VIII CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEVIII CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE
LA ORDEN DE LOS HERMANOS MENORES

Presentación del Ministro General
A los Hermanos Menores,
a las Hermanas Pobres de Santa Clara,
a las demás Hermanas contemplativas franciscanas
y a quienes llegue esta carta:
“salud y santa paz en el Señor” (2CtaCus 1).
La gracia de los orígenes
Los Hermanos Menores, cuando están a punto de cumplirse los 800 años de la fundación de nuestra Orden, con la aprobación por parte de Inocencio III de la Regla de vida, nos preparamos a celebrar la gracia de los orígenes. Según los historiadores, fue el año 1209 cuando Francisco obtuvo del “señor papa” la aprobación de su “proyecto de vida”, o lo que luego se llamaría la “Protorregla”. El mismo nos lo cuenta en su Testamento: “Y después que el Señor me dio hermanos nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo lo hice escribir en pocas y sencillas palabras y el señor papa me lo confirmó” (Test 14-15).
Esta “forma de vida” primitiva se iría ampliando según las necesidades de la Fraternidad, siendo el fundamento de la Regla del 1221 y más tarde de la Regla del 1223, confirmada por Honorio III; textos que a distancia de tantos siglos, siguen siendo referencia esencial para comprender a Francisco y comprendernos a nosotros mismos.
Pongámonos en camino
La celebración del VIII Centenario de la fundación de nuestra Fraternidad nos ofrece una oportunidad de gracia para recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro (cf. NMI 1b). Éste será nuestro modo de celebrar La gracia de los orígenes. Así, al inicio de este tercer milenio, los franciscanos queremos reafirmar nuestra firme voluntad de permanecer fieles a nuestro propio carisma, “viviendo en la Iglesia el Evangelio según la forma observada y propuesta por San Francisco” (CCGG 1 §1), pero recreándolo hoy a la luz de los desafíos de la vida franciscana.
Los Hermanos Menores, aceptando con gozo la invitación del “señor papa” Juan Pablo II, con la celebración de los 800 años de la fundación de nuestra Orden, queremos, en primer lugar, abrirnos a la gratitud del “altísimo, omnipotente y buen Señor” (Cant 19), del “Padre de las misericordias” (TestCl 2), por las “maravillas” que Dios ha realizado a través de los Hermanos que nos han precedido, muy particularmente por el hermano Francisco, y por las “maravillas” que el Señor, “Dios omnipotente, misericordioso salvador” (AlD 6), sigue realizando, en y por los hermanos y hermanas que caminan decididamente por las sendas de la virtud (cf. 5CtaCl 3). Pero, porque no queremos ni podemos “conformarnos con alabar las obras de nuestros antepasados”, pues “es grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y honor” (Adm 6); sino que deseamos vivamente inspirarnos en ellas para hacer la parte que nos corresponde en nuestra propia historia (cf. Sdp3), “reconocemos la urgencia de volver a lo esencial de la experiencia de fe y de nuestra espiritualidad para nutrir desde dentro, con la oferta liberadora del Evangelio, a nuestro mundo fragmentado, desigual y hambriento de sentido, tal como hicieron en su tiempo Francisco y Clara” (Sdp 2).
Durante la celebración del gran jubileo franciscano, contemplando la historia de nuestra Orden, los Hermanos Menores reconocemos con gozo que tenemos “una historia gloriosa para recordar y contar”. Convencidos, como estamos, de la fuerza y actualidad de la “forma de vida” inspirada por el Altísimo a Francisco, por ser esencialmente una forma de vida evangélica, asumimos con decisión el reto de seguir construyendo una gran historia. Para ello deseamos ardientemente poner los ojos en el futuro, hacia el cual sentimos que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo con nosotros grandes cosas (cf. VC 110). De este modo queremos vivir la gracia de los orígenes “no sólo como memoria del pasado, sino como profecía del futuro” (NMI 3).
Llamados como hemos sido a “seguir más de cerca las huellas de Jesucristo y a observar fielmente el Evangelio” (CCGG 5 §2), queremos vivir este jubileo en actitud de conversión. Por eso queremos hacer memoria de nuestro “propósito” (cf.2CtaCl 11), a fin de que, “con andar apresurado” y “con paso ligero” (2CtaCl 12), podamos, aun en medio de las inevitables fragilidades, “avanzar con mayor seguridad en el camino de los mandatos del Señor” (2CtaCl 15). Por este motivo, cuando nos preparamos con gozo y renovado optimismo a celebrar la gracia de los orígenes, sentimos muy fuerte la llamada a “no domesticar las palabras proféticas del Evangelio para adaptarlas a un estilo de vida cómodo”, sentimos “la urgencia evangélica de nacer de nuevo” (Sdp 2).
Llamados a “escudriñar nuevos caminos de actuación del Evangelio” (VC 84), queremos vivir este jubileo en actitud de discernimiento para no instalarnos ni repetirnos, antes bien, ser faros generadores de esperanza en la noche oscura que atraviesa nuestro mundo herido y tantas veces crucificado. Por eso nos disponemos a escuchar la voz del Señor en los acontecimientos de la historia y a descubrir su presencia en medio de nosotros, convencidos de que así reforzamos nuestros pasos en el camino hacia el futuro y nuestra adhesión al Evangelio (cf. NMI 6). Leer los signos de los tiempos e interpretarlos convenientemente nos permitirá “ser nosotros mismos signos de vida legibles para un mundo sediento de un ‘cielo nuevo y una tierra nueva’(Is 65, 17; Ap 21, 1)” (Sdp 7).
Llamados a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de Francisco y a cultivar una fidelidad dinámica como respuesta a lo signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy (cf. VC 37), queremos volver a lo esencial de nuestra forma de vida, releyéndola y reencarnándola en la realidad cultural de hoy; queremos ser fieles a nuestro propio carisma y a la vez tener presentes las exigencias del momento actual, anticipándonos al futuro.
¿Qué hemos de hacer, hermanos?
Queridos hermanos, cuando nos preparamos a celebrar la gracia de los orígenes, es necesario que nos preguntemos: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” (Hch 2, 37). Os confieso que es una pregunta que me hago muchas veces. Viendo la situación de la Fraternidad universal, siento que el Espíritu nos está pidiendo centrarnos, concentrarnos y descentrarnos. Centrarnos en lo que para nosotros lo debe ser todo: “El bien, el todo el bien, el sumo bien” (AlD 3). Por este motivo, tener el corazón vuelto hacia el Señor (cf. 1R22, 19) ha de ser la prioridad de las prioridades de todo Hermano Menor. Alejar todo impedimento o dejar toda preocupación para poder servir, amar, honrar al Señor Dios, con corazón puro y con mente pura (cf. 1R 22, 26), he ahí el gran reto de todo Hermano Menor, de todo seguidor de Jesús.
Concentrarnos en lo esencial a fin de evitar la fragmentación, la dispersión. Es necesario concentrarnos en las Prioridades que nos colocan como una Fraternidad en misión, que vive los valores esenciales del propio carisma. Las Prioridades no son opciones periféricas, sino consecuencia y exigencia de una vida radicalmente evangélica tal como nos la propone San Francisco. Ellas en cuanto tales, no son valores opcionales sino los pilares de nuestra fidelidad al Evangelio.
Las Prioridades son la clave de lectura para vivir nuestra identidad de Hermanos Menores y comprender las expectativas del mundo.
Descentrarse para salir al mundo, nuestro claustro, y en él testimoniar y proclamar que sólo Dios es el omnipotente (cf. CtaO 9), conscientes de que no hemos sido llamados para vivir para nosotros mismos, sino para los demás, que nuestras fraternidades no son para sí mismas, sino para dar a conocer el Reino de Dios. Clarificada nuestra pertenencia al Señor -centrarse-, y nuestra identidad como Hermanos Menores -concentrarse-, es el momento de ir al mundo entero para proclamar el Evangelio a todas las criaturas, de manera que todos puedan conocer la gracia y el amor que Dios Padre ha revelado y ofrecido en Cristo Jesús (cf. CCGG83 §3). Ésta es nuestra misión y nuestra razón de ser: Dar a conocer el Reino (cf.Prioridades 2003-2006, 4).
Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos esenciales para una verdadera refundación de nuestra vida y misión, objetivo último de este VIII Centenario. Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos inseparables.
Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos que cuestionan nuestra vida y misión, y que nos llaman a volver a lo esencial de nuestro carisma, sin olvidar las llamadas que nos vienen de la historia.
Desde esta profunda convicción invito a todos los hermanos a entrar en este proceso, sin prisas por ver los resultados, pues como dice un refrán: “ninguna semilla llega a ver su propia flor”, pero también sin pausas que paralicen un proceso que resulta ineludible si queremos un futuro para nuestra forma vitae, recordando lo que dice el Talmud: “No estáis obligados a completar vuestra obra, pero no sois libres de no iniciarla”. Es esta una responsabilidad que todos, sin excepción, hemos de asumir con valentía y creatividad, sintiéndonos “centinelas de la mañana” (cf. Is1, 11-12) y trabajando para construir un futuro lleno de esperanza, con los ojos siempre puestos en el Señor que nos sigue asegurando: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
El proyecto “La gracia de los orígenes”
El proyecto la gracia de los orígenes, elaborado y aprobado por el Definitorio general el día 8 de noviembre de 2004, con anterioridad presentado a los Presidentes de las Conferencias para una primera aprobación, y luego enriquecido con sugerencias llegadas de las distintas Entidades de la Orden, quiere marcar el camino de toda la Orden de los Hermanos Menores desde el 2006, aniversario de la conversión de San Francisco, al 2009, año en que recordaremos el VIII Centenario de la aprobación de la “Protorregla”.
El proyecto la gracia de los orígenes quiere ayudar a todos los Hermanos a dar una respuesta creativa y adecuada a los desafíos que nos vienen de la Iglesia y del mundo de hoy. Invito a todos, particularmente a los Ministros y Custodios, a acogerlo con simpatía y a ponerlo en práctica con fe y decisión.
El proyecto la gracia de los orígenes contempla un camino en tres etapas: 2006, focalizado en el discernimiento; 2007, en el proyecto de vida y 2008-2009, en la celebración del don de la vocación. Cada etapa será presentada sucesivamente por un subsidio de trabajo y de profundización. Un momento del todo particular será la celebración del Capítulo general extraordinario que se realizará, con el favor de Dios, del 15 de septiembre 2006 al 1º de octubre del mismo año en Santa María de los Ángeles, la Porciúncula (Asís). A Santa María de los Ángeles, confiamos este proyecto la gracia de los orígenes, para que dé frutos abundantes. San Francisco, nuestro padre y hermano, nos acompañe en este camino.
Ruego final
Queridos hermanos y hermanas, yo, vuestro menor siervo en profunda comunión con todo el Definitorio general, os ruego y suplico encarecidamente, por la caridad que es Dios (cf. 1Jn 4, 16) y con la voluntad de besar vuestros pies, que os sintáis obligados a acoger y poner por obra estas propuestas nacidas en la reflexión y en la oración, para poder celebrar mejor la gracia de los orígenes (cf. 2CtaF 87). “Y a todos aquellos y aquellas que benignamente las acojan […] bendíganlos el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Amén” (1CtaF 88).
Roma, 8 de diciembre de 2004,
solemnidad de la Inmaculada Concepción,
Reina de la Orden de los Hermanos Menores.
Fr. José Rodríguez Carballo ofm
Ministro general
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Año 2006
¡Escuchemos para cambiar de vida!
“¿Señor qué cosa quieres que haga?”
La escucha, la conversión y el discernimiento
de la voluntad del Señor para nuestra vida hoy
Año 2007
¡La osadía de vivir el Evangelio!
“‘Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo
del corazón anhelo poner en práctica’. Rebosando de alegría, se apresura
inmediatamente el santo Padre
a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar” (1C 22).
Renovar nuestra vida personal y fraterna según el Evangelio, en el contexto vital de
nuestro tiempo.
Años 2008-2009
¡Restituyamos todo al Señor con las palabras y la vida!
“El mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio.
Y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el señor papa me lo
confirmó” (Test 14-15)
Asombro y agradecimiento al celebrar
el don de nuestra vocación
Tomado de:
http://www.ofm-pic.org/ofmjpic/congress2006/prepdocs/espanol/LaGraciaDeLosOrigenes.pdf
http://pazybien800ctes.blogspot.com/2009/06/que-estamos-celebrando.html