Meditación: de las persecuciones cuanto más se acercare el fin del mundo

parusia

8 noviembre, 2015

Meditación para el domingo veinticuatro después de Pentecostés

De la Doctrina del Evangelio (Marcos 24)

El evangelio trata de la venida del Anticristo y de las señales que han de preceder el día del juicio y cómo vendrá el Señor con suma potestad y majestad, y resucitará á todos los muertos, y los juntará en un lugar para dar la última sentencia en el juicio universal.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo ha de haber persecuciones, y mayores cuanto más se acercare el fin del mundo y a cada uno el de la vida; porque reconociendo el demonio que se le acaba el tiempo de guerrear contra los hombres, pone mayor esfuerzo en derribarlos; y Cristo avisa de las que ha de padecer la Iglesia, porque estés apercibido y te arraigues desde luego firmísimamente en la virtud. Considera lo que importa este negocio, y que si los cedros mas altos no están seguros ¿qué seguridad tendrán los que no tienen raíces ni fuerzas para’ resistir á la borrasca de la tribulación? Humíllate delante de Dios, y pídele su gracia para arraigarte y fortalecerte en la fé y en la caridad y en todas las virtudes, para poder entonces resistir á tu enemigo.

PUNTO II. Considera que te envía Dios desde luego tribulaciones y persecuciones, para que te amaestres en ellas a resistir a las mayores que vendrán antes del juicio, y si en estas faltas y rompes en impaciencias, ¿cómo resistirás a las de entonces? Atiende que está Dios á la vista con toda su corte celestial, mirando como peleas, para darte la corona de la victoria: sufre con paciencia, ten constancia,-y mira que no la pierdas-clama a Dios, ármate con la oración y los santos sacramentos, y confia en su bondad que estará siempre a tu lado y no te dejará, si tú no le dejas ni desfalleces en su servicio.

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que cuando venga la tribulación huyan a los montes, y que no vuelvan ni se detengan a salvar alguna cosa de sus casas: en que nos amonesta a acogernos al monte de la soledad, y a retirarnos de las ocasiones para no ser vencidos, y posponer lo temporal a lo espiritual, y la hacienda, las casas, los amigos y parientes al bien de nuestras almas. ¡Oh alma mía!  ¡y qué lección tan importante tienes en estas palabras para aprender, si te sabes valer de ellas! Retírate con Dios al monte alto de la contemplación, huye de las ocasiones en que puedes caer y ser vencida, despreciando lo terreno por alcanzar lo celestial; nada pierdes, y si esto ganas, no tienes mas que desear: toma el consejo de Cristo, y déjalo todo por ganar el cielo y la gloria para siempre.

PUNTO IV: Considera lo que dice Cristo, que no esperemos a huir en el invierno, ni el sábado, y que roguemos al Señor que nos dé fuerzas para ponernos antes en salvo. El invierno de la vida es la vejez, cuando las sierras de nuestras cabezas están nevadas de canas. y la sangre fría y el cuerpo sin fuerzas y lleno de achaques, como casa que amenaza ruina. Y, el sábado es el último día de la semana; y así nos aconseja que no esperemos a prepararnos para la venida al último tercio de la vida, ni a la vejez cuando no podamos obrar, ni á la última enfermedad o trance de la muerte, cuando se nos ponga el sol de la vida, y quedemos en las tinieblas del morir, sin tiempo para merecer. ¡Oh qué grande engaño es esperar a tan tarde para prevenir la venida de tan grande Señor! Repara y considera despacio cuán corto es el término de la vida y cuánto importa no ser vencido en esta lid, y que no te halle descuidado la tribulación que te amenaza; y qué error será echarte a dormir ahora, no teniendo un día seguro, y esperar el tiempo que no sabes si le tendrás; y cuando le tengas, es el peor y el más impedido de la vida, y que él mismo te hace guerra, y te impide para no prevenirte ni defenderte como debes. Mira a cuántos ha engañado esta presunción y falsa confianza, que están hoy ardiendo en el infierno. Y pues asi es, toma el consejo de Cristo, arrójate a sus pies, y ruégale con lágrimas que tu huida no sea en el invierno de la vida sino luego, y que no esperes al último trance de ella, sino que te dé gracia para prepararte luego, y tener este día por el último, como si luego hubieses de morir.

Padre Alonso de Andrade, S.J

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