En defensa de la Tradición

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  • Cuando nosotros decimos que somos tradicionalistas se aprestan los ignorantes y los mal intencionados a colocarnos los motes consabidos de » reaccionarios » , » adoradores del pasado «, etc. Para esos » revolucionarios » de último cuño, el pasado no tiene ninguna significación; el mundo nació con ellos y, lo que es curioso, con un acervo de conocimientos y adelantos que ellos disfrutan sin haber contribuido a su creación. Sólo la poca reflexión puede ocultar esa gran verdad que sirvió de título a una célebre novela de Blasco Ibañez: «Los muertos mandan».

 

  • El presente es inexplicable sin el pasado. Cuando los hombres entierran a sus muertos es fácil que crean que las últimas paladas de tierra que arrojan en sus tumbas, dan término definitivamente a su influencia en el mundo.Todo lo contrario: vivimos -decía Anacleto González Flores, cuyas palabras fulguraban como estrellas- en medio del polvo de los muertos, y la historia se escribe bajo la gravitación irresistible de los muertos. Para convencerse basta hacer unas cuantas observaciones: » yo hablo una lengua porque una cadena ininterrumpida de generaciones la fué elaborando hasta hacerla perfecta » ; » yo tengo mis sentimientos que mis padres me infundieron como a ellos otros padres desde la cuna»…pero es que antes, a traves de los siglos, labraron y pulieron, ordenaron y unieron esas ideas los dos grandes artífices milenarios que se llaman CATOLICISMO y la HISPANIDAD.

 

  • Las anteriores ideas son fundamentales para poder comprender la vida de una nación y la significación de su destino. Una nacion podiamos compararla -usando otra vez una frase del Maestro Anacleto- con una «montaña de muertos». No esta formada por las solas generaciones presentes, la constituyen también las generaciones pasadas que con su esfuerzo nos legaron una Patria y a ella trazaron un destino. Imposible borrar la labor de los muertos en la vida de una nación, que solo conservará su fisonomia propia mediante una adhesión constante a su pasado.Toda nación tiene una personalidad que la distingue de las demas naciones. Un estilo de vida peculiar e inconfundible, del grupo de hombres que la integran.

 

  • Pues bién, la TRADICIÓN es en realidad la transmisión de una generación a otra, de ese estilo de vida colectivo propio de una Nación.

 

  • Cuando nos declaramos tradicionalistas no es que queramos vover al pasado ni revivir tiempos idos, pero si queremos que nuestra Nación en la ruta que las actuales circunstancias le imponen y adoptando todo lo nuevo que signifiquen un verdadero bién y progreso, siga inspirandose en el viejo espíritu que forma la esencia de la mexicanidad. Es preciso también evitar el otro extremo que consiste en hacer de la Tradición una cosa esteril y congelada. LA TRADICIÓN DEBE MANTENERSE PERMANENTEMENTE EN TRANCE DE ENGENDRAR EL PORVENIR.

 

  • La actutud tradicionalista es la clave de la interpretación de nuestra historia y sus vicisitudes. Nuestra vida es la historia de una lucha entre el ser y el no ser nacionales: entre los verdaderos mexicanos, fieles a la Tradición y la anti-patria, destructora y revolucionaria. En su transcurso podemos distinguir claramente tres etapas: formación de la nacionalidad mexicana; crecimiento que culmina con la creación del Estado Mexicano independiente y, finalmente, la lucha por la conservación del ser nacional – sintetizado en su Tradición – contra los embates del enemigo.

 

  • Antes de la venida de los españoles no existía la Nación mexicana, tan solo un inmenso territorio ocupado por innumerables tribus aborígenes separadas por la diversidad de lenguas, costumbres, religión y cultura, y empeñadas en constantes y crueles luchas. Entre ellas no existía el más remoto sentimiento de unidad ni idea alguna nacional las agrupaba. Llegaron los hispanos de lengua, religión y cultura totalmente opuestos a los aborígenes y un grupo diferente parecía que se iba a sumar a los ya existentes. Nadie podía pensar que ellos serían por la unión de las razas indígenas los que habrían de fundar la nacionalidad mexicana. Así fué, y debido sobre todo a la intervención de la Providencia que realizó el prodigio inefable del Tepeyac haciendo que Nuestra Señora de Guadalupe forjara una Patria por la unión de dos razas, la conquistadora y la vencida, en una misma fé, a la que se agregaron una misma lengua y una misma cultura: la Hispánica. DESDE ENTONCES LA VIRGEN DE GUADALUPE ES EL SIMBOLO NACIONAL POR EXCELENCIA, LA SINTESIS DE NUESTRA TRADICION, LA APROBACION DIVINA DE LAS ESENCIAS NACIONALES.

 

  • El ciclo de nuestra unificación fue lento pero eficaz. En el se conjugaron los esfuerzos geniales de Cortés, verdadero padre de nuestra nacionalidad, que desde un principio concibió y organizó los elementos que habian de ser las bases mismas de la Nación; la actividad incansable de santos como Quiroga, Zumárraga, Gante, Motolinia, y tantos otros esforzados religiosos; la proba labor de Virreyes como Mendoza y Velazco; la intrepidez de los exploradores que extendieron nuestras tierras; la inspiración de artistas que cubrieron de monumentos nuestro suelo y cuya fama trascendió el continente, etc. , hasta hacer de Mexico en los siglos XVI, XVII y XVIII la primera Nación de América. La etapa culmina con la independencia de México y la obra de Don Agustín de Iturbide, que funda el Estado Mexicano en el que la Nación pudo encontrar su plenitud. Antes constituiamos una Nación – es preciso que lo tengan en cuenta esos necios que todavía andan diciendo que somos un pueblo joven y que es preciso forjar una Nación – pero no formábamos un Estado Independiente. Iturbide creó ademas la Bandera del Estado Mexicano en cuyos colores quiso simbolizar las bases de nuestra nacionalidad: UNIÓN de todos los elementos raciales que forman la comunidad nacional; RELIGIÓN CATÓLICA e INDEPENDENCIA.

 

  • Fue poco después de nuestra separación de España cuando la anti-patria reñida con nuestra tradición católica e hispana, dirigida por los Estados Unidos, apoyada en las lógias masónicas y contando con la complicidad de los malos mejicanos, empezó febrilmente su labor destructora. Su primer zarpazo fue el asesinato del libertador Don Agustín de Iturbide en Padilla. En ese día se inició la negación de toda la obra nacional de tres siglos y comenzó la noche de nuestras desgracias en la que ha imperado el criterio de quienes creen que la ruta de una Patria la traza la voluntad de una mayoria expresada en el plebiscito fraudulento o el interés de una facción concupiscente, sin que importe la voluntad de los muertos, la voz del pasado.

 

  • En aquella ocasión no fué aniquilado el espíritu nacional, aunque si parcialmente derrotado.

 

  • La Patria vió surgir innumerables caudillos que levantaron la bandera de la Tradición en todos los campos y de acuerdo a las circunstancias de su tiempo. Anastasio Bustamante, Mariano Paredes y Arrillaga, y el gran Lucas Alamán. Más tarde los conservadores civiles y militares: Mejía, Miramón, Osollo y Félix Zuloaga. Caído el segundo Imperio las fuerzas se agotan y en un periodo nefasto HASTA LOS CATÓLICOS SE INFESTARON DE LIBERALISMO. Al estallar la revolución maderista nuevos grupos se irguieron iluminados con las ideas tradicionalistas: el Partido Católico, la gloriosa Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, etc. Sus esfuerzos hacen crisis en la gloriosa epopeya conocida con el nombre de REBELIÓN CRISTERA en la que, con las armas en la mano se defendieron las ideas encerradas en el pabellón de Iguala. Pero nuevamente triunfó la facción anti-nacional, apoyada como siempre por el imperialismo yanki.

 

  • En nuestros días, es la UNIÓN NACIONAL SINARQUISTA quién recoge e iza la vieja bandera de la Tradición. Al hacerlo comprende que que echa sobre sus espaldas todo el peso que representa una montaña de muertos. Recogemos la angustia de quienes trabajaron en el pasado y nos llenamos de un nuevo impulso que colocará a nuestra Patria en el marco de los nuevos tiempos. La RENOVACION que realizaremos es en cierto modo una vuelta al pasado, en cuanto que esta representa el espíritu nacional auténtico y genuino; pero es también la transformación que impone la Nueva Etapa que emprendemos en el Movimiento Nacional Sinarquista y que abre la puerta de un futuro mejor.

Clemente Gutiérrez Pérez

Jefe Nacional U.N.S.

http://www.geocities.com/campobravo/periodico/periodico155.htm

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