SAN  FELIPE de ZELL, Ermitaño

de Mayo

En el reinado de Pepino, padre de Carlomagno, vivía en el platinado del Rin, no lejos de la actual ciudad de Worms, un ermitaño llamado Felipe, muy famoso por su santidad y milagros. Era inglés de nacimiento. Se había establecido en Nahegau, después de una peregrinación a Roma, donde había recibido la ordenación sacerdotal. Uno de los principales visitantes del santo ermitaño era el rey Pepino, quien según la leyenda, solía ir frecuentemente a conversar con él de cosas espirituales. El biógrafo de Felipe, que escribió un siglo después de la muerte del santo, afirma que sus conversaciones hicieron que Pepino «empezara a temer y a amar a Dios y a poner toda su confianza en EL». 

Como en el caso de tantos otros ermitaños, Felipe tenía un extraño dominio sobre los animales del bosque, los pájaros iban a posarse sobre sus hombros y a comer en sus manos, las liebres correteaban junto a él, y lamían sus pies. Otro sacerdote, llamado Horscolfo, se unió a San Felipe para orar en su compañía y ayudarle a cultivar la tierra. Una noche,, unos ladrones se robaron los dos bueyes que los ermitaños empleaban para labrar la tierra. Los ladrones anduvieron errantes toda la  noche por el bosque, sin encontrar el camino y, a la mañana siguiente, se encontraron de nuevo delante de la ermita. Llenos de arrepentimiento, se arrojaron a los pies de San Felipe a pedirle perdón. El siervo de Dios los tranquilizó, los trató como huéspedes y les mostró el camino. 

 Poco a poco, se unieron otros discípulos a los dos ermitaños y se construyó una iglesia. Se dice que, al volver de un viaje, Horscolfo encontró a Felipe muerto. Con las lágrimas en los ojos, el discípulo rogó a su maestro que le diese la bendición, pues no había podido pedírsela antes de partir. El cadáver se irguió y dijo: «Vé en paz y que Dios te ayude en todo. Cuida este sitio mientras vivas. Sano y salvo partirás, sano y salvo retornarás». Después de dar la bendición a Horscolfo, el cadáver se recostó nuevamente en el féretro. Horscolfo se quedó a vivir ahí hasta los cien años y, a esa edad, fue a reunirse con su maestro. Más tarde, se construyeron en ese sitio un monasterio y una iglesia. En el transcurso de los siglos, la parroquia ahí erigida tomó el nombre de Zell, es decir, celda, en honor de la ermita de San Felipe.

Robert Quardt. Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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SAN  JUVENAL, Obispo y Confesor

de Mayo

 San Gregorio Magno en el Diálogo (IV, 12) y en la Homiliae in Evangelium, recuerda a un Obispo de Narni, de nombre Juvenal (Giovenale), calificándolo de mártir. Pero el Lanzoni obseva que este pontífice da el título de mártir aún a los obispos que no murieron por la fe. El Mismo Gregorio recuerda el sepulcro de san Juvenal en Narni. El Martirologio de Floro y de Adone lo mencionan con esta indicación: «Natale sancti Juvenalis episcopi et confessoris». 

   También existe una vida de san Juvenal, escrita después del SigloVII, de escaso valor histórico, según la cual, era de origen africano y, ordenado por el Papa Dámaso, fue el primer Obispo de Narni. Siempre según esta vida, fue sepultado en la puerta superior de la ciudad, bajo la via Flaminia, el 7 de agosto de 376. 

   Se cree que ejerció la medicina antes de ser consagrado obispo de Narni y que salvó a esta población de la invasión de los sármatas haciendo bajar fuego del cielo sobre ellos.

   Los hagiógrafos no le dan el título de mártir, sino el de confesor.

   El sepulcro de san Juvenal sobre el que fue construido un oratorio atribuido a su sucesor Massimo, fue muy venerado en la antigüedad y aún se conserva en la Catedral de Narni. La inscripción no es antigua. El autor de la Vida del Papa Vigilio (537-555), en el «Liber Pontificalis» habla de un monasterio que Belisario fundó cerca de Orte, dedicándolo a San Juvenal. 

   En el siglo IX, el cuerpo de san Juvenal fue trasportado a Lucca, junto con los de los santos Casio y Fausta y  pero enseguida fue restituida a Narni.

   Fossano, diócesis perteneciente a la provincia de Cuneo, venera a san Juvenal como su protector, pretendiendo que sus reliquias se conservan allí, pero pueden ser las de otro santo del mismo nombre.

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SANTOS EVENCIO Y TEÓDULO, Mártires

de Mayo 

San Alejandro I, Papa y mártir, fue natural de Roma, e hijo de un ciudadano romano llamado también Alejandro. Sucedió en la silla pontifical al Sumo Pontífice Evaristo, el año 107. Fue Alejandro en la santidad admirable, y en la fe, constancia y celo muy esclarecido. Era mozo de treinta años cuando comenzó a gobernar la Iglesia; pero su vida y doctrina suplían bien el defecto de su edad.

   Convirtió con su predicación y trato celestial a muchos senadores y gran parte de la nobleza de Roma, y entre ellos a un prefecto llamado Hermes, con toda su casa y familia, que fueron en número de mil doscientas cincuenta personas, por lo cual fue preso por mandato de un gobernador llamado Aureliano; y echado en la cárcel, hizo muchos y grandes milagros entre los cuales fue uno, que estando en ella aherrojado, vino a él de noche un niño con una hacha encendida en sus manos, que le dijo: «Sígueme Alejandro; y habiendo hecho oración, y entendido que era el Ángel del Señor, le siguió, sin que las paredes, ni puertas, ni guardias le impidiesen la salida de la cárcel; y el niño le guió hasta la casa de Quirino, tribuno, en la cual estaba preso Hermes, que deseaba mucho verse con San Alejandro, y había prometido a Quirino que por más que estuviese preso vendría a su casa.

   Cuando se vieron se abrazaron los dos santos mártires, y derramaron muchas lágrimas de consuelo, animándose el uno al otro a padecer por Jesucristo. Esto espantó mucho al tribuno Quirino; el cual había oído algunas razones a Hermes, y el modo con que él se había convertido a la fe de Cristo, y visto que San Alejandro con el tacto de sus cadenas había sanado a una hija suya llamada Balbina, que estaba gravemente enferma de lamparones, se convirtió también él a la fe de Jesucristo con su hija y todos los presos que estaban en la cárcel; y el Santo Pontífice Alejandro mandó a Evencio y a Teódulo, sacerdotes, que habían venido de Oriente, que los bautizasen.

SAN ALEJANDRO I, Papa y Mártir

3 de Mayo

San Alejandro I, Papa y mártir, fue natural de Roma, e hijo de un ciudadano romano llamado también Alejandro. Sucedió en la silla pontifical al Sumo Pontífice Evaristo, el año 107. Fue Alejandro en la santidad admirable, y en la fe, constancia y celo muy esclarecido. Era mozo de treinta años cuando comenzó a gobernar la Iglesia; pero su vida y doctrina suplían bien el defecto de su edad.

   Convirtió con su predicación y trato celestial a muchos senadores y gran parte de la nobleza de Roma, y entre ellos a un prefecto llamado Hermes, con toda su casa y familia, que fueron en número de mil doscientas cincuenta personas, por lo cual fue preso por mandato de un gobernador llamado Aureliano; y echado en la cárcel, hizo muchos y grandes milagros entre los cuales fue uno, que estando en ella aherrojado, vino a él de noche un niño con una hacha encendida en sus manos, que le dijo: «Sígueme Alejandro; y habiendo hecho oración, y entendido que era el Ángel del Señor, le siguió, sin que las paredes, ni puertas, ni guardias le impidiesen la salida de la cárcel; y el niño le guió hasta la casa de Quirino, tribuno, en la cual estaba preso Hermes, que deseaba mucho verse con San Alejandro, y había prometido a Quirino que por más que estuviese preso vendría a su casa.

   Cuando se vieron se abrazaron los dos santos mártires, y derramaron muchas lágrimas de consuelo, animándose el uno al otro a padecer por Jesucristo. Esto espantó mucho al tribuno Quirino; el cual había oído algunas razones a Hermes, y el modo con que él se había convertido a la fe de Cristo, y visto que San Alejandro con el tacto de sus cadenas había sanado a una hija suya llamada Balbina, que estaba gravemente enferma de lamparones, se convirtió también él a la fe de Jesucristo con su hija y todos los presos que estaban en la cárcel; y el Santo Pontífice Alejandro mandó a Evencio y a Teódulo, sacerdotes, que habían venido de Oriente, que los bautizasen.

SANTA MAFALDA o MATILDE, Monja

de Mayo

Santa Mafalda, era nieta de Mafalda de Savoya, hija de Amadeo III y mujer de  Alfonso-Enrico, primo del rey de Portugal. Supadre era Sancho, segundo rey de Portugal que muere en 1211, dejando la regencia a la reina viuda y el poder efectivo al ministro  Nuñez de Lara. Es aquí en donde entra en escena la joven Mafalda. Por razones de estado, deciden casarla con Enrique I de Castilla, mucho más joven que ella, un niño. Pero por medio de su legado, interviene el Papa Inocencio III, que impide el matrimonio (o lo anula) porque Enrique y Mafalda son parientes.

Mafalda sale definitivamente de la escena, tomando el hábito de monja cisterciense. Se distinguió por su espíritu de oración, su amor al silencio, sus mortificaciones y su austeridad. Consagró su cuantiosa herencia a obras de misericordia y de caridad. Restauró la catedral de Oporto, fundó un albergue para peregrinos, construyó un puente sobre el río Talmeda e instituyó una fundación para el sostenimiento de las viudas. Murió recostada sobre un montón de ceniza. En  1793 el Papa Pío VI autorizó su culto en la comunidad cisterciense.

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SANTA ZOE, Mártir

de Mayo

Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre
  cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. 
Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre
  orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.
 (Santo Cura de Ars)

 Santa Zoe, nacida en Roma, era esposa de San Nicóstrato, quien también murió mártir. Mientras Zoé rogaba postrada ante la tumba de San Pedro, fue detenida por orden del emperador Diocleciano y encerrada en una cárcel totalmente oscura. Luego de varios días fue sometida a tormentos a fin de que aceptara abjurar de su fe, pero al fracasar todos los intentos fue colgada de un árbol por los cabellos, encendieron una hoguera a sus pies. y así entregó su vida por Cristo en Roma, el año 286.

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Santoral

1 de mayo

San José Artesano
Santos Felipe y Santiago el Menor, Apóstoles
San Jeremías, Profeta
San Amador de Auxerre, Obispo
San Segismundo de Borgoña, Rey
San Peregrino Laziosi, Sacerdote
San Teodardo de Narbona
San Teodulfo, Abad

SAN PEREGRINO LAZIOSI, Sacerdote

1 de Mayo

San Peregrino nació en Forli (Italia) alrededor de 1265. En sus años de juventud ingresó en un movimiento que se oponía al Papa Martín IV. Durante los enfrentamientos conoció a San Felipe Benizi, cabeza de la orden de los Servitas que tenía la función de unir a la comunidad dividida.

Se cuenta que el mismo Peregrino abofeteó a Felipe Benizi cuando éste estaba predicando. San Felipe, tal como recomendó Jesús, le mostró la otra mejilla. Este incidente impresionó a nuestro santo y cambió de actitud. Entró a los 30 años en la misma orden que San Felipe: la Orden de los Servitas, en la ciudad Siena. Después del noviciado volvió a su pueblo natal, donde fundó una nueva casa de esta congregación y llegó a ser bien conocido por lo que predicaba y por su santidad. Se consagró a los enfermos y a aquellos viviendo en la pobreza.

   Según la tradición, una de las penitencias especiales que eligió fue el estar de pie en tanto no fuere necesario estar sentado. No se si será por este motivo, pero lo cierto es que al cabo de unos años, desarrolló venas varicosas y después cáncer en un pie. Las llagas llegaron a ser muy dolorosas y los doctores no pudieron hacer nada para aliviarle. Un cirujano local dijo que lo único que podían hacer era amputarle la pierna.

   La noche antes de la cirugía para amputarle la pierna, pasó mucho tiempo en oración ante Jesús Crucificado, pidiéndole a Dios que lo curara si esa era su voluntad. Se durmió y tuvo una visión en la que Jesús Crucificado bajaba de la cruz y le tocaba la pierna cancerosa. Cuando se despertó las llagas estaban curadas al igual que su pie y su pierna. No fue necesario amputarle ni el pie ni la pierna. Peregrino vivió veinte años más. Tenía fama de ser un gran predicador y confesor.  Falleció en 1345 a la edad de 80 años y fue canonizado por San Benedicto XIII en 1726.

   Gracias a los múltiples milagros que por su intercesión se obtuvieron, es también llamado como «El hacedor de maravillas» y «El poderoso».

   San Peregrino, al padecer cáncer, ha sido declarado popularmente como protector de aquellas personas que sufren esta enfermedad. Como discípulo de la fe en Jesucristo, es un buen compañero para aquellas personas enfermas, para que lo tengan a su lado, les dé aliento, fortaleza y que no pierdan la esperanza.

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SAN SEGISMUNDO DE BORGOÑA,Rey

1 de Mayo

En 516 murió Gundebaldo, el rey de Borgoña, y fue sucedido por su hijo Segismundo, yerno de Teodorico I. Tras su conversión al catolicismo, tomó medidas contra los arrianos. Fundó el monasterio de San Mauricio para consolidar el catolicismo y reunió un concilio que condenó el arrianismo. El rey Segismundo de Borgoña estaba casado con una hija de Teodorico I, pero ésta murió y entonces contrajo segundas nupcias con una hija de Thierry I, el rey de Austrasia, hijo de Clodoveo I.

Esta nueva esposa convenció a Segismundo de que su hijo Sigerico conspiraba contra él, fue tan grande la furia del rey, que ordenó a sus oficiales que estrangularan al príncipe. Cuando su cólera amainó, lloró amargas lágrimas por lo que había hecho y para expiar su pecado, Segismundo se retiró al monasterio de Aguane en Suiza, que había sido fundado por él, convirtiéndose en socorro de los pobres, distribuyendo liberalmente sus bienes y poniéndose a su servicio. Pero sintiendo que no había expiado suficientemente su pecado, rogaba en sus plegarias recibir en esta vida el castigo merecido por el mismo. 

   Al conocer la muerte de su nieto, Teodorico I decidió vengarse y se alió con los tres hermanos de Thierry I. Entre todos invadieron Borgoña en 523 y Clodomiro mató a Segismundo (al parecer, lo arrojó a un pozo junto con su mujer y su hijo). Teodorico I se anexionó algunos territorios de Borgoña y recuperó el tesoro visigodo del que se había apropiado Gundebaldo, tras lo cual se retiró de la guerra, pero ésta continuó entre francos y burgundios.

   El cuerpo de San Segismundo fue enterrado en al Abadía de Agaunum, donde es honrado como mártir; posteriormente, sus reliquias fueron trasladadas por el Emperador Carlos IV a la Catedral de Praga.

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SAN AMADOR de AUXERRE, Obispo

1 de Mayo

Los datos de la vida de San Amador son de una biografía escrita 160 años después de la muerte del santo, por un sacerdote africano llamado Esteban. El contenido de dicha biografía revela que se trata, en gran parte, de una invención audaz.

Según leemos, Amador era el hijo único de un distinguido matrimonio de Auxerre. Sus padres le prometieron en matrimonio una rica heredera, llamada Marta, aunque Amador había manifestado que no quería casarse. El día del matrimonio acudieron muchos invitados. El obispo Valeriano, que era ya muy anciano, en vez de leer la bendición nupcial, recitó la fórmula de la ordenación de los diáconos, pero sólo el novio y la novia cayeron en la cuenta del error. Después de la ceremonia, ambos jóvenes convinieron en llevar vida de continencia. Marta se retiró al poco tiempo a un convento.

Amador, después de haber trabajado varios años como sacerdote, fue elegido obispo de Auxerre. En el curso de su largo episcopado, convirtió a los paganos que quedaban, a  la religión, obró numerosos milagros y construyó varias iglesias. Existen pruebas de que él confirió a San Patricio la ordenación sacerdotal. En los últimos años de vida de San Amador, el gobernador de Auxerre era Germán, un joven patricio muy temperamental, que tenía pasión por la cacería.

SAN JEREMÍAS, Profeta

1 de Mayo

«Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé, y yo me dejé seducir. Tú eres el más fuerte, y fui vencido. Ahora soy todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo. Siempre que hablo tengo que gritar: «¡Ruina, devastación!». Y aunque me dije: «No volveré a hablar en su nombre», su palabra hierve dentro de mi como fuego abrasador”.

   Si la historia de la humanidad es la historia de Dios entre los hombres, el forcejeo del cielo con la tierra, de Yahvé con Jacob, indiscutiblemente, Jeremías dibuja su colosal figura en las cumbres más altas. Los judíos del tiempo de Jesús dirán del Maestro: «Es Jeremías, que ha resucitado».

   Hijo de Helcías sacerdote, ya desde niño le sedujo Yahvé. Las auras de Jerusalén conservaban aún su perfume de incienso al llegar a Anatot, la ciudad del profeta, a una hora de Sión, y, mientras él crecía, el Señor iba realizando uno de los significados del nombre Jeremías: «Yahvé eleva», o «elevación de Yahvé». Le seducía entonces por sí mismo: por su infinita majestad, por la belleza de su Ley. «Teth. Bueno es el Señor para los que esperan de Él, para el alma que le busca», recordará en medio del llanto, en una de sus lamentaciones. Pero es que pronto le sedujo también para aceptar sobre sus hombros la misión de profeta. Como hiciera Moisés, él protesta muy bien «que no es experto en el hablar, que es todavía un niño». Pero Yahvé tiene palabras convincentes: «Antes que te formara yo en las entrañas maternas te conocí…, te consagré y te designé para profeta de naciones». Tiende la mano, toca su boca y le da poder de hierro y bronce sobre pueblos y reinos, «para arrancar, arruinar y asolar; para levantar, edificar y plantar».

   Más de una vez los labios del profeta apaleado, encepado, medio muerto, recordaron a Dios con angustiosa queja y tremenda fuerza lírica mejor que la de Job, el contraste excesivo entre la dura realidad y tan bellas palabras.: «¡Maldito sea el día en que nací! ¿Por qué no me mató Yahvé en el seno de mi madre y hubiera sido mi madre mi sepulcro, y yo preñez eterna en sus entrañas?»

SANTOS FELIPE Y SANTIAGO EL MENOR, Apóstoles

de Mayo

SAN ANDRÉS
SANTIAGO EL MENOR

  A vosotros os he llamado amigos; porque os he hecho
saber cuanto oí de mi Padre.
(Juan, 15, 15).

   Tanto San Felipe cuanto Santiago tuvieron el honor de ser apóstoles de Jesucristo, de predicar su Evangelio y de morir por la fe. Felipe fue quien llevó a Natanael a Jesucristo. Después de la Ascensión trasladóse a Escitia, donde fue crucificado después de haber convertido a gran número de bárbaros.
   Santiago, primo del Señor, fue tan venerado entre los judíos, que se tenían éstos por dichosos con sólo tocar el borde de su manto. Fue precipitado desde lo alto del templo de Jerusalén porque predicaba a Jesucristo.

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA
 DE LOS
APÓSTOLES FELIPE y SANTIAGO

I. Estos santos tuvieron el honor de ser llama dos al apostolado, de predicar el Evangelio y derramar su sangre por Jesucristo. Obedecieron al llamado de Dios, correspondieron a sus gracias e imitaron los padecimientos de su Maestro. Dios te llama a ti desde hace tiempo, oyes su voz y, sin embargo, no le obedeces. Muchas ocasiones te proporciona de trabajar y de sufrir por Él, ¿cómo las aprovechas? Si los bienaventurados pudiesen en el cielo tener algún pesar, provendría de haber perdido muchas ocasiones de acrecentar su corona sufriendo por Jesucristo.

   II. Apenas convertido San Felipe, ya quiso hacer participar a Natanael de su dicha llevándole a Jesús. ¿Puedes de algún modo trabajar tú en la salvación a el prójimo? Hazlo. Comparte con tus amigos, tus parientes y domésticos, los buenos sentimientos que Dios te inspira. ¿No es acaso lo contrario de lo que haces? ¿No escandalizas a tu prójimo con tus palabras y tu mala vida?

   III. Santiago era tenido por santo aun por aquellos mismos que lo mataron; sus oraciones, su austeridad, su modestia, y tantas otras virtudes le valieron el sobrenombre de Justo. ¿De qué estima gozas tú ante los hombres? ¿Qué se dice de ti? Pregúntalo a tus amigos; oye aun lo que te reprochan tus enemigos, para corregirte. Mas, antes que nada, considera cuál es tu situación al respecto frente a Dios. Si los hombres no te condenan, tal vez lo hace tu con ciencia, porque nadie puede huir de sí mismo. (San Bernardo).

El deseo de la santidad
Orad por la propagación
de la fe.

ORACIÓN

   Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo en la festividad de San Felipe y Santiago, vuestros Apóstoles, haced, os lo suplicamos, que al mismo tiempo que nos regocijamos con sus méritos aprovechemos sus ejemplos. Por J. C. N. S. Amén.

  • Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)
  • Patronos principales del Uruguay y Titulares de la Iglesia Catedral de Montevideo.

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San José Artesano

de Mayo

«El 1 de mayo de 1955—escribe un testigo presencial— Roma era un hervidero de gente sencilla y morena, con mirada abierta y espontánea. Aquí y allá, en los bares y vías que acercan al Vaticano, grupos de hombres, mujeres y niños, mezclados en alegre algarabía, despachaban el leve bagaje de sus mochilas y apuraban unas tazas de rico café. En su derredor parecía soplar un aire nuevo, sin estrenar. Hasta tal punto que el semblante de la Ciudad Eterna, acostumbrado a todos los acontecimientos y a todas las extravagancias de todos los pueblos de la tierra, parecía asombrado ante aquella avalancha nueva de cuerpos duros y curtidos y de almas ingenuas, que desbordaban todo lo previsto.»

   Se diría que había un presentimiento. Cuando aquellos grupos confluyeron en una de las grandes plazas romanas y a lo largo de las amplias márgenes del Tíber e iniciaron su marcha hacia el Vaticano, flotaba algo en el ambiente. La vía de la Conciliación se estremecía con un eco nuevo, el de las rotundas voces de los obreros del mundo, que, al compás de bravos himnos, y bajo sus guiones y pancartas, representando a todos sus hermanos del mundo, avanzaban al encuentro del Papa.

    Era una riada inmensa de vida, de calor, de entusiasmo. Bajo el crepitar de los camiones, cargados de trabajadores, que con sus instrumentos de trabajo avanzaban hacia la plaza de San Pedro, corría una multitud alegre y sencilla, gritando hermosas consignas: «¡Viva Cristo Trabajador! ¡Vivan todos los trabajadores! ¡Viva el Papa!». Aquellos doscientos mil hombres superaban el viejo latido de odio y de muerte, cambiándolo por otro de resurrección y de vida.  

Santoral

30 de abril

Santa Catalina de Siena, Virgen
San Eutropio de Saintes, Mártir
San Mariano, Mártir (Con Santiago)
Santiago, Mártir
San Máximo, Mártir
Beato Benito de Urbino
Beato Francisco Dickenson, Mártir (Con Miles Gerard)
Beato Miles Gerard, Mártir
Beata Hildegarda

SAN BENITO COTTOLENGO

29 de abril

Su apellido no parece aludir ya a la persona que lo llevaba y se ha hecho sinónimo de lugar donde se acoge a los que todo el mundo rechaza; y los rechaza por motivos muy justificados, porque son casos imposibles: enfermos incurables, niños idiotas, sordomudos, tullidos, epilépticos, cancerosos, viejos con males sin solución.

   Había que ser muy insensato para cargar con todos esos desechos dedicándoles su vida, porque no iba a servir para nada; el sentido práctico más elemental se oponía a esta idea, y si encima era sin dinero, la catástrofe, además de inútil, era segura.

   José Benito Cottolengo nació en Bra, Italia, cerca de Turín, en 1786. Se hizo famoso por haber fundado el hospital llamado «La Divina Providencia», donde en la actualidad se asiste a más de diez mil enfermos y no se llevan cuentas de dinero.

SAN HUGO, Abad de Cluni

29 de abril

El glorioso y venerable abad de Cluni, san Hugo, nació en Semur, de una ilustre y antigua familia de Borgoña. Su padre llamado Dalmacio era señor de Semur, y su madre Aremberga, descendiente de la antigua casa de Vergi. Quería el padre que su hijo Hugo siguiese, como noble la carrera de las armas, pero sintiéndose él más inclinado al retiro y a la piedad que a la guerra, recabó licencia para ir a cultivar las letras humanas en Châlon-sur-Saône, donde la santidad de los monjes de Cluni, gobernados por el piadoso abad Odilón, le movió a dar libelo a todas las cosas de la tierra, y a tomar el hábito en aquel célebre monasterio.

Hizo allí tan extraordinarios progresos en las ciencias y virtudes, que corriendo la fama de su eminente santidad, sabiduría y prudencia por toda Europa, el emperador Enrique le nombró padrino de su hijo; y Alfonso rey de España, hijo de Fernando, acudió a él para librarse de la prisión en que le tenía su ambicioso hermano Sancho, lo cual recabó el santo con su grande autoridad, y también puso fin a las querellas del prelado de Autún y del duque de Borgoña que devastaba las posesiones de la Iglesia. Y no fue menos apreciado de los sumos pontífices, por su rara prudencia y santidad. Nombróle León IV para que le acompañase en su viaje a Francia, y su sucesor Víctor II previno al cardenal Hildebrando, después Gregorio VII, que le tomase por socio y consejero en la legacía cerca del rey de los franceses; Esteban X que sucedió a Víctor, le llamó  y quiso morir en sus brazos. El gran pontífice Gregorio VII se aconsejaba con este santísimo abad de Cluni en todos los negocios más graves de la cristiandad.

Es increíble lo mucho que trabajó este santo en la viña del Señor, edificándola con sus heroicas virtudes, defendiéndola de sus enemigos, y acrecentándola con su celo apostólico, Finalmente después de haber fundado el célebre monasterio de monjas de Mareigni, y echado los cimientos de la magnífica iglesia de Cluni, lleno de días y mere cimientos falleció en la paz del Señor a la edad de ochenta y cinco años.

REFLEXIÓN 

   Entre las muchas cartas de san Hugo, se halla una escrita a Guillermo el Conquistador, el cual le había ofrecido para su monasterio cien libras por cada monje que le enviase a Inglaterra. Respóndele el santo abad que él daría la misma suma por cada buen religioso que le enviasen para su monasterio. si fuese cosa que se pudiese comprar en cuyas palabras manifestaba el temor de que se relajasen los monjes que enviase a Inglaterra no pudiendo vivir allí en monasterios reformados.

Y si todas estas preocupaciones juzgaba el santo necesarias para conservar la virtud de aquellos tan fervorosos monjes, ¿cómo imaginamos nosotros poder estar seguros de no perder la gracia divina, si temerariamente nos metemos en medio de los peligros y lazos del mundo? Quéjanse muchos de las tentaciones que padecen, y murmuran de la Providencia por los recios y continuos combates que les dan los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne: pero día vendrá en que Dios se justifique recordándo1es que ellos mismos se metían las más de las veces en las tentaciones, y haciéndose sordos a las voces de la gracia y de la conciencia, se ponían voluntariamente en las ocasiones de pecar, y se rendían a sus mortales enemigos.

ORACIÓN

   Suplicámoste, Señor, que nos recomiende delante de Ti la intercesión del bienaventurado Hugo, abad, para que alcancemos por su patrocinio, lo que no podemos conseguir por nuestros merecimientos. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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Santoral

28 de abril

San Pablo de la Cruz, Confesor
San Vidal, Mártir
San Luis María Grignon de Montfort, Confesor
San Prudencio, Obispo y Confesor
Santa Valeria, Mártir
San Vital, Mártir
San Cirilo de Turov
San Dídimo, Mártir (Con Teodora)
San Pánfilo de Sulmona

SAN PRUDENCIO, Obispo y Confesor

28 de abril

Asentó el Señor con él un pacto de paz
y le constituyó Príncipe, adjudicándole
para siempre la dignidad sacerdotal
.(Ecles. 45, 30).

 Fue obispo de Tarazona y floreció antes del siglo VIII; sin que se pueda precisar su fecha de modo seguro. La lista de los obispos de Tarazona ofrece algunos huecos en el siglo VI, y uno de esos huecos debe corresponder, sin duda alguna, a San Prudencio. Había nacido en Armentia, cerca de Vitoria. Siendo aún muy joven, dejó su tierra y se juntó con San Saturio para hacer vida solitaria en una cueva que hay en la orilla del Duero, cerca de Soria. De allí lo sacaron los habitantes de Tarazona, para hacerle su obispo.    

ORACIÓN

   Oh Dios, dador de la paz, que concediste a tu santo Confesor y Pontífice Prudencio la admirable gracia de pacificar los ánimos revueltos: haz, te suplicamos, que, por sus méritos e intercesión, conservemos siempre una verdadera concordia con tu voluntad. Por J. C. N. S.

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SAN LUIS Mª GRIGNON DE MONTFORT,Confesor

28 de abril

Para que llegue el Reino de Jesús,
debe llegar primero el Reino de Maria

Si no arriesgamos nada por Dios,
nunca haremos por El, algo que valga la pena
 

Una de las razones principales por las que
 el Espíritu Santo no realiza obras maravillosas
en las almas es que no encuentra en ellas
unión suficientemente estrecha con su fiel e
indisoluble esposa, la Virgen Maria…
 

   Nació de padres cristianos en Montfort (Bretaña francesa) el año 1673. Fue el segundo de dieciocho hermanos. Su padre era muy autoritario y de un temperamento un tanto brusco. Quizá de él heredó nuestro Santo este mismo temperamento contra el que luchó durante toda su vida.

   Al no poderle educar su madre, le confió para que lo alimentara y formara en los principios de la fe a una señora muy buena cristiana que,  dejó huellas también muy hondas en el espíritu del santo.

   Fue enviado al colegio de los padres jesuitas de Rennes donde pasó ocho años entregado a los estudios de humanidades. Aquí trabó gran amistad con los padres carmelitas de esta ciudad que gozaban en aquel entonces de una bien merecida fama de santidad y de profunda y filial devoción a la Virgen María. Entre aquellos religiosos carmelitas que pertenecían a la célebre reforma Turonense, aprendió sin duda la doctrina que después extendería y haría famosa en la Iglesia de hacerlo todo En María, Con María, Por María y Para María.

SAN VIDAL, Mártir

28 de abril

Entre los santos que derramaron su sangre en las primeras persecuciones de la Iglesia, uno fue san Vidal, caballero muy noble de Ravena y marido de Santa Valeria, y padre de Gervasio y Protasio, que todos cuatro fueron ilustres mártires del Señor. Sucedió que habiendo apresado los gentiles en Ravena a un cristiano, llamado Ursicino, de profesión médico, le dieron muchos y atroces tormentos, los cuales él sufrió con grande constancia y fortaleza ayudado de la gracia del Señor.

Mas cuando se llegaba su última hora y vio que el verdugo desenvainaba la espada y le vendaba los ojos, comenzó (como hombre) a desmayar, y a perder el vigor que antes había tenido; y estando ya para adorar a los falsos dioses, Vidal, que estaba presente en este espectáculo, compadeciéndose de él, y juzgando que le corría obligación de socorrerle en aquel conflicto, alzó la voz y públicamente dijo: «¿Qué es esto, Ursicino? ¿qué dudas? ¿qué temes?

Habiendo tú como médico dado salud a tantos enfermos, ahora no aciertas a salvarte a ti mismo? Acuérdate que con esta muerte que se acaba en un soplo, comprarás una vida bienaventurada que no tiene fin. Fueron de tanta eficacia las palabras de Vidal que animaron de tal suerte a Ursicino, que con gran alegría tendió el cuello al cuchillo y murió por Cristo. San Vidal, no contento de haberle dado la vida del alma, por dar honra a su cuerpo muerto con gran celo y fervor le hurtó y sepultó.

El juez que se llamaba Paulino, visto lo que Vidal había dicho y hecho, y entendiendo que era cristiano, le amonestó blandamente que dejase aquélla nueva secta, y siguiese la antigua religión de los romanos. Burlóse Vidal de las palabras de Paulino, el cual le mandó luego atormentar en el ecúleo, donde fueron despedazadas sus carnes y descoyuntados sus miembros, y pro bada su fe y su paciencia.

Como todo esto no bastase para trocarle y ablandar su pecho fuerte, ordenó que lo llevasen al mismo lugar donde había sido ajusticiado Ursicino, y que hiciesen en él una hoya muy grande, le echasen vivo en ella, y la llenasen de tierra y piedra, lo cual ejecutaron a la letra los verdugos, y murió el glorioso mártir ahogado y sepultado vivo, entregando con este linaje de cruel martirio su triunfante espíritu al Criador. Consérvanse las sagradas reliquias de este santo en un magnífico sepulcro de una iglesia que se le dedicó en Ravena, que es uno de los templos más hermosos del mundo; parte de ellas se veneran en Bolonia y en Praga.

REFLEXIÓN

   Dio el bárbaro tirano contra san Vidal aquélla sentencia de horro rosa muerte, a persuasión de un sacerdote de Apolo, En el cual luego que expiró el santo mártir, entró el demonio y le comenzó a atormentar tan terriblemente, que daba gritos y decía: «¡Quémame, Vidal! ¡enciéndeme, Vidal!  Y como padeciese siete días este tormento, no pudiendo más sufrir el fuego interior que le abrasaba, se echó en un río y se ahogó. Donde se ve el castigo del mal consejo que había dado aquel mal hombre contra nuestro santo; el cual por el contrario, mereció la palma de los mártires por el buen consejo que había dado a Ursicino ayudándole a morir por el Señor. Procuremos pues aconsejar siempre cosas buenas y santas: ya que de los buenos consejos podemos esperar la recompensa de Dios, y de los malos consejos solo podemos esperar el daño y castigo, que no pocas veces recae aun en esta vi da sobre la cabeza de los que aconseja ron a otros lo que era inicuo.  

ORACIÓN

   Suplicámoste, Señor todopoderoso, que los que celebramos el nacimiento al cielo de tu bienaventurado mártir Vidal, seamos por su intercesión fortificados en el amor de tu santo nombre.  Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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Santoral

27 de abril

Nuestra Señora de Montserrat, Patrona de Cataluña
San Antimio, Obispo y Mártir
San Toribio de Mogrovejo, Obispo y Confesor
San Pedro Armengol, Mártir
San Pedro Canisio, Confesor y Doctor
Santa Zita, Patrona del Servicio Doméstico
San Toribio de Lima
San Esteban de Pechersky
San Floribertode Lieja
Beato Jacobo de Biteto
Beato Antonio de Siena,
Beata Osanna de Cattaro

SANTA ZITA, Patrona del Servicio Doméstico

27 de abril

(1276)

De Santa Zita se cuentan multitud de anécdotas y milagros que sucedieron tanto en vida como después de muerta. Bien puede haber entre ellos la base real que justifica el relato agrandado por el cariño de las gentes sumamente comprensible por ser ella una más del pueblo. Y santa, muy santa tuvo que ser la patrona del servicio doméstico.

   Canonizar a un mártir es fácil, basta con demostrar que su muerte fue causada por el odio a la fe; canonizar a los papas, obispos, abades, fundadores y reyes, es algo más difícil, porque es necesario demostrar procesalmente su presupuesta santidad y la señal del cielo -el milagro ratificante y para eso hay que contar con personas, tiempo y dinero. Canonizar a un sacerdote es bastante más complejo, como en todos los casos, se precisan la santidad del sujeto  y encontrar a alguien que se interese mucho en sacar adelante el largo proceso; es casi tan difícil como canonizar a una madre de familia santa -hay muchas-, a un maestro, o médico de pueblo. Pero canonizar a la criada de toda la vida, a la sirvienta, tiene mucho mérito. 

   Santa Zita nació en una aldea llamada Monsagridi en una familia pobre de bienes y rica en amor y temor de Dios; comienza a servir en Lucca a la familia del acomodado Fatineli que vive junto a la iglesia de San Frigidiano. La bondad de los hábitos adquiridos con paciencia y buen humor en la escuela de la familia y el celoso quehacer llevado con alegría y mucho empeño la indispusieron en su trabajo con los otros criados que se ganan el pan cumpliendo sin mucho esfuerzo. Ella trabajó bien y terminó la tarea con primor, los otros pensaron que se esforzaba en demasía y los dejaba mal a ellos. ¿Por qué no se contentaba con hacer lo suficiente para salir del paso? Los colegas mediocres, en su ineptitud, interpretaron mal sus gestos; a la virtud le llamaron soberbia, a la puntualidad, engreimiento; a la presteza, adulación y al sacrificio, remedo; sí, hasta en la piedad maljuzgaron a Zita como hipócrita aspirante al beaterio. Pero Zita supo ser fuerte, se conservó serena, mantuvo el tipo con espíritu alegre y sin quejas.

Otro aspecto que resalta en su vida de servicio a todos es la caridad con el prójimo menos afortunado en salud, trabajo o dinero. De lo suyo -que era poco- dio todo; alargada en la generosidad, de los bienes que sobraban a otros -los superfluos de su dueño- no se paró en mientes para hacer partícipes a los pobres; esto llegó a causarle trastornos con el amo Fatineli que alguna vez vio aminorada su despensa o disminuidos sus graneros.     Santa Zita murió entre grandes sufrimientos, mostrando la misma serenidad y buen humor que la había caracterizado siempre. Cuatro años después, el obispo de la ciudad la quiso elevar a los altares, debido a los numerosos favores que se recibían al visitar su tumba. Santa Zita es Patrona de las empleadas domésticas.

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SAN PEDRO ARMENGOL, Mártir

27 de abril

El glorioso redentor de los cautivos y mártir de la caridad san Pedro Armengol nació en la Guardia de los Prados, villa del arzobispado de Tarragona, y su apellido queda todavía en la muy ilustre familia de los barones de Rocafort, descendientes de los condes de Urgel y emparentados con los antiguos condes de Barcelona, y reyes de Francia, condes de Flandes y reyes de Castilla y Aragón. Hallóse presente en su nacimiento el venerable padre Bernardo Corbera, religioso de la Merced, el cual profetizó del niño recién nacido diciendo: «A este niño un patíbulo ha de hacerle santo».

Crióle su padre Arnoldo como a mayorazgo, noble, rico y deseado: pero ¡oh fuerza de las malas compañías cuántas torres de virtud has derribado! El ilustre mancebo que parecía un ángel por su piedad e inocentes costumbres, con el ejemplo de otros mozos desenvueltos, bravos y valientes, con quienes jugaba y como brioso caballero de su edad probaba con las armas en la mano la destreza y el valor, vino a desenfrenarse de tal manera, que hacía gala de sus desórdenes y oscurecía su linaje capitaneando una cuadrilla de ladrones. Por este tiempo determinó el rey don Jaime pasar de Valencia a Mompelier entendiendo que los Pirineos estaban infestados de salteadores, mandó a Arnoldo que con dos compañías de infantes y algunos caballos limpiase aquellos caminos de bandoleros. Entonces lucharon cuerpo a cuerpo Arnoldo y su hijo Pedro hasta que después de haberse herido, se reconocieron, y el hijo, llenos de lágrimas los ojos, se echó a los pies del padre, con grande arrepentimiento de su mala vida.

Partióse de allí a Barcelona y después de hacer una confesión general de todas sus culpas, pidió el hábito de los religiosos de la Merced, y comenzó una vida llena de admirables y extraordinarias virtudes. Ordenáronle de sacerdote, y todos los días celebraba la misa con tantas lágrimas que  hacía llorar de devoción a todos los que la oían. Rescató en Murcia doscientos cuarenta cautivos, convirtió al rey Almohazen Mahomet, el cual se hizo Mercedario y se llamó Fray Pedro de santa María.

Pasando después el santo de Argel a Bugía con Fr. Guillermo, florentino, rescató ciento diez y nueve cautivos, y para sacar de la esclavitud a diez y ocho niños se quedó en rehén de mil escudos que ofreció por ellos. Ocho meses estuvo encerrado en un calabozo, padeciendo cada día palos y azotes; y como no llegasen los mil escudos a su tiempo le condenaron a la horca. Vino ocho días después del suplicio su compañero Guillermo con los mil escudos, y con gran espanto le halló vivo todavía y pendiente de la horca, en la cual dijo el santo que la santísima Virgen le había sostenido en sus manos. Finalmente después de haber con vertido con estupendos prodigios a muchos infieles a nuestra santa fe, entregó su bendita alma al Señor en su mismo convento de nuestra Señora de los Prados.

REFLEXIÓN

   La vida admirable de este santo nos manifiesta cuan poderosa es la gracia de nuestro Señor Jesucristo para trocar los corazones de los hombres, hasta hacer de un capitán de bandidos un perfectísimo religioso, un celoso misionero y un gloriosísimo mártir de la caridad. Esta es una excelencia propia de nuestra santa Religión: porque ninguna fuerza ni convicción humana sería bastante para trocar con tan extraña mudanza el ánimo y las costumbres de los hombres, si no interviniera en ello la mano poderosa de Dios.    

ORACIÓN

   Oye, Señor, benignamente las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu glorioso confesor el bienaventurado Pedro, para que consigamos por la intercesión del que tanto te agradó lo que no podemos esperar de nuestros merecimientos.  Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, Obispo y Confesor

27 de abril

Patrono del Episcopado de Iberoamérica

Su contribución a liberar parte de la Europa 
germánica del yugo de la mentira religiosa 
y filosófica y de la tiranía política que le es intrínseca
 es ejemplo de la fuerza que puede tener el 
trabajo intelectual al servicio la Verdad

Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en Mayorga, hoy provincia de Valladolid, en 1538, de una antigua familia noble, muy distinguida en la comarca. Su padre, don Luis, «el Bachiller Mogrovejo», como le decían, fue regidor perpetuo de la villa, y su madre, de no menor señorío, fue doña Ana de Robledo. Antes de él habían nacido dos hijos, Luis y Lupercio. Y después de él, dos hermanas, Grimanesa y María Coco, que habría de ser religiosa dominica. Muertos los dos primeros, a él le correspondió el mayorazgo de los Mogrovejo. Recordaremos aquí su vida según la amplia y excelente biografía de Vicente Rodríguez Valencia, y la más breve de Nicolás Sánchez Prieto.

   Su educación fue muy cuidada y completa. A los 12 años estudia en Valladolid gramática y retórica, y a los 21 años, en 1562, comienza a estudiar en Salamanca, una de las universidades principales de la época, que sirvió de modelo a casi todas las universidades americanas del siglo XVI. En Salamanca le ayudó mucho, en su formación personal y en sus estudios, su tío Juan de Mogrevejo, catedrático en Salamanca y en Coimbra.

   Al parecer, pasó también en Coimbra dos años de estudiante, y se licenció finalmente en Santiago de Compostela, adonde fue a pie en peregrinación jacobea. En 1571 gana por oposición una beca en el Colegio Mayor salmantino de San Salvador de Oviedo. Uno de sus condiscípulos del Colegio, su amigo don Diego de Zúñiga, fue importante, como veremos, en ciertos pasos decisivos de su vida.

SAN ANTIMIO, Obispo y Mártir

27 de abril

El demonio, cuando profiere una mentira,
habla como quien es, por ser de suyo
mentiroso y padre mentira.
(Juan, 8, 44).

San Antimio era obispo de Nicomedia, cuando el emperador Diocleciano envió unos soldados para que se apoderaran de su persona. Lo encontraron los soldados y le preguntaron si conocía a Antimio; él los condujo a su casa, dióles un espléndido festín y, después, declaróles que era el hombre a quien buscaban. Los soldados quisieron salvarle valiéndose de una mentira, pero el santo obispo rehusó este favor; tanto los instó que, por fin, lo condujeron ante el emperador. Éste lo hizo decapitar. Corría el año 303 de nuestra era.    

  MEDITACIÓN
SOBRE LA MENTIRA

   I. Nunca se debe mentir, bajo ningún pretexto; pues siempre la mentira es pecado que nos asemeja al demonio, padre de la mentira, y borra de nuestra alma la cualidad de hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, que es la Verdad misma. Hemos de sufrir la muerte, como San Antimio, antes que consentir en una mentira, por leve que parezca. Una mentira no es cosa de poca importancia, pues ofende a Dios infinito y omnipotente. No mires como leve nada que ofenda a Dios. (Salviano) .

   II. Perjudicas a tu prójimo cuando le hablas contra tu pensamiento; lo engañas, introduces, en cuanto de ti depende, la discordia en la sociedad. Si todos los hombres fuesen mentirosos, ¿a qué extremos no llegaríamos? Injurias a Jesucristo, que es testigo de tu mentira, pues los cristianos, al decir de San Agustín, no sólo son los miembros de Jesucristo, sino que deben ser también los órganos de su voz. ¿Dices tú muchas mentiras? Examínate sobre este punto.

   III. Hay personas cuya vida es una mentira continua; engañan a todo el mundo mediante su hipocresía. ¡Oh! ¡cuán raros son aquellos que quieren parecer lo que son! Dios te ve tal cual eres; en vano te ocultas a los ojos de los hombres, Dios es tu juez. Al final todo se descubrirá, se conocerán tus imposturas, a luz plena se verá la verdad. Se puede ocultar la verdad por un poco de tiempo, no se la puede hacer desaparecer, la iniquidad puede triunfar por un instante, pero no reinar siempre. (San Agustín).   

Huir de la mentira
Orad por la conversión
de los pecadores.

ORACIÓN

   Dios todopoderoso, mirad nuestra flaqueza, ved cómo nos agobia el peso de nuestros pecados y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Antimio, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed.ICTION, Buenos Aires, 1982)

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A NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT

Rosa de abril, morena de la sierra
de Montserrat, estrellado.
Ilumina la catalana tierra
y guíanos hacia el cielo

   En las montañas,

los ángeles trabajan

esos picos
para hacerte un palacio

   Reina del cielo,
que los ángeles bajaron
danos abrigo,
dentro de tu manto azul

   Alba naciente de estrellas coronadas,
ciudad de Dios que soñaba David
a vuestros pies la luna se ponía
y el sol con sus rayos os vestía.

   De los catalanes siempre seréis princesa,
de los españoles estrella de oriente,
sois el pilar de fortaleza
y para los pescadores, puerto de salvamento,

   Dais consuelo a quien la patria añora,
sin haber visto nunca la cima de Montserrat,
en tierra y mar, os imploramos
devuélvele a Dios los corazones que le han dejado.

   Fuente del agua de la vida
desde el cielo regáis el corazón de nuestro país
dones y virtudes dejáis floreciendo
para hacer vuestro paraíso

   Dichosos ojos, Maria, los que os ven
dichosos los corazones que se abren a vuestra luz
Rosa del cielo, que los ángeles revolotean
y en la oración ponéis vuestro perfume.

   Árbol gentil, que el Líbano corona
árbol de incienso, palmera de sion
los frutos sagrados que vuestro amor nos da
es Jesucristo, el Redentor del mundo.

   Con vuestro nombre, empieza nuestra historia
y es Montserrat nuestro Sinaí
sean para todos la escalera de la gloria
esos escalones cubiertos de romaní. 

NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT, Patrona de Cataluña

27 de abril

 La montaña de Montserrat, en Cataluña, famosa entre las montañas por su rara configuración, ha sido desde tiempos remotos uno de los lugares escogidos por la Santísima Virgen para manifestar su maternal presencia entre los hombres.

Bajo la advocación plurisecular de Santa María de Montserrat, la Madre de Dios ha dispensado sus bendiciones sobre los devotos de todo el mundo que a Ella han acudido a través de los siglos. Pero su maternidad se ha dejado sentir más particularmente, desde los pequeños orígenes de la devoción y en todas las épocas de su desarrollo, sobre las tierras presididas por la montaña que levanta su extraordinaria mole en el mismo corazón geográfico de Cataluña.

Con razón, pues, la Iglesia, por boca de León XIII, ratificando una realidad afirmada por la historia de numerosas generaciones, proclamó a Nuestra Señora de Montserrat como Patrona de las diócesis catalanas, señalando. asimismo una especial solemnidad litúrgica para honrar a la Santísima Virgen y darle gracias por todos sus beneficios bajo esta su peculiar advocación.  

LAS ROGATIVAS

25 de abril

Las Rogativas (del latín rogare, rogar) o Letanías (del griego Litaneia, súplica u oración), son oraciones solemnes instituidas por la Iglesia para ser rezadas o cantadas en ciertas procesiones públicas y para determinadas y extraordinarias necesidades. Sólo las encontramos en la liturgia dos veces al año: el 25 de abril, fiesta de San Marcos (letanías mayores) y el triduo que precede a la Ascensión (letanías menores).

   El Papa y los Obispos pueden prescribirlas a los fieles,  en las calamidades y necesidades públicas, pero entonces figuran como actos extralitúrgicos. Los calificativos de mayores menores sólo sirven para distinguir unas de otras.

   1. Las Rogativas de San Marcos son de origen romano y datan, probablemente, del siglo IV. Primitivamente no estuvieron sujetas a día fijo. Fue San Gregorio Magno, en el primer año de su pontificado (590), quien las fijó definitivamente; ora, según unos, para dar mayor pompa a las fiestas que, en tal día, se celebraban para conmemorar el aniversario de la entrada de San Pedro en Roma; ora, según otros, en sustitución de los festejos paganos, llamados «Robigalia», que en honor del dios Robigus organizaban, ya de antiguo, los labradores romanos, con procesión a través de los campos y sacrificios de animales, para interesar a la deidad en favor de los sembrados. 

   Nada tienen que ver con la fiesta de San Marcos, establecida mucho después, ni es necesario, por lo mismo, que coincidan ambas.

   Si la fiesta de San Marcos se traslada, no por eso se trasladan las Rogativas, a menos que ocurran el mismo día de Pascua, en cuyo caso se tienen el martes siguiente.

SANTA MARÍA EUFRASIA PELLETIER, Virgen

24 de abril

Santa Rosa Virginia Pelletier nació en 1796, en la isla de Noirmoutier, frente a la costa de Bretaña, donde sus padres se habían refugiado cuando el levantamiento de La Vendée. En la escuela de Tours, Rosa oyó hablar del convento del Refugio, perteneciente a una congregación que San Juan Eudes habían fundado en 1641, para rescatar a las mujeres caídas y defender a las que se hallaban en peligro. La congregación se llamaba «Instituto de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio» y tenía una casa en Tours. Rosa entró en el noviciado en 1814 y, unos once años más tarde, cuando tenía sólo veintinueve años, fue elegida superiora.

De Angers le pidieron una nueva fundación, y la santa fue a esa ciudad a tomar posesión de una casa de refugio que existía desde hacía varios años y se llamaba «El Buen Pastor». El éxito que consiguió ahí fue tan maravilloso, que las gentes se opusieron a dejarla volver a su comunidad de Tours. Finalmente, al cabo de largas negociaciones, la madre Pelletier fue nombrada superiora de la nueva fundación.

Comprendiendo que inevitablemente surgirían dificultades si cada casa dependía de un obispo diferente y tenía su propio noviciado, como sucedía en el Instituto de Nuestra Señora de la Caridad, la madre Santa Eufrasia (como la llamaban las gentes) decidió centralizar la organización, fundar un noviciado único y hacer que se nombrara a una superiora general con poder de trasladar a las religiosas de una casa a otra, según las necesidades. A pesar de la oposición y del temor natural que le producía el ejecutar un cambio tan radical, la madre Pelletier defendió con firmeza ese medio de promover la causa por la que todas las religiosas trabajaban.

   Sin perder un ápice de su humildad y de su respeto por la autoridad, la joven superiora (de la que una de sus admiradoras dijo que «tenía madera para gobernar un reino»), consiguió, con la ayuda de la providencia, fundar en Angers el nuevo Instituto del Buen Pastor. En 1835, llegó la aprobación pontificia. Los progresos de la congregación fueron muy rápidos y, las nuevas fundaciones hacían un bien inmenso en dondequiera. Cuando Santa Eufrasia murió, en 1868, la congregación contaba con 2760 religiosas y era ya conocida en todo el mundo. En sus múltiples pruebas y dificultades, que incluyeron acusaciones de espíritu de innovación, ambición personal y deseo de autoridad, Santa Eufrasia dio pruebas de fortaleza heroica y absoluta confianza en Dios.

«Como he dado a luz a mis hijas en la cruz dijo  en cierta ocasión, las quiero más que a mí misma. Mi amor tiene sus raíces en Dios y en el conocimiento de mi propia miseria, pues comprendo que a la edad en que hacen la profesión, yo no hubiese sido capaz de soportar tantas privaciones y un trabajo tan duro». Santa Eufrasia fue canonizada en 1940.

Robert Quardt. Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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SANTA INÉS DE MONTE PULCIANO, Virgen

20 de abril

 La bienaventurada virgen y esposa de Jesucristo, santa Inés de Monte-Pulciano, nació en la ciudad de este nombre, que está en la Toscana, de padres muy señalados por su nobleza y riqueza. Desde la cuna comenzó a mostrar su devoción a Jesucristo y a la santísima Virgen; por que cuando le ponían a los ojos alguna imagen del Señor o de su benditísima Madre, la miraba y remiraba con visibles demostraciones de gran alegría.

Educáronla en el monasterio de las saquinas, llamadas así porque traían un escapulario de sayal grosero; y como una abadesa de rara prudencia y virtud visitase aquel monasterio, en viendo a la niña Inés, dijo: «No ilustrará menos esta Inés a la religión con sus virtudes, que la otra Inés romana con su martirio». A los catorce años mostraba tanto seso y prudencia, que no dudaron en encomendarle la administración de las cosas temporales del convento, y a la edad de diez y ocho años, con la bendición del sumo pontífice Nicolás IV, fue nombrada superiora del convento que se acababa de fundar en Proceno, en el condado de Orvieto.

Ayunaba todos los días a pan y agua, dormía sobre la desnuda tierra, reclinan do la cabeza sobre una piedra: pero, ¿quién podrá explicar los favores extraordinarios que recibía del cielo, las apariciones de los ángeles, de santo Domingo, de san Francisco, y de su dulcísimo Esposo Jesús. con quien familiarmente conversaba con celestial suavidad y regalo? ¿Quién podrá decir los milagros que obró el Señor por esta santa virgen y e] fruto que causó en muchos pecadores con su santa vida y conversación?

Sintieron mucho los vecinos de Monte Pulciano la ausencia de sor Inés, que estaba en Proceno, y acordándose del deseo que tenía la santa siendo niña, de ver convertido en convento de penitencia una casa de mujeres públicas que había en la entrada de la ciudad, determinaron ponerlo por obra a todo trance a trueque de que viniese la santa. Entonces cedió el amor del retiro, al celo de las almas, fundó aquel nuevo monasterio, y entabló en él la primitiva regla de san Agustín, según el, instituto y espíritu de santo Domingo, y en breve tiempo floreció la pureza de muchas santísimas vírgenes, donde tenían su asiento los vicios más abominables. Allí hizo la santa brotar un manantial de agua viva, de virtud muy prodigiosa para curar todo género de enfermedades, que hasta hoy se llama el agua de santa Inés. Finalmente, a los cuarenta y tres años de su vida pasó a gozar de la eterna gloria de su Divino Esposo, haciendo el Señor glorioso su sepulcro con muchos milagros.

REFLEXIÓN 

   En el ardiente celo que manifestó esta santa virgen, convirtiendo aquel lodazal de vicios en jardín de flores celestiales, echarás de ver la inmaculada pureza que inspira nuestra santísima Religión a todos los que de veras la profesan.

Por el contrario, la impiedad infernal de los modernos sectarios y apóstatas, multiplica cada día las tentaciones sensua1es y lazos de Lucifer para acabar con la honestidad y fe de los católicos. «Está resuelto en nuestras logias, dice un documento muy conocido de la suprema Venta de los masones, que es menester popularizar al vicio para matar la fe: que lo respiren los hombres por todos sus, cinco sentidos, que se saturen de él, y ya no habrá más católicos».

No es nueva en el mundo esta astucia de Satanás. La impiedad hace de los hombres bestias: la Religión hace de las bestias hombres, y de los hombres ángeles.   

ORACIÓN

   Oh Dios, que eres nuestra salud, oye nuestras súplicas, para que así como celebramos con gozo la festividad de la bienaventurada virgen Inés, así alcancemos el fervor de una piadosa devoción.   Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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Beato Jaime Ducket, Mártir

19 de abril

El Beato Jaime Ducket es particularmente interesante, ya que casi todas las sentencias de prisión pronunciadas contra él, así como la condena a muerte, se debieron a sus esfuerzos por propagar la fe, mediante la prensa católica. Había nacido en Gilfrotriggs, en Westmorland. En Londres aprendió el oficio de impresor. El estudio de un libro, llamado «El firme fundamento de la Religión Católica», le hizo dudar de la verdad del protestantismo, en el que había sido educado y, desde entonces, dejó de asistir a los oficios protestantes.

   El pastor de la iglesia de San Edmundo le mandó llamar; Jaime le confesó francamente que no pensaba volver a una iglesia protestante hasta que se le diesen argumentos más convincentes a favor del protestantismo. Por ello, fue condenado a dos años de prisión, uno en Bridewell y otro en Compter. Gracias a la intervención del impresor con el que trabajaba, Jaime fue puesto en libertad; pero a causa de la sentencia, su patrón juzgó más prudente despedirle.

   Jaime recurrió entonces a un anciano sacerdote, llamado Weekes, para que le instruyese. Por el momento, el sacerdote se hallaba preso en Gatehouse; pero dos meses más tarde quedó libre y lo primero que hizo fue instruir a Jaime en el catolicismo. La vida de Jaime fue realmente ejemplar. Se casó con una viuda católica, a la que quiso mucho. Su hijo, que fue más tarde superior de los Cartujos de Newport, escribió un relato del juicio y la muerte del beato. Jaime se dedicó a la venta de libros, «tanto para consuelo e instrucción de los católicos, como para que pudiesen ayudar a otras almas». Ese trabajo era tan peligroso en aquella época, que de sus doce años de matrimonio, Jaime pasó nueve en la prisión, en diversas ciudades de Inglaterra. La última vez fue denunciado por un tal Pedro Bullock, quien habían empastado varios libros para el beato,  y creyó que, delatándole, lograría conseguir una conmutación de la pena de muerte que había merecido por otro delito. Era falso que Jaime hubiese publicado las «Súplicas de la Reina» del P. Southwell, pero el beato confesó que poseía otros libros católicos. El jurado se rehusó al principio a condenarle por el testimonio de un solo testigo, pero el supremo magistrado, Popham,  pidió al jurado que reflexionase sobre su veredicto.  Bastó un breve receso para cambiar la sentencia; el jurado declaró al Beato Jaime culpable de felonía y le condenó a muerte. La esposa del beato fue a visitarle a la prisión llorando sin consuelo. Jaime le dijo: «Si me hubiesen nombrado secretario o tesorero de la reina, no llorarías. Pues ahora que voy a estar cerca del trono del Rey de los reyes no debe haber lágrimas. Desde arriba podré hacerte todavía más bien, con tal de que sigas sirviendo a Dios morir entre ladrones como mi Maestro y Señor». El beato perdonó de todo corazón a su delator, quien fue ejecutado junto con él, a pesar de su traición. Ambos fueron conducidos a Tybrun en el mismo carro. La esposa del beato le dio un poco de vino en Holborn Bars. Jaime repitió una vez más a Bullock que le perdonaba, le exhortó a morir en la iglesia católica y le dio un beso cuando les echaron la cuerda al cuello.

Robert Quardt. Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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San Vicente de Colibre, Mártir

19 de abril

En el principio del imperio de Diocleciano estaba en todo el mundo en tanta estimación la fe y la religión cristiana, que los mismos emperadores, aun que paganos, daban el gobierno de las provincias a los cristianos, porque hallaban en ellos tanta fidelidad para con los príncipes, cuanta nunca jamás experimentaron en los de alguna otra profesión. Habíase, pues, mostrad Diocleciano favorable a los cristianos mientras tuvo necesidad de sus fuerzas contra los persas pero viéndose y triunfante y glorioso, reventó y salió de madre furiosamente aquel odio mortal al nombre de Cristo, que por espacio de diez y ocho años estaba represado en su infame corazón; y determinó con Maximino su compañero destruir a los cristianos y acabarlos del todo. En todas las ciudades del imperio se hallaban las cárceles llenas de cristianos, los cuales ajusticiados en las plazas para escarmiento de los de más: y como España estaba sujeta al imperio, le cupo gran parte de esta cruel persecución. En este tiempo pues, había en Colibre, pueblo de Cataluña cerca de Perpignan, un hombre muy católico, virtuoso y gran siervo de Dios, llamado Vicente. Llegó a Calibre Daciano, presidente general de España por los ya mencionados emperadores, y el primer católico que le presentaron fue Vicente, al cual en vano procuró apartar de la fe de Jesucristo, y atraer a la adoración de los falsos dioses; porque le halló siempre firme y constante; y al fin de varios tormentos con que juzgó el tirano amedrentarlo viendo que se cansaba en balde y que Vicente traía escrito contra él el triunfo, palma y corona, que eso es Vicente, o Vincente, le condenó a morir degollado. Ofreció, la cerviz a la cuchilla del verdugo, y con este suplicio entregó su bendita alma en manos del Señor y alcanzó la corona inmortal de los mártires vencedores, significada en el nombre de Vicente que llevaba nuestro santo glorioso.

REFLEXIÓN

Fue tan cruel el odio de estos tiranos emperadores, contra los cristianos, que no contentos con quitarle las vidas después de tan bárbaros cuanto inhumanos tormentos, hacían luego quemar cuantos escritos hallaban en poder de los cristianos que pudieran dar testimonio a los venideros de los san tos mártires y sus hechos ilustres; por lo cual hay infinitos mártires gloriosos, de quienes no han quedado más que los nombres, y de otros tan pocas noticias como se ve en este martirio de san Vicente. Sabe el demonio el provecho que se sigue a las almas de leer semejantes historias, y el daña que a él le viene, y por eso procura ocultarlas; pero no todas las veces sale con su intento, y por donde intenta ocultarnos un Vicente mártir, queda burlado, cuando se nos descubren muchos gloriosos Vicentes, mártires españoles, como son san Vicente, diácono de Zaragoza, mártir insigne; san Vicente de Ebora, mártir glorioso en Ávila, con santa Sabina y Cristela hermanas; san Vicente, mártir en Gerona, con Oroncio y Víctor; san Vicente, abad del monasterio de san Claudio, mártir célebre en tiempo de los godos y otros santos Vicentes, con que el diablo se quiebra los ojos en su dañino intento; vaya para quien es y nosotros esperemos vencerle, por la intercesión de santos Vicentes, como le vencieron y triunfan gloriosos en el reino de Dios.   

ORACIÓN

   Concédenos, oh Dios omnipotente, que los que veneramos el nacimiento para la gloria de tu bienaventurado mártir Vicente, seamos fortalecidos por su intercesión en el amor del Santísimo Nombre.  Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SAN GALDINO DE MILÁN, Obispo

18 de abril

San Galdino fue uno de los principales patronos de Milán. Su nombre aparece, junto con los de San Ambrosio y San Carlos Borromeo, en todas las letanías del rito milanés. El santo descendía de la famosa familia Della Scala. Fue canciller y archidiácono de dos arzobispos de Milán; desempeñó tan hábilmente esos cargos en una época muy difícil, que se ganó la estima del clero y del pueblo. El Papa Alejandro III fue elegido en 1159, pero algunos cardenales disidentes, eligieron poco después, a un antipapa amigo del emperador Federico Barbarroja. Milán había ofendido antes al emperador, reclamando el derecho de elegir a sus magistrados, y el apoyo que la ciudad prestó a la causa del Papa Alejandro III enfureció todavía más a Federico. El Arzobispo Huberto y su archidiácono Galdino, tuvieron que salir de la ciudad, y al año siguiente, Federico la sitió con un gran ejército y la tomó. Fue entonces cuando el emperador dio la orden de trasladar los supuestos cuerpos de los tres Reyes Magos, de la iglesia de San Eustorgio a Colonia, donde se conserva todavía esas «reliquias»

   En 1165, Galdino fue consagrado cardenal. Al año siguiente, murió el arzobispo Huberto y él fue escogido para sucederle. En vano alegó su mala salud, debilitada con las pruebas que había tenido que sufrir; Alejandro III le consagró personalmente. El nuevo prelado se dedicó, ante todo, a consolar y alentar a su rey. Los lombardos habían formado una unión para reconstruir Milán, y el santo colaboró, con todas sus fuerzas, en la empresa. Pero ello no le impidió desempeñar celosamente sus deberes pastorales, pues predicaba constantemente e iba a visitar a los pobres a su casa. También se ocupó de restablecer la disciplina del clero, que inevitablemente se había relajado un tanto, durante la época tormentosa que había atravesado la ciudad. El santo consagró toda su elocuencia y sabiduría a subsanar los efectos del cisma y a refutar las doctrinas de los cátaros, que se habían divulgado mucho en Lombardía.

   El último día de su vida, aunque estaba ya muy débil para celebrar la misa, pronunció todavía un ardiente sermón contra la herejía; pero perdió el conocimiento antes de bajar del púlpito y murió al terminar la misa. El año de la muerte de San Galdino, la Liga Lombarda derrotó a los ejércitos imperiales en la batalla de Legnano. En la famosa reunión, que tuvo lugar en Venecia, en 1177, Barbarroja abjuró del cisma e hizo la paz con la iglesia. En realidad, todos los historiadores sensatos están de acuerdo en afirmar que el Papa jamás puso el pie sobre el cuello del emperador, excepto en un sentido metafórico. Ninguno de los escritores de la época menciona ese hecho que, por lo demás, no cuadra con el carácter magnánimo de Alejandro III.

Robert Quardt. Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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BETA MARÍA DE LA ENCARNACIÓN, Viuda

18 de abril

Nació en París el 1 de febrero de 1566. Sus padres, nobles, se llamaron Nicolás y María.

   Desde muy niña fue encomendada como interna a las Hermanas Menores de la Humildad de Longchamp para que recibiera una digna educación.

   Estimulada por el amor divino que ardía en su corazón, pronto concibió un entrañable tedio a todas las cosas de la tierra.

   Su madre juzgó que su hija mudaría de actitud obligándola a alternar en el mundo con lo más granado de la sociedad, pero, viéndola cada día más retraída, mudó de proceder tratándola con rigores y aspereza.

   Frustrados sus anhelos de vida religiosa, tuvo que acceder al deseo de sus padres tomando por esposo a Pedro Acarie, señor noble y cristiano con el que tuvo siete hijos.

   Se dedicó por entero a la educación de sus hijos y a ayudar a toda clase de necesitados.

   Fue muy apreciada por los hombres y mujeres más insignes de su tiempo.

   En 1601, leyendo las obras de Santa Teresa, se sintió inspirada para introducir en Francia la reforma de esta gran carmelita y así inició su fundación y consiguió la autoriazación real y la bula pontificia para construir el primer monasterio.

   Después de muchas dificultades, llegaron por fin de España seis carmelitas descalzas y entre éstas la sierva de Dios Ana de Jesús y la Beata Ana de San Bartolomé, iniciando en París la vida regular.

   Seguidamente cooperó nuestra beata en la fundación de Pontoise de Digione y de Amiens en el que vio con alegría ingresar a tres de sus hijas. Por todos es considerada como la «Madre y fundadora del Carmelo Teresiano en Francia».

   Fallecido su esposo en 1613, vio por fin llegado el momento de poder realizar sus anhelos de vida religiosa ingresando ella también como hermana conversa y eligiendo para esto el convento más lejano y más pobre que era el de Amiens donde vistió el hábito el 7.4.1614.

   Por su delicado estado de salud, el 7 de diciembre 1616 fue enviada al Carmelo de Pontoise, donde, confortada por el viático y por éxtasis y visiones celestiales, entregó su alma al Señor el 18 de abril 1618.

   El Papa Pío VI la beatificó el 5 de junio 1791.

   Su cuerpo reposa en la capilla del convento de Pontoise.

   Su fiesta se celebra el 18 de abril.

Buen modelo para casados y religiosos es nuestra Beata.

   En sus treinta años de vida matrimonial sólo pretendió corresponder a la gracia del Señor por el perfecto cumplimiento de sus deberes, probando así cómo los cónyuges pueden alcanzar la santidad en su estado.

   Demostró su adhesión a la Santa Sede cuando la herejía protestante se extendía por Francia y se prodigó moral y materialmente durante el asedio de Paris, ardiendo de celo por la salvación de las almas y manifestándose favorecida por Dios con gracias místicas extraordinarias. Su sobrino, el Cardenal de Berulle, la veneraba como madre y san Francisco de Sales fue su director espiritual y seguro consejero.

   Sobresalió siempre por Su vida de oración y por su celo en la propagación de la fe.

   Como religiosa, edificó constantemente por su plena sumisión, su espíritu de pobreza y su caridad con los enfermos.

   Favorecida por Dios con dones excepcionales, prefirió la sencillez en la práctica de las más sólidas virtudes comunes.

Sus enseñanzas

que las familias cristianas sean escuela de santidad.que seamos celosos apóstoles de nuestro mundo.que sepamos descubrir el valor insustituible de la oración.que nunca nos cansemos de hacer el bien a todos.

ORACIÓN

   Señor, tú concediste a la Beata María de la Encarnación, insigne propagadora del Carmelo teresiano, una fortaleza singular para servirte en los diversos estados de la vida cristiana y superar todas las dificultades; haz que también nosotros sepamos vencer todo obstáculo y nos mantengamos fieles en tu servicio, amándote con corazón sincero. Amén.

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SAN ANDRÉS HIBERNÓN, Fraile

El bienaventurado y fervorosísimo siervo de Dios, beato Andrés Hibernón nació en la ciudad de Murcia de padres pobres aunque eran hijosdalgo de Cartagena. Queriendo darle una carrera, le enviaron a unos tíos suyos que vivían en, Valencia; pero estos le hicieron guardar el ganado, en cuyo oficio llegó con admirable inocencia a la edad de veinte años.

Habiendo recibido ochenta ducados de manos de su tío, pensaba dotar con ellos a una hermana suya, pero como unos ladrones se los robasen, determinó  abrazar la Regla del Patriarca de los pobres y tomó el hábito de fraile lego en el convento de Élche para servir a Dios con extremada humildad, penitencia y desnudez, ejerciendo los oficios de portero, hortelano, refitolero y cocinero.

Cuan do andaba en las cosas de la cocina, maravillábanse los religiosos de que a pesar de verle casi siempre en oración guisa se tan bien los manjares, en los cuales hallaban un sabor tan delicado, que parecía del cielo. Tuvo después el cargo de limosnero, y era tanta la gracia del Señor con que pedía limosna por Jesucristo, que por su medio se pudo acabar la obra del monasterio de san Juan de Valencia, y el famoso noviciado de aquélla custodia, y más tarde el nuevo convento de Murcia llamado el Real de san Diego.

Convertía a los pobres que se llegaban a la portería para pedir limosna, curaba milagrosamente a los enfermos, interpretaba con soberana luz los lugares difíciles de la Sagrada Escritura, penetraba los secretos de los corazones, y hasta los cardenales Doria y Borja y el arzobispo de Valencia beato Juan de Ribera, le veneraba como a santo. Morando en Gandía, y entendiendo que le llegaba el día y la hora de pasar de esta vida, barrió con extraordinario aseo los claustros y corredores por donde había de pasar el Señor, a quien recibió por viático, y clavando los ojos en la imagen de Jesucristo crucificado, murió tranquilamente a los cincuenta y ocho años de edad. Tres días estuvo el santo cuerpo recibiendo los obsequios de los fieles de Gandía, sin que se oyesen en el templo otras voces que las aclamaciones de los que le llamaban santo, y las alabanzas de los enfermos que repentinamente alcanzaban la salud, por los méritos del siervo de Dios.  

REFLEXIÓN

Ahí tienes un pobrecillo fraile lego de San Francisco, despreciable a los ojos del mundo, pero muy apreciable, grande y glorioso a los ojosde Dios. ¡Oh! si entendieses en qué está la verdadera grandeza! ¡Cuán poca estima hicieras de las vanidades del mundo! ¡Oh si considerases que también ha de llegar un día para ti, en el cual no se hará ningún caso de tus riquezas, de tus honras y talentos, sino solamente de tus virtudes, y buenas obras! Este es el secreto de la sabiduría de Dios que nos enseñó su Hijo Unigénito: La verdadera grandeza es para los humildes; el reino de los cielos es para los pobres de espíritu y el gozo de Dios es para los que toman la cruz y siguen a Jesucristo. La sabiduría del mundo piensa y siente todo lo contrario: y por esta causa dice el apóstol, que «la sabiduría de este siglo es necedad delante de Dios».

ORACIÓN

   Oh Dios, que nos alegras con la solemnidad anual de tu confesor el bienaventurado Andrés, concédenos propicio, que los que veneramos su nacimiento para el cielo, imitemos también sus virtuosas acciones. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SAN ELEUTERIO, Obispo y Mártir

18 de abril

Todo aquél que comete pecado
es esclavo del pecado.
(Juan, 8, 34)

 Las numerosas conversiones que obró este santo obispo en Iliria excitaron contra él el odio de los paganos, que lo denunciaron a los magistrados. Detenido y conducido a Italia, fue asado en una parrilla, colocado después en un lecho de hierro calentado al rojo y, por fin, sumergido en una caldera de aceite y pez hirviendo. Como saliera sano y salvo de todos estos suplicios fue arrojado a los leones, que no le hicieron ningún mal. Finalmente, fue golpeado con varas hasta que murió a la vista de su madre, Santa Antea, y fue al cielo a gozar de la libertad de los hijos de Dios, libertad que ya presagiaba su nombre Eleuterio, es decir, hombre libre.  

  MEDITACIÓN
SOBRE LA LIBERTAD DE LOS 
SERVIDORES DE DIOS

I. No existe servidumbre más cruel que la de los libertinos e impíos: se dicen libres y gimen bajo la más vergonzosa de las esclavitudes: la del pecado. Tantos tiranos tienen cuantas pasiones; están cargados con tantas cadenas como vicios y malas costumbres tienen. Viene la pasión y dice: Eres mío. Vienen todos los vicios y dicen: Eres mío. ¡Qué vil esclavo es quien obedece a tantos señores!(San Ambrosio) .

  II. Verdaderamente es libre quien sirve a Dios y le obedece, pues no tiene entonces sino un solo Señor, el cual nada ordena que no esté de acuerdo con la razón y que no sea para nuestro mayor bien. El servicio voluntario y razonable que le rendimos nos libra de la vergonzosa tiranía del demonio, del pecado y de nuestras pasiones. ¡Ah! si mi libertad es un bien inestimable, si es el mayor de todos los tesoros, ¿a quién lo sacrificaría mejor que a Vos, Dios mío, que me la habéis dado? Obedecer a Dios, es ser libre.

III. Para gozar de una entera y perfecta libertad en este mundo, no se ha de temer ni amar sino a Dios. Todos los suplicios, todas las aflicciones imaginables, todos los placeres y todas las grandezas del mundo, no podrán obligarte a cometer la más mínima falta. De cuántas penas, temores y dolores te librarías, si grabases profundamente en tu espíritu este pensamiento: ¡No temer sino a Dios, no amar sino a Dios! El malo no puede ser libre. (Séneca).

El perdón de las injurias
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, mirad nuestra flaqueza y cómo nos agobia el peso de nuestras obras y fortificad nos por la gloriosa intercesión de San Eleuterio, vuestro mártir.  Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed.ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

17 de abril

San Aniceto, Papa y Mártir
Beato Rodolfo de Berna, Mártir
Beata Ana María de Jesús, Virgen
Beata Clara de Pisa, Viuda
San Esteban Harding, Abad
San Inocencio de Tortona
San Roberto de Chaise-Dieu, Abad
Beato Everardo de Marchthal, Abad

BEATA CLARA DE PISA, Viuda

17 de abril

La Beata Clara era hija de Pedro Gambacorta, quien llegó a ser prácticamente al amo de la República de Pisa. Clara nació en 1362; su hermano, el Beato Pedro de Pisa (17 de junio), era siete años mayor que ella. Pensando en el futuro de su hijita, a la que la familia llamaba Dora, apócope de Teodora, su padre la comprometió a casarse con Simón de Massa, quien era un rico heredero, aunque la niña sólo tenía siete años. No obstante su corta edad, Dora solía quitarse, durante la misa, el anillo de esponsales y murmuraba: «Señor, Tú sabes que el único amor que yo quiero es el tuyo».

Cuando sus padres la enviaron, a los doce años de edad, a la casa de su esposo, ya había empezado la joven su vida de mortificación. Su suegra se mostró amable con ella; pero, cuando advirtió que era demasiado generosa con los pobres, le prohibió la entrada en la despensa de la casa. Deseosa de practicar de algún modo la caridad, Dora se unió a un grupo de señoras que asistían a los enfermos y tomó a su cargo a una pobre mujer cancerosa. La vida de matrimonio de Dora duró muy poco tiempo; tanto ella como su esposo fueron víctimas de una epidemia, en la que su marido perdió la vida.

   Como la beata era todavía muy joven, sus parientes intentaron casarla de nuevo, pero ella se opuso con toda la energía de sus quince años. Una carta de Santa Catalina de Siena, a quien había conocido en Pisa, la animó en su resolución. Dora se cortó los cabellos y distribuyó entre los pobres sus ricos vestidos, cosa que provocó la indignación de su suegra y de sus cuñadas. Después, con la ayuda de una de sus criadas, se las arregló para tramitar en secreto su entrada en la Orden de las Clarisas Pobres.

Cuando todo estuvo a punto, huyó de su casa al convento, donde recibió inmediatamente el hábito y tomó el nombre de Clara. Al día siguiente, sus hermanos se presentaron en el convento a buscarla; las religiosas, muy asustadas, la descolgaron por el muro hasta los brazos de sus hermanos, los cuales la condujeron a su casa. Ahí estuvo Clara prisionera durante seis meses, pero ni el hambre, ni las amenazas consiguieron hacerla cambiar la resolución. Finalmente, Pedro Gambacorta se dio por vencido y no sólo    permitió a su hija ingresar en el convento dominicano de la Santa Cruz, sino que prometió construir un nuevo convento.

Ahí conoció Clara a María Mancini, que era también viuda e iba a alcanzar un día el honor de los altares. Los escritos de Santa Catalina de Siena ejercieron profunda influencia en las dos religiosas, las cuales, en el nuevo convento, fundado por Gambacorta en 1382, consiguieron establecer la regla en todo el fervor de la primitiva observancia. La  Beata Clara fue primero subpriora y luego priora del convento, del que partieron en lo sucesivo muchas de las santas religiosas destinadas a difundir el movimiento de reforma en otras ciudades de Italia. Hasta el día de hoy, se llama en Italia a las religiosas de clausura de Santo Domingo «Las hermanas de Pisa».  En el convento de la beata reinaban la oración, el trabajo manual y el estudio. 

 El director espiritual de Clara solía repetir a las religiosas: «No olvidéis nunca que en nuestra orden hay muy pocos santos que no hayan sido también sabios».   Clara tuvo que hacer frente, durante toda su vida, a las dificultades económicas, pues el convento exigía constantemente alteraciones y nuevos edificios. A pesar de ello, en una ocasión en que llegó a sus manos una cuantiosa suma que hubiese podido emplear en el convento, prefirió regalar para la fundación de un hospital.

Pero las virtudes en que más se distinguió fueron, sin duda, el sentido del deber y el espíritu de perdón, que practicó en grado heroico. Giacomo Appiano, a quien Gambacorta había ayudado siempre y en quien había puesto toda su confianza, le asesinó a traición, cuando éste se esforzaba por mantener la paz en la ciudad. Dos de sus hijos murieron también a manos de los partidarios del traidor. Otro de los hermanos de Clara, que consiguió escapar, llegó a pedir refugio en el convento de la beata, seguido de cerca por el enemigo; pero Clara, consciente de que su primer deber consistía en proteger a sus hijas contra la turba, se negó a introducirle en la clausura.

Su hermano murió asesinado frente a la puerta del convento, y la impresión hizo que Clara enfermase gravemente. Sin embargo, la beata perdonó tan de corazón a Appiano, que le pidió que le enviase un plato a su mesa para sellar el perdón, compartiendo su comida. Años más tarde, cuando la viuda y las hijas de Appiano se hallaban en la miseria, Clara las recibió en el convento.

   La beata sufrió mucho hacia el fin de su vida. Recostada en su lecho de muerte, con los brazos extendidos, murmuraba: «Jesús mío, heme aquí en la cruz». Poco antes de morir, una radiante sonrisa iluminó su rostro, y la beata bendijo a sus hijas presentes y ausentes. Tenía, al morir, cincuenta y siete años. Su culto fue confirmado en 1830.

Robert Quardt: Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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