Parábola del pastor perdido

ovejas-sin-pastor-e1443697867473

5 noviembre, 2015

Érase una vez un pastor al que se le había encargado la misión de cuidar las ovejas de su Señor en unas tierras lejanas.

Un día, el Maestro hizo venir al pastor a su casa, y le dijo: «Hace mucho tiempo que apacientas mis ovejas en remotas tierras. Ahora te voy a pedir que te hagas cargo de todo mi rebaño, pues debo ausentarme por un tiempo. Vela con mucho cuidado por mis ovejas, por las que estoy dispuesto a dar la vida.»

78f1938c7c29fbab23e26643785abe84_XLEl Maestro emprendió camino, y el pastor comenzó a cuidar del rebaño. Pero al cabo de un tiempo, el pastor se cansó del país del Maestro, y quiso emigrar a tierras distantes para ocuparse de unas ovejas que no tenían pastor.

Mientras pensaba esto, recordó que el Padre del Maestro amaba a todas las ovejas y le desagradaba en extremo ver una de ellas descuidada o abandonada. Así pues, el pastor se alejó de aquella hacienda y empezó a apacentar ganado ajeno en campos lejanos.

El pastor siguió allí hasta que un día el Maestro regresó y lo hizo venir a su casa.

Pastor – le dijo el Maestro –, te pedí que guardases mi rebaño porque tenía que marcharme por un tiempo. Ahora bien, al volver encontré mi rebaño disperso. Muchas ovejas habían escapado, a otras las habían robado, algunas habían muerto y yacían descompuestas allí donde habían caído. Y las que habían quedado estaban infestadas de parásitos. Nadie se ocupaba de mis ovejas.

Las lágrimas rodaban por el rostro del Maestro.

Maestro – repuso el pastor, con una excusa que tenía preparada desde hacía tiempo –, yo sabía que vuestro Padre amaba a todas las ovejas, y me fui a tierras remotas para cuidar de todas las del mundo, porque muchas no tenían quién velara por sus necesidades. Yo creía que eso era lo que habría deseado vuestro Padre.”

Pastor – dijo el Maestro –, te pedí que cuidaras de mis ovejas, no de rebaños ajenos, ni que hicieras la voluntad de mi Padre antes que la mía. No es asunto tuyo cuál sea la voluntad general de mi Padre. Ni Él ni Yo te pedimos que obrases a tu antojo. Tu misión era guardar mi grey, y has incumplido miserablemente tu deber. ¡Fuera de mi casa, pastor indigno! Sabe que gustosamente daría la vida por el menor de mis corderos, y tú, en cambio, no consideraste su cuidado motivo suficiente para ocuparte de ellos.

John Fisher

[Traducción por J.E.F. Artículo original]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

Amigo, ¿Cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas?

parabolaboda

5 octubre, 2015

El 15 de este mes celebraremos la fiesta de Santa Teresa de Jesús, doctora de la iglesia y una de las místicas más importantes en la historia de la iglesia. Muy pocos han alcanzado las alturas de oración que Dios logró en ella. Es muy conocida por sus escritos sencillos y sabios sobre  la oración, tanto que tal vez pensamos que ella nació santa. Pero no fue así. Un día, cuando ya era monja, Dios le concedió esta visión del infierno.

Parecíame la entrada a manera de un callejón muy largo y estrecho, a manera de horno muy bajo y oscuro y angosto. El suelo me pareció de agua como lodo muy sucio y de pestilencial olor y muchas sabandijas malas en él. Al cabo estaba una concavidad metida en una pared, a manera de una alacena, adonde me vi meter en mucho estrecho. Todo era deleitoso a la vista en comparación de lo que allí sentí. Esto que he dicho va mal encarecido… Estando en tan pestilencial lugar, tan sin poder esperar consuelo, no hay sentarse, ni echarse, ni hay lugar, aunque me pusieron en éste como agujero hecho en la pared, porque estas paredes, que son espantosas a la vista, aprietan ellas mismas, y todo ahoga, no hay luz, sino todo tinieblas oscurísimas. Yo no entiendo cómo puede ser esto, que con no haber luz, lo que a la vista ha de dar pena todo se ve. No quiso el Señor entonces viese más de todo el infierno; después he visto otra visión de cosas espantosas; de algunos vicios el castigo. Cuando a la vista, muy más espantosos me parecieron, mas como no sentía la pena, no me hicieron tanto temor; que en esta visión quiso el Señor que verdaderamente yo sintiese aquellos tormentos y aflicción en el espíritu, como si el cuerpo lo estuviera padeciendo. Yo no se como ello fue, mas bien entendí ser gran merced y que quiso el Señor yo viese por vista de ojos de dónde me había librado su misericordia

¿Cuál fue su gran pecado para que mereciera este lugar de tormento? ¿Había robado? ¿Matado? ¿Apostatado? No. Su falta, que tanto había desagradado al Señor, fue su temor para avanzar en el camino de perfección y su falta de determinación para alejarse de las ocasiones del pecado. Sigue leyendo