13 octubre, 2015
Publicamos la siguiente carta de unos lectores, cuya identidad y honestidad están plenamente acreditada por esta web. Las negritas son nuestras.
Por la presente acercamos a Ud. una denuncia que previamente fue enviada a cuatro Dicasterios Vaticanos, pero que nunca ha sido contestada en estos últimos dos años. Lo hacemos con el deseo y la esperanza de que pueda contribuir a alertar a las personas acerca de las prácticas y enseñanzas de esta agrupación, y esperamos que algún día la Iglesia como Madre, lo investigue seriamente para el bien de las almas. Este movimiento tiene incluso algunas aprobaciones eclesiásticas, y bendiciones apostólicas. Mi esposa y yo dejamos el Camino con un gran dolor y tormento moral, a causa de innumerables maltratos de parte de los integrantes y de los catequistas de una comunidad de la cual formábamos parte. He aquí algunos aspectos de la vivencia, ocultos a simple vista, y que a continuación enumeraremos:
- No se puede discutir con los catequistas. Discutir con los catequistas es no querer escuchar la voluntad de Dios. Discutir significa ir contra la obediencia. (Se insistía mucho en ser obediente al catequista, como quien obedece a Dios).
- En la relación con el dinero, el desprendimiento tiene que ser tal que se debe estar dispuesto a hacer con él todo lo que los catequistas indiquen. Instrumentalizando la palabra de Dios, se manipula a las personas para que realicen continuos desembolsos en beneficio de la evangelización, la construcción de edificios fastuosos en todo el mundo, etc.
- Se pide sinceridad absoluta con los demás acerca del fuero interno: lo mínimo que se piensa o se sienta contra el otro debe ser puesto en común. Si se ha murmurado de alguien hay que explicitarlo frente a la comunidad, y se le debe hacer saber. El no hacerlo implica que “en realidad no se quiere al otro sino a uno mismo”. (Porque el amor no pasa por convivir en paz con los hermanos, sino en perdonar y ser perdonado en un clima de una total Se asume el pecado de murmuración como uno de los más graves, ya que destruye la comunidad, que es Jesucristo mismo). Sigue leyendo
