La Virgen preanunció hace 4 siglos en Quito la crisis de la Iglesia del siglo XX

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Introducción 

Que precisamente el siglo XX – en el que estamos inmersos todavía espiritualmente – es el tiempo de las tinieblas, el tiempo de la gran apostasía profetizado en la Sagrada Escritura… lo haría pensar también una extraordinaria aparición mariana que tuvo lugar hace algunos siglos.

Tiene toda la oficialidad de los reconocimientos eclesiásticos y, sin embargo – por alguna disposición misteriosa de la Providencia –, ha permanecido hasta ahora casi desconocida y está volviendo hoy a la luz.

Fue la misma Virgen la que pidió que su mensaje fuera dado a conocer en el mundo solamente en el siglo XX.

Se trata de las apariciones de la Virgen a la madre Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa (1563-1635), mística española que vivió y murió, con fama de santidad, como monja de la Inmaculada Concepción en Quito, en Ecuador.

Hoy está en curso el proceso de beatificación de la Madre Mariana, cuyo cuerpo – por otro lado – fue encontrado incorrupto y completo el 8 de febrero de 1906.

La Virgen se le presentó como la “Virgen del Buen Suceso” y la Iglesia – por medio de los obispos de Quito – aprobó la veneración de la Virgen con este título.

La devoción ininterrumpida del pueblo ecuatoriano, desde hace 400 años, llevó en 1991 a la Archidiócesis de Quito, con el permiso de la Santa Sede, a realizar la coronación canónica de Nuestra Señora del Buen Suceso como reina de Quito.

Pues bien, la particularidad de estas apariciones consiste precisamente en la petición de la Virgen a la vidente y a las monjas de su convento de que oraran y se ofrecieran en holocausto por los hombres del siglo XX.

Reconstruyendo esta historia, que tiene como centro a la Madre Mariana, Paola de Lillo explica que la mística vivió incluso dos experiencias de pre-muerte:

“Su primera muerte tuvo lugar en 1582. De pie, ante un tribunal, sufrió un proceso al final del cual le fue ofrecida una elección: permanecer inmediatamente en la gloria celestial o volver a la tierra y sufrir, como chivo expiatorio, por los pecados del siglo XX. Ella eligió la segunda posibilidad. Su segunda muerte tuvo lugar el Viernes Santo del año 1588 después de una aparición en la que le fueron mostrados los horribles abusos y las herejías que se perpetrarían en la Iglesia actual. Se despertó dos días después, en la mañana del domingo de Pascua”.

¿No es singular que la Virgen, en los primeros años del siglo XVII, pida a almas consagradas que oren y se inmolen por los hombres del siglo XX? ¿Qué cosa tan terrible debía suceder en el siglo XX? ¿Qué abusos y herejías se deberían verificar para justificar una intervención preventiva del Cielo tan urgente, que no tiene precedentes en la historia de la Iglesia?

Es estupefaciente, si pensamos que todo sucedió hace ahora algunos siglos, leer que “serán los preferidos de Su Corazón sobre todo los que vivirán al final del siglo XX porque en ese periodo el infierno se desencadenará y muchas almas se perderán”.

Marian T. Horvat, estudiosa de este evento, explica en una entrevista que especialmente importante es la aparición del 2 de febrero de 1634, en la que “la luz del santuario se apaga. La Virgen explica después a la Madre Mariana que esto representa a la Iglesia del siglo XX, y explica los cinco significados de aquel acto simbólico. Según las palabras de Nuestra Señora, la luz que se apaga representa: en primer lugar, la difusión de las herejías en los siglos XIX y XX, que apagarán la preciosa luz de la fe en las almas. En segundo lugar, la gran catástrofe espiritual en el Convento y, por extensión, de toda la Iglesia. En tercer lugar, la gran impureza que saturará la atmósfera. “Como un mar sucio, inundará las calles, las plazas y los lugares públicos con una sorprendente libertad”, dijo. “Casi no habrá almas vírgenes en todo el mundo”. En cuarto lugar, la corrupción de la inocencia de los niños y la crisis del clero. En quinto lugar, la pereza y la negligencia de los ricos, que serán testigos al observar su Iglesia oprimida, siendo perseguida, y el triunfo del demonio, sin emplear sus riquezas para atacar al mal y restaurar la fe”.

En las revelaciones que la Virgen dio a la Madre Mariana había muchas profecías que se cumplieron puntualmente en referencia a la historia de Ecuador y a las vicisitudes de la Iglesia Católica.

Por lo que respecta a la historia universal y en especial a la Iglesia, en el siglo XX, la Virgen habla de eventos trágicos y sangrientos vinculados a una terrible crisis espiritual.

Esta noche oscura de la Iglesia fue sintetizada, por Paola De Lillo, con estas palabras: masiva apostasía en la Iglesia, corrupción del clero y crisis de las vocaciones, propagación de herejías, abandono de las reglas en la vida religiosa y culpa de la autoridad eclesiástica de semejante ruina. Naturalmente: “este aparente triunfo de Satanás provocará muchos sufrimientos a los muchos buenos pastores de la Iglesia, a la mayoría de los buenos sacerdotes… El pequeño número de almas en las que el culto de la fe y de la moral se mantendrán padecerán un sufrimiento cruel e indecible… Las pocas almas fieles a la gracia sufrirán de modo cruel e indescriptible, como un prolongado martirio; por este sufrimiento serán considerados mártires” (cfr. La profezia finale. Lettera a papa Francesco sulla Chiesa in tempo di guerra de Antonio Socci – Rizzoli).

Mensaje

Un mensaje dramático, pero lleno de esperanza: las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso en Quito, en Ecuador, en el siglo XVI, aprobadas por la Iglesia.

Madre Mariana de Jesús.

La que vamos a contarles es la maravillosa historia de esta extraordinaria mujer, una mística española, que se ofreció víctima para reparar los pecados cometidos no tanto en su siglo, sino principalmente en el siglo XX, esto es, el nuestro.

La venerable Madre Mariana Francisca Torres de Jesús (1563-1635), cuyo proceso de beatificación está en curso, era sobrina de la Madre María Taboada, fundadora de la Orden de las Hermanas de la Inmaculada Concepción. La tía y la sobrina dejaron España para fundar en Ecuador esta nueva orden, según la voluntad de Dios.

El “mundo criminal” del siglo XX 

Una mañana de 1582, la joven Madre Mariana estaba orando ante el Sagrario. De improviso, oyó un trueno aterrador y vio la iglesia sumergirse en una terrible oscuridad. La puerta del Sagrario se abrió de par en par, y de ella salió una grandísima luz que iluminó el altar mayor.

La vidente, en medio de la gran luz, vio la agonía de Cristo crucificado en el Gólgota; la Virgen, triste y con lágrimas en los ojos, San Juan y a María Magdalena estaban a sus pies.

Mariana creyó ser ella misma la causa de aquella agonía. Postrándose en el suelo, oró: “¡Señor, yo soy la culpable! Castígame y perdona a tu pueblo”. Su Ángel de la Guarda, levantándola del suelo, la tranquilizó: “No, no eres tú la culpable. Levántate porque Dios desea revelarte un gran secreto”.

Viendo todavía a la Virgen con lágrimas en los ojos, la joven monja preguntó: “Oh Madre mía, ¿acaso soy yo la causa de tu tristeza?”. “No, hija mía, no eres tú, sino el mundo criminal”.

Fue entonces cuando la Madre Mariana oyó la voz solemne y severa del Padre Eterno: “¡Este castigo será para el siglo XX!”.

Aparecieron sobre la cabeza del Cristo crucificado y sufriente tres pesadas espadas. Sobre la primera estaba escrito: “Castigaré la herejía”; sobre la segunda: “Castigaré la impiedad”; sobre la tercera: “Castigaré la impureza”.

La Virgen María, con dulzura, preguntó a Mariana: “Hija mía, ¿quieres sacrificarte por las personas de aquella época?”. “Sí, Madre, lo quiero”, fue la respuesta de la vidente. Así, aquellas tres espadas atravesaron el corazón de la Madre Mariana, causándole una “muerte mística” que la llevó al juicio de Dios. Jesús le mostró dos coronas: la primera estaba llena de una luz no conocida en la tierra, la segunda estaba compuesta de lirios blancos perfumados, circundados de muchas espinas. “Esposa mía”, le dijo el Señor, “elige una de estas coronas”. Ella debía elegir entre quedarse en el Paraíso, gozar de la visión de Dios, o bien volver a la tierra y continuar sacrificándose por los hombres y las mujeres del siglo XX, que se harían culpables de pecados de herejía, impiedad e impureza.

La Mamá celestial le pidió que eligiera la segunda corona, porque era necesario que un alma se ofreciera víctima para aplacar la Justicia de Dios. Mariana, tras haber recibido de la Virgen la promesa de que la sostendría en esta tremenda prueba, respondió: “Señora y Madre mía, hágase en mí la Divina Voluntad”. Poco después se volvió a encontrar en la tierra.

Mariana de Jesús se convirtió así en la voluntaria víctima sacrificial por nuestros pecados de herejía, de impiedad y de impureza. No le fue ahorrado ningún sufrimiento. En 1588, el 17 de septiembre, recibió los estigmas de la crucifixión.

El Buen Suceso de la Purificación 

El 2 de febrero de 1594, solemnidad de la Presentación en el Templo de Jesús, de la fiesta de la Candelaria, la Virgen María se presentó a la vidente con este título: “Yo soy María del Buen Suceso de la Purificación”, la Reina del Cielo y de la Tierra”.

La Virgen le pidió a Mariana la construcción de una estatua que la figurara exactamente como se presentaba en la visión. La estatua fue comenzada por un artista del lugar, pero fue completada milagrosamente, en una noche, por los arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael. La autenticidad de este milagro fue confirmada por escrito por los mismos artistas a quienes había sido encomendada la realización de la estatua.

Los tres santos arcángeles, según la narración de la vidente, rindieron homenaje así a la Virgen:

“San Miguel saludándola respetuosamente, dijo: “María Santísima, Hija de Dios Padre”;

San Gabriel dijo: “María Santísima, Madre de Dios Hijo”;

San Rafael dijo: “María Santísima, Purísima Esposa del Espíritu Santo”.

Después, uniéndose a los huéspedes celestiales, entonaron juntos: “María Santísima, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad”.

La Madre Mariana deseaba vivir en lo escondido y, así, suplicó a la Virgen que todo lo que estaba viviendo quedara en secreto. Le fue prometido por Nuestra Señora que su “secreto” sería publicado en el siglo XX.

Durante las visiones, además, la Virgen reveló a Mariana muchos acontecimientos que se deberían verificar en Ecuador en el curso de los siglos y otros muchos relativos al mundo y a la Iglesia universal del siglo XX. Estas profecías se han cumplido con extraordinaria exactitud.

Los crímenes del siglo XX descritos hace más de cinco siglos 

Nuestra Señora del Buen Suceso: “Durante este periodo (…) faltará el espíritu Cristiano.

“¡Castigaré la herejía!” 

El Sacramento de la Extremaunción será poco considerado. Muchas personas morirán sin recibirlo – ya sea a causa de la negligencia de sus familias o por sus falsos sentimientos, que intentan proteger a los enfermos de ver la gravedad de su situación, ya sea porque se rebelarán contra el espíritu de la Iglesia Católica, movidos por la malicia del diablo –. Así, muchas almas serán privadas de innumerables gracias, consuelos y de la fuerza que necesitan para dar el gran salto del tiempo a la eternidad.

El Sacramento del Matrimonio, que simboliza la unión de Cristo con Su Iglesia, será atacado y profanado en el sentido pleno de la palabra. La masonería, que en aquel tiempo estará en el poder, emanará leyes inicuas con el objetivo de abolir este Sacramento, haciendo fácil para todos vivir en el pecado, animando la procreación de hijos ilegítimos nacidos sin la bendición de la Iglesia. El espíritu cristiano vendrá a menos rápidamente, apagando la preciosa luz de la Fe hasta llegar al punto que habrá una degeneración de las costumbres casi total y general…

Aumentarán los efectos de la educación secular, que será una de las razones de la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas… El Sagrado Sacramento de las Sagradas Órdenes será ridiculizado, oprimido y despreciado… El demonio intentará perseguir a los Ministros del Señor de todos los modos posibles y actuará con cruel y sutil astucia para desviarlos del espíritu de sus vocaciones, corrompiendo a muchos de ellos. Estos sacerdotes corruptos, que serán motivo de escándalo para los cristianos, provocarán que el odio de los malos cristianos y de los enemigos de la Iglesia Católica y Apostólica Romana recaiga sobre todos los sacerdotes. Este aparente triunfo de Satanás provocará enormes sufrimientos a los buenos Pastores de la Iglesia.

Ya no existirá casi la inocencia en los niños, ni pudor en las mujeres, y en este momento de gran miseria de la Iglesia, los que deberían hablar permanecerán en silencio.

“¡Castigaré la impiedad!” 

Pero sabe, amada hija mía, que cuando en el siglo veinte tu nombre será dado a conocer, habrá muchos que no creerán, afirmando que esta devoción no es grata a Dios.

Satanás tendrá el control de esta tierra por medio de los errores de hombres sin fe, los cuales, como una nube negra, oscurecerán el cielo de la república consagrada al Sagrado Corazón de Mi divino Hijo. Esta república, habiendo consentido la entrada de todos los vicios, deberá sufrir todo tipo de castigos, entre los cuales habrá pestes, carestías, luchas entre las personas y los extranjeros, que llevarán a un gran número de almas a la apostasía y a la perdición… Y para dispersar estas nubes negras que esconden el claro día de la libertad de la Iglesia, habrá una formidable y terrible guerra en la cual correrá la sangre de nativos y extranjeros, de sacerdotes regulares y seculares y también de monjas…”.

Nuestro Señor Jesucristo: “Sabe además que la Justicia Divina manda terribles castigos sobre enteras naciones, no sólo por los pecados de la gente, sino también por los de sacerdotes y religiosos. Porque estos últimos son llamados, por la perfección de su estado, a ser la sal de la tierra, los maestros de la verdad y los que mantienen alejada la Ira Divina. 

Desviándose de su misión divina, se degradan hasta tal punto que, a los ojos de Dios, son precisamente ellos los que aceleran el rigor de los castigos. Porque separándose de Mí acaban viviendo sólo una vida superficial del alma y mantenerse lejos de Mí no es digno de Mis Ministros. Con su frialdad y falta de confianza actúan como si para ellos Yo fuera un extraño”.

Y esto no es todo.

La lámpara apagada 

El 2 de febrero de 1634, hacia las tres de la mañana, la Madre Mariana estaba orando ante el Santísimo Sacramento. De repente, la lámpara se apagó. Apareció entonces la Virgen, que explicó así el significado de ese apagamiento repentino: “El apagamiento de la luz del Santuario tiene diferentes significados”.

“¡Castigaré la impureza!” 

“La primera razón del apagamiento de la luz del Santuario es que desde el final del siglo XIX y en gran parte del siglo XX, varias herejías se propagarán en este país, que será entonces una república independiente. Cuando tengan preponderancia, la luz preciosa de la Fe se extinguirá en las almas por la corrupción casi total de las costumbres. Durante este periodo habrá grandes catástrofes físicas y morales. El pequeño número de almas que, escondidas, conservarán el tesoro de la Fe y de las virtudes, sufrirán de manera indeciblemente cruel un prolongado martirio. Muchos de ellos morirán por la violencia de los sufrimientos y los que se sacrificarán por la Iglesia y por la Patria serán considerados Mártires. Para liberar a los hombres del vínculo de estas herejías, aquellos a los que el amor misericordioso de Mi Santísimo Hijo destinará para la Restauración, deberán tener una gran fuerza de voluntad, constancia, valentía y mucha confianza en Dios. Para probar esta fe y confianza del justo, habrá momentos en los que todo parecerá perdido y paralizado: este será el feliz inicio de la completa Restauración.

La segunda razón del apagamiento de la luz del Santuario es que mi Convento, reducido drásticamente en número, quedará sumergido en un incomprensible océano de indescriptible amargura, y parecerá hundirse en estas diversas aguas de tribulación. ¡Cuántas auténticas vocaciones perecerán por falta de discreción, discernimiento y prudencia por parte de las Maestras de Novicias que las forman! Deberían ser almas de oración y muy eruditas en los diferentes caminos espirituales. ¡Ay de aquellas almas que volverán a la Babilonia del mundo tras haber estado en el lugar seguro de este bendito Convento! Durante esta época desafortunada, la injusticia entrará incluso en mi jardín cerrado. Enmascarada bajo el nombre de falsa caridad, la injusticia sembrará la ruina de las almas. El rencoroso Diablo intentará sembrar la discordia por medio de miembros pútridos, los cuales, enmascarados de una apariencia de virtud, serán como sepulcros en corrupción que emanan la pestilencia de la putrefacción, causando muertes morales en algunos y tibieza en otros. Ellos clavarán una espada de doble filo en mis hijas fieles, mis almas escondidas, haciéndoles sufrir un continuo y lento martirio. Estas hijas fieles llorarán en secreto y se lamentarán ante su Señor y Dios, y sus lágrimas serán presentadas por su Ángel de la Guarda al Padre Celestial, pidiendo que semejantes tiempos sean acortados por el amor del Divino Prisionero.

La tercera razón del apagamiento de la luz del Santuario es que el espíritu de impureza que saturará la atmósfera de aquellos tiempos, como un océano repugnante, inundará las calles, las plazas y los lugares públicos con una increíble libertad. Casi no habrá ya almas vírgenes en el mundo. La flor delicada de la virginidad, tímida y amenazada de completa extinción, resplandecerá mucho desde lejos. Tomando refugio en los Conventos, encontrará un buen terreno y, echando raíces, crecerá y vivirá, y su fragancia será la delicia de mi Santísimo Hijo y el escudo contra la Ira Divina. Sin virginidad, sería necesario que sobre estos Países cayese el fuego del Cielo para purificarlos. En estos tiempos de maliciosa soberbia, el envidioso y pestífero Diablo intentará introducirse también en estos jardines cerrados de los Conventos de los Religiosos para marchitar estas flores maravillosas y delicadas. ¡Pero yo le haré frente y le aplastaré la cabeza bajo mis pies! ¡Ay de mí, qué dolor! Habrá almas incautas que se echarán voluntariamente en sus garras. Otros, vueltos al mundo, se convertirán en instrumentos del Diablo para la perdición de las almas.

“Este castigo será para el siglo XX” 

La cuarta razón del apagamiento de la luz del Santuario es que, por medio de la adquisición del control sobre todas las clases sociales, la Secta Masónica, será tan astuta que penetrará en el corazón de las familias para corromper incluso a los niños, y el Diablo se gloriará de nutrirse, con perfidia, de la exquisita delicadeza del corazón de los niños.

Durante estos tiempos desafortunados, el mal asaltará la inocencia infantil y, de este modo, las vocaciones al sacerdocio se perderán, y esto será un verdadero desastre. Será tarea de grupos religiosos sostener a la Iglesia y trabajar con valeroso y desinteresado celo por la salvación de las almas, porque, durante este periodo, la observancia de la regla brillará en las comunidades y habrá santos ministros del altar, escondidos, y almas maravillosas de las cuales Mi Santísimo Hijo y Yo nos deleitaremos, considerándolas flores excelentes y frutos de santidad heroica. Los impíos declararán una guerra cruel contra ellos cubriéndolos de insultos, calumnias y vejaciones, para impedir el ejercicio de su ministerio. Pero ellos, como firmes columnas, permanecerán inconmovibles y afrontarán todo esto con aquel espíritu de humildad y sacrificio con el que están revestidos por la virtud de los méritos infinitos de Mi Santísimo Hijo, el Cual los ama como las fibras más recónditas de su santísimo y tiernísimo Corazón.

En esta época, el Clero Secular abandonará sus ideales, porque los sacerdotes se volverán negligentes en sus sagrados deberes. Perdida la brújula divina, se alejarán del camino trazado por Dios para el ministerio sacerdotal y estarán apegados a los bienes y a las riquezas, que se esforzarán ilícitamente en obtener. ¡Cuánto sufrirá la Iglesia durante esta noche oscura! Faltando un Prelado y Padre que les guíe con amor paterno, dulzura, fortaleza, sabiduría y prudencia, muchos sacerdotes perderán su espíritu, poniendo sus almas en gran peligro. Orad insistentemente sin cansaros y llorad con lágrimas amargas, en el secreto de vuestro corazón, implorando a nuestro Padre Celestial, el Cual, por el amor del Corazón Eucarístico de Mi Santísimo Hijo y por Su Preciosa Sangre derramada con tanta generosidad y por la profunda amargura y sufrimiento de Su cruel Pasión y Muerte, podría tener piedad de Sus ministros y poner rápidamente fin a estos tiempos infaustos, mandando a Su Iglesia el Prelado que restaurará el espíritu de sus sacerdotes.

Mi Santísimo Hijos y Yo amaremos a este hijo privilegiado con un amor de predilección y Nosotros le haremos don de raras capacidades: humildad de corazón, docilidad a la divina inspiración, fortaleza para defender los derechos de la Iglesia, y de un corazón tierno y compasivo, de modo que, como otro Cristo, asistirá a los grandes y a los pequeños, sin descuidar a las almas más desafortunadas, que le pedirán un poco de luz y de consejo en sus dudas y sufrimientos. Con divina suavidad, guiará las almas consagradas al servicio de Dios en los Conventos, aligerando el yugo del Señor, el Cual dijo: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”. Las balanzas del Santuario serán puestas en sus manos, de modo que todo sea pesado con debida medida y Dios será glorificado.

La tibieza de todas las almas consagradas a Dios, en el estado sacerdotal y religioso, retrasarán la venida de este Prelado y Padre. Por tanto, esta será la causa que permitirá al Demonio maldito tomar posesión de este País en el que conseguirá sus victorias por medio de extranjeros y gente sin fe, tan numerosos que, como una nube negra, oscurecerán el limpio cielo de esta futura República que será consagrada al Sacratísimo Corazón de Mi Divino Hijo.

Con esta gente, entrarán todos los vicios, y atraerán, a su vez, todo tipo de castigos, como calamidades, carestías, guerras intestinas, disputas con otras naciones y apostasía, causa de la perdición de tantas almas tan amadas por Jesucristo y por Mí.

Para disipar esta nube negra, que impide a la Iglesia beneficiarse del día limpio de la libertad, habrá una guerra terrible y tremenda que verá el derramamiento de sangre de nativos y extranjeros, de sacerdotes regulares y seculares y también de monjas. Aquella noche será la más horrible, porque parecerá que, humanamente hablando, el mal ha triunfado.

Esto señalará, entonces, la llegada de mi hora, cuando Yo, de manera sorprendente, destronaré al orgulloso Satanás, aplastándolo bajo mi pie y encadenándolo en los abismos infernales, liberando así, finalmente, a la Iglesia y a la Nación de su cruel tiranía.

La quinta razón del apagamiento de la luz del Santuario es la flaqueza y negligencia de aquellos que poseen grandes riquezas, los cuales se quedarán mirando con indiferencia a la Iglesia que será oprimida, a la virtud perseguida y al mal que triunfa, sin emplear devotamente sus riquezas para la destrucción del mal y para restaurar la Fe. Esto se debe también a la indiferencia de aquella gente, que permitirá que el Nombre de Dios sea hecho desaparecer gradualmente y que se unirá al espíritu del mal, entregándose libremente a los vicios y a las pasiones.

¡Ay de mí, hijas mías predilectas! Si os fuera concedido vivir en esta era tenebrosa, moriríais de dolor al ver que se cumple todo lo que Yo os he revelado. Mi Santísimo Hijo y Yo tenemos un amor tan grande por este País, nuestra heredad, que Nosotros deseamos incluso, desde ahora, pedir vuestro sacrificio y vuestras oraciones para acortar los tiempos de semejante catástrofe terrible.

Las razones del apagamiento de la lámpara impresionaron profundamente a la Madre Mariana, la cual se esforzó todavía más en hacer que el mensaje de Nuestra Señora del Buen Suceso llegara a nosotros, hombres y mujeres del siglo XX, en particular a la Jerarquía.

El testamento de la Madre Mariana 

Mariana Torres de Jesús murió, tras haber sufrido muchísimo para aplacar la Ira Divina a causa de nuestros pecados, el 16 de enero de 1635 a las 15:00 horas, la hora de la muerte de Jesús.

En su Testamento, escribió: “Cuando el Divino Maestro estaba colgado en aquél vergonzoso patíbulo de la Cruz, con su vida que lentamente venía a menos, en medio de una casi infinita pena y tormento, el testamento que El dio para redimir a la humanidad fue el don de dejar a Su Madre como Madre nuestra.

En efecto, Él se dirigió a Su Virgen Madre, diciendo: “¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!”, Su discípulo predilecto.

Y dirigiéndose a él, dijo: “¡He ahí a tu Madre!”. Esta es vuestra Madre Celestial, María Santísima del Buen Suceso. ¡Ella os dará siempre un buen suceso!

Tened un gran amor por la Bienaventurada Virgen; imitad sus virtudes, sobre todo su profunda humildad, su ardiente amor por Dios y por los pobres pecadores, su sencillez y confiada inocencia. Que no haya engaños o hipocresías en vuestras almas. Perseverad y propagad la devoción bajo la invocación de Nuestra Señora del Buen Suceso, porque con ella obtendréis de Jesús y María todo lo que pidáis… Deberéis conservar devotamente este verdadero tesoro y hacerla conocer y amar por las más almas posibles.

Aseguradles que con esta devoción obtendrán siempre un buen suceso, en el tiempo y en la eternidad…

Recurrid a Ella en todas vuestras necesidades espirituales y temporales. Cuando vuestra alma sufre por las tentaciones y está inmersa en el dolor y, si por divina permisión, la estrella de vuestra vocación está escondida a la vista de vuestra alma, dirigíos a Ella, con confianza, con estas palabras: “Estrella del mar en tempestad de mi vida mortal, pueda tu luz iluminarme de modo que no pueda alejarme del camino que me lleva al Cielo”.

Conclusión 

Como conclusión, nadie puede afirmar: “¡No he sido avisado!”.

BIBLIOGRAFIA

La admirable vida de la Madre Mariana de Jesús Torres, escrita en el siglo XIX por el prior franciscano de Quito, Manuel de Souza Pereira. 

Trial, Tribulation and Triunph, de Desmond A. Birch, Queenship Publishing.

(Publicado en el Blog oracolocooperatoreveritatis)

(Traducido por Marianus el eremita/Adelante la Fe)

Por SÍ SÍ NO NO

Tomado de:

https://adelantelafe.com

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