Salmo 108 (109)

«Vendido por tan módica cantidad, Jesucristo viene a ser el precio de la redención de todos los pecadores y de todo el universo. Judas, por haber vendido al Salvador por treinta dineros, y los judíos por haberlo comprado, son unos y otros heridos por Dios con las treinta maldiciones enumeradas en el salmo 108 por el real profeta» (A Lápide).

 

Oración imprecatoria contra los maldicientes

1*Al maestro de coro. De David. Salmo.

Oh Dios, Gloria mía, no enmudezcas,

2porque bocas impías y dolosas

se han abierto contra mí

y me hablan con lengua pérfida.

3*Me asedian con odiosos discursos,

me combaten sin motivo.

4*Por lo que me debieran amar, me acusan,

y yo hago oración.

5*Me devuelven mal por bien,

y odio a cambio de mi amor.

6*Ponlo bajo la mano de un impío,

con el acusador a su derecha.

7*Cuando se le juzgue, salga condenado,

y su oración sea pecado.

8*Acórtense sus días,

y otro reciba su ministerio.

9Que sus hijos queden huérfanos

y viuda su mujer.

10Anden sus hijos mendigando, errantes,

arrojados de sus casas destruidas.

11El usurero aseche todos sus bienes,

y sea presa de los extraños

el fruto de su trabajo.

12Nadie le muestre misericordia

y ninguno se compadezca de sus huérfanos.

13Sea su posteridad entregada al exterminio,

extíngase su nombre

en la primera generación.

14*La culpa de sus padres

sea recordada [por Yahvé],

y el pecado de su madre no se borre.

15Estén siempre ante los ojos de Yahvé,

para que Él quite de la tierra su memoria;

16*pues no pensó en usar de misericordia,

sino que persiguió al infortunado, al pobre,

al afligido de corazón,

para darle el golpe de muerte.

17*Amó la maldición. ¡Cáigale encima!

No quiso la bendición. ¡Apártese de él!

18Se revistió de maldición como de una túnica;

y le penetró como agua en sus entrañas,

y como aceite en sus huesos.

19Séale como manto que lo cubra,

y como cinto con que siempre se ciña.

20*Tal pago tengan [de Yahvé]

los que me acusan

y los que profieren maldiciones contra mí.

21*Mas Tú, Yahvé, Señor mío, haz conmigo

según la gloria de tu Nombre;

sálvame,

pues tu bondad es misericordiosa.

22*Porque yo soy un infortunado y pobre,

y llevo en mí el corazón herido.

23Como sombra que declina,

me voy desvaneciendo;

soy arrojado como la langosta.

24Mis rodillas vacilan,

debilitadas por el ayuno,

y mi carne, enflaquecida, desfallece.

25Y he venido a ser el escarnio de ellos;

me miran, y hacen meneos de cabeza.

28Ayúdame, Yahvé, Dios mío,

sálvame conforme a tu misericordia.

27Y sepan que aquí está tu mano,

y que eres Tú, Yahvé, quien lo ha hecho.

28*Que ellos maldigan, pero Tú bendíceme.

Véanse confundidos

los que contra mí se levantan,

mas alégrese tu siervo.

29Sean cubiertos de ignominia

los que me acusan,

y envueltos en su confusión

como en un manto.

30*Mi boca rebosará de alabanzas a Yahvé;

en medio de la gran multitud

cantaré sus glorias;

31*porque Él se mantuvo

a la derecha de este pobre

para salvarlo de sus jueces.

* 1. Es uno —quizá el más característico— de los Salmos imprecatorios (cf. Salmos 34, 4 ss.; 68, 23-29; 136, 7 ss.). Escrito por David, muy probablemente cuando la traición de Aquitófel (II Reyes 15, 12 y sigs.), figura de Judas (Salmos 40, 10; 54, 14 ss.), es evidente su alcance mesiánico, al menos en sentido típico, pues recuerda fuertemente, en algunos pasajes, la Pasión de Cristo, y San Pedro Io cita como alusivo al Iscariote (Hechos 1, 16 ss.). La sabiduría de Dios, que siempre es misteriosa (Salmo 50, 8; I Corintios 2, 7 ss.), nos ofrece aquí un contraste estupendo entre la ira divina (versículos 6-19) y su suavidad inefable (versículos 21 ss.), y nos muestra, en el versículo 20, que el rey profiere esas imprecaciones hablando en la santa presencia del Señor, no como hombre que maldice a otro (Job 31, 30; Salmo 58, 13), sino como profeta que anuncia de parte de Dios (versículo 27) las venganzas (Salmos 57, 11 s.; 65, 5 y 93, 1 ss. y notas) que su amor tomará por sus amigos calumniados (Sto. Tomás). Así también habla Cristo en el Salmo 68, lo cual no le impidió rogar en la Cruz por sus enemigos. Cf. Mateo 5, 11 s.; Proverbios 25, 21 citado por Romanos 12, 20. Gloria mía (cf. Salmo 105, 20). Según otros, en perífrasis: objeto de mi alabanza. Tal es aproximadamente el sentido según los LXX: que Dios no quede silencioso ante la alabanza que le tributa el salmista. La Vulgata pone: no calles mi alabanza, evidente error de copista, pues no es Dios quien alaba al hombre, y bien lo sabía el humildísimo David.

* 3 s. Sin motivo: Es lo que caracteriza la suprema iniquidad cometida con Jesús. Cf. Salmos 24, 19; 34, 19; 68, 5; Juan 15, 25.

* 4. Por lo que me debieran amar: Así también Rembold, concordando con LXX y Vulgata: en vez de amarme. Según el Texto Masorético sería: a cambio de mi amor, lo cual está dicho ya en el versículo 5. Me acusan: literalmente: hacen conmigo obra de Satán (cf. versículo 6 y nota). Hago oración: El hebreo termina con elocuente brevedad: Y yo: oración (cf. 119, 7).

* 5. En boca de Jesús es una queja infinitamente desgarradora. David, que en su medida sufrió también de calumnias e ingratitudes, “nos aparece en todo este pasaje manifiestamente como tipo de Jesucristo” (Fillion).

* 6. El acusador: Tal es el sentido de la palabra hebrea: Satán, equivalente a la griega: diábolos o diablo (cf. Apocalipsis 12, 10). ¡No puede pintarse situación más dramática para un reo! Cf. Salmo 93, 20 y nota.

* 7. Su oración sea pecado. Cf. Isaías 1, 13; Malaquías 1, 7-9. Véase versículo 17 y nota.

* 8. Citado por San Pedro cuando los apóstoles eligieron a San Matías en el lugar dejado por el traidor Judas (Hechos 1, 16 ss.). Ministerio: La Vulgata vierte episcopatum, en el sentido de función.

* 14 ss. Las palabras entre corchetes ya están en el versículo 15 y son sin duda una glosa, pues no figuran en el Siríaco. La culpa de sus padres: “Todo el que imita la maldad de su perverso padre se hace reo también de los pecados de éste; mas el que no sigue la maldad del padre, de ningún modo será gravado por su delito” (San Gregorio). El Catecismo Romano (III, 2, 36) citando a Éxodo 20, 5 s. manda a los párrocos recordar a los fieles “cuánto sobrepuja la bondad y misericordia de Dios a la justicia, pues, airándose hasta la tercera y cuarta generación, extiende hasta millares la misericordia”. Algunos intérpretes, fundados en Ezequiel 18, 20 y Génesis 8, 21, etc., traducen Éxodo 20, 5 en el sentido de que Dios tiene en cuenta la mala herencia de esos hijos, para hacerles mayor misericordia (cf. Mateo 9, 11; 18, 13; Lucas 7, 43; 12, 48). Cf. Ezequiel 18, 4 y nota.

* 16. Claramente se indica la causa de tantas maldiciones: la falta de misericordia (cf. Oseas 6, 6; Mateo 9, 13; 12, 7). Porque la caridad, origen de tantos bienes, no es sólo un mérito: es una obligación (Lucas 6, 27-38), y su falta acarrea todos los males, hasta la condenación a la gehena eterna (Mateo 25, 34-45).

* 17. Así como las bendiciones que damos vuelven a nosotros (Lucas 10, 6), así las maldiciones caen sobre la propia cabeza. Véase versículo 7 y nota, y la terrible imprecación a los sacerdotes en Malaquías 2, 1-3.

* 20. Véase versículo 1 y nota. Algunos suprimen: de Yahvé, por razones rítmicas, considerándolo una glosa como en el versículo 14.

* 21 s. Aquí, como en Salmo 68, 30 ss., en cuanto David aparta los ojos de la maldad que condenaba, vuelve instantáneamente a la exquisita y confiada humildad de un niño, la cual es siempre el sello de su oración, anticipo de la de Cristo (cf. Salmos 85, 1; 114, 1 y notas, etc.). Un moderno estudioso de los Salmos señala acertadamente que tanto las anteriores imprecaciones como las del Salmo 68 son de David y nadie podría atreverse a afirmar que él habría tomado esas ni otras venganzas de sus enemigos si los hubiese tenido a mano, pues bien demostró él todo lo contrario en la misericordia con que trató a su gran perseguidor Saúl cuando estuvo a merced suya (I Reyes 24, 1 ss. y notas), no obstante las grandes pruebas de paciencia a que éste lo tenía sometido (cf. Salmo 56, 1 ss. y notas). Cf. también la conducta de David en Salmo 7, 5.

* 22 ss. Infortunado, etc.: Tal como el que pinta el versículo 16. El honor de Yahvé, que Él cifra en ser misericordioso (cf. Efesios 1, 6 y nota), está en que Él libre al débil del prepotente (cf. Salmo 71, 4). Así será para Él toda la gloria (versículo 27). Cf. Salmo 85, 17.

* 28. Recordemos, como un escudo invencible, esta fórmula, que encierra la plenitud del espíritu evangélico. ¿Qué puede importarnos la maldición del mundo, si Él está contento? Jesús llega a decir que en estos casos nos pongamos a saltar de gozo, y nos equipara a los profetas. Cf. Mateo 5, 11 s.; Lucas 6, 22 ss.; Salmo 50, 14; Romanos 8, 31.

* 30. Una vez más, vemos el valor de la alabanza como instrumento de gratitud (Salmos 49, 14; 106, 22), en contraste con la mala lengua (cf. Santiago 3, 1 ss.).

* 31. “A la derecha”: Como su abogado defensor en el juicio (cf. I Juan 2, 1). Nótese la oposición con el versículo 6. San Agustín dice aquí: “Satán se coloca al lado de Judas, que ambicionó acumular riquezas; ¡en cambio, junto al pobre está Dios! Él es la riqueza del pobre.”

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