SINOPSIS DE LOS ERRORES IMPUTADOS AL CONCILIO VATICANO II -Sinopsis Parte 7

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SINOPSIS DE LOS ERRORES

 (Parte 7 de 18)

ERRORES CONCERNIENTES AL REINO DE DIOS

6.0 Alteración de la noción tradicional de la “dilatación” o “incremento” del reino de Dios en la tierra por obra de la Iglesia visible.

En efecto, tal “dilatación” o “extensión” se confía al «pueblo de Dios, que es la Iglesia», la cual «al introducir [inducens]este reino, no arrebata a ningún pueblo bien temporal alguno [bonum temporale] , sino al contrario, favorece y asume[fovet et assumit] , en lo que tienen de bueno, todas las riquezas, recursos y costumbres de los pueblos [facultates et copias moresque populorum] ; pero al recibirlas las purifica, las fortalece y las eleva» Lumen Gentium § 13).

Se introduce aquí un elemento bastardo, representado por el “bien temporal de los pueblos” como parte constitutiva del “pueblo de Dios” (elevada y purificada) y, por ende, del reino de Dios que se realiza en la tierra; se trata de una noción ambigua e inaceptable, porque dicho “bien temporal” lo integran, no sólo las “costumbres” sino, además, las “riquezas” y los “recursos” es decir, los bienes materiales de un pueblo. En otras palabras, también los bienes materiales, elevados y purificados (?), entran a formar parte del reino de Dios: concepto absurdo, que evidencia una visión naturalista del reino, contraria al depósito de la fe.

6.1 La correlativa e inconcebible interpretación colectivista del reino mismo.

En efecto, de LG § 13 se sigue que la individualidad colectiva de cada pueblo, con su ambiguo “bien temporal” entra a formar parte en cuanto tal, como un valor en sí, del “pueblo de Dios” (de la Iglesia), de manera que puede ser “introducida” en el reino que se realiza en este mundo.

6.2 La mal comprendida contribución de los fieles seglares a la “dilatación” del reino de Dios en la tierra.

Esa contribución habrá de hacerse «de suerte que el mundo quede imbuido [imbuatur] del espíritu de Cristo» LG § 36) (nótese el vago “imbuirse” harto alejado de la idea de convertir).

Dicha contribución se entiende, de hecho, inevitable y erróneamente como contribución a un progreso sobre todo material, bajo la bandera de la cultura laica o “civil” que debe hacer avanzar, a su vez, la libertad humana y cristiana por todo el mundo: «Procuren, pues, seriamente (los seglares), que por su competencia… los bienes creados [bona creata]se desarrollen al servicio de todos y de cada uno de los hombres y se distribuyan mejor entre ellos… mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil [humano labore, arte technica, civilique cultura] ; y que a su manera estos seglares conduzcan a los hombres al progreso universal en la libertad cristiana y humana» LG § 36).

En este texto se añade un elemento ulterior y espurio al naturalismo evocado en 6.0: el mito laicista del progreso, con su exaltación característica del trabajo, de la técnica, de la cultura “civil” del igualitarismo, de la libertad (“humana y cristiana” sea cual fuere el significado de tal expresión).

6.3 La afirmación increíble según la cual Cristo resucitado «obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo también, con ese deseo[sed eo ipso] , aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin» Gaudium et Spes § 38).

El texto parece significar que, por el hecho en sí de inspirarle al hombre el anhelo del siglo futuro, el Espíritu Santo le inspira también deseos de felicidad terrena, expresados mediante el giro “hacer más llevadera su propia vida” (!).

6.4 La afirmación incomprensible según la cual «el misterio pascual perfecciona la actividad humana».

En efecto, se define a la santísima eucaristía como «aquel sacramento de la fe en el que los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre [naturae elementa, ab hominibus esculta] , se convierten [convertuntur] en el cuerpo y sangre gloriosos, en un banquete [coena] de comunión fraterna que es pregustación del banquete celestial» GS § 38 cit.).

Según su estilo, el Vaticano II no nombra la transubstanciación, e insinúa una concepción protestante de la santa misa. Pero ¿de qué manera, al decir del texto conciliar, el “misterio pascual” perfecciona a la actividad humana? Pues en virtud del hecho de que los que se convierten en el cuerpo y sangre gloriosos son “elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre” (!). Al cultivar la tierra, la actividad del hombre produce el pan y el vino, que se “convierten” después en el cuerpo y la sangre, etc. ¡Una contribución de este tipo no puede por menos de volver perfecta la actividad del hombre!

Hay motivos más que de sobra para quedarse estupefactos ante un razonamiento semejante, que parece hasta ridículo. ¿Cuándo ha enseñado el magisterio nada semejante? ¿Cuándo demonios ha buscado conexiones tan disparatadas y falaciosas? No obstante, tales disparates apuntan a un fin preciso: insinuar la falsa idea de que la actividad del hombre participa de algún modo en la conversio (más exactamente: transubstantiatio ) del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo (conversión que, en realidad, es obra de solo el sacerdote).

Tal idea se encuentra también en la “liturgia eucarística” de la misa del Novus Ordo «Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros pan de vida».

6.5 El famoso art. 39 de la Gaudium et Spes , que, como conclusión del capítulo IIIº, dedicado precisamente a la«actividad humana en el mundo» GS §§ 33-39), propone, en apariencia, la visión final tradicional sobre la “tierra nueva” y “los cielos nuevos” pero que nos brinda, en realidad, la perversión final de la concepción del reino de Dios enseñada por la Iglesia.

En efecto, se delinea allí la idea de una salvación colectiva de la humanidad y hasta de «todas las criaturas (cf. Rom 8, 19-21) que Dios creó pensando en el hombre» GS ivi), con lo que se tergiversa el versículo Rom 8, 21 al hacerle decir, gracias a una adición, que conseguirán también la salvación eterna “todas las criaturas” que Dios creó propter hominem, para servir al hombre. Así se insinúa la idea anormal –nunca enseñada antes, como es obvio– según la cual todas las criaturas, sin distinción, entrarán en el reino, incluso las destinadas al servicio y a la utilidad del hombre, como los animales (!).

El artículo 39 asegura, a renglón seguido, que la “tierra nueva” está ya, en figura, en “nuestra tierra” porque en esta última «crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo»GS ivi).

Nótese al respecto que le prefiguración del reino no la constituye la Iglesia militante, como enseña la ortodoxia católica, sino el “crecimiento” del “cuerpo de la familia humana”: la constituye la humanidad, que crece gracias al progreso universal, a la libertad “humana y cristiana” etc. ( LG §§13 y 36; GS §§ 30, 34 y 38 cit.). El reino de Dios, que se realiza parcialmente en este mundo, no está constituido ya por la Iglesia, sino por la humanidad (!). La humanidad (“nueva”) es el sujeto que realiza el reino y que un día entrará en él en globo. Y de hecho, según concluye el art. 39 de la GS , volveremos a encontrar en el reino en cuestión, aunque «limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados», los “bienes” y los “frutos” que «hayamos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo a su mandato»; unos bienes profanos hasta la médula (como «la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad» ), y además«todos los frutos excelentes de la naturaleza».

Se echa de ver que se trata de una visión naturalista, (que recuerda la religión de la Humanidad), extraña por completo al catolicismo, en neta antítesis con la realidad exclusivamente sobrenatural del reino de Dios y de su consumación al fin de los tiempos (que Nuestro Señor nos reveló y la Iglesia mantuvo siempre).

Nota:

GS § 39 no vacila en afirmar que «el progreso temporal […] interesa en gran medida al reino de Dios», y remite en una nota a pie de página a la encíclica Quadragesimo anno de Pío XI ( AAS 23 [1931] § 207), como si el presunto valor salvífico del “progreso temporal” lo hubiese proclamado dicho Papa; pero ni en la pág. 207 citada, ni en ninguna otra parte de la encíclica se constata la existencia de una afirmación de tal género.

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