LAS FIESTAS DE PRECEPTO (Parte 2 de 2)

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2. Naturaleza del precepto.

El precepto de santificar las fiestas es de derecho natural, de derecho divino-positivo y de derecho eclesiástico:

a) Es de derecho natural en cuanto es necesario dedicar algún tiempo al descanso (v.) y al culto (v.) divino, éste no sólo privado sino público, en virtud de los derechos imprescriptibles del Creador; b) Es de derecho divino-positivo en cuanto que ha sido expresamente preceptuado por Dios la santificación del día séptimo en memoria del «descanso» del Creador (cfr. Ex 2.0,8-11; V. 1I y III; DESCANSO II);

c) Es de derecho eclesiástico en cuanto que la Iglesia ha determinado en cuáles días y de qué manera hay que santificar las fiestas (V. MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA).

      El precepto de santificar las fiestas, con mayor dedicación al descanso, a la oración y al culto divino, resulta cada vez más necesario en la moderna civilización progresivamente tecnificada, con sus prisas, masificación, afán de eficacia, etc. Las fiestas vienen a ser en este mundo agitado el remanso de paz y serenidad que necesita el hombre para cuidar su interioridad, su espiritualidad, su vida familiar y hasta su salud física.

Es célebre entre los judíos el dicho: «Aún más de lo que Israel guardó el sábado, el sábado guardó a Israel». Ello puede aplicarse a todas las fiestas, pausa en la fatiga del trabajo cotidiano, monótono y rutinario para muchos; tiempo especialmente dedicado a recordar y reconquistar el sentido y justificación del esfuerzo diario, a dar sentido y razón al propio vivir.

3. El precepto de oír Misa.

En torno a este precepto hay que notar principalmente lo siguiente:

1°) De suyo, obliga a todos los fieles bautizados con uso de razón y siete años cumplidos, sean o no católicos. Pero en la práctica la Iglesia no tiene intención de obligar a los bautizados no católicos con esta clase de leyes.

2°) El precepto se refiere a todos los domingos del año y a las fiestas de guardar establecidas por la ley general o por las concesiones especiales de la Santa Sede.

3°) Este precepto hay que cumplirlo precisamente el día en que está mandado, pasado el cual cesa de obligar. Y así, el que dejó de oír Misa ese día, aunque sea culpablemente, no está obligado a ir el día siguiente. Sin embargo, como es sabido, actualmente este precepto puede vivirse asistiendo a la Misa vespertina del sábado o del día anterior a la fiesta, en aquellos lugares autorizados (cfr. Instr. Eucharisticum mysterium, 28).

4°) Los forasteros o peregrinos, o sea, los que se encuentran de paso en un lugar distinto del de su domicilio o cuasi domicilio habitual, no están obligados a la asistencia a Misa en la fiesta patronal del lugar donde se hallan circunstancialmente; pero deben. evitar el escándalo de los que ignoren su condición de forasteros.

5°) Los que por vivir en el campo, lejos de las ciudades o por otra razón cualquiera, se ven imposibilitados de oír Misa todos los domingos y fiestas, deben hacerlo, al menos, cuando se les presenta ocasión oportuna, aunque sea en día de trabajo y ello, probablemente, por derecho divino, implícito en la institución de la Santa Misa como acto principal del culto católico para honrar a Dios. Cuántas veces obliga en esta forma la asistencia a Misa, no puede determinarse con exactitud.

4. Modo de cumplirlo.

Para cumplir de manera conveniente el precepto de santificar las fiestas mediante la participación en el santo sacrificio de la Misa, se requieren determinadas condiciones. Las principales y más obvias son las siguientes:

     a) Presencia corporal. No cumple el precepto el que sigue la Misa por radio o televisión, ni el que permanece tan alejado del grupo de los asistentes que no se le pueda considerar como formando parte de ellos. No se requiere, sin embargo, estar estrictamente dentro del recinto de la iglesia, ni siquiera ver al sacerdote; basta que forme parte de los que la oyen (aunque sea en la misma calle, si la iglesia está abarrotada) y pueda seguirla de algún modo, por el sonido de la campanilla o los gestos de los demás, etc.

b) Integridad. La Iglesia manda oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. La integridad admite, sin embargo, parvedad de materia. No sería grave omitir la primera parte de la Misa hasta el Evangelio u ofertorio (discuten los autores entre lo primero o segundo) o lo que sigue a la comunión (habiéndola oído íntegramente desde el principio). Pero la mente actual de la Iglesia, sobre todo después del Concilio Vaticano II, es que todos los fieles oigan la homilía que predica el sacerdote después del Evangelio, por lo que cometen un verdadero abuso los que la omiten sistemática y deliberadamente, llegando después de ella.
El que llega tarde está obligado (leve o gravemente, según la parte omitida) a suplir lo que le falta en otra Misa posterior, a no ser que le sea material o moralmente imposible (p. ej., por tratarse de la última Misa o tenerse que ausentar forzosamente). Es lícito oír dos medias Misas, sucesivas no simultáneas, con tal que la consagración y la comunión pertenezcan a la misma Misa (cfr. Denz.Sch. 2153).

c) Participación activa. El que asiste materialmente a Misa guardando la atención y compostura externa que requiere todo acto humano, cumple sin duda alguna lo esencial del precepto para no incurrir en falta grave. Pero no cumple la finalidad intentada por la Iglesia en orden a la santificación de las fiestas mediante el santo sacrificio de la Misa. Para ello se requiere una verdadera participación activa de los fieles en el augusto misterio.

El Concilio Vaticano II lo ha recordado expresamente:

«La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la Palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él; se perfeccionen día a día por Cristo Mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos» (Cons. Sacr. Concilium, 48).

d) Rito y lugar debidos. El CIC preceptúa los siguientes: «Cumple con el precepto de oír Misa el que asiste a ella en cualquier rito católico que se celebre, al aire libre o en cualquiera iglesia u oratorio público o semipúblico y en las capillas privadas de los cementerios; mas no en otros oratorios privados, si la Sede Apostólica no ha concedido este privilegio» (can. 1249).

  5. Causas excusantes. Como ley positiva eclesiástica, el precepto de asistir a Misa los domingos y días de fiestas admite excepciones y causas excusantes en determinadas circunstancias. Las principales son las siguientes:

      a) La imposibilidad física o moral, que puede obedecer a diversos motivos, p. ej., una enfermedad o convalecencia que impida salir de casa; una distancia considerable al templo más cercano (p. ej., una hora de camino a pie, o menos si llueve, nieva o hubiese algún otro obstáculo); los muy ancianos o débiles, que no podrían sin grave molestia trasladarse al templo o permanecer en él durante toda la Misa, etc.

      b) La caridad, que obliga a socorrer al prójimo en grave necesidad, ya corporal (accidente, incendio, enfermedad, etc.), ya espiritual (p. ej., si permaneciendo en casa o en cualquier otro lugar pudiera impedir o evitar un pecado grave),

c) La obligación que retiene en sus puestos a las madres con hijos pequeños, o a las nodrizas, guardas, soldados, empleados en servicios públicos, etc.; pero éstos han de procurar asistir a Misa todas las veces que puedan, aunque sea esforzándose un poco. Hoy día, con la abundancia de Misas, incluso vespertinas, es difícil que no pueda cumplirse el precepto dominical, sobre todo en las grandes ciudades.

      6. Otros modos de santificar las fiestas. Aunque la asistencia devota y activa a la Santa Misa sea el medio principal o más importante de santificar las fiestas (sobre todo si los fieles reciben en ella la Comunión), no es, sin embargo, el único. Se indican a continuación otros medios que pueden cuidarse:

      a) Incrementar la vida parroquial. La parroquia (v.) viene a ser el hogar espiritual del cristiano. Los días festivos, sobre todo, pueden ser aprovechados por los feligreses para incrementar el espíritu de comunidad parroquial, colaborando con el párroco en la catequesis de niños y adultos, o en las obras parroquiales de promoción social, caritas diocesana, etc. La participación activa de los seglares en la vida de la Iglesia -preconizada con tanta insistencia por el Conc. Vaticano ll- puede realizarse, entre otras formas, a través de esa colaboración con la comunidad parroquial (v. LAICOS).

b) Incrementar la piedad familiar. El hogar es un templo en pequeño. En él han de brillar todas las virtudes cristianas de que nos dejó ejemplo sublime la santa casa de Nazaret. El rezo del Rosario (v.), plegaria hogareña por excelencia, debe elevarse al cielo todos los días del año, pero de una manera particularmente fervorosa el día del Señor. «La familia que reza unida, permanece unida» (P. Peyton). Y pocas cosas unen y congregan con más dulce intimidad a toda la familia como el rezo entrañable del santo Rosario como homenaje filial a la Reina de los Ángeles. Es también, como enseñan los teólogos, una de las más grandes señales de predestinación de todos los miembros de la familia.

      c) Descanso y entretenimiento. Precisamente porque el precepto dominical incluye, junto con la asistencia a la Santa Misa, el descanso de los trabajos corporales, entra de lleno en su espíritu entregarse durante algún tiempo en los días festivos a cualquier diversión sana, deporte, etc. Elevando los motivos, haciéndolo todo por la gloria de Dios y con amor a Él (cfr. 1 Cor 10,31), las diversiones se convierten en un verdadero culto a Dios y en instrumento para la propia santificación.

      d) Abstenerse especialmente de todo pecado. Aunque esta obligación pesa sobre todos los hombres en cualquier día y momento de su vida, urge de manera especial en los días consagrados al Señor. Téólogos hubo que consideraron revestido de especial gravedad el pecado cometido en domingo o día festivo, por el gran contrasentido que supone aprovechar el día santo para una cosa tan contraria a la santidad como es el pecado. Y aunque es cierto que esta circunstancia no cambia la especie moral ni teológica del pecado (y, por lo mismo, no sería necesario acusarse en confesión del día concreto en que se pecó), no cabe duda que el pecado en día festivo va directamente en contra de la finalidad intentada por el precepto de santificar las fiestas.

V. t.: DESCANSO; DOMINGO II; MISA; EUCARISTÍA II, C, 5.

BIBL.: S. Pío V, Catecismo Romano (de Trento), p. III cap. IV (ed. bilingüe, Madrid 1971); CONC. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, cap. V; PAULO VI, Instr. Eucharisticion mysterium, 25 mayo 1967; S. TomÁs, Sulna Teológica, 2-2, gl22 a4; A. VILLIEN, Fétes, en DTC V,2183-91 ; ÍD, Histoire des con7rnandements de l’Église, París 1909, 107-143; A. JUNG.MANN, Fl sacrificio de la Misa, 2 ed. Madrid 1952; L. BORDIN, La partecipazione dei fedeli al sacrificio della messa, nella teologia contemporanea, Finalpia (Savona) 1948; G. CHEVROT, Nuestra misa, Madrid 1955; V. VAGAGGINI, La messa Ponte di cita cristiana, Alba 1941; A. REY, La Misa centro de la eida cristiana, Madrid 1970; A. LANZA, P. PALAZZINI, Principios de Teología moral, II, Madrid 1958, 87 ss.

A. ROYO MARÍN.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

Tomado de:

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LAS FIESTAS DE PRECEPTO (Parte 1 de 2)

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Se llaman fiestas de precepto aquellos días en los que la Iglesia pide a los fieles una celebración especial, litúrgica y personal, expresada con las palabras del tercer mandamiento del Decálogo (v.): «santificar las fiestas».

En el domingo, dice el Concilio Vaticano II, «los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando de la Eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios… Por esto, el domingo es la fiesta primordial que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo» (Sacr. Concilium, 106).

Lo que se dice del domingo, puede aplicarse a los demás días de fiesta.
La Iglesia especifica el precepto de santificar las fiestas en un doble aspecto:

  1. Uno positivo, que se refiere expresamente a la santificación de la fiesta concreta, sobre todo con la participación en el Santo Sacrificio de la misa todos los domingos y fiestas de guardar (v. MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA),
  2. Y otro negativo, que prescribe el descanso dominical con la prohibición de realizar determinados trabajos. Este segundo aspecto se trata en DOMINGO tt. Aquí se verá, por tanto, solamente el primero.

 1. Consideración histórica.

        Desde el principio, los cristianos celebraban unos determinados días de fiesta, concretamente los domingos (v.), en conmemoración de la Resurrección del Señor; ya en el siglo II la santificación del domingo parece que era universal, y en el siglo IV los Concilios de Elvira y de Sardes hablan de la obligación de oír Misa ese día.

    Con el desarrollo de la liturgia, las celebraciones (v.) van aumentando con la conmemoración de diversos misterios de la vida de Jesucristo (especialmente la Pascua y luego la Navidad), con la aparición de las fiestas de los mártires, de la Virgen, etc. (v. AÑO LITÚRGICO; CALENDARIO II).

Con el tiempo, el número de las fiestas creció considerablemente. El sínodo de Szaboles (1092) enumera 38, el Concilio de Toulouse (1229) habla de 40, de modo que en el siglo XIII llegaban casi a 100 entre domingos, fiestas universales y locales, etc. Eso explica que comiencen a surgir lamentaciones por los daños verdaderos o presuntos que se podrían derivar para la economía, se alude también al peligro de ociosidad que podría derivarse, etc.

El Concilio de Trento trata de moderar en este tema, pero no prescribe nada en concreto, simplemente recuerda el catálogo de fiestas que el Concilio de Lyon había determinado para toda la Iglesia.

Con Urbano VIII (1623-44) se reserva la Santa Sede el derecho de establecer fiestas obligatorias, con exclusión de los obispos y determina su número con la constitución Universa, de 13 sept. 1642.

Así Clemente XI, en 1708, añade en el calendario la fiesta de la Inmaculada Concepción. Posteriormente, sobre todo mediante convenios entre la Santa Sede y los poderes civiles, comienza la reducción.

Clemente XIV, en 1711, por el breve Paternae caritati reduce el número para el territorio de Austria; del atálogo de Urbano VIII, quedan como festivos: los domingos, los días siguientes a Resurrección y Pentecostés, Natividad del Señor, Circuncisión, Epifanía, Ascensión y Corpus Christi; las fiestas de la Virgen de: Purificación, Anunciación, Asunción, Natividad y Concepción Inmaculada; además, las fiestas de San Pedro y San Pablo, Todos los Santos, San Esteban Protomártir y la del Patrón principal.

La reducción llega al máximo en Francia, donde en virtud del Concordato de Napoleón quedan sólo 4 fiestas de precepto además de los domingos: Navidad, Ascensión, Asunción, Todos los Santos.
Más tarde San Pío X, con motu proprio del 2 jul. 1911, redujo fuertemente el número, de manera que, por derecho común general, además de los domingos, quedan solamente ocho días de fiestas: Navidad, Circuncisión, Epifanía y Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, Inmaculada Concepción y Asunción de Nuestra Señora, Santos Pedro y Pablo y Todos los Santos. Estas prescripciones -con las inclusiones posteriores del Corpus Christi y de San José- fueron recogidas en la CIC (c. 1247).

Actualmente, después de la reforma del Calendario (motu proprio de Paulo VI, 14 febr. 1969, y decr. de la S. Congr. de Ritos, 21 marz. 1969), los días de fiesta han quedado así:
a) Todos los domingos del año.
b) Fiestas del Señor: Navidad (v.), Epifanía (v.), Ascensión (v.) y Corpus Christi (v.).
c) Fiestas de la Virgen: Inmaculada Concepción, Santa María Madre de Dios y Asunción (v. MARÍA IV).
d) Fiestas de los Santos: San José (v.), San Pedro (v.) y San Pablo (v.) Apóstoles, y Todos los Santos (v.).

      En cuanto a los días festivos de carácter local habrá que atenerse a las disposiciones dadas para cada iglesia local por la competente autoridad eclesiástica.

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LA INMACULADA CONCEPCIÓN

ORIGEN DE LA CELEBRACIÓN

En la Constitución Ineffabilis Deus de 8 de Diciembre de 1854, Pío IX pronunció y definió que la Santísima Virgen María “en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original”. De esta manera proclamaba como dogma de fe de forma definitiva lo que la tradición popular había sostenido desde los comienzos de la Iglesia.

Toda hermosa eres, María, y la mancha original no se halla en ti.

Toda hermosa eres, María, y la mancha original no se halla en ti.

1. La Sagrada Escritura
En la Sagrada Escritura encontramos algunas referencias (aunque no directas) a la Virgen. El primer pasaje escriturístico que contiene la promesa de la redención menciona también a la Madre del Redentor: “Yo pondré enemistad entre ti y la mujer y su estirpe; ella aplastará tu cabeza cuando tú aceches para morderle su talón” (Génesis 3,15).

Por otra parte en el evangelio de san Lucas, el saludo del ángel Gabriel (Cfr. Lucas 1,28) “Dios te salve, llena de gracia”, chaire kecharitomene, indica una alabanza a la abundancia de gracia, un sobrenatural estado del alma agradable a Dios, que encuentra explicación sólo en la Inmaculada Concepción de María.

También se han visto referencias a la Virgen María en el libro de los Proverbios, el Eclesiático y el Cantar de los Cantares (Cfr. Cant. 4:7).

2. Los Padres de la Iglesia
Respecto de la impecabilidad de María, los antiguos Padres son muy cautelosos, aunque insisten en dos puntos sobre todo: la absoluta pureza de María y su posición como segunda Eva (Cfr. 1 Cor 15:22).

Esta celebrada comparación entre Eva, por algún tiempo inmaculada e incorrupta -no sujeta al pecado original- y la Santísima Virgen es desarrollada por varios Padres de la Iglesia:
san Justino, san Ireneo de Lyon, Tertuliano, San Cirilo de Jerusalén y Sedulio entre otros.

Los escritos patrísticos sobre la absoluta pureza de María son muy abundantes:
Orígenes la llama “digna de Dios, inmaculada del inmaculado, la más completa santidad, perfecta justicia, ni engañada por la persuasión de la serpiente, ni infectada con su venenoso aliento.

San Ambrosio dice que “es incorrupta, una virgen inmune por la gracia de toda mancha de pecado”.

San Agustín declara que todos los justos han conocido verdaderamente el pecado “excepto la Santa Virgen María, de quien, por el honor del Señor,yo no pondría en cuestión nada en lo que concierne al pecado”.

Los Padres sirios nunca se cansaron de ensalzar la impecabilidad de María.

San Efrén describe la excelencia de la gracia y santidad de María: “La Santísima Señora, Madre de Dios, la única pura en alma y cuerpo, la única que excede toda perfección de pureza, única morada de todas las gracias del más Santo Espíritu […], mi Señora santísima, purísima, sin corrupción, la solamente inmaculada”.

3. El origen de la fiesta
La antigua fiesta de la Concepción de María (Concepción de Santa Ana), que tuvo su origen en los monasterios de Palestina a final del siglo VII, y la moderna fiesta de la Inmaculada Concepción no son idénticas en su origen, aunque la fiesta de la Concepción de Santa Ana se convirtió con el paso del tiempo en la de la Inmaculada Concepción.

Para determinar el origen de esta fiesta debemos tener en cuenta los documentos genuinos que poseemos. El más antiguo es el canon de la fiesta, compuesto por san Andrés de Creta, quien escribió su himno litúrgico en la segunda mitad del siglo VII.

En la Iglesia oriental la solemnidad emergió de comunidades monásticas, entró en las catedrales, fue glorificada por los predicadores y poetas, y eventualmente fue fijada fiesta en el calendario de Basilio II, con la aprobación de la Iglesia y del Estado.

En la Iglesia occidental la fiesta aparece cuando en el oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando.

El definitivo y fiable conocimiento de la fiesta en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old Minster, Winchester, datado hacia el año 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito entre 1035 y 1056. Esto demuestra que la fiesta era reconocida por la autoridad y observada por los monjes sajones con considerable solemnidad.

Después de la invasión normanda en 1066, el recién llegado clero normando abolió la fiesta en algunos monasterios de Inglaterra donde había sido establecida por los monjes anglosajones. Pero hacia fines del siglo XI, a través de los esfuerzos de Anselmo el Joven, fue retomada en numerosos establecimientos anglo-normandos.

Durante la Edad Media la fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la Fiesta de la nación normanda, lo cual manifiesta que era celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la Europa occidental.

Por un Decreto de 28 de Febrero de1476, Sixto IV adoptó por fin la fiesta para toda la Iglesia latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad.

Para poner fin a toda ulterior cavilación, Alejandro VII promulgó el 8 de Diciembre de 1661 la famosa constitución Sollicitudo omnium Ecclesiarum en la que declaró que la inmunidad de María del pecado original en el primer momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo eran objeto de fe.

Desde el tiempo de Alejandro VII hasta antes de la definición final, no hubo dudas por parte de los teólogos de que el privilegio estaba entre las verdades reveladas por Dios. Finalmente Pío IX, rodeado por una espléndida multitud de cardenales y obispos, promulgó el dogma el 8 de Diciembre de 1854.

Tomado de:

https://eccechristianus.wordpress.com/

FIESTA DE SAN JOSÉ OBRERO, PATRONO DE LOS TRABAJADORES CATÓLICOS

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San José, Patrono de los trabajadores católicos

Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se observaba un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.

Fue después de la época de la industrialización cuando toma cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.

Era entonces una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo, como Calcuta, territorios africanos pandemiados de sida, o tierras americanas plenas de abandono y de miseria; allí estuvieron y están, dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al hombre era la única regla a observar. Y son bien conscientes de que han sido siempre y son hoy los débiles los que están en el punto próximo de mira de la Iglesia. Quizá sean inconscientes, pero el resultado obvio es que su mala propaganda daña a quien hace el bien, aunque con defectos, y, desde luego, deseando mejorar.

El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en la Caridad cristiana: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para el logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum. Dar doctrina, enseñar donde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana… es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.

Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre en funciones de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios para la Salvación definitiva y completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad, sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y probablemente tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso.

Fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.

ORACIÓN DE SAN PÍO X AL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ, MODELO DE LOS TRABAJADORES

Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se dedican al trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con espíritu de penitencia para la expiación de mis numerosos pecados; de trabajar en conciencia, poniendo el culto del deber por encima de mis inclinaciones; de trabajar con reconocimiento y alegría, considerando un honor el emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de Dios; de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia, sin retroceder jamás ante la pereza y las dificultades; de trabajar sobre todo con pureza de intención y desprendimiento de mí mismo, teniendo sin cesar ante mis ojos la muerte y la cuenta que deberé rendir del tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan funestas para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra, ¡Oh Patriarca San José! Tal será mi divisa en la vida y en la muerte.

ORACIÓN

¡Oh, Dios!, creador de todas las cosas, que has impuesto a los hombres la ley del trabajo; haz que, siguiendo el ejemplo de San José y bajo su patrocinio, realicemos con perfección la obra que nos mandas y alcancemos la recompensa que nos prometes.

Por J. C. N. S.
Amén.
Reflexión hecha por Jesús Martí Ballester
Tomado de:

Especial de la Epifanía del Señor

Epifanía

Hallaron al Niño con María, su Madre, y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.

(San Mateo, 2, 11).

EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

La revelación de Nuestro Señor Jesucristo a los Sabios de Oriente

Los 3 reyes sabios

SANTA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR O “SANTOS REYES”

LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

Por: SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

 

Haec est dies quam fecit Dominus.

«Éste es el día que hizo el Señor»

(Psal. CXVII, 24)

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Todos los días proceden de Dios: su bondad es la que mantiene la admirable sucesión de los mismos. Sin embargo, Dios ha concedido seis de ellos al hombre para que atienda todos sus trabajos  y necesidades, y Él se ha reservado el séptimo. El domingo es, por tanto más especialmente el día del Señor. Más entre todos los días hay uno que se llama, por antonomasia, el día de Dios, o el día de la Fiesta del Señor. Este es verdaderamente, el día que Dios se reservó para sí, para su gloria y para manifestarnos su amor. La Fiesta de Dios…, ¡que nombre más hermoso! La Fiesta de Dios y también nuestra fiesta. Veamos cómo.

I

La fiesta que la Iglesia intitula del santísimo Cuerpo de Jesucristo – Festum sacratissimi Corporis Christi- es el único día consagrado a honrar exclusivamente su persona adorable y su presencia real y viva entre nosotros. Las demás fiestas celebran algún misterio de su vida pasada: son hermosas y honran a Dios, y son muy fecundas en gracias para nosotros. Con todo, no son más que un recuerdo, un aniversario de un pasado ya lejano que no revive sino en nuestra piedad. El Salvador no está ya en estos misterios; los realizó una vez, y después… ya sólo permanece su gracia. Más aquí hay un misterio actual: la fiesta está ordenada a la persona viva de nuestro adorable Salvador, que se halla presente entre nosotros. Por eso se celebra de una manera particular. En ella no se exponen reliquias o emblemas del pasado, sino al mismo que es objeto de la fiesta, que es algo actualmente vivo. Por manera que en los países en los cuales Dios goza de libertad, todo el mundo proclama su presencia, todos se prosternan en señal de acatamiento; los mismos impíos se conmueven e inclinan ante Él ¡Dios está allí! ¡Que gloriosa es para la presencia de nuestro señor Jesucristo esta fiesta en la que todos le reconocen y le adoran!

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

Es también la fiesta más amable. Nosotros no hemos presenciado todos esos misterios de la vida y muerte del Salvador que celebramos en el transcurso del año; si bien nos regocijamos en ellos, porque de ellos fluyen las gracias a raudales sobre nosotros. Más aquí nosotros mismos participamos del misterios; se realiza a muestra vista: este misterio es para nosotros; y entre Jesús viviendo en el santísimo Sacramento, y nosotros viviendo en medio del mundo, hay cierta relación de vida, hay una relación de cuerpo a cuerpo; por eso esta fiesta se denomina simplemente fiesta de nuestro Señor. Por este cuerpo nos ponemos en contacto inmediato con Jesucristo, que se convierte en nuestro alimento, que se hace nuestro hermano y nuestro huésped. ¡Fiesta del cuerpo de Jesucristo! ¡Cuánto amor no encierra este nombre, tan humilde y acomodado a nuestra miseria! Jesucristo deseó esta fiesta para acercarse todavía más a nosotros, a manera de un padre que espera  a que su hijo le felicite en sus días de fiesta para demostrarle más vivamente su amor paternal y concederle algún favor especial.

Que esta sea una fiesta de franca alegría y de grandes esperanzas para nosotros de alcanzar con ocasión de ella los más amplios favores. Todos los himnos y todos los cánticos de esta solemnidad expresan este pensamiento, es a saber: que Jesucristo se mostrará con todos más propicio que en los demás días. Parece que la Iglesia debería celebrar la fiesta de que hablamos el día de jueves santo, día en el cual fue instituida la Eucaristía; pero en ese día de duelo no hubiera podido celebrar con bastante esplendor y magnificencia toda su alegría; el Jueves santo comienza la pasión, y sería imposible juntar el júbilo y la santa expansión de aquella solemnidad con el pensamiento de muerte que predomina esos días augustos de semana santa. La fiesta del Corpus se retrasó también hasta después de la ascención, porque aún quedaban tristes despedidas que hacer;  había de tener lugar todavía una dolorosa separación, y se aplazó hasta después del Pentecostés, para que llenos de los dones y alegrías del Espíritu santo, pudiésemos celebrar con todo el esplendor posible la fiesta del divino esposo que habita entre nosotros.

II

corpus-christi8La fiesta del Corpus es la mayor festividad de la iglesia. La Iglesia es la esposa de nuestro Señor glorioso, de nuestro Señor resucitado y no de Jesucristo en su nacimiento o en su muerte; cuando se realizaron estos sucesos la Iglesia no existía todavía. Sin duda que la Iglesia querrá celebrar todos los acontecimientos de la vida de su divino esposo en Belén y en los sufrimientos de su pasión; pero de todos esos misterios no tendrá sino el recuerdo y las gracias que ellos encierran.

Más Jesucristo se halla con su Iglesia y está vivo en el Sacramento. Los que nunca han entrado en un templo cristiano, juzgan que la Iglesia es una viuda, o un cadáver, y consideran sus templos como lugares en los cuales no se habla más que de muerte y de sufrimiento. Más ved lo que sucede: esos mismos que no asisten jamás a sus solemnidades, la admiran hoy viéndola tan hermosa y rica, y agraciada con sus dones naturales, a todo lo cual da mayor realce la presencia de  su Dios…, de su esposo. ¡Que esplendido cortejo la acompaña! ¡Cómo doblan los fieles las rodillas! ¡La Iglesia ostenta a su esposo a la faz del mundo en la radiante custodia! ¡Ah! ¿Quién la podrá llamar viuda en éste día? ¡Sus amigos adoran, sus enemigos tiemblan! Jesús se ofrece a la vista de todos, bendice a los buenos, mira con lástima a los pecadores, llamándolos y atrayéndolos. El triunfo de la fe llama el Concilio de Trento a esta fiesta, y ciertamente que lo es como es también el triunfo de la Iglesia, merced a su divino Esposo.

III

En fin, esta fiesta es la de nosotros los adoradores del santísimo Sacramento. La congregación del santísimo Sacramento con todas sus ramificaciones no existe sino para consagrar a Jesucristo una fiesta del Corpus continua. Prolongar esta fiesta durante todo el año…, he aquí la norma de nuestra vida y de nuestra felicidad. Nosotros dejamos a otros hijos de la Iglesia el cuidado de los pobres, la curación de las llagas morales y físicas de la pobre humanidad y la administración de los sacramentos; nosotros solamente somos llamados a a perpetuar la fiesta del Corpus. Esta es, por tanto, nuestra fiesta especial, la festividad de nosotros los religiosos. En cuanto a vosotros, ¡oh, hermanos míos!, puede llamarse también vuestra fiesta. ¿No os habéis consagrado enteramente al servicio del santísimo Sacramento? Durante la noche os retiráis vosotros y nos confiáis la guarda de nuestro Señor…; así lo exigen las conveniencias; pero dejáis vuestro corazón a los pies del divino rey y puede decirse que pasáis aquí la vida. Por lo demás, cuando comulgáis, ¿no celebráis en vuestros corazones una verdadera fiesta del Corpus? ¡Ah, bien sabéis que alegría y que felicidad trae consigo Jesús…, hasta me atrevería a decir que para las almas que saben comulgar no hay más que una fiesta: ¡comulgar! Hallan aquí al que es objeto de todos los misterios, a Aquél que los ha consumado y en cuyo honor se celebran, en tanto que la mayor parte de los cristianos no tienen de ello sino un vago recuerdo.

Aún más: si nuestro señor Jesucristo no viviera en su sacramento, todas las fiestas cristianas no serían otra cosa que funerales repetidos. Pero la Eucaristía es el sol de las fiestas de la Iglesia; las ilumina y les comunica vida y animación.

Con sobrada razón se ha dicho que el alma que comulga bien y a menudo asiste a un continuo festín: iuge convivium. Vivir en sí mismo con Jesús, en Jesús, de Jesús y por Jesús es transformarse en un tabernáculo y en un precioso copón. ¡Oh, que grande es la alegría de esas almas, alegría pura e inalterable!

corpus-christi-valencia2

Ea, pues, sabed distinguir este día de todos los demás. Nuestro Señor tiene también sus días en los cuales se manifiesta como rey: tal es el de hoy. Propio de reyes es hacer mercedes. Ofrecedle vosotros vuestros homenajes, y Él, en cambio, os lo concederá todo, porque se os dará a sí mismo con mayor efusión de gracias. Bien sabe distinguir entre sus amigos y conoce a los que debe favorecer con más abundantes gracias. Lo que deseo y anhelo de vosotros en este hermoso día, no es que seáis grandes santos cargados de virtudes magníficas y extraordinarias -¿cuando lo seráis?-, sino que seáis felices en el servicio de Dios, y también que nuestro señor Jesucristo se comunique a vosotros más tierna y afectuosamente. Siniendoos más amados, haréis de vosotros una entrega más completa y el resultado de estos dos amores será la unión perfecta. En esto estriba la santidad y la perfección; pedid confiadamente a Jesucristo que os haga llegar a este estado. Dadle vuestro corazón todo entero. Jesús es un padre tierno y cariñoso y es necesario que vosotros seáis para con Él hijos amantes: Jesús es un amigo afectuoso…; gustad su amor. Tiemblo ¡ay!, por la salvación del que no ha probado nunca la bondad de Dios. ¡Introducíos y penetrad en esta bondad inmensa! Sentite de domino in bonitate. 

740ae-adornos6 Tomado de: 

Especial de Epifanía del Señor

Hallaron al Niño con María, su Madre, y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra. (San Mateo, 2, 11).

Hallaron al Niño con María, su Madre, y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra. (San Mateo, 2, 11).

EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

La revelación de Nuestro Señor Jesucristo a los Sabios de Oriente

Los 3 reyes sabios

SANTA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR O “SANTOS REYES”

CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR

circuncision

1 DE ENERO

CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR

ESTACIÓN EN STA. MARíA DEL OTRO LADO DEL TÍBER1

Doble de 2a cl. - Ornamentos blancos

 

La liturgia de hoy celebra como tres fiestas juntas:

1) La primera es la que los Sacramentarios antiguos designan

con el título de « En la Octava del Señor». Hace ya ocho días que Jesús nació.

2) La segunda fiesta nos recuerda que, si tenemos con nosotros a Jesús, después de Dios se lo debemos a María2.

3) La tercera fiesta es la de la Circuncisión.  Moisés impuso en nombre de Dios ese rito purificatorio, imagen del bautismoa todos los israelitas varones el día octavo de su nacimiento (Ev.). Era una figura del bautismo, por el cual el hombre es espiritualmente circuncidado. «Veis, dice S. Ambrosio, cómo toda la Ley Antigua fue imagen del futuro: porque la circuncisión significa la expiación de los pecados.  El que es circuncidado espiritualmente, por la poda de sus vicios, es juzgado digno de las miradas del Señor» (3er noct.).  Esa sangre divina fue la primera que vertió el Salvador para lavar con ella nuestras almas, y así nos inculca la Iglesia cómo hemos de cortar todo brote vicioso que en nosotros veamos. « Jesucristo se entregó a Sí mismo, para redimirnos de toda iniquidad, y purificarnos» (Ep.). « Dígnate, Señor, purificarnos mediante estos santos Misterios, y esta comunión nos purgue de nuestros pecados» (Sec. Y Posc.).

El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

__________________________

1. Véase plano de Estaciones, p. 16.C e, 128.

2. De ahí que antiguamente se celebrase en este día una. Misa en honor de la Madre de Dios en la Basílica de Sta. María la. Mayor. Un rastro de ello nos queda aún en la oración, secreta y poscomunión de hoy, sacadas todas de la Misa votiva de la Sma. Virgen.

Fuente:

MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica)

Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España) 

Página:132.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano (Pío X).

Especial de Todos los Fieles Difuntos

 

Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, “De Purgatorio”)

2 de noviembre

Santa Misa del 2 de Noviembre

Indulgencias

Visitas al cementerio

Visitas a Iglesias u Oratorio

No somos Paganos, somos Cristianos

DOS DE NOVIEMBRE: LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE: Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

 

2 DE NOVIEMBRE

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

(El  3 si el 2  cae en Domingo.)

Doble.—- Ornamentos negros

La Fiesta de Todos los Santos nos trae, como naturalmente, a la memoria el recuerdo de las almas santas que, cautivas en el purgatorio para expiar en él sus culpas veniales o bien para satisfacer la pena temporal debida por sus pecados, están, sin embargo confirmadas en gracia, y algún día entrarán en el cielo.  Así que, después de haber celebrado la Iglesia en medio del regocijo la gloria de los Santos que constituyen la Iglesia del cielo, la Iglesia de la tierra extiende su maternal solicitud hasta aquel lugar de indecibles tormentos en que se ven sumidas almas que también pertenecen a la Iglesia, a la Iglesia que llamamos purgante.  «En este día, dice el Martirologio romano, la Conmemoración de Todos los fieles Difuntos, en la cual nuestra común y piadosa madre la Iglesia, después de haber tratado de honrar con dignos loores a todos los hijos suyos que tiene ya gozando en el cielo, se esfuerza por ayudar con poderosos sufragios cerca de Cristo, su Esposo y Señor, a todos los que aún gimen en el purgatorio, a fin de que cuanto antes se sumen a la sociedad de los moradores de la ciudad celestial.»

En ninguna parte como aquí anuncia la liturgia de una manera tan explícita la misteriosa trabazón que estrecha a la Iglesia triunfante con la militante y la purgante, y nunca tampoco aparece más claro el doble deber de caridad y de justicia que fluye naturalmente de su misma incorporación al cuerpo místico de Cristo.

Sabemos que, en virtud del dogma de la Comunión de los Santos, los méritos y sufragios de los unos vienen a ser también de los demás, en virtud de una comunidad de bienes espirituales; de manera que, sin mermar los derechos de la divina justicia,que con todo rigor se nos aplican al fin de nuestra vida, la Iglesia puede unir aquí su oración con la del cielo y suplir por lo que falta a las almas del Purgatorio, ofreciendo a Dios por ellas, mediante la santa Misa, las indulgencias, las limosnas y los sacrificios de sus hijos, los méritos sobreabundantes de la Pasión de Cristo y de sus místicos miembros.  De ahí que la liturgia, cuyo centro es el sacrificio del Calvario continuado en el altar, ha sido siempre el medio empleado por la Iglesia para practicar con los Fieles Difuntos el deber potísimo de la caridad, que nos manda atender a las necesidades del prójimo, cual si fueran propias nuestras, en virtud siempre de ese lazo sobrenatural y apretadísimo que une en Jesús al cielo con la tierra y el Purgatorio.

La liturgia de los Difuntos es tal vez la más hermosa y más consoladora de todas. A diario, al fin de las Horas del Oficio divino, se encomiendan a la misericordia divina las almas todas de los Fieles Difuntos.  En la Misa, el sacerdote ofrece el Sacrificio por los vivos y los muertos (Súscipe), y en un Memento especial, pide al Señor se acuerde de sus siervos y siervas que, habiendo muerto en Cristo, duermen ahora el sueño de la paz y les haga pasar al lugar de refrigerio, de luz y de paz.

La solemne conmemoración de todos los Fieles Difuntos se debe a S. Odilón, cuarto abad del célebre monasterio benedictino de Cluny.  Él fue quien la instituyó en 998, y mandó celebrarla en día como hoy1.  La influencia de aquella ilustre y poderosa Congregación hizo se adoptara bien pronto este uso en todo el orbe cristiano, y que este día fuese en algunas partes fiesta de guardar.  En España, en Portugal y en la América del Sur, que de ella dependían, Benedicto XIV había concedido celebrar tres misas el 2 de Noviembre, y Benedicto XV, el 10 de Agosto de 1915, autorizó lo mismo a todos los sacerdotes del mundo católico.

La Iglesia nos recuerda en una Epístola, sacada de San Pablo, que los muertos resucitarán, y nos manda esperar, porque en este día nos tornaremos a ver todos en el Señor.  La Secuencia describe gráficamente el Juicio final, en que los buenos serán separados por siempre de los malos.

El Ofertorio recuerda que S. Miguel es quien introduce las almas en el cielo, porque, dicen las oraciones de la recomendación del alma, él es el Jefe de la milicia celestial, entre la cual se han de poner los hombres, ocupando los sitiales dejados vacíos por los ángeles malos.

«Las almas del Purgatorio, declara el Concilio de Trento, son socorridas por los sufragios de los fieles y, señaladamente, por el Sacrificio del altar.»  Y la razón es que, en la Santa Misa, el sacerdote ofrece oficialmente a Dios el precio de las almas, la Sangre del Salvador.  Jesús mismo está presente bajo las especies de pan y vino, que recuerdan al Padre el Sacrificio del Gólgota, y asegura la aplicación de su virtud expiadora a esas almas.

Asistamos en este día al Santo Sacrificio de la Misa.  En él pide la Iglesia a Dios conceda a los difuntos, que no pueden valerse a sí mismos, la remisión de todos sus pecados (Or.) y el eterno descanso (Intr., Grad., Com.).  Visitemos los cementerios en donde descansan sus cuerpos2 hasta el día en que suene la trompeta y resuciten para revestirse de la inmortalidad y alcanzar, por Jesucristo, la victoria sobre la muerte (Ep.).

_________________________________

1. En virtud de esta institución la S. Sede concedió una Indulgencia Plenaria totíes quoties, aplicable a los Difuntos, a. todos los que, confesándose, recibiendo la Sta. Comunión y visitando una Iglesia, a este día o el Domingo siguiente, rogaren a intención del Sumo Pontífice rezando cada vez seis Padrenuestro,  seis Ave Maríay seis Gloria. (San. Ped. 5 de Julio 1930 y 2 de Enero 1939).

2. La voz cementerio viene de una palabra griega que significa dormitorio, o lugar de descanso.

Fuente:
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

1 DE NOVIEMBRE: Fiesta de Todos los Santos

 

 

FIESTAS DE NOVIEMBRE

1 DE NOVIEMBRE

Fiesta de Todos los Santos1

Doble de1a. clase. - Ornamentos blancos 

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí, con S. Juan, a esa turba magna a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12.000 inscritos en el libro de la vida, – con lo cual se indica un número incalculable y perfecto, – y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales, revestidos de blancas túnicas y con palma en mano, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla (Ep.), Cristo, la Virgen, las bienaventuradas falanges distribuidas en nueve coros, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo (Himno de Visp.), integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados justificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo (Ev.). Entre esos millones de Justos, a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos.  Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos (Invit.), y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto  (Or.).

 

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que, por desgracia, son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos y de amontonar muchos tesoros en el cielo.  Alegrémonos, pues, en el Señor (lnt.), y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos. Llamemos a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni a tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Necios, muy necios seríamos, si pretendiésemos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.

El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

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1. El Templo de Agripa fue dedicado bajo Augusto a  todos los dioses del paganismo de ahí su nombre de Panteón.  Bajo el emperador Focas (entre 607 y 610), el Pa.pa Bonifacio IV trasladó a él muchos huesos de mártires extraídos de las Catacumbas .  El 13 de Mayo de 610  dedicó el mismo papa esa nueva basílica cristiana a Santa Maria y a los Mártires.  La fiesta de su Dedicación tomó luego un carácter  más universal, y por fin, consagróse aquel templo a Santa Mar1a y a Todos los Santos.

Existiendo ya una fiesta en memoria de todos los Santos celebrada en diversos días en las distintas Iglesias, y fijada en 835 por Gregorio IV en el 1º. de Noviembre, el Papa S. Gregorio VII trasladó a ese día el aniversario de la Dedicación del Panteón.   Así que la fiesta de Todos los santos nos recuerda el triunfo de Cristo sobre las divinidades paganas.

 

Fuente:
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

La Asunción de la Santísima Virgen María

 

Oda a la Asunción

Al cielo vais, Señora,
y allá os reciben con alegre canto.
¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!

 De ángeles sois llevada

de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada:
¡ Tal Reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca luna!

Volved los blancos ojos,
ave preciosa, sola humilde y nueva,
a este valle de abrojos,
que tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.

Que, si con clara vista,
miráis las tristes almas desde el suelo,
con propiedad no vista,
las subiréis de un vuelo,
como piedra de imán al cielo, al cielo.

Fray Luis de León

Tomado de:

http://eccechristianus.wordpress.com/

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA(*)

8 de diciembre

Salve, llena eres de gracia; el Señor es contigo. (San Lucas, 1, 28).

La Virgen María, por un privilegio único en vista de su destino divino, fue concebida sin pecado. Nunca el demonio tuvo poder alguno sobre Ella, porque estuvo exenta de pecado original. Debes honrar muy especialmente esta prerrogativa de la Madre de Dios, porque es el comienzo de su santificación y de su gloria. Regocíjate con Ella por la dicha que tuvo de ser librada del pecado de Adán, y recibir más gracias, en ese momento feliz de su Concepción, que la que nunca poseyeron los hombres y los ángeles juntos.

MEDITACIÓN SOBRE
LA INMACULADA CONCEPCIÓN

I. María fue concebida sin pecado; es éste un favor que Dios pudo hacerle, porque nada es imposible para su omnipotencia. Reina de los Ángeles, Madre de mi Salvador, estoy lleno de alegría cuando considero que el pecado nunca entró en vuestra alma, y habéis estado plena de gracias desde vuestra concepción. Lo creo, Virgen Santísima, y por todas partes sostendré el honor de vuestra Inmaculada Concepción.

II. Dios ha debido por una cierta conveniencia, preservar a María del pecado original. Padre eterno, ¿hubierais podido acaso permitir que vuestra queridísima Hija, la Madre de vuestro Hijo, fuese, aunque sea por un instante, esclava del demonio? ¿Podíais Vos, Espíritu Santo, dejar que penetrara vuestro enemigo en el corazón de vuestra Esposa muy amada? y Vos, Verbo eterno, ¿Podíais dejar que se profanase el templo donde debíais habitar? ¡Oh, no! sería injuriar a vuestro amor filial sólo pensarlo. Creemos, pues, con la Iglesia católica que la Bienaventurada Virgen María ha sido, por privilegio único de Dios, enteramente preservada de la mancha original desde el primer instante de su Concepción. (Pío IX).

III. Cuando, después de haber puesto nuestros ojos en la Virgen Inmaculada, los bajamos a nosotros mismos, ¡cuán diferentes nos encontramos a nuestra Madre! ¡Nacemos pecadores, vivimos en el crimen y estamos expuestos a morir en el pecado! Pero Vos, Virgen Santa, vendréis en nuestra ayuda: no dejaréis perecer a vuestros hijos. El que recurre a María no puede perecer: es el fundamento de toda esperanza. (San Bernardo).

La devoción a la Inmaculada Concepción.
Orad por las Congregaciones de la Santísima Virgen.

ORACIÓN

Oh Dios que, por la Inmaculada Concepción de la Virgen, habéis preparado un santuario digno para vuestro Hijo, dignaos, después de haberlo preservado de toda mancha en previsión de la muerte de este mismo Hijo, concedernos a nosotros, por su intercesión, la gracia de llegar hasta Vos, purificados de toda mancha. Por J. C. N. S. Amén.

AD DIEM ILLUM LAETISSIMUN,Encíclica de San Pío X, anunciando al Orbe Cristiano el Jubileo extraordinario a propósito del aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción, la devoción a la Sma. Virgen, 2/2/1904


FULGENS CORONA, Encíclica de Pío XII, con motivo del primer centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, 8/9/1953.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo IV, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982).

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

8 de septiembre

Bienaventurado el seno que llevó a Jesús, y los pechos que lo alimentaron (San Lucas, 11, 27).

Las plegarias y las lágrimas de San Ana le merecieron, después de veinte años de esterilidad, la gloria de dar al mundo a la Bienaventurada Virgen María. He aquí la aurora mensajera del Sol de justicia: demonios, retiraos al infierno; ángeles, regocijaos: pronto los justos ocuparán los lugares abandonados por los ángeles rebeldes. Hombres, triunfad: María ha nacido para ser la Madre de Dios que será vuestro Hermano y vuestro Redentor. Almas santas que gemís en el limbo, consolaos: la puerta de vuestra prisi6n muy pronto será abierta por el Hijo de la que acaba de nacer.

MEDITACIÓN SOBRE LA NATIVIDAD DE MARÍA

I. Considera las mercedes con que Dios honra a María el día de su dichoso nacimiento. El Padre eterno, que la consideraba como Hija suya, le dio el nombre de María; la hizo Soberana del cielo y de la tierra, Reina de los ángeles y de los hombres. El Verbo eterno la eligi6 para ser su Madre; dióle a todos los hombres como hijos adoptivos, con pleno poder para acordar la gloria eterna a los que la sirvan fielmente. El Espíritu Santo colmó de gracias a su divina Esposa. Regocíjate con Maña por todos estos favores.

II. Maña responde a los beneficios del Señor con los sentimientos del más vivo agradecimiento. Dotada, desde su primer instante, del uso de razón, se sirve de ella para adorar al Padre eterno: se humilla a la vista del honor que el Verbo encarnado le hace al elegirla por Madre suya: ofrece su corazón por un acto de amor al Espíritu Santo, su divino Esposo. Haz tú, por lo menos hoy, lo que hizo Maña en el día de su Natividad. Adora al Padre eterno, humíllate delante de Jesús, da tu corazón al Espíritu Santo.

III. ¿Qué harás tú para honrar a Maña en el día de su Natividad? Respétala, porque es todopoderosa en el cielo y en la tierra. Ámala, porque es la Madre de Jesucristo, y la nuestra por adopción. Ten confianza en Ella, porque es la Madre de los predestinados. Sé su fiel y constante servidor, como fue Ella la constante y fiel Esposa del Espíritu Santo. Imita, durante tu vida, lo que Ella hizo el día de su nacimiento. En medio de las olas del siglo, debemos refugiarnos junto a María y regular nuestra vida según sus ejemplos. (San Epifanio).

La devoción a la Santísima Virgen - Orad
por las congregaciones de la Santísima Virgen.

ORACIÓN

Dignaos, Señor, conceder a vuestros servidores el don de la gracia celestial, a fin de que la solemnidad del Nacimiento de la Virgen Bienaventurada, cuyo alumbramiento ha sido para nosotros el principio de la Salvaci6n, nos obtenga un acrecentamiento de paz. Por J. C. N. S. Amén.

SOBRE LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN:

FIESTA DE LA ASUNCIÓN

15 de agosto
ASUNCIÓN
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN MARÍA

Inimítias ponam inter te et Mulierem, et semen tuum et Semen illíus. Yo pondré enemistades entre ti y la Mujer, y entre tu raza y la Descendencia de ella.

Fiesta de 1ª Clase – Ornamentos Blancos

En esta fiesta,que es la más antigua y más solemne de todo el Ciclo Marial, la Iglesia convida a todos sus hijos desparramados por el mundo a unirse en un mismo sentimiento de gozo y de agradecimiento a las alegrías y alabanzas de los Ángeles, que hoy en el cielo ensalzan al Hijo de Dios, porque su madre ha entrado allí en cuerpo y alma en este día.

El misterio de Navidad, que es el punto de partida de las glorias todas de la Virgen, lo celebrábamos en la Basílica de Santa María la Mayor (Roma), y en ella se celebra también su Asunción, que viene a ser como el remate de aquél. María recibió a Jesús al entrar en este mundo, y ahora Jesús recibe a María que entra en el cielo.

Admitida a gozar de las delicias de la contemplación eterna, María, al sentarse a las plantas del Maestro, ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada. Por eso se leía antiguamente el Evangelio de la Vigilia a continuación del Evangelio del día, mostrando así cómo la Madre de Cristo es la más dichosa de todas las criaturas, porque supo cual ninguna otra «escuchar la palabra de Dios». Esa Palabra, ese Verbo, esa divina Sabiduría que en la antigua Ley establece su mansión en el pueblo de Israel, baja en la Nueva Ley a María. El Verbo se ha encarnado en el seno de la Virgen, y ahora la colma de las divinas delicias de la visión beatífica en los resplandores de la celestial Sión.

Cristo resucitó y subió a los cielos después de estar tres días escasos en el sepulcro. Así también la muerte de la Virgen María se pareció a un breve y placidísimo sueño. De ahí el nombre de Dormición que se le daba. Pero Dios la resucitó y la glorificó en el cielo, no permitiendo que la corrupción se cebase en su cuerpo virginal. He aquí el triple objeto de la fiesta de la Asunción, que fluye como lógica consecuencia del privilegio de la Concepción Inmaculada y del Misterio de la Encarnación. No habiendo el pecado hecho jamás mella en el alma de María, convenía que su cuerpo, exento de toda mancha y en el cual se había encarnado el divino Verbo, tampoco se viese sometido a la corrupción del sepulcro.

Alegrémonos hoy todos en el Señor, porque nuestra Madre María ha subido a los cielos cortejada y vitoreada por los Ángeles y los Justos, que con vivas ansias esperaban su santo advenimiento. Además que su triunfo y su Asunción son ya una prenda de nuestro triunfo y de nuestra subida a los cielos, porque natural parece que adonde está la Madre, allí vivan también los hijos. María es el primer grano que el divino Sembrador recogió en la tierra para trasladarlo a los graneros del cielo. Los mismos Ángeles se pasmaron al ver a una criatura humana sublimada sobre todos ellos y tan junta al Rey de la gloria que la colma de distinciones y singularísimas caricias.

ORACIÓN

Oh Dios todopoderoso y eterno, que habeis elevado a la gloria celestial en cuerpo y alma a la Inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo; os suplicamos nos concedais que, atentos siempre a las cosas del cielo, merezcamos participar de su gloria. Por J. C. N. S.

Fuentes:

- Misal Diario y Vesperal por Dom Gaspar Lefebvre, O.S.B.

Tomado de:

http://www.tradicioncatolica.com

LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

15 de agosto

María ha elegido la mejor parte, de la que jamás será privada. (San Lucas, 10, 42).

La vida de la Santísima Virgen, después de la Ascensión de Jesucristo, no estuvo exenta de sufrimiento. Sufrió al verse separada de su Hijo muy amado, y sin cesar suspiraba por el día en que podría reunirse con El. Aumentaba su mérito al infinito mediante la práctica constante de las más heroicas virtudes. Llegó, por fin, el dichoso día de su muerte y su alma se separó de su castísimo cuerpo, sin dolor ni violencia. Mas, la noche siguiente al día en que se depositó ese cuerpo en el sepulcro, su alma descendió del cielo, reunióse con él, y fue a colocarse en el cielo a la derecha de Jesucristo, en el trono que le había sido preparado.

MEDITACIÓN
SOBRE
EL TRIUNFO DE MARÍA

I. La Santísima Virgen muere sin dolor y sin temor, con inefable deseo de ir a juntarse con su adorable Hijo. El amor divino es quien desprende su hermosa alma de su envoltura mortal. Tú también morirás; pero, ¿cómo morirás? ¿En el dolor y en el temor? Aprende de María a vivir bien para morir bien. Pídele la gracia de morir santamente. Ella la concede a sus servidores; y cuando te halles en ese terrible momento, dile con Justo Lipsio: Santa María, socorre a mi alma en lucha con la eternidad.

II. La Santísima Virgen, resucita algún tiempo después de su muerte; ese cuerpo castísimo que había llevado a Jesucristo no debía sufrir la corrupción del sepulcro. ¡Oh, Virgen Santísima, qué alegría me causa el favor que se os ha acordado! Cuerpo mío, tú también resucitarás un día; pero, ¿será para la gloria o para los sufrimientos eternos? Lo ignoro, o más bien, sé que seré predestinado si soy un servidor fiel de María. Ningún servidor de María perece eternamente. (San Bernardo).

III. ¡Cuán admirable es el triunfo de María! Entra en el cielo con cuerpo y alma; los ángeles salen a su encuentro; el Padre eterno la reconoce como Hija, Jesucristo como Madre, el Espíritu Santo como Esposa. Es elevada sobre los coros de los Ángeles y colocada en un trono al lado de su Hijo. Valor, ¡alma mía!, nada hay que no puedas obtener por medio de la Madre de Dios. Su poder es infinito, y su amor es igual a su poder. ¿Qué hice hasta ahora para merecer su protección y sus favores?

La devoción a la Sagrada Familia

Orad por la Iglesia.

ORACIÓN

Perdonad misericordiosamente, Señor, las faltas de vuestros servidores, y, dada la impotencia en que nos encontramos de agradaros por nuestros propios méritos, concedednos la salvación por la intercesión de Aquélla que Vos elegisteis para que fuera la Madre de vuestro Hijo, Nuestro Señor, que, siendo Dios, vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo. Por J. CN. S. Amén.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

LA SAGRADA FAMILIA

(Domingo Infraoctava y 1º de Epifanía)

Señor Nuestro Jesucristo, que sujeto a María y

a José, consagraste con inefables virtudes la

vida doméstica: haz por intercesión de ambos, que

sepamos instruirnos con los ejemplos de tu Sagrada

Familia, y conseguir su eterna compañía en el cielo.
(Oración de la Misa del día)

1 de noviembre

FIESTDE TODOS LOS SANTOS

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¡Oh Señor! te rogamos que por los méritos de tantos intercesores , nos concedas la deseada abundancia de tu gracia. (De la Oración-Colecta de la Misa del día)

 

Por la fe conquistaron reinos,
ejercitaron la justicia,
obtuvieron el efecto de las promesas.
(Hebreos, 11, 33).

Al comienzo del siglo VII, el santo Papa Bonifacio IV fue autorizado, por el emperador Focas, a cambiar el Panteón, erigido en honor de los falsos dioses a quienes los paganos festejaban juntamente, en iglesia que dedicó a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Esta ceremonia tuvo lugar el 13 de mayo, y su aniversario llegó a ser fiesta fija anual, que el Papa Gregorio IV transfirió al 1º de noviembre y extendió a todo el imperio, el año 835, durante el reinado de Luis el Bueno, convirtiéndola en fiesta de todos los santos.

MEDITACIÓN LA FIESTA
DE TODOS LOS SANTOS

I. La vida de los santos ha estado llena de miserias: han sido perseguidos y atormentados por los enemigos de Jesucristo; Dios les ha enviado aflicciones para probarlos y purificarlos; en fin, ellos mismos se rehusaron a los placeres más inocentes y ejercieron sobre sus cuerpos grandísimas austeridades. ¿Quieres ir tú a donde están ellos? He ahí el camino, sigue sus huellas; estos grandes hombres tenían un cuerpo como el tuyo, pero más valor que tú. No han sido de naturaleza superior a la nuestra, sino de mayor vigilancia; no estuvieron exentos de pecados, pero hicieron penitencia. (San Ambrosio).

II. Los santos a pesar de sus pruebas, siempre han estado alegres y contentos en esta vida, porque los consuelos que Dios derramaba en sus almas les quitaban todo sentimiento de los dolores del cuerpo. Míralos en el patíbulo y en los yermos: aquí, derraman lágrimas de consuelo, allí, están llenos de gozo en medio de las torturas. Dios es tan generoso que no quiere esperar la otra vida para recompensarlos, hasta lo hace en este mundo.

III. Si fueron consolados en esta vida, que era el lugar de exilio, de sus combates y sufrimientos, ¡de qué gozo no serán colmados en el cielo, su patria y lugar de su triunfo! Allí poseen todos los bienes que su corazón puede desear, porque poseen a Dios; no son afligidos por incomodidad alguna. Escucha lo que te dicen: “Para llegar al cielo no pienses encontrar un camino más cómodo que el que recorrimos nosotros en pos de Jesucristo. No busques aquí abajo lo que ningún santo ha podido encontrar, lo que Cristo mismo no ha encontrado”.

La imitación de los santos
Orad por la Iglesia.

ORACIÓN

Omnipotente y eterno Dios, que nos concedéis que honremos en una misma solemnidad los méritos de todos vuestros santos, haced que, asistidos por tan numerosos intercesores, obtengamos cada vez más, según nuestros deseos, la multitud de vuestras gracias. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Santa Misa, Fiesta de San Pedro y San Pablo

Die 29 Junii
SS. PETRI ET PAULI
APOSTOLORUM
Duplex I classis cum Octava communi
Die 29 Junii
SS. PETRI ET PAULI
APOSTOLORUM

Duplex I classis cum Octava communi
Introitus. Act. 12, 11.
Nunc scio vere, quia misit Dóminus Angelum suum: et erípuit me de manu Heródis et de omni exspectatióne plebis Judæórum. Ps. 138, 1-2. Dómine; probásti me et cognovísti
me: tu cognovísti sessiónem meam et resurrectiónem meam. <. Glória Patri.

Oratio. Deus, qui hodiérnam diem Apostolórum tuórum Petri et Pauli martýrio consecrásti: da Ecclésiæ tuæ, eórum in ómnibus sequi præcéptum; per quos religiónis sumpsit exórdium. Per Dóminum nostrum.
Léctio Actuum Apostolórum.
Act. 12, 1-11. In diébus illis: Misit Heródes rex manus, ut afflígeret quosdam de ecclésia. Occidit autem Jacóbum fratrem Joánnis gládio. Videns autem, quia placeret Judǽis, appósuit, ut apprehénderet et Petrum.  Erant autem dies azymórum. Quem cum apprehendísset, misit in cárcerem, tradens quatuor quaterniónibus mílitum custodiéndum, volens post Pascha prodúcere eum 

pópulo. Et Petrus quidem 

servabátur in cárcere.

Orátio 
autem fiébat sine intermissióne ab ecclésia ad Deum pro eo. Cum autem productúrus eum esset Heródes, in ipsa nocte erat Petrus dórmiens inter duos mílites, vinctus caténis duábus: et custódes ante óstium custodiébant cárcerem. Et ecce, Angelus Dómini ástitit: et lumen refúlsit in habitáculo: percussóque látere Petri, excitávit eum, dicens: Surge velóciter. Et cecidérunt caténæ de mánibus ejus. Dixit autem Angelus ad eum: Præcíngere, et cálcea te cáligas tuas. Et fecit sic. Et dixit illi: Circúmda tibi vestiméntum
tuum, et séquere me. Et éxiens sequebátur eum, et nesciébat quia verum est, quod fiébat per Angelum: existimábat autem se visum vidére. Transeúntes autem primam et secundam custódiam, venérunt ad portam férream, quæ ducit ad civitátem: quæ ultro apérta est eis.
Et exeúntes processérunt vicum unum: et contínuo discéssit Angelus ab eo. Et Petrus ad se revérsus, dixit: Nunc scio vere, quia misit Dóminus Angelum suum, et erípuit me de manu Heródis et de omni exspectatióne plebis Judæórum. 

ues 

eos príncipes super omnem 

terram: mémores erunt nóminis 

tui. Dómine. <. Pro pátribus 

tuis nati sunt tibi fílii: proptérea 

pópuli confítebúntur tibi. 

Allelúja, allelúja. <. Matth. 18,18
Tu es Petrus, et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam. 
Allelúja.
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum. P Matth. 16, 13-19. In illo témpore: Venit Jesus in partes Cæsaréæ Philippi, et interrogábat discípulos suos, dicens: Quem dicunt hómines esse Fílium hóminis? At illi dixérunt: Alii Joánnem Baptístam, alii autem Elíam, álii vero Jeremíam aut unum ex Prophétis. Dicit illis Jesus: Vos autem quem me esse dícitis? 
Respóndens Simon Petrus, dixit: Tu es Christus, Fílius Dei vivi. Respóndens autem Jesus, dixit ei: Beátus es, Simon Bar Jona: quia caro et sanguis non revelávit tibi, sed Pater meus, qui in coelis est. Et ego dico tibi, quia tu es Petrus, et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam, et portæ ínferi non prævalébunt advérsus eam. Et tibi dabo claves regni coelórum. 
Et quodcúmque ligáveris super terram, erit ligátum et in coelis: et quodcúmque sólveris super terram, erit solútum et in coelis. 
Credo, per totam Octavam.
Offertorium. Ps. 44. 17-18. Constítues eos príncipes super omnem terram: mémores erunt nóminis tui, Dómine, in omni progénie et generatióne.
Secreta.
Hóstias, Dómine, quas nómini tuo sacrándas offérimus, apostólica prosequátur orátio: per quam nos expiári tríbuas et deféndi. Per Dóminum.
Præfatio de Apostolis, quæ dicitur per totam Octavam in omnibus Missis, quæ aliam Præfationem non exigant, juxta 
Rubricas.
Communio. Matth. 16, 18. Tu es Petrus, ei super hanc petram aedificabo Ecclésiam meam. 
Postcommunio. Quos coelésti, Dómine, alimento satiásti: apostólicis intercessiónibus ab omni adversitáte custódi. Per Dóminum nostrum.
¶ Pro votiva Ss. Petri et Pauli sumitur Missa Mihi autem, quæ habetur inter votivas [000]. Tempore autem Paschali dicitur Missa ut in Festo S. Marci [000], præter Orationes, Epistolam et Evangelium, quæ dicuntur ut in Missa Mihi aulem, ut supra notatur.
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