El misterio del Anticristo según la Tradición

Asunto grave y de suma vigilancia para las almas nos ocupa hoy hermanos. El misterio del Anticristo es una de las verdades más solemnes de la esjatología católica. San Pablo ya nos advertía en su Segunda Epístola a los Tesalonicenses sobre el mysterium iniquitatis (el misterio de la iniquidad) que ya está en marcha, pero que al final de los tiempos se manifestará de forma corpórea, personal y espantosa.

Monseñor Juan Straubinger, bebiendo de las fuentes puras de los Santos Padres (como San Agustín, San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino), nos ofrece una visión profundamente teológica, alejada de las fantasías novelescas del mundo moderno.

Analicemos este misterio según la Tradición de nuestra Santa Madre Iglesia en tres grandes verdades doctrinales:

  1. Su naturaleza: Un hombre real, no un mero símbolo

Contra los errores modernistas que pretenden reducir al Anticristo a una simple «idea del mal» o a un sistema político abstracto, la Tradición de la Iglesia enseña unánimemente que el Anticristo será una persona humana real y concreta.

  • El instrumento de Satanás: No será una encarnación del demonio (pues solo el Hijo de Dios se encarnó), sino un hombre de carne y hueso que, por su libre voluntad, se entregará por completo al influjo satánico. San Alberto Magno y Santo Tomás lo llaman «la cabeza de todos los malvados».

  • Los nombres bíblicos: San Juan lo llama el Anticristo (1 Jn 2, 18); San Pablo lo titula el Hombre de pecado, el Hijo de la perdición o el Inicuo (2 Tes 2); y en el Apocalipsis se le profetiza como la Bestia que sube del mar (Apoc 13), representando el poder político mundial divinizado.

  1. Su estrategia: La suprema imitación de Cristo (El Gran Engaño)

La palabra «Anticristo» tiene un doble significado en el griego bíblico: el que está en contra de Cristo, pero también el que se pone en lugar de Cristo. El gran peligro de este personaje no será su crueldad exterior, sino su capacidad de seducción espiritual.

  • Falsa santidad y filantropía: No se presentará como un monstruo evidente, sino como un genio político, un pacificador universal y un «redentor» de los problemas materiales de la humanidad (el hambre, la guerra, la crisis económica). Buscará resolver los problemas del hombre sin Dios.

  • Falsos milagros: Ayudado por la Segunda Bestia (el Falso Profeta, que representa una falsa religión universal o una iglesia apóstata), obrará prodigios y señales mentirosas mediante las artes sutiles de los demonios, para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos (Mt 24, 24).

  • Exigencia de adoración: Sentándose en el templo de Dios, se mostrará a sí mismo como si fuera Dios (2 Tes 2, 4). Exigirá una sumisión total, tanto política como espiritual, simbolizada en la imposición de la «marca de la Bestia», sin la cual nadie podrá comprar ni vender. Esto representa el control absoluto sobre las almas a través de las necesidades materiales.

  1. Las condiciones previas: La Apostasía Universal

Monseñor Straubinger insiste con vehemencia en sus notas en que el Anticristo no puede aparecer de la nada. El terreno debe ser preparado. San Pablo señala el cronograma divino: “No vendrá sin que antes venga la apostasía” (2 Tes 2, 3).

  • La pérdida de la Fe: El eclipse de la fe católica en las naciones que antes eran cristianas. Se mantendrán quizás las formas externas o un vago sentimentalismo humanitarianista, pero se rechazará la Cruz, el dogma y el reinado social de Jesucristo.

  • La retirada del «Obstáculo» (El Katéchon): Los Santos Padres y la exégesis tradicional han debatido largamente sobre qué es aquello que «retiene» la manifestación del Anticristo (2 Tes 2, 7). La Tradición suele identificarlo con el orden social cristiano, el imperio de la ley moral y, de manera mística, la presencia del Santo Sacrificio de la Misa y el magisterio firme de la Iglesia. Cuando este dique se rompa por completo, el abismo de la iniquidad se abrirá.

La Consolación Final: Su destrucción inminente

Hermanos, la Tradición jamás nos habla del Anticristo para infundirnos terror, sino para movernos a la penitencia y a la confianza absoluta. Su reinado será feroz, la persecución más terrible que haya sufrido la Iglesia militante, pero será extremadamente breve (la Escritura habla místicamente de tres años y medio: un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo).

El desenlace está escrito y es glorioso: Nuestro Señor Jesucristo lo destruirá con el soplo de su boca y lo manifestará nulo con el resplandor de su Venida (Parusía).

Mantengámonos, pues, firmes en la doctrina de siempre, frecuentemos el tribunal de la Penitencia (la Confesión), alimentémonos dignamente con la Santa Eucaristía y refugiémonos bajo el manto de la Santísima Virgen María, que aplastará la cabeza de la serpiente.

Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.

 

 

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