Una Instrucción vaticana prohibiría los abusos en la celebración de la Eucaristía
A petición de un comentario que hizo Magui en la publiación Diez objeciones a la Misa Tradicional, en este blog el día 23 de Agosto de 2009, en el cual pregunta si es correcto que un laico de la comunión a los fieles y unido al reciente comentario de Sergio, el día de ayer 30 de Octubre de 2009 en la misma publicación, en el cual comenta que se ha mudado a California y ha observado que en todas las misas hay hombres y mujeres ayudando al Padre a dar la Comunión, pidiendo así saber a que se deben estos hechos, con el fin de aclarar un poco estas inquietudes publico la siguiente información, esperando queden aclaradas sus dudas al respecto.
El título provisional es Pignus redemptionis ac futurae gloriae, y se trata de una «instrucción» firmada por las Congregaciones para la Doctrina de la fe, ypara el Culto y la Disciplina de los Sacramentos. El borrador de la última versión del documento ha sido distribuido a obispos y a consultores el 5 junio pasado, y la publicación de la redacción definitiva está prevista para finales de este año o principios del 2004.
La instrucción fue preanunciada por Juan Pablo II en el número 52 de la encíclica Ecclesia de Eucharistia: «Por desgracia, es de lamentar que, sobre todo a partir de los años de la reforma litúrgica posconciliar, por un mal entendido sentido de creatividad y de adaptación, no hayan faltado abusos», escribió el Papa en el texto firmado el Jueves Santo de este año. Y precisó: «Para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas, he solicitado a los Dicasterios competentes de la Curia romana que preparen un documento más específico, incluso con rasgos de carácter jurídico, sobre este tema de tanta importancia».

Una danza india realizada frente al Papa en una Ceremonia Eucarística.
Es lo que se propone, justamente, la instrucción en gestación, que en 200 párrafos apunta a 37 «abusos» principales contra el Eucaristía. El texto ha sido elaborado por un equipo compuesto por tres miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, guiados por el dominico Joseph Augustine Di Noia, y de tres expertos del culto divino, con el padre marista Anthony Ward a la cabeza.
El principal elemento de novedad probablemente está indicado en el párrafo 197 del actual borrador, titulado De quaerelis circa abusus in re liturgica, en el cual se afirma que «todo católico, sacerdote o diácono o fiel laico, tiene el derecho de presentar querella acerca de los abusos litúrgicos», en vía preferencial «al propio obispo diocesano», pero también «al pastor equiparado sui iuris o a la Santa Sede». Y en el párrafo siguiente se pide que «todos dispensen el debido respeto a los que lamentan el abuso, y se abstengan de palabras que puedan perjudicar la buena fama de los denunciantes. Pues a nadie le es lícito lesionar la buena fama de quien goza de ella.»
Pero ¿cuáles son los abusos enumerados en la instrucción? En realidad se vuelve sobre materias ya ampliamente tratadas en otras veces: desde elCódigo de derecho canónico a otros varios documentos litúrgicos, como demuestra el amplio repertorio de 316 notas.
Entremos en lo específico. Una referencia, no explícita, parece apuntar a las Iglesias del Norte de Europa, con Alemania a cabeza, a causa de lo que es considerado un excesivo protagonismo de los laicos. Se habla en efecto de los así llamados «asistentes pastorales», acerca de los cuales se dice en el n. 41: «No responden a ninguna necesidad desde el punto de vista eclesiológico», y que «no pocas veces ostentan de manera no apta caracteres asumidos del ministerio sacerdotal. Así se crea una figura que presenta elementos auténticamente laicales e impropiamente clericales, excesivamente moldeada sobre la forma del ministerio pastoral de los clérigos».

Sacerdotes con gorras “no litúrgicas” en el Encuentro Mundial de la Juventud
Para resolver las muchas dificultades que de esta confusión de roles se pueden derivar, «donde exista, el asistente pastoral no asuma funciones durante la celebración litúrgica, aunque falten sacerdotes y diáconos. Su compromiso se centre sobre todo en esto: promover el ministerio de los sacerdotes y de los diáconos, suscitar vocaciones al sacerdocio y al diaconado, y procurar que en cada comunidad cristiana los fieles laicos se preparen con esmero, según las normas del derecho, para las diversas funciones litúrgicas». Y se añade en el párrafo siguiente: «En las celebraciones litúrgicas cada cual, ateniéndose a su función, desarrolle sólo y todo lo que le corresponde. No les es nunca lícito a los laicos arrogarse el oficio y la vestimenta del diácono o del sacerdote». A los «asistentes pastorales» y, en general, a los «alumnos del seminario, estudiantes de teología» y a cualquier «otro género de laicos», sea cual sea el grupo, la comunidad o la asociación de pertenencia, les está prohibida la predicación durante la celebración de la Misa» (n. 55).
Siguiendo con la referencia a la participación de los laicos, en el segundo capítulo se dice que la Eucaristía no puede considerarse una «concelebración» del sacerdote con los fieles presentes (n. 34), y las expresiones «comunidad celebrante» y «asamblea celebrante» deben ser evitadas, porque evocan estilos políticos de decir, que poco tienen que ver con la materia litúrgica.

Hoy en día es muy común ver niñas monaguillas en las parroquias, y luego se asustan cuando las religiosas reclaman el sacerdocio
En el capítulo cuarto, el texto llama a redefinir el espacio sagrado del presbiterio, poniendo nuevamente las rejas y las barandas, donde hayan sido eliminadas, y a colocarlos en las iglesias en construcción. (n. 78). En el octavo capítulo pone el dedo en la llaga, en el tema de las relaciones ecuménicas, pidiendo que se evite la expresión: «hospitalidad eucarística» (n. 153), y no poner en la Misa a ministros de otras confesiones cristianas cerca de los concelebrantes católicos, (n. 175), ni de pedir a ellos bendiciones para los fieles católicos (n.176).
Asumir a niñas como «monaguillas» queda a juicio del obispo, pero ha de evitarse «sin una justa causa pastoral; y nunca los sacerdotes deben creerse obligados a llamar a las niñas para este servicio». Y respecto a los ministerios ordenados de los laicos, estos sólo deben ser ejercidos por estricta necesidad, y tienen que denominarse «ministros extraordinarios de la comunión», y no «de la Eucaristía».
En el capítulo sobre la correcta celebración de la santa Misa, entre otras cosas,se excluye la posibilidad de «aplausos y danzas en el interior del edificio sagrado, inclusive fuera de la celebración eucarística. Y no se admita ningún pretexto a favor» (n. 60). Al fin, todos los abusos tratados están resumidos en el capítulo nueve y, como estrategia para combatirlos, los católicos son invitados a denunciarlos.
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Nueve capítulos de errores y arreglos
La instrucción en preparación toma de mira 37 «abusos» principales contra la Eucaristía, y se compone de 200 párrafos. Está dividida en 9 capítulos, con una premisa, una conclusión y un apéndice sobre los derechos de los fieles laicos en materia litúrgica. Entre las otras cosas, se desaconseja la distribución de la Eucaristía bajo las dos especies (n. 85), y se prohíbe la comunión «autoservicio» (n. 87).

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El capítulo primero de la instrucción habla de la responsabilidad del obispo en la administración del sacramento de la Eucaristía; en particular se solicita una revisión y una renovación de las Comisiones litúrgicas nacionales y la creación de un grupo de nuevos expertos «firmes en la fe católica y bien preparados en materia teológica y cultural» (n. 17).
A las Conferencias episcopales les queda prohibida toda experimentación, a menos que se haya conseguido, tras explícita solicitud, el consentimiento de laCongregación para el Culto (n. 19). El segundo capítulo está dedicado a la participación de los laicos, el tercero a la correcta celebración de la santa Misa. Los siguientes capítulos, cuarto y quinto, tratan de la «Sagrada comunión» y algunos problemas particulares (desde los ornamentos litúrgicos al lavado del purificador, a la prohibición de sombreros no previstos por la liturgia durante la celebración al abierto, en caso de sol o lluvia). El sexto está dedicado a la conservación de la Eucaristía y a los actos de culto sin Misa; el séptimo trata de los ministerios de los laicos; el octavo, sobre el ecumenismo en relación a la Eucaristía; el noveno resume los abusos y propone la estrategia para combatirlos.
En el cuarto capítulo, el texto invita a redefinir el espacio sagrado del presbiterio, reponiendo las verjas en lugar de las barandillas, donde aquellas hayan sido eliminadas, y a proyectarlas en las iglesias en construcción (n. 78). El octavo capítulo vuelve a poner el dedo en la llaga de las relaciones ecuménicas, pidiendo se evite la expresión «hospitalidad eucarística» (n. 153),no colocar, durante la Misa, a ministros de otras confesiones cristianas al lado de los concelebrantes católicos (n. 175), ni se pidan a aquellos bendiciones por parte de los fieles católicos (n. 176).
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En Revista JESUS , nº 10, octubre 2003; traducción: P. Jesús Álvarez,ssp; revisión: P. Benito Spoletini ssp).
Tomado de: http://www.san-pablo.com.ar/rol/?seccion=articulos&id=201