Terremoto en Écône: Las consagraciones de la FSSPX y la excomunión de laicos

Excomunión laicos FSSPX

El pasado 1 de julio de 2026 quedará marcado en los anales de la historia de la Iglesia contemporánea como el día en que la crisis de fe alcanzó su punto de mayor tensión. En Écône, Suiza, los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay procedieron a la consagración episcopal de los sacerdotes Schreiber, Goldade, Poinsinet de Sivry y Hanappier, asegurando así la continuidad del sacerdocio y los sacramentos tradicionales de la Fraternidad San Pío X (FSSPX).

La respuesta de Roma no se hizo esperar. En un comunicado fulminante emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Vaticano ha declarado la excomunión automática (latae sententiae) no solo de los obispos implicados, sino que —en un giro inédito y de extrema gravedad— ha incluido de forma expresa a todos los laicos que se adhieran formalmente a ellos.

El desconcierto de los fieles

La noticia ha caído como un balde de agua fría en las conciencias de miles de católicos en todo el mundo. Los teléfonos arden, los foros tradicionales hierven y las familias cristianas se encuentran hoy, 2 de julio, sumidas en una profunda incertidumbre. Para el fiel de a pie, la situación plantea dilemas desgarradores:

  • ¿Es posible que comulgar en una Misa tradicional sea ahora motivo de excomunión por orden del Vaticano?
  • ¿Cómo puede la Iglesia prohibir y castigar con la máxima pena el rito que santificó a los santos durante siglos?
  • ¿A quién debemos escuchar cuando las directrices de Roma parecen demoler los cimientos de la doctrina milenaria?

El golpe es duro, y el miedo a quedar «fuera de la Iglesia» está paralizando a muchos corazones sinceros que solo buscan salvar sus almas y las de sus hijos.

Más allá de la noticia: Una llamada a la serenidad

Ante la gravedad de estos acontecimientos, desde Ortodoxia Católica queremos hacer un llamado a la calma y a la madurez teológica. No podemos juzgar la realidad espiritual con los titulares de la prensa secular ni con el pánico del momento. La Iglesia Católica posee una doctrina inmutable y un marco legal perfecto que la protegen de los desvíos humanos, incluso cuando estos provienen de las más altas esferas.

Para comprender realmente qué está pasando y no dejarse arrastrar por el temor a decretos canónicos injustos, es necesario ir a la raíz del problema. No estamos ante un simple acto de indisciplina; estamos ante el misterio de la autoridad en una época de apostasía.

Los tiempos son difíciles, pero la Verdad nos hace libres. Les invitamos a unirse a nosotros en oración y en este itinerario de estudio teológico. La tormenta es fuerte, pero la barca de la Iglesia no se hundirá.


Ortodoxia Católica

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