Misa por el primer aniversario de la muerte del padre Jorge Loring, S. J.

El padre Loring hablaba claro, con pasión, firmeza y una sonrisa frecuente

El padre Loring hablaba claro, con pasión, firmeza y una sonrisa frecuente

HOY a las ocho en la iglesia de Santiago de Cádiz se celebra una misa por el primer aniversario de la muerte del padre Jorge Loring, S. J. Darnos con un funeral justo a la vuelta de Navidad puede resultar chocante: una ducha escocesa -calor, frío- del espíritu. Pero no se trata de una extravagancia. El santoral, tras el 25, celebra a San Esteban, que no murió apaciblemente en la cama, sino apedreado. El protomártir, está justo aquí, hoy, para recordarnos que todo anda muy entrelazado y que la verdadera Navidad cristiana no es una fiesta blanda ni sentimentaloide. Lo supieron los poetas del Siglo de Oro, que escribían villancicos tremendos, por su calidad, por supuesto, pero también por sus conceptos: “Las pajas del pesebre,/ Niño de Belén,/ hoy son flores y rosas,/ mañana serán hiel”.

Teorías aparte, el padre Loring murió el mismo día de Navidad, así que es ahora cuando toca su funeral. La fecha, para un sacerdote tan ortodoxo y amigo de los símbolos, impresiona. Para los santos el día de la muerte es el dies natalis y a él le coincidió con el de la Natividad, nada menos.

Eso con respecto al día. Para explicar por qué tiene una dimensión pública y le dedico un artículo no hace falta más que recordar que, de los 92 años de vida del padre Loring, que había nacido en Barcelona, buena parte los pasó en Cádiz. No es extraño, pues, que lo nombrasen hijo adoptivo de la ciudad, aunque hubiese sido más exacto nombrarlo padre adoptivo. Sus libros de inmenso éxito, sus vibrantes conferencias, sus homilías exactas y sus días de confesionario fueron innumerables y fructíferos.

Para Salvarte

Yo lo traté poco. Una vez lo acerqué a su casa, llevándole una maleta enorme, pero no me echó ni cuenta, apasionadamente conversando con mi mujer de mi familia política, mientras yo hacía (por detrás) de porteador. Siempre me impresionó su aire y devoción, amén de cierta deportividad. Como buen jesuita, era un soldado de Cristo, pero su imagen era, encantadora, la de un gentleman de Cristo. Encarnaba a los jesuitas de la historia y de la literatura, que por mi edad y por los cambios de la Compañía, ya no conocí. Fue un privilegio poder asomarme a tan prestigiosa y novelesca ventana.

P. Jorge Loring
Me dio de comulgar muchas veces y eso deja una deuda infinita con las manos y la vocación de un sacerdote. Entre las celebraciones de esta Navidad, ocupa un lugar de honor el funeral del padre Loring, sin lugar a dudas.

120810 - Jorge Loring

ENRIQUE / GARCÍA-MÁIQUEZ | ACTUALIZADO 26.12.2014 – 01:00

Tomado de:

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1927981/loring/sj.html

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