Meditación: De la mujer que padeció el flujo de sangre y sanó tocando la orla de la vestidura de Cristo

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4 noviembre, 2015

Meditación para el miércoles 23 después de Pentecostés

Punto I. Considera lo que dice san Lucas, que esta mujer había gastado su hacienda en médicos y medicinas, y padecido mucho por espacio de doce años, y no le habían dado salud, y con solo tocar la orla de Cristo la cobró; en que has de aprender lo poco que valen todos los medios del mundo para darnos así la salud del cuerpo como la del alma, si Dios no pone su mano, y que la seña de su voluntad puede y vale más que todo lo criado; saca de aquí acudir a Dios y no al mundo en tus necesidades, y que muchas veces ordena que los medios ordinarios no tengan fuerza, ni surtan efecto, porque la misma necesidad nos traiga a sus pies y a buscarle para nuestro remedio. ¡Oh buen Dios! ¡Oh infinita caridad! ¡Oh amor inefable! que nos le tenéis tan crecido, que no necesitáis venir a nuestra casa para hacernos bien; y cuando todo el mundo nos falta, vos no nos faltáis, sino que nos ayudáis y nos hacéis mayor merced. Bendito seáis para siempre: ninguno; Señor, tiene mayor necesidad que yo, a que me presente a vuestros pies; tened misericordia de mí, dadme salud en el alma, como la disteis a esta mujer en el cuerpo.

Punto II. Considera que el principio de su bien estuvo en el conocimiento que tuvo de su enfermedad esta mujer, y el sentimiento de lo que padecía y el tuyo está en el conocimiento de tu pecado, y en el sentimiento y dolor que tuvieses de él. ¡Oh pecador, si conocieses los muchos pecados que agravan tu conciencia! ¡Oh cuán grave mal es perder a Dios; y si te dolieses de haberle ofendido de todo tu corazón, y cómo buscarías el remedio de tu alma, y te vinieras desalado a Dios! Abre los ojos de la consideración , y mira cuán malo y amargo es haber ofendido a tal Señor, y trocado su amistad por la de Satanás, y dejado al Criador por la criatura, la vida por la muerte, y el cielo por el infierno, y el gozar para siempre por penar eternamente: carga el peso de la consideración en esta verdad; desmenuza esta píldora hasta que te amargue el pecado y conozcas tu necesidad, y ella misma te traiga a los pies de tu Redentor, que es el médico de tu alma.

Punto III. Considera el linaje de enfermedad que padecía está en el cuerpo, y la que tú padeces en el alma, que es un flujo continuo de pecados, añadiendo cada día culpas a culpas sin cesar; discurre por todos los sentidos y mira los pecados que cometes con ellos cada día, y luego los de pensamiento y voluntad: considera también cuánto con ellos irritas la ira de Dios, y pídele con lágrimas perdón de tus culpas, con dolor de haberle ofendido, y gracia para no pecar más.

Punto IV. Considera lo que dice de esta mujer san Lucas, qué hizo para alcanzar salud. Lo primero habló consigo, diciendo: si tocare á sola su Vestidura sanaré. Lo segundo, que llegó con fe. Lo tercero, que le tocó y luego quedó sana; en que nos enseña que nuestra salud espiritual consiste en tres cosas, que son la palabra, la fe y las obras; la palabra, oyéndola de Dios y obedeciéndola; la fe, creyendo sus verdades y teniendo confianza en él; y las obras, cumpliendo sus mandamientos; contempla la enfermedad de tu alma, y el remedio y medicina que le has de aplicar para cobrar salud, y resuélvete a procurarlas, y usando de estos medios y suplicando a Dios que sea servido de sanarla.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

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