Decimos lo que otros callan

Silencio

5 noviembre, 2015

El otro día en una parroquia escuchaba como celebraban con gran algarabía el resultado del sínodo, era una Iglesia de corte progresista. Al día siguiente lo mismo en una de corte tradicional y esto me llevó a pensar, sin necesidad de ser Einstein, que todo el mundo está “feliz como una perdiz”. Independientemente de que nuestro párroco vista de camisa de cuadros o lo haga de clerygman, el Santo Padre posee un punto de vista sobrenatural para entusiasmar a todos por igual. Si tienen duda de lo que les digo, pueden ojear las distintas publicaciones digitales que se denominan “religiosas”. Salvo nuestra página, en las demás, si es que las leen, podrán Uds. constatar lo que les estoy diciendo, no es extraño encontrar titulares como el siguiente, “En el sínodo ha triunfado el magisterio de la Iglesia, la doctrina no ha cambiado”, cabe pensar o que no han leído jamás el catecismo o que reciben un sueldo extra por aleccionar en la mentira. No obstante, mi recomendación principal, es que si quieren la verdad y desean fervientemente continuar fieles a la Iglesia de Jesucristo, no se muevan de aquí, de nuestra página, como figura en nuestro encabezado, “decimos lo que otros callan”.

¿Saben cual ha sido el resultado del sínodo? Nuestro Señor 177 veces escupido por cada uno de los votantes, 177 veces, golpeado y azotado por cada mano que se levantó en el sínodo, 177 veces la chusma, que somos nosotros mismos, grita: “crucifícalo”, 177 veces el costado de Nuestro Señor es traspasado. 177 veces que nuestros Jerarcas miran para otro lado, y permiten que vuelvan a crucificar a Jesús… Y nosotros, que somos fieles a la Iglesia de Jesucristo ¿vamos a seguir guardando silencio como corderos degollados? No, no y mil veces no, estamos en las catacumbas, pero no muertos.

Este es el número de la felicidad: 177. El número mínimo de votos para que un texto fuera incluido en la relatio final….Mis queridos amigos, 177 veces que Uds. y yo decimos: “que asco”. ¿Y saben que va a pasar en breve, en apenas dos semanas? Qué ya nadie dirá nada, todos habremos transigido a la entrada del demonio, a la pulverización de nuestros Sacramentos, en menos de un mes todo se verá como normal y fruto de los tiempos que vivimos. En menos de dos meses, si es que esto no está sucediendo ya, la gente que vive en pecado mortal, serán ministros extraordinarios de la Comunión.

No se dejen engañar, toda esta basura es algo que venimos arrastrando desde antaño, todo esto a lo que parece que el sínodo le ha dado semáforo verde, ya fue aprobado incluso anteriormente al huracán Concilio Vaticano II. Desde mucho antes, los matrimonios ya planifican el número de hijos que quieren tener, amparados por la Santa Madre Iglesia utilizando lo que denominan métodos píos, sobra decir más. ¿Qué se espera de un matrimonio Cristiano en el lecho conyugal? para aclararlo, me remito a las sabias y hermosas palabras de Monseñor Fellay, recordando la encíclica Casti Connubii de Pío XI, sobre el matrimonio y que pueden consultar en nuestra web.

“El matrimonio de los bautizados es un sacramento, ya que Cristo lo elevó a esta dignidad; por lo tanto, el matrimonio y la familia son de institución divina y natural. El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, que ninguna voluntad humana podría excluir realizando actos que le son opuestos.”
(Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X)

Si Uds. se preguntan que actos le son opuestos, digamos que tachar y contar días sobre un calendario está muy lejos de ser los planes de Dios sobre nosotros, no me imagino a los padres de Teresita en tamaña situación. No obstante, esto es lo que se inculca en muchos cursos prematrimoniales, Santidad marital. Obviamente cuando en las Parroquias se lleva años hablando con naturalidad sobre los distintos métodos anticonceptivos, la planificación familiar natural es vista, casi, como un sacramental

“Ahora pues, Señor, Tú sabes que no llevado por lujuria tomo a esta mi hermana por esposa, sino por el solo deseo de tener hijos en los que sea bendito tu nombre por los siglos de los siglos
(Tobías 8,9)

Hoy en día, cuando se escucha la palabra matrimonio, parece que lleva implícita una serie de cláusulas vinculantes: sexo sin fin, placer a mansalva, divorcio y lujuria. Esta semana le escuchaba a una señora de cierta edad decir, con relación al divorcio, “es ley de vida” y tan ancha se quedó. A esto nos han llevado, a ver con naturalidad lo que no lo es. Me llamaba la atención una noticia que leía en la prensa y que hacía referencia a que en un ayuntamiento español se van a realizar “bautizos” y “comuniones” civiles y nuestro clero se echaba las manos a la cabeza con esta absurda ocurrencia de un político desnortado, pero seamos realistas, ¿no nos hemos cargado nosotros mismos los Sacramentos? ¿No son los que se asombran, los mismos que aplauden lo que ha sucedido en el sínodo? No seamos hipócritas, por favor. Desde el momento en que un amancebado se acerca a Comulgar sin necesidad de confesarse, arrepentirse y rectificar de su vida de pecado y que esto aún encima es aplaudido por la mayoría de los Católicos, es que ya hemos pisoteado los Sacramentos y nos extrañará que haya “comuniones civiles” cuando dentro de nuestros templos la gente se acerca a recibir al Señor como quién se pone en la cola de frutería, sin conciencia de que ahí está el mismo Dios. ¿De qué nos pasmamos? Si es todo una mediocridad sin precedentes, la gente vive ajena a Dios, les da igual que les pongan delante la Santísima Hostia que la Constitución, triste pero cierto, esto es lo que hay. Casi hay que aplaudir la iniciativa del ayuntamiento, por lo menos vamos expulsando herejes de nuestros templos.

Este es el mundo en el que vivimos y esta es la Iglesia actual, gente que entra y sale sin saber ni siquiera dónde está el Sagrario, sin conocimiento de lo que es vivir en Gracia de Dios, al fin y al cabo ateos formados en el catecismo parroquial a la luz del Concilio Vaticano II, esta es la realidad, desgraciadamente apoyada por parte de nuestro clero. Se atribuían estos días unas palabras al Santo Padre, “todos los divorciados que lo pidan, serán admitidos a los sacramentos”, real o no que las haya dicho al periodista Scalfari, esto es lo que se ha propagado en el llamado sínodo de la familia.

¿Qué está pasando en nuestra Iglesia? Hace unos días el Santo Padre no daba la bendición por respeto a otras religiones, se habla de la ordenación de mujeres, nos presentan como normal las uniones homosexuales, los recasados comulgando como quien toma el vermouth los domingos, los matrimonios planificando el número de hijos, un Papa que habla de una conversión del papado…Uf, ¿Esta es la Iglesia de Jesucristo? Venga Dios y lo vea.

Y después de escuchar, leer y ver todo esto, los pocos que nos mantenemos fieles al Señor, nos preguntamos ¿Qué debemos hacer ante esta catástrofe de consecuencias devastadoras? ¿Qué va a pasar con nuestras almas?… ¿Quieren salvarse y salvaguardar su interior de la podredumbre que nos asola? El Señor en su infinita misericordia nos lo pone bien fácil a los que de verdad lo amamos, es muy sencillo, mantengámonos fieles a la Tradición. ¿Saben lo que sucede con esas fotos que nos hacemos con una prenda muy de moda? Que cuando pasan unos años pensamos en lo ridículos que estábamos y en como es posible que nos pudiéramos poner algo tan irrisorio. ¿Verdad que no sentimos lo mismo al ver aquellas hermosas fotografías en blanco y negro de nuestros abuelos? ¿Saben por qué? Porque la pureza es atemporal, la verdadera belleza que sale del interior y la delicadeza no pasa de moda y al igual que esos retratos que mantienen su candidez con el paso de los años, nosotros igualmente debemos luchar por conservar así nuestra alma y para ello debemos arraigarnos a la enseñanza tradicional de la Iglesia. Qué sea nuestro objetivo diario estar con Jesús en el Sagrario, hacer lecturas piadosas de grandes Santos, mantener las normas de piedad, rezar el Santo Rosario, releer el Catecismo de S Pío X, mantenernos firmes al Evangelio de Jesucristo y no abandonar los Sacramentos, la Confesión frecuente de nuestras faltas y pecados nos hará reforzar nuestro interior, para ofrecerle al Señor un alma pura y en Gracia en el momento de recibir la Santa Comunión. Hagámoslo como Él lo merece, de rodillas y en la boca, reconociendo ante nosotros al Creador. Luchemos por el cielo, ¡Vale la pena!

“En la Historia Eclesiástica aprenderá el fiel a conocer y evitar a los enemigos de la Iglesia y de su fe. En el transcurso de los siglos se hallará con asociaciones o sociedades tenebrosas y secretas, que con varios nombres se fueron organizando, no ya para glorificar a Dios eterno, omnipotente y bueno, sino para derribar su culto y sustituirlo (cosa increíble, pero verdadera) por el culto del demonio. No se maravillará de que los legítimos sucesores de San Pedro, sobre quien fundó Jesucristo su Iglesia, hayan sido y aun sean al presente, objeto de aborrecimiento, de escarnio y aversión por parte de los herejes e incrédulos, debiendo asemejarse más al divino Maestro que dijo: Si a Mí me han perseguido también a vosotros os perseguirán. Pero la verdad que verá deducirse de la historia, es ésta; que los primeros Papas por varios siglos fueron justamente ensalzados al honor de los altares, habiendo muchos entre ellos que derramaron su sangre por la fe, que casi todos los demás brillaron por sus egregias dotes de sabiduría y virtud, siempre atentos a enseñar, defender y santificar al pueblo cristiano, siempre pronto, como sus predecesores, a perder la vida por dar testimonio de la palabra de Dios. ¿Qué importa (desgraciadamente también entre los doce hubo un Apóstol malvado), qué importa que entre tantos haya habido muy pocos menos dignos de ascender a la Suprema Sede, donde toda mancilla parece gravísima? Dios lo permitió para dar a conocer su poderío en sostener a la Iglesia, conservando a un hombre infalible en la enseñanza, aunque falible en su conducta personal.”
(Catecismo de S Pío X)

Sonia Vázquez

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

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