12 noviembre, 2015
Habiendo pues de tratar de los vicios y de sus remedios, comenzaremos por aquellos siete que se llaman capitales, porque son cabezas y fuentes de todos los otros. Porque así como cortada la raíz de un árbol se secan luego todas las ramas que recibían vida de la raíz, así cortadas estas siete universales raíces de todos los vicios, luego cesarán todos los otros vicios que destas raíces procedían. Por esta causa Casiano escribió con tanta diligencia ocho libros contra estos vicios (lo cual también han hecho con mucho estudio otros muy graves autores) por tener muy bien entendido que vencidos estos enemigos, no podrían levantar cabeza todos los otros.
La razón de esto es, porque todos los pecados (como dice Santo Tomás) originalmente nacen del amor proprio: porque todos ellos se cometen por codicia de algún bien particular que este amor proprio nos hace desear. De este amor nacen aquellas tres ramas que dice S. Juan en su Canónica (I. Juan. 2),que son: codicia de la carne, codicia de los ojos y soberbia de la vida, que por términos más claros son: amor de deleites, amor de hacienda y amor de honra; porque estos tres amores proceden de aquel primer amor. Pues del amor de los deleites nascen tres vicios capitales, que son: lujuria, gula y pereza. Del amor de la honra nasce la soberbia, y del amor de la hacienda el avaricia. Más los otros dos vicios, que son ira y envidia, sirven a cualquiera destos malos amores, porque la ira nace de impedirnos cualquiera de estas cosas que deseamos; y la envidia de quienquiera que nos gana por la mano y alcanza aquello que el amor proprio quisiera antes para sí que para sus vecinos. Pues como éstas sean las tres universales raíces de todos los males, de las cuales proceden estos siete vicios; de aquí es que, vencidos estos siete, queda luego el escuadrón de todos los otros vencido. Por lo cual todo nuestro estudio se ha de emplear ahora en pelear contra estos tan poderosos gigantes, si queremos quedar señores de todos los otrosenemigos que nos tienen ocupada la tierra de promisión.
Entre los cuales el primero y más principal es la soberbia, que es apetito desordenado de la propia excelencia. Ésta dicen los santos que es la madre y reina de todos los vicios: y por tanto, con mucha razón aquel santo Tobías, entre otros avisos que daba a su hijo, le daba éste, diciendo (Tobías IV): Nunca permitas que la soberbia tenga señorío sobre tu pensamiento, ni sobre tus palabras: porque de ella tomó principio toda nuestra perdición.Pues cuando este pestilencial vicio tentare tu corazón, puedes ayudarte contra él de las armas siguientes: Sigue leyendo
