellas mismas resuelvan los casos de divorcio y homosexualidad.

Esta es la pesadilla de los cardenales conservadores, entre los que se cuentan – -como era de esperar– los del Vaticano. Creían que tenían mayoría suficiente en el Sínodo para impedir que se revocara la prohibición de comulgar a los católicos divorciados y vueltos a casar, o cualquier ablandamiento en la actitud de la Iglesia hacia las parejas homosexuales.

Pero en el discurso inaugural de ayer, al iniciarse la última semana del Sínodo, Francisco anunció que la descentralización se impondrá desde arriba.

Mientras se refiere a sí mismo deliberadamente como ‘el obispo de Roma‘, para subrayar su solidaridad con los obispos de todo el mundo (en oposición a la Curia Romana – es decir, “el Vaticano”), invocó la autoridad del Sumo Pontífice sobre los meros cardenales.” La nota informativa completa (en inglés) se puede leer AQUÍ.

COMENTARIO DE THE REMNANT

Unas preguntas para la Federación Internacional Una Voce, la Fraternidad de San Pedro, el Instituto de Cristo Rey, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, etc., etc., etc.: ¿A qué esperamos exactamente? Muchos conservadores e incluso neocatólicos se están desempeñando mejor al desenmascarar el evidente  golpe de estado que está teniendo lugar en este momento al interior del Vaticano. Y mientras, ¿los católicos tradicionales guardamos un silencio solemne y, la mayor parte, nos quedamos cruzados de brazos? No lo entiendo.

Se acabó. Se están apoderando de nuestra Iglesia. Están invadiendo nuestra casa. Están violando a nuestra madre. Nuestra vida como católicos nunca será la misma después de esto. Por Dios, ¿a quién le importan la situación canónica y las autorizaciones permisos para decir Misa en latín y mantener una apariencia respetable y normal ante los apóstatas? ¡Qué más da! El barco se hunde y tenemos que avanzar hacia Roma, si no físicamente, en todo lo demás; también a través de Internet y con brigadas de oración.

El tiempo para la diplomacia ya se acabó. Nos guste o no, han declarado la guerra a todo lo que consideramos sagrado, incluida la fe que nos transmitieron nuestros padres. En marcha, pues.

Esta bien puede ser nuestra última oportunidad, puesto que una vez que Roma se rinda por completo en cuestiones morales no podremos recurrir a la cláusula de objeción de conciencia, y menos cuando la policía del pensamiento se presente aporreando nuestra puerta en mitad  de la noche. No vamos a poder apelar a nuestras convicciones religiosas cuando nos quieran imponer el homomonio, la cohabitación y todo lo demás. Si enseñamos a nuestros hijos la fe y la moral de siempre en los días por venir, nos tildarán de fundamentalistas y de fanáticos intransigentes y dirán que no estamos en condiciones de criar a nuestros hijos.

Esos locos modernistas de Roma están preparando el terreno para la peor persecución de católicos en la historia. Y cuando llegue esa persecución, me pregunto si nos vamos a preocupar que hubiera un tiempo en que nos llamaran fanáticos tradicionalistas, nos acusaran de cismáticos y dijeran que nuestra situación canónica era irregular. Repito, ¿QUÉ MÁS DA?

Ha llegado la hora de levantarse y luchar. Si no lo hacemos, con certeza la historia nos condenará por haber sido cómplices de las serpientes y demonios que hicieron cuanto estaba en sus manos para destruir la Santa Iglesia de Jesucristo Rey.

Que Dios nos ayude a todos a hacer lo que debemos en este momento.

Michael Matt

[Traducido por Cecilia González. Artículo Original]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

¿Devolución doctrinal a las conferencias episcopales? Francisco ya lo aprobó en 2013

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17 octubre, 2015

Entre todo lo hablado por algunos delegados y portavoces del Sínodo sobre la “devolución” o “delegación” a las Conferencias de Obispos de cuestiones morales importantes, y las críticas de muy pocos padres sinodales y comentaristas católicos a esta idea, se encuentra el proverbial “elefante en la habitación” que nadie quiere mencionar. Nos referimos al hecho de que el Papa Francisco ya aprobó esta idea en los artículos 32 y 33 de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, verdadero proyecto original para todo su pontificado (las negritas son nuestras):

32. Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización. El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar «una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva». Hemos avanzado poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral. El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden «desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta». Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.

33. La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía. Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos. Lo importante es no caminar solos, contar siempre con los hermanos y especialmente con la guía de los obispos, en un sabio y realista discernimiento pastoral.

Cuando Evangelii Gaudium fue publicada en noviembre de 2.013, en Rorate enseguida comprendimos la importancia central de estos pasajes, razón por la cual los destacamos. La realidad es que, con todo lo que se ha hablado de “conspiraciones” y “apaños” en este pontificado, Francisco y sus consejeros más cercanos (en particular, el Cardenal Maradiaga y el Arzobispo Tucho Fernández), no han podido ser más claros acerca de sus intenciones para el cambio “profundo, total e irreversible” en la Iglesia. Este pasaje de Evangelii Gaudium no puede ser más elocuente acerca de la dirección en la que Francisco quiere conducir a la Iglesia.

Si, en algún momento, se devolviera un ápice de autoridad doctrinal a las Conferencias Episcopales, Roma se enfrentaría a una batalla interminable para regular, limitar o reclamar dicha autoridad. El daño a la autoridad papal y el caos que se extendería por toda la Iglesia Universal son demasiado terribles para ni siquiera contemplarlos. Si estuviéramos hablando de iglesias locales profundamente enraizadas en la Tradición y celosas por conservar su herencia teológica, litúrgica y canónica, podría haber menos inquietud; incluso, si la idea de “devolución doctrinal” fuera absolutamente inaceptable desde el punto de vista católico tradicional. Desgraciadamente, ha desaparecido de la Iglesia un sentido genuino de Tradición y, cualquier “devolución de la autoridad doctrinal”, dará como resultado que numerosas jerarquías se den prisa en ser guiados por el espíritu del mundo.

Para los apologistas y comentaristas católicos, el colmo de la ironía es continuar en silencio, observando cara a cara  este ataque obvio a la autoridad de la Sede Apostólica y a la Unidad de la Iglesia Universal debido, precisamente, a su equivocado sentido de “lealtad” al Papado y al deseo de promover la “unidad”, a menudo entendida como sofocación de toda crítica y que todo el mundo debería fingir que todo va bien.

[Traducido por José Antonio Gutiérrez. Artículo original.]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com