El laberinto de las excomuniones: La doble vara de medir en la crisis eclesial actual

Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.

Serie: «La Iglesia en el Desierto»

Artículo 3 de 7

La doble vara de medir del Vaticano: Herejía tolerada vs Tradición castigada

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El reciente decreto de excomunión emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe tras las consagraciones en Écône ha encendido las alarmas en el mundo católico. La velocidad y la severidad con la que han actuado los dicasterios romanos contrasta drásticamente con la pasividad habitual ante situaciones que comprometen gravemente la fe en otras partes del mundo. Para cualquier observador honesto, resulta evidente la existencia de una alarmante doble vara de medir: mientras se aplica la máxima sanción canónica a quienes buscan custodiar la Tradición, se observa una preocupante tolerancia ante corrientes que debilitan los dogmas de la fe.

Para comprender la magnitud de esta contradicción, basta con observar lo que ocurre públicamente en el panorama eclesial contemporáneo.

El Camino Sinodal Alemán: Herejía tolerada en la práctica

Durante los últimos años, una parte mayoritaria del episcopado en Alemania ha impulsado el llamado «Camino Sinodal». En este foro, altas dignidades eclesiásticas han aprobado resoluciones y defendido posturas que contradicen abiertamente la doctrina secular de la Iglesia:

    • La pretensión de acceder a la ordenación sacerdotal femenina (una imposibilidad teológica ya definida de forma definitiva e infalible por el Magisterio).

    • La alteración práctica de la moral sexual y familiar católica, proponiendo bendiciones litúrgicas incompatibles con la Sagrada Escritura y la ley natural.

    • La relativización de conceptos dogmáticos fundamentales sobre el pecado y la gracia.

Obispos en funciones han amparado estas desviaciones doctrinales de forma pública. Sin embargo, ante estos hechos que erosionan la unidad de la fe, las intervenciones de los dicasterios romanos se han limitado a exhortaciones al diálogo, sugerencias de paciencia y procesos de escucha. Para quienes alteran el depósito de la fe no hay decretos fulminantes de excomunión; se les permite continuar ejerciendo su jurisdicción canónica ordinaria.

Una contradicción que confunde a los fieles

El contraste es demoledor para la conciencia del fiel sencillo. Sacerdotes y obispos que consagran pastores movidos por la urgencia de asegurar la continuidad de los sacramentos milenarios y la Misa de siempre son declarados inmediatamente fuera de la comunión. Al mismo tiempo, clérigos que enseñan doctrinas contrarias al Catecismo conservan sus cátedras, sus templos y el pleno reconocimiento de las autoridades.

Esta dolorosa realidad ya fue advertida con clarividencia en la célebre Declaración de 1974 de Monseñor Marcel Lefebvre, cuyas palabras mantienen hoy una vigencia pasmosa:

«Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar nuestra fe, claramente expresada y profesada por el Magisterio de la Iglesia durante diecinueve siglos. Si ocurriera una contradicción entre sus órdenes y la fe, elegimos la fe».

La inconsistencia de los criterios sancionadores

La credibilidad de las aplicaciones penales de la Roma actual queda profundamente debilitada cuando se analiza la historia reciente. En 1988 se declararon excomuniones que posteriormente, en 2009, fueron levantadas por el Papa Benedicto XVI, reconociendo implícitamente que la vía de la sanción no resolvía el problema teológico de fondo y que el tesoro de la Tradición litúrgica es un bien que pertenece a toda la Iglesia.

El regreso actual a las medidas de fuerza, extendiendo de forma inaudita las advertencias de sanción hacia los propios laicos que asisten a los sacramentos tradicionales, demuestra que no se actúa bajo criterios estrictamente pastorales, sino movidos por un celo ideológico que no tolera la supervivencia de la fe de siempre.

Una pregunta obligada

Ante este panorama de flagrante contradicción, el católico no puede evitar una reflexión profunda: ¿Cómo es posible que las estructuras oficiales se muestren tan débiles para frenar la apostasía práctica y, al mismo tiempo, tan severas para perseguir la liturgia de los santos?

Este laberinto de decisiones contradictorias nos obliga a avanzar un paso más. El problema actual ha dejado de ser una simple cuestión de disciplina o desobediencia. En nuestras próximas entregas, analizaremos el callejón sin salida de las posturas actuales para adentrarnos, finalmente, en la gran encrucijada teológica sobre el estado real de la Cátedra de San Pedro.

Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.

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