La ofensiva jesuita

Bebe

3 noviembre, 2015

Comienzo agradeciendo a los muchos jesuitas ejemplares que he conocido, varios de los cuales fueron mis profesores durante la enseñanza primaria y secundaria, y asimismo a tantos abnegados y fieles sacerdotes y hermanos de la Compañía de Jesús, con los que he tenido la gracia de trabajar apostólicamente a lo largo de los años.

Empero, no sería justo que por mi admiración a la Compañía, y en particular por mi aprecio y gratitud a varios de sus miembros y sus obras, incluyera a todos los jesuitas en esa admirada reputación, ya que bastantes de sus miembros, en las últimas décadas, han promovido bajo la apariencia de una «nueva teología» el modernismo, la teología de la liberación incluida la de corte marxista, y últimamente la abyecta ideología de género, dejando en claro que aún hoy en día, también muchos miembros de dicha Orden se mantienen fieles a la ortodoxia.

Verificado el Concilio Vaticano II, una descomposición litúrgica, doctrinal y pastoral devino en la Iglesia católica -una oscura rebelión– alentada principalmente por los teólogos de la liberación, y desarrollada pastoralmente desde las Comunidades Eclesiales de Base, coadyuvados por los «Cristianos por el Socialismo»: «proceso en el que la Compañía tiene mayor responsabilidad histórica en esta oscura rebelión de la Iglesia Católica contemporánea, por su especial preparación, por su gloriosa ejecutoria y por su voto específico de obediencia al Papa» (Ricardo de la Cierva, Oscura rebelión en la Iglesia).

El jesuita chileno Felipe Berríos considera «que la despenalización del aborto, proyecto que impulsa el Gobierno (chileno) en 3 casos específicos, merece una discusión abierta y sin descalificaciones, enfatizando que hay diferencias en lo que se considera el inicio de la vida».

«El problema se nos presenta en que cuando esa vida pasa a ser persona (…) ¿cuándo esas células vivas humanas pasan a ser persona? Porque si pasan a ser persona, ese ser humano tiene derechos, y el Estado debe defender sus derechos, como también tiene que defender los derechos de la madre», según lo afirmó en una entrevista radial a la emisora chilena Cooperativa.
De la misma forma la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia estuvo en el escenario de la polémica al expresar reiteradamente el jesuita Carlos Novoa, teólogo, filósofo y médico, su apoyo al aborto en Colombia, «postura personal» avalada por el también sacerdote jesuita y Rector de dicha otrora prestigiosa universidad, Padre Joaquín Emilio Sánchez García.
«Nueva teología del aborto», defendida por Berríos, Novoa y otros jesuitas, que tuvo su génesis en el jesuitismo francés:
«En el coloquio público sobre el aborto referido en Le Monde de 19 de enero de 1973, el padre Roqueplo declara que es dudoso que la vida del embrión sea una vida humana. El padre Ribes sostiene que dada esa duda no solamente no se tiene el deber, sino tampoco el derecho de hacerlo nacer».

Errónea antropología derivada del marxismo, como afirma Romano Amerio: «y al igual que éste hace de la persona una relación. Ahora bien, aunque ciertamente la persona está en relación con las cosas y con las personas en el mundo, en sí misma no es una relación: está constituida como ente antes de entrar en relación conforme a su ser».

Entre otros el jesuita español Jon Sobrino, al cual la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe notificó señalando que su exposición «puede derivar en un daño grave para los fieles», de quién otro jesuita, el Padre Bertrand de Margerie, afirmó: «Sobrino hace de Jesús un «ignorante de Dios, un buscador de Dios» cuando escribe frases igualmente incompatibles con la fe católica en la divinidad de Jesús, como esta: «la ignorancia de Jesús en cuanto a los deseos de Dios no son, por tanto,  solamente manifestaciones de lo que hay de verdaderamente humano y por tanto de limitado en la experiencia de Jesús como servidor; son igualmente las condiciones que hacen posible la experiencia de Dios en tanto que Dios».

Andrés Aubry otro connotado miembro de la Compañía, de origen francés, fungió como ideólogo de la denominada «Iglesia autóctona», en la sureña diócesis mexicana de San Cristóbal de las Casas, ubicada en el estado de Chiapas «que provocó una profunda ruptura eclesial», en muchos países jesuitas han sido la punta de la lanza para la inyección progresista.
Así podríamos añadir muchos más. Sólo citemos unas afirmaciones del más visible jesuita de hoy el Padre Adolfo Nicolás, prepósito general de la Compañía de Jesús: «Puede haber más amor cristiano en una unión canónicamente irregular que en una pareja casada por la Iglesia», refiriéndose al Sínodo de la familia que tuvo lugar recientemente en la Ciudad del Vaticano, en entrevista registrada por la web Loiola XXI .

El P. Nicolás S.J., señaló también que los obispos no habían sido convocados «para insistir en ideas abstractas a golpes de doctrina, sino para buscar soluciones a cuestiones concretas», añadiendo que «el Sínodo estaría completando el Concilio».

¿Qué era lo que esperaba el Superior General de 18 mil religiosos presentes en 112 naciones?

La Compañía de Jesús desde que fuera establecida por el gran San Ignacio de Loyola, ha tenido en el seno de la Iglesia Católica un descollante papel, «considerada por los católicos y por los adversarios del catolicismo como una de las interpretaciones más auténticas del catolicismo, y casi el brazo armado de la Iglesia Romana».

«En realidad los Jesuitas infundieron en la Iglesia una potente vitalidad, proponiéndose organizar todo el género humano y dirigir toda la tierra al cielo; o más bien someter, con tal intento, todas las partes de la enciclopedia y todas las ramas de la convivencia social. La mira teotrópica predominó en la obra; pero al buscar la siempre difícil armonía dialéctica entre los dos mundos, los Jesuitas se inclinaron a veces más por hacer a la religión amiga de la naturaleza humana (en cuanto buena y creada por Dios) que por contraponerla a ella (en cuanto corrompida y contumaz)».

En efecto, desde el Concilio Vaticano II hasta la verificación del reciente Sínodo de Obispos, la Compañía de Jesús había trastocado su rumbo apostólico en una ofensiva dispuesta a transar con el mundo, para acomodar la fe y doctrina al mismo.
A sus discípulos Cristo les presenta dos caminos: el verdadero, el del Evangelio, que se recorre con la cruz y que lleva a la vida, y el sendero falso de un falso Evangelio, que intenta eludir la cruz y que lleva a la muerte: «Ahí están los dos bandos con los que a diario nos encontramos: el de Jesucristo y el del mundo» (Montfort, Carta a los amigos de la Cruz). También en estos tiempos marcados por la confusión, la indisciplina, la división y la persecución.

Una batalla entre la verdad y la mentira, entre Cristo y el Diablo, normalmente invisible e inaudible, pero real, que se verifica año tras año, siglo tras siglo, día tras día: es en realidad una lucha espantosa, sangrienta, indeciblemente dura y cruel, y al mismo tiempo grandiosa, maravillosa, llena de la gloria del poder de Cristo Rey, el Salvador del mundo.

Cuando miramos al hombre de hoy y su actuación, todo nos indica que Dios ya no está en el corazón de las personas, y por tanto, tampoco en el de la familia ni puede permanecer en la sociedad, y donde no está Dios, comienza el infierno, porque lo bueno sólo puede germinar del bien, y sólo Dios es bueno.

La expulsión de Dios de los corazones de las personas, del mundo que las rodea y de la sociedad, genera un espacio vacío, desierto y sin sentido, que muchas veces vienen a llenarlo una «religión del sentimiento», el ocultismo, las sectas, las ideologías, que convierten a las personas en parásitos de la fe, «porque de creyentes sólo tienen la apariencia externa, mientras que interiormente son ateos».

Germán Mazuelo-Leytón


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Germán Mazuelo
-Leytón es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Miembro de la Fundación «Vida y Familia» de su diócesis. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

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