¿Por qué meditar acerca de los sufrimientos de Jesús en su Pasión?

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En Isaías 53, 5 podemos leer una frase, que también se encuentra más adelante en boca del apóstol San Pedro (1 Pe 2, 24): “Por sus llagas hemos sido sanados”. No dice, como nos gustaría más escuchar; “Por su amor hemos sido sanados”, sino, más bien, “por sus sufrimientos, por sus heridas”. Ciertamente su amor es el que lo movió a aceptar esos sufrimientos, pero, ¿por qué eligió precisamente ese camino del sufrimiento —y de un sufrimiento tan atroz y extremo— para redimirnos y, a la vez, probarnos su amor?

Con frecuencia escuchamos que se nos dice que “Jesús murió por nosotros”, pero, para entender verdaderamente toda la profundidad de esto, es necesario leer y meditar con atención el relato de la Pasión, con todos sus detalles, y buscar sintonizarnos con los sentimientos de Jesús durante ella.

Lo primero que hemos de notar es que el sacrificio de Jesús, e incluso hasta el más pequeño detalle de él, no fue algo fortuito ni imprevisto. El Antiguo Testamento hace continuamente alusión a ellos, y el mismo Jesús lo predijo varias veces durante el curso de su vida.

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